"Historias que con el lento paso del tiempo se convierten en leyendas."

3. Una extraña noche

Diecisiete años antes de Fin del Mundo…

Sus ojos verdes observaban con cuidado a las dos mujeres que con ánimo sostenían una gran discusión. A sus escasos cuatro años no lograba comprender qué sucedía o el por qué los ojos de las mujeres irradiaban tal furia. Tapó con sus manos sus orejas para dejar de escuchar aquel griterío, sin embargo resultó en vano. Caminó entonces hasta la escalera pero antes de pode llegar a ella ya una de las mujeres la sujetaba con fuerza. La pequeña niña observó con cierto desdén esos ojos vedes iguales a los suyos que irradiaban un temor descomunal, era una sensación que nunca había visto ni percibido en otro ser humano.

- Es mía – gritó la mujer de ojos verde azul

- No, el engendrarla no la vuelve tu propiedad – gritó la otra mujer acercándose a ellas

Pero la dama no dejaría que le arrebataran a su niña. Sujetó a la criatura con mayor fuerza a su pecho mientras con la mitad de su cuerpo la protegía. Respiraba de forma entrecortada por lo acalorado de la discusión. Los ojos verde azules de la mujer escrutaban cada rincón de la mansión buscando una salida fácil y rápida. Su piel blanca ahora se veía brillosa por el sudor. Había dejado de escuchar lo que su hermana gritaba.

- Es mía – repitió ya sin voz

Pero sabía perdería… Miró a los ojos a la pequeña, entre balbuceos intentó explicarle el por qué se rendiría hoy ante el poder del dinero. Miró de nuevo a la mujer y las lágrimas estuvieron a punto de escapar. Emitió un pequeño suspiro para mirar de nuevo esos tiernos ojos verdes.

- Eres mía – le dijo a la criatura – Pero a veces… Las cosas no son como debieran, no me es posible llevarte conmigo – y por fin las lágrimas escaparon de sus ojos – De verdad te amo y un día regresaré por ti –miró esta vez a su hermana de manera amenazante

- Espero no – sonrió la elegante dama – De hecho sé no lo harás, esperaste casi tres años para venir a reclamarla y ahora ¿cuántos más debe esperar por ti?

- No tenías derecho…

- ¿Y tú tienes alguno después de tres años?

Hubo un profundo silencio. La mujer de ojos verde azul bajó su fiera mirada. Cómo olvidar que por una aventura abandonó a su criatura. No tenía disculpa alguna más allá de las pasiones que se desencadenan por el amor, cómo un romance sincero y real se perdió en una noche de locura, en un segundo de temor y duda. Intentó buscar la normalidad, la aceptación y al final se quedó vacía. Después la historia fue más compleja, prefirió abandonar al fruto de su noche desmedida, olvidar que alguna vez esa niña existió y ahora…

- Lo lamento – repetía entre sollozos

- No hay redención – sentenció la elegante dama y éstas palabras se quedaron grabadas en la mente de la niña.

- No lo quería así –gritó desesperada sujetando con fuerza a la criaturita – devuélveme a mi hija… Devuélvemela por favor

Por fin había enloquecido. Sujetando a su hija con fuerza y con el último impulso del corazón se abalanzó contra su hermana, de un golpe la retiró de su única salida. Pero la suerte no estaba hoy con ella, por la puerta principal entraba su cuñado. La mujer de ojos verde azul se desvió entonces hacia la cocina. Bajó a la niña y con presura buscó un cuchillo entre los cajones.

- ¡Qué haces! – gritó el hombre

- Defender lo que es mío – ahora lo amenazaba con un cuchillo de carnicero – Ella se va conmigo – gritaba fuera de sí. Sujetó de nuevo a la pequeña y con cuchillo en mano hizo que aquel hombre retrocediera

Corrió de nuevo a la salida. Ya no habría nadie ni nada que la detuviera. Miró con alegría la libertad hasta que sintió un jalón desde atrás. Su hermana la sujetaba con fuerza del brazo, a ella se unió el marido y en seguida uno de los guardaespaldas de la familia que entraba en acción sometiendo a la intrusa.

