Disclaimer: Ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola a todos. ¿Cómo están? Espero que bien. Bueno, acá estoy subiendo el capítulo 3 de esta historia. Y espero les guste. Y, si no es demasiado abusar de su bondad, me gustaría saber que piensan (aunque se que quizá sea demasiado pronto para tener una impresión). En todo caso, lo agradecería. Así como agradezco que se tomen la molestia de leer mi humilde fic. Ý gracias, también, a aquellos que me hicieron saber su opinión. De verdad. En fin, espero sea de su agrado. Nos vemos y besitos.
Imperfección
III
"Un paseo"
La repentina sensación de un roce frío y húmedo que golpeteaba contra su mejilla lo despertó, dejando un rastro acuoso y viscoso tras de si. Soñoliento, abrió los ojos sabiendo inmediatamente que se trataba de Akamaru, que intentaba despertarlo, lamiendo y olfateando su rostro.
—¡Déjame en paz! —se quejó colocándose la almohada sobre la cabeza para que el perro no pudiera continuar babeando su rostro. Akamaru ladró—. Es muy temprano...
Tras la absurda declaración del chico una risa familiar llenó la habitación —¿Temprano?
Kiba abrió un ojo y asomó su rostro semidormido debajo de la almohada. Allí, un paso detrás de Akamaru, se encontraba una alta muchacha castaña, cuyas marcas rojas en ambas mejillas delataban que pertenecía también al clan Inuzuka —¿Hermana? ¿Qué demonios haces aquí? —farfulló cubriéndose nuevamente con la almohada. Intentando ignorar la presencia de ella, lo que intentaba decir y la presencia de Akamaru, que continuaba ladrando alegremente al lado de su cama.
Hana rió —Es el mediodía ya.
—¿Y? ¡Déjame dormir!
La joven negó con la cabeza y caminó –esquivando ropa sucia y objetos regados en el suelo por doquier- hasta la ventana de la habitación de él y apartó las cortinas a ambos lados, permitiendo el paso de los rayos del sol en la oscura habitación. Frunciendo la nariz espetó —¿Cómo puedes dormir aquí? Esto parece una cueva.
—Por mi está bien así —dijo ofendido, intentando ahora cubrirse de la luz entrometida con las sábanas de su cama, en vano—. Vete... ¿No tienes que estar en la clínica? ¿Qué demonios quieres?
La muchacha se volvió a él y sonrió —Hinata esta aquí.
La pronunciación súbita del nombre desencadenó algo en el interior de su mente, como un clic repentino, una conversación sostenida no mucho tiempo atrás, e incorporándose violentamente cayó de espaldas al suelo, habiéndose enredado las piernas con las sábanas, las cuales permanecían aún sobre el colchón —¡Ouch! —se quejó sintiendo el dolor del golpe en la parte más baja de la espalda. Akamaru se acercó y lamió su cara.
Hana rió —Y Shino —acotó—. ¡Woah! Eso te hizo literalmente saltar de la cama.
Kiba, logrando finalmente sacar sus pies de entre las sábanas enmarañadas, se puso de pie, frotando su zona lumbar con una mueca de dolor en el rostro —¿Tu punto?
Ella negó con la cabeza —Ninguno. Simplemente establecía los hechos. Les diré que en unos minutos estarás listo —y sin decir más salió de la habitación. El castaño se giró y levantando levemente su remera, contempló en el espejo junto a su cama el área golpeada.
Chasqueando la lengua, masculló —Eso definitivamente dejará un moretón —Akamaru, a su lado, ladró, dándole fuertes golpes con el hocico en las pantorrillas—. ¡Bien, bien! Ya me apresuro. ¡Dios!.
E ignorando el dolor caminó hasta el baño, donde lavó su rostro repetidas veces y empapó su cabello, meneando inmediatamente la cabeza a ambos lados para sacudir el exceso de agua en él. Cientos de gotas salpicaron contra las paredes, la puerta y el espejo del baño, pero a Kiba no pareció importarle.
