N/T: xCailinNollaigx es la autora de este fic y todo el mérito le corresponde a ella. Yo, TSWF, soy la traductora.

N/T2: AVISO: me he cambiado el nombre de Ariadi Potter a The Story Writer Fairy (TSWF)

N/T3: AVISO: como la autora está editando el fic, hay una nota de de autor (aparte de la original) al final del capítulo que contiene spoilers. Ella misma lo avisa, pero consideré apropiado avisarles antes de que se les vayan los ojos a leerlo xDD.

Los Herederos de los Fundadores

Capítulo Tres: In the Real World (En el mundo real)

R&R!

N/A: Cada capítulo va a estar relacionado con una canción y les pido de verdad que lean las letras de las canciones porque me he pasado mucho tiempo eligiéndolas y tratando de encontrar las correctas. A veces, simplemente sé cual es y el capítulo está inspirado por esa canción, pero para otras me paso años buscándolas… Como en este capítulo.

Gracias a Madame Dee, skopde y XlinzX por el review.

Por adelantado, quiero que sepan que este no es un fic de amor y que será muy largo. Sí, habrá Dramione, pero será un proceso lento. Tampoco estará centrado en el romance y no lo cambiaré sólo porque vuestra pareja favorita no salga… aunque hay posibilidades de que esa pareja salga de manera excepcional. A menos que sea Draco/Hermione… ;) jaja

If only we could always live in dreams (Si solo pudiéramos vivir en sueños)
If only we could make of life (Si sólo pudiéramos hacer de la vida)
What, in dreams, it seems (Lo que, en sueños, aparenta)

But in the real world) (Pero en el mundo real)
We must say our goodbyes (Tenemos que decir adios)
No matter if the love will live (Sin importar si el amor que viviremos)
It will never die (Nunca morirá)

In the real world (En el mundo real)
There are things that we can't change (Hay cosas que no podemos cambiar)
And endings come to us (Y los finales nos llegan)
In ways that we can't rearrange (De formas que no podemos arreglar)

"In The Real World" -- Roy Orbison ("En el mundo real" – Roy Orbison)

Octubre, quinto año de Luna. Hogwarts

Luna se sentaba en el silencioso comedor, haciendo sus deberes con diligencia. Todos los asientos a su alrededor estaban vacíos, algo que a Luna y a la mayoría de la gente que la conocía no le parecía sorprendente. Cualquier estudiante que fuera lo bastante aplicado para estar en el comedor a las once de la noche estaba sentado al final de la mesa, y a Luna le parecía bien. Si ellos no querían sentarse junto a ella, no se iba a poner triste por ello.

Simplemente, esa era la manera en que el mundo funcionaba.

Aunque, admitámoslo, estaba empezando a cansarse de estar sola. Iba a clases sola, comía sola, hacía los deberes sola y nunca hablaba con nadie excepto con sus amigos de Griffindor cuando se presentaba la ocasión.

Sí, Luna tenía amigos, al revés que el año pasado, pero estaban en una casa diferente. Ninguno de ellos estaba en Ravenclaw, donde ella era una extraña entre su "propia" gente.

Considerándolo todo, Luna no quería estar sola todos los días nunca más. Recibiría con los brazos abiertos aunque sea a un único amigo en su casa. No obstante, Luna no era una chica que buscara compasión, no le contaría todo esto a nadie para conseguirla.

"Lunática" era una solitaria, y estaba empezando a tenerle rencor al hecho. Incluso estaba empezando a tener miedo de estar sola para siempre, pero la firme presencia de su padre siempre le recordaba lo mucho que tenía en realidad.

-L… ¿Luna?

Incluso aunque Luna no se había dado cuenta del recién llegado, no se asustó por la súbita voz.

-¡Ronald, hola!

Él se removió, incómodo.

-¿Puedo sentarme?

Luna inclinó su cabeza, observando su expresión. Estaba claramente nervioso, pero era sincero. Tenía una idea de lo que le iba a decir, pero se hizo la tonta.