- ¡Michiru! – gritó desesperada la mujer mientras veía cómo le era arrebatada de las manos sin piedad

Por largos años se dedicaron a huir, cualquier razón era suficiente para sentir que alguien llegaría a arrebatarles la niña como sucedió aquel día. La sobreprotegieron del mundo perverso y entonces esa pequeña creció solitaria y taciturna, ensimismada en ese vacío y aislamiento al que su madre biológica la condenó. Durante los siguientes diez años no volvieron a saber mucho de la mujer que la engendró, llegó una noticia perdida de un intento de suicidio y después de un romance que la dejó de nuevo embarazada, pero ya no importaba, no para Saytori Kaioh…

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Actualidad…

Se frotó el arco de la nariz cansada de sus vanos intentos. No podía negar no sonaba tan mal su soneto pero había algo que le disgustaba cuando lo interpretaba. Le faltaba Haruka, le faltaba paz. Los últimos seis meses parecían ser Haruka vs. Michiru, las rencillas iban desde las cosas más simples hasta situaciones tan complejas como para ya no evadir un pleito de proporciones inimaginables. Ella la llamaba necia, caprichosa, testaruda… Y Michiru enfadada le colgaba o la dejaba hablando sola segura que regresaría a suplicar su perdón. ¿Y si un día no sucedía¿Si ella ya no regresaba? Tal vez hoy sería ese día. Frunció el ceño pues ella empezó. Estaba cansada que todo terminara y empezara por Melissa ¡Era su familia! Era feliz en su nueva vida

- No soy pesimista sino realista – gritó esa mañana

- ¿Cuál es tu problema?

- Esa mujer te corrompe… No puedes ir por la vida siendo así…

- ¡Así como!

- Como ella, las personas no se dejan ni se tratan como basura… ¡No soy un objeto más de tu colección!

- ¡Tú empezaste!

- Ella te dice salta y sabes qué haces tú

- ¿Salto? – ironizó sacándola de sus casillas

- ¡Preguntas qué tan alto¿Dónde quedó la Michiru de la que me enamoré? La mujer segura, emprendedora, sensible y…

- ¡En el mismo sitio donde dejaste a la Haruka que yo amé! En el pasado – Se dio la vuelta dejándola de nuevo hablando sola

Chistó y dio una patada a la pared cansada de esta situación. Siempre era ella, hasta parecía buscar el momento adecuado para ponerlas una contra la otra. ¿Esto era su definición de vida perfecta? Estaban mejor solas ¡Ella lo estaba¿Cómo pudo cambiar tanto¡Cómo dejó que pasara! Michiru se volvió indiferente, algo apática y hasta amargada. Miraba a todos con indiferencia, a veces su arrogancia era tanta que ni a ella se dignaba a hablarle. Se volvió caprichosa, obstinada y solitaria… Intentaba entenderla, hasta que con el tiempo comprendió que solamente restaba amarla. Un día le decía esto y al otro lo opuesto. En un segundo la amaba y era capaz de llegar al fin del mundo por ella y al siguiente momento la abandonaba. ¡Ella tenía la culpa! Melissa Sinclair la corrompió al punto de volverla fría y despiadada.

- ¡Michiru! – corrió detrás de ella

- ¡No me hables! Eres realmente odiosa cuando te lo propones Tenoh

- ¡Yo¡Qué me dices tú! Si te vas no iré a suplicarte como otras veces – sentenció al verla subirse al auto – lo prometo

- Bien pues me atendré a las consecuencias – dio un portazo y arrancó el auto

- ¡Lo juro, lo cumpliré!

-¿Y si esta vez era verdad? Tenía todo el día sin saber de ella. Tal vez estaría en el autódromo destrozando llantas o como sea que se dijera. Ya no pudo más, se soltó a llorar sintiendo que toda la amargura de esos años afloraba dispuesta a llevarla al infierno. Un pequeño sonido la hizo levantar la mirada encontrando esos ojos verdes inquietos observándola con cierta ternura

- ¿Estás bien? – interrogó Lindsay

- No es nada – se limpió las lágrimas – cosas de críos

- Ah de eso debes saber mucho – sonrió sintiendo que de nuevo la joven la agredía sin razón

- Es en serio, son tonterías… No lo digo por ti ¿Cómo estuvo el curso¿Ya hablamos inglés?

