Capítulo 3: El desenfado de Garfios

Durante la semana siguiente, Desdentao asistía a los entrenos y participaba en algunos como el de puntería. Garfios también estaba allí y participaba de vez en cuando, de hecho haciendo caso.

En las prácticas de vuelo, Garfios se dejaba coger por Hipo (con consentimiento de Desdentao, claro). Se le hacía un poco raro, pero sabía que podía confiar en él y sabía más o menos cómo manejarlo.

― Muy bien, Garfios, ¡ese parón de alas ha sido increíble! ― Le acarició el hocico y le dio un pescado.

Luego se dirigió a su dragón y le ofreció una caricia.

― ¿Cómo ha ido el tiro, campeón?

Mocoso volvió a aparecer con un leve hola. Debía admitir que detestaba que Hipo volvara mejor que él con su dragón, ¡pero él lo conocía mejor! ¡Era injusto! Garfios suspiró fuerte por la nariz, todavía no lo había perdonado.

― Por lo visto los Pesadillas Monstruosas no perdonan fácilmente, a mí me pasó con el mío… ― comentó Gustav.

― No, Garfios está esperando algo más por parte de Mocoso.

El dragón rojo miraba fijamente a su jinete. Mocoso se acercó poco a poco, estaba sintiendo algo él también. Extendió la mano y, antes de que pudiera tocar el hocico, escondió su mano y salió corriendo. ¡Eso era de débiles, debía demostrar a Garfios que él era más fuerte! ¡Estúpido dragón!

― Esto no va bien… ― se preocupó Hipo ―. Aunque los dragones son fieles, supongo que pueden crearse enemistades y problemas.

― ¿Entonces qué hacemos? ― Preguntó Patapez.

― Nosotros no podemos hacer nada. Mocoso sabe lo que tiene que hacer, ahora sólo debe deshacerse por un momento de su orgullo y hacerlo.

Pasaban lo días y Mocoso era el mismo bravucón de siempre en el centro de Mema, pero en cuanto entraba en casa o se acercaba a la academia, la cosa cambiaba. Hasta su padre se había dado cuenta y aunque fuera un vikingo macho estereotipado se dio cuenta de que el dragón ya no estaba en casa. Así que se acercó hacia la arena para ver qué pasaba.

― Vaya… tío… tío Baboso… ¿qué te trae por aquí?

El Jorgenson se quedó sorprendido que Hipo pudiera acariciar a Garfios, nunca había visto tan tranquilo al dragón cerca de su hijo.

― Serás traidor, dragón… te has ido con el hijo de Estoico…

― Señor Jorgenson, no se ha ido con Hip-

― ¡Calla, niña!

― Tío… cálmate, no le he robado el dragón ni nada, es simplemente que Garfios se ha enfadado con Mocoso porque hirió a Desdentao…

― No me pongas excusas. ― Se quedó mirando a Desdentao con desprecio ― ¡Qué dragón más blandengue!

Garfios metió un grito espantoso contra el padre de Mocoso y se posó mostrando fuerza. Eso agitó un poco la respiración del adulto y se fue.

Hipo suspiró, qué duro era hablar con su tío, era tan cerrado. No valía ni la pena salir corriendo. Desdentao se había hasta ofendido de su comentario que había arrugado la nariz en desacuerdo. Los Jorgenson eran especialistas en fanfarronear y poner a su familia de mal humor.

― Dos padres en desacuerdo sobre la educación de su hijo… Quién lo iba a pensar… ― dijo con sarcasmo Hipo ― . Esto se pone peor, qué va a pasar, esto no puede quedarse así por mucho tiempo.

Y el tiempo pasó y la semana estaba a punto de acabar. La situación no se había arreglado todavía. Antes del fin de semana, Hipo se despidió de Garfio. Le acarició el hocico y le pidió paciencia.

Esa misma noche, a escondidas, se acercó Mocoso a la celda de Garfios.

― Garfios… yo… yo… ― el dragón abrió los ojos y lo miró ― también te debo una disculpa a ti también… te podría haber puesto en peligro a ti también.

Acercó poco a poco la mano hasta tocar el morro de su Pesadilla Monstruosa y se arrimó a él.

.


N/A:

Nia Haddok, A veces Mocoso se tendría que tragar su orgullo, pero como no lo hace, sufre. Yo también dudaba si hacerlo tan desanimado o no pero creo que a veces se merece sufrir un poco, darse cuenta de que Garfios tiene sentimientos y no es una mascota.

Lewiz Minu, me alegro que te esté gustando :)