Capítulo 3: El infierno que escondemos
Las puertas doradas se abrieron antes que sus pies tocaran la entrada al Reino de los Cielos. Voló lo más rápido que pudo, pues sabía que tenía que dar informes del pequeño amado. ¿Pero cómo iba a explicar todo lo que vio y escuchó?
Cuando llegó, no podía creer lo que veía: los Arcángeles estaban parados rodeando el jardín celestial, Dios les hablaba con una hermosa sonrisa, su Hijo y la Madre del Cielo lo acompañaban.
Estaba nervioso, Levi no era lo que él se esperaba y contarle a María sería darle la noticia de que tiene un hijo problemático.
—Te demoraste más de la cuenta, Uriel —aseveró el Arcángel San Miguel—. Tendrías que haber llegado hace más de una hora.
Los demás presentes dirigieron su mirada al nombrado. Se veía la incertidumbre en sus rostros, querían saber cómo estaba su pequeño.
Sus pies tocaron el lugar y sus alas se guardaron en el respaldo de su espalda, caminó hasta alcanzar a sus compañeros y soltó un largo suspiro, lo cual sorprendió a toda la corte.
—Lamento la demora, pero Levi es un caso de verdad especial. Creo que los genes de su madre son muy fuertes.
Miguel, Gabriel, Rafael, Jofiel, Chamuel, Zadquiel y por supuesto Uriel, dirigieron la mirada a Dios. Eran los siete Arcángeles de la legión de la Santísima Trinidad y un error de cualquiera podía generar catástrofes inmensas.
—¿Levi está bien? —preguntó la Madre del Cielo. Se veía la angustia en sus ojos y sus manos se sujetaban fuertemente en su pecho.
—Madre nuestra, Levi… ¿Cómo decirlo? Él es adicto a la limpieza, es más vulgar que tres hombres juntos, su forma de pensar no se parece a la de ningún santo que se ha enviado a la tierra. Él es…
Fue interrumpido por la risa de su Señor y la Madre del Cielo. Los siete Arcángeles estaban estupefactos, sus ojos se abrieron más de la cuenta y su expresión era de rotunda duda.
—Mi querido Uriel —dijo María cuando calmó su risa—. Es lógico que no sea un santo, por eso permití que lo llevaras a la tierra. Él es diferente, en su sangre corre la valentía y la dedicación. Es un joven que murió junto a su madre, porque ella era más valiente que tres hombres juntos y su vocabulario… bueno, solo déjalo, puede que aprenda a controlarlo. Pero dime, ¿tiene un buen corazón?
El arcángel asintió. Ahora entendía todo, entendía por qué María había permitido entregarlo. Ella sabía que haría grandes cosas.
—Las armas que fabriqué para él, ¿las aceptó? —preguntó Gabriel.
—Sí, y de inmediato buscó a sus camaradas. Es decidido con las cosas que quiere. Deberías haberme dicho cómo funcionaban, así le hubiera explicado bien cómo usarlas.
—No te preocupes. Si es tan inteligente como Madre dice, él ya debe saber cómo —sonrió pícaramente. Aunque era el Arcángel de la legión celestial, le gustaba divertirse a costa de otros, así probaba que tan guerrero podían ser los enviados a la tierra.
—Levi es el enviado que todos aprobamos, así que dejaremos que cumpla con su misión. Todos lo apoyaremos y ayudaremos en lo que necesite, él no debe morir —sentencio Dios, su sonrisa denotaba lo orgulloso que estaba.
Todos asintieron. Sabían que si Dios lo aprobaba era porque el joven había nacido para salvar a la tierra.
Levi observaba cada una de las armas que le habían sido entregadas. Entendía su katana y ya la dominaba, porque le habían puesto maestro de esgrima, tiro al blanco y karate. Todo estaba planeado desde antes de que él tomara conciencia de lo que había venido hacer.
Pero las otras putas armas no funcionaban, era una mierda intentar entenderlas y decirles a sus amigos cómo usarlas.
—Oye, enano, creo que están defectuosas. Solo pide que te las arreglen.
—Cállate, cuatro ojos de mierda, no es tan fácil pedir eso. Solo déjame pensar por un… Oye, idiota, tú tienes en tu laboratorio a una persona poseída, ¿verdad?
