Capítulo 3
Era la primera vez que Tomoyo veía, de aquella manera legítima, el interior de la mansión y no pudo evitar su asombro y admiración. El vestíbulo tenía proporciones clásicas. El suelo era de mármol y las paredes estaban cubiertas de un papel tapiz de exquisito diseño y suaves colores. Un candil de cristal cortado pendía del alto techo.
El joven mayordomo los recibió con extremada cortesía, invitándolos a pasar al gran salón,. Tommy se detuvo en el umbral, mirando a su alrededor con encanto. Rea una habitación majestuosa, y ocupaba la parte principal de la construcción.
Tomoyo reconoció varias pinturas valiosas en las paredes, pero una en particular captó su atención. Era el retrato de un caballero con peluca empolvada y corbatín de encaje. Se parecía mucho a su abuelo. Sin duda se trataba de uno de los ancestros de los Daidouji; quizá el primer vizconde.
De improviso, una voz conocida irrumpió en sus pensamientos. Eriol no había notado aun su llegada, estaba medio vuelto hacia otra parte, charlando con alguien y por un momento, Tomoyo pudo observarlo con detalle. Era un poco más alto que la mayoría de los caballeros reunidos en el salón y aunque llevaba el mismo tipo de ropa que los demás, por alguna extraña razón parecía distinguirse entre los asistentes.
Yukito la volvió a tomar del brazo y la condujo adelante. Eriol alzó la cabeza ante la llegada de la joven y su rostro se iluminó por la sorpresa de verla.
supongo que tengo que presentarlos – dijo Yukito con inocencia
en absoluto – respondió el barón con su sonrisa de hechicero. Ofreció a Tomoyo su mano – buenas noches señorita Daidouji .
En el silencio tenso que siguió, Tomoyo sintió que los ojos de los invitados se posaban en ella. Todos parecían haber percibido la súbita tensión que había en el aire. Ella se mantuvo erguida, aunque su corazón latía con tal fuerza que casi se sintió desfallecer.
Con renuencia, estrechó la mano del anfitrión.
buenas noches, Sir Eriol.
Un estremecimientos la recorrió al tocar los fuertes dedos del caballero.
no esperaba que accedieras tan pronto a mis deseos – murmuró él, solo para los oídos de la joven, Tommy se sintió atrapada en una especie de sueño.
Pues... ¿qué tal si te sirvo una copa, Tommy? – intervino Yukito, con cierto enfado en la voz. El encanto se rompió. Eriol soltó a Tommy y ella sintió que temblaba por dentro mientras su amigo la llevaba aparte. La miró con ceño levemente adusto - ¿de que se trata todo esto?
Tommy lo miró con aire inocente.
¿qué?
Esto de tú y Hiragizawa. Ni siquiera sabía que lo conocieras bien.
Ella alzó los hombros.
oh, los Hiragizawa y los Daidouji nunca se han llevado bien – explicó con ligereza – es una vieja reyerta familiar.
¿reyerta familiar? Quien lo hubiera creído – comentó Yukito con ironía y escepticismo.
Tommy fue salvada de la necesidad de replicar, gracias a un viejo amigo que la tomó del brazo.
¡Tommy! ¡hace años que no te veía! ¿cómo has estado?
Era una fiesta animada y Tommy pronto comenzó a disfrutarla. Muchos de los invitados eran antiguos conocidos y resultaba agradable charlar y ponerse al día de los chismes locales. Pero todo el tiempo pudo ver por el rabillo del ojo a Eriol, flirteando con una serie de hermosas damas.
Conforme la noche avanzaba, algunas personas comenzaron a salir a la terraza. La luna brillaba como una hoja de plata en el estanque ornamental, donde dos hermosos cisnes se deslizaban majestuosos. Era una escena cautivadora. Inconscientemente Tommy se apartó del grupo que charlaba, yendo a beber se champaña a la orilla del agua. Adivinó, sin volverse, que era Eriol quien había venido a pararse detrás de ella.
bienvenida a Bradley Park – murmuró él con un dejo de humor en su voz – me alegro que descidieras visitarme otra vez.
