Heartbeat
By Nikky Nikosa
Capítulo III: Explicación
Sakura
Despierto gracias a la luz que entra por la ventana. Todavía algo somnolienta, palpo las sabanas, tratando de encontrarte, pero grande es mi sorpresa al no hallarte.
Me incorporo bruscamente, pensando que todo fue un sueño, un producto de mi imaginación; pero mi desnudez da cuenta de lo contrario. Me cubro con las sábanas, mientras en mis mejillas aparece un gran sonrojo. No puedo creerlo. O sea, que anoche tú y yo… ¡Madre mía, que alguien me mate por favor!
—¿Sasuke-kun? —te llamo, pensando que estás por ahí, pero no obtengo respuesta alguna.
Me visto apresuradamente, siendo el único vestigio de ti mi ropa pulcramente ordenada en una silla cercana.
Comienzo a buscarte por toda la gran casa, que al principio me pareció una cabaña. Llego al descuidado living, el único lugar que me falta por buscar y compruebo que tampoco estás ahí.
Te fuiste.
Un dolor me oprime fuertemente el pecho y provoca que caiga de rodillas al piso de madera.
¿Por qué? ¿Por qué me volviste a abandonar? Las lágrimas en menos de un segundo están en mis ojos, amenazando con salir. No las puedo contener por mucho tiempo, ni tampoco quiero hacerlo.
Sonrío con amargura.
Lo de anoche no significó nada para ti, ¿verdad? De seguro lo hiciste para que te dejara en paz, y quizás hasta te fuiste pocos minutos después de que cayera dormida.
Ahora debes estar planeando tu ataque a Konoha con el resto de akatsuki, y yo no podré detenerte.
Cuando las lágrimas comienzan a desbordarse de mis ojos, noto algo que me llama la atención y a la vez me causa extrañeza: la chimenea de la sala está encendida. Mientras me seco las lágrimas con el dorso de la mano, me acerco a lo que sea que se esté quemando, y me sorprendo al ver un trozo de tela negra con nubes rojas, ligeramente calcinada.
De acuerdo, esto no me cuadra.
Mientras me devano los sesos es pensar qué significa esto, recuerdo que la tela aún está ardiendo, así que significa que hace poco te marchaste. Quizás, si me apresuro, podré alcanzarte.
Decidida, salgo de la cabaña por la puerta que da al estanque, y casi me da un infarto al verte ahí, sentado en la orilla, mirando tranquilamente el agua cristalina, lanzando de vez en cuando alguna roca que se halla a tu alcance.
Tu rostro es inexpresivo, al igual que aquellos penetrantes ojos negros están mirando hacia cualquier lugar.
Dubitativa, me acerco a paso lento hacia ti. Te observo por unos segundos antes de sentarme, pensando que quizás tú me dirás que no lo haga. Poso mi vista en las cristalinas aguas del estanque. El suave sonido de un río se escucha a lo lejos.
No me atrevo a hablarte, no después de pensar que te habías ido. Me siento tan estúpida…
—Sakura —dices a forma de saludo, sobresaltándome.
Te miro de reojo y noto que tienes tus ojos fijos en mí. Me lleno de nerviosismo, y tú al parecer lo notas, pues vuelves a posar tu vista en el estanque mientras lanzas una roca al agua.
—¿Cómo dormiste?
Aquella pregunta me descoloca por completo, pero, aun así, me las arreglo para responder que bien, y que gracias por preguntar.
El silencio vuelve a caer sobre nosotros, y me revuelvo, incómoda, buscando algún posible tema de conversación.
—¿Estás despierto hace mucho rato? ―Debo admitir, avergonzada, que es lo único que se me ocurre decir.
—No sé, no he visto la hora. —Tu vista vuelve a posarse en mí, logrando que nuestras miradas se encuentren—. Supongo que ha sido bastante. ―Algo parece haberte causado gracia, porque sonríes ligeramente―. Creo que has dormido más de doce horas, Sakura.
Me sonrojo, aunque intento no darle mayor importancia a aquel comentario que, debo admitir, suena raro viniendo de ti.
El silencio vuelve, aunque este no es ni la mitad de incómodo que en un principio. Me mantengo ahí, a tu lado, acercando las rodillas a mi pecho, mirando al igual que tú las tranquilas aguas cristalinas. El recuerdo de la capa negra con nubes rojas regresa a mi memoria, pero me siento dudosa de preguntarte; de alguna manera, no quiero romper la atmósfera que se ha instalado entre nosotros.
