Capitulo2:Misao
Misao vio a su mejor amiga alejarse en dirección a la Mansión abandonada, una vez que la perdió de vista miró a su alrededor buscando por donde escalar, esa noche había sido mejor quedarse en casa, arropada con una mantita y tomando chocolate caliente, maldijo su suerte, ahora estaba calada hasta los huesos y hacia frio.
Decidió que lo mejor sería seguir el rio hacia abajo en dirección al pueblo con suerte se encontraría con alguien y pediría ayuda para buscar a Kaoru, rezó porque Kaoru llegase sana y salva a la casa Himura.
Anduvo por un par de minutos hasta que vio un sitio por donde trepar con la ayuda de las raíces de un árbol seco, fue escalando poco a poco dejando sus zapatos rojos tirados en el suelo, pues no le eran de mucha ayuda. Una vez ya estuvo arriba se sacudió la ropa llena de tierra y se miró los dedos de los pies llenos de barro, ahora estaba mojada y descalza ¡genial!
-menuda noche de mierda ¿Qué más puede pasar?
Al girarse para volver de nuevo hacia el puente de piedra, se encontró con unos ojos verdes neon que la observaban con curiosidad.
El lobo negro estaba sentando encima de una piedra, observándola con la cabeza ladeada, a Misao le pareció más bien un perrito encantador a la espera de su amo más que un lobo salvaje, sacudió la cabeza desechando esa idea y se recordó que aquel bello animal tenía dos colmillos grandes y afilados porque ¡era carnívoro!
Avanzó en pequeños pasos marcha atrás sin dejar de mirar al lobo que la seguía con la mirada.
-buen chico quédate ahí quietecito…
El lobo se estuvo quieto, relajado pero sin dejar de mirarla, cuando Misao ya estuvo en una distancia prudencial se dio la vuelta y echo a correr como alma que se lleva el diablo. Ahora sin los tacones le era más fácil correr. Tropezó con una raíz de un árbol que sobresalía de la tierra, Misao se maldijo por su torpeza, gritó con ganas y se echó a llorar por el dolor, se había raspado las rodillas. Entre los arbustos algo se movió ¿el lobo? Ya sí que rezó enmendándose a todos los santos, aquel lobo con el olor a sangre la iba a devorar.
De los arbustos salió un enorme jabalí salvaje con cara de pocos amigos, Misao se arrastró hacia atrás como pudo muerta de miedo, al ver los dos colmillos que parecían dos cuernos. Cerró los ojos y espero su suerte.
El jabalí empezó a correr hacia ella para atacarla pero algo se le cruzó en su camino: el lobo negro. Se había interpuesto entre él y Misao y le estaba encarando. Misao abrió los ojos observando el espectáculo ¿ahora se pelearían por la presa? Vio como el lobo saltó sobre el lomo del jabalí mordiéndolo con rabia. Misao se llevó las manos a la cara horrorizada, miró a todos lados y se levantó como pudo, no iba aquedarse a ver como terminaba la pelea, era su oportunidad para escapar. Salió corriendo de nuevo en dirección al puente sorteando ramas y más ramas de árboles, de nuevo tropezó con un saliente y cayó rodando por un terraplén.
No supo el tiempo que estuvo inconsciente, abrió los ojos lentamente y se incorporó como pudo, se sacudió las rodillas y se miró la herida, no parecía muy grave. Dio varios pasos y entre los arboles distinguió lo que parecía una luz hogareña. Misao abrió los ojos como platos ¿eso era una cabaña? ¡Estaba salvada! Aceleró el paso y pudo ya por fin observar aquel lugar. Dios santo…
-parece la cabaña de Evil Dead… - dijo Misao no muy segura de querer entrar.
Se acercó lentamente a la ventana de la cabaña para mirar en el interior, vio la chimenea encendida, la mesa llena de deliciosa comida, y en la radio sonaba: My baby Just Care For Me, de la cantante Nina Simone, un escalofrió recorrió su espina dorsal: era su canción favorita.
-Vale, esto no me gusta, esto en las películas de terror es cuando sería mejor alejarse de aquí.
Misao sopesó sus palabras mirando el interior de la cabaña y luego mirando al oscuro bosque.
Un ruido que surgió de lo más profundo del bosque decidió por ella. Corrió hacia la puerta llamando como una loca, pero nadie contestó. Al intentar abrir la puerta vio que esta cedía al girar el pomo. Entro y cerró la puerta tras de sí.
Se quedó apoyada en la puerta mirando el interior, intentando buscar al dueño.
-¿hola? ¿Hay alguien? Disculpe la puerta estaba abierta…. Me he perdido…. Mi coche dejo de funcionar – Misao empezó a andar por el pasillo a oscuras con solo la luz del salón que estaba abierto. Encendió el interruptor del pasillo y se hizo la luz, ahora parecía todo menos siniestro.
-¿hola? – se iba a cercando al cuarto de baño, supuso que era el aseo porque se escuchaba las cañerías del agua. De repente alguien cerró el grifo.
-¿hola? – Volvió a decir Misao – ¡perdone señor me he perdido!
Vio que el pomo de la puerta giró para abrirse y el pulso se le disparó, entonces la puerta se abrió y dejo escapar vaho del agua caliente de la bañera, una figura masculina salió en su encuentro. Con una toalla color negra atada a las caderas (solo vestido con esa toalla) de entre el vaho salió un hombre que Misao conocía bien, la joven abrió la boca pero no salían palabras de ella, el hombre mucho más alto que ella la miraba serio de arriba abajo.
-¿jefe?
-¿Makimachi?
Misao miraba al dueño de la cafetería-heladería donde trabajaba para pagar sus estudios universitarios, tal vez ese hubiese sido un bonito sueño, Shinomori Aoshi estaba como quería, tenía un abdomen plano y musculoso, unos brazos fuertes y sus pectorales… pero ahora le parecía más bien muy terrorífico todo, ¿y si era una pesadilla? ¿Y si ahora su sensual jefe se convertía en Jack el destripador?
-¿Qué hace usted aquí, jefe?
-perdóname Makimachi pero esa línea la tendría que decir yo, estas en mi casa.
