OPUESTOS

Jitomatazos, abucheos, intento de linchamiento y amenazas con armas punzo cortantes. Al final del capítulo, por favor.

Nota/Disclaimer/Negación/Aviso/etc…: Katekyo Hitman REBORN y Cía. no me pertenecen, son propiedad de Amano Akira. Esto es por mero entretenimiento sin fines de lucro. De lo contrario: ya hubiera muerto de hambre.


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Los finales felices en los cuentos de hadas cuestan un extra.

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Se escuchaba un gran barullo a su alrededor y apenas era consciente que él era la razón. Al principio sería quizás porque iba acompañado de una atractiva chica cuando entro al lugar, posiblemente porque él era un simpático chico o, que cuando menos se lo espero dicha jovencita le propino tremendo puñetazo que pudo haber mandado a cualquiera a la lona pero, como se trataba de Yamamoto, este solo parpadeo aturdido y perplejo hacia M. M. aún con el puño en alto. Y la cuestión era ¿Por qué?

° O ° O ° O °

Hasta hace unas horas de un perfecto y lindo día como cualquier otro, todo parecía ser normal, pues como cualquier día, eso claro, de no ser por que las miradas se centraban en una particular pareja que caminaba por las calles de la tranquila ciudad.

Una guapa chica pelirroja acompañada de un pelinegro bastante alto (y atractivo) quién sonreía muy tranquilo e iba hablando hasta por los codos; ella apenas le prestaba atención, más interesada en mirarse las uñas o ver su reflejo en cuanto aparador tuviera enfrente.

Los hombres no ignoraban su belleza ni la corta falda escocesa que llevaba puesta esa ocasión. Ellas no lo ignoraban a él por esa fresca actitud y esa atractiva fisonomía acompañada de esa irresistible sonrisa.

Yamamoto llevaba a M. M. hasta una linda cafetería, modesta y tradicional de una de las apartadas calles del centro. Una cafetería que le habían recomendado Kyoko y Haru, obviamente (Y sin que estas supieran exactamente porque razón de la repentina curiosidad de su amigo). El pelinegro supuso que sería una buena idea, de hecho una de sus pocas opciones que aún le quedaban para llevar a la pelirroja y cumplir su palabra.

El lugar era precioso. Pero como siempre, la opinión de él y la de ella distaban mucho de cuadrar.

Ella seguía distraída en lo suyo, cumpliendo los hábitos que tenía cada vez que compartían alimento como en todos sus anteriores encuentros (como ocho, si les interesaba saber): ignorar su plática, revisarse las puntas de su cabello, mal mirar el lugar y jugar con su comida (ahora era un coqueto pastel) y tomar con gracia su cappuccino. Y que por cierto, al guapo moreno parecía no importarle en absoluto, él seguía muy a gusto en lo suyo: hablar y hablar y de vez en cuando rascarse su nuca.

Takeshi no supo cuando ni porqué su charla se dirigió a los días en que conoció a Tsuna: estaba en la parte cuando se rompió el brazo y sus habilidades en el beisbol andaban mal, el guardián de la lluvia no se dio cuenta cuando ella de pronto dejo de picar con su tenedor la rebanada de pastel de fresas que tenía. Él miraba nostálgico a través del cristal de la ventana mientras rememoraba hacia ese triste pero precioso ayer cuando de pronto escucho el ruido de una silla caer, como su mesa se sacudió con el ruido de la vajilla rompiéndose contra el piso, apenas si volteando a ver qué demonios pasaba cuando en un instante M. M. estaba plantada frente a él con la mirada cubierta por la sombra de su flequillo y antes que pudiera preguntarle que pasaba, ella le propino un puñetazo descomunal directo a la cara.

Tras los primeros gritos y gemidos de los demás comensales vino un incomodo silencio.

Yamamoto quedo medio tendido en su silla, con una mano agarrándose del respaldo de esta para no caer y con la otra en su rostro, cubriéndose la nariz que ya le sangraba. Indiferente al dolor y a las miradas, él seguía perplejo y estático.

M. M. por su parte seguía de pie, con el puño aun levantado y respirando agitadamente con el pecho subiendo y bajando, con la mirada clavada en él y solo en él. De pronto pareció despertar de su trance y miro alrededor y a él nuevamente allí casi tumbado. Maldijo algo en francés y como un huracán tomo su bolso y salió del lugar sin mirar atrás.

