Capítulo 2 – Alianzas.
Los rayos del sol que se colaban por los ventanales de la habitación despertaron a Caroline al darle directamente en la cara. Incómoda, abrió los ojos y recordó lo que había ocurrido anoche. Sintió cómo el pulso se le aceleraba y se ponía colorada. Con la luz del día y el alcohol evaporado de su cuerpo no podía creerse lo que había hecho anoche. ¿Y si le había pegado algo? Habían usado protección pero nunca se sabía.
Con cuidado, se giró despacio para comprobar si estaba sola en la cama. No lo estaba.
El chico seguía durmiendo, estaba boca abajo, con un brazo extendido hacia la almohada y otro pegado a su cuerpo. La rubia se deleitó con la visión de su complexión, que escasamente tapaban las sábanas. Notó que su acompañante tenía otro tatuaje, un triángulo en el omoplato derecho. Cuando el desconocido se movió hasta quedarse de lado, Caroline mantuvo la respiración, asustada por haberle despertado.
Más tranquila, comprobó que seguía durmiendo. Pensando qué hacer, si despertarle y despedirse, o marcharse sin avisarle. Decidió hacer lo segundo. No era propio de ella acostarse con alguien que no conocía, pero tenía que aceptar lo que había hecho. Había sido algo de una vez, sexo escandaloso, nada más. Se levantó con cuidado de la cama, procurando no hacer ruido. Cuando estuvo completamente fuera empezó a recoger su ropa desperdigada por la habitación, lanzando constantes y breves miradas al hombre que aún dormía en la cama. Una vez estuvo vestida salió con los tacones en la mano sin hacer ruido, dedicándole una última mirada apreciativa al chico con el que había tenido el mejor sexo de su vida.
En cuanto cerró las puertas a sus espaldas, suspiró de puro alivio.
— Buenos días, señorita. ¿Necesita algo?
Caroline se dio cuenta de que no estaba sola en el pasillo, había una señora de unos cincuenta años del servicio de habitaciones. La observaba con una mirada reprobatoria en los ojos, como si supiera que se había acostado con un completo desconocido. Caroline se puso los tacones, haciendo acopio de toda la elegancia que le fue posible al hacerlo, que la verdad, no era mucha y levantó la cabeza, orgullosa.
— Nada, muchas gracias. Que pase un buen día. — Aunque se encontrara en esa situación, ella seguía siendo una chica bien con buenos modales.
Sin dedicarle un segundo más a la mujer, se dirigió al ascensor y pulsó el botón, deseando salir cuanto antes de allí. Una vez dentro del elevador se dio cuenta por su reflejo en el espejo del aspecto que tenía: el vestido estaba mal colocado, el maquillaje un poco corrido, el pelo alborotado y algunas marcas adornaban su cuerpo. Entre ellas, un gran chupetón en el cuello. Caroline se mordió el labio sonriendo al recordar cómo se lo había hecho. Se arregló todo lo que pudo mientras bajaba el ascensor y cuando salió se dispuso a hacer el camino de la vergüenza de vuelta a casa.
Eran las once de la mañana cuando llegó a casa, llegaba tarde para abrir la tienda. El uno de mayo era uno de los días más prósperos del año para los establecimientos del Barrio Francés. Era el día mundial del trabajador, pero para las brujas, era la resaca de Beltane. Muchos turistas llegaban a sus tiendas aprovechando sus vacaciones para disfrutar del encanto único que proporcionaba Nueva Orleans, especialmente de las brujas del Barrio Francés.
Los establecimientos se adornaban con flores y decoraban los árboles y arbustos con cintas de colores. Al fin y al cabo, las brujas también tenían que comer, y los compradores compulsivos ayudaban. Los turistas buscaban hierbas que les ayudarán a cuidarse, hechizos, lecturas de cartas… Cualquier cosa que pareciera que estuviera relacionado con la magia.