- No – se masajeó detrás del cuello un gesto repetitivo que realizaba cuando estaba tensa – reprobé… No puedo pasar del primer módulo – siguió frotándose el cuello y moviendo la cabeza bastante tensa por el tema – No es normal verte llorando… ¿Te sucede algo?

- Nada – contestó a señas – Nada que importe mucho o no tenga solución

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Todas las miradas estaban clavadas en él. Orión, el gato ladrón, el que le robó la felicidad a Artemis. Y si alguna vez necesitaron unirse para enfrentar a un enemigo hoy lo hacían con toda la pasión de sus corazones, sus fuerzas enteras se destinarían a combatir el mal personificado en ese gato pinto. Luna intentó en vano calmar los ánimos recordándoles sobre la macabra aparición pero ninguna estaba a gusto con él siendo parte del equipo y Artemis lejos.

- Siento la tardanza – apareció en la venta una hermosa gata blanca

Cesaron los murmullos pues por un momento creyeron se trataba del gato blanco de Mina. Eran idénticos tan solo las facciones finas de su rostro la diferenciaban del otro gato y sin duda la dulce vocecita. Era tan hermosa, tanto que podía superar la belleza rara de Luna. Rei decidió dejar de lado las discusiones y ponerse a trabajar

- Gato – decía el niño a su hermana mayor

- Sí, es un preciosos gato… o gata perdón

- Mi nombre es Andrómeda – saludó coquetamente el animalito – También formé parte de la guardia del Milenio de Plata y Orión y yo estamos aquí por los constantes cambios que ha sufrido el planeta

- Eso es por la contaminación – habló Serena – No me vean así, soy despistada pero eso todos lo sabemos… Estamos destruyendo nuestro ecosistema y muy pronto lloverán rocas incandescentes, tal vez hasta ácido que derretirá todo, grandes tsunami que se llevarán a las personas, terremotos devastadores… El deshielo y finalmente moriremos

- Serena hoy estás muy pesimista – rió Lita

- Es acertado su pronóstico – comentó el gato pinto

- ¿Ah sí? – se asombró Rei de ver que su amiga daba una

- El planeta entero esta por convulsionar… No se trata simplemente de lo que la humanidad hace sino lo que vive y siente… Algo muy extraño sucedió con la línea del tiempo, parece se modificó sin alguna explicación coherente…

- Ahora tenemos un nuevo enemigo

- Él pidió verme – refutó Serena – eso no lo hace el enemigo

- Bueno no pero peligra princesa – el gato estaba muy nervioso pues las miradas severas y llenas de odio seguían sobre él – Necesito ver a las guerreras pues nuestro futuro ha cambiado y es hora de restaurar el orden ¿Ha sucedido algo inusual en los últimos dos años? Algo que se salga totalmente de lo normal

- Serena y Darien terminaron – masculló Lita entre dientes

- ¿Eso es anormal? – preguntó Amy – Creo que es parte de la vida

- Se supone se casarán y tendrán a Rini, ella será reina y él rey… pero separados no creo tengan nada – contestó la chica alta algo enojada por cómo su amiga veía al amor

- Bueno investigaré eso con Setsuna… Si es que la encontramos – contestó la gata Andrómeda – Resulta – esta vez miró a Orión quien la veía con expresión de asombro – Resulta que las puertas del tiempo están selladas y Setsuna creo salió de vacaciones porque no está por ningún lado

- ¡Mina tenía razón y se la comió el fantasma del tiempo! – gritaba aterrada la joven de coletitas

- ¡Cállate Serena tonta¡Cómo crees esas tonterías!

