Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad del mangaka Masami Kurumada. no obtengo ningún tipo de remuneración monetaria por escribir sobre dichos personajes.


3. Las Máscaras

La cena había terminado, era una noche de verano y aunque ya era tarde la luna brillaba fuertemente en el cielo. Ya había empacado la cesta y apagado la fogata cuando escuché voces a lo lejos. Eran guardias, o quizás caballeros. De cualquier manera estaba perdida, yo sabía que un aprendiz no tenía permitido estar en el lago por la noche, y era mucho peor si se trataba de una mujer. Maldije por lo bajo al darme cuenta muy tarde que había sido mi culpa descuidarse y olvidar algo tan básico.

―Así que es cierto ―dijo el desconocido incorporándose de la roca en la que se había sentado con una sonrisa de medio lado ―Los aprendices no pueden estar en el lago a estas horas. ¿Qué harán si te encuentran aquí? ¿Te harán el bufón del Santuario? ¿Te quitaran tu mascará y te obligaran a convertirte en una doncella? Quizá vayan a desterrarte.

Suspiré profundamente. Aquel caballero probablemente no lo entendía. Para una mujer las reglas del Santuario eran mucho más estrictas, pues originalmente eran solo los hombres quienes habían tenido el privilegio de servir a la diosa Athena. Aun después de que se admitieron mujeres era difícil ser aceptadas como iguales de los hombres. Los castigos eran mucho más duros para nosotras.

―Me encadenarán de pie en el centro del coliseo por tres días, y recibiré cien latigazos por cada vez que desmaye o no logre permanecer erguida.

― ¿Eso es todo? ―voltee hacia el después de colgarme la cesta en un hombro. Esta vez no sonreía, y por un momento creí ver preocupación en su rostro.

―No ―dije haciendo un gran esfuerzo por no dejar que el miedo hiciera que me temblara la voz ―jamás podré aspirar a luchar por una armadura. Tendré que conformarme con ser parte de los atalayas. Mi maestra perderá la opción de tener más aprendices y habré deshonrado su nombre.

¿Qué haría? Siempre fui parte del grupo de los mejores nadadores de entre todos los aprendices, quizá podría bordear el lago y regresar al campamento usando otro de los senderos del bosque, aunque con poca luz sería peligroso, era muy fácil perderse en el bosque de día, intentar usarlo como ruta de escape de noche sería una locura, pero no podía quedarme de brazos cruzados.

Me di la vuelta para despedirme del caballero pero mi vista se vio reducida a una camiseta blanca y unos fuertes y cálidos brazos envolviéndome y antes de siquiera poder emitir un son de protesta me di cuenta que ya no estaba frente al lago, sino probablemente un kilómetro o más dentro del bosque. ¿Qué acababa de pasar? No había visto a nadie moverse tan aprisa. Quise zafarme de quien me tenía aprisionada pero el abrazo se hizo más fuerte y entonces sentí unos labios posarse en mi cabeza y escuché a mi caballero reírse quedamente.

―Tranquila pequeña ―susurró ―nos hemos alejado lo suficiente de la orilla. Yo oculté mi cosmos y al parecer el miedo hizo desaparecer al tuyo, dudo que alguien nos haya visto.

―La cesta ―dije al no sentirla ―creo que la dejé caer, si la encuentran sabrán que era yo quien...

―La tengo conmigo. Creo que debo recordarte nuevamente que he sido caballero desde hace varios años ya y tengo unas cuantas habilidades que esos primerizos no conocen. Puedo moverme mucho más rápido que ellos, si nos vieran nunca nos alcanzarían aunque dudo que lo hagan. Ahora tranquilízate, esperaremos un momento que se distraigan para movernos hacia el campamento.

Asentí pero a los segundos me di cuenta era una tontería, él no lo notaria, así que traté de seguir su consejo e intente calmar mi respiración lo mejor que pude; aquello no era fácil, estaba en una situación que nunca había previsto; por primera vez en casi siete años había desobedecido una de las normas del Santuario por quedarme con aquel caballero y ahora me encontraba huyendo de los guardias y sin embargo lo que más me preocupaba no era el castigo severo que recibiría, sino que aquel hombre misterioso se diera cuenta que el temblor que no podía evitar no era por miedo, sino porque estaba muy cerca de él, que el contacto de su piel con la mía era lo que me hacía estremecer, y que su aroma a sándalo me estaba volviendo loca. Me estaba costando mucho respirar ¿Qué me estaba sucediendo?