-¿esta es su casa? – dijo Misao horrorizada ¿ese espanto de sitio era su hogar?
- en realidad es un refugio de caza, yo vivo en el pueblo evidentemente – dijo adivinando los pensamientos de la chica, la vio soltar un suspiro de alivio.
-gracias a Dios que es usted, estaba muerta de miedo ahí fuera, se me ha roto el coche en medio de este bosque y me perseguía un lobo gigante y…
-Señorita Makimachi, siento interrumpirla pero como vera usted estoy en toalla y me voy a quedar congelado si no me pongo algo de ropa.
Misao lo volvió a mirar y se sonrojó.
-es cierto, discúlpeme.-dijo haciéndose a un lado y dejando pasar al hombre.
- espéreme en el salón y coma algo, debe de estar hambrienta si lleva mucho tiempo deambulando por ahí.
-gracias jefe…
Se dirigió al salón y se puso al lado de la chimenea, se miró la ropa toda desgarrada, debía verse ridícula en esos momentos, se deshizo la trenza y se peinó su larga melena con los dedos y se puso el cabello a un lado cayéndole hacia delante como una cascada de aguas negras, esperando que el calor de la lumbre terminara de secarlo, también se quitó la ridícula capa roja y la tiró encima del sofá, ahora solo estaba vestida con un corsé que antes era blanco y ahora marrón y verde por la tierra y la hierba y una ridícula falda minúscula de tirolesa. Aprovechó que su anfitrión no estaba para colocarse un poco el escote.
-señor, en qué berenjenales me meto…
-ejem.
Misao se volteó y vio a su jefe recostado en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre sus pectorales ¿Cuánto tiempo llevaba allí viéndola? ¡Qué rapidez! Se había puesto una camiseta de tirantes negra y un pantalón gris de deporte. Estaba para comérselo.
-por favor señorita Makimachi siéntase y coma algo, iba a empezar a cenar después del baño.
Misao se sentó y Aoshi le ofreció una copa de vino, Dios, estaba hambrienta.
-¿dice que hay un lobo fuera? – vio como Misao sorbió un poco de vino.
-sí, ¡es enorme y terrorífico! He estado a poco de servirle de cena.
-¿en serio? Creía que no había lobos en esta zona…
- se supone que mi abuelo cazó al último de ellos hace 50 años pero… parece ser que se equivocaba.
-¿su abuelo cazaba lobos?- más que una pregunta a Misao el pareció una afirmación
-sí, era el mejor.
-¿está orgullosa de él? – dijo Aoshi en tono serio.
-en realidad… no. – Dijo Misao sinceramente – exterminaron a todos los lobos porque uno de ellos atacó a mi padre cuando era un niño. Mi abuelo llegó justo a tiempo para salvar a mi papa. Hubo mucho miedo generalizado en el pueblo hacia los lobos, pero creo que aquella matanza fue excesiva.
-bien – Aoshi sonrió.
Misao se quedó estática nunca le había visto sonreír, era más bien un tipo antipático que apenas miraba a sus trabajadores si no era para echar broncas por bajo rendimiento, aunque Misao nunca había recibido ninguna porque ella trabajaba muy duro para ganarse el sueldo.
-Pobrecita, Kaoru y tu teníais que estar muy asustadas, menos mal que has dado conmigo, yo os voy a ayudar.
-Gracias – Misao sonrió ampliamente.
-¿te apetece kétchup con las patatas?
- oh, sí, siempre le echo kétchup, pero no quería importunarle…
-para nada, te lo traigo ahora mismo.
Misao sonrió feliz al verlo ir a por el kétchup. Se llevó a la boca un trozo de pollo frito y al morderlo abrió los ojos tanto como pudo ¿Cuándo le había dicho que estaba con Kaoru? Apartó el pollo de su boca y miro la cena y luego el reloj, ¿iba a cenar a las 2 de la noche? Su cena favorita… sabía que le gustaba echarse kétchup en las papas fritas…. Su canción favorita…
Era una encerrona. Tenía que salir de allí cagando leches.
-aquí tienes – dijo Aoshi pasándole el kétchup. Su marca favorita.
Misao tomó el bote y empezó a fingir que se mareaba.
-¿Misao? – dijo el hombre preocupado.
Misao se incorporó y se sujetó a él.
-No me encuentro bien, señor Shinomori.
-no me asustes pequeña – dijo acariciándole el rostro. Misao no supo cómo interpretar aquello.
-seguro que son los nervios, he tenido mucho miedo en ese bosque, creí que ese lobo me mataría.
-shhhh – dijo poniéndola un dedo en los labios – no te haría daño, confía en mí.
-necesito ir al baño, jefe, necesito refrescarme la cara- dijo apartándose de él, se estaba acercando mucho ese señor.
-por supuesto, ven.
La condujo al aseo, le pasó una toalla limpia y cerró la puerta para que la dama tuviera privacidad.
Misao abrió el grifo y se lavó la cara, se miró al espejo, madre mía estaba hecha un asquito. Sus senos que sobresalían del escote tenían raspones y manchas de tierra. Respiro hondo y desvió la mirada a la ventana del cuarto de baño, era pequeña pero cabria por ahí seguro. Sin hacer el mínimo ruido consiguió abrirla. Saco su celular del bolsito rojo y se lo metió entre los senos, el maldito bolsito era una carga, mejor sería ir con las manos libres.
-señorita Makimachi, ¿se encuentra bien? – se escuchó a Aoshi desde detrás de la puerta.
-sí, sí, estoy bien, ¿le importa si me doy una ducha rápida? Estoy hecha un desastre.
-¿una ducha? ¿Va a desnudarse? – su voz sonó ronca, como si Aoshi estuviera sufriendo por algo, como si deseara estar a su lado y Misao pudo distinguir como arañaba la puerta desde el otro lado.
Misao encendió la ducha, se metió en la bañera no sin antes echarle el pestillo a la puerta para bloquear el paso, empezó a escalar por la ventana mientras se empapaba de agua caliente. Logro pasar al otro lado que daba al huerto de la cabaña. Era aterrador, estaba todo seco y muerto como si nadie hubiera estado allí en mucho tiempo, alejándose intentando hacer el mínimo ruido siguió una senda que no sabía muy bien donde conducía, solo esperaba que fuera una salida de ese horrible bosque. Una vez alejada de la cabaña empezó a correr con todas sus fuerzas.