Tomoyo mantuvo la mirada fija en los cisnes.
es... es una hermosa mansión – logró murmurar
si. Tus ancestros tenían muy buen gusto
Ella lo miró de soslayo y con frialdad.
vi que hay un retrato de uno de ellos en la sala de recepción – comentó
ah, sí. El primer vizconde. Un verdadero bribón, tengo entendido – los claros ojos del barón la hostigaban – era un soldado raso que se fue abriendo camino a base de artimañas, hasta convertirse en amigo de Carlos II, quien le concedió el título y una rica novia.
Pareces saber mucho de mi familia – comentó con sequedad.
Por supuesto. Tengo gran interés en la historia de mi casa.
La estaba provocando y a ella le resultó difícil no caer en el garlito. Con esfuerzo, logró esbozar una sonrisa plácida.
¿sí?- ronroneó con helado sarcasmo- que lástima que no puedas borrar el escudo de los Daidouji de la decoración y poner el tuyo. ¿qué clase de emblemas podrían ser: ¿un tenedor y un abrelatas?
Eriol rió con suavidad.
¡que espléndida arrogancia! – comentó – eres una Daidouji hasta el tuétano, querida.
Y a mucho orgullo – respondió y con un gesto altivo y majestuoso se alejó de él.
La noche transcurría demasiado rápido. Tommy no había olvidado su propósito inicial, pero no era fácil hallar la oportunidad de escabullirse y explorar. Yukito permanecía todo el tiempo a su lado y estaba rodeada de amigos. Daba tragos cortos al champaña y se enfrascó en charlas animadas, ocultando con su sonrisa todas sus emociones.
Por fin el reloj de pared marcó las doce de la noche. Algunos de los invitados comenzaron a despedirse, pero muchos permanecieron y el salón de billar adjunto se convirtió en el centro de atención.
¿te gustaría entrar a ver una partida? – preguntó Yukito cuando pasaron ante la puerta abierta.
Claro – accedió Tomoyo, fingiendo indiferencia. Eriol estaba a la mesa. Se había despojado de su chaqueta y corbata y tenía desabotonada la camisa, mostrando apenas algunos vellos negros e hirsutos. Mientras observaba con ojo experto la posición de las bolas de la mesa, parecía un rey de la carambola.
Tommy trató de fundirse en las sombras, lejos de la luz que inundaba la mesa de terciopelo verde, pero no pudo apartar los ojos de él. Eriol había dejado su copa sobre la baranda y apretaba el cigarrillo entre los dientes en tanto se aprestaba a realizar su jugada.
Tomoyo no conocía bien el juego, pero el murmullo de aprobación de los concurrentes le hizo saber que la tirada había sido magnífica. Eriol alzó la mirada y clavó los ojos en la chica, sonriendo malévolamente. Ella apartó la inmediato la mirada.
Era un juego tenso, que absorbía el interés de todos. Tommy no podía esperar una mejor oportunidad para hurgar en la casa. Yukito apenas asintió con un leve movimiento de cabeza cuando ella le dijo que la excusara un momento. Tomoyo se deslizó hacia fuera como una sombra.
Salió al corredor que atravesaba el ala este de la casa. Permaneció allí por un momento, tratando de recobrar el aplomo. A la derecha estaba el pequeño estudio donde había visto a Eriol en su visita anterior; a su izquierda el vestíbulo, y más allá la oficina de Eriol, pero todavía había algunas personas al final del corredor. Debía haber otra entrada a la oficina a través de la biblioteca que estaba frente a ella. Empujó la puerta con suavidad.
No había nadie allí. Encendió la luz, cerró la puerta con precaución y miró a su alrededor. Era un cuarto amplio y los muros estaban cubiertos de anaqueles con libros; el exótico y picante olor de las cubiertas de cuero y la madera de los paneles impregnaba el ambiente. Había allí una atmósfera de quietud y recogimiento, solo rota por el tic tac del reloj de pared.
Tal como lo supuso, había otra puerta que comunicaba con oficina. La joven atravesó el cuarto y giró el picaporte. Estaba cerrada con llave. Maldiciendo en voz baja, retrocedió. Volvió con presteza a la puerta que daba al corredor, pero cuando estaba a pinto de abrirla oyó voces afuera. Tendría que esperar un momento, no quería toparse con nadie.
