Alicia Brown se colocó un mechón de su larga melena castaña tras la oreja mientras veía como se acababan de descargar nuevos informes. Al margen de que era evidente que el asesino de Trenton era una asesino en serie descubrieron, gracias a ella que sus actividades no habían parado en la capital de New Jersey. Había habido casos iguales, siempre siete parejas, en ciudades tan dispares como Los Ángeles, New York, Miami, Austin o Washington.

Seis ciudades más Oahu, siete parejas en las seis primeras y aquí ya tenemos una. Y el latín. - se volvió hacia el detective. - Danny te cedo la palabra. Sé que has llegado a la misma conclusión que yo.

Siete pecados capitales. Sino recuerdo mal las lecciones del capellán de la parroquia en origen eran 8 los pecados, ¿no? De ahí aquel intento de asesinato que falló en Trenton.

Efectivamente… Te gastas una señora memoria… - Alicia parecía sorprendida.

Es hereditaria. Dicen que mi abuelo era igual.

Ya veo. - la mujer miró a la pantalla. - Siete pecados capitales y por las frases a Trenton le tocó la envidia.

Habría que analizar las vidas de las víctimas de aquí para ver qué pecado nos ha tocado en gracia. - Intervino Steve.

Bueno, ya sabemos quienes son. Mark Southern y Brian Evans. - Lou leyó el informe que tenía delante. - 22 y 24 años respectivamente. Sus amigos y familiares hablan de que empezaron a salir hace unos meses. Después de que Brian estuviera insistiendo un año. Al parecer Mark terminó dejando a su NOVIA para irse con el chico. - guardó silencio unos segundos. - Los padres están de camino así que cuando lleguen podremos ahondar más.

Steve, ¿podemos hablar un momento en privado? - Este asintió y se retiraron al despacho de él. Una vez dentro, Alicia cerró la puerta para dirigirse al hombre mientras se volvía para situarse frente a él. - Quiero ser yo la que hable con los padres y que Danny me ayude y esté presente.

¿Estás intentando llevártelo a tu campo, Alicia?

Tiene madera de analista, Steve. Es brillante pero… - dudó si seguir.

¿Pero…

Jamás le pondría en la tesitura de separarse de ti. - el Marine suspiró pasándose una mano por la cabeza.

¿Tan evidentes somos? - la mujer se rió suavemente.

Para los que os queremos, sois meridianos. Y, desde hace mucho. - añadió. - De hecho para algunos estaba bastante más claro que para vosotros mismos.

De todas maneras, - añadió el moreno. - Si él se fuera no nos separariamos. Le seguiré al fin del mundo. - Luego guardó silencio un instante. - Alicia no había dicho nada hasta ahora pero llevo ya meses dando vueltas a un asunto. Te pedí que nos ayudases en casos de este tipo pero, ¿y si creara dentro del 5.0 una unidad para el análisis de conducta y la lucha contra delitos de esta índole? Vamos que luchar contra el narcotráfico y la amenaza del terrorismo seguirá siendo nuestro objetivo principal pero no puedo negar que el mal no solo anida en las amenazas más evidentes. Y, quizá sea el que está más en lo hondo de la psique humana el que me da más respeto porque es imprevisible.

¿Y querrías incluirnos a Danny y a mi en esa unidad? - los ojos de la doctora Brwon brillaron interesados. - No suena mal, Steve, déjame darle una vuelta. Pero por ahora ocupémonos de lo que nos preocupa en este momento. - Se quedó un momento parada pensando algo. - Vamos a necesitar ayuda. Me gustaría contar no solo con Danny sino también con Jerry, su amplitud de conocimientos de tantos temas nos puede venir muy bien, y bueno… - McGarrett la vio morderse los labios.

Suelta lo que tengas que soltar, Alicia.

Me gustaría que se nos uniera Siena.

¿Tu hija? ¿Está ya recuperada? - Preguntó sorprendido el Marine.

El FBI la ha sometido a una batería de pruebas de todo tipo y las ha superado. Quiere volver a estar en activo.

Pero enfrentarse a un caso así no reavivará viejos fantasmas.

Los fantasmas siempre estarán ahí, Steve. - La analista suspiró. - La mejor forma de ayudarla y protegerla es dejar que luche contra ellos como considere mejor.

De acuerdo entonces. - El Navy miró hacia fuera pensativo. - Distribuye a mi equipo como consideres, Alicia. Son muchas víctimas y, dudo mucho que no vayan a aparecer más. - La castaña asintió dándole la razón.