Fueron unos tres minutos corriendo como una loca cuando escuchó un aullido que venía desde la cabaña, el aullido fue tan feroz que varios pájaros que descansaban en los arboles salieron despavoridos. Ya la había descubierto. Misao se detuvo y ante ella encontró lo que parecía ser un cobertizo. El sendero llevaba a un cobertizo, tal vez encontraría algo para defenderse.
Empujó la puerta hasta que cedió, estaba demasiado oscuro, con las manos temblorosas tomó de entre sus senos su teléfono celular y uso la luz a modo de linterna, había herramientas de campo todas oxidadas, vio al fondo un armario de madera, se apresuró a abrirlo: estaba lleno de escopetas y munición. En ese momento Misao pareció ver su salvación, tomó una y cogió algo de munición. La joven se detuvo ¿iba a matarlo? Entonces su vista se dirigió a una escopeta de dardos, había dardos tranquilizantes, su abuelo los usaba muy a menudo con osos, él la había enseñado a usarlo aunque nunca le gustara, ahora, tenía que agradecérselo.
Una vez cargada la escopeta y agarrando una bolsa vieja de cuero a modo de bolso bandolera lo llenó de dardos y se dispuso a salir de allí.
Al salir diviso la figura del señor Shinomori aguardando que saliera, pudo ver como sus ojos antes azules oscuros ahora brillaban verdes neón, los ojos del lobo. Su manos ya no eran humanas, sus dedos se habían alargado al igual que sus uñas y ahora su cabello parecía más largo que antes.
-Misao…- dijo mientras olisqueaba el aire mostrando sus caninos que ahora estaban muy desarrollados para ser de un humano.
Misao apuntó el arma en dirección a su jefe, Dios, iba a cumplir el sueño de todo trabajador mal pagado. Si se lo hubieran contado se hubiera reído, pero ese momento era el más aterrador de su vida le temblaba todo el cuerpo, por el miedo y por el frio.
-un paso más, señor Shinomori y le dejo noqueado y me hago un abrigo de piel con usted.
Pareció que ese tipo sonreía ahora de medio lado.
-eres como Okina– susurró.
Misao se sorprendió al escuchar el nombre de su abuelo y bajo un poco el arma, Shinomori aprovecho el descuido y desapareció de su campo visual apareciendo detrás de ella arrebatándola el arma.
-Misao… -dijo mientras agarraba a la chica por la cintura y posaba sus labios sobre los suyos.
La joven abrió los ojos de la impresión, quedó estática de la sorpresa, no sabía muy bien que hacer en ese momento, estaba muy asustada, sacó fuerzas de no se supo dónde y consiguió empujar la mole de músculos que era aquel tipo.
-¡suélteme degenerado! ¿Cómo se atreve? –gritó la muchacha furiosa.
-perdóname Misao, he querido hacer esto desde hace mucho tiempo.
-¿Qué es esto? ¿Acoso sexual? Puedo demandarle ¿sabe?
-si llegas viva a mañana, si, en teoría si podrías demandarme. – Aoshi torció su sonrisa.
Misao palideció en un segundo y vio que Aoshi cambiaba el semblante a preocupado.
-no, perdóname, Misao soy un poco… ¡estate quieta! no sé tratar a la gente. Llevo tiempo alejado de la vida de los humanos.
-usted es… no, ¡me niego a decirlo en voz alta y parecer una loca!-dijo tirándose del cabello
-Dilo Misao, vamos, ¿Qué piensas que soy yo? Eres una chica lista y perspicaz, ya te habrás dado cuenta. –la tomo por los hombros y la zarandeo un poco.
- un…¿Licántropo?
-jajaja, un licántropo si, esperaba que dijeras el hombre lobo, eres una muchacha culta.- un halo de orgullo se mostró en sus ojos.
-¡está usted como una cabra!-consiguió empujarlo al fin- no se acerque maldito lunático.
En ese instante la luna salió de detrás de una nube solitaria y alumbro a los dos.
En cuanto la luna toco a Misao, esta experimento un picor horrible en sus propios dientes caninos.
-¿Qué pasa? – dijo llevándose una mano a la boca.
Aoshi sonrió.
-Es puro instinto, eso pasa por dos cosas: te sientes en peligro y me quieres atacar o… estas delante del macho que anhelas sexualmente. Pero creo que es la primera opción, a mi pesar.
Misao lo miró aun con la mano en la boca sin comprender lo que le quería decir, hasta que cayó en la cuenta y sus ojos se agrandaron.
-mientes…-le vio negar con la cabeza - ¡mientes!
-a mí, me pica horrores – dijo el hombre mostrando sus largos colmillos pasándose la lengua por ellos- pero no es por miedo, te lo aseguro – dijo con sorna mientras la desnudaba con la mirada.
-¡deja de mentir! ¿Qué has querido insinuar?
-no insinúo nada… - Aoshi se fue acercando a ella.
La muchacha estaba tan aturdida que cuando se dio cuenta que él estaba a centímetros de ella ya era demasiado tarde, el hombre la alzó, se la echó al hombro y empezó a caminar en dirección a la cabaña.
-¡suéltame monstruo !¡ Déjame en el suelo!¡Maldito psicópata!
-lo que tú quieras pequeña, pero te vienes conmigo.
La chica forcejeo y pateo a su raptor todo el camino de regreso a aquella cabaña de mala muerte. Aoshi no parecía inmutarse con nada, ella era como una muñeca entre sus manos, ese tipo siniestro y grande podía hacerle cualquier cosa. Estaba muerta de miedo. Escucho la puerta de la cabaña abrirse de una patada, aquel tipo no se andaba con chiquitas, parecía cabreado. Misao solo podía ver el suelo desde su posición, el hombre anduvo por el pasillo con toda la calma que pudo con la muchacha a su hombro, después subió unas escaleras de madera que crujían a cada paso, como si apenas pudieran soportar el peso de aquel hombre, giraron a la derecha y Aoshi abrió una puerta estrecha que daba a un cuarto un tanto basto y tétrico: una cama de muelles con un cabecero de forja antiguo y dos mesillas de noche aparentemente de los años 60. Dejó caer a Misao en la cama y los muelles chirriaron.