—¡Oh, sí! Ningún exorcista ha logrado sacarlo del cuerpo de ese hombre —se quedó observando a su pequeño amigo y sus ojos se abrieron más de lo normal—. Levi, no estarás pensando en usar las armas en él, ¿cierto?
—Llévame. Son armas celestiales, solo afectarán a los demonios, no a la persona —se puso de pie y su peculiar sequito solo lo siguió.
Hanji se adelantó. Sabía que Levi por más seco que fuera, no sería capaz de dañar a nadie, ¿pero y si las armas si dañaban a la persona? ¿Qué le iba a decir a Pixis? Sus manos se dirigieron al manojo de llaves que tenía en el bolsillo de su bata y sin mirarlas demasiado, tomó la llave indicada y abrió la puerta.
Levi sin pensarlo dos veces ingresó a la habitación. El olor era nauseabundo, el azufre era muy fuerte y la mirada de la persona ahí dentro se posó en Levi. Una carcajada se hizo audible en el sitio, carcajada que heló la sangre de sus compañeros.
—Un enviado de Dios. Pobre idiota, morir por un Dios que nunca se ha dejado ver —la voz se transformaba en miles más, era tétrica y llena de cinismo en todas sus palabras—. Dios ha mandado a tantos a su muerte, ¿y a ti qué te ha dado? ¿Felicidad? No, te dio visiones de muerte. Ves los cuerpos destrozados, niños, mujeres y ancianos violados y masacrados. Pobre de ti, debe ser muy agradable estar comiendo y ver esas escenas, y más hermoso aun cuando eres un adicto a la limpieza. Solo eres la mierda que Dios envió.
—Me importa un carajo lo que tú digas. ¿Cuántos de ustedes hay ahí adentro?
El hombre se silenció de inmediato, pero sus ojos mostraban sorpresa. Nadie le había respondido así en lo que llevaba en ese cuerpo.
—¿La mierdecilla no quiere hablar? Bueno, pues te sacaré la respuesta así tenga que partirte la cara.
Hanji, Armin y Sasha solo observaron cómo su amigo se levantaba las mangas de hábito, que por cierto jamás entendieron por qué tenía que usarlo si era un hombre. Sacudieron sus cabezas cuando vieron que su pequeño amigo se lanzaba al cuerpo del sujeto. Intentaron detenerlo, pero era en vano.
Levi golpeaba al hombre y solo seguía preguntando cuántos de ellos había dentro de ese cuerpo. Sus golpes eran contundentes, aunque el hombre no sangraba y solo reía. Sin embargo, Levi estaba ansioso por saber el funcionamiento de todas las armas, así que con una sonrisa cruel se separó de su nuevo saco de boxeo.
—¡Hanji, Armin, Sasha! Prueben sus armas con el bastardo.
—¡¿Qué?! ¡Estás loco! —gritó Hanji. No podía hacer eso, ¿y si de verdad lo mataba?
—Tch, dame eso —le arrebató el arma de Hanji, apuntó al hombre y en ese momento el gatillo se desbloqueó. Sin pensarlo mucho lo presionó.
Sonó el disparo y una "bala" salió del arma, que de inmediato impactó en el cuerpo. Salió una luz y de inmediato el olor a azufre se fue apaciguando. Repentinamente el hombre soltó un suspiro. Los cuatro corrieron a ver si sangraba, pero no había rastro de nada, ni siquiera del hueco de la bala.
—Son "balas" celestiales, es decir, se crean solas y destruyen al demonio —Hanji asentía, estaba impresionada.
—¿Cómo probamos las nuestras? —preguntó Armin, con un brillo inusual en su rostro.
—Hanji, ¿tienes más de estos tipos?
—Sí, hay varios. Los exorcismos no han tenido efecto desde hace unos años, este era el más difícil con el que habíamos tratado. Síganme.
Se retiraron de esa habitación mientras Levi daba órdenes a más sacerdotes y hermanas del Vaticano para que vigilaran el progreso del hombre.
Siguieron por el corredor, donde Hanji buscaba los casos especiales de exorcismos, y la siguiente puerta se abrió. Era una niña de apenas doce años, quien había sido poseída por un descendiente de Mammon y a causa de esa posesión, había matado a sus cuatro hermanos y a su madre.
