CAPÍTULO TERCERO: Un nuevo comienzo

Hanamichi Sakuragi camina casi arrastrando los pies. No tiene muchas ganas de llegar a casa. No después de que sus padres se enteraran del delicado estado de salud de su abuelo y decidieran salir de la ciudad y cuidarlo hasta que estuviera mejor. El pelirrojo no lo recrimina, puesto que él quería acompañarlos. Pero su madre le dijo que no debía faltar a la escuela. Su abuelo estará orgulloso cuando se recupere si sabe que ha aprovechado su tiempo en la preparatoria. Y Hanamichi no va a defraudarlo.

Está solo en su casa. A veces Youhei se queda a dormir con él. El buen Youhei nunca lo ha dejado solo… Por eso no pudo molestarse con él cuando le contó que también estaba interesado en Haruko. No después de que Haruko, despistada como siempre, en la salida al cine del mes pasado (su última cita, por cierto) le dijera que no comprendía a qué se refería. Y que todo eso que él le había dicho sería perfecto para que ella se le declarara a Rukawa. El pelirrojo perdió la paciencia y decidió guardar sus sentimientos y enterrarlos en lo más profundo de su alma.

Hablando con Youhei, Hanamichi decidió no interponerse y darle libre espacio al muchacho. Él no sería quien se interpusiera entre su mejor amigo y el amor, que podría ser bueno y favorecerlo con la aceptación de la dulce Haruko…

Esa tarde, especialmente, Hanamichi se siente extrañamente melancólico. Recuerda, principalmente, a Haruko. Todos esos momentos que estuvieron juntos. Hasta el noviazgo fingido por tres meses ahora tiene un particular sabor a lejanía. Y el pelirrojo lo extraña… Sabe que es tonto, pero no puede evitarlo.

Y, sin saber por qué, le dan ganas de jugar. El equipo de básquetbol ha tenido una temporada afortunada del todo, puesto que no han perdido un solo partido desde que inició el torneo de invierno. El de primavera va a la mitad. Y no planean dejar de lado los entrenamientos exhaustivos.

Así que Sakuragi decide salir de casa y sentirse un poco menos solo en la calle.

Se dirige a una cancha cercana a su hogar con el balón como única compañía.

Conforme va aproximándose al lugar, distingue un sonido que le parece familiar… Indiscutible: es el bote de un balón. Ruega porque no sea Haruko. No quiere verla porque algo muy dentro de él aún le guarda cierto cariño. Un amor tan prolongado no es sencillo de olvidar. Pero Hanamichi quiere darle tiempo al tiempo, y su corazón poco a poco va sanando.

Y parece que esta vez alguien arriba lo quiere, porque no es Haruko quien se le anticipó en la cancha. Pero alguna intervención demoníaca debe haber, porque, para su sorpresa, en la cancha está Kaede Rukawa, realizando clavadas con gran maestría y habilidad.

Y Hanamichi se siente invadido por una extraña sensación que no logra comprender. Y es tan confuso todo aquello, que termina por ruborizarse sin querer.

Rukawa no lo nota. Y Hanamichi aprovecha aquello para salir huyendo del lugar.

—¿Entonces piensas invitarla, Youhei? —es la pregunta de Takamiya. Okusu y Noma escuchan sin intervenir.

—No lo sé —responde el aludido.

Todos están en el aula, esperando a que el profesor llegue. Hanamichi no llega todavía.

—Me siento culpable —suspira Mito. Los remordimientos de conciencia no lo han dejado en paz desde el día en que le confesó a Hanamichi que estaba enamorado de Haruko.

—Pero Hanamichi te dijo que no le importaba —interviene Noma—. Ya sabes que él se enamora más rápido que nadie, y se desencanta igual.

—Esto era diferente, chicos. Yo ni siquiera me di cuenta de cuándo sucedió. Y Hanamichi tiene encima lo de su abuelo.

