Disclaimer. La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, ni gano un centavo al escribir esto, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras.
.Chapter III.
Aparca el coche bajo un robusto árbol y sale del vehículo inspirando fuertemente. Adora el bosque, le recuerda a cuando su padre le traía de caza, cuando aún se podía cazar en aquel sitio. Observa la vieja camioneta que su madre conserva como recuerdo innegable de que Ethan Everdeen era un hombre de campo, no un bicho de ciudad y sonríe porque a ella le encantaba eso de su padre.
Camina lentamente hacia el punto de encuentro. Cuenta los pasos para mantener la mente ocupada. No espera encontrarle de pie bajo el enorme roble de espaldas a ella, con una cámara en las manos. Se paraliza, la mochila que llevaba en las manos solo para mantenerlas ocupadas acaba en el suelo por la conmoción. El chico voltea y puede notar en sus expresivos ojos azules que él no está tan sorprendido como ella y reacciona mucho antes, sonriéndole y tomando una fotografía de ella de pie, viéndole contrariada.
— Katniss —su voz tiene un tono suave, muy agradable y masculino.
— ¿Qué haces tú aquí?
— Tú me citaste aquí — sonríe aún más —luces confundida.
— N-no — no tiene idea a que responde negativamente, su móvil está sonando, puede oírlo pero no es importante, él está llamando a alguien, a Sinsajo desde su móvil y se lo está enseñando.
— Sabía que había una razón por la que no me llamabas por mi nombre — guarda su móvil y se agacha para recoger la mochila de la chica — debería sentirme muy ofendido.
— Lo siento — murmura aceptando la mochila, se la cuelga de un hombro — en mi defensa...me sonaba familiar — puede notar como sus mejillas se calientan y aún más cuando él suelta una carcajada.
— No puedo culparte ¿verdad? ¿Nos sentamos?
— No aquí… ¿quieres caminar un poco?
— Acepto, pero recuerda lo que dije acerca del peso de las cámaras —ahora ella ríe y no es posible que lo note pero el corazón del chico se salta un latido.
Caminan uno al lado del otro. Él le cuenta que nunca se ha salido del camino de grava que parte al bosque en dos. Ella le dice que lo ha hecho desde que tiene memoria y que no había nada de qué preocuparse. Unos quinientos metros más allá del camino está el lago. Un espejo de agua no muy grande, oculto entre los robles, su lugar en el mundo. No era su plan, llevar a "su cita" a aquel sitio pero en cuanto supo que él no tenía ni idea de su existencia, no pudo dejar de pensar en enseñárselo.
El rubio repite una y otra vez que ese sitio es genial y que como nunca había sabido de su existencia. Ella se burla diciendo que era su culpa por nunca salirse del camino y él replica diciendo que no está en su naturaleza romper las reglas. Se sientan sobre la manta y observan el lago un rato conversando de banalidades. Se siente cómoda, mucho más que en su primera cita con Darius, simplemente dos personas intentando conocerse.
— Debes considerarte afortunada — voltea a verle con los ojos bien abiertos sin entender muy bien a que se refiere — sabes cosas de mi que mis hermanos jamás han oído.
— Me siento honrada — exclama luego de terminar uno de los bollos de queso que él trajo para la ocasión, está segura que es de los mejores que ha comido — entonces eres panadero, fotógrafo, profesor del curso de fotografía en la Uni y estudiante de artes… ¿eres incapaz de estar sin hacer nada?
— Soy inquieto — se encoje de hombros — lo dices como si fueras una persona sedentaria, Sae's, arquería, la universidad, encargarte de tu adorable pero adolescente hermana…
— Touché — se pone en pie — no puedo creer que no conocieras este lugar — inspira con fuerza dando una vuelta sobre sí misma.
— Lo conocí por tus pinturas — se queda sentado, viéndole caminar unos pasos hacia la orilla sin separarse demasiado— no creí que fuera el Doce, quizás el Siete.