-Sé mi invitado.

-Gracias –se sentó a su lado-. Sabes que hemos estado saliendo mucho últimamente… sin los otros, sólo nosotros dos. Y te he dicho lo apenado que me siento por lo del año pasado muchas veces durante el verano. No debería…

-Ronald, ¡estás perdonado! No hay tiempo en esta vida para guardarle rencor a nadie. Además, no estabas haciendo nada diferente que los demás. Te has disculpado muchas veces, así que no te preocupes por eso –le cortó suavemente, y luego volvió a sus deberes de Encantamientos.

Suspiró contento.

-Gracias, Luna, ¡aunque sé que ya debes de haber dicho eso miles de veces!

-Más o menos por ahí, sí –sonrió ella.

-Gracias, Luna.

-¿Por qué me das las gracias? –rió ella-. No tienes que dar las gracias por todo –él asintió y ella retomó sus deberes otra vez-. ¿Entonces, para qué viniste aquí en primer lugar?

-Oh… Yo… um… Sí, sobre eso… -farfulló, y sus orejas se pusieron cada vez más sonrosadas mientras luchaba por encontrar las palabras adecuadas.

Luna se giró hacia él, sonriendo alegremente.

-Claro que sí, Ronald. Me encantaría quedar contigo. ¿Digamos en Hogsmeade, el próximo miércoles?

Ron la miró asombrado.

-Eres increíble

Luna estaba muy al tanto de esos labios que nunca se aproximaban y pensó para sí misma que siempre había querido que su primer beso fuera con Ron. Aunque parezca mentira, su corazón latía fuertemente y de manera desigual en su pecho, y la sangre corrió a su cara. Quería gritarle que se moviera más rápido, pero la vergüenza la retraía al mismo tiempo. Luna no aguantaba esperar y, con un movimiento repentino, empujó su cabeza hacia la de ella.

La boca de Ron encontró la de la chica, y ella se sintió feliz por dentro. Todos los pensamientos previos de su mente se evaporaron a la vez que profundizaba en el beso tan esperado y soñado. La euforia consumió su ser y acercó más a Ron, disfrutando la calidez que emanaba de él. Le mordió suavemente el labio, y Luna abrió la boca sorprendida. Ron aprovechó la oportunidad para entrelazar sus lenguas, haciendo que ella abriera los ojos aún más sorprendida. La conmoción duró poco, sin embargo, y la reemplazó la euforia de inmediato. Por un breve momento, se preguntó si todos los besos eran como este, o si era sólo el primero. ¿Todos los besos te hacían sentir como si estuvieras en el séptimo cielo?

Lentamente, Luna empujó a Ron hacia atrás, dándose cuenta de que estaban en el medio del Gran Comedor. Él sonreía alegremente, pero toda su cara estaba roja de vergüenza.

-Ron… -llevó su mano a la cara de Ron.

Él la abrazó, lo que la dejó estupefacta. Nunca lo había estado tanto en su vida como hoy.

-De verdad que me gustas, Luna. Eres realmente increíble y yo sólo… yo… ¿Significa esto que eres mi novia, Luna? –el susurro sonó silencioso y suave en su oreja, y ella pudo sentir el aliento cálido contra su cuello que movía sus mechones de pelo.

Retrocedió para mirarle a los ojos azules, que brillaban y chispeaban con una felicidad recién encontrada. ¿Cómo podía negarlo?

-Sí, Ronald.

La cara enseguida se le iluminó como si fuera el día de Navidad. Ella no podía entender cómo era posible que la mirara como si fuera una especie de premio, como si fuera la persona con más suerte del planeta por haberle dicho que sí.

-¿Lo del miércoles sigue en marcha, entonces?

-Si. Ahora cállate y bésame –rió a carcajadas, y él también, antes de besarla sonoramente, haciendo que las risas de ambos se acallaran.

Poco sabía Luna que su felicidad era pasajera y que acudir a esa cita sería casi imposible.