Levi, sin pensarlo, tomó la daga de Armin para acercarse lentamente a la pequeña, y la enterró tan profundo que se escuchó un sonido desgarrador. Los ojos color miel, que antes eran negros, vieron la luz del atardecer y lágrimas brotaban de sus lindos ojos mientras pedía perdón.
El último intento fue el más sorprendente. Sasha sin miedo sacó su arco, una flecha y apuntó a la mujer. La flecha impactó, la mujer de desmayó y la flecha regresó al lugar donde había sido extraída.
Las pruebas estaban hechas. Ahora era tiempo de salir del Vaticano y exterminar a todos los demonios que se cruzaran por su camino.
Llegó a la mansión donde se encontraban los seres más odiados de su vida demoniaca. Había un jardín con árboles bastante frondosos, así que no se preocupada de ser tocado por la luz. La pupila de su ojo dorado se dilató como la de un gato que acababa de ver a su presa, ¿y por qué negarlo? Así había sido. Kenny entraba a su propiedad seguido de Petra y Auro.
Se deleitó más cuando en medio de esa pareja vio un niño de unos diez años. Observaba cada movimiento cuando escuchó al pequeño llamarlos padres.
—Qué interesante —dijo el demonio, con una sonrisa cruel—. Creo que me voy a divertir bastante esta noche.
Eren observaba a todas las personas que estaban en ese sitio. Vio niños con las correas y marcados. "Sus juguetes", pensó el castaño. Veía sus miradas perdidas; esos mocosos no le servirían para nada.
—Kenny-dono, ¿cuánto tiempo va a quedarse esta vez? —preguntó Petra.
—Un mes. Hoy llega Jeager, atiéndelo como se debe. Trae nuevos niños, los pondremos a la venta el día de mañana, busca sitios que los desee.
Su orbe se abrió más al escuchar la noticia mientras su odio aumentaba. Le importaba una mierda los niños, pero no permitiría que pasaran por lo mismo que él vivió. Cerró sus ojos y entró en trance para comunicarse con el infierno.
—Reiner, necesito de tus servicios para esta noche.
El nombrado se puso de pie y se inclinó, dando a entender que prestaba atención.
—Lo que desee, príncipe Eren. ¿En qué puedo ayudarlo?
—Quiero que esta noche, cuando abra el portal de la posesión, entres en alguien y mates a todos los que ese humano considere especial.
—¿Piensa hacer un contrato?
—Claro que sí, veremos qué respuesta nos da. Quiero que traigas a mi hermosa quimera y al Leviatán, con ellos quiero hacer algo más interesante.
—Lo que usted desee, mi señor.
Abrió sus ojos y su sonrisa se amplió. Era la noche más esperada, y sabía que sería divertido verlos morir.
El crespúsculo hacía presencia en Roma. Desde que terminaron sus experimentos con las armas, Levi empezó a sentirse inquieto. Se desmayó cuando le estaban contando a Pixis lo que habían descubierto. Vio la entrada de bastantes demonios, que ya sabían de su existencia, que lo estaban buscando y lógicamente que se estaban reuniendo de todas las partes del mundo para darle caza.
Hanji veía la palidez de su amigo, ella sabía que era más blanco que la leche, pero ahora se veía lo que llamarían "translúcido". Colocó incienso en la habitación del azabache y rogó a los cielos que no lo abandonaran, porque era probable que esa condición no trajera nada bueno.
—Levi, ¿quieres que me quede a tu lado? —preguntó Hanji, con preocupación en la voz—. Sabes que no me molesta quedarme en el piso y esperar a que te sientas mejor, puedo apoyarte en cualquier cosa.
—Hanji —la castaña se sorprendió. Su pequeño amigo solo la llamaba por su nombre cuando su mente estaba vagando en la oscuridad de la tierra—. No quiero dañarte, es mejor que te vayas, podría hacer algo que…
—¡No seas idiota, me quedaré! —sujeto más fuerte la mano de Levi y vio como este volvía al reino de las sombras.
Estaba descalzo en la habitación. Había una silla, donde estaba postrado, y sus manos y pies estaban amarrados. Cuando pudo enfocar la vista vio ese ojo dorado, al otro lado de un vidrio.