— Uf el Siete —fue con Darius, Madge, Gale y otros a las montañas del Siete — es un lugar excelente para viajar.
— Prefiero el Cuatro — ríe cuando la castaña voltea a verle con una mueca de desagrado —no puedes negarme que la playa es genial…
— Podría hacer una lista de las contras de la playa.
— Otra cosa que no tenemos en común — sonríe apoyándose en un árbol, ha sacado la cámara del morral y se dedica a tomar fotos del paisaje y a ella que se acerca lentamente.
— Creo que prefiero saber cuáles tenemos en común — toma la cámara y se aleja unos pasos, el chico se queja pero no le hace caso — shh me desconcentro.
— Vamos Katniss — intenta tomar la cámara.
— Apuesto que estar del otro lado no es tan divertido ¿eh? — Exclama ella tomando algunas fotos de él— no es lo mismo estar de ese lado ¿verdad? — captura la mueca de enfado del rubio antes de devolverle la cámara — no oses borrarlas antes de darme una copia.
— La razón de un fotógrafo es que no sale en las fotos — observa la pantalla unos momentos — me veo estúpido — le enseña la última fotografía que ella tomo.
— Te ves adorable.
—Aceptare el cumplido — las mejillas de la castaña se encienden cuando él se acerca otro paso y quita un mechón de su rostro.
Le sorprende como las dudas parecen fugarse de su cuerpo cuando le tiene tan cerca. Acorta la distancia y le besa. Peeta parece perplejo porque tarda unos segundos en responder. Abandona sus labios al instante y ahí están de nuevo, las dudas fluyendo por sus venas hasta sus mejillas. Le ve alejarse, dejar la cámara y estar frente a ella en tan pocos segundos que del impulso acaba presa, entre el hombre y el tronco de un roble. Ahora él le besa y ella responde aletargada.
Una de sus fuertes manos descansa en su cadera y la otra está apoyada contra el árbol a unos centímetros de su cabeza. Las de la chica yacen inertes a los costados de su cuerpo, al menos unos momentos hasta que reacciona y terminan acariciando los rubios cabellos de su nuca. Se apega a él imperceptiblemente y disfruta otros labios que no son los de Darius. Se estremece cuando la mano en su cintura sube poco a poco hasta instalarse en su espalda. Cuando se separan, apenas unos centímetros, puede verle sonreír y sonríe también. Acaricia su mejilla y se aleja, un móvil vibra al son de It's my life de Bon Jovi.
— Mierda es mi hermano, dame un minuto.
— Claro — él se aleja y ella lo agradece porque no podría moverse un paso.
— ¿Qué quieres Jace? No, estoy seguro que hoy no hay... ¿A las 8? ¡Son las 8! — Katniss mira su reloj pulsera, ocho quince para ser exactos — llegaré tarde... llegaré lo prometo.
— ¿Todo bien? — El rubio parece contrariado.
— Lo siento, pero realmente tengo que irme.
— Lo entiendo — sonríe, el tiempo se había pasado volando — volvamos — levanta la manta y la sacude.
— Teníamos una boda, lo olvidé por completo y es al otro lado de la ciudad — hace la misma mueca que ella inmortalizó en una foto.
— Está bien no que tienes explicarte Peeta — caminan uno al lado del otro.
— No estoy fugándome — se ríe y piensa en tomarle la mano pero ella lleva la mochila colgando de sus manos — ¿volveré a verte? —menciona al pasar luego de diez minutos en un silencio algo incómodo.
— Porque no... Podríamos...
— Puedo llevarte a casa Katniss — observa el Mustang rojo fuego que está señalando
— Esta bien, vine en el de mi madre — señala la enorme camioneta.
— Te veré luego entonces.
Está en su casa media hora más tarde. El sol aun alumbra todo tornando el cielo con el aparentemente color favorito de su cita. Prim no está en casa cuando ella llega, supone que estará en la casa de al lado con Rory. Se mira al espejo media hora intentando descubrir si realmente ella había besado primero a Peeta. Se repetía que no estaba desesperada, que era el momento preciso, si, preciso. Se roza los labios. No tuvo muchos novios, dos y alguna cita que otra. Jamás se había sentido así de viva.
