Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K Rowling. Esta fantástica historia tampoco es de mi autoría, es una traducción AUTORIZADA del fic escrito por SenLinYu.
Traducción beteada por Flame's Child y Siriuslychessi
Manacled
por SenLinYu
Capitulo 3
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Cuando regresaron a Hermione a la sala del hospital en Hogwarts, la cama que Hannah había ocupado estaba vacía.
La sanadora Stroud vertió una poción en su boca cuando la colocaron en la cama. El dolor en la mente de Hermione disminuyó ligeramente. Parpadeó un poco y los puntos negros que danzaban y seguían ocultando su visión finalmente comenzaron a desvanecerse.
Sintió náuseas. Sus entrañas se agitaban y se encogían como si tuviera veneno en su interior y su cuerpo no lo podía expulsar. Todavía estaba temblando. Quería rodar sobre la cama y hacerse un ovillo, pero no podía reunir la fuerza para lograrlo.
—Cuídenla con sus vidas. Si alguien quiere tocarla o se atreve siquiera a mirarla, requerirá de mi autorización—escuchó que dijo la sanadora.
Hermione se dio vuelta y pudo distinguir vagamente a dos hombres grandes que estaban detrás de Stroud. Sus ojos eran fríos mientras miraban a Hermione.
Stroud conjuró varios monitores alrededor de ella que se elevaron, reluciendo alrededor de su cuerpo. Después de que inspeccionara las proyecciones durante unos minutos, Stroud se dio la vuelta y se alejó, con su uniforme de sanadora ondeando detrás de ella.
Hermione miró al techo, tratando de absorber todo lo que le había sucedido ese día.
Sentía que debería estar llorando, pero no podía juntar las lágrimas.
La resignación y la desesperanza se habían entrelazado con su alma desde el momento en que vio a Harry morir.
Después de ver a la mayoría de las personas que amaba morir en agonía, supo que su turno para sufrir estaba al acecho.
Ahora había llegado.
Hermione nunca le había tenido miedo a la muerte. Su miedo siempre había sido la manera de morir, ya que había visto las peores formas de hacerlo.
La muerte de Harry había sido un asesinato misericordioso comparado con la tortura a la que habían sido sometidos los Weasley, Remus y Tonks.
Lucius Malfoy había estado parado a pocos metros de donde estaba Hermione enjaulada cuando miró a Ron y gruñó —: ¡Esto es por mi esposa!
Luego lanzó una maldición que convirtió la sangre de Ron gradualmente en plomo fundido. Hermione vio cómo la maldición se deslizaba lentamente por el cuerpo de Ron, destruyéndolo desde adentro hacia afuera. Ella había sido incapaz de hacer algo… incapaz de salvarlo de alguna manera.
Arthur Weasley había quedado permanentemente debilitado de la mente por una maldición durante la guerra. Lloró, sin comprender siquiera por qué sufría de dolor o por qué se estaba muriendo.
Habían dejado a Molly para el final, así vería morir a todos sus hijos.
Remus había durado más horas que los demás. Su licantropía lo curó hasta que se quedó colgado allí, sin responder. Finalmente, alguien le lanzó la maldición asesina por aburrimiento.
Las muertes se habían repetido ante los ojos de Hermione tantas veces que había pensado que con el tiempo el dolor por las mismas se aliviaría.
Nunca lo hizo. Cada vez se sentían igual de fuertes. Igual de recientes.
Una herida que nunca sanaría.
"La culpa del sobreviviente", pensó, ese era el término muggle. Una descripción tan insignificante. Ni siquiera capturaba una fracción de la amplia agonía de su alma.
Para Hermione, quedar embarazada de un mortífago era un destino que nunca se le había ocurrido. Ser violada… ese riesgo había sido considerado. Esto se sentía como una violación en cámara lenta. Sin embargo, la situación era mucho más compleja que simplemente eso. Lo que fuera que ella escondiera en su mente, era importante. Más importante para ella que cualquier otra cosa. No podía dejar que cayera en las manos de Voldemort.
