Emma
Regina estaba descansando, reposando. Y yo había salido a tomar el aire. Había estado muy asustada, pero ella estaba bien. Me dolía en el alma no poder haber hecho nada. Pero esa tal Zelena no sabía quién era yo. La salvadora ya se había tomado demasiados días libres. Tenía que repasar, volver a prepararme, estar lista para que aquellos incidentes no se repitiesen. Regina, Henry y Coraline me lo agradecerían.
_ ¿Interrumpo?_ Preguntó una voz a mi espalda.
_ Neal…_ Murmuré, sintiéndome repentinamente incómoda.
Pero él ya no parecía estarlo, no como hasta hace unas horas. Ya no me miraba de aquella manera que me hacía sentir culpable. De hecho, él parecía encontrarse mejor, o esa impresión me daba. Le vi mirar a las estrellas y acercarse con calma.
_ ¿Cómo se encuentra Regina?_ Preguntó.
_ Está bien, gracias. Parece que Zelena no le hizo tanto daño como creía. Ha sido una suerte que Arciria haya podido actuar a tiempo. ¿Dónde estaba antes de eso?
_ Estaba conmigo._ Reconoció, llamando mi atención._ Intentábamos hacer una pizza.
Aquello me hizo pensar en Storybrooke, poco después de que Arciria venciera a Peter Pan. Henry y ella solían pasarse las tardes leyendo comics y jugando al Diablo III en la XBOX. A veces me unía a ellos, pero me sacaban una veintena de niveles y solía morir constantemente. Era habitual que pidiésemos una pizza aquellas tardes. Uno de los motivos era que a Regina la ponía de los nervios y me gustaba picarla. Entonces no quería reconocer que me gustaba. Arciria solía pasarlo muy bien, entonces.
_ Ella… sintió que Regina estaba en peligro. Salió corriendo a buscarla. Cosas de gemelas, supongo.
_ Sí._ Dije, volviendo a la realidad._ ¿En serio has venido sólo porque te preocupa Regina?
_ Sí, claro. Todos estaban preocupados por ella. Arciria está de los nervios._ Hizo una pausa y me miró._ Emma, quiero pedirte disculpas.
_ ¿Disculpas?_ Pregunté, incrédula.
_ Llevo desde que volví de Neverland ofendiéndote por tu relación con Regina. Pero está más que claro que la amas de verdad. No puedo vivir de tu recuerdo para siempre.
Se llevó la mano al bolsillo y se quitó el colgante que llevaba al cuello. Era el llavero que en su día me regaló. Se lo devolví el día en que nos volvimos a encontrar y trató de que volviésemos. De hecho, se lo tiré de mala manera y no esperaba que lo conservase.
_ Entonces…_ Dije, sin saber cómo terminar la frase.
_ Somos amigos, Emma. No quiero que pienses en mí como ese exnovio celoso que no puedes ni ver. Esta noche me ha pasado algo, que me ha hecho comprender que tenía que olvidarme del pasado, y mirar hacia adelante, igual que tú lo habías hecho.
_ ¡Al fin lo has entendido!_ Dije, sonriendo involuntariamente.
_ Sí, lo he entendido._ Dijo, mirándome acusadoramente._ Nos vemos Emma.
Le vi volver adentro y cerré la mano alrededor del amuleto. A decir verdad, me encantaba recuperar mi amistad con Neal, siempre había sido alguien muy importante en mi vida, era el padre de Henry, y la primera persona a la que había amado. Aquella revelación me hizo sentirme contenta. Decidí que cuando Regina estuviese mejor, debíamos hacer algo con el resto de la familia.
Anzu
No era un buen día. Hacía buen tiempo, los pájaros cantaban, el mar estaba en calma, pero sencillamente, sabía no lo era. Definitivamente, algo lo iba a estropear. Y cuando vi una humareda verde aparecer delante de mí, supe que no me había equivocado. La malvada bruja del oeste no tenía otra persona a la que molestar antes que a mí. Bufé, y ni me molesté en saludarla. Sencillamente me puse en pie y me di la vuelta.