Caroline se duchó, vistió y maquilló, poniendo especial esmero en cubrir la marca que tenía en su cuello. Se puso un vestido de tirantes floreado y una chaqueta rosa, junto con unas botas, completaba su atuendo con una trenza de lado que tapaba lo poco que se podía notar el chupetón.
Sin comer, bajó a la tienda que se encontraba en el piso de abajo de su casa y abrió para dar la bienvenida a los clientes.
No tardaron mucho en empezar a llegar, Caroline no leía el futuro, su establecimiento se centraba en la venta de ropa y complementos, junto con fragancias, que eran elaboradas por ella misma.
Aunque se estaba muriendo de hambre y sueño, respondía con cordialidad y amabilidad a los clientes. Estaba agotada pero con tantos clientes no se podía permitir descansar, y menos al haber abierto tan tarde.
Pasada la hora de comer, tuvo un momento de tranquilidad en la tienda. Aprovechando ese descanso quiso subir a prepararse un rápido tentempié cuando la campanilla de la puerta sonó, anunciando un nuevo visitante.
— No te mereces que te alimente después de que me dejaras tirada anoche. — Saludó Bonnie alzando una ceja y mirándola reprobatoriamente.
— ¿De verdad? Pensaba que estabas entretenida con ese pedazo de… ¿eso qué huelo es comida china? — Respondió la rubia interrumpiéndose a sí misma al notar y oler la bolsa que traía su amiga.
Bonnie rio y le alcanzó la bolsa a la rubia.
— Sí, toma. Supuse que no comerías nada.
— Eres la mejor, Bon. — Caroline sonrió abiertamente mientras sacaba unos platos que tenía en uno de los armarios debajo de la caja registradora. Se sirvió la comida, arroz frito y tallarines junto con una Coca-Cola. Mucho mejor que lo que tenía planeado comer en un principio.
Bonnie la observaba comer, divertida, Su amiga engullía la comida como si no existiera un mañana. Cuando la morena se levantó esa mañana y vio que la tienda de su amiga estaba cerrada, supuso lo que había pasado la noche anterior.
— ¿No me vas a contar con quién te fuiste? — Preguntó intrigada.
Caroline paró de comer para dar un trago a su bebida antes de contestar.
— Si te digo la verdad, no sé quién era… — Bonnie la miró sorprendida, eso no era propio de ella. Frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir nada, la rubia siguió explicándose. — ¡No me juzgues! Simplemente surgió, había notado cómo me miraba mientras bailaba en la pista de baile y cuando fui a tomar una copa, ahí estaba él. Rubio, alto, ojos azules y con una sonrisa de infarto, además ¡tenía hoyuelos en las mejillas! Me invitó a bailar con él y… tenías que ver cómo lo hacía. Te lo juro, sentí una conexión con él que nunca me había pasado con un desconocido.
— ¿No sabes su nombre?
— No quise saberlo. Él tampoco sabe el mío.
— ¿Por qué? — Inquirió extrañada Bonnie.
— No lo sé, simplemente sentí que tenía que ser así. Solo fue algo de una noche, tal vez fuera por Beltane o por lo que fuera. Pero cuando se acabó la canción, él me propuso ir a su habitación.
— Caroline…
— Bueno, obviamente, yo no estaba segura, porque solo habíamos bailado. Pero él estaba ahí y quería besarme, así que pensé "hazlo". Pero entonces…— Habló rápidamente e hizo una pausa para coger aire. — De verdad que se sintió muy bien besarle y… así que… como que acabe teniendo totalmente sexo con él. ¡Pero juro que no lo tenía planeado!
— ¡Caroline! — Exclamó escandalizada su amiga.
— ¿De verdad vas a juzgarme cuando tu hiciste algo parecido?
— ¡Yo no me acosté con él! Solo nos enrollamos y nos fuimos cada uno para su casa. — Aclaró la morena mirando reprobatoriamente a su amiga.