- Ahora viene por mí – se levantó corriendo de un lado a otro en busca de refugio – por eso el ángel me buscaba, me vino a advertir

- ¡Basta de tonterías! – gritó enfurecido Orión observando cómo todo se tomaban a juego

- ¡Por todos los dioses! – fue Amy esta vez quien gritó – Olvidé recoger la ropa… Lo siento chicas, después hablamos y me dicen como quedamos

- ¡Nadie te ha dado permiso de irte niña!

Ahora los pensamientos de Serena estaban en ese momento, en esas hermosas esmeraldas verdes que la contemplaban. Cómo podía una mirada contener ese sin fin de pasiones. El amor agonizante, un fulgor desmedido de pasión, de odio, dolor, amargura… amor… amor. Como si aquel ser mantuviera una constante lucha en su alma. Le faltaba esa pizca de felicidad, un poco menos de soledad y… seguía sin entender cómo alguien podía albergar tal tristeza, tanta soledad y oscuridad. Sentía pesar por ese ángel, por su mirada que la llamaba a protegerlo brindándole un poco de la calidez que tanto ansiaba ¿Dónde vio esa mirada antes?

- Se acabó – gritó Orión cansado de la discusión entre Luna y Andrómeda – Iremos a ver a las guerreras

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Como lo predijo Mina encontrar a Haruka no sería ningún problema. Les había mandado por mail toda la información, ahora quedaba en sus manos. Rei se encargó de llevarlas ahora tenía una camioneta de 1980 que entre sus miles de fallas y antigüedad podía llegar en una pieza a las afueras de al ciudad donde estaba el autódromo.

- No hay entrada al público – dijo el guardia y Rei dio media vuelta regresando a la carretera

- Llama a Mina – y contra sus deseos tuvo que hacerlo pues cómo más entrarían

- Mencionen a Haruka y lo mucho que se enfadará eso bastará

- ¿Sí¿Y por qué?

- Porque es Haruka

En verdad funcionó. Quién no conocía los berrinches y desplantes de la rubia corredora. Su poder llegaba más allá de solamente manipular su auto como un verdadero dios del viento. Lo que ella quería se hacía, en el medio del espectáculo se le conocía por sus constantes escándalos, el romance que mantenía con Michiru kaioh y sus desplantes dignos de una diva. Tenía arranques de ira y una neurosis tan alta que muchos temían dirigirle la palabra pero eso no evitaba la reverenciaran y veneraran con pasión. No podía ser de otra forma, no conoció la tierra semejante prodigio. Haruka Tenoh era más que un Dios.

- No puedo creer lo lográramos – musitaba entre dientes sin quitarle de encima la vista al guardia pues esperaba de un momento a otro se diera cuenta del embuste – ¿Dónde estará?

- Pues donde haya autos – contestó Serena sintiéndose un verdadero genio por su deducción

- Es un autódromo cabeza de chorlito

- Ah, entonces estamos en el lugar correcto – ahora era toda un sapientísimo

- ¡La mato! – gritaba la morena siendo sujetada por Lita y Amy – La mato

- ¡Hola preciosas! – sonó esa encantadora y varonil voz detrás de ellas

- ¡Haruka!

Las miradas de Serena y Rei se embelezaron perdidas en su encanto. Haruka se movió segura y con embrujo seductor para saludar de beso a cada una de ellas. Serena fue la primera en experimentar esa sensación. Primero ese destello de perfume que enamoraba y enloquecería a cualquiera, luego esa sonrisa perfecta que arrastraba a la pérdida total de la razón y finalmente su mirada que simplemente hipnotizaba sumiéndola en un amor perfecto, en el misterio, en ese hechizo perdurable que la volvían irresistible. Ellas corrieron con la fortuna de sentirla de cerca, probar el roce de esos labios carnosos en sus mejillas para saborear la fantasía del paraíso y la eternidad de la explosión de pasiones.

- Wou estás wou – decía Serena sin encontrar las palabras para definirla

- Hola cabeza de bombón… Nunca las hubiera reconocido de no ser por tus coletas, son inconfundibles

- Nunca te despediste – lloriqueó Serena

- Cabeza de bombón – volvió a reír – te despides cuando te marchas y yo solamente salí a trabajar… Viajo mucho

- ¡Y no es mucho tiempo dos años!