―Oye ―dijo el santo, que probablemente sintió mi temblor exagerado; me tomó por los brazos y me sacudió un poco ― ¿estás bien? ―entonces me separó de él y acercó su cara a la mía. Aun con la poca luz que llegaba tras el enorme árbol en el que estábamos escondidos pude ver como brillaban sus ojos, ¿Por qué me veía así? ―no vas a desmayarte ¿verdad? ―yo aspiré lentamente y negué con la cabeza ―bien, si lo haces removeré tu máscara.

―Un caballero de la diosa es una persona honorable y jamás se aprovecharía de una situación así.

―Ah, pero yo soy de esos caballeros con muy poco honor y por ello mismo, muy mala reputación. ―dijo con una sonrisa divertida que me hizo estremecer ―oye, olvidé preguntarte algo, ¿Quién es tu maestra?

― ¿Q-q-q-que? —alcancé a tartamudear.

―Tu maestra, ¿Cómo se llama?

―Oh… no lo sé, nunca me ha dicho su nombre

― ¿Qué? ―me miro extrañado y luego rio ―bueno, ¿sabes que armadura usa?

―G-g-g…―debía alejarme de él, no podía pensar bien — yo no… n-n-n-no... ―logré decir apenas. Me sentía como una tonta.

-Maldita sea, ¿estas bromeando? ―de nuevo me tomó de los brazos y se acercó a mí. Como pude negué con la cabeza ―así que le salve la vida a una aprendiz sin dueño, creo que si Acuario lo supiera reiría como loco. ¿Cuántos años tienes?

― ¿Qué? ¿Por qué?

―Pareces muy dulce para ser una aprendiz, y más una que haya sobrevivido tanto tiempo sin un maestro. —Así que pensaba que yo era de aquellas koree que, por distintas situaciones, se habían quedado sin instructor. ¿Debería contradecirle? Opté por buscar una oportunidad para calmar mis nervios y explicarme mejor.

―Ya se lo dije señor, tengo catorce años, muy pronto podré participar en el torneo por una de las armaduras, si los guardias no me descubren y cortan mi cabeza claro.

― ¿Sabes? ―dijo acercando sus labios a mi oído para susurrarme ―después de todo no eres una prematura, si los guardias llegaran a verte conmigo podríamos solucionar cualquier malentendido fácilmente, podría quitarte esa mascara que llevas y decirles que has decidido amarme, y siendo yo un caballero…

¿Estaba hablando en serio? Mi cuerpo estaba temblando tanto que parecía que vibraba, y mi mente no me dejaba pensar con claridad. Pese a que la amenaza de ser azotada y expulsada del Santuario había sido el mayor temor que había tenido hasta esa tarde, ahora me asustaba mucho más la idea de tener que despojarme de mi mascara frente a aquel hombre y que su reacción hacia mi apariencia fuera lo contrario de lo que él me estaba haciendo sentir. O quizá lo que me asustaba era que, mientras probablemente yo seguiría atrapada en los recuerdos de esta noche, el caballero misterioso se olvidaría de mí y seguiría yendo tras las doncellas de las que tanto hablaba.

― ¿Entonces? Estás de acuerdo ¿verdad koree? ―susurró de nuevo

― ¿Qué?

― ¿Quieres que huyamos o prefieres quitarte la máscara?

―Prefiero morir antes que quitarme la máscara señor ―dije con toda la seriedad posible, pero él no creyó que fuera verdad, o quizá nada de lo que yo dijera e parecía verdad, pues rio de nuevo y acaricio mi cabello ―hablo muy en serio.

-Tu cabello –dijo como si no me hubiera escuchado —es de un color que me produce una dulce melancolía. Castaño mediano dorado. Es una lástima que no lo dejes crecer. ¿Podría convencerte de que ya no lo cortaras si te saco de este bosque y te llevo a tu campamento?