Luna pasó con gracia por la entrada de Ravenclaw, dando saltitos felizmente mientras brincaba hacia el sillón. La sala común tenía tres asientos frente al fuego, dos sofás de tres personas y un sillón. Como era usual, nadie notó su entrada ni le llamó la atención, pero a Luna no podía importarle menos.

El sillón estaba ocupado por Anthony Goldstein, quien estaba sentado leyendo un libro. Era un año mayor que ella, aunque amigable, y había hablado con él muchas veces. Al otro lado, se sentaban las reinas de Ravenclaw: Marietta Edgecombe, Claire Kearney y Cho Chang. Las tres estaban en séptimo año y eran cotillas insaciables, sabían todo de todos, lo que para Cho era suerte porque así tenía todo tipo de primicias para el Mensajero de Hogwarts, el periódico del colegio. Las tres parecían saber que ocurría en las otras casas, con los profesores e incluso fuera de Hogwarts.

Clair, una chica altamente narcisista, decía que "tenían contactos". Claire era egoísta y superficial, y tan franca como Luna, pero de manera maliciosa. Aparentemente no le importaban los sentimientos de los demás, y la número uno era ella. Aunque siempre iba de frente, no era el tipo de persona que hablaba a las espaldas de los demás. Si a ella no le gustabas, lo sabías.

Cho era la más astuta de las tres; Luna la consideraba "adorable". Pretendía ser simpática y le gustaba decir que era amiga de todo el mundo, pero sostenía una daga tras la espalda todo el tiempo. Sí, sabía jugar sus cartas y a veces Luna se preguntaba por qué no la habían puesto en Slytherin. Aunque su astucia y manipulación podían ser interpretadas como inteligencia. No había duda de que las tres eran inteligentes, sólo que no hacían un buen uso de ello.

Marietta era una versión taimada de ambas, más considerada y empática, y a veces les paraba los pies a las otras cuando se trataba de historias particularmente morbosas. De todas formas, todavía era una gran cotilla que tenía la incurable necesidad de meter las narices en los asuntos de otras personas.

Aunque Luna apostaría su collar de tapas de botellas a que no tenían ni idea de lo que era un nargle.

Luna se sentó en el otro sofá, al lado de ellas, escuchando discretamente la conversación. No pudo evitar oírla y esperaba que no mencionaran nada de sobre ella y Ron: las noticias corrían hacia ellas como un incendio descontrolado.

-¡Sí, lo he oído! Estoy segura de que Blaise Zabini es el de Slytherin. Es guapísimo… siempre lo ha sido –dijo Marietta con efusividad.

-No, tiene que ser Draco Malfoy, si duda. Está como un tren.

-Claire, ¿quién dice "como un tren" en esta época? –preguntó Cho, sacudiendo la cabeza con pesar.

-Lo que sea. Está buenísimo, entonces. ¿Contenta?

Cho ignoró su comentario.

-Es tan obvio que Harry va a ser el de Gryffindor. Nadie más en esa casa tiene madera de heredero… y es tan obvio que sea alguien que aun esté en el colegio –Luna percibió cuántas veces podía Cho decir "tan obvio" en la conversación.

Claire pareció estar dandole vueltas a algo antes de mirar a Cho con confusión:

-¿No te dejó?

Ah, con que su confución era falso. Marietta le lanzó una mirada asesina a Claire:

-¡No! Cho le dejó a él, ¿verdad, nena?

-Sí –asintió Cho.

-Aunque los herederos serán fuertes… una de ustedes debería intentar captar la atención de Draco Malfoy. Sin embargo, diría que se sentiría más atraído por mí, ya que Cho está persiguiendo a Potter y Marietta… siemplemente eres demasiado ñoña.

Luna eligió quedarse callada y abstenerse a señalar que Draco Malfoy no las tocaría ni con un mástil de 20 metros.

Cho continuó como si Claire no hubiera insultado a su amiga.