Los cuatro chicos suspiran. Y, al notar que el pelirrojo hace acto de aparición, guardan un silencio que tiene tintes de solemnidad.

—Hola —saluda Sakuragi. Todos le responden, excepto Youhei. A Hanamichi le duele. No se siente molesto con él, pero sabe que no podrá sacarle a Youhei de la cabeza la idea de que es un mal amigo.

El pelirrojo sorprende a Youhei mirándolo de reojo, pero éste retira la mirada de inmediato. No se atreve a verlo a los ojos nuevamente.

—Youhei, yo…

—Muchachos, es hora del examen…

El profesor ha llegado. Cualquier plática tendrá que esperar hasta el final de la clase.

El sol está en lo alto del cielo.

Las aves vuelan. Los rosales están floreando. Los cerezos están llenos de color. Y una chica triste suspira por enésima vez.

A penas hace poco, cuando Fujii y Matsui le hicieron ver todos los cabos sueltos, Haruko Akagi se percató de lo enamorado que Hanamichi Sakuragi estaba de ella cuando fingieron ser novios el mes pasado.

—Cómo pude no darme cuenta… —se recrimina en voz baja, recordando cómo sus amigas lograron enlistar todas las pistas que para ella pasaron desapercibidas— Sakuragi debe sentirse terrible…

Mira las nubes siguiendo su trayectoria. Se le ocurre que ella podría ser una nube.

—Qué tonta fui…

Mientras, un muchacho de mirada azul pasa cerca del salón de la chica. En sus pensamientos está una cabellera roja, una piel bronceada y un par de castañas llenas de vida.

Los fines de semana, Kaede Rukawa tiene por costumbre entrenar un par de horas, por las mañanas, en una cancha callejera relativamente cercana a su casa. Este sábado, contrario a lo cotidiano, se le antoja practicar bajo el sol de la tarde, y no de la mañana. Por eso espera a que den las tres treinta de la tarde para abordar su bicicleta y encaminarse a la pequeña cancha.

Ese lugar le gusta porque, por lo general, no es frecuentado por las personas. Le gusta su soledad de alguna forma. Además, fue ahí en donde alguna vez encontró a Hanamichi Sakuragi practicando los tiros sencillos con la muchachita que, hasta hace un mes, parecía ser muy cercana al Do'aho.

Desde ese entonces, entrena ahí con la secreta esperanza de algún día conectar su pensamiento y coincidir con él. Aunque sabe que, si eso sucediera, ambos acabarían en una tremenda pelea que, si bien habría de divertirlo, también lo alejaría unos cuantos pasos del objeto de su afecto.

Pero Kaede Rukawa no sabe cuánto debe quererlo alguien allá arriba. Porque hoy será el principio de algo nuevo.

Al llegar a la pequeña cancha, que igual que siempre está vacía, baja de su bicicleta, la asegura, saca el balón de la bolsa que llevaba sobre la espalda y empieza a driblar. Luego empieza con los tiros sencillos. Se libra de una marca imaginaria varias veces. Hace todo como si estuviera en un partido con contrincantes de verdad. Y culmina todo aquello con una espectacular clavada que provoca el movimiento de unos arbustos cercanos a la alambrada que delimita el espacio de la cancha.

—¿Quién anda ahí? —pregunta, instintivamente, con ese tono neutral que lo caracteriza.

Pero nadie responde. Excepto el nuevo movimiento en los arbustos. Y ahí Kaede distingue una curiosa mancha roja que en algo le recuerda al escandaloso tensai.

—¿Do'aho? —pregunta sorprendido. Si el pelirrojo hubiera salido de entre los arbustos en ese momento, claramente habría podido distinguir lo que los ojos azules expresaron mejor que todas las palabras del idioma juntas.

El muchacho pelirrojo, al saberse descubierto, decide abandonar su escondite y enfrentarse a su captor.

—¿Qué haces aquí… Sakuragi?

Y Hanamichi respinga ante la mención de su nombre. ¿Por qué no lo insultó como siempre?