- Yo no me he ido por más de seis meses

- Nunca nos visitas – lloraba ya la joven de coletas

- Oh es eso… he sido muy desatenta con mis hermosas amigas ¿verdad? – guiñó con esa coquetería que se había vuelto parte de ella – ¿Y si las invito a comer…?

- Sí – gritaron Lita y Serena al mismo tiempo sin permitir que la joven terminara la frase

- Hay un restaurante nuevo, es comida española… Comeremos una paella

- Sí una pa ella y otra pa mí – reía Serena encantada con su mal chiste

No esperaban la joven rubia hubiera cambiado tanto, la madurez le sentó de maravilla, se había vuelto tan guapo y tan seductor que no dejan de sentir ese penetrante y raro hechizo. Amy asintió, su respuesta era obvia para tal enamoramiento, cómo no sentirse atraída por ella, esa seguridad con que se movía, la elegancia y perfección de cada gesto, el estigma de misterio y finalmente creía que tanto tiempo con Michiru hizo que terminara adoptando ciertas maneras de ella.

- ¿Y dónde está Michiru? Necesitamos hablar con ustedes

- Eh bueno – hizo una mueca de enfado – tuvimos un ligero problema y no creo tenga muchas ganas de verme… yo no las tengo – dio un pequeño sorbo a su cerveza – Hotaru vive con su padre y Setsuna tiene poco que la vi, creo trabaja en la embajada… no me pregunten haciendo qué porque con ella nada es lo que parece

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Michiru Kaioh gozaba de una vida perfecta que nunca soñó poder tener. Su talento le aseguró desde niña un lugar privilegiado en los seres que escriben la historia de frente y tiene nombre. Un verdadero prodigio, pero la vida le cobró caro tal don negándole una vida familiar estable. Constantes mudanzas, enfados que no entendía y finalmente llegó la pubertad y estalló. Deseaba amar, deseaba tener sus propias alas para volar. Ya no era una niña, ella escribiría su propia historia… su destino. Pelaba tanto con su madre sin entender el por qué la trataba así, qué temía hasta que un día el escabroso secreto fue revelado…

- Hola – contestó su móvil

- Quiero un móvil de cumpleaños – escuchó la voz de su hermano – Dijiste querías ver dinosaurios ¿Dónde estás¿o ya no irás?

Sabía que su padrastro estaba detrás de la llamada, pues para su hermano sordo un móvil resultaba improductivo. Llegaron a comprarle aparato auditivo pero su problema era demasiado serio como para que el aparato le ayudara si quiera un poco. Michiru lo consideraba especial, nunca conoció a un niño tan dulce y tierno. Se le escapó un fuerte suspiro, había olvidado lo de los dinosaurios. Rió, esta vez encantada de imaginar a su padrastro escribiendo los diálogos para su hijo ¿por qué no hablaba con ella? Vivían en la misma casa desde hacía más de dos años

- No puedo, estoy ocupada

- Iremos en helicóptero hasta Alemania a verlos… ¡En helicóptero! – gritaba emocionado

- Lo siento estoy ocupada

- Dijiste que querías ver el show de dinosaurios – renegó el niño – Lo dijiste ayer y me desgasté mucho consiguiendo esos ¡Papá esa es una palabrota! Papá escribió una palabrota refiriéndose a los boletos y al helicóptero

- Bueno sí, dije ayer que quería ir pero hoy ya no… Además no tengo tiempo

- Estas de vacaciones y no tienes ensayo Lindsay me lo dijo

- Lo lamento de verdad Kared ¿hola¡Me colgó! – soltó una gran carcajada sabiendo lo que seguiría en casa, el niño gimotearía pidiendo una explicación del por qué de su enfado si después de todo él sí iría…

A veces Michiru podía jurar que Isaac intentaba comprar su cariño y de verdad la molestaba mucho creyera que un viaje en helicóptero, un show privado o una visita al Vaticano la impresionarían. Extrañaba demasiado a su padre, a Saytori como para permitirle a Isaac entrar en su vida ocupando ese lugar especial.