-¡Yo me quedo con Harry! Estaremos con los hombres más poderosos de nuestra época. Veamos las noticias y la información que tenemos, entonces.

-¿Y qué pasa conmigo? –se quejó Marietta-. Entoces tú y Claire consiguen a Harry y Draco. ¿Y yo qué?

-Bueno, no sabemos nada acerca de los herederos de Hufflepuff y Ravenclaw, ¿no? Todo lo que El Profeta decía era que una profecía se había despertado y que los cuatro herederos iban a recibir poderes enormes y bla, bla, bla.

-Yo seré la heredera de Ravenclaw –alardeó Claire, sentándose en su silla con una expresión satisfecha.

Marietta se volvió escéptica.

-No puede ser, Claire. Admítelo, cielo, no eres tan inteligente como algunas de las personas de por aquí. Ser la heredera de Ravenclaw… tendrías que ser algo así como… la bruja más inteligente de tu generación o algo.

Cho gruñó sonoramente.

-Agg, suenas como Granger. Todos los profesores piensan que es la mejor del mundo. "¡Oh, la bruja más lista de la época sabe la respuesta otra vez!" ¡Cien mil millones de puntos para Gryffindor! "Oh, Hermione es mi mejor amiga, no te metas con ella". Es tan molesta –Luna podía ver claramente que Cho tenía algunos asuntos pendientes por ahí.

Claire palmeó la mano de Cho.

-Cho, yo creo que Hermione es una chica encantadora.

-¿Claire? Cállate.

Luna puso los ojos en blanco y abrió el libro que estaba leyendo sobre criaturas máginas, aunque realmente no estaba concentrada el las palabras que leía. No podía evitar pensar en la conversación de las tres chicas. Luna había oído aquel rumor muchas veces y había leído el artículo en El Profeta. Por lo visto, habían cuatro nombres en la profecía del Departamento de Misterios. Que había empezado a brillar recientemente, algo que no había hecho nunca antes. Los inefables lo interpretaron como una señal de que estaba a punto de completarse, trallendo a los brujos y brujas más poderos de todos lo tiempos, exceptuando a Dumbledore. Luna aún pensaba que sería uno de los más poderosos. Y Voldemort, por supuesto.

Sin embargo, la parte horrible y triste de convertirte en un heredero era que conseguías esos increíbles poderes. No, esa no era la parte horrible y triste, sino el hecho de que para conseguirlos tenías que perder a alguien a quien estimabas. La vida de un ser querido.

Luna estaba segura de que no quería ser una heredera y esperaba a que a ella no la mencionaran en los rumores. Por supuesto, se rumoreaba que Harry Potter era el Heredero de Gryffindor, después de que El Profeta manifestara que tenían el fuerte presentimiento de que sería él. Harry lo negó, declarando firmemente que él no era un heredero y que no quería tener nada que ver con eso.

Sí, Luna estaba segura de que no quería ser una heredera, pero todo el mundo sabe que hay cosas que no se pueden controlar.

Luna se sentó silenciosamente en el Gran Comedor entre sus compañeros, masticando un trozo de tostada con felicidad mientras leía El Quisquilloso. Estaba de muy buen humor y no podía esperar hasta el miércoles para ver a Ron. Iba a encontrarse más tarde en la sala común y Luna apenas podía contener su excitación.

Sintió cómo alguien se sentaba a su lado y, por un momento, se quedó sorprendida, pues ese asiento siempre estaba vacío. Esperaba que fuera Ron, pero se sorprendió aún más de ver a Harry.

-Hola, Harry. ¿Qué tal estás?

Él sonrió y se giró para llenar su plato.