Piensa en llamar a Madge y contarle que finalmente ha salido con alguien, que está dispuesta a repetir. Busca el teléfono en su mochila y aprieta los dientes con fuerza cuando al encender la pantalla tiene dos llamadas perdidas de Darius y otros cuantos mensajes. Incluso hay un mensaje de voz. Deja el móvil sobre la cama y se da una ducha rápida, fría, para intentar pensar que le responderá.
"Katniss, bonita ven a verme, tenemos que hablar. Sé que te hice daño, pero no podemos echar a la basura dos años sin siquiera decir adiós. Ven a verme el viernes si? Te quiero Katniss, te quiero demasiado"
No es la primera vez que él le deja un mensaje de voz, lo ha hecho cada sábado desde que cortaron, cuatro meses atrás y aun así ella vuelve a llorar. Porque conoce a Darius, sabe que él no es el más expresivo y por eso quizás estaba tan bien a su lado. Entonces, ¿por qué llora? Porque él llora, escucha tres veces la nota de voz y sabe que está llorando y le odia, de nuevo, por engañarla y por decirle luego que no pueden botar dos años de relación a la basura, como si fuese su culpa. Llora de rabia y por frustración, sentada en su alfombra de piel falsa, aun con el móvil en la mano.
No sabe cuánto tiempo ha estado ahí, sentada, desnuda, en medio de su cuarto. Mira la hora en el reloj y maldice, su madre estará en casa en poco tiempo y no ha hecho la cena. Pide comida típica del distrito pesquero para dos, luego de comprobar que Prim ha sido invitada a cenar en casa de sus vecinos. Se viste con algo cómodo y espera, a su madre, al delivery y a que los pensamientos dejen de arremolinarse en su cabeza.
...
— ¿Hola? — consulta con el audífono en la oreja, nadie llama nunca al teléfono de la casa
— Estás viva — chillan al otro lado de la línea — ¿por qué no contestas mis mensajes Kitty Kat?
— He abandonado mi móvil en silencio y no lo he encontrado aún — miente, a medias, porque el aparato está en silencio si, dentro del cajón de su mesilla de noche desde hace cuatro días.
— ¿Cómo estuvo tu cita con Peeta?
— No...No quiero hablar de ello Maddie — suspira, tampoco ha entrado a la estúpida página de citas, no sabe si el habrá llamado o enviado mensajes, no quiere mirar.
— Voy para allá — musita su amiga y corta antes de que ella pueda decir algo.
Prepara limonada y bocadillos. Arregla un poco su habitación y vigila que su hermana respire. Baja las escaleras y solo tiene que esperar cinco minutos más antes de que la chica toque el timbre.
— Sabes que podrías matarte conduciendo tan rápido ¿verdad?
— No vine tan rápido — se ve abrazada por la chica y el aroma a rosas le hace fruncir el ceño.
— Tu casa está al otro lado y solo pasaron quince minutos.
Se desahoga con su amiga. Le cuenta que Darius no la deja en paz, le cuenta de Delly, de Peeta. Le relata con lujo de detalles como fue la cita con el rubio y lo extraño que resultó el que se conocieran de antemano. Madge lo nota, Katniss se ilumina al hablar de aquel otro chico, pero no dice nada. Sabes que si lo hace, ella levantará sus muros y le será imposible volver al decir algo sobre él. La rubia por su parte no deja de hablar de Gale, de cómo le trata, lo bien que besa o lo mal que estaba por no haberse rendido antes. Meriendan, ríen y por un buen rato Katniss olvida todos los problemas que rondan en su cabeza.
— ¿Dices que no has visto tu móvil en cuatro días? ¿Y si Peeta envío mensajes?
— ¿Y si Darius los envío? — Refuta ella mirando el cajón en el que está oculto el aparato.