- Casi termino aquí – miró complacida su labor

Hacía seis años comenzó su martirio. No solamente se enamoró de Haruka o se convirtió en una guerrera sino entró en la adolescencia. Los pleitos con su madre comenzaron a tomar proporciones caóticas. Parecía una competencia de poderes y soberbia hasta que un día Michiru amenazó con irse de casa.

- Así nos pagas lo que hicimos por ti – gritó furiosa Dana, su madre

- Estoy harta – le agredió la chiquilla enfurecida

- ¡Hubiera sido mejor abandonarte!

Dana prefirió callar a seguir diciendo más necedades pero Michiru sabía cómo convencer a su padre para que dijera la verdad, lo engañó con el afán de descubrir lo que sucedía.

- Ya lo sé todo, sobre tú ya sabes qué de ya sabes quién, mi madre me lo dijo

Y aunque sonaba risorio Saytori cayó en la treta revelándole ese doloroso pasado. Primero la triste y penosa historia de Melissa Kaioh y su locura momentánea, la pequeña bebé que llegó a bendecir sus vida, ella regresando a reclamarla como a un objeto cualquiera.

- No somos tus padres biológicos pero te hemos criado como si fueras nuestra… Dana no podía tener hijos y…

Y lo demás se convirtió en una guerra sin cuartel, llanto desmedido y corazones que se envenenaron lentamente. Melissa apareció en su vida ofreciéndole el mudo entero, la felicidad y la aceptación que Dana le negó. Le daba igual si quería a Haruka o a un perro, para ella solamente importaba su felicidad…

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Melissa no paraba de reír, si lo veía Isaac desde afuera vería que era divertido. Los constantes desplantes y menosprecios de sus detalles costosos empezaban a enfadarlo lo suficiente como para querer despedazar a su esposa por consentirla tanto. Qué podía decir ella, nunca creyó que fuera tan fácil recuperar a su hija y es que Dana prácticamente se la entregó. Había pasado un mes completo convenciéndola que ella no la abandonó, ya estaba por rendirse cuando Dana estalló al descubrir el romance que su niña sostenía con una chiquilla corredora de autos. Así Michiru fue a sus brazos suplicando por ayuda. Desembolsó mucho dinero para llevar la custodia a juicio y finalmente ganó.

- No volverás a verla de eso me encargo yo – reía Melissa esa tarde en el juzgado

- ¿Para eso querías verme¿Crees esto es una competencia?

- No sé que sea, pero esa niña se va conmigo

Fue la última vez que la vio. También fue la última que ellas se vieron. Michiru estaba tan desesperada, dolida y perdida que se atrevió a retarla. La esperó a fuera del juzgado, pelearon de nuevo, esta vez como nunca lo había hecho, se hirieron en lo más profundo hasta jurar no querer volver a saber la una de la otra. A Melissa le dolió mucho ver así a su hija pero no intentaría solucionarlo cuando eso podía causar problemas a los planes que tenía para su primogénito. Un día el dolor se desvanecería, la amargura se convertiría en soledad y con el tiempo las heridas sanarían lo suficiente para poder empezar de nuevo…

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Era ya la hora. Ahora Haruka no volvería a decir que solamente ella regresaba a suplicar por perdón. Prendió las velas y dejó las luces apagadas. Contuvo la respiración esperando verse lo suficiente encantadora para evitar preguntas. Necesitaba enloquecerla a primer vistazo para que la noche terminara en un romance lleno de pasiones. No se disculparía, no, no fue su error, no fue ella la que tenía ánimos para pelar… Ya no pudo pensar más pues acaba de escuchar la cerradura. Se quedó recargada en la pared mientras su mirada seductora se calvaba sobre la puerta. Las luces tenues se encendieron al escuchar el clic de la puerta que se abría.