— ¿Ah no?
— No. Y además, yo sé su nombre. — Le respondió tomándole el pelo la morena.
Caroline se mordió el labio, sin saber qué decir. No se arrepentía de lo que había hecho, sabía que debería, pero no podía. Miró a su amiga con la duda en sus ojos.
— Al menos dime que te lo pasaste bien con él y mereció la pena. — Dijo Bonnie sonriendo de lado, apiadándose de su ella.
La rubia rememoró en su cabeza la noche con el desconocido y sintió cómo un calor crecía dentro de ella. No contestó pero no hizo falta. Su cara roja y su pequeña sonrisa lo decían todo.
— Caroline Forbes, tú sí que sabes cómo celebrar Beltane. — Rio Bonnie.
Ambas amigas siguieron bromeando sobre la noche anterior, contándose lo que había ocurrido por la noche, cuando volvió a sonar la campana de la puerta que anunciaba un nuevo visitante.
— Bienvenido a Mystic Falls. — Dio la bienvenida la rubia a la recién llegada antes de darse cuenta quién era. Se trataba de una mujer bajita, rubia y con pequeños ojos azules, bastante entrada en carnes. Sonrió a las chicas con dulzura en cuanto las vio. — Oh, hola Julie. No sabía que ibas a venir. ¿Necesitas algo?
— Nada que no tenga ya, no te preocupes. Aja me ha pedido que os informe de que hay reunión del Consejo en el Cementerio de San Luis esta noche a las diez.
Las chicas se miraron extrañadas entre sí. Desde el comienzo de la guerra con los vampiros, el Consejo no había querido reunirse más allá de los límites del Barrio Francés. El cementerio, aunque cerca, estaba en Treme (*1), distrito liderado por las brujas solitarias que no formaban parte de su aquelarre. No era seguro.
— ¿Por qué allí? — Preguntó Bonnie.
Julie la miró sin perder la sonrisa.
— Señorita Bennet, ¿vas a cuestionar los motivos de la Suma Sacerdotisa?
La morena no habló, pero negó con la cabeza mirándola confusa.
— Así me gusta. Tengo que ir a buscar al resto pero espero que os lo pasarais bien anoche.
— Muy bien Julie, fue de las mejores ceremonias de Beltane que recordamos. — Mintió Caroline.
— Me alegro. Nos vemos esta noche.
Ninguna de las chicas se movió ni dijo nada hasta que perdieron de vista a la rubia. Caroline se acercó a la entrada de la tienda y comprobó que Julie se había ido antes de cerrar la puerta y poner el cartel de "cerrado".
— ¿Una reunión después de una gran celebración? — Preguntó la rubia a su amiga, frunciendo el ceño y acercándose a ella. — La última vez que pasó…
Bonnie se acercó a la ventana, mirando las calles, perdida en sus pensamientos. — Le declaramos la guerra a los vampiros. — Completó la frase de su amiga. — ¿Qué haremos esta vez?
Las dos brujas llegaron diez minutos antes de la hora acordada al Cementerio, se dirigieron hacia el lugar donde estaban acostumbradas a reunirse antes de que se limitaran las fronteras para las reuniones. Ya había algunas personas allí, Julie, la bruja que les había avisado, las saludó con una inclinación de cabeza mientras continuaba hablando con otras dos personas. Una chica joven vestida totalmente de negro de estilo punk y con el pelo rubio, rizado y alborotado, las saludó sonriéndolas mientras le daba una calada al cigarro que fumaba.
— ¿Alguna de vosotras sabe por qué estamos aquí?
— Hola Liv. Ni idea. Julie simplemente nos dijo que viniéramos aquí, nada más. — Explicó Caroline.
— Ya, a mí me dijo lo mismo. Cómo si no tuviera otras cosas más importantes que hacer que obedecerla. Odio cuando se cree la Ama y Señora de todo. — Se burló de ella, mirándola desde su posición con asco.