―De acuerdo, acepto.

―Bueno, del lugar de donde vengo cuando un hombre y una mujer llegan a un acuerdo cierran el trato con un beso, así que quédate quieta ―dijo con aquella sonrisa que asemejaba a un lobo acechando a su presa, y antes de poder protestar y negarme ante aquello me acercó a él y besó mi mascara. Mi cara se acaloró hasta el punto de sentir la sangre hervir en mis venas.

¿Qué sucedió después de aquello? No recuerdo con certeza; sencillamente me tomó en brazos y haciendo uso de sus habilidades se movió con suma rapidez por el bosque; me llevó hacia mi campamento tan ligera y silenciosamente que si algún aprendiz estaba disfrutando de las estrellas no habría podido habernos visto, pues aquel caballero fue tan sigiloso como las sombras nocturnas.

Tardamos poco tiempo en llegar a las afueras del campamento, donde tras cerciorarse que no había nadie a los alrededores me depositó delicadamente en el suelo.

¿Debía despedirme? Me pareció que quizá lo mejor era marcharme cuanto antes, pero antes de dar un paso una de sus manos tomo mi brazo son suavidad; no buscaba obligarme a quedarme, sino mas bien me pedía solo un momento más a solas.

―Hay algo que quiero saber koree. Desde que te escuche hablar supe que no eras de estas tierras, yo mismo no soy de Grecia, pero tu acento suena como a tierras de muy lejos, a algo ancestral. Y aunque no he podido ver tus facciones tu cabello tiene un tono bastante peculiar.

―Mi padre era de Inglaterra, pero de pequeño fue enviado a Japón para convertirse en caballero y defender a la diosa. En esas tierras conoció a mi madre, y viví junto a ellos en Kyoto los primeros años de mi vida. Pero cuando mi padre fue requerido en el santuario mi familia se instaló en las afueras de estos muros. Mi padre murió defendiendo el Santuario y mi madre decidió marcharse antes de seguirle a la tumba, yo le recordaba mucho a mi padre; los mismos ojos, el mismo color de cabello, la misma forma de ser. Yo en cambio sentía el cosmos de la diosa dentro de mí y deseaba seguir los pasos de mi padre. Por eso acabe aquí, y soy feliz aquí, eso es todo lo que importa. Siento… hablar tanto señor.

― ¿Cómo te llamas…?

― ¿Koree? ―mi maestra, que hacía guardia esa noche había escuchado algo o alguien y venia hacia nosotros

―Es la amazona de turno. Será mejor que se marche si no quiere que haya líos con las demás. Solo… dígame, ¿a quién debo agradecer por salvar mi honor?

― ¿A quién? ―preguntó sonriendo mientras tomaba mi mano y depositaba un suave beso en ella ―soy el caballero de la máscara pequeña koree. Y algún día veré quien se esconde tras la tuya, lo prometo.

De un movimiento saltó hasta lo alto de uno de los árboles del rededor y agito su mano en señal de despedida. No estaba segura, pero casi podría jurar que había visto un mechón de mi cabello entre sus dedos.


Nota de la autora: He vuelto después de unas largas vacaciones, espero que hayan tenido un lindo año nuevo. Lamento no haber actualizado el fic antes, prometo hacerlo mas seguido y que los capítulos serán mas largos. Van a tener que esperar un poco mas para que llegue la parte explícita de mi historia pero les prometo que la espera valdrá la pena ;).

¿Les está gustando Mascarita? No crean que siempre será un galán, también van a ver su lado sádico y cruel; no pienso hacerlo un blandengue pero le pondré un lado tierno que se verá cuando esté con la amazona de Lince.

Ahora, sobre el castigo de los azotes, no creo que algo así se de en el mundo de SS, pero quise agregarlo para poder darle un giro a la historia, tienen que haber reglas y castigos al incumplirlas ¿no creen?

Agradezco los reviews y las observaciones a mi historia, alguien me sugirió volver a ponerle el nombre original al fic y lo haré con gusto; creí que el título de DM+Aku quedaría bonito pero bueno, me he equivocado. Muchas gracias por leerme y les saludo en el próximo capítulo :).