- Hola

Y la escena que siguió fue lo suficientemente comprometedora como para poner roja a la joven corredora. En la puerta las cuatro pequeñas Inners observando el camino de pétalos de rosas que invitaban a la pasión, velas románticas destellando ese aroma afrodisíaco que daban un toque místico a la atmósfera, un viejo disco con baladas que robaba suspiros y finalmente el anhelo de los deseos: Michiru Kaioh. La joven estaba recargada en el umbral de la habitación. Esa pose hubiera sido suficiente para enloquecer a cualquiera pero ella agregó un toque especial. Vestía hermosa ropa interior roja de encaje que deja ver sus encantos lo suficiente como para adivinar que las pequeñas Inners sobraban esa noche

- Ahm – fue lo único que dijo Michiru antes de marcharse a la habitación

- Eh – reía nerviosa Haruka sin saber que decir

- Una alfombra de pétalos que lindo recibimiento – comentó Serena tontamente sin poder borrar de su mente esa figura divina y hermosa

- ¿Volvemos después? – comentó Amy entre dientes y tartamudeos

- Claro que no, ya lo arruinamos, eso no soluciona nada – contestó Lita enfadada

Haruka meneó la cabeza, corrió a la habitación y gritó que tomaran lo que quisieran del pequeño refrigerador. Se reprochaba mentalmente pues la única vez que era Michiru quién corría a sus brazos suplicando por amor ella tenía invitadas ¡Y qué esperaba!

- Un lo siento estará bien – estaba Michiru tendida en la cama con su mirada seductora fija en esos ojos azules

- Eres mala conmigo – rió

- Ah y tú en lugar de contentarme corres a buscar amiguitas para divertirte y vaya encontraste cuatro… Ah con razón te pareció gracioso que te dijera te fugaras conmigo – frunció el ceño

- ¿Me odias? – le susurró al odio dejando que su aroma penetrara todo su sistema y la enloqueciera

- Lo suficiente como para dejarte así… sin nada… Que mal momento para visitas ¿No crees?

- Muy malo… me enloqueces – le susurró al oído y la piel de la joven violinista se erizó – lo lamento de verdad, créeme que ahora lo que más quisiera es escapar contigo tan lejos como pudiera y amarte eternamente…

- Llévame contigo … llévame contigo – susurraba mientras el deseo la consumía

Sus miradas se cruzaron en ese jugueteo de pasión y deseo. Haruka se enamoró de ella, hoy se rendía y sin explicaciones entregaba el amor y el corazón. Michiru cerró los ojos, besó con lentitud esos labios carnosos permitiendo a sus instintitos salir lentamente y consumirla totalmente. Entre susurros le habló de amor mientras Haruka enloquecida se aferraba a las sábanas de seda para evitar estallar. Michiru acarició su rostro y se aferró a su cuerpo para seguirla besando. No pensaba, vivía, sentía, minuto a minuto un arrebato, poco a poco las caricias las llevaban al paraíso. Haruka repetía tenían visitas pero Michiru era necia y la deseaba, la anhelaba como a nada más en ese mundo. Le susurró no le importaba, la amaba.

- Y ahora – dijo Lita observando el reloj

- No sé… creo metimos la pata – cuchicheaba Serena

- Nah que va – contestó Rei – Claro que la metimos – la pellizcó con furia

- Pero ella nos invitó – replicó la joven de cabello castaño

- Eso sí – sonrió Serena –…esto es raro

- ¿El qué?

- No puedo borrar de mi mente esa imagen… de Michiru… es muy bonita, no, no es bonita, es como un ángel, como un espectro maravilloso y tan increíble que es difícil creer sea un humano, es hermosísima, es… ¿Me vendrá bien un traje como el de ella?

- ¿La ropa de Michiru? – Rei la veía con cierto asombro y recelo ¿Entendería que pasaba en ese cuarto lujoso?

- Sí – contestó la rubia – eso, eso tan… rojo…

- Sí rojo – se sonrojaron Amy y Lita

Y sin más Michiru la aventó lejos de ella. Haruka se quedó perpleja sin entender qué sucedía primero le pedía no la dejara, que la besara y la volviera loca.