—Vine a entrenar… Pero llegaste primero y no quise interrumpir.

Y el más sorprendido del mundo es Rukawa al no sentirse atacado. Le enternece un poco ver a Hanamichi en esa posición de niño regañado. Pero no puede dejárselo notar.

En tanto, Sakuragi está esperando que Kaede le responda con un golpe o un insulto. Si ha de ser sincero, desde que decidió dejar de una vez por todas ese tonto enamoramiento hacia Haruko, se siente un poco estúpido de cómo se desenvuelven las situaciones entre él y Kaede. No entiende cómo demonios fue tan tonto como para permitir que sus sentimientos por Haruko le nublaran la mente y no le permitieran hacer equipo con Rukawa.

—Hay dos canastas —le dice Rukawa, da la media vuelta y se dispone a continuar con su propio entrenamiento.

—Rukawa… —llama Hanamichi. El pelinegro se sorprende de no escuchar el típico "zorro". Al no obtener una negativa, Hanamichi continúa— Yo… quiero… disculparme…

Kaede se detiene en seco: ¿Hanamichi Sakuragi disculpándose… y con él? Eso es digno de grabar en video para la posteridad.

—¿Qué dices? —pregunta Kaede. Aunque acaba de escucharlo fuerte y claro con todas sus letras, parece no comprender.

—Bueno… Yo… nunca debí… haberte golpeado ese día en la azotea… Actué sin pensar… Todo fue porque estaba interesado en Haruko… Pero sé que estuvo mal…

Kaede no puede creerlo… Esto significa que tiene frente a él una segunda oportunidad.

—Mmmm… —esto es difícil, pero Rukawa sabe que todo es culpa de Hanamichi y se siente en la necesidad de disculparse también— Yo… No te habría golpeado si no hubieras empezado tú, Sakuragi…

Y el pelirrojo siente que aquello es como una segunda oportunidad para los dos.

—¿Te gustaría… que empezáramos de nuevo, Rukawa?

Hanamichi asiente con una hermosa sonrisa que enternece al pelinegro. Y si Sakuragi no hubiera sentido su corazón saltando de felicidad, habría notado el rubor en las mejillas de Kaede y toda la felicidad que irradiaba su mirada.

Kaede lo invita a un uno a uno. Juegan hasta casi anochecer, y deciden que es un buen comienzo. Así, acuerdan entrenar todos los sábados durante dos horas en ese lugar.

Notas de la autora:

Bueno… Tiene como un mes y medio que no actualizo. Pero a penas ayer me devolvieron la computadora. Y de inmediato me puse a escribir.

Sé que este capítulo es algo corto, pero si se fijan bien hay detalles que servirán para la trama que continúa. Porque, inicialmente, esto iba a ser una cosa, pero luego se me ocurrió una idea que pretendía hacer independiente. Y luego se me ocurrió unirlas y me gustó más cómo quedó todo. Así que esperemos que esto salga bien.

No tengo internet en mi casa, pero uno de los reviews que más recuerdo es el de Miguel, que se tomó la molestia de darme una extensa opinión, y debo responderle: esto es yaoi. De hecho, es algo así como RuxHanaxHaru, HaruxHanaxRu. O sea, un triángulo amoroso. A lo que me refería cuando dije que iba a volver al inicio es a que Hipólita un día, por msn, me dijo que sería buena idea ver a Rukawa como heterosexual. Y hace tanto que yo no lo pongo como exclusivamente hetero, tuve una idea que implicaba nuevos personajes y a Hanamichi y a Rukawa haciéndose amigos.

No recuerdo a quienes me dejaron los demás reviews de esta historia, porque sufro de pérdida de la memoria a corto plazo, pero espero que no se sientan ofendidos que a la próxima les responderé uno (a) por uno (a).

Sin más que agregar, me despido. Y prometo echarle ganas aquí y con Revivir el pasado, que es mi regalo para Sabrina.