No temía que su cuerpo se pudriera en el Gran Comedor. Ese destino no se comparaba con renunciar a lo que ella estaba protegiendo; tampoco se comparaba con el de ser violada y obligada a tener un hijo que le sería arrancado en el momento que naciera.
Se dio cuenta que escapar era probablemente un lujo que no podía permitirse perseguir. Lo importante sería morir rápidamente, antes de que ella pudiera ser capturada otra vez y le evitaran nuevos intentos.
Ella yacía en la cama en silencio mientras planeaba.
Los días pasaban lentamente. Ninguna de las prisioneras que ingresaban al pabellón del hospital se atrevía a hablar con Hermione ya que tenía guardias constantemente al lado de su cama.
Los sanadores iban varias veces al día para evaluarla y tratarla. Le sacaron muestras de sangre y un poco de pelo para analizarlos. Llegó un terapeuta para tratar a Hermione por la tortura y por los temblores.
Finalmente, la mayoría de los espasmos intermitentes se detuvieron. Los dedos de Hermione todavía tendían a moverse espasmódicamente ante sonidos inesperados.
Ya no estaba acostumbrada a los ruidos.
Recordaba que la vida estaba llena de ruido en el pasado: en las clases, en las comidas, en la sala del hospital después de las batallas. Ahora cualquier sonido inesperado la sorprendía con la guardia baja. El golpeteo de una puerta o el ruido de botas, las ondas sonoras de las mismas eran como sensaciones físicas en su piel.
Tenía una contracción nerviosa.
El nervioso sanador de la mente venía con frecuencia con la sanadora Stroud para examinar el cerebro y la condición psicológica de Hermione. Había preocupaciones sobre su estabilidad en general. Lanzaron hechizos de simulación en su cerebro para ver cómo reaccionaba ante las multitudes, los espacios reducidos, el contacto físico y la sangre derramada entre otros. Si ella iba a quebrarse mentalmente, querían que lo hiciera en el ala del hospital.
Al parecer, a pesar de las contracciones nerviosas, consideraron a Hermione lo suficientemente estable. Cuando los temblores de tortura más severos cesaron después de cuatro días de terapia, decidieron que estaba lista para el entrenamiento.
En el quinto día, fue dada de alta del ala del hospital. Los guardias la llevaron directamente al Gran Comedor.
Había filas y filas de sillas dispuestas frente a la parte delantera del comedor. Las sillas estaban todas ocupadas por mujeres con vestidos de color gris apagado.
Umbridge estaba parada en la plataforma de adelante, hablando con una alegría almibarada. Estaba vestida de un tono tenue de color rosa con un gran colgante en su cuello. Una de sus manos estaba fuertemente vendada.
—Han sido elegidas para ayudar a construir el futuro que nuestro Señor Oscuro ha imaginado y se les ha concedido el privilegio de llevarlo a cabo —dijo sonriendo afectada —. Ustedes son las pocas que son dignas de ello.
Umbridge sonaba mecánica, mirando a las chicas con los ojos brillando de odio, con una sonrisa falsa pegada con firmeza en su rostro. Sus ojos seguían parpadeando hacia un rincón del salón.
Hermione se giró un poco para mirar y vio a dos mortífagos de pie allí, desenmascarados. Eran Corban Yaxley y Thorfinn Rowle, y estaban mirando a Umbridge con expresiones entretenidamente aburridas.
—El Señor Oscuro ha ordenado que sean entrenadas para cumplir con sus deberes sin fallas. Este es un gran honor que les han otorgado; no van a querer decepcionarlo. Son importantes para el Señor Oscuro. Por esa razón, deben estar protegidas de los demás, así como también de ustedes mismas.
La sonrisa de Umbridge de repente se amplió, mostrando una arista maliciosa. Hizo un gesto detrás de ella y Yaxley y Rowle avanzaron. Umbridge se volvió hacia los guardias de la prisión alineados a lo largo de una pared.
—Paralícenlas a todas. Sean cuidadosos.
Algunas de las mujeres sentadas se encogieron de miedo o intentaron alejarse, pero la mayoría de ellas apenas se movieron cuando los guardias comenzaron a hechizarlas. Los cuerpos se desplomaron en las sillas o cayeron hacia el suelo.