Ninguna de las dos amigas hicieron ningún comentario. La enemistad entre las dos brujas no era ningún secreto para el aquelarre. Los hermanos Parker, Liv y su gemelo Luke, y el hermano mayor de estos, Kai, pertenecían a una de las familias de brujas más antiguas de Nueva Orleans. Los gemelos eran especialmente poderosos cuando estaban juntos, pero hacía seis meses Luke había muerto asesinado por los vampiros en una emboscada en Algiers (*2), territorio enemigo. Nadie sabía qué hacía allí esa noche, pero fue un duro golpe para Liv. Desde entonces, su poder había disminuido y se había visto apartada por algunos miembros del consejo, especialmente por Julie.
Bonnie se aclaró la garganta antes de preguntar.
— ¿Y dónde está tu hermano? No creo que vaya a perderse la ocasión de perseguir a Aja…
Sin embargo, antes de que la rubia pudiera responder, su pregunta fue contestada.
— No te confundas Bon-Bon, si hay alguien a la que quiero perseguir es a ti. — El susodicho apareció detrás de una tumba, aproximándose al grupito con una piruleta en la boca y una gran sonrisa. — Sabía que en el fondo estabas locamente enamorada de mí.
Bonnie apretó los dientes. Por supuesto que él no se iba a perder una reunión, y menos la oportunidad de molestarla.
— Piérdete, Kai. — Le dijo Caroline, antes de que su amiga se enfadara. Bonnie no soportaba a Kai desde que en una ocasión cuando eran pequeños, un hechizo malogrado, los había llevado a estar dos días encerrados en su colegio hasta que Sheila, su abuela y Suma Sacerdotisa por aquel entonces, había conseguido romper el hechizo y liberarlos.
— No te metas en esto, Caroline. Dime Bonnie, ¿ayer te lo pasaste bien? — Preguntó el chico ampliando aún más su sonrisa.
Caroline lo miró con la boca abierta y el ceño fruncido, recelosa. Bonnie en cambio alzó la cara y le habló con todo el desprecio que fue capaz de reunir.
— Escúchame bien, pequeña rata. No sé qué te crees que sabes pero como vuelvas a…
— Aja, está aquí. — La interrumpió Liv, apartando a la morena de Kai, que se había ido acercando poco a poco hacia él para amenazarlo. Esta se calló cuando vio llegar a la Suma Sacerdotisa.
Todas las conversaciones terminaron de forma rápida cuando la vieron llegar. La poderosa bruja se acercó a Julie y a las otras dos personas con las que estaba: Gloria y Jonah Martin. Esos tres formaban la Tríada, el círculo de brujos dentro del aquelarre más cercano a Aja. Los tres se pusieron detrás de ella, esperando a que empezara a hablar.
El resto, en total nueve personas, se colocaron de frente, eran el Segundo Círculo. Liv tiró el cigarro al suelo y lo apago con el pie, mientras que Kai hizo desaparecer la piruleta con magia. Cuando todas las brujas tomaron posiciones, el Consejo estaba reunido, eran los representantes de los linajes y los brujos más poderosos del aquelarre.
— Sé que todos os preguntáis qué hacemos aquí, por qué nos hemos reunido en este cementerio después de tanto tiempo. Por qué tanto misterio. — Comenzó diciendo Aja con voz fuerte y decidida. — La ceremonia de Beltane fue bien, pero seguimos sin tener suficiente poder para derrotar a los vampiros. Cuando declaramos la guerra hace casi dos años, sabíamos que no sería rápida, que tendríamos bajas. Pero sabíamos que ganaríamos, y sé que todos lo seguimos creyendo. Ahora, ha llegado el momento de que confiese algo. — Hizo una pausa dramática antes de seguir, dando un paso al frente. — Yo fui la que inició el rumor que hizo que los Mikaelson vinieran a Nueva Orleans antes de lo previsto. — La bruja fue interrumpida por las exclamaciones de enfado y protesta de algunos de los miembros del Consejo. — ¡Silencio! — Ordenó levantando una mano. El efecto fue inmediato. — Sé que estáis enfadados, indignados. Sin embargo, no fue una decisión precipitada. La Tríada y yo lo consultamos durante mucho tiempo antes de decidirnos a hacerlo. Sabíamos las consecuencias de que los Originales llegaran tan pronto, tendríamos más bajas y veríamos limitado nuestro territorio, pero no así nuestro poder.
