Antes que nada, quiero agradecer a todos aquellos que han dejado su comentario en esta historia. De verdad me alegra que les esté gustando (aunque muchos de verdad se estén sintiendo como la viuda mientras leen el fanfic). Por tareas y problemas personales no he podido subir tan rápido los capítulos, y este capítulo lo hice apenas hace media hora…
Jen: (EO) He aquí.
Jen.
Recuerdo tus palabras hace casi tres años, cuando sabías que el más grande enigma de la vida (irónicamente) ya te asediaba; que si un viento salvaje me atacaba, y hacía cualquier clase de travesuras, allí estarías tú.
Desperté como todos los días de los últimos nueve meses, dejando a la media cama con la soledad de la otra media cama, para que así complementen sus propios pesares. No fue un día productivo, y aunque Senna (una de las mujeres embarazadas a quien atiendo) me dijo que la acompañara a comer algo en su casa, le dije que me esperaban en casa para la hora de la comida, y cuando iba a medio camino, recordé que Sokka volvió a ir en un viaje de cacería; no tenía a nadie esperándome, salvo el espacio vacío y el tiempo pasado que me atacan cuando miro hacia el techo.
No fui demasiado lejos; fui a una ladera cercana a la tribu agua, quizás uno de mis lugares favoritos en todo este lugar. Miré la puesta de sol, y pese a que son diferentes aquí y en Ciudad República, aquél sigue siendo el mismo. El mar se hallaba tranquilo en comparación a los días anteriores donde nos había atacado una ventisca, y en ocasiones es donde me refugio de las miradas de aquellos que creen que simplemente soy una anciana indefensa que no puede salir adelante ante la muerte de su esposo. Necesitaba un abrazo urgentemente, pero todos en quienes confío están más lejos que el sol.
Cuando aquel maestro fuego tomó la vida de mi madre, jamás me pude perdonar por ser débil, y jamás perdoné a su asesino. Cuando Azula tomó tu vida, tenía el agua del estanque de los espíritus, y regresaste…
Cuando ustedes se alejaron, me dejaron con lo único que nos queda después de la esperanza, y que es lo único verdadero e intangible; los recuerdos, el pasado, y entre todos ellos trato de buscar el conocimiento para salir de todo esto.
Tomé el collar de mi madre entre mis manos, y aunque el sol ya estaba por irse, todavía alcanzaba a iluminar algunas nubes que, curiosamente eran dos, y curiosamente tenían una forma curveada, casi como de una flecha. El agua comenzó a moverse, y un vientecillo tibio me recorrió la espalda en tanto levantó parte de mi cabello.
Sabes que cada mañana me despertaba, y pese a que no siempre te encontrabas allí, cuando te veía meditando, algo de tranquilidad también se me transmitía a mí. Era un contraste del sol con el azul grisáceo de los tatuajes…
Supe, entonces, que no estaba sola, y aunque quise que estuvieras allí para presenciar el ocaso, me di cuenta que estuviste allí... y que siempre has estado.
Digan lo que digan, eso fue para mí el mejor abrazo aéreo que me pudieron dar…
A mi edad solamente queda un gran misterio por resolver; tú ya lo resolviste…y yo aún no lo resuelvo (y no quisiera saber la respuesta), aunque espero que llegue el momento cuando de verdad tenga las herramientas necesarias para descubrirlo, y cuando eso suceda, ya no habrá más distancia…
Buenas noches, cariño. Pese a todo lo que te he contado, aún necesito el aire para vivir.
Katara.