Hermione estaba parada detrás de las sillas. Vio cómo las chicas caían. Reconoció a un puñado de ellas: Hannah Abbott, Parvati Patil, Angelina Johnson, Katie Bell, Cho Chang y Romilda Vane. Pensó que algunas de las otras chicas podrían haber estado en años superiores y menores en Hogwarts. También había algunas mujeres ligeramente mayores, aunque ninguna de ellas parecía tener más de treinta años. Eran casi un centenar.
Umbridge vio a Hermione de pie en la parte de atrás.
—Paralícenla a ella también —dijo Umbridge, fulminando con la mirada a Hermione.
Ellos vacilaron.
La sanadora Stroud apareció desde la periferia de la visión de Hermione.
—Háganlo —dijo ella con un brusco asentimiento de aprobación.
Hermione perdió el conocimiento antes de que pudiera prepararse.
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oOo
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—Rennervate.
Hermione se sentó atontada. La habían movido y ahora se encontraba junto al resto de las chicas.
Estaban en filas. Algunas seguían inconscientes y los guardias las estaban despertando. Otras estaban sentadas mirando las esposas alrededor de sus muñecas. Hermione miró las suyas. Los brazaletes mágicos se veían diferentes; un poco más anchos, y ahora sin ningún broche. Un círculo perfecto de cobre envuelto alrededor de cada muñeca.
"Propiedad del Oficial Supremo" estaba grabado en la superficie brillante de ambas esposas.
La mayor preocupación de Hermione era el objeto frío bajo el metal que podía sentir presionando ligeramente en el interior de las muñecas. Las esposas estaban tan ajustadas que no podía mirar para discernir qué era. Estaba clara la razón por la que las habían paralizado, era para quitar y reemplazar las esposas. Probablemente con algo peor de lo que ya tenían.
El reloj en la pared indicaba que habían pasado horas desde que los hechizos paralizadores habían comenzado. Cualquiera que haya sido el proceso, había tomado tiempo.
Una gran mesa había aparecido en el Gran Comedor, cubierta de armas.
No podría haber sido una trampa más obvia.
Todas se pusieron de pie con cautela y sólo miraron fijamente.
—Adelante —dijo Umbridge con una voz persuasiva, haciendo señas a un lado de la mesa. —Vamos, vengan a ver.
Nadie se movió.
Umbridge parecía decepcionada, era claro que había esperado que alguien fuera lo suficientemente tonta como para correr hacia la mesa y tratar de armarse.
—Tú, ven aquí —Umbridge señaló a una chica en la multitud. Hermione pensó que ella podría haber estado en su año. Mafalda, se acordó, de Slytherin.
La chica obedeció lentamente, temblando de miedo.
—Levanta algo —le ordenó Umbridge.
Mafalda avanzó lentamente, pero cuando su mano quedó a unos pocos centímetros de un cuchillo, la retiró bruscamente con un grito.
Umbridge sonrió triunfante.
—Ahora vengan todas, estiren la mano. Vean lo que sucede.
Todas las mujeres avanzaron arrastrando los pies, de alguna manera mostrando reticencia. Hermione se acercó con creciente temor, con su mente especulando. Debía haber un encantamiento de barrera añadido a las esposas; algo que les impedía acercarse a ciertos objetos.
Extendió la mano desde una distancia considerable y se acercó lentamente. Cuando sus dedos estaban a diez centímetros de una daga sobre la mesa, una sensación de ardor comenzó a envolverlos. Apartó la mano con rencor. Sus opciones, si necesitaba recurrir al suicidio, se vieron de repente dramáticamente limitadas. Examinó los diversos objetos: pernos de ballesta, cuchillos, espadas, hachas, cuchillos de cocina, abrelatas, incluso clavos grandes de acero. El hechizo para crear la barrera de castigo parecía haber sido exhaustivo. Ella catalogó cada artículo cuidadosamente.