¡Demonios! Lo olvidé. Pensó secando sus mechones color chocolate con una toalla. ¿Cómo había podido olvidarse de que habían quedado en entrenar y almorzar luego al aire libre? Hinata misma lo había sugerido tres días atrás y él había estado inmediatamente de acuerdo. Resultaba inmensamente estúpido de su parte haberse olvidado de ello, principalmente porque lo había recordado hasta la noche anterior. A veces realmente odiaba su distracción crónica, como solía llamarlo. Siempre lo estaba metiendo en problemas, y ahora Shino no lo dejaría en paz por ello. Probablemente no dejara siquiera decirle "hola" antes de empezar a enfurruñarse con él.
Tomando sus cosas se apresuró y salió de la habitación, seguido inmediatamente de Akamaru, quien trotó al paso de su amo. Al ver a ambos sonrió —¡Ho-
—Te olvidaste de nosotros —murmuró el Aburame. Kiba colgó su cabeza rendido, sabía que eso sucedería, ahora no pararía hasta dejar en claro su punto, como lo había hecho con Naruto, tres años atrás, por no reconocerlo al regresar. Hinata, por otra parte, sonrió dulcemente mostrándole que entre sus manos llevaba una pequeña canasta con comida.
—Hola Hinata —dijo ignorando deliberadamente al otro miembro de su equipo. Shino continuó observándolo.
—Entrenar queda descartado ya —insistió. Kiba le dedicó una sonrisa amplia, colmillos visibles y todo, pero el chico no cedió—. Se supone que los amigos no se olvidan de los amigos.
—¡No me olvidé! —mintió, después de todo había sido solo un descuido—. Sólo... me quedé dormido.
—Esta bien, Kiba —susurró amablemente la Hyuuga, libre de rencores por lo sucedido. Kiba sonrió agradecido. Shino, por otro lado, no pareció estar de acuerdo.
—Eres demasiado indulgente con él, Hinata.
—Pero...
—¡Tsk! —exclamó Kiba—. No le hagas caso a Shino. ¿Ves? Por eso tú me agradas más que él —Shino le dedicó una mirada fría, o eso supuso que su compañero hacía debajo de los negros lentes. Sonriendo, lo ignoró —Mejor vamos o tampoco podremos comer.
Hinata asintió y los tres, junto con Akamaru, se encaminaron a los terrenos en los que siempre solían entrenar desde que eran genin. Durante el transcurso Kiba tuvo que soportar un par de comentarios más de Shino respecto a su olvido pero eventualmente cesaron. Una vez llegaron allí se ubicaron debajo de la sombra de un gran árbol. Sobre un pequeño mantel que había extendido la chica sobre la verde hierba. Kiba fue el primero en dejarse caer sobre él, extendiendo brazos y piernas despreocupadamente.
—¡¡Aaahh!! —exclamó, sintiendo el aire rozar su piel atrayendo todo tipo de ligeros aromas a su nariz. Furtivos rayos de sol que lograba atravesar la espesa copa del árbol tocaban su rostro—. Esto se siente tan bien...
La chica rió gentilmente, contemplando a su compañero de equipo estirarse mientras Shino vagaba por la zona observando insectos y Akamaru perseguía aves no muy lejos de donde se encontraban.
Cuidadosamente sacó la comida y se la entregó al castaño —T-Toma, Kiba —sonrió.
El Inuzuka se sentó de golpe y aceptó la bola de arroz de la mano de ella, engulléndola rápidamente para poder tomar otra —Está delicioso —exclamó tragando su segunda y tomando una más de la canasta. Shino se acercó y se sentó erguido junto a él, tomando también una bolita de arroz.
Iba por la quinta cuando comenzó a toser desaforadamente, golpeándose el pecho con su puño en un desesperado intento de hacer pasar el arroz atorado en su garganta. Akamaru ladró y Shino palmeó su espalda, Hinata contempló la escena preocupada, acercando al chico un vaso de agua para que bebiera, lo cual hizo rápidamente e inhaló, habiendo finalmente logrado hacer pasar la comida por su garganta.
—Kiba, n-no deberías comer tan rápido...
El castaño sonrió avergonzado —Cierto —rió, tomando nuevamente una bolita de arroz e introduciéndola en su boca. Hinata parpadeó sorprendida.
