Comentad mi historia, me encantaría saber vuestra opinión y muchas gracias a todos aquellos que habéis decidido atreveros a leerla. Sé que los capítulos son un poco cortos, pero poco a poco los iré haciendo más largos, no os preocupéis

No te dejes vencer por la tristeza.

- Oh…-vimos que susurraba Mathilda mientras seguía con la vista a su hermana mayor-Sé que es duro, pero tiene que intentar superarlo de una maldita vez y empezar a volver a vivir. Ya estoy harta de ir cambiando de colegio y de hogar por su culpa. Sólo sabe pensar en sí misma.

Todos vimos cómo sus ojos empezaban a lagrimear, y Peter intentó darle cierto apoyo con unas palmaditas suaves en el hombro. Su gesto fue compensado por una leve sonrisa y un pequeño "gracias". Al momento, se secó los ojos y volvió a sonreír como si tal cosa.

- Bueno, creo que aún no nos hemos presentado formalmente. Encantada de conocer a tan amables caballeros- dijo casi con sorna de sus propias palabras. - Soy Mathilda White.

- Encantado de poder ayudar a una dama tan hermosa en apuros.- En ese momento me llevé la mano a la frente de forma dramática, mientras veía como mi amigo (o lo que queda de él) decía la mayor tontería de su vida. Sin embargo me quedé de piedra al ver que, como recompensa a su comentario, ella le regalaba un sonoro beso en la mejilla junto con un "qué gracioso eres; espero que el resto de la gente de este colegio sea como tú"·

- Pues lo llevas claro- este era James- nuestro querido Peter es muy especial, no encontrarás a alguien como él fácilmente.

A toda respuesta ella soltó una leve risa y se giró para hablar con sus compañeras, congeniando enseguida.

Me volví hacia mi derecha y fue entonces cuando me fijé en que mi querido Remus estaba mirando la mesa de Slytherin de forma contemplativa, con el codo apoyado en la mesa y sobre su mano la cabeza, permitiendo así el libre paso de su flequillo por su rostro. Me giré yo también a ver qué podía estar mirando mi amigo en Slytherin, cuando reparé en la nueva, Meredith creo que se llamaba, hablando amigablemente con Leo Parkinson, aunque si te fijabas mucho se podían percibir sus levísimos pero existentes signos de aburrimiento. No le llamé la atención a Remus para no avergonzarlo, pero vaya si no teníamos una importante charla pendiente de merodeador a merodeador.

Mientras en algún lugar del jardín…

Una chica caminaba delicadamente por los jardines, maravillándose de su esplendor y de su mágica y atrapante belleza. En su mano llevaba unos taconazos negros, y los iba meciendo levemente de delante a atrás al ritmo de sus pasos, que la fueron dirigiendo hacia un gran lago en el centro del jardín. Los suaves rayos de luna bañaban su superficie, volviéndola plateada cual cabello de unicornio. Se fue acercando, como hipnotizada por la belleza de su entorno. Se quedó plantada en su orilla, protegida del frío viento de otoño solamente por las ligeras ramas de un sauce. Se quedó contemplando el lago sin mover ningún músculo, hasta que rompió el silencio de la noche con un fuerte grito de rabia a la vez que rompía la lisa superficie con la colisión de sus zapatos lanzados con rabia. Después cayó al suelo de rodillas, tapando su cara con las manos mientras gruesas gotas saladas corrían por ella.

Al poco tiempo, se quedó recostada contra el sauce, y agotada por el viaje y por haber llorado tanto; no pudo evitar quedarse dormida.