— ¿Por qué lo ocultaste? — Preguntó con voz calmada Ayana, la bruja más antigua del aquelarre. — ¿Por qué no dijiste la verdad antes de conspirar a nuestras espaldas?
Por primera vez, Aja parecía sorprendida y sin palabas. No perdió la compostura cuando se acercó a la anciana bruja. Le cogió una de sus manos y la acarició entre las suyas mientras le respondía mirándola a los ojos con gesto afligido.
— Oh, Ayana. Ojalá no hubiera tenido que hacerlo, pero sabía que habría voces que se alzarían en mi contra por la decisión. Lo que menos necesitábamos en ese momento era que naciera una división entre nosotras. — Se alejó de ella y miró al resto. Caroline notó como la anciana bruja se masajeaba la mano que Aja había acariciado. — No espero que me perdonéis por lo que hice, pero sí que lo comprendáis. Cuando caigan los Mikaelson, caerán los vampiros. Cuando vean que los seres más antiguos se derrumban ante nosotras, los demás también lo harán. Todos hemos sufrido muchas pérdidas pero el fin está cerca y para conseguirlo necesitamos establecer una alianza. Es por ese motivo por el que os he reunido. — Volvió a su posición inicial y los miró a todos con atención. — Somos poderosas, pero para acabar con la muerte necesitamos toda la ayuda posible y por ello, necesitamos a los lobos.
Las brujas el Segundo Círculo quedaron estupefactas ante la noticia.
— ¿Unirnos a los hombres lobo? — Preguntó Caroline. — ¿Por qué? Pensaba que nosotras solas éramos capaces de luchar contra los vampiros.
— Y lo somos, pero esta guerra está durando demasiado. Los lobos también odian a los vampiros y están dispuestos a unirse a nosotras en la lucha. Sé que algunos también los consideráis aberraciones de la naturaleza, que no confiáis en su temperamento, pero sé que todos queréis terminar esta guerra cuanto antes. Es por eso que os pido que votéis.
— Pensaba que ya habías decidido que hacer. Ya has demostrado que no te hace falta nuestra opinión. — Sentenció Ayana.
Aja la miró con gesto serió antes de responder.
— Y no lo hace. Pero quiero vuestra opinión. ¿Qué clase de bruja sería si no escuchara a sus hermanas?
Se produjo un tenso silencio antes de que nadie más hablara.
— Yo estoy a favor de aliarnos con los lobos. — Afirmó una bruja negra dando un paso al frente. Era la persona más mayor del aquelarre, después de Ayana. Un vampiro había matado a su madre delante suya cuando tenía seis años. Desde entonces les había dado caza.
— Yo también.
— Y yo.
Tres de nueve. Faltaban seis miembros del Segundo Círculo por votar.
— Estoy en contra. — Afirmó Ayana.
— En contra. — Se sumó Caroline.
Quedaban cuatro votos, con que dos votos estuvieran a favor, se unirían en la guerra con los lobos.
— A favor. — Dijo Liv. Caroline la miró molesta.
— Estoy con la dulce Olivia. — Respondió sonriendo Kai.
Aja sonrió. Los tenía.
Julie dio un paso al frente antes de asegurar que la Tríada estaba a favor de la alianza con los lobos.
— Bien, supongo que no hace falta oír el resto de los votos — Comentó la Suma Sacerdotisa. — Desde hoy, los lobos y las brujas, seremos aliados en la guerra con los vampiros. Que así sea.