—Vaya, tenías hambre.
—Solo un poco —replicó, dando un sorbo a su taza de té. Akamaru a su lado meneó la cola, feliz.
—Toma las mías —extendió la canasta hacia el chico—, si quieres...
—¿De verdad? ¿Tú no las quieres? —ella negó con la cabeza, haciendo danzar su larga cabellera negra malva de un lado al otro. Aún sorprendido aceptó la ofrenda de ella con una casi imperceptible sonrisa en los labios. Hinata era realmente increíble, en extremo amable. Siempre pensando en todo, en los demás, anteponiéndolos antes que a ella. Mostrándose todo el tiempo serena, afable y apacible, como si nada le afectara. Como si nada en el mundo pudiera afligirle. Ocultando cuanto en verdad sufría, cuan frágil era, luchando por fortalecerse día a día, por ser mejor. Para ser reconocida y, quizá, poder borrar de su mente esa imagen de absoluta imperfección y fealdad que tenía de sí misma y que la perseguía en las noches. Imagen de ella que Kiba no compartía, imagen que según él distaba mucho de la realidad, pero que Hinata no entendía. Realmente no podía creer el que Hinata no lo viera. Lo mismo que veían él, Shino y Kurenai al verla.
Cuando volvió a voltear en dirección a ella se sorprendió de ver la cercanía en la que se encontraba de él —¿Qué-
Hinata rió suavemente, señalando el mentón del chico con su dedo índice —T-Tienes arroz ahí, K-Kiba.
El castaño intentó verse, en vano —¿Donde?
—Ahí —murmuró señalando nuevamente.
Se pasó la mano bruscamente por su barbilla —¿Listo? —sonrió. La Hyuuga negó con la cabeza, extendiendo tímidamente su dedo y quitando los pequeños granos de arroz de la piel de él. Kiba sintió una descarga recorrerle el cuerpo cuando la yema de ella lo tocó. Desconcertado, negó con la cabeza.
—¿Sucede algo?
Los ojos oscurecidos de él se posaron en ella —No. Nada. Nada —rió—. No me prestes atención —estiró sus brazos sobre su cabeza y bostezó— ¡Aahh! Tanta comida me dio sueño. Creo que voy a dormir un ratito.
Y sin decir más se recostó de espalda con la cabeza sobre Akamaru, el cual se encontraba recostado junto a su amo, y cerró los ojos, percibiendo el aroma a lavanda en el aire. Mmmm.... Pensó con una sonrisa, respirando profundamente, permitiéndose relajar embriagado por la esencia. Definitivamente podría acostumbrarme a esto. Fue lo último que especuló y luego se deslizó en el más profundo sueño. Olvidándose por completo del mundo exterior. Y aún cuando todo a su alrededor desapareció, se oscureció, el suave aroma permaneció allí, en el aire. En silencio.
Cuando el frío comenzó a caer sobre él, abrió los ojos, parpadeando desconcertado con la vista al cielo. ¿Cuánto dormí?, se preguntó contemplando la oscuridad que se alzaba sobre él y los cientos de destellos plateados salpicados por doquier en la inmensidad de la negrura. La luna, en medio del panorama, fulguraba imponente y soberbia. Esa noche había luna llena, algo que siempre, por motivos desconocidos, provocaba en él desvelo y, en algunos casos, prolongado insomnio.
—Despertaste... —susurró entonces la voz gentil de Hinata detrás de él, sin incorporarse tiró la cabeza hacia atrás, viendo la silueta invertida de ella recortada contra la luna.
—¿Cuánto dormí?
La joven llevó un dedo a sus labios, pensativa —¿M-Mucho?
Kiba rió, incorporándose bruscamente —Claro... —evaluó los alrededores—. ¿Shino?
—Su padre lo llamó... hace unas horas... y tuvo que marcharse.
El muchacho frunció el ceño —¿Y tú te quedaste? ¿Esperándome?
La joven asintió —B-Bueno... si.
—No debiste —replicó.