° O ° O ° O °

Iba caminando sin rumbo fijo. De todos modos no conocía mucho esta ciudad así que daba igual a donde fuera a parar, solo quería caminar y caminar y quitarse esas ideas y recuerdos de su cabeza.

Necesitaba serenarse. Tomar las cosas con calma.

Y averiguar por qué demonios había perdido la compostura así de fácil. En su vida ella había hecho algo así, simplemente fue como si algo hubiera explotado en ella, un mar de sentimientos encontrados, algunos de ellos que no conocía y otros tantos que pensó que ya había olvidado o suprimido, perdida entre este torrente de emociones actuó por inercia y termino haciendo un teatrito en aquel local.

¿Por qué?

¿Por qué?


Desde que ella tenía uso de razón, su casa nunca fue un hogar. O lo que comúnmente se llama hogar. Ya saben.

Su casa era un triste cuarto, húmedo y frío, con malos arreglos y poca luz. El olor a humedad picaba en la nariz, se impregnaba en la ropa y te acompañaba a todos lados, pero de vez en cuando el olor a alcohol saturaba toda la estancia y la humedad era lo último de lo que se acordaba uno.

Botellas de licor, whisky, vodka, vino, brandy y demás bebidas embriagantes estaban esparcidas por todas partes. Su padre, si estaba en su casa (cosa que no era rara desde que este fuera despedido de su último trabajo hace ya varios meses), estaba tirado en algún lugar del cuartucho y su madre… bueno, su madre en algún sitio buscando algo de dinero para poder comer, subsistir o mantener lo que fuese su afligido estilo de vida. O eso le contaba ella. Siempre le decía que no cuestionara de dónde sacaba dinero para llevarse un triste bocado a la boca.

La pequeña niña pelirroja nunca comprendió el calor de un hogar y de unos padres cariñosos como muchos tenían en mente. Y como jamás supo ni conoció ese concepto, pensaba ella en su tierna cabeza, que entonces no lo necesitaba porque así lo sentía: no lo anhelaba, no le daba curiosidad, nunca le hizo falta según ella. Ni el dulce hogar ni el amor paternal. Si algo necesitaba era así misma y lo que estuviera a su alcance. Por qué así como sabía que no necesitaba todos esos lujos, también sabía que había algo mejor que esto.

Salía de su casa, nadie le prestaba atención, andaba por las calles y se perdía entre su gente. Vivían en un humilde pueblo apenas si comunicado por una campera vereda que era lo único que los comunicaba hasta el otro poblado que era una zona mucho más movida, más urbanizada e incluso turística. Cruzaba el viejo puente de piedra y el mundo cambiaba. Descubrió en aquel momento una perspectiva diferente al triste cuarto gris que llamaba hogar, cosa que no lo era.

Y entonces ella estaba mucho mejor fuera que dentro. Sola e independiente.

Nunca desarrollo el apego a otros seres queridos. El hombre que se supone era su padre era un simple borracho desde hace quién sabe cuánto tiempo y su madre ahora una amargada y desilusionada mujer que alguna vez, siendo joven, era una completa enamorada de aquel joven que le prometió la Luna y las estrellas. Un embarazo no deseado resulto de ello por un par de jóvenes estúpidos e ingenuos de la vida y BAM, fracaso futuro. Eso fue.

Y no es que faltara alguna que otra vez sus padres se lo hayan echado en cara como si fuera realmente su culpa. Creyendo que ella no entendería una palabra. ¿Quiénes eran los que no entendían? Ella acertaba que si ellos no podían comprender que echarle la culpa de todos sus males a ella no resolvería sus asuntos, ella no haría lo mismo. ¿Qué caso tenía increparles en cara su miserable y corta vida? Si ellos no se preocupaban por ella, ella no lo haría por ellos.

Las calles se volvieron un mejor refugio, allí aprendió a caminar, a correr, a pelear y a aspirar a cosas mejores al ver a su alrededor y comprender que quería más y más y, que podía obtener. Era una niña con intereses y un mundo lleno de gente que la subestimaría por cualquier cosa, lo que era un montón de incrédulos estúpidos que aprovecharse.

Su vida cambio radicalmente de una pocilga a las calles y de allí a mejores barrios y mucho dinero. Claro que le costó y mucho.