Eso no podía ser todo lo que hacían las nuevas esposas. Incrustar una barrera de encanto era magia simple. Había algo más complejo con respecto a las mismas.
Hermione miró hacia abajo y las movió de nuevo.
—Estos nuevos brazaletes las mantendrán a salvo y garantizarán que las familias a las que serán enviadas puedan cuidarlas bien. El jefe de cada hogar llevará un amuleto que les permitirá encontrarlas siempre y saber si alguna vez se encuentran en peligro. Dada… —Umbridge sonrió dulcemente —… la peligrosa y volátil naturaleza común entre los muggles, evitarán que cometan actos de violencia contra cualquiera, incluidas ustedes mismas. Les ayudará a obedecer sin reservas al Señor Tenebroso en esta generosa oportunidad que se les ha brindado.
Se escuchó sollozar a varias mujeres.
—Después de todo, servirán a magos tan importantes, que no queremos que ningún tipo de error o accidente les cause inconvenientes.
Un hechizo de barrera, posiblemente algún tipo de hechizo de compulsión, combinado con un encantamiento de monitoreo, eso era lo que Hermione sentía bajo las esposas, una pieza de monitor para rastrear su bienestar físico.
Los encantamientos de monitoreo se usaban comúnmente en las salas de psiquiatría de los hospitales para alertar a los sanadores cuando era probable que los pacientes se lastimaran a sí mismos o estuvieran actuando. Rastreaba el ritmo cardíaco y las hormonas, registrando picos de tensión. Los que eran más complejos podían incluso intervenir ligeramente en la conciencia. No era exactamente una lectura mental, pero daba una impresión sobre el estado y las inclinaciones del usuario.
Intentar suicidarse o escapar sin ningún tipo de arma, atrapada por una especie de hechizo de compulsión, sin ninguna indicación mental o aumento en la frecuencia cardíaca… sería casi imposible.
Hermione se quedó congelada en el Gran Comedor mientras absorbía la información.
Los días se fusionaron en una bruma de temor.
Eran entrenadas.
Umbridge sostenía lo que parecía una pequeña linterna y emitía una instrucción. Cuando terminaba de hablar, la linterna brillaba levemente y las esposas se calentaban a medida que la magia las penetraba.
Las órdenes se arraigaban en sus mentes.
Se hacía gradualmente, ya que parecía que cada una necesitaba tiempo para enraizarse en sus psiquis y moldear su comportamiento.
Estarás callada.
Serás obediente.
No le harás daño a nadie.
No ofenderás a las esposas.
No te resistirás a tener relaciones sexuales.
Después del acto no te moverás durante diez minutos.
Harás todo lo posible para quedar embarazada rápidamente y producir hijos sanos.
No tendrás relaciones sexuales con ningún hombre excepto con el designado.
A medida que pasaban los días, Hermione podía ver el efecto de las instrucciones en las otras mujeres.
Ellas se volvieron cada vez más tranquilas. Durante los primeros días, se escuchaban susurros por la noche. Al tercer día, las habitaciones estaban casi en silencio, excepto por algunos sollozos ahogados.
A Hermione la mantenían un poco separada de todas las demás, siempre había un guardia que la escoltaba.
Umbridge se mantuvo lejos de ella, aunque sus ojos se dirigían a ella de vez en cuando en señal de triunfo cada vez que se imponía un nuevo mandato.
Cualquiera que fuera la magia oscura utilizada para permitir el hechizo de compulsión, era delicada. Con cada nueva instrucción, los sanadores entraban majestuosamente y realizaban diagnósticos sobre las chicas.
Un día, una de las chicas de repente se quebró y se levantó gritando. Tomó su silla y la levantó en el aire antes de golpearla contra la mujer a su lado. Para cuando los guardias la habían aturdido y la habían arrastrado, el hombro de la mujer ya se había fracturado.
Era posible que hubieran planeado más instrucciones, pero después de ese evento, la sanadora Stroud decidió que con lo que se había programado era suficiente.
Hermione se acostaba en la oscuridad cada noche y conspiraba.
Si ella no podía escapar, su mejor esperanza sería morir ante la varita del Oficial Supremo.