Hinata bajó la mirada, contemplando sus manos apoyadas sobre su regazo —¿Hice mal? ¿Querías estar solo?
Él, rápidamente, negó con la cabeza —¿De dónde sacas esas cosas, Hinata? ¿Por qué querría que te fueras?
—Yo... No lo sé. Lo-
—No digas "lo siento" —advirtió con dureza. Simplemente odiaba verla disculparse por todo.
—Oh. Está bien.
—Simplemente decía que no era necesario —aclaró. Ella asintió.
—Lo sé. Quise hacerlo.
Una sonrisa agració los labios de él —Esa es una mejor respuesta —simplemente porque era honesta, y una decisión de ella. No producto de su inseguridad.
La joven Hyuuga asintió, sonriendo amablemente al chico a su lado, el cual se puso de pie y extendió una mano firme para ayudarla a ponerse de pie, la cual tomó agradecida, notando al instante lo áspera que era la piel de la palma y la yema de sus dedos en contraste con la suavidad de las suyas, imaginando que se debía, principalmente, al entrenamiento y su manera peculiar de correr en determinadas circunstancias. Usando sus manos como apoyo como si se tratara de las patas delanteras de un perro.
Kiba sonrió, soltándola una vez que permaneció en pie por su cuenta y llamó a Akamaru con un ligero chiflido, el cual respondió poniéndose al lado de su amo —Es tarde —señaló subiéndose al lomo del animal y extendiendo nuevamente la mano hacia ella.
Hinata vaciló —¿Q-Quieres que yo me suba a Akamaru?
El castaño carcajeó —No le hace daño si eso crees, además, no creo que le moleste. ¿Verdad amigo? —el canino ladró en forma de negativa, reasegurando las palabras de su amo—. ¿Ves? Ven. Llegaremos más rápido así.
Pero Hinata no se movió, no dijo nada, simplemente permaneció allí, de pie, observando al gran perro y a su compañero de equipo montado en él como si se tratara de un caballo. Kiba, ante esto, negó con la cabeza.
—No me harás bajar y subirte a la fuerza ¿Verdad?
Ella negó con la cabeza —N-No —y tomó la mano que le ofrecía, sentándose detrás del chico y aferrándose con las manos cerradas con todas sus fuerzas a la chaqueta de él, ocultando su rostro contra la espalda del castaño.
Kiba la observó por encima de su hombro y rió, dando una palmada a la cabeza del perro —No te preocupes, una vez que te acostumbras es realmente divertido. Ya verás.
Y tras las últimas palabras Akamaru salió disparado en la noche, a toda velocidad, la fuerza de sus anchas patas golpeando fuertemente contra el suelo, una y otra vez, adquiriendo más y más velocidad a medida que avanzaba, sus garras enterrándose en la tierra mientras el viento azotaba los rostros de ambos jóvenes que montaban en su espalda. Hinata tiritó, asiéndose a la cintura de Kiba, como si su vida pendiera de ello –y quizá ese fuera el caso, realmente no quería saber que sucedería si caía del animal a esa velocidad.
El castaño sonrió, disfrutando el momento de excesiva velocidad. Las hebras de su cabello revolviéndose al viento —¿Estás bien?
Hinata asintió con el rostro contra la espalda de él, refugiándose del aire que chocaba contra su delicada piel —E-Eso creo...
El Inuzuka rió, haciendo que Akamaru se detuviera en seco —Aquí estamos.
—¿D-De verdad? —contempló los alrededores con sus ojos blancos, sorprendida, notando que efectivamente se encontraban al frente del complejo donde vivían los Hyuuga.
—Ajá. Akamaru es rápido —señaló, observándola bajarse del animal temblorosa y caminar tambaleándose hasta la entrada. Su largo cabello oscuro alborotado, sonsacando al joven una sonrisa, el cual prefirió no hacer comentario alguno al respecto para no avergonzarla —Nos vemos —exclamó. Y cuando Hinata logró apoyarse en una de las columnas de la entrada y se volteó a verlo, Kiba había desaparecido, en un parpadeo se había vuelto aire nuevamente, aún así susurró al silencio de la noche —Nos vemos... —esperando que la oyera.
