—Eres el segundo chico que aceptan en la Academia IS. Pero no pareces muy emocionado, yo lo estaría— Comentaba la chofer de la camioneta, tratando de romper el silencio.

—No estoy muy seguro de que esto sea lo mío.

—Pues llevando el apellido Dunois, cualquiera creería que sí lo es. ¿Es que te obligaron tus padres a venir?

—Algo así…

El muchacho no parecía tener intenciones de agregar nada más. De vez en cuando miraba a la conductora, morena y de pelo oscuro. Buscaba complicidad, algún leve rastro de comprensión, algo que le diera la seguridad de poder contarle lo que le pasaba. Pero, aunque lo hubiera encontrado, dudaba de que le dijera algo siquiera, no podría hacer más que empeorar todo. Así que simplemente se quedó observando a través de la ventana, pero sin mirar realmente. Sus ojos veían pasar una ciudad por la que nunca había estado, a miles de kilómetros de lo que quedaba de su hogar. Todo le resultaba nuevo, pero eso solo le preocupaba. Estaba sola, en una ciudad y un país que no conocía, fingiendo ser alguien que ni siquiera era de su mismo sexo.

«Solo tengo que reunir esa información rápido y podre irme» se decía a sí misma, pero no podía dejar de escuchar como muy dentro de ella como una voz susurraba « ¿Por qué?»

—Hemos llegado—la mujer, ya frente a su puerta, estaba abriéndole para que baje.

Se encontró con un edificio, pequeño en comparación a los que lo rodeaban. Era una estación de tren, o al menos eso creía que ponía en el cartel. Los kanjis aún le resultaban difíciles.

—Usa tu tarjeta de estudiante para entrar, el tranvía te llevara a la escuela— dijo mientras sacaba el ultimo bulto del maletero— Tus valijas.

—Muchas gracias ¿señorita…?

—Shihouin—Le dijo, alegre, sin pensárselo dos veces.

Compuso su mejor sonrisa tratando de que se viera sincera. En parte lo era, o lo hubiera sido en otras circunstancias. Camino hacia la puerta y puso su tarjeta. A sus lados había espejos, tan altos como la puerta, no pudo evitar mirarse a sí misma. Lo que antes era una chica ahora era un pequeño muchacho, rubio, flaco y delicado. No se parecía mucho a los amigos que tenía en el pueblo rural donde creció. Desde lo de su madre que no les veía…

—La gran mayoría de las chicas de la academia no han visto jamás a un chico, lo harás bien— la chofer se había quedado apoyada sobre su camioneta, observándole. Esas palabras le tranquilizaron un poco. Fue casi como si le leyera la mente, pero no pudo hacer más que darse vuelta y quedarse mirándola.

—No es solo eso...

—No importa que tengas que hacer ahí dentro— ya casi se había metido en el auto— solo hazlo. Disfruta del momento, a lo mejor encuentras la solución que buscas en el camino.

Apenas atino a decirle unas gracias antes de que se marchara. Estaba ella sola devuelta. Pensó un momento y una sonrisa se imprimió en su rostro. La puerta empezaba a cerrarse otra vez, cansada de esperarla, pero ella se limitó a pasar su mano por el medio con un rápido movimiento, haciendo que vuelva a abrirse. Tomo su valijas y dio un suspiro corto, alegre; entro y tras ella se cerró, al igual que la puerta, su destino.

Había estado todo el mañana ahí sentado, con su chaqueta colgando del respaldo de la silla, esperando a que saliera el primer tranvía. Era un joven alto, de pelo negro, que se hallaba rodeado de maletas, libros desparramados y un termo de café casi vacío. No recordaba la última vez que tuvo que estudiar tanto. Le escocían los ojos y ahora le empezaba a doler la cabeza.

—Hola. ¿Tú también eres nuevo?

— ¿Eh?

Sorprendido por la nueva voz levanto la vista. Un muchacho rubio estaba frente a él, mirándolo casi con la misma sorpresa que él. Llevaba su mismo, una chaqueta y pantalones blancos, con líneas rojas y azules a los costados.

— ¡Ah, sí! Perdón, todo este material me tiene loco.

El muchacho rubio le dedico una breve y aguda risita.

—Creí que sería el único chico nuevo aquí.

—Y yo ni tenía idea de quien más vendría. Me llamaron para unas pruebas con IS, por lo del primer piloto masculino, y di positivo...—paro al darse cuenta de que lo estaba repitiendo de memoria, y sin que se lo preguntasen— ¿Cómo te llamas?

—Charles Dunois, encantado. ¿Y tú eres?

El nombre le sonaba, y mucho, estaba seguro que Urahara se lo había comentado. No conseguía recordarlo, y el creciente dolor de cabeza no ayudaba. Se froto un poco la frente antes de contestar. Necesitaba tranquilizarse, jamás había hecho trabajos donde tuviera que relacionarse—y mentir— tan abiertamente, a tantas personas. Hacía mucho que dejo de ser un estudiante, era como volver a aquellos días en lo que lo más cercano a una espada eran los cuchillos de juguete de los «matones» del colegio.