— Los veré por ti — se ofrece poniéndose de pie — ¿Dónde está? — La castaña señala el cajón de su escritorio —ok... veamos...
— No quiero verlo — se oculta tras su cojín — ¿Qué dicen?
— Hay 10 míos y cuatro de Gale que dicen lo que imaginas... oh... Gale debería haberle roto las manos al idiota — ve a la castaña suspirar —insiste en que debes ir al verle hoy...
— ¿Y Peeta? — No quiere sonar ilusionada pero Madge nota el brillo en los ojos plateados.
— Mmmm solo tienes dos, pero supongo que esos no importan bloquea el teléfono y vuelve a guardarlo.
— ¡Madge! — se pone en pie y busca el teléfono.
Peeta [ ]. Hey, finalmente llegué a la boda… fue una tarde genial Katniss, espero volver a verte pronto…
Peeta [ ]. Todo bien?
Madge ve como las mejillas de Katniss adquieren un tono bordo casi al instante y se pone a reír como una desquiciada. Katniss intenta defenderse, decir lo que sea pero nada parece hacer menguar la risa de su amiga así que se le une. Pasan un buen rato y Madge acaba yendo cuando el sol está ocultándose.
Toma una ducha rápida. Oye el móvil cuando está secando su cuerpo y supone que Madge ha olvidado algo, pero ahí está de nuevo aquel nombre. Está cansada de sufrir se dice así que aun con el cabello empapado se pone una blusa simple de tirantes sobre el brazier, unos jeans que cubren la ropa interior de encaje, toma su móvil y su cartera y se va de casa.
Camina sin mirar mucho alrededor, textea a Darius que va en camino a su casa y a su madre que estará con Madge un rato y guarda el móvil en el bolsillo del jean. No sabe que dirá, solo quiere que acabe, se dio cuenta hace mucho que Darius no era para ella, solo que estaba demasiado asustada como para dejarle ir. Una persona cualquiera habría dejado a un tipo luego de que no le prestase atención por meses, pero ella quería que estuviera ahí para ella, aun cuando su relación estuviese tan rota. Jamás admitiría que el que Darius le metiese los cuernos fue incluso sanador, no, jamás lo diría porque él no tenía derecho a lastimarla así, ella valía mucho más que eso.
Saluda al guardia del bloque de departamentos, el hombre sonríe y dice que hace mucho que no se pasaba por ahí. Katniss apenas asiente y sube al elevador, aprieta el siete y suspira largamente intentando acomodar en su cabeza el lío de pensamientos. Toca dos veces y ahí está él, mostrando los músculos que ha ganado gracias a la Academia, vestido solo con unos jeans holgados. Intenta besar su mejilla pero ella le evita y se interna en el pequeño departamento.
— Que bueno que vinieras bonita realmente creo que…
— Alto — toma una gran bocanada de aire intentando infundirse valor — no me digas bonita, vas a escucharme, luego te escucharé y me iré… y esto habrá terminado para siempre.
— Katniss...
— Darius no volveré contigo — se sienta en el mullido sofá — podías haber cortado conmigo y luego acostarte con ella, podrías haber elegido a cualquier chica pero te acostaste con alguien de mi universidad, alguien con quien podría haberme topado en cualquier momento… Te estabas morreando con ella en el cumpleaños de mi mejor amiga ¿Darius realmente esperas que perdone todo eso y vuelva contigo? ¿Qué clase de idiota crees que soy? — Darius no alcanza a notar si ella está enfadada, su tono de voz apenas denota algo de tristeza.
— Katniss, lo siento no hay mucho más que pueda decir, fui un idiota y te hice daño pero Delly fue solo un desliz yo te quiero — intenta tomar su mano pero ella se aleja en el sofá — quiero demostrarte que no será igual.