-Bien. Sólo voy a comer aquí un momento. Hermione y Ron están peleando otra vez, ya sabes –bromeó, recibiendo una carcajada de Luna. Sí, lo sabía muy bien-. También quería hablar contigo. He oído que ahora estás con Ron –le pareció que había algo diferente en Harry. Una emoción diferente en sus ojos a la que no estaba acostumbrada, una amabilidad en su tono con el que no estaba familiarizada. Sí, Harry siempre había sido amable con ella, pero esto era diferente de alguna manera-. Yo… yo sólo espero que Ron y tú sepan lo que están haciendo, ¿de acuerdo? No quiero que ninguno salga herido… ni tampoco Hermione –admitió, mirándola-. Aunque de verdad quiero que lo vuestro funcione. Ustedes son buenos amigos y espero que funcione –hizo una pausa-. Sólo… sólo ten cuidado con Ron. Ha pasado por un montón de cosas, y tú también –Harry le sonrió -. Son perfectos el uno para el otro.

Luna miró a Ron.

-Sí, lo somos –no estaba muy segura de lo que Harry intentaba decir porque lo encontraba muy confundido y liado. Decidió no decir nada y dejar que Harry se aclarara él mismo.

-Gracias, Harry. Creo que Ron viene hacia aquí, por si quieres hacerle compañía a Hermione.

-He entendido que me hechas alto y claro, Luna –se rió con sus verdes ojos brillantes-. Prefiero sentarme con Hermione que con un par de tortolitos, de todas formas.

-Nos vemos, Harry.

-Adiós, Luna –le vio dirigirse hacia Hermione con una leve sonrisa.

-¿Qué hay para desayunar?

-Esas debieron ser tus primeras palabras, Ronald –rió Luna. Ron se dio cuenta de lo diferente que eran Luna y Hermione; donde Hermione le habría regañado por saludar a su novia de esa forma, Luna reía. Pensó que era una buena diferencia, y sabía lo poco que él y Hermione durarían como pareja.

-Sólo estoy hambriento, lo siento. ¿Cómo estás hoy?

-¡Genial! –sonrió abiertamente-. ¡Hoy hay cientos de unifyiers!

Ron rió.

-Voy a hacer como que sé qué significa eso.

Luna se inclinó sobre su brazo, retomando El Quisquilloso y leyéndolo. Se sorprendió, y sus ojos se abrieron de par en par antes de sonreír; ajustó el brazo para ponerlo alrededor de ella y volvió a comer.

Ron se sentía más feliz con Luna de lo que había estado en semanas. Poseía esa presencia optimista y brillante que encendía cualquier habitación oscura. Hacía que te sintieras especial, como si fueras la persona indicada que había estado esperando. Incluso si sólo había estado con ella una semana, Ron sentía que las cosas no podían ser mejores. Aunque habían pospuesto la cita para dentro de dos semanas, estaba eufórico por estar con ella. Su vida era perfecta: su familia estaba bien, sus amigos nunca estuvieron mejores, sus notas estaban mejorando y su novia no era otra que la increíble Luna Lovegood.

Ron pegó un mordisco al huevo, pensando que si moría ahora, lo haría como un hombre feliz.

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McGonagall nunca había sido indulgente o blanda; era severa y no se andaba con tonterías, retrasos o excusas. No había segundas oportunidades o próximas veces, sino castigos y hojas de castigo.

Además, rara vez sentía compasión por los estudiantes. Los solitarios estaban solos porque se negaban a relacionarse con los demás, a mezclarse con los suyos; los depresivos eran así porque no podían sobreponerse y hacer algo al respecto; los miedosos tenían miedo por la situación en la que ellos mismos se metían. Y así seguía.

Había excepciones como siempre, por supuesto, y la suya era Harry Potter. Sentía empatía por y, honestamente, podía decir que no había conocido a una persona tan buena de corazón.

¿Pero oír de Albus lo que les iba a pasar a los herederos? Esos cuatro estudiantes se iban a romper en pedazos, destrozados, sacados de un mundo que tenía sentido; todas sus vidas les iban a ser controladas y arrebatadas, y no tenían poder para pararlo.