De todos modos, la pregunta deber ser hecha, y una sombra de dureza pasa por tus facciones antes de que separes tus labios para comenzar a hablar.
—Se supone que debía capturar al Hachibi, pero supongo que ahora tendrán que buscarse a otro para que lo haga —dices mientras tu mirada aún está fija en las cristalinas aguas.
Al escucharte siento un gran alivio recorrerme. ¿Eso significa que ya no destruirás Konoha?
―Ya no destruiré Konoha, si eso es lo que te preocupa —agregas cuando voy a abrir la boca para preguntártelo, tu mirada ahora fija en mí.
—¿Volverás entonces? —El entusiasmo que siento en estos momentos es comparable a aquel que sentí cuando me enteré de que seríamos compañeros de equipo: imposible de ocultar.
Tu mirada vuelve a mirar el agua, mientras veo cómo tu mandíbula se tensa.
—No —dices luego de un rato. Tus palabras hacen que me derrumbe por dentro—. No sé si seré capaz de comportarme sabiendo que Danzo y los ancianos de consejo estarán también ahí. ―Me diriges una mirada que no sé descifrar.
O sea que… te marcharas nuevamente. Lo que pasó anoche entre nosotros no significó nada para ti.
—Lo que paso anoche… —comienzas a decir.
Pero yo ya se lo que seguirá. Dirás que no significó nada para ti, que fue un error. Puede que incluso insinúes que lo olvide, que soy una molestia. Da igual, de todos modos. Estoy segura de que serán palabras que romperán mi corazón en mil pedazos, como ya es usual en ti. Así que, antes de que siquiera termines la oración que seguramente terminará por hundirme, yo lo hago por ti.
—Fue un error, ya lo sé —te digo, sonriendo tristemente, mientras tú frunces el ceño—. No significó nada para ti, pero para mí… —Lo significó todo, quiero decirte, pero de todos modos eso ya da igual. Agito la cabeza, mientras comienzo a levantarme del césped—. Creo que lo único que me queda por decir es adiós. La vez anterior no pude despedirme de ti como corresponde. ―Porque me dejaste tirada en una banca, quiero agregar, pero eso también da igual. Sonrió una última vez y me doy la vuelta
Quiero alejarme lo más rápido de ahí posible, para poder gritar y llorar en paz. Pero siento que dos brazos me detienen por detrás, abrazándome, estrechándome contra algo cálido y reconfortante, sintiendo cómo unos labios se presionan gentilmente sobre un costado de mi cuello.
Abro los ojos, impresionada, mientras las lágrimas comienzan a salir sin control.
¿Eres tú? No, eso es imposible.
—Molesta. —Bueno, al parecer sí eres tú.
Ante aquel apelativo intento soltarme del agarre, aunque tú me lo evitas. La verdad, debo admitir que una parte de mí no quiere alejarse de ti; de otra forma, hubiese ocupado mi fuerza descomunal para liberarme. Sigo siendo una tonta, pienso derrotada.
—¿En verdad crees que lo que pasó anoche no significo nada para mí? —preguntas cerca de mi oído, ajeno a mis ridículos pensamientos.
—Eso es lo que ibas a decir —te repliqué.
—Sí significó algo ―comienzas a decir dubitativo―, pero no me dejaste decírtelo.
—Si lo hubiera sido, volverías a Konoha conmigo —te respondo sin dejar entrar la esperanza―. Pero, en cambio, volverás a hacer que nuestros caminos se separen.
Apoyas tu cabeza en mi hombro, respirando tranquilamente sobre la base de mi cuello.
—Dije que no volvería a Konoha, no que te abandonaría.
—¿Eh?
Trato de voltearme, pero tú haces algo de presión para que no me mueva, y yo comprendo que no quieres que te mire en estos momentos.
—No sé si anoche decidí algo, pero no quiero estar lejos de ti —dices mientras tú mismo me das la vuelta para que pueda mirarte—. Ya no tengo la fuerza para seguir ignorándote. —Bajas la mirada e intuyo que no es fácil para ti decirlo—. Me canse de todo esto, Sakura. Me canse de alejar a las personas importantes para mí. Lo hago con la intención de no lastimarlas y, sin importar lo que haga para evitarlo, las lastimo igual. —Pones una mano en mi mejilla y la acaricias, mientras me observas con una mirada ¿dulce?—. Esa noche, cuando te dejé en aquella banca, no sabes lo mucho que me costó hacerlo. Sobre todo, cuando me dijiste que me amabas y que te llevara conmigo. Consideré aquella opción, ¿sabes?, pero luego pensé en todo lo que tendrías que sufrir a mi lado y preferí dejarte allá, segura.