- Me odias – afirmó la rubia

- No es eso – rió animada – Es…

- Es nada – terminó la frase. Su nariz rozó su cuello en un lento recorrido de arriba a bajo que sabía la enloquecía. Entonces Michiru buscó sus labios para saciar su pasión pero fue esta vez Haruka quien la detuvo – No más besos malvada… Yo no cumpliré más tus caprichos y tonterías

Con el dorso de sus largos dedos recorrió el cuerpo desnudo que tenía frente a ella. Miró con atención cada lugar de esa piel perfecta, de sus labios carmines que llamaban a saborear el néctar de los dioses. Preguntó si la amaba y ella contestó que con todo el corazón. Pero ni así sedería a sus deseos. Entonces Haruka se abotonó la camisa y los pantalones para salir a atender a sus amiguitas.

- Te odio – masculló Michiru vistiéndose de mala gana

- Ah, ya sabes lo que yo siento con tus juegos tontos – rió animadamente

Las Inners estaban instaladas frente al pequeño refrigerador consumiendo cuanto encontraban

- Eh cabeza de bombón eso es vodka no tomes tanto. Cocinaré – abrió el horno – mejor no – aspiró el exquisito aroma de la cena que Michiru tenía preparada para esa noche especial – Y a qué debo su visita, supongo no es nada más a reclamarme nunca las visito ¿Oh si?

- No, es sobre – empezó a decir Rei – el Heredero – Haruka no pudo evitar la sorpresa, la botella se le resbaló cayendo pesadamente al suelo

- Lo siento – comenzó a recoger los cristales rotos – Es interesante

- ¿Y a Setsuna cuándo la podemos ver? – cambió Amy el tema viendo lo nerviosa que la joven estaba

- Déjame pensar… ah sí creo que tengo el número de su trabajo, en algún lado

Y Michiru se decidió a saludarlas, esta vez vestida. Pero la cena termino en nuevos alegatos sostenidos en lenguaje a señas entre las dos guerreras. Era parte de todos los días, por un lado el carácter de Haruka se volvió más obstinado y salvaje, se sentía con el derecho de reclamar y pelear con fiereza por aquello que tanto tiempo le costó: el amor. Necesitaba saber conservaba a su hermosa sirena, que de alguna forma el giro tan brutal de sus vidas en los últimos años no afectó su manera dulzona y noble de ver la vida. Por otro lado Michiru empeñada en vivir la vida tan intensamente que se sentía dueña misma del universo, no había nada que no pudiera tener o hacer. Simplemente la arrogancia se volvió una constante muy fuerte que nublaba su razón. Mientras para la joven corredora todo se explicaba en una sola palabra. Melissa, para Michiru era más sencillo de entender: malas manías. La rubia se enfadó, la tomó del brazo llevándola a otra parte de la lujosa habitación

- ¿Encuentras algún tipo de satisfacción en envenenarte el alma? No, creo te acostumbraste ya a hacer sufrir a las personas… No creo tenga sentido las venganzas – le musitó al oído pues insinuó varias veces cuánto le gustaba otros sufrieran.

- Yo no me vengo, tú misma lo dijiste, es costumbre, es el placer de ver sufrir a la gente – rió pero esa mirada colérica ya presagiaba otro mal día. Emitió un suspiro antes de quejarse la estaba lastimando – No diré ya nada

En cuanto las Inners se fueron Haruka la acorraló contra la pared cansada de esa rara situación en que vivían. No importaba lo bueno que viera su amante en Melissa Sinclair, esa mujer le envenenaba el alma tan lentamente que la joven no se daba cuenta. Le enseñó el poder de la venganza, el anhelo y las crueles pasiones.

- Quisiera entenderte, juro que lo deseo – besó sus labios

- Me enfada… No era mi intención

- ¿Y lo que dijiste? Encontrar satisfacción en el dolor y sufrimiento ajeno

- No lo pensé… sabes no es así – se abrazó a ella

- Deja de hacerte daño sin razón y lastimarnos, nosotros no somos el enemigo… Ni creo lo sea tu madre, me refiero a…

- Shhh – la besó con pasión – no lo digas, olvídalo… no lo digas – lloraba desesperada – No existe nada mas que tú y yo

Notas: Definitivamente las chicas hicieron mal tercio XDDD