Una de las ventajas de ser la única hija, era tener su propia habitación. Ginny estaba acostumbrada a dormir sola en su propia cama, nunca tuvo que compartirla como sus hermanos. Cuando ingresó a Hogwarts pasó exactamente lo mismo, tenía su propia cama para ella sola.
El día que Harry y ella habían ido a escoger su recamara, decidió que fuera una no tan grande para así poder dormir muy cerca de él. Pero lo que no se imaginó es que a su, ahora esposo, le diera por abrazarla toda la noche sin dejarle el mas mínimo de espacio para poderse mover a su antojo.
- Harry, Harry – le decía Ginny quitándole el brazo que tenia encima de ella – hazte para allá.
- ¿Qué? – le preguntó Harry abriendo solamente un ojo.
- Me vas a tirar de la cama.
Harry con un pequeño salto de su cuerpo se movió apenas unos centímetros. Ginny bufó.
- Mas, ve tienes mucho espacio – Harry la obedeció y cerró de nuevo los ojos jalando la cobija para taparse.
Ginny se acomodó lo mejor posible. Aun no lograba acoplarse a su nueva cama, la suya ya la tenía moldeada a su cuerpo. Se movía de un lado a otro tratando de acomodarse.
- Deja de moverte.
- El colchón esta muy duro.
- Porque es nuevo.
- Te cambio el lugar.
- ¿Otra vez? Dijiste que ese lado de la cama era el que mas te gustaba.
- Si, es cierto.
- Ya duérmete.
- Abrázame.
- Primero me dices que me haga a un lado y después que te abrace.
- Es que terminas durmiéndote arriba de mí.
- Lo hago para que no te caigas de la cama de nuevo.
- Es que tú ocupas casi todo el espacio.
- Tú eres la que no dejas de moverte y siempre me golpeas en la cara.
- Tú roncas.
- No es cierto.
- Y además me quitas cobija – le dijo jalando la cobija hacia ella.
Harry se acomodó para volverse a dormir.
- ¿No me vas a abrazar?
- Ven, duérmete en mi pecho.
Ginny se acostó en el pecho de Harry y a los pocos segundos escucho el primer ronquido. Suspiró y se volvió a acostar en su lado de la cama tratando de acomodarse boca abajo. Cuando por fin lo logró y empezó a sentir el sueño llegar, un fuerte golpe en su espalda la hizo despertar. Era Harry, que se había movido y su brazo ahora descansaba sobre su espalda. Volvió a cerrar los ojos para no permitir que se le fuera el sueño, de pronto un fuerte ronquido resonó en su oído derecho.
Sabía que tarde o temprano se iba a acostumbrar a dormir acompañada, a compartir su cama con su esposo, pero en ese momento anhelaba tanto su propia cama para ella sola y así dormir como estaba acostumbrada.