Él era, por lo que Hermione había podido escuchar, muy rápido para asesinar. Si pudiera provocarlo para que actuara sin pensar, él podría matarla antes de que pudiera detenerse.
Si... tuviera éxito, Voldemort podría entonces matar al Oficial Supremo. Haciendo del mundo un lugar mejor por lejos.
Tendría que ser rápida al respecto. Astuta. Si él fuera tan buen legeremante como decía Snape, el Oficial Supremo encontraría la intención que tenía en su mente. Quizás no importaba.
Era probable que alguien tan lleno de odio fuera mucho más rápido con sus emociones que con su razón. Ella podría usar eso a su favor y dibujar una soga alrededor de ambos cuellos.
Varios días después Umbridge vino y les dijo —: Desvístanse.
Hermione no estaba segura si era la órden o simplemente la inutilidad de la resistencia lo que la hizo obedecer automáticamente.
Probablemente ambas.
Ella, junto con el resto de las mujeres, se desabrochó el vestido gris y se quitó la ropa interior. Se quedaron temblando en la habitación fría. Quedaban setenta y dos mujeres. Veinte habían sido retiradas por la sanadora Stroud porque le preocupaba que se fueran a quebrar emocionalmente como lo había hecho la chica que gritó.
Todas estaban desnudas, excepto por los brillantes brazaletes de cobre en sus muñecas, tapándose ellas mismas para ocultar sus cuerpos de las miradas lascivas de los guardias.
—Pónganse esto.
Con un movimiento de su muñeca, Umbridge desplegó una gran pila de ropa. Brillantes vestidos escarlata y túnicas. Rojo como la sangre.
Sin ropa interior.
Hermione era tan delgada que apenas extrañaba tener un sostén, pero la falta de ropa interior se sentía profundamente, como un nervio sensible.
—Y estos, para el frío invernal —dijo Umbridge, sonriendo, mientras desplegaba otro montón de ropa. Medias de lana hasta la altura del muslo.
Luego, Umbridge agregó un montón de gorros blancos y zapatos de color escarlata de suela plana.
Hermione se puso todo.
El gorro fue la última pieza. Las alas de la misma bloqueaban su visión periférica casi por completo, dificultando la audición.
Sólo podía ver de frente. Si quería mirar algo a la izquierda o a la derecha, tenía que girar la cabeza abiertamente.
Todo fue cuidadosamente diseñado para generar vulnerabilidad: Apenas podían ver y escuchar, no podían resistirse, no podían negarse, no podían escapar.
Su bienestar dependería enteramente en ganarse la simpatía de quienes fueran sus amos. De esa manera serían flexibles.
—Si dejan la casa a la que han sido asignadas, deben usar estos gorros. No las deben mirar —ordenó Umbridge — . Este es el final de mi entrenamiento con ustedes. No puedo esperar a ver a los niños que den a luz.
Los ojos de Umbridge estaban fijos en el rostro de Hermione, el odio en ellos era tan denso que casi podía sentirlo en su piel. Umbridge esbozó una sonrisa fría y maliciosa, luego se dio vuelta y se fue.
Alguien rozó el brazo de Hermione. Alguien tan cerca que incluso al girarse no podía ver quién era con las oscuras alas en el camino.
—Lo siento mucho —susurró la voz de Angelina, que se quebró como si estuviera reprimiendo un sollozo —.Tenías razón. Deberíamos haberte escuchado.
Hermione abrió la boca para preguntarle a Angelina qué quería decir. Antes de que pudiera hacer la pregunta, una mano se cerró alrededor de su brazo con fuerza y se encontró arrastrada a una pequeña habitación.
La sanadora Stroud estaba sentada detrás de un gran escritorio repleto de papeles. Tenía un expediente abierto delante de ella que parecía tener un calendario. Los cuadrados estaban llenos de cruces para marcar los días.
Hermione se dio cuenta de que eran mediados de noviembre de 2004, ya que no sabía qué fecha era hasta ese momento.
—Señorita Granger —dijo la sanadora Stroud mientras levantaba la vista —, estoy muy complacida de haber podido mantenerla en el programa.