Pero era diferente a la vez pasada. Pudo detallar por completo a ese ser, alto y hermoso, mirada cruel como la de una bestia, pero en ese momento quitó el parche con una sonrisa hipócrita. Sus alas negras y sus cuernos resaltaban demasiado.
"Oh, por Dios, dime que esto es mentira. Es un maldito demonio."
—Hola, pequeño —dijo el demonio, sonriéndole tiernamente al niño con ojos color miel—. ¿Cómo te llamas? Yo soy Eren.
—Hola, Eren, me llamo Jean. ¿Quieres jugar conmigo?
—Por supuesto. Dime, Jean, ¿quieres tener poder?
—Claro que sí. Mis padres son muy poderosos, hacen lo que quieren y nadie les dice nada, son muy fuertes.
—Oh, qué interesante. ¿Y qué pasaría si existiera alguien que los puede matar y tú mueres con ellos? ¿Qué harías? ¿Los salvarías o te salvas tú?
Vieron como el niño lo pensaba y al final sonrió.
—Si mis padres mueren, no importa. Heredaré todos sus bienes y poder político, serviré a Kenny-dono y seré más fuerte que ellos —no titubeó en sus palabras, estaba seguro de ello.
—Eres igual de egoísta que esos bastardos, tú tampoco mereces el perdón. Reiner, este es el mocoso, eres dueño de él.
—Gracias, príncipe Eren.
Levi observó cómo el rubio cogía al pequeño y empezaba a entrar en él. Su cuerpo se estremecía, trataba de gritar, pero su voz no se hacía presente. Sus lágrimas comenzaron a caer y su angustia solo creció cuando vio entrar a una quimera casi del mismo tamaño que el demonio, y detrás de esta ingresó el Leviatán.
"Estas no son malas noticias, esto es una mierda."
Se repetía constantemente de que tenía que despertar y evitar lo que estaba a punto de ocurrir, pero no surtía efecto. Sus ojos se abrieron más de la cuenta cuando la imagen cambió de escenario, cuando vio el sitio donde todo ocurriría. Era la mansión Ackerman, sabía que no podían haberlos dejado ahí.
Se sorprendió cuando vio a otro hombre detrás del castaño.
—Bertholdt, saca a todos los niños que están en la mansión. Llévalos lejos de este lugar, donde alguien los pueda encontrar rápidamente.
—Eren, no creo que sea buena idea, mátalos a todos.
—Te di una maldita orden, solo cúmplela.
El nombrado abrió sus alas, entró como un cuervo a la mansión y empezó a sacar a los niños que estaban dormidos.
—No te vayas —escuchó en su pequeña habitación—. No me dejes.
Estaba sorprendido. Era un niño, pero era el mismo demonio que se encontraba en la mansión. Vio cómo sus manitas retiraban las cuerdas que lo apresaban, y se arrodillo en sus piernas para mirarlo con detenimiento. Levi no podía apartar la mirada de esos ojos dorado y verde esmeralda.
Hasta que escuchó un grito que hizo que enfocara la vista en la mansión.
Vio al demonio recostado en el marco de la puerta sonriendo cruelmente, mientras las manos de Jean se llenaban de la sangre de sus padres. Escuchaba los gritos de Petra y Auro implorando el perdón, que por favor no lastimara a su hijo.
—Llevo años esperando este momento. Quiero que sientan el dolor de ser asesinados por su hijo y cuando ustedes derramen la última gota de sangre, los llevaré al infierno para que Cerberos juegue con ustedes —sentenció con una mirada cruel y segura—. Acaba con ellos y luego haz lo que desees, no importa.
Eren caminó lentamente por los pasillos de la mansión. Se escuchaban los gritos de la servidumbre, cómo la piel era desgarrada y cómo el castaño reía con el placer que esto le generaba.
—Tengo que salir de aquí, mocoso, apártate —dijo Levi empujando suavemente al pequeño.
—No, por favor. Si te vas y me dejas solo, ya no podré volver a salir. Necesito que nos ayudes.
Levi sentía el temblor del cuerpo ajeno, las lágrimas le recorrían su hermoso rostro y sin pensarlo lo abrazó.
—Cuánto tiempo sin vernos, padre —oyó que el demonio susurraba la última palabra con tal desprecio que hizo erizar la piel del azabache.
—¡Tú estas muerto! —gritó el hombre que estaba siendo acorralado por la quimera—. Kenny dijo que te rompió, que fuiste un objeto sin valor. ¡Vi tu tumba!