_ ¿Es esa forma de tratar con tu nieta?_ Me preguntó, aparentemente ofendida._ Después de haber venido hasta aquí, sólo para verte.
_ He venido a conocerte… y a hacerte una pregunta. Una inocente y dulce pregunta.
_ Ninguna pregunta que tú puedas hacerme puede ser inocente._ Le dije, cortante.
Zelena hizo un gesto de desagrado y se acercó a mí. A decir verdad, su piel no era tan repugnante como hacían creer los cuentos. De hecho, tenía cierto candor. Pero toda ella rezumaba malicia, y por eso no pensaba dedicarle cumplidos.
_ Sólo me preguntaba por qué escogiste a Arciria._ Dijo, mirándome directamente a los ojos._ Rumpel escogió a Regina… y tú escogiste a Arciria. ¿Por qué?
Sabía que Zelena había espiado los movimientos de Regina, tanto como sabía que desconocía la existencia de su otra hermana. Arciria había estado bien protegida, apartada de todo y de todos, en un lugar donde nadie podía saber de ellos.
_ No te gustaría la respuesta._ Le dije, sincera._ Ya no soy la persona que tomó esa decisión, y no estoy interesada en evocarlo.
_ Te conviene hacerme ese favor, o lo lamentarás.
_ Escogí a Arciria porque es más poderosa que tú._ Sentencié, mirándola fijamente._ Tiene más potencial del que nunca jamás tendrás tú.
Cuando me miró, con los ojos envenenados, supe por qué era verde. Podía notar como la envidia la corroía por dentro. Era la mayor, y había sido superada por sus dos hermanas menores. Y yo sabía, por lo que Lianne me había contado, que no me había equivocado al pensar que Arciria era la más poderosa de las tres.
_ Te equivocas. Soy más poderosa que Arciria y que Regina juntas._ Dijo, cerrando los puños._ Y te lo demostraré ahora mismo, derrotándote y acabando contigo para siempre.
Llevé la mano al cinturón y desenvainé la espada, Zelena acababa de cometer el mayor error de su vida.
Arciria
Me alegró saber que mi hermana estaba bien. No sé qué habría hecho si le hubiese pasado algo. Sólo de pensar en ello había congelado toda la habitación. Por suerte, Neal me vino con la buena nueva y me pude calmar, descongelando poco a poco los muebles. Estaba más unida a mi hermana de lo que parecía a simple vista. Durante mucho tiempo me había enseñado junto con Anzu lo que estaba bien y lo que estaba mal. Y por eso, cuando había sido mayor para decidir, había querido vivir con ella.
_ Tenía que haber llegado antes, y estaría como nueva._ Susurré.
_ No puedes culparte por todo._ Me dijo Neal, poniéndome la mano en el hombro._ Tu hermana es mayorcita, sabe lo que se hace.
_ No se lo digas a ella… te echará un maleficio._ Bromeé. Por alguna razón estaba de mejor humor.
_ Da igual… bueno… Henry me ha dicho que esto podría animarte.
Neal sacó una caja de cartón que traía escondida a la espalda y me la pasó. Yo la abrí, y vi que se trataba de lo que había sobrado del nuestro experimento.
_ Pizza fría… _ dije, sonriendo._ Neal, realmente sabes cómo conquistar a una mujer.
_ Bueno, no es justo que estés tan mal cuando eres tú la que ha salvado el día.
_ Vas a hacer que me sonroje._ Dije sincera._ Sólo hice lo que tenía que hacer.
Noté un respingo y me senté a comerme un trozo de pizza. Al ver que Neal no cogía uno le ofrecí la caja y él cogió otro trozo y se sentó a mi lado. A fin de cuentas habíamos hecho la pizza entre los dos y lo justo era que la compartiésemos.
Discordia
Odio las tabernas. Odio sus camas y odio a su gente. Odio no tener un maldito sitio propio donde dormir. Odio ser demasiado vaga como para hacerlo aparecer de la nada. Desde luego, empezaba a ganarme mi nombre a pulso. Me puse en pie y bajé, dejando una moneda de oro sobre el mostrador.
_ Es muy triste que ni me mires cuando pasas a mi lado.