Aún tenía recuerdos de los barrios bajos en los que anduvo varios veces pero supo aprender a defenderse y hacerse valer y respetar, días oscuros. Ella pudo salir avante y digna. No era estúpida ni ingenua.

No como otras.

Recordaba algunas otras chicas como de su edad y en su situación.

Pero ellas eran débiles, eran indecisas, eran cobardes o muy tímidas, ingenuas e inútiles. Tan poca cosa, completamente fuera de ese ambiente pero que no tenían a nadie más ni a donde ir, no les quedaba de otra.

Chicas que ella no toleraba por todas esas vulnerabilidades y que no sabían darse su lugar.

De aquellas que se aprovechaban y abusaban los demás.

Lo había visto un montón de veces y aún le retorcía el estomago el rememorarlo.

Chicas dulces y buenas, las damiselas en desgracia que tenían que ser siempre salvadas por su príncipe azul, las que sufrían un día sí y otra también. Pero esto no era un cuento de hadas ni tendrían un final feliz ¿No podían comprenderlo? No era un mundo donde todo se arreglaría de pronto y todo sería color de rosa mágicamente. Si ellas no hacían nada, nadie lo haría por ellas, no es como si de repente su salvador fuera a aparecerse de la nada y ofrecer su mano amiga.

Y entonces… apareció Chrome.


M. M. sacudió la cabeza de forma molesta y apretó las correas de su bolso con coraje.

Una cosa llevo a la otra y termino pensando otra vez en ella con algo de amargura y coraje, cosa que no admitiría en voz alta.

Ella siempre había tenido que luchar por si misma y protegerse sin depender de nadie. Estaba contra sus ideas y la lógica del cruel mundo que los cuentos de hadas se hicieran realidad.

Sin embargo, Chrome era la prueba viviente que no tenía que ser así: Era la chica buena, la descobijada de cariño e incapaz de defenderse de sí misma y siendo víctima de un cruel mundo que no la quería ni la necesitaba, y que ya en sus últimos soplos y despidiéndose casi casi del inhumano mundo cuando entonces, de la nada, llego su salvador…

Mukuro apareció en su vida casi al final de esta y le tendió la mano.

Transformo por completo su vida desde entonces. La vida color de rosa y feliz se hizo realidad. Ok, no completamente color de rosa, la mafia no era así, sería un asco. Pero tenía amigos, cariño, un hogar, respeto, poder, una familia y… amor. Aunque la niña aún era bastante estúpida para darse cuenta en ese ámbito.

Hacía ya un mes que Chrome había salido del Hospital. Aún seguía delicada y necesitaba de ayuda para algunas actividades pero no faltaba quién se ofreciera a apoyarla. Todas las cosas que antes le faltaban y la hacían desdichada, ahora le sobraba a manos llenos a la muy miserable.

Mukuro se había desaparecido tras su salida del nosocomio. O eso pensaba la mayoría, algunas veces ignoraban que él acudía a ella cada noche a la morada de los Sasagawa para vigilar su sueño y contemplarla bajo la luz de la Luna, como si cada noche él fuera a corroborar solamente que era cierto que ella estaba viva y bien…

Tan cerca y tan lejos de él.

Ella lo sabía pues había observado sus hábitos, sus costumbres, y también porque Fran le había comentado la extraña actitud de su maestro en una que otra indiscreción.

M. M. estaba confundida, atormentada y furiosa por esa situación.

Todo lo que había creído alguna vez no era del todo cierto. Y que ese cuento de hadas le hubiera robado a su hombre… era el colmo.

Así que simplemente por esa sutil razón ella no soportaba a Chrome. Por su final feliz, por su suerte, por el amor y, por que ella, a diferencia de las muchas otras chicas que conoció en su vida pasada, tuvo la oportunidad de cambiar su situación para bien y no se vio obligada a perder su dignidad.

No podía.

Y por esa razón tenía que quedar como la mala del cuento de hadas.

Por eso no le gustaban los cuentos de hadas, porque no era la protagonista, era la bruja, aquella amargada y celosa mujer que no tendría su final feliz…

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¿Y Yamamoto? Pobre, no solo tiene que soportar el pagar las cuentas de sus 'citas' ahora tiene que aguantar sus golpes D:

Todavía falta explicar por que magullo un poco al adorable moreno.

Gracias por sus comentarios, me alegra mucho su apoyo :)

Por cierto ¿Qué tal el trasfondo de ella?