La joven miro a todos lados.
-joder ¿quién es tu decorador? merece que le peguen un tiro.
El hombre la miró y sonrió con cierta tristeza.
-ya está muerto.
Misao se fue al lado extremo de la cama al ver que él se sentaba en ella y abría un cajón de la mesilla ¿Qué iba a sacar? ¿Unas esposas? Se tranquilizó al ver que sacaba una especie de libro y se lo acercó. Misao frunció el ceño sin entender y miró su extraño regalo: era un libro con las tapas de cuero, lo abrió despacio por la primera página, y no tardo en comprender que no era un libro, era un álbum de fotos. Misao se llevó las manos a la boca al reconocer a alguien muy querido en la primera fotografía.
-abuelo…
-sí. –dijo Aoshi arrimándose a la chica para contemplar también las fotos.
Estaba muy joven pero reconocería a su abuelo en cualquier parte y en cualquier época, siguió pasando páginas y vio a una mujer que ella no conocía, pero que se le asemejaba a ella misma, era preciosa. Aunque la foto era en blanco y negro podía adivinar que tenía ojos claros y bellos pero que escondían una tristeza que se salía de la fotografía.
-¿Quién..?
-tu abuela.
Misao dejó rodar una lágrima por su mejilla.
-no la conocí, murió después de dar a luz a mi padre.-vio que Aoshi asentía.
La Joven lo miró con curiosidad, parecía conocer su árbol genealógico mejor que ella misma ¿Qué era? ¿Su biógrafo? Siguió pasando páginas con anotaciones y fotos antiguas hasta que una le llamo su atención y sus manos le empezaron temblar. En una de las fotografías aparecía su abuelo con no más de unos 20 años de edad, acompañado de un chico alto y muy guapo, parecían los mejores amigos, ambos sonreían a la cámara haciendo el tonto. Misao miró al chico alto de la fotografía y miró a Aoshi, volvió a repetir este movimiento varias veces. Hasta ver que el empezaba a sonreír divertido.
-Te pareces... A tu abuelo. Bastante ¿no?
Aoshi negó con la cabeza.
-no es mi abuelo, soy yo.
Misao dejó caer el libro en la cama y se levantó de ella como si tuviera un resorte.
-¡vale, se acabó! ¿Dónde está la cámara oculta? Y tú, ¡no deberías jugar con los antepasados de los demás!
-no estoy jugando ¿Qué tengo que hacer para que me creas muchacha?
-¡mientes! – dijo la joven llevándose las manos a la cabeza.
Aoshi se puso de pie, en esa pequeña estancia el abarcaba todo, era enorme y corpulento. La joven parpadeo varias veces al ver que él se despojaba poco a poco de su ropa, primero su camiseta negra, dejando ver su musculoso abdomen, y como si nada, se despojó de sus pantalones junto con los bóxer. Misao abrió los ojos como platos sin poder apartar la vista de semejante espectáculo. Ese hombre era un pecado andante. Su miembro que estaba relajado ya lucia enorme, no quería imaginárselo erguido y duro. La entre pierna de Misao empezó a cosquillear y sus caninos empezaron a picarle otra vez. Intento no parecer sorprendida. El chico salto hacia la cama y como si fuera a cámara lenta pudo ver como su cuerpo empezó a encoger y empezaba a salirle pelo negro por todos lados. Cuando cayó en la cama ya era el lobo negro que había perseguido a Misao en el bosque hasta la saciedad.
Se estuvieron observando en silencio unos minutos que al lobo le pareció eternos, la joven no decía palabra alguna, solo lo miraba.
-bueno, ¿ahora me crees? – dijo el lobo.
-¡hablas!
-claro que hablo, no soy un lobo común. – se empezó a rascar la oreja izquierda con la pata.
-en el bosque no me dijiste nada.
-no quería que te diera un paro cardiaco en nuestra primera cita. En realidad todo ha salido mal, se suponía que te quedarías en la cabaña conmigo y que tú y yo al estar solos…
-¿cita? ¿Qué cita?- Misao quería matarlo ahí mismo.
-bueno… - el lobo empezó a perseguirse el rabo un poco nervioso y luego volvió a sentarse sobre sus patas traseras- no sabía cómo acercarme a ti, el tiempo se me echaba encima, solo quedan dos días para la luna llena después de tus veintitrés cumpleaños.
Era cierto hacia poco más de una semana que Misao había cumplido los veintitrés, ¿pero qué pasaba con ello?
-¿y qué con ello?
-aun no lo entiendes… -el lobo suspiro y sus orejas cayeron apesadumbradas a ambos lados de la carita del lobo – Misao, tu abuela… pertenecía a mi manada de lobos.
Misao dejó caer ambas manos y cayo de rodillas al suelo.
-tu abuelo era un cazador, sí, pero abandono su oficio al conocer a Suzu, tu abuela. Se enamoró locamente de ella y ella de él. Ambos huyeron a este pueblo porque el clan no toleraba que Suzu, la prometida al macho alfa de la manada se hubiera enamorado de un simple humano. El macho alfa persiguió hasta aquí a tus abuelos. En realidad… el solo quería hablar con tu abuelo y zanjar el asunto – vio que el lobo negaba con tristeza mientras relataba- no tuvo ganas de venganza al saber que Suzu había muerto al dar a luz a un bebe, pero uno de los integrantes del clan atacó al recién nacido y eso desato la ira del mejor cazador humano de todos los tiempos.
-espera, espera, espera. – Misao se masajeo las sienes, empezaba a tener jaqueca – el macho alfa, al que mi abuela estaba prometida eras tú ¿no?
Vio al lobo asentir mientras desviaba la mirada.
-ósea no puedes tener a la abuela, ¡y te vas a por la nieta! – dijo Misao levantándose del suelo aireada.