Volvió a mirar a su alrededor. Además de libros, en los anaqueles había exquisitas piezas de porcelana china. La que más llamó su atención fue la de una esbelta joven, vestida solo con un vestigio de tela y con los ojos pudorosamente entornados.
La delicadeza del trabajo la hizo pensar en Falconet. Tomó la figura con cuidado y la volvió de cabeza. En efecto, en la base estaba impresa la marca de la fábrica de Sèvres. Sin embargo...
vaya, vaya. Olga de Volga otra vez ¿eh?
Tommy se volvió de inmediato y casi soltó la figura. Eriol había entrado silenciosamente en la biblioteca. Cerró la puerta y sonrió con burlón regocijo, aunque había en sus ojos un brillo ominoso que la hizo estremecerse.
discúlpame – agregó él, sometiéndola a un escrutinio descarado – pero ¿dónde pensabas guardar eso? Creo que sería un poco difícil ocultarla bajo ese vestido.
El corazón le golpeaba el pecho a la joven y respiraba con dificultad, como su de verdad hubiese sido pillada en el acto de robar algo, mas alzó la barbilla en altivo desafío.
no soy ninguna ladrona – protestó
¿no?
El retintín de burla de su voz la hizo palidecer de ira.
y si lo fuera, no me molestaría en robar una falsificación – replicó
Eriol alzó las cejas con divertido asombro.
¿falsificación? ¿esa preciosa pieza de Sèvres?
No es Sèvres – aseveró, entregándole la figura – sino una muy buena copia
Eriol giró la estatuilla en sus manos .
¿cómo lo sabes?
Tommy vaciló, buscando las razones para su intuitiva reacción.
el modelado es excelente, sin duda de Falconet porque el material es porcelana de pasta dura y la fábrica de Sèvres no la usó si no hasta mil setecientos setenta y nueve. Falconet dejó Francia en mil setecientos setenta y seis.
Eriol frunció el entrecejo, pero no desdeñó la opinión de la joven.
sabes de antigüedades – murmuró
ya lo creo
y... ¿si te dijera que la autenticidad de esta pieza fue certificada por expertos?
Tommy titubeó por un instante.
diría que... quizá que esos peritos estaban cansados.
Eriol rió; una risa profunda, gutural, pastosa y muy masculina.
no sería la primera vez. La compré en una subasta hace varios años y acepté la palabra de los vendedores de que era autentica. Quizá debería llevarla a Sotheby's
La volvió a someter a un irónico escrutinio.
bien - agregó - ¿se puede saber a que viniste aquí?
Tommy sintió que el rubor le quemaba las mejillas.
lo siento, quería estar un momento en paz y no pude resistir la tentación de explorar tu biblioteca – explicó con la esperanza de que él no notara el temblor en su voz.
Entonces, por favor, permíteme que te sirva de guía. – ofreció con voz sedosa
Tommy lo miró con indignación.
¿todavía crees que voy a robar algo?
No estoy seguro – la miró con burla .- ¿tu?
¿cuántas veces debo decirte que no soy ladrona? ¿quieres que te muestre mis referencias personales?
Eriol volvió a sonreír.
no creo que sea necesario. Vamos, empezaste tu visita en uno de los mejores cuartos. ¿has mirado el bargueño chino?
Tommy estuvo a punto de replicarle con aspereza y regresar al lado de Yukito, pero esta oportunidad era perfecta para echar una buena ojeada a la casa, sin levantar sospechas.
De manera que lo siguió hasta el otro extremo del cuarto. El bargueño era en realidad fascinante. Las puertas estaban decoradas exquisitamente con imágenes de nubes y dragones sobre un fondo negro esmaltado.
precioso – dijo ella casi con reverencia
¿de que época piensas que es? – preguntó él, con tono de reto.
No se... quizá alrededor de mil setecientos ochenta, ¿no?
Magnífico. Es de mil setecientos setenta. En una pieza muy rara, tuve sierte al adquirirla.
Tomoyo miró el cuarto.
tienes muy bellas piezas aquí – comentó
si, soy un ferviente admirador de todo lo bello
De repente Tomoyo notó que se le aceleraba el ritmo del corazón; Eriol la miraba otra vez con esos ojos hipnóticos y casi se sintió cautivada.