El lanai era un sitio increíble para desconectar. Desde el primer día que estuvo en la casa de Steve lo sintió así y comprendió sin problemas porqué su compañero se retiraba allí tan a menudo. Suspiró sentándose en una de las sillas mientras le veía secarse con una toalla. Acaba de salir del agua. Estaba tan atractivo.

Alicia quiere que mañana la ayudes con las entrevistas a la familia. - McGarrett interrumpió su línea de pensamientos. Danny le miró. - Le he hablado de algo en lo que vengo pensando ya varios meses. Y quiero que me entiendas y me escuches, Danno. - Le vio fruncir el ceño así que supo que era importante. - Quiero que nos vayamos retirando poco a poco del trabajo de campo. Hoy, como muchas veces aunque no te lo reconozca tan a menudo como debiera, he visto lo que tu cabeza es capaz de hacer y ver cuando no está ocupada esquivando balas. - al poco siguió hablando. - Cuando empezaste a hablar de jubilación yo también empecé a comprender que nos estamos haciendo mayores para andar salto por tejados o persiguiendo a nadie a más de 150 km/h.

¿No será culpa mía que empieces a tener algo de sentido común, no=

¿Acaso lo dudas? - se rió divertido Steve. Luego volvió a guardar silencio. - Quiero que seas el primero en retirarte… - Le vio apretar los puños y supo lo que se avecinaba.

Pero, ¡¿a ti qué te pasa por la cabeza?! - le gritó. - Nadie te conoce como yo, McGarrett, nadie conoce tus locuras y nadie sabe protegerte de ella o ser tu sentido común como yo… y eso me lo has reconocido tu mismo. Así que vete haciendo a la idea de que mientras tu estés en la calle yo, estaré a tu lado.

Danno, por favor…

¡Ni Danno por favor ni narices! No me voy a quedar tras una mesa de despacho mientras tu sales a seguir siendo un G.I.J.O.E. Si alguien va a cuidar de tu espalda y de ese trasero tuyo soy yo. Y cuando nos retiremos lo haremos juntos.

¿Y no te voy a hacer cambiar de idea=

Ni aunque jures atarme a la cama y destrozarme a base de polvos…

¿Ni aún así? - Stebe entrecerró los ojos con algo de lascivia.

Ni aún así… - Danny le miró divertido. - Aunque podrías probar a ver quién tiene razón.

Aún es pronto y estoy esperando una llamada de Chin y Abby. - Steve le estrechó contra él para pegar su pelvis a la de él y que pudiera notar como la idea de atarle a la cama había animado su ya, a veces, calenturienta mente. - No quiero interrupciones cuando te haga ver las estrellas.

¿Has llamado a Chin? - Murmuró besándolo suavemente para ocultar el temblor de su voz. Le notó asentir.

Abby tiene contacto con gente de Los Ángeles, que por cierto voy a hablar con Sam para ver si nos pueden echar también una mano recurriendo al inspector Deeks para que vea si la policía de allí tiene algo.

¿Por dónde anda Kono, has hablado con ella?

¿La sigues echando de menos?

Todos los días. - Steve sonrió suavemente. Todos echaban en falta a la primera y más increíble chica del grupo.

Sí, hablé esta tarde a primera hora con ella, está en Miami. Le he pedido a Adam que se una a ella para tener una sede central en el continente para coordinar toda la información. - Danny se levantó.

Basta por hoy, nene. Tengo hambre. Vamos dentro.

¿Quieres cenar?

¿Me dejas ocuparme?

Mientras no pretendas hacer una fritata. - Danny se echó a reír con fuerza.

Jamás me lo perdonarás.

¿Que intentaras quemarme la casa? Nunca… - le abrazó por la espalda. - Ahora sé lo ardiente que eres, eso debería haberme servido de pista. - Danny volvió a reír. Steve amaba esa sensación; saber que le hacía feliz.

Pero que tonto puedes llegar a ser… - y le arreó un pescozón.

¡Ey, no me agredas!

Te mereces eso y más. - Se puso de puntillas y le besó. - Anda, vamos. Déjame que vea que tienes en la nevera para hacer algo de cena.

¿Harás magia? - el rubio le guiñó un ojo.

Claro, ¿no sabes que puedo hacer levantar cosas sin siquiera tocarlas? - Steve le siguió acunando entre sus brazos.

¿Ah, sí? - le susurró al oído.

Por supuesto… - le besó suavemente el antebrazo. - Esta noche lo podrás comprobar.

El policía se separó de su chico para cogerle la mano y encaminarse hacia la casa. La luz del interior les iluminó mientras cerraban la puerta tras ellos.