-no es eso, yo nunca quise a Suzu, solo me la impusieron. Era la hembra más bonita, de mejor pelaje, la mejor cazadora, la más veloz… pero yo no la amaba. Una noche en un festival que Suzu me hacía de acompañante le presente a Okina, y se gustaron, yo solo me aparte. Pero los demás machos me reclamaban que me pusiera en mi lugar, obviamente no iba a atacar a mi mejor amigo.
-¿quién atacó a mi papa?
-eso no importa, está muerto. Tu abuelo se hizo una alfombra con su piel.
Misao abrió la boca, recordaba esa alfombra de piel de lobo donde ella en invierno jugaba a las casitas de muñeca. Espeluznante.
La muchacha se sentó en la cama.
-continua por favor.
-tu abuelo enveneno liebres y cualquier cosa que pudiera servirnos de alimento, enveneno el agua donde bebíamos, puso trampas por todo el bosque, fue cazándonos uno a uno, con ayuda de otros lugareños hasta que finalmente quedé yo. Me perdonó la vida por nuestra vieja amistad, dijo que no quería volver a verme la jeta – dijo el lobo bufando – eres igual de deslenguada que él. Pasaron los años y decidí volver. Quería conocer a tu padre, otro lobo como yo, podíamos unir fuerzas pero… cuando llegue era demasiado tarde. Había muerto en un accidente de auto junto a su esposa. Visite a tu abuelo que estaba casi irreconocible, los humanos envejecen rápido. Nosotros más lento, pero morimos también de causas naturales o enfermedades, no somos inmortales.-respondió adivinando las preguntas que se formulaban en la cabeza de Misao- tu abuelo… me recibió de buena gana, pensaba que al verme me pegaría un tiro, pero no fue así, vio mi soledad en los ojos, me acaricio detrás de las orejas y me dijo ''no estás solo, ven'' entonces te vi, estabas en la mesa de picnic del jardín de atrás haciendo los deberes del instituto ''tiene dieciséis años, pero ya es toda una señorita'' me dijo tu abuelo, y era verdad. Nunca había olido nada igual, desprendías un olor especial, mis colmillos me picaban como nunca lo habían hecho por otra hembra. Pero tu abuelo me pidió que te dejara crecer, estudiar, que vivieras tu adolescencia tranquila, que cuando cumplieras los veintitrés años y el cambio se realizara podía venir a por ti, y si tú me aceptabas… el estaría encantado de entregarte a mí.
-¿entregarme? ¿Como si fuera una cosa? – Dijo Misao molesta- ¿y qué es eso del cambio? ¡Y si no soy como tú! ¡Mi abuelo y mi madre son humanos!
-no existen los híbridos en nuestra raza Misao, si uno de los progenitores es humano o naces lobo o naces muerto.
El corazón de Misao se paró un segundo recordando los dos abortos que sufrió su mama después de que ella naciera y como sus padres lloraban y se lamentaban por no tener más hijos.
-vamos Misao, has tenido que notar algo a medida que se acerca esta luna llena, tu oído se agudiza, tu olfato se vuelve más refinado, tu vista mejora.
Misao recordó como en la colina había olido dos esencias distintas y no eran de ella ni de Kaoru, y como hacía cinco días el oculista le había dicho que no sabía como pero ya se le había corregido el ojo vago y no tenía que llevar gafas.
-esto es una pesadilla.
-para mí es un sueño… - dijo Aoshi que volvió a convertirse en humano y rodeo a Misao por la espalda con sus fornidos brazos. – Ya no estoy solo… -una lagrima cayó en la mejilla de Misao, Aoshi estaba llorando, temblando como un niño – cincuenta años solo… pensaba que era el último de mi clan… pero te encontré… te encontré Misao.
El corazón de Misao se derritió ante semejante escena, se volvió para mirarle a los ojos olvidando que él estaba completamente desnudo. Llevo una de sus manos a la mejilla derecha del hombre, secando con su pulgar una lagrima solitaria.
Los dientes caninos de Misao volvieron a picar, le tenía muy cerca, enteramente a sus pies. Nunca, se había sentido tan necesitada y deseada por un hombre como lo era para Aoshi Shinomori. Siempre que lo miraba se le aceleraba el pulso, pero siempre desdeñaba esos pensamientos al reconocer lo antipático que era, pero no era antipático… era tímido.
Había perdido muchas cosas en su vida, y estaba lleno de soledad. Igual que ella. Pero ella había tenido el amor de su abuelo, el calor de la familia. No podía compararse ambas soledades. Misao reflexiono al respecto si bien era cierto aquella historia, necesitaría de el para seguir adelante. Pero eso se vería más tarde. Sentía la necesidad imperiosa de consolar aquel hombre que temblaba y rogaba por ella.
-no estás solo… - dijo al fin Misao mientras posaba sus labios sobre los de él.
Aoshi se hubiera esperado que su pequeña hubiera salido corriendo despavorida o se hubiera puesto a insultarle como la deslenguada que era, pero… aquel beso… aquel beso lo desarmó por completo. Con todo lo grande y fuerte que era se sentía pequeño y débil ante el encanto de aquella mujer.
Misao empujo al hombre haciéndole caer encima de la cama que chirrió ante el peso de él. La joven se puso encima a horcajadas con los ojos cerrados pasándose la lengua por los dientes.
-¿Misao? – pregunto a Aoshi el cual aún preocupado, no dejaba de desear arrancarle ese corsé y saborear todos los encantos que se asomaban por él.
Al fin los ojos de Misao se abrieron para mirarlo: ojos verde neón había remplazado al azul claro. Aoshi sonrió, no había dudas, era como él.
-Aoshi… me pican mucho…
-a mí también… -dijo Aoshi mostrándole los colmillos.
-pero yo no los tengo como tu… -los ojos de Misao volvieron a ser azules.
-pronto serán como los míos, pero seguro que más bonitos y coquetos.
Misao se inclinó un poco para verle mejor los colmillos y con el dedo índice se los tocó, para Aoshi eso era una tortura erótica, quería hincarle los dientes, morderla para someterla y hundirse en ella, pero claro, Misao había crecido en el mundo humano, seguramente si lo hiciera, Misao se asustaría y lo mandaría a la mierda. Tenía que olvidar todos los métodos de seducción de licántropo y ser más humano.