Conocía, y odiaba también, aquella voz y a su dueña. Me giré, y efectivamente, ahí estaba, vestida de rosa de arriba abajo, con aquella manicura perfecta y esos ojos que decían "soy estúpidamente adorable". Ojala hubiese podido hacerla desaparecer.
_ ¿Has venido a liberarme de mi sufrimiento? Porque si no es así, haz el favor de volver a tu mundo de yupi, Afrodita._ Dije, abriendo la puerta para salir.
_ Sabes que no puedo romper el amor verdadero, tontita._ Me dijo, saliendo conmigo, desgraciadamente.
_ Piérdete._ Le dije sin más._ ¿No sigues enfadada por lo de Troya? Vete a soltar pestes sobre mí por ello a alguna otra parte.
Afrodita infló mucho los mofletes, molesta por mi comentario. Era como una niña pequeña. Y yo no tenía humor como para niñas pequeñas. Estaba segura de que otra persona me la habría mandado para quitársela de encima.
_ Pero no quiero irme._ Me dijo, mirándome a los ojos con una mirada de cachorrito. Se acercó a mí y noté como sus brazos me rodeaban el cuello y comenzaba a susurrarme, con tono insinuante._ ¿Y si te ayudo a olvidarte de esa chica… me dejas quedarme?
Aquello hizo que me enfadase, y mucho. La aparté de un empujón, que la hizo caer en el camino, y comencé a andar en cualquier dirección, aunque ella no tardó en levantarse y dirigirse hacia mí con expresión indignada.
_ ¿Qué tiene esa chica que hace que te estés torturando a ti misma de esa manera?_ Me preguntó.
_ Irónicamente, dudo que tú fueses capaz de entenderlo.
_ Maldita sea, yo sólo quería pasar un buen rato contigo, antes lo hacíamos._ Me recriminó.
_ Ahora respeto más mi cuerpo._ Dije, sin mirarla.
_ ¿Es por su aspecto, por su voz? Porque puedo darte eso.
Afrodita se acercó a mí, cambiando en cada paso. Ganando algo de altura, reduciendo un poco el tamaño de su pecho, su ropa. Delante de mí me quedé con una réplica de Anzu, que se acercó hacia mí con una sonrisa en los labios, confiada.
_ Sabes… Anzu tiene una nariz muy bonito._ Dije, provocando que se detuviera a un paso de mí._ Realmente… siento mucho tener que rompérsela.
Dio un respingo un segundo antes de que mi puño diese directamente contra su nariz, la hiciese volar por los aires y estamparse contra la taberna en la que había pasado la noche, provocando que una de las paredes se derrumbara. Rápidamente me acerqué, la obligué a incorporarse y comencé a golpearla en la cara, que cada golpe comenzaba a recuperar su aspecto original. Hasta que no quedó ni el más mínimo rastro de la apariencia de mi amada, no me detuve.
_ ¿Te ha quedado clara la lección, maldita ramera?_ Le pregunté, realmente enfadada.
_ Te gusta el sadomasoquismo ahora… entendido_ Dijo, levantándose, mareada.
_ Si fueses un poquito más tonta… te hubieses ahogado antes de salir del mar._ Dije, mientras me alejaba.
Repentinamente, noté una puntada en el corazón. Tan dolorosa que me hizo desplomarme. Supe inmediatamente que algo terrible le estaba ocurriendo a Anzu. Y tenía que ayudarla.
Mérida
Había llegado tarde. Un escuadrón de monos voladores había asaltado a mi madre al tiempo que Zelena, riendo, le lanzaba hechizos. Yo tensaba mi arco y disparaba sobre aquellas criaturas, pero no parecía ser efectivo. Repentinamente un hechizo golpeó a mi madre, la lanzó por los aires y la hizo chocar contra un árbol. Pero mi madre se pondría en pie, ella siempre lo hacía.
Pero tardaba más de lo habitual. Me acerqué, porque Zelena preparaba una bola de fuego, y le di una bofetada en la cara, pero no reaccionó. La agité a los hombros, y no tuvo reacción alguna. Empezaba a estar realmente asustada. Empecé a llorar. La bruja estaba preparando una bola de fuego especialmente grande.