Hermione no dijo nada, miraba de manera poco expresiva a la mujer que tenía delante.
—Me doy cuenta de que no escogió esto, pero dado el lado que eligió en la guerra, seguramente le complace que se reconozcan sus habilidades mágicas —Stroud estudió a Hermione, sus ojos brillantes y su expresión extrañamente cálida —. Después de esto, no habrá más Los Sagrados Veintiocho. Las generaciones futuras serán simplemente mágicas. Estoy seguro de que puede ver la ventaja de esto.
Hermione se quedó allí, asombrada internamente por la lógica retorcida que la mujer ante ella empleó para limpiar su conciencia.
Le tomó varios segundos darse cuenta de que se esperaba una respuesta de ella, a juzgar por la expresión de Stroud.
—¿Me está enviando a que me violen y quiere que vea la ventaja? —dijo finalmente, arqueando las cejas.
Los ojos de la sanadora Stroud brillaron brevemente y se enfriaron.
—No soy responsable de todas las decisiones con respecto a la seguridad. Puede que le sorprenda escucharlo, pero estoy muy dedicada a su salud y felicidad.
—¿Incluso si fuera estéril?
Hermione bajó la mirada y estudió el calendario, tratando de leer los números y determinar la fecha exacta. El papel blanco brillante empañó su visión e hizo que los ojos le escocieran.
La sanadora Stroud rodó los ojos y suspiró.
—Claramente no hay razonamiento contigo. Todavía sigues en un fuerte estado emocional por todo lo sucedido. Tal vez algún día, una bruja con tu inteligencia llegará a apreciar lo que estoy tratando de hacer.
Hermione no dijo nada. Entrecerró los ojos y trató de leer el calendario de nuevo. Sus dedos se crisparon.
La sanadora Stroud dejó caer un expediente encima de las fechas y se levantó. Hermione alzó la mirada.
—El Señor Tenebroso está ansioso porque esté bajo la supervisión de alguien capaz de observar tus recuerdos. Solicité una extensión para ver cómo te afecta el entrenamiento, pero en unos días alcanzarás tu ventana de fertilidad y el Señor Oscuro quiere que estés embarazada lo antes posible. Te habría ayudado a prepararte físicamente, pero no pareces querer mi ayuda. El Oficial Supremo está casado. Estoy segura de que él sabrá qué hacer y no le importará entrenarte para que te adaptes a él.
La sanadora Stroud sonrió con frialdad y Hermione se estremeció. Su estómago se retorció dolorosamente. La sanadora metió la mano en su cajón y sacó una bolsa.
—Esto te llevará a la propiedad del Oficial Supremo. Te están esperando.
Extendió la mano hacia Hermione, y ella retrocedió unos pasos. Dejó caer la barbilla y trató de respirar. Sólo necesitaba un momento para estar lista, para prepararse para lo que estaba a punto de enfrentar y lo que estaba a punto de hacer.
—Extiende tu mano —dijo la sanadora Stroud mientras caminaba alrededor del escritorio hacia Hermione. Su corazón palpitaba dolorosamente en el pecho mientras se mordía el labio y trataba de tragar el miedo que se elevaba en ella como una marea.
Impotente. Indefensa. Obediente.
Serás obediente.
La mano de Hermione comenzó a levantarse. Una moneda cayó sobre su palma. Al instante, sintió un tirón en su estómago y de repente desapareció.
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NdT: ¡Hola! Espero que estén todas bien, disculpen la demora, pero hago lo que puedo, y los que me conocen saben que mis traducciones nunca van a quedar incompletas. A veces iré lento, pero lo importante es que voy.
Este es el tercer capítulo y ya sin dudas podemos ver lo oscuro que es este mundo, triste y cruel con el que se encuentran estas chicas, y al que Hermione se ha visto sometida…. Y esto recién comienza, así que prepárense.
Nos vemos pronto en el siguiente capítulo mis queridas lectoras y siempre agradecida por todo lo que me brindan. Un gran abrazo.
*28 de junio de 2019*