Misao dio un respingo al sentir un dedo masculino que le acariciaba por encima de la tela de sus braguitas, al inclinarse había levantado un poco el trasero y la faldita corta había dejado expuesta su intimidad.
-Aoshi… - dijo mirándole a los ojos.
Vio el hambre de aquel tipo en sus ojos que la deseaba y no podía esperar más
-Misao, se mía.
El dedo de Aoshi seguía moviéndose de arriba abajo por encima de la telilla. Misao empezó a temblar.
-¡Aoshi! Tenemos que ir a buscar a Kaoru.- dijo apretando los dientes – está sola y muerta de medio en esa mansión.
-no.
Aquel no rotundo saco a Misao de su estado de excitación y la hizo fruncir el ceño.
-¿cómo qué no? – dijo con voz enojada.
-Kaoru no está sola. – Aoshi sonrió ante la cara de incógnita de Misao- ¿crees que iba a dejar a tu amiga sola y muerta de frio mientras yo intentaba conquistarte? Esta con un…amigo – eso ultimo no sonó convincente.
-¿Qué amigo?
- un amigo mío, me dio su palabra de protegerla. Y créeme cuando un tipo como el da su palabra la cumple – Misao pareció relajarse.
-qué alivio… - dijo Misao desplomándose sobre Aoshi.
Aoshi la recibió de buena gana entre sus brazos. Aquella mujer era tan calentita… cerro los ojos y aspiro el aroma del cabello de Misao. Abrió los ojos de golpe al sentir los dientes torturadores de Misao mordisqueándole el cuello.
-¿Misao?
-¿no es así como juegan los lobos? –dijo con una sonrisa picarona.
- no, no, yo te voy a enseñar lo que es jugar con un lobo…
De repente Misao se vio debajo de aquel tipo, que la había puesto debajo de el con un movimiento ágil y rápido.
Aoshi abrió la boca y mordió fuerte pero sin hacer daño en el cuello de Misao, la cual ahogo un gritito de sorpresa. Se sentirá tan indefensa debajo de él, podía notar los colmillos hincándose en su carne pero sin lastimarla. Aoshi separo su boca unos centímetros de la piel de Misao y lamio el cuello de la chica de arriba abajo para después volver a morderla pero esta vez en el hombro. Misao no puso evitar soltar una risita, le hacía cosquillas. El hombre se levantó apoyando su peso en su brazo izquierdo y observo a Misao a los ojos. Con la otra mano fue hacia el lazo del corsé y empezó a deshacerlo sin dejar de mirar los ojos azules expectantes de aquella jovencita.
Una vez quitado el lazo, el corsé se abrió a cada lado dejando los pechos jóvenes y firmes al descubierto, vio como el hombre se lamio los labios, un escalofrío hizo temblar a Misao.
Aoshi sonrió y volvió a coger a la muchacha con su gran fuerza. Tiró el corsé al suelo y volvió a colocar a Misao a horcajadas sobre él. Esta vez dejando a la altura de su cabeza los senos de la chica. Empezó el festín.
Misao se sentía como un juguete en las manos de aquel hombre, podía hacer con ella lo que quisiera. No entendía ese cambio de pose hasta que le vio sacar un poco la puntita de su lengua y empezó a lamer uno de los senos, la joven se agarró al cabello de Aoshi, cerró los ojos y pudo sentir y oír como el hombre lamia y succionaba el pecho con fuerza, oía como el lobo del interior del hombre gruñía de satisfacción.
Las manos grandes de Aoshi obligaron a Misao a bajar el trasero para que pudiera sentir su excitación, la tenía dura y firme, Misao podía notar como luchaba por traspasar la tela de sus braguitas, mientras Aoshi movía de abajo arriba las caderas. Misao odiaba quedarse quieta, entonces bajo un poco más las caderas y ella empezó a frotarse contra él, arrancando un gemido del chico que seguía dándose un festín con sus pechos.
-así… buena chica…
La fricción los estaba llevando al límite. Sobre todo a él que notaba como las braguitas de Misao se empapaban poco a poco, estaba casi lista para recibirle, la espera le estaba torturando.
Con un suave empujón hizo que Misao se incorporada un poco, la cual visto lo visto pensó que mejor era obedecer. Se lo estaba pensando en grande. Vio como el hombre empezó a deslizarse por la cama y por debajo de Misao, quedando esta con las piernas abiertas de rodillas en la cama y la cabeza de Aoshi entre ellas.
Misao se quiso morir ahí mismo al notar la respiración cálida de Aoshi empujar contra la tela de su ropa interior. Noto como el dedo índice del hombre volvió a acariciar de arriba abajo sobre la tela al mismo tiempo que la miró con una sonrisa torcida.
-Misao, ahora veras lo que es estar con un hombre como yo….
La joven le miró sin entender mucho, tampoco es que su cabeza estuviera ahora muy lucida. Misao gimió al ver a Aoshi mordisquear su intimidad por encima de la telilla ya empapada. Su cuerpo entero tembló.
-¿quieres que te quite las braguitas y te demuestre como usamos la lengua los de nuestra especie?- dijo al mismo tiempo que lamia la tela y tuvo que sujetar a Misao por el trasero porque la muchacha no dejaba de temblar.
-por dios… - la escucho decir y él sonrió.
Entonces el semblante de Aoshi cambio al ver a Misao subirse algo más la falda corta, mostrando su ropa interior por completo, unas deliciosas braguitas blancas de encaje con dos lazos de raso rojos a los lados, a Aoshi le pareció encantador, acorde con su vestuario, apretó los dientes, su miembro le dolía, no iba a aguantar mucho más. Entonces Misao hizo algo que lo termino de conquistar en aquel momento, deshizo los lazos de ambos lados de su deliciosa cadera que hizo que la braguita se le cayera encima de la cara. Aoshi se quitó la tela y observo la parte más íntima de aquella mujer que por fin estaba expuesta.
-vamos demuéstramelo, jefe – dijo Misao con un tonito de voz juguetona lo cual hizo sonreír al hombre.