Los dedos del barón se deslizaron suavemente por su brazo.
como tú, por ejemplo
yo no soy pieza de colección – protestó la joven, con voz trémula
Eriol le puso una mano bajo la barbilla y ella alzó la cara hacia él.
pero eso no quita que seas hermosa.
Su mano se deslizó inexorable para rodearle la noca y atraerla hacia él. Inclinó la cabeza y ella sintió su tibio aliento abanicarle la mejilla. Tommy lo miró en una especie de trance. Pronto los firmes labios de Sir Eriol se osaron en los de ella.
La boca del aristócrata se cerró sobre la de Tomoyo, cálida y sensual, incitándola a responder y ella no pudo resistirse. La lengua de él serpenteó en los rincones secretos de su boca, aturdiendo a la joven y obligándola a tomarse de los firmes brazos , para no caer.
Las manos de Eriol se deslizaron a lo largo de su espalda, ciñéndole el cuerpo contra el de él. Una oleada de calor la envolvió, derritiendo sus huesos. Extraños anhelos crepitaban en el alma de Tomoyo. Esto era algo que nunca había experimentado y no sabía como detenerlo, mientras él le acariciaba el cuerpo con lenta y tibia sensualidad.
Un estremecimiento la recorrió cuando sintió la punta de la lengua de Eriol explorándole el lóbulo de la oreja, y sus largos y diestros dedos le acariciaron los senos. La sangre se agolpó en sus venas y sintió que todo giraba mientras susurraba el nombre de Eriol.
El alzó la cara por un momento y la miró a los ojos.
muy hermosa – murmuró con voz suave.
Volvió a reclamar su boca, y Tomoyo se hundía en un marasmo de placer y sensualidad cuando una exclamación ahogada la sacó de su estupor.
¿qué diantres?...
lo siento, Yukito – se disculpó Eriol de inmediato – pero en realidad es tu culpa. Si traes a una mujer tan bella, debes mantenerla vigilada, ¿sabes?
Pero Yukito no se apaciguaba tan fácilmente.
debería romperte la cara – masculló
una sonrisa burlona curvó los labios del anfitrión.
por favor, no lo hagas – suplicó con ironía – vamos, Yukito, no riñamos por algo así
Yukito se volvió hacia Tommy, con expresión ofendida y ella se mordió el labio avergonzada.
lo... siento – murmuró
más vale que te lleve a casa – rugió Yukito
ella ni siquiera pudo mirar a Eriol cuando su amigo la tomó del brazo y la llevó al corredor. Había invitados todavía en el vestíbulo y Tommy sintió que el rubor le quemaba las mejillas cuando ellos se volvieron a mirarlos con descarada curiosidad. Fue un alivio llegar al auto, pues sus piernas ya casi no la sostenían. Se reclinó contra el respaldo del asiento y cerró los ojos.
bien, espero que estés satisfecha – expresó Yukito mientras se acomodaba frente al volante – me has puesto en ridículo
Yukito, lo lamentó – murmuró Tomoyo
¡y para colmo, nada menos que con Hiragizawa! Como si no conocieras su reputación. Pensé que tendrías más sensatez
escucha, Yukito, ya me disculpé...
a mi no me has dejado ni siquiera llegar a primera; sin embargo, si no entro a tiempo, ¡él había anotado la carrera!
Tommy se indignó.
Yukito, y me disculpé por haberte puesto en ridículo. Pero francamente no es asunto tuyo si me dejo besar por quien se me dé la gana.
¿besar? – explotó - ¡casi estaba haciéndote el amor! ¡vaya rencilla familiar tan especial!
De repente se sintió muy fatigada.
por favor, Yukito. No discutamos – suplicó – solo llévame a casa
él aceleró con furia, haciendo que los neumáticos rechinaran en el sendero. Condujo a toda velocidad y Tommy se alegró de que el trayecto fuera corto. Yukito detuvo el auto con un frenón abrupto, y bajó para abrirle la puerta a su acompañante.
Ella le ofreció la mano.
buenas noches Yukito. Y por favor, perdóname por lo de esta noche. Me comporté muy mal contigo.
El sonrió con renuencia.
lo único que me interesa es que no te dejes engatusar por un tipo como Eriol Hiragizawa. Vales demasiado para convertirte en una más de sus conquistas.
