Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todo es de Louisa May Alcott y sus herederos. Yo sigo igual de pobre que siempre, por desgracia.

Quiero ser profesor

Jo suspiró. Las niñas Kirke, a quienes estaba cuidando esa noche corrían por todos lados en el departamento. Al parece el tener una niñera las había revolucionado a niveles insospechados y Jo no sabía dónde demonios estaban sus botones de apagado.

—¡Kitty! ¡Minnie! ¡No hagan eso! —gritó, pero las niñas la ignoraron mientras daban vuelta un jarrón con flores. El agua se derramó por el suelo.

"Gracias a Dios los Kirke tienen piso flotante," alcanzó a pensar Jo mientras iba a la cocina a buscar algo para secar. Encontró varios paños absorbentes y volvió a la salita, se inclinó sobre la poza para secarla, cuando sintió que la puerta de entrada del departamento se abría. Levantó la cabeza esperando ver a los señores Kirke llegar, pero lo único que vio fue a las dos pequeñas corriendo hacia el pasillo. "Mierda," pensó, antes de tirar las toallas y seguirlas.

Las niñas corrieron por el pasillo hasta el fondo y se devolvieron. Jo corrió hacia ella, para detenerlas, porque todo le hacía pensar que esas dos seguirían con las carreritas un buen rato. Escuchó cómo se abría una puerta a sus espaldas. "Genial, un vecino de malas pulgas". Las niñas siguieron corriendo hacia ella, pero cuando pasaron a su lado no alcanzó a agarrarlas por lo que tuvo que darse vuelta para seguirlas, encontrándose con lo más inesperado. Fritz Bhaer, con ambas niñas Kirke colgándole de las piernas y muerto de la risa.

—¡Minnie! ¡Kitty! —Jo reprendió a las niñas, que la miraron y tomaron ambas manos del chico, arrastrándolo hacia ella.

Fditz —balbuceó Minnie, quien aún no hablaba muy bien y las 'r' le costaban lo suyo —. Ella es Jo, nos cuida cuando no están papá y mamá.

—Jo, el es Fritz —dijo Kitty, la mayor —. Él también nos cuida a veces —añadió, antes de escalar ágilmente por la espalda del chico, colgándose de su cuello. Al ver eso, Kitty también quiso hacerlo y se puso a llorar, por lo que Jo la tomó en brazos.

—¿Quieres ayudarme a acostarlas? —le preguntó Jo —. Parece que te quieren mucho.

—Claro —aceptó él, dejándola entrar primero al departamento. Entre ambos lograron meter a las niñas a sus respectivas camas, les contaron algunos cuentos y por fin las vieron caer dormidas. Cuando se aseguraron de que las dos niñas estaban profundamente dormidas, se fueron al living a ordenar el desastre que habían dejado ambas niñas.

—Eres bueno con los niños —dijo Jo, mientras terminaba de acomodar los cojines del sofá.

—Mi hermana mayor tiene dos hijos, Franz y Emil. Son unos diablitos, pero encantadores. Además, mi sueño dorado es ser profesor.

—¿En serio? —preguntó Jo, súbitamente interesada. No era normal que un joven quisiera ser profesor, y ella tenía una muy mala imagen de los profesores en general.

—Sí, me encanta la labor que hacen, creo que es demasiado importante para todos. Me gustaría enseñar en algún país muy pobre, para poder darles una oportunidad a esos niños.

—Wow— comentó la joven, sorprendida —. Eso es impresionante. Ahora casi me siento mal por soñar con ser periodista para viajar por el mundo.

—También puedes ayudar de alguna forma siendo periodista —señaló Fritz —. En muchas partes hay abusos e injusticias, y siempre hace falta alguien que los denuncie.

—Nunca había pensado en eso... —murmuró Jo, más para sí misma que para Fritz.

—Bueno, me parece que mi trabajo aquí está hecho —dijo Fritz, parándose del sillón —. Buenas noches, Jo.

—Buenas noches, Fritz —dijo Jo, aún pensando en lo que él le había dicho.