Les tenía muchísima lástima y compasión, pero eso no ayudaba a nadie. Voldemort había oído la profecía en boca de Lucius quien, inconsecuentemente, la había visto en el Departamento de Misterios, aunque había leído seis nombres, no cuatro, ya que el destino de los Herederos no había sido definido aúía seis nombres porque habían seis personas posibles: cuatro se convertirían en los herederos, pero los otros dos estarían estrechamente unidos a ellos y serían de gran ayuda y una guía si los herederos perdían el camino. Pero sólo cuatro se convertirían en herederos… sólo cuatro sufrirían el dolor de perder a un ser querido, la lucha por controlar un poder mucho más grande que ellos mismos y más avanzado que ninguna otra magia que se haya realizado nunca. Solo cuatro obtendrían el valor, el poder y la sabiduría para hacerlo.

Sin embargo, Harry Potter no era uno de los herederos, aunque ayudaría. Los Herederos harían caer a Voldemort, pero Harry tenía que ser el que acabara con él.

Minerva estaba segura de que sabía quiénes eran los cuatro y estaba dispuesta a apostar todo lo que tenía por esos cuatro nombres. Era consciente de que la trágica pérdida que tendrían que afrontar para recibir los poderes y sabía que los rechazarían. ¿Quién querría cambiar a un ser querido por poder? Minerva tampoco tenía ni idea de cómo iba Albus a conseguir que naciera una amistad entre los herederos; tenía que ser imposible. Estaban entrenados para sentir antipatía los unos por los otros, casi se batían a duelo a cada contacto. A veces, sólo a veces, quería coger su sabiduría y…

-Minerva, ¿va todo bien? Pareces preocupada.

-No, no, Pomona. Tengo asuntos importantes que atender –la profesora Sprout asintió seriamente, ya que sabía por la cara de Minerva que se trataba de algo malo.

Pero, en realidad, siempre había algo malo cociéndose en Hogwarts.

Luna copió las anotaciones sobre el Veritaserum de la pizarra, preguntándose por un momento por qué el profesor Snape no le había dicho nada después de haberse distraído por culpa de Ron… lo que era algo poco usual en ella, ya que siempre era puntual.

Un chico llamado Keegan Butler se sentó a su lado en Pociones, y era muy cordial y a amable con ella. Era la persona más agradable de Ravenclaw, según Luna. Siempre hacía el esfuerzo de hablar con ella en pociones, algo que había apreciado siempre.

Sin embargo, todos estaban esperando para hablar con ella. Era evidente que el mundo se había enterado de la relación de Ron y ella, si es que su demostración en el desayuno no había dejado nada por descubrir. Algunas chicas cuchicheaban y preguntaban por los detalles, pero difícilmente iba Luna a contarles nada. Detalles como esos no los iba a compartir con gente superficial como aquella, a quienes no les importaba más que un poco de chismorreo. Nunca antes se habían esforzado por hablar con Luna.

¿Cómo cuanto de estúpida creían que era? No eran amigos suyos, sólo intentaban exprimirle la información como si fuera el zumo de un limón. ¿Es que no sabían que era de Ravenclaw? Era más inteligente que eso.

Los de Hufflepuff, con los que compartía clase, sin embargo, la dejaban tranquila. Respetaban los límites y sabían que no quería hablar de ello. Luna siempre les había respetado por ser tan intuitivos y amistosos. Muchas veces, se encontraba a sí misma queriendo estar en la amistosa y amable Casa de Hufflepuff o Gryffindor. Los Gryffindors estaban fuertemente unidos, siempre dándolo todo por los demás cuando había un problema. Aunque no había que malinterpretar a Luna, ella estaba extremadamente orgullosa de ser una Ravenclaw, pero algunas personas de su casa no estaban interesadas en tener amigos y se centraban en la competición y otras no eran agradables, como, por ejemplo, Cho Chang. Podía ser la mejor persona que cocieras un minuto, y al siguiente esparcía rumores sobre ti diciendo que besabas Theastrals imaginarios.

Gente como esa hacía que Ravenclaw tuviera mala reputación.

Luna fue sacada de su ensoñación cuando la puerta se abrió; aunque no se molestó en mirar y, en vez de eso, continuó cogiendo apuntes.