El demonio se lanzó sobre el cuerpo ajeno y tapó su boca con sus manos. Las garras cortaban las mejillas y estas empezaron a sangrar. Su mirada estaba llena de odio, de asco y de un fuerte deseo de venganza.
—Después de dejarme en manos de esos asquerosos, me violaron por dos días completos, me sacaron los ojos, me ultrajaron, me golpearon hasta el cansancio, me metieron cualquier porquería que entrara en cualquiera de mis cavidades y al maldito no le importó abusar de mi hasta que me desgarró por dentro. Después, viejo de mierda, mi cuerpo lo metieron en ácido.
La mirada de aquel que se hacía llamar su padre estaba llena de angustia, pero no era por lo que su hijo le contaba, era por perder la vida.
Levi y Eren se dieron cuenta de ello, no era difícil entenderlo. El demonio retiró la mano de la boca del otro y se la limpió, como si así se quitara toda la suciedad que ese hombre le pasaba.
—Tenía cinco años, viejo. Solo quería crecer al lado de mi hermana, conocer a alguien y enamorarme, ser médico y ayudar. Quería conocer el mundo, pero tú… —se giró y lo observó con más rencor—. Tú me vendiste a un mafioso japonés, vendiste a mi hermana y seguiste viviendo como si nada hubiera pasado.
Aplaudió dos veces, la quimera se puso de pie y caminó hacia su amo. Colocó el hocico en las manos de Eren y este sonrió.
—No me hagas nada, hijo, perdóname.
—No seas hipócrita, viejo, no me llames hijo. Ahora mi padre y señor es Luzbel, le debo lo que soy y lo que tengo. Ahora te presento a mi más hermosa quimera. Su nombre es Ymir, una mujer en su vida humana, que me entregó su alma al momento de perder a su amante.
—Eren, espera, cambiaré. Podemos formar una familia de nuevo y Mika…
—¿Sabes en dónde está? —el otro negó con la cabeza—. Murió, murió cuando Bertholdt atacó la mafia de Erwin Smith, los mató a todos. Yo los mandé matar.
Levi no podía creer lo que escuchaba. Eran despiadados los actos que hacía, pero todo estaba justificado con un pasado doloroso, un pasado que fue impuesto por la codicia de esos hombres.
—Cuando Luzbel me dio permiso de hacer lo que deseara, a la primera que encontré al desarrollar mis poderes fue a Mikasa. La veía llorando, la golpeaban, violaban y la presentaron como un trofeo, así que la salvé. Iba a ir por su alma, pero un ángel de luz la llevó al cielo. Ahora la veo feliz, pero tu alma pagará todo lo que nos hiciste. Ymir, cómetelo y después serás libre para verte con tu amada.
La quimera saltó sobre el hombre. Arrancó las piernas, los brazos, mordió su vientre y empezó a alimentarse de él.
—Ni siquiera un lo siento de corazón, bastardo…
Levi abrazó más fuerte al niño. Ahora entendía esas masacres extrañas, donde nadie salía vivo. Entendía el rencor por el que pasaba el castaño, mas no aprobaba sus acciones.
—Sufrimos mucho, ¿sabes? Queríamos acabar con la humanidad y el Señor del Infierno nos dio esa posibilidad, pero te vi.
—¿A qué te refieres con que me viste?
—Sé que puedes ayudarme, a sacar este odio de mi corazón. Ahora solo queda uno.
Levi estaba inquieto, quería despertar y ayudar a esos niños, encontrar a Eren. Quería estar con él.
"Espera, idiota. ¿Estar con él? Ni que fuera una quinceañera que se acaba de enamorar… Mierda, sí cumplí quince, pero eso no da pie a pensamientos idiotas."
Sus ojos no se apartaron del demonio cuando vio que se quitó el parche de su otro ojo mientras su sonrisa se ensanchaba.
—Leviatán, gracias por ayudarme.
La serpiente volteó a ver a su acompañante, se veía la sed de sangre de esta y Eren solo pudo sonreír más ampliamente.
—Es imposible… —murmuró Kenny.