»Cuando te dejé inconsciente, juré que volvería a Konoha luego de matar a mi hermano, pero me enteré de todo, y entendí que no podía volver. Así que intenté olvidarme de ti, de verdad que lo intenté. —Sonríes de cierta forma culpable—. Pero ahora me encuentro contigo y después de lo de anoche, no quiero seguir alejado de ti. También intenté irme hace algunas horas. ―Sueltas una risa sin rastro de humor―. Estuve toda la maldita noche decidiendo qué debería hacer.
―Sasuke-kun… ―Debo admitir que esta es la primera vez que te escucho hablar tanto.
―Mi idea era irme y dejarte acá ―agregas como si no me hubieras escuchado―. Estaba seguro de que, de hacer eso, sería suficiente para que me odiaras y desistieras de volver a intentar llevarme de regreso.
Yo asiento, comprendiendo, porque más no puedo hacer. Quizás te odiaría o tal vez no. No puedo saberlo.
―¿Por qué no lo hiciste? ―Es algo que no puedo dejar de preguntarme. Dejarme, aunque me destroce, era lo más lógico.
Llevas tu mano derecha a tus cabellos, desordenándolos en el proceso.
―Me di cuenta de que me importa demasiado la opinión que tengas de mí. ―Y parece que eso de alguna forma te molesta―. He hecho cosas horribles ―dices mientras me miras a los ojos, para que no quede duda de la realidad de tus palabras―, pero aun así sabía, inconscientemente, que tú y Naruto seguirían aceptándome de todos modos. ―Y era cierto, maldita sea―. Dejarte ahora, en estas circunstancias, hubiera significado el fin. Y no quería, Sakura. No quise renunciar a ti.
—Sasuke-kun…
Puedo parecer bastante poco elocuente, pero la verdad es que no sé qué otra cosa puedo decir ahora mismo. Lo que me has dicho da a entender, de cierta forma, que correspondes mis sentimientos, así que no tengo idea de cómo comportarme. Soñé tantas veces con esto, que ahora parezco idiota, solo mirándote, mientras las lágrimas no dejan de brotar.
No sé qué es, si los deseos que tengo de tocarte o la disimulada expresión ansiosa que dejas entrever por unos segundos, pero no lo soporto más, y me abrazo fuertemente a ti, no queriendo soltarte nunca más.
Correspondes el abrazo de inmediato, haciendo que las lágrimas aumenten de forma considerable; a este paso terminaré deshidratada.
—Prométeme que no volverás a abandonarme —demando, exigente. No pienso dejar que te alejes nuevamente; espero que lo tengas claro.
—No puedo prometer eso ―dices mientras apoyas tu cabeza sobre mi hombro―. Si siento que corres peligro por mi culpa, haré lo que sea para ponerte a salvo.
«Aunque eso signifique hacer que me odies»
Sé que ambos pensamos lo mismo, pero yo a la vez pienso que no me alejaré de ti, pase lo que pase.
Me separo un poco de ti, y me pongo de puntillas para alcanzar tus labios. Tú me respondes con un suspiro de alivio. Supongo que agradeces que no discuta tu decisión.
No sé que pasará el día de mañana. No creo que akatsuki te deje renunciar así como así, así que supongo que tendremos que escondernos por algún tempo.
Abro un ojo durante el beso para mirar a mis alrededores. Recuerdo lo mucho que me costó dar con este lugar, así que supongo que quedarnos acá, por el momento, es lo más lógico.
Extrañaré Konoha, eso no lo puedo negar; es el único hogar que he conocido. Sin embargo, ahora tú eres mi hogar y, si no estás listo aún para regresar, yo lo entenderé.
Espero que Naruto no esté muy preocupado, ni muy histérico, pienso cuando yazco a tu lado en la cama, con la respiración agitada. Ya lo conoces. Probablemente ahora mismo esté intentando movilizar a medio Konoha, pensando que he perdido la cabeza. Tal vez debería mandarle un mensaje cifrado, contándole las noticias.
Bostezo, pensando en que eso es lo que haré. Mis ojos comienzan a cerrarse involuntariamente. Mientras siento tus caricias suaves en mi espalda, caigo por fin en los brazos de Morfeo, con una suave sonrisa adornando mi rostro.
¿Merece un review?