_ No te esfuerces, mocosa. Ella no despertará. Se lo tiene merecido. Y ahora, con esta bola de fuego, le daremos el toque final.
Zelena lanzó la bola de fuego y pensé que todo estaba realmente perdido. Iba a perder a mi madre. Jamás volvería a guardarme mis secretos, o a curar mis heridas, jamás me volvería a decir que me quería. Veía aquel objeto acercarse a cámara lenta, hasta que fue interceptado por un rayo, que cayó frente a él y mostró a una persona que rechazó la llamarada y se interpuso entre Zelena y nosotras.
_ ¡Tú!_ Exclamó la bruja, dando una paso atrás.
_ Juraría que la última vez que nos vimos había muerto._ Dijo la otra mujer, clavando en ella sus ojos grises.
_ ¡Ayuda!_ Exclamé, llamando su atención.
Ella se giró, y sus ojos me miraron a mí, pero rápidamente se clavaron en mi madre. Y noté como la respiración de aquella mujer se aceleraba, como sus ojos grises parecían relampaguear. Noté como la furia la invadía y se giraba hacia Zelena. No hizo ningún gesto con la mano y ella salió volando, destrozando dos árboles que había en su camino.
_ ¡Voy a matarte, bruja! ¡Voy a arrancarte la cabeza del cuerpo con mis propias manos y a clavarla en una estaca para que veas como despiezo tu cuerpo!
Me aferré al cuerpo de mi madre, observando como aquella mujer era atacada por Zelena de nuevo, que le lanzó una serie de cadenas, atadas a unas esferas que tenían aspecto de ser increíblemente pesadas. Aquella mujer gritó, y las cadenas quedaron al rojo vivo. Observé, atónita, como aquellas esferas se convertían en espadas y las lanzaba contra la bruja.
Zelena se dio por vencida, y se desvaneció con su habitual humareda negra. Aquella mujer hizo que las cadenas se enrollasen alrededor de sus brazos y situó las esferas a su espalda. Se giró y se acercó a mí y a mi madre. Yo me aparté y dejé que se acercara, Apartó la melena negra de su rostro y puso su mano sobre la frente de mi madre. Emitió un suspiro.
_ Sabía que una bruja con piel de sapo no iba a poder contigo._ Murmuró, colocando su frente contra la de mi madre. Aquello me pareció muy confuso.
_ ¿Se va a poner bien?_ Pregunté, con el corazón en un puño.
_ Va a necesitar sangre._ Dijo, mirándola fijamente.
Yo me llevé la mano a la manga y tiré hacia atrás, mostrando mi muñeca, dando una clara señal de que podía empezar cuando quisiera.
_ No cielo, necesitamos sangre de vampiro._ Me aclaró.
_ Pues la llevaremos a casa de Lucrezia y le diremos que nos ayude. No se negará.
_ No es tan sencillo, cielo. Con el hechizo que le han lanzado, no vale alguien a quien ella haya convertido._ Me asusté ante sus palabras._ Conozco a alguien que puede ayudarnos, pero vive muy lejos.
_ Iré donde haga falta._ le dije, cruzando los brazos.
_ No voy a llevarte. Tengo que hacer el recorrido con los métodos tradicionales y tardaré semanas.
_ Pues yo no voy a dejar que una desconocida se lleve a mi madre._ Dije, cruzando los brazos.
_ Chica lista._ me dijo._ Eres Mérida, ¿Verdad?
_ Así es._ Dije, mirándola._ ¿Y tú quién eres?
_ Soy Selennaya. Tu madre y yo somos… viejas amigas.
_ No me fío. Vamos a casa y lo hablaremos con mi padre._ Le dije, mirándola con desafío.
_ A tu padre no le caigo demasiado bien.
_ Pues más razón para que vayamos a ver qué opina._ Le dije, entrecerrando los ojos._ ¿No tendrás miedo, acaso?
_ Lo único que me preocupa, es que Anzu se ponga bien. Si quieres que vaya a ver a tu padre, te acompañaré. Pero no podemos entretenernos. Si Zelena ataca otra vez, Anzu estará indefensa.