-ven – dijo Aoshi-baja un poco más…
Misao lo obedecía sin rechistar y sintió un chispazo de electricidad al notar la fría punta de la lengua de Aoshi tantear su clítoris con suaves lametazos. Misao se agarró al cabecero de hierro forjado y cerró los ojos, la lengua iba y volvía como si fuera la lengua de un cachorro bebiendo agua. Inconscientemente Misao empezó a marcar el ritmo que quería con un movimiento acompasado con sus caderas.
Misao miro al techo, cerró los ojos y sin estar muy segura de lo que iba a hacer habló.
-¡jefe, para!
Aoshi se quedó muerto en ese instante ¿Qué parara? Sería la primera hembra en sus ciento veinte años de vida que le dijera que parara…
Observó a Misao que giro sobre si misma con cuidado de no lastimarlo y volvió a colocar su intimidad enfrente de la cara de su jefe que la miraba sin comprender, hasta que ella se agacho y tomo con una de sus manos el duro y grande miembro del hombre. Aoshi siseo con los ojos oscurecidos.
-voy a ganarme una subida de sueldo – bromeo la chica antes de meterse el pene en la boca.
Escucho un aullido lastimero de parte del hombre que tembló ante la humedad y el calor de la boca y garganta de la muchacha, nunca hubiera esperado semejante regalo de aquella hembra.
La cabeza de Misao subía y bajaba a veces lentamente y a veces con suma rapidez, de vez en cuando se sacaba el miembro de la boca para lamerlo desde la base hasta la punta, jugueteando un poco con el glande. Escuchaba suspirar a su jefe que había parado de lamerla a ella, parecía que lo estaba disfrutando, hasta que Misao noto de improvisto como uno de los dedos de su jefe la penetro de golpe para salir con la misma rapidez y volver a entrar mientras la lengua del hombre retornaba al clítoris, los ojos de Misao se pusieron en blanco del puro placer que eso lo provocaba, nunca había hecho un 69 en su vida, pero estaba segura que lo volvería a repetir.
Aoshi estaba al borde del orgasmo al igual que Misao. Con un gruñido monstruoso tomo a Misao de nuevo como si de una muñeca se tratase y la tumbó en la cama mostrándole sus colmillos.
-hembra… no puedo aguantar más, voy a montarte.
Misao alzo una ceja, a veces a su jefe se le escapaba una manera de hablar muy arcaica y primitiva, supuso que entre los de su especie se hablaban así entre ellos. Sonrió y le quiso seguir el juego.
Aoshi vio cómo su hembra se levantó de la cama y se despojó al fin de la falda, quedándose totalmente desnuda, gruñó satisfecho.
-¿crees que voy a dejar que me la metas en una cama tan destrozada?- sabía que esa cama con la fuerza de Aoshi la iba a destrozar la espalda. Miro a Aoshi que la miraba ahora preocupante podía leer su cara de angustia ¿le iba a rechazar? por supuesto que no, solo quería jugar a la cacería – vamos atrápame lobito. – y dicho esto Misao salió corriendo de la habitación.
Aoshi contó cinco segundos antes de sonreír y para darla un poquito de ventaja.
Misao bajo las escaleras estrechas y se dirigió al salón, nunca había practicado sexo frente a una chimenea, y la alfombra del salón le parecía incluso más cómoda que aquella vieja cama. Al poco de entrar, ya tenía a Aoshi a su lado mordisqueándola el cuello.
-eres muy rápido – dijo ella riendo por las cosquillas.
-solo si la hembra lo merece.
- oh, ¿es un cumplido?
-por supuesto.
Sin ningún otro comentario Aoshi la levanto del suelo y le dio un beso arrebatador a la muchacha para volverla a calentar.
Misao abandono su boca para mordisquearle la oreja y le susurró al oído...
-hazme tuya.
Los ojos de Aoshi se volvieron verdes neón al volver a observarla, vio que su mandíbula temblaba, Misao sintió que esas palabras habían sido el detonante para él.
Puso a la chica sobre la alfombra mullida y la colocó en cuatro. Misao nunca se había sentido tan avergonzada, nunca había estado en esa postura, noto como aquel gigante se ponía detrás de ella y se inclinaba para tomar un pecho con sus manos y mientras le acariciaba uno de los pezones le susurró:
-déjame hacer Misao, y no intentes escapar de mi – le lamio la oreja y luego se la mordisqueo haciendo temblar a la chica- una vez que te meta la polla no quiero que te muevas, solo disfrútalo.
Misao giro un poco su cabeza para mirarlo a la cara sin comprender porque de repente sentía miedo de él. Pero todo se volvió en blanco con la primera estocada, Misao dio un gritito al sentirse invadida, se sentía invadida por el enorme miembro de Aoshi, se sentía llena por él.
-eres muy estrecha… - dijo Aoshi lamiéndole la espina dorsal. – yo te moldeare a mí.
Volvió a salir de ella por completo para empujar con más fuerza, Misao se mordió los labios, nunca había sentido nada igual, podía correrse en ese instante, empezó a notar como Aoshi ya colocado en su interior empezó a mover sus caderas de atrás para delante estampándose con su trasero, al principio lentamente degustando aquella cavidad estrecha y cálida, para después volverse más violentas las embestidas.
Misao se arqueo hacia él y Aoshi le tomo la barbilla con su mano izquierda mientras ambos se movían al unísono.
-no te muevas – le advirtió penetrándola con más ganas. - ¿sabes por qué lo digo? ¿Ya lo has notado? Si te resistes podría hacerte un desgarro.
Vio como unas lágrimas salieron de los ojos de Misao, no eran de dolor, era de placer. Misao era incapaz de mantener la cordura solo luchaba por acordarse de respirar mientras un calor eléctrico nacía de su entre pierna.
-eso es pequeña…
Un bracito de la chica rodeo la cabeza por detrás del hombre para agarrarle del cabello, iba a estallar.
-Ao… Aoshi… más rápido….
Aoshi sin salir de ella, se sentó en el suelo y la coloco sobre él, haciéndola que abriera más las piernas, la tomo de ambos muslos y empezó a subirla y bajarla con su fuerza descomunal, Ahora sí que era su muñequita, Misao solo pensaba en disfrutar de aquella fricción que la volvía loca, le daba igual en que postura la pusiera aquel tipo o que si el la manejara a su antojo.