—¿Te sorprende verme? Alguien de tu calaña debe saber que la muerte lo persigue hasta en sus sueños, ahora yo seré quien te vea morir. Aunque antes tengo una pregunta para ti. En el momento en que me compraste, tenías a un niño rubio bajo tu yugo. ¿Dónde está?
Kenny abrió los ojos con completo asombro y aun en la situación en la que se encontraba, su mirada seguía desafiante.
—No me gusta la forma en que me miras. Soy superior a ti, así que respétame.
—Un mocoso de mierda, que fue vendido y no aguantó ni dos días de sexo, no puede ser superior a mí —escupió al rostro del castaño—. Y por esa mierda que preguntas, lo arrojé junto a una mocosa a un río después de verlos tocar mis cosas.
—Sácale los ojos, trágate la lengua y después despedázalo.
Eren observó extasiado cómo la serpiente hacía lo que se le había pedido, cómo el Leviatán arrastraba su lengua bífida por el párpado inferior de Kenny para luego sacarle lentamente los ojos, haciendo que el viejo gritara de dolor. Eren vio morir a sus mayores creadores de odio. Después de regocijarse, levantó el rostro y se quedó inmóvil. Tapó su ojo dorado con rapidez y pudo detallarlo.
Ambos se sostuvieron la mirada y fue en ese momento en el que Eren, después de tantos años, pudo llorar. Lloraba por recordar sus últimos momentos, lloraba porque al fin había roto los lazos de odio que lo amarraban a la tierra, y se maldijo internamente al ver llorar a aquella muñeca de porcelana.
Armin, Hanji y Sasha se encontraban en la habitación del azabache. Hanji los había hecho llamar para que le ayudaran con las compresas de agua fría, ya que Levi estaba ardiendo en fiebre. Se retorcía en su cama y en algunos momentos le sangraban las manos por clavarse las uñas tan fuerte.
—¿Qué hacemos? Lleva mucho tiempo en ese estado —dijo Armin.
—Bor… bo… villa… —Levi tartamudeaba.
—¿Qué crees que esté tratando de decirnos? —preguntó Sasha antes de meterse una papa en la boca.
Todos se quedaron en silencio, esperando a ver si completaba la frase. Hanji sabía que había momentos de la clarividencia de su amigo que eran muy fuertes, difíciles y él tenía que presenciar todo antes de poder articular palabra. No pasaba seguido, ya que estos casos eran cuando los espíritus malignos eran más poderosos.
El silencio se prolongó hasta que el mismo Levi de un salto quedó sentado en la cama.
—Hay aproximadamente treinta y cinco niños en la Villa Borghese, fueron comprados por la mafia Ackerman. Debemos ir de inmediato.
Los demás se quedaron observando a su compañero, para después levantarse y seguirlo. El pelinegro terminó de acomodarse su hábito, tomó a su caballo y cabalgó sin parar.
Hanji, en su recorrido a las caballerizas, avisó al escuadrón de apoyo. Sabía cómo llegar, así que no le importaba que su amigo se fuera de primeras.
Levi se sentía incómodo y cansado por la fiebre, pero aun así cabalgaba lo más rápido que podía. En su recorrido se encontró con varios demonios a los cuales pudo dar de baja rápidamente.
Tenía que llegar, ese demonio no podía salir tan fácilmente de tierras santas.
Vio al pequeño Jean tirado en el jardín de la mansión, durmiendo tranquilamente. El amanecer dormía a los demonios que recién hacían posesión de un cuerpo.
Se bajó de su caballo negro, corrió hacia la entrada principal de la casa y sus pasos se vieron neutralizados cuando vio a Eren acompañado. Se acercó lentamente a ver si podía escuchar algo de la conversación.
—Mi pequeño Eren, eres la bestia que más me gusta ver en tus intervenciones en la tierra —dijo el hombre con demasiado orgullo.
—Gracias, Luzbel, hice lo que sentía que debía hacer. Quiero que sean torturados por Cerberos.
—Y así será, mi hermoso príncipe demoniaco. Pero dime, ¿por qué descubriste tu ojo?
—Quería que ese imbécil viera lo que me hizo, es todo, señor.
Levi observaba cómo acariciaba la cabeza del castaño, pero en su mirada aparte del orgullo se veía envidia.
—Eren, vieron a un arcángel venir a la tierra. Hay un enviado de Dios que puede afectar nuestros planes.