—Este maldito dolor de cabeza... disculpa, me llamo Saeki Etsu.

—Esto... ¿Saeki no es nombre de chica?

—No, no—Dijo Etsu con un gesto un poco más calmado— Saeki es mi apellido y Etsu mi nombre, los japoneses decimos nuestros nombres al revés de como lo hacen ustedes. Tu apellido me suena, no puedo recordar de donde...

—Es porque es el nombre de una compañía que fabrica IS, soy... hijo de su presidente— Dijo mientras desviaba su mirada al tranvía, para después volver a mirarle a el— Vengo de Francia.

—Algún día me gustaría visitar...

La voz de los altavoces les interrumpió. Monótona, se extendió por todo el recinto.

—Alumnos, favor de abordar el tranvía.

Etsu junto como pudieron sus cosas en una mochila, agarro su chaqueta y valijas. Siguió a su nuevo compañero hacia el vehículo. Justo cuando la puerta estaba por cerrase escucharon como gritaban en la entrada.

— ¡Espérenos!— Un hombre y un muchacho corrían hacia el tranvía. Lo único que tenían en común era su pelo, totalmente blanco. Pero el hombre era alto, de pelo lacio y piel clara, con expresión casi alegre; mientras que el joven, bajito, con pelo en punta y tez morena, llevaba una cara mucho más seria e irritada.

Al parecer este dúo fue lo que más llamo la atención de Charles, Etsu ya les conocía de sobra, aunque creía que el muchacho estaba muerto hace mucho. Pero conocía mucho más a quienes venían tras ellos, pero justamente fue por eso que tuvo que contenerse con todas sus fuerzas. Eran dos chicas, una rubia y una morocha. Sus hermanas, ellas no le reconocían, su nuevo cuerpo lo evitaba. Pero a la vez ese mismo cuerpo era el que con cada musculo pedía ir corriendo hacia ellas, quería abrazarles, quería preguntarles como habían estado, incluso pedirles perdón por aquella pelea estúpida que tantos años los separo. Con mucho esfuerzo logro limitarse, a componer una expresión de cortés alegría mientras agarraba la puerta.

Algo similar le debió pasar al hombre de pelo blanco, porque por un momento pareció que estaba viendo un fantasma. El nuevo grupo se apuró a entrar. Con solo saludarse como desconocidos, sus hermanas pasaron a su lado, siguiendo al muchacho. Charles tuvo más suerte, se integró y se fue a charlar un poco con ellos en los asientos del frente. Mientras el hombre se había quedado a su lado, saludándole alegremente.

— ¡Hola! tú debes ser uno de los nuevos estudiantes, yo soy el profesor Ukitake, espero nos llevemos bien— Dijo ofreciéndole la mano y acercándose, para hablar por lo bajo— Shunsui me llamo de repente, lo siento si no te avisamos antes.

—¿Que hacen ellas aquí?—pregunto, también con lo bajo y con una gran sonrisa que daba más miedo que otra cosas, a la vez que le apretaba fuertemente la mano—Si les pasa algo...

—Tranquilo Ichigo, están bajo nuestro cuidado— le decía mientras le conducía a los asientos del fondo del tranvía, lejos del resto—. Ya se saben defender muy bien además, solo pensamos que era tiempo de que volvieran a verse.

—De que me sirve, si no les puedo decir ni mi nombre. ¿Y Toshiro no estaba muerto?

—Mayuri, lo tenía guardado y se acordó de revivirle.

—Ya, seguro tiene una docena de aparatos raros dentro.

—Los médicos me dijeron que estaba limpio.

—No sabes cuanta confianza me da eso.

—Y tu ¿Qué haces disfrazado como Kaien?

—Idea de Urahara, dijo que era mejor que use algo similar a mi forma de siempre.

—Entiendo, bueno, no importa ¿no notaste nada raro en esa chica?

— ¿Aparte de que se hace pasar por un hombre?

—Digo, en su reiatsu.

—No puedo sentir reiatsu ¿No te lo dijeron? Urahara y sus locos experimentos, larga historia.

—Bueno, ya nos arreglaremos con eso. De momento tienes que cuidarle, aunque nadie debería darse cuenta si pasa desapercibida. Creemos que es mejor dejarla vivir, pero si la cámara se entera la querrá muerta.

—Espera, espera, espera. No puede ser que sea una de ellos.

—Pues lo es, no sabemos cómo su cuerpo aguanta. Solo confió en que le protejas mientras lo averiguamos.

—Está bien— dijo tras pensárselo un momento.

Se quedó mirando al grupo de delante. Sus hermanas charlaban alegremente con su nueva protegida, hablándole a Toshiro de vez en cuando para que se una. La última de una estirpe que el mismo condeno a extinguirse. Se preguntaba que le habría pasado, que habrá sido, en verdad, de su familia. Aquel viejo impulso de proteger al prójimo volvía a escena, pero esta vez lo acompañaba algo diferente...

Culpa.