-¿te gusta pequeña?
-Aoshi… - dijo Misao mordiéndose los labios – tu pene…
-si – dijo mientras la subía y bajaba con más rapidez – se ha hinchado, es normal en los caninos….
Misao cerró los ojos y echo su cabeza hacia atrás reposando en el hombro de Aoshi mientras él seguía moviéndola a su gusto. De repente abrió los ojos de golpe y lo observo, el cual la miraba con esos ojos de neón peligrosos pero con una pizca de perversión.
Misao no lo aguanto más, empezó a temblar y a convulsionarse debido al enorme orgasmo que le sobrevino. Aoshi se mordió los labios al notar las contracciones en la vagina de su hembra, la movió más rápido egoístamente para su placer, esa niña era suya, su hembra, y por fin la estaba montando. Volvió a tirarla sobre la alfombra a cuatro patas y la agarró de las caderas penetrándola muy duro y fuerte ignorando las suplicas de la chica que ya estaba agotada.
Un Aullido resonó por toda la cabaña, Aoshi se había derramado en su hembra.
Los ojos de Aoshi volvieron al azul oscuro normal, y sus caninos volvieron a su forma humana, tomando aire y sonriendo envuelto en sudor fue a observar a su mujer, cuando notó que la chica se había desmayado sobre la alfombra.
Misao abrió los ojos despacio y perezosa quitándose el cabello de la cara para ver a su alrededor, estaba en la cama vieja, totalmente arropada con dos o tres mantas, se despojó de ellas, tomo sus braguitas del suelo y se puso la camiseta negra de tirantes de Aoshi a modo de camisón.
-¿Aoshi? – susurro. No estaba con ella.
Abrió lentamente la puerta del cuarto sin hacer el mínimo ruido. Últimamente se había vuelto muy sigilosa, se dirigió a las escaleras donde bajó un par de peldaños. La voz masculina de Aoshi llego a sus oídos a lo lejos, sus orejas se concentraron y notaron otra voz masculina, no tan grave como la de Aoshi pero muy armoniosa y sensual.
Miró la puerta de la calle abierta, supuso que estaban fuera charlando, ¿era conveniente salir? ¿O mejor se quedaba a esperar a Aoshi? Opto por lo segundo y se sentó en las escaleras a esperar mientras oía la conversación.
-¿Entonces…. Kaoru se ha escapado de la mansión? – Misao se puso de pie al oír a Aoshi.
-así es, creí cerrar toda la mansión para que no se escapara durante el día pero ella consiguió huir. El sol va a salir y no puedo ir tras ella, encuéntrala por favor y devuélvemela.-dijo aquella voz sensual y aparentemente preocupada.
-está bien, llevare a Kaoru de vuelta, seguro habrá ido en dirección al Auto iré hacia allí, por suerte mi esposa sigue durmiendo.
Misao parpadeo un par de veces ¿esposa? ¿Cuándo se habían casado? Entonces lo vio todo con claridad, ayer entre lo asustada que estaba, las emociones que sintió, la pasión y el deseo de sus instintos más salvajes no pudo pensar con claridad…
Aoshi la veía como una compañera de vida, la madre de sus ''cachorros''. Misao se pasó las manos por la cara y negó. Ella era muy joven aun, él era un viejo que había vivido muchas cosas, pero ella tenía que terminar estudios y quería un año sabático para sí misma al acabar la carrera… no quería una relación tan seria aun.
Volvió con todo el sigilo que pudo al cuarto, se dirigió a la ventana, la abrió y tomo una decisión: se iba con Kaoru.
Saltó desde la ventana que aunque era segundo piso no estaba alto, y más con sus reflejos cada día más evolucionados. Corrió hacia el interior del bosque buscando una presa rápida, sus plegarias fueron escuchadas cuando una liebre se cruzó en su camino, con una rapidez que a ella misma la sorprendió, tomo a la liebre entre sus manos. La muchacha se quitó sus braguitas y se la ató a la liebre al cuello.
-perdóname amiguito, pero necesito que distraigas a un lobo.
Dejó a la liebre libre, la cual corrió escondiéndose en el bosque, Misao tomó tierra húmeda del roció de la mañana y empezó a embadurnarse con él toda la piel, era lo más asqueroso que había hecho en su vida, pero necesitaba disimular su olor. Escuchó un aullido rasgado por el dolor que provenía de la cabaña, estaba aprendiendo a distinguir los diferentes tipos de aullidos y este era de pena, Aoshi ya habría descubierto que no estaba.
Se encogió bajo el hueco de un árbol al mismo tiempo que vio pasar al lobo negro que paró un momento y olisqueo el aire, Misao rezó en silencio agazapada y temblorosa. El lobo volvió a aullar y salió corriendo por donde se había ido la liebre dos minutos antes.
Al llegar a su viejo auto blanco pudo ver a su amiga Kaoru intentando arrancarlo y la escucho gritar un aleluya cuando lo consiguió, Kaoru se fijó entonces en ella y salió del auto corriendo a abrazarla.
-¡Misao! ¡Creí que te había perdido para siempre!
Misao se echó a llorar, su amiga tenía que haber pasado mucho miedo al ver que ella no volvía a la mansión, mientras que ella egoístamente, se lo estaba pasando de fábula con su jefe.
-Kaoru, ¿Qué haces con una Yukata? ¿Y tú disfraz?
-¿y tú?.. ¿Por qué estas desnuda? ¿De quién es esa camiseta? ¿y porque estas rebozada en barro?
Misao recordó de lo que estaban huyendo y maldijo su estupidez.
-súbete al auto Kaoru ya tendremos tiempo de explicaciones, tenemos que salir de aquí lo antes posible.
Ambas se mantuvieron en silencio durante el trayecto, dejaron el bosque atrás, mirando de vez en cuando a los árboles que ya estaban lejos, esperando ver a alguien que nunca apareció. Ambas tenían mucho que contarse, pero ninguna de los dos admitiría jamás, que en ese bosque, ambas, dejaron abandonado su corazón.
¿FIN?
Si queréis una continuación, hacédmelo saber con vuestros reviews. gracias.
LadyMukuge.