— Darius no fue un desliz no me mientas — mira la pared frente a ellos, una foto de ambos en el Siete les sonríe desde un marco de madera — llevabas meses distante antes de que te encontrara con ella en el cuarto de Madge — aquel evento se repite en su cabeza — no quería creer que serías capaz pero no digas que fue un desliz vale, ¿cuánto tiempo estuviste con ella mientras aun estabas conmigo?
— Yo…
— Aguarda, no quiero saberlo — los ojos grises observan con pena los ojos ambarinos — no te amo y no quiero volver a verte, no quiero que me contactes nunca más Darius.
— Katniss…
— No quiero tener que recurrir a la policía D. solo sigue con tu vida.
Sale del departamento y baja los siete pisos por las escaleras porque el elevador estaba tardándose demasiado. Se siente con energía, como si se hubiese liberado de un enorme peso. Se despide con alegría del guardia y sale a la calle con una diminuta sonrisa en el rostro hasta que ve quien viene por el sendero hacia la puerta que acaba de atravesar.
— Serías tan amable de sostener la puerta por favor — la rubia muchacha pestañea exageradamente mientras sonríe, tiene varias bolsas en una mano y dos cafés en un portavasos en la otra, puede leer los nombres escritos en los vasos de cartón y se le eriza el vello de los brazos, un desliz dijo él.
— Seguro — asiente aun en shock— ¿Vives aquí? — Se reprende mentalmente, no le importa.
— Ajam, en el quinto — sonríe — Me suenas familiar ¿También vives aquí?
— Nop — musita — adiós.
Tropieza con el primer escalón pero no alcanza a caer. Se siente enferma, no puede creer que como culmen la chica viviese dos pisos más abajo. Parecía una burla, una increíble burla. Camina tambaleándose unas tres o cuatro cuadras, solo quiere llegar a casa y dormir, despertar al otro día habiendo olvidado todo acerca de Darius. Choca contra alguien y acaba en el suelo, le duele el trasero y está segura de que se raspó una mano pero no tiene fuerzas para levantarse.
— Lo siento — alguien aparece en su campo de visión, le extiende la mano para ayudarle a levantarse — ¿Katniss? — Se arrodilla frente a ella y los ojos azules lucen preocupados.
— ¿Peeta?
— ¿Estás bien? ¿Qué haces por aquí? Es tarde para estar sola en la calle — le ayuda a levantarse — Estás pálida…
— Iba a casa — musita intentando entender dónde está — creo que fui hacia el otro lado.
— Ven subamos, te haré un té, no luces bien.
— No quiero molestarte.
— No es molestia… a Clove le encantan las visitas.
— ¿Clove? — estaba segura de que él había dicho que estaba soltero, no soportaría más en un solo día.
— Ya verás — le dedica una sonrisa cálida y aun tomados de la mano entran al edificio del rubio.
— ¿Dónde estamos? Me refiero a la dirección, no reconozco el vecindario — se siente avergonzada.
— Mmm a dos cuadras de la Av. Capitolio por la septuagésimo cuarta.
— Oh… solo me desvié unas cuadras, casi somos vecinos — le sonríe, intentando no parecer lo destruida que se siente por dentro.
— ¿Vives cerca? ¿Qué hacías por aquí a esta hora? Es… algo peligroso — suben unos cuantos pisos por elevador y están frente al apartamento B en un santiamén — bienvenida a mi humilde morada.
— Wow— es un apartamento cálido, pequeño pero repleto de detalles, escucha un agudo ladrido y ve a una pequeña bola de pelo negro azabache acercarse a ella moviendo el rabo enérgicamente — ¿Clove?
— Katniss esta es Clove, Clove ella es Katniss — la castaña se pone en cuclillas para acariciar al cachorro de retriever que parece sumamente feliz con su presencia — puedes cargarla— pone una tetera y enciende la hornalla.
— Es preciosa — la toma en brazos y su humor parece mejorar instantáneamente — no creí que fueras un amante de los perros — le deja lamerle la mejilla riendo un poco por las cosquillas.
— Me la dieron mis hermanos cuando me fui de casa, para que no estuviera solo — le sonríe y Katniss no puede pensar en alguien más con una sonrisa tan cálida — ¿Té de menta?