Tommy le devolvió la sonrisa.
gracias, pero no necesitas preocuparte, ¿sabes? Solo... me tomó por sorpresa esta noche. Te aseguro que no volverá a suceder.
Eso espero- Yukito le tomó la mano y de repente parecía un niño - ¿puedo darte un beso de buenas noches? – suplicó
Ella asintió. La tomó entre sus brazos y la besó. Lo había bien, pero su beso era como un arroyo plácido en comparación con el torrente de Eriol Hiragizawa.
Después de un rato la soltó.
bien... buenas noches – murmuró
buenas noches, Yukito
Una vez en la seguridad de su cuarto, Tommy se miró al espejo. Estaba peor de lo que imaginó, tenía los cabellos revueltos y su boca mostraba la apariencia de un fruto suave que había sido magullado. Se llevó un dedo a los labios, recordando...
Luego sacudió la cabeza para apartar los peligrosos pensamientos y se quitó el vestido. Se lavó y se cepilló la cabellera, para más tarde ponerse su camisón y meterse a la cama. Mas no pudo dormir, a pesar de su cansancio. Su mente volvía una y otra vez a esa escena en la biblioteca. Eras tontas fantasías de su infancia habían cobrado vida; la linda princesa y el pérfido barón.
ah buenos días, señorita Daidouji.
Tomoyo vaciló en el umbral del desayunador. Después de una noche en duermevela, la última persona que hubiera querido ver en la mañana siguiente era a Touya Kinomoto. Sus innatas buenas maneras respondieron a la situación.
buenos días señor Kinomoto. No sabía que estaba usted aquí – dijo mientras se sentaba en la mesa y se servía un vaso con sumo de naranja.
Llegué anoche, para hacerle compañía a su abuelo ya que usted iba a salir. ¿qué tal estuvo su fiesta?
Muy agradable, gracias – respondió con cortesía – encontré allí a muchos amigos que no había visto desde hacía tiempo.
Es conveniente, sin duda, moverse en ese círculo social – comentó Touya - ¿qué diantres hace su mayordomo? – preguntó luego con irritación – hace como cinco minutos que toqué la campanilla
Temo que los domingos no hay quien nos haga el desayuno señor Kinomoto – explicó Tomoyo – Jenkins y Fishy tienen la mañana libre. ¿quiere que le prepare unas tostadas?
Tommy metió las rebanadas de pan al tostador y se volvió hacia Kinomoto.
su abuelo me contó que es una excelente cocinera.
Tomoyo sonrió.
¿sí?
En realidad, me ha hablado mucho de usted
Puras cosas buenas, espero – bromeó ella
Por supuesto. Y ahora que la he conocido, me doy cuenta de que todo es verdad
Tommy logró sonreír débilmente. El tono congraciador del hombre comenzaba a irritarla. Y tampoco le gustaba la forma en que la miraba.
estimo mucho al vizconde – prosiguió Touya – me apena verlo en la situación actual, quisiera ayudarlo.
Tomoyo lo miró con asombro; nunca habría imaginado que su abuelo le confiara sus desgracias financieras a alguien.
pues, gracias – dijo con voz incierta – pero no creo... es decir, a él no le gustaría aceptar dinero de un amigo
una sonrisa complacida cruzó el rostro de Kinomoto.
bueno, de un amigo quizá no... pero si me convirtiera en parte de la familia...
Ella frunció el entrecejo, confusa.
¿parte de la familia?
Claro. Ah, supongo que esto ha surgido muy improviso, pero usted parece una mujer inteligente. Tómelo como una proposición de negocios, si quiere.
Lo miró con creciente alarma.
¿qué... proposición?
Kinomoto rió de buena gana.
oh, mis intenciones son honorables, le aseguro – declaró con tono ufano – lo que tengo en mente es matrimonio.
Continuará...
Hola! Bien aquí estoy de nuevo a primeros de Enero! Ahora gracias a:
Serena y a Tomoyo, valla me alegra que en verdad les guste tanto! Muchas gracias.
Ahora creo que la historia pasará a ser otra categoría puesto que las cosas como se ven en este capítulo están subiendo algo de tono, así que ya estan advertidos.
Hasta luego.
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