Tres


Annete, fue una persona muy alegre cuando recién se unió a la Orden. Ella hablaba a la ligera de la guerra, y decía en voz firme y clara, que su propósito era traer la paz al mundo, y ser el arma del Dios que la había elegido. Y además tenía un alma aventurera, que la hacía ver las misiones como oportunidades de ser parte del mundo y conocer algo nuevo.

Dimitri, había ido a varias misiones con ella, y en todas se había visto en la penosa necesidad de buscarla para volver a la Orden. La buscaba de lado a otro, maldiciendo la suerte horrible que hizo que ambos vayan a una misma misión, y que ella sea tan loca como para no importarle que su transporte la deje. Y cuando la encontraba, siempre se la llevaba a rastras, ignorando sus quejas, escusas y chillidos.

Pero la vez que fueron a Japón, pasó algo diferente dentro de lo usual. Ella si bien –como siempre-, desapareció, lo había esperado cerca de estanque. Sentada tranquilamente, mirando un punto fijo dentro de éste. Dimitri suspiró, mientras ponía una mano en su espalda.

Es hora de irnos, y no pienso escuchar escusa alguna de tu parte.

¿Pero no te parece lindo?

¿Qué?

En ese momento posó su mirada al centro del montonal de agua, y ahí notó a una flor que se encontraba flotando. Era pequeña pero no diminuta, y tenía cierta majestuosidad que no vio en planta alguna. Una belleza única, que solo podía encontrar en el Oriente. Annete estaba sonriendo.

Es linda, ¿verdad?

Él se encogió de hombros sin ganas de contestar y Annete tan excéntrica como era, encontró su respuesta como un sí, y una puerta abierta hacia una futura amistad.

.

De ahí en adelante, no se separó de él.

-o-

Annete con el pasar del tiempo se había marchitado. Se transmutó en un soldado, en la tristeza, en la desesperación, y este último ella era la ira. Y él, simplemente no podía tranquilizarla, porque sentía la misma sensación en su ser.

La Orden les había quitado la liberad y trataba a sus vidas como utilería. La Orden menospreciaba a sus soldados, su esencia y necesidades. La Orden les había quitado la oportunidad de ser felices.

Y Annete que había llorado a mares por ello, ahora tenía una decisión:

— Vamos a escaparnos, y nunca más volver Dimitri.

— ¿Y dónde vamos a ir?

— Japón. Quiero volver a ver las flores de loto, del lugar donde supe que quería estar contigo.

Él la miró en ese momento, preguntándose si hablaba en serio o si es que acaso, todo se debía al calor del momento. Japón en la actualidad se estaba llenado de Akumas, a punto tal que poner un pie ahí era peligroso. Pero pensó, que valía la pena, a fin de cuentas nada podía empeorar.

— Bien, nos iremos dentro de una semana, y si alguien se mete en nuestro camino lo mataremos.

Ella estuvo de acuerdo.


Tercer episodio y voy en camino del fin de la historia y todo lo demás… Juro que quiero a mi Kanda más… él, me siento mal con este hombre más pasivo, jajaja.

¿A alguien le gustó el episodio?