— Si, lo que tu tomes está bien — se sienta en una silla al otro lado de la isla donde él está, aun con la perrita en brazos — ¿Volvías de trabajar?
— Sip…
— Yo de hablar con mi ex — se dio cuenta de que Peeta era lo suficientemente educado para no insistir en porque se encontraron a las once de la noche fuera de su casa pero ella sentía que debía decirle, aunque no supiera muy bien porque.
— Oh… ¿Quieres hablar de ello? — le entrega una humeante taza de infusión.
— Mmmm — bebe un sorbo de té y le sabe a gloria aun con el calor que hace en el Doce en esta época — ¿recuerdas que te hablé de Darius? — antes de su cita en el bosque, cuando aún no le había puesto un rostro al tal Peeta — de que lo habíamos dejado porque él…
— Lo recuerdo…
— Y... ¿recuerdas que el último día de universidad fuimos a una cafetería y yo vi a una chica en tu cámara?
— Delly Cartwright.
— Pues ella era… la chica con quien Darius salía — él se sorprende, ella alza los hombros intentando restarle importancia — él seguía insistiendo en que debíamos vernos, intentar arreglarlo todo así que vine a verle, vive a tres cuadras de aquí.
— Lo siento Katniss — intenta rozar su mano pero ella la quita de la mesa acariciando la bola de pelo que se ha quedado dormida en su regazo.
— Dijo que estaba arrepentido, yo le dije que ya no me importaba y me encontré con la chica cuando salía… resulta que vive dos pisos más abajo — bebe otro sorbo — supongo que estaba en shock por eso estaba tan perdida cuando me encontraste.
— Es… increíble — pasa una mano por el cabello rubio claramente ofuscado.
— No me importa — insiste ella volviendo a poner su mano sobre la mesa, esperando que él intenté volver a tomarla — solo fue demasiado que intentara mentirme con tantas ganas… con un poco de suerte ya no volverá a meterse en mi vida —fija su mirada en los ojos azul tormenta — lo siento estoy amargando por completo tu noche.
— No digas eso, estaba preocupado por ti — se ruboriza apenas y Katniss sonríe — lamento que pasaras por eso Kat…
— También yo, pero — hace una pequeña pausa — estaré bien — sonríe y Peeta también, se siente tranquila hasta que su móvil suena — Hola… Prim, estoy bien, no… no estoy con él Prim volveré en un rato ¿sí? adiós…
— ¿Tu hermana?
— Sip — rueda los ojos — aparentemente mayor que yo para gritarme al teléfono — ríen un poco.
— ¿Te llevo a casa? Es tarde para caminar y el Mustang está aparcado en el estacionamiento del edificio.
— No quiero molestarte, puedo pedir un taxi, has hecho demasiado por mi hoy.
— Insisto — sonríe y toma de un pequeño instante las llaves — de paso tu sales a dar una vuelta — acaricia la cabeza de Clove aun en brazos de Katniss.
La pequeña mascota ladra emocionada al ver a Peeta tomar su arnés y correa. Conversan de temas banales mientras Clove da un par de vueltas por el césped y huele tres veces el mismo árbol. Katniss no dice nada sobre lo emocionada que está por subirse a semejante automóvil, pero él parece notarlo porque da una vuelta grande antes de dejarla frente a la entrada de su casa.
— Gracias por encontrarme — musita ella viéndole a los ojos — también por traerme a casa y, por la compañía.
— Cuando quieras — sonríe.
— ¿El viernes que viene por ejemplo?
— Claro — pone en marcha el coche — te envío un mensaje…
— Prometo contestar…
Lo siento! Esto debería haber estado aquí el miércoles pero tengo demasiado trabajo estas semanas asi que esta complicado. Hasta la semana que viene.
Gracias a quienes siguen esta historia y a quienes han dejado sus reviews. Nos leemos!
Con cariño atentamente, Anna Scheler.