—¿Sabe quién es ese enviado? —preguntó alzando la mirada y limpiándose disimuladamente las lágrimas que aún se mantenían en sus ojos.
—Sí, sé cómo luce, pero no su nombre. Cabellos negros como la noche, piel blanca como la porcelana y ojos de color verde oliva. Usa hábito, pero no cumple los votos de una monja. Búscalo, vigílalo y, cuando puedas, mátalo —exigió Luzbel.
Levi solo pudo ver como el castaño asentía. El señor del infierno lo estaba buscando y él como un idiota ahí, bajo las narices de quien quería darle muerte. No podía moverse, sabía que si hacía un movimiento en falso lo descubrirían y sin ayuda lo más probable era que lo mataran al instante.
"Qué imbécil soy. Debí recoger al niño y llevarlo para sacar a ese demonio, pero no, tenía que ver al mocoso de mierda asesino", pensaba. Cuando sintió que el olor a azufre disminuía drásticamente, asomó el rostro y lo vio a él, pero con su ojo dorado cubierto.
Mierda, mierda, debía salir de ahí, el demonio lo había visto.
—Tú eres el que mi señor quiere muerto —afirmó desde su posición. Luego suspiró y caminó hasta donde estaba el azabache—. Para ser una mujer tienes una mirada muy dura.
—Mocoso estúpido e imbécil, es lógico que no soy mujer, soy un hombre.
Eren lo miraba sorprendido. Para llevar hábito y ser tan hermoso, tenía un carácter fuerte. Levi mantenía la mirada en ese único ojo, que lo hacía sentir en otra parte del planeta, donde nadie más que ellos existían.
El castaño soltó una risa.
—Lo siento por mi confusión. De todas maneras ya sabes cuáles son mis órdenes, así que debes estar preparado, ya que en algún momento te mataré.
—Idiota, ni en mil años podrías hacerlo —sus manos de inmediato se dirigieron al parche que cubría el ojo del más alto. Lo quitó e inconscientemente lo acarició—. Aunque… me gustan tus ojos, son muy honestos.
Retiró su mano y empezó a alejarse. Sus manos, que siempre estaban frías, se sentían calientes en ese momento. "Debe ser la fiebre", pensó antes de que unas manos firmes lo sujetaron por detrás, abrazándolo con tanta fuerza que se sorprendió al darse cuenta de que el calor aumentaba.
—Gracias. Eres el único que me ha dicho eso, todos me temen cuando ven mis ojos —giró el cuerpo del azabache con tanta delicadeza, esperaba no romperlo.
Las manos del Eren se posaron en las mejillas contrarias, acercó su frente y sonrió tan tiernamente que a Levi no le dio indicios de ver a un demonio.
—Cuídate la fiebre, podrías colapsar —y sus alas se abrieron tan hermosamente, para después desaparecer en las sombras.
Levi tomó una pluma que había caído, la guardó en su bolsillo y se dirigió al sitio donde había dejado su caballo. Alzó al pequeño y cabalgó hasta el sitio que había informado a Hanji.
—Enano, ¿dónde estabas? Nos tenías preocupados.
—Fui a la mansión a ver si alguien seguía con vida. Mira, este niño tiene posesión demoniaca —se lo pasó a Hanji y se retiró rápidamente.
—¿Qué le pasa, señorita Hanji? —preguntó Moblit.
—Debe seguir con fiebre, vámonos.
Hay situaciones que nos hacen desear olvidar momentos difíciles, pero en ese momentos ambos agradecían el encontrase en esa situación, porque sin darse cuenta, algo había cambiado en su interior.
N/A: Lamento la demora. La historia está yendo rápido, porque puede que solo sean unos cinco capítulos XDD ustedes me dirán si están de acuerdo o no XP
Agradezco a mi linda beta, por tu ayuda e invertirle tiempo a esta historia.
¡Gracias por sus reviews!, me hacen muyyyy feliz, si hay algo que no entiendan pueden preguntarme.
Sobre la historia, cuando se mencionan a los ángeles que están con Dios, hablamos de los 7 Arcángeles de la corte celestial, son los que apoyan a Dios con sus respectivos dones, en la historia bíblica Luzbel estaba en esta legión hasta que traiciono a Dios.
El Leviatán es la serpiente marina, es uno de los 7 demonios de la legión demoníaca.