— Que así sea. — Exclamó todo el Consejo.
La Suma Sacerdotisa se acercó a uno de los mausoleos y dio un golpe seco en la puerta mientras pronunciaba "finite". La puerta se abrió y dos hombres y una mujer salieron por ella.
— Supongo que todas lo conocéis pero os presento a Mason Lockwood, Alfa de los hombres lobo de Nueva Orleans, y nuestro nuevo aliado.
Mason sonrió a las brujas que tenía enfrente, sin miedo. Era un hombre de treinta años, moreno con el pelo negro salpicado por algunas canas. Aunque sonreía con encanto, indudablemente tenía el aura del líder de una manada.
— Me alegra de que hayáis tomado la decisión correcta.
Ninguno de sus acompañantes se presentaron ni dijeron nada pero no hacía falta que lo hiciera. La mujer era Jules, la mano derecha de Mason y la mujer lobo más conocida de toda la ciudad. El otro chico que les acompañaba era el sobrino de Mason, Tyler. Y también conocido por el aquelarre como el exnovio de Caroline.
La rubia se giró y se marchó del cementerio sin volver la vista atrás.
Klaus Mikaelson llegó a media mañana a su casa. La belleza con la que había pasado la noche le había despertado mientras se vestía y escabullía silenciosamente de la habitación. El rubio había preferido seguir haciéndose el dormido para evitar ese incomodo momento de la mañana después. Si ella misma se marchaba, él no se lo iba a poner difícil. Aunque luego se arrepintió cuando pensó en el sabor de la sangre de la rubia. Si era igual que en la cama seguro que sería ardiente. Así que tuvo que conformarse con la sangre de una de las empleadas del hotel.
Se dirigió al bar que había en su estudio para servirse un vaso de whisky.
— Pareces de buen humor. Deberías ir al CBD más a menudo. — Klaus sonrió al recién llegado inclinando su vaso ante la mención de sus actividades nocturnas.
— Por mucho que me gustaría tengo obligaciones más urgentes aquí. — Respondió el Original. Stefan se acercó para servirse otro vaso de licor y se sentó en uno de los sillones. Con el movimiento de su mano libre se movió el cabello, un gesto que Klaus conocía y que significaba que el moreno tenía que decirle algo que no le iba a gustar.
— ¿Ahora qué ha pasado? ¿Realmente no me puedo ausentar ni si quiera una noche? — Exigió saber.
El vampiro más joven le miró serio antes de hablar.
— Alguien vino anoche mientras no estabas. — Klaus enarcó las cejas esperando a que su amigo continuara. — Te están esperando en el salón.
— ¿Quién, Stefan?
Sin embargo, no obtuvo respuesta. Stefan no le miraba a los ojos, estaba así desde que su exnovia le dejó por su hermano. El vampiro tomó todo el contenido del vaso en un trago y se marchó negando con la cabeza, dejando a Stefan en soledad.
Antes de llegar al salón podía escuchar la voz de su hermana desde el pasillo.
— Sigo sin confiar en ti, y menos después de tantos años. No te creo.
Antes de que la persona con la que estuviera hablando respondiera, Klaus abrió las puertas que daban al comedor con ímpetu. Todos los presentes se giraron para mirarle, Elijah estaba de espaldas a la ventana, Kol apoyado en el respaldo de un sofá y Rebekah estaba de pie enfrentándose a los visitantes. Que no eran ni más ni menos que su hermano mayor Finn y su novia Sage.
— ¿Qué haces aquí? — Dijo escupiendo la pregunta a su hermano. Desde que era pequeño, Klaus no le había guardado ningún respeto.
— Eso es lo que le he estado preguntando desde que llegaron. — Dijo Rebekah.
— He venido para ayudaros, Niklaus. — Contestó su hermano mayor ignorando a la rubia.
— Y esa es la mentira que ha estado contando. — Aclaró su hermana.
Klaus la miró pidiéndola que se callara con la mirada.
— Me cuesta difícil de creer, hermano. Sobre todo teniendo en cuenta que la última vez que nos vimos intestaste asesinarnos con una estaca de roble blanco. — Dijo rodeándolos, como un cazador a su presa.
— Y lo lamento. Pero eso fue hace más de cien años.
— Y tenemos diez de ellos.
— Tal vez te lo podamos demostrar. — Sage se aventuró en la conversación dando un paso hacia él. Klaus jamás había entendido que hacía una mujer como ella, valiente, salvaje, atrevida y divertida, con su hermano que era todo lo contrario.
— Puedes intentarlo.
Sage miró a Finn antes de hablar, cuando su hermano asintió con la cabeza, lo miró.
— La hemos encontrado. — Proclamó de forma sencilla la mujer pelirroja.
— ¿Te importaría ser un poco más específica?
— Tenemos a la doppelganger.
Klaus se acercó a ella a velocidad vampírica y antes de que nadie pudiera reaccionar, la cogió por el cuello y la alzó, asfixiándola.
— No me gusta que me mientan respecto a ese tema.
El vampiro notó como Finn lo atacaba en defensa de su compañera pero no llegó hasta él gracias a la rápida actuación de Rebekah y Kol, que sin ponerse de acuerdo habían acudido a la respuesta de su ataque, lanzándolo al otro lado del salón. Finn quedó de rodillas y volvió a levantarse pero sus hermanos menores se habían colocado a los lados del rubio.
— Te está diciendo la verdad. — Aseguró el mayor mirando a sus hermanos.
Elijah abandonó su posición junto a la ventana para acercarse a su hermano. Se agachó junto a Finn para quedar a su altura, con cuidado de no arrugar el traje que llevaba puesto.
— ¿Por qué estás aquí? — Volvió a preguntar.
Finn miró a su novia antes de responder.
— Porque no quiero morir. Si las brujas ganan, todos lo moriremos. — Elijah, convencido con su respuesta asintió y se levantó.
Klaus apretó aún más el agarre sobre el cuello de la pelirroja y le atravesó el pecho agarrándole el corazón. La mujer gritó de dolor.
— Y qué más, Finn. — Exigió el rubio.
— Tenemos a la doppelganger, es toda tuya. Se llama Elena Gilbert y la encontramos con el vampiro Damon Salvatore. Libera a Sage y te llevaremos hasta a ellos.
Klaus satisfecho liberó de su agarre sobre la pelirroja. Finn se acercó a su lado a velocidad vampírica y fue confortada por los brazos de su amante.
— Fantástico. ¿A qué estamos esperando? — Preguntó un sonriente Klaus.
Continuará…
*1 Treme: barrio de NOLA, se encuentra situado al norte del Barrio Francés.
*2 Algiers: barrio de NOLA, se encuentra situado cruzando el río Mississippi. Se trata del barrio controlado por los vampiros.
NdA: ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? Soy lo peor, he tardado muchísimo en actualizar, pero aquí está. Desde luego no podréis quejaros de que no pasan cosas. Cuando se me ocurrió escribir esta historia no pensé en que fuera a haber tantos personajes pero, según iba escribiendo… iban apareciendo. Tengo un cuaderno que está hasta arriba de tramas, personajes, lugares… lo que sea para no liarme y que quede todo bien. Por cierto, hay que ver la cantidad de rubias/os que tiene esta serie.
Como siempre, muchas gracias por leer, comentar, favs y follows, sin ellos esto no tendría lugar : ) ¡Cualquier opinión y comentario es bienvenido!
Francisca me alegra que te gustara, espero que por esta actualización también haya merecido la pena esperar ;)
Alexa ya viste que tardé bastante en actualizar pero espero que te haya gustado. Muchas gracias por comentar.