Minerva asintió a un Severus impasible.

-¿Puedo llevarme a Luna Lovegood un momento, por favor?

Severus asintió solemnemente y le hizo un gesto a Luna para que se fuera. Rápidamente, ella recogió sus cosas, lanzándolas dentro de su mochila como podía. Luego, tomando aire profundamente, caminó con viveza y salió tras Minerva.

La clase empezó a charlar en cuanto ella salió, pero pudo oír claramente la orden cortante de Snape por encima de ellos.

-¡Silencio!

Luna se sentó, con la mirada puesta en el director, en silencio, esperando a que empezara con lo que estaba a punto de decir. Siempre le había tenido un gran respeto y pensaba que era un hombre increíble. Podía sentir el aura de magia y sabiduría que emanaba de él como el aire de un abanico.

Pero algo la inquietaba; su cara estaba seria y el brillo que siempre estaba presente parecía haberse antes había ido a ver al profesor Dumbledore y eso le preocupaba. La miró, Pensativo:

-Señorita Lovegood, ¿cómo se encuentra?

Luna quería ir al grano, pero este era su director y profesor favorito.

-Bien, ¿y usted, señor?

Él sonrió débilmente ante la educación de la chica.

-Tan bien como se espera.

-Es bueno oírlo, professor. Mejor mantengase alejado de los jaglers

-Me aseguraré de recordarlo, Luna –miró el pupitre un momento antes de devolver la vista hacia la chica.

Luna se dio cuenta del cambio en su voz; el regocijo y la amabilidad de hacía un momento se habían desvanecido para ser reemplazados por un tono sombrío y seco. El ambiente de la habitación cambió dramáticamente en cuestión de minutos, cayendo en uno doloroso que ella no quería entender. Las falsas pretensiones se habían ido, y la había llamado por su nombre, por lo que sabía que lo que iba a decir sería desastroso para ella.

Un pensamiento repentino la golpeó. ¡No! No, por favor, no. No, no, no.

El pánico creció en su pecho mientras sacudía la cabeza, el anciano suspiró.

-Siento mucho tener que informarle…

El pánico se volvió pavor que envolvió su todo su cuerpo de miedo puro por lo que se avecinaba. El pavor le dejó seca la garganta e hizo que hablara en un tono agudo y rasposo.

-No… n… no. Por favor, no me diga que…

-Luna, su padre… -empezó él, y las lágrimas estaban ya acudiendo a sus ojos al darse cuenta de que su miedo se había confirmado-. Él… ha fallecido.

Ella era una heredera, y eso le había costado a su padre la vida.

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NUEVA N/A: 15/6/09: Bueno, me costó años editarlo. Es muy largo. Edité éste mucho más que los otros dos capítulos [¡¡¡¡¡SPOILER!!!!], pero es porque quería incluir a Ron más. Me di cuenta de que no aparecía mucho al principio antes de morir y tenía la intención de cambiar eso en las versiones editadas. La N/A original está abajo, pero el Ron/Luna ya no vale en realidad porque no sale mucho más, si saben a lo que me refiero. ¡Adiós! [/SPOILER]. Creo que este capítulo está muy mejorado y espero que les haya gustado.

Pronto editaré los capítulos siguientes porque hay ciertas cosas que he cambiado en este, a saber Luna volviéndose novia de Ron y sabiendo que era una heredera desde el principio.

Gracias, xCNx

N/A original: no seguiré con Luna durante todo el fic, sólo este capítulo, pero a veces puede que lo haga en algún otro. Luna es difícil de escribir en sus años en Hogwarts ya que tiene esa forma de ser estrafalaria suya.

Pensaba empezar con Ron/Luna aquí, pero tenía que hacerlo. Siempre pensé que harían una pareja muy bonita. Es una pena que esa pareja no sea para este fic.

¡De todas formas, R&R!

¡Actualizaré tan pronto como pueda!
xDramione4Lyfx