Nota de Autor: Lamento la tardanza, con el trabajo y otras cosas estoy muy cansada para dedicarme a FF. Besitos a todos los que me siguen esperando; prometo actualizar en cuanto tenga energía. ¡Gracias por leer!
Contrario a lo que todos esperaban, no vieron a Mikoshiba Momotarou de nuevo tras ese fin de semana y la semana siguiente. Sora era lo suficientemente prudente para no mencionarlo alrededor de Yamato, pero Daisuke nunca había sido exactamente conocido por su tacto.
—No sé cuál es el punto de ver a Momo-kun de nuevo si no va a pasar con nosotros. Es como si Mimi fuera la única persona que conoce en este maldito lugar.
Hikari le envió una mirada acusadora, palmando su mano lejos de su selección de fruta.
—Eso no es de tu incumbencia, sabes.
—Jugaremos contra ellos el miércoles —Takeru dijo, masticando unas papitas—. Puedes verlo entonces, supongo.
—Sí, pero no es lo mismo —Daisuke se quejó—. Me molesta cuando mis amigos me desatienden a propósito.
Había estado tomando un curso de inteligencia emocional y era alentado por su profesor y terapeuta a expresar sus sentimientos a través de conversaciones regulares en vez de las ocasionales explosiones de sinceridad por lo que lo conocían sus amigos. Daisuke pensaba que estaba haciendo maravillas con su genio, pero Takeru encontraba todo el asunto bastante cómico y francamente, algo ridículo.
—Debes pasar mucho tiempo molesto —el joven rubio murmuró y, al ver la expresión confusa de Daisuke y la mirada de advertencia de Hikari agregó —, ten esta galleta.
Daisuke la aceptó sin sospecha, mordiendo distraído mientras Mimi pasaba con prisa, agitando la mano con entusiasmo antes de desaparecer tras un grupo de jóvenes que traía en los talones. Les hizo un movimiento con la mano, alejándolos mientras caminaba hacia sus amigos con los labios torcidos.
—Juro que no me dan ni un momento sola —se quejó, dejándose caer a lado de Sora.
—¿Agobiada por la popularidad?
Mimi alzó la mirada y estuvo a punto de sonreír a Taichi cuando vi un flash de dorado y ojos color azul profundo.
—Ya me conoces, no estoy acostumbrada a la atención —dijo, aunque la risa de Taichi reveló que no pudo ver que su mirada estaba fija en Yamato.
El rubio, estoico como siempre, la ignoró.
—Mimi —Daisuke le llamó—, ¿has visto a Mikoshiba-kun? Bueno, claro que lo has visto. ¿Pero puedes darle un mensaje?
Dio un brinquillo, un pequeño músculo temblando bajo su ojo.
—¿Cuál Miko—? Ah, no importa, sí, por supuesto, lo que necesites.
—¡Genial! Dile que está siendo un imbécil—no, Mimi, es en serio — y se explayó dándole una detallada explicación de todos los expletivos que Mimi debía pasar al joven Momotarou.
Sora podría jurar que vio las pupilas de Yamato oscurecerse pero un segundo después ya se había dado la vuelta, murmurando algo acerca de ir a clase. Ella decidió no mencionar que era hora de almuerzo y lo observó irse en silencio.
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El miércoles llegó tan rápido que era difícil ubicar en qué momento pasó el martes. Takeru se aseguró de que todos sus amigos supieran que tenía un partido esa tarde, más que todo porque le daba una oportunidad de presumir (algo que nunca pasaba por alto), pero también porque Sora hizo hincapié en que deberían tratar de mantener las cosas lo más normal que fuera posible con La Ruptura (ahora en cursiva), arrastrando tras sus amigos. Ya había pasado un mes pero no creía que cualquiera de los dos lo estaba manejando tan bien como decían hacerlo. Jyou estaba de acuerdo con ella, pero amablemente rechazó toda oportunidad de intervenir. Son sus asuntos personales, insistió, a pesar de las protestas de su novia.
A pesar de su apariencia relativamente inocente, Takeru era un jugador feroz. Era veloz sobre sus pies y tenía muy buen ojo para las jugadas, lo que lo convertía en un oponente respetable y el mejor candidato a convertirse en el siguiente capitán de su equipo de baloncesto. Ellos estaban sentados en las graderías, animando al equipo de su universidad cuando tuvieron la oportunidad de ver lo distinto que era este Momotarou del que recordaban de aquella fiesta. Aunque era un chico muy ameno y agradable (a veces demasiado ameno e infantil), era una amenaza innegable en la cancha. El equipo de Takeru estaba teniendo dificultades siquiera en marcarlo y él solo era responsable de la mayoría de los puntos en el marcador — incluso entre ambos equipos.
Taichi y Daisuke estaban al borde de sus asientos, gritando obscenidades y profanidades mientras que Yamato sutilmente se alejaba de ellos, ojos pegados en el partido. Al otro lado estaba Miyako, tirando de la manga de Hikari y apuntando con el dedo y con la mirada y haciendo soniditos de sorpresa y felicidad cada vez que aparecía un chico atractivo frente a ella.
—Dios mío —murmuró—, mira a ese hombre en las graderías. No, no ese, Hikari, ¡aunque está guapísimo! No, me refiero a — ahí, míralo ahí, al otro lado. El pelirrojo sensual con la castaña a su lado y — oh por Dios, ¿esa es Mimi?
Todo sucedió demasiado rápido para los ojos de Sora. Se volteó, al igual que Jyou, Hikari y Yamato, a ver de quién hablaba Miyako. Mientras tanto, el resto estaban saltando de pie, alzando los brazos y gruñendo tras un excelente tiro que Momotarou había hecho. Sora vio a Mimi aplaudir prudentemente, sentada muy cómoda a lado de un chico enorme y muy atractivo con cabello rojo color fuego, sospechosamente similar al de Momotarou. El juego terminó en una pérdida, lo que hizo que Takeru estuviera irritable y al resto decepcionados pero tratando de animarlo.
Mimi aún estaba lejos, aplaudiendo a Momo a pesar de que acababa de hacer papilla al equipo de su universidad. Por eso, Takeru estaba gravemente lastimado, bajando sus hombros y gimiendo en los brazos de Hikari. Mimi lo vio y gentilmente tocó el antebrazo de su acompañante, murmurando algo antes de acercarse a paso ligero.
—¡Oh, Take-chan!—exclamó, trayéndolo hacia sí en un abrazo sin importarle que estaba sudado y sucio—. Jugaste muy bien. ¡Lamento que hayas perdido!
—Eres mala, Mi-chan —dijo—, tus lealtades están comprometidas —el chico gruñó, quejándose (aunque no antes de acariciarla, su mejilla oculta en la curva de su cuello).
—Yo nunca—dijo, extendiendo una mano en indignación a su corazón—. Es que después de ... bueno, yo pensé que le haría falta apoyo a Momo-kun. Realmente no esperaba que ganara.
—¡Mimi-kun!—una voz, fuerte y sonora se hizo escuchar y algo tembló en el rostro de Mimi. Se dio vuelta para ver a el gigante con quién había estado (era verdaderamente alto, Sora pudo ver), su rostro sonriente y cabello brillante saludando a la distancia. A su lado estaban Momo y otro chico, discutiendo y riendo abiertamente.
—Le dije que dejara el kun... —Mimi murmuró en un aliento, sus mejillas adquiriendo un fuerte color rosa.
—¡Mimi-san apresúrate; vamos a celebrar!—puso sus manos alrededor de su boca—. ¡Mejor suerte la próxima, Takaishi!
—Lo juro —Takeru masculló—, es imposible.
—Eh, ¿Mimi? —Taichi preguntó, una ceja enarcada—. ¿Quién es tu amigo?
Para su sorpresa, fue Yamato quien contestó.
—Mikoshiba Seijuurou —dijo simplemente.
—Dios mío, ¿puedes dejar de ser tan raro?—Mimi se quejó, irritada—. ¡Ugh!
"Oh God, can you be less weird?" Mimi snapped. "Ugh."
Él alejó su mirada, metiendo las manos dentro de sus bolsillos, viéndose como si nada hubiera pasado y ella no le había gritado frente a todos antes de irse molesta a los brazos expectantes de Seijuurou, quién se miraba muy feliz cuando le arrebató la mano y la tomó fuertemente entre la suya. Tras las miradas silenciosas y acusadoras, Yamato se encogió de hombros.
—Lo he visto por ahí.
—Eso es una atenuación —Takeru dijo en un respiro, pero su hermano lo calló con una mirada.
Y luego, Daisuke preguntó lo que todos eran demasiado prudentes para mencionar.
—¿Lo dejó por su hermano?
Yamato frunció el ceño.
—¿Cómo es eso sorprendente?
—¿Cómo no? —Daisuke continuó, claramente muy indignado para pensar en a quién se dirigía—. Eso es lo más vi—pero fue incapaz de continuar, porque la mano de Hikari estaba sobre su boca y lo arrastraba lejos del grupo, regañándolo por ser un idiota insensible.
Sora tocó el brazo de Yamato y él la miró hacia abajo (siempre había odiado cuando los hombres altos hacían esto) y sólo parpadeo.
—Estoy bien, Sora —le aseguró—. En serio.
—No puedes estar tan bien —ella dio, frunciendo los labios. Yamato se encogió de hombros.
—Fue su elección —dijo, gentilmente zafándose de su agarre y asintiendo hacia Takeru—, ahora llevemos a este tonto a algún lado antes de que comience a llorar.
—Oi, escuché eso.
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El problema, sabía, no era su acompañante. Era una belleza para ver — Dios, sus brazos tenían que ser dos de las cosas más fantásticas que alguna vez tuvo en sus manos, y su cabello era genial y tenía una sonrisa que podía derretir a cualquier chica en su presencia. Era amable, dulce y realmente gracioso, también; la había hecho reír desde que lo conoció hacía un tiempo ya.
Se conocieron brevemente, una vez, en un torneo intercolegial de voleibol. Mimi había ido con unos amigos, ya que Yamato estaba fuera de la ciudad visitando a su abuela, y se encontró sin querer con el equipo de Samezuka. Tratando de salir del edificio había pedido su ayuda y desde entonces, él se había encaprichado con ella, alegando que era "muy linda". Se encontraron un par de veces más, aisladas y accidentales y siempre había sido corto, dulce y divertido, pero siempre lo olvidaba una vez que Yamato aparecía de nuevo. Muchas veces, olvidaba todo lo demás cuando él estaba ahí.
El problema era que, a pesar de lo dulce que era con ella, Mimi no podía evitar sentir que la habían pateado en el estómago desde que vio a su ex-pareja un par de días antes, tras el partido de Momotarou y Takeru. Y eso la molestaba.
—Mimi-kun —Seijuurou dijo—, le prometí a Momo que lo llevaría a su práctica esta tarde, ¿te molestaría? Podemos hacer lo que sea que tu dulce corazón desee, justo después.
—Podrías sólo llamarme chan —insistió, torciendo los labios por lo que parecía ser la enésima vez—. No soy un chico.
Seijuurou rió, y su risa era contagiosa tanto que incluso ella estaba medio sonriendo cuando finalmente habló.
—No tiene nada que ver con eso, Mimi-kun —le dijo, acercándose a ella y pasando uno de sus mechones sueltos tras su oreja—, estoy muy consciente de que eres una chica.
Con las mejillas ardiendo sin piedad, Mimi alejó su rostro y se rehusó a mirarlo a los ojos en el camino a la práctica de Momo. Como solía suceder, no era un práctica formal. Algunos de sus amigos se habían puesto de acuerdo para hacer un par de tiros y jugar tranquilos en un parque público en honor a su último partido, lo que significaba que Mimi no estaba en lo más mínimo preparada para ver el cabello rubio de Takeru aparecer a la distancia.
—¡Niisan!—Momotarou se quejó, su bolso colgando peligrosamente de su hombro—. ¡No acapares toda la atención de Mimi-san!
—¡Momo! Nunca vas a impresionar a Mimi-kun si no le muestras tus impresionantes habilidades —Seijuurou lo animó, poniendo un brazo alrededor de su joven hermano mientras Mimi sonreía confundida desde una distancia—. ¡Debes enseñarle lo que un verdadero Mikoshiba puede hacer!
Momo, aún atrapado en el medio abrazo de su hermano y animado por sus palabras, alzó su puño en el aire, sus ojos brillando con determinación—. ¡Ho! ¡Quedarás impresionada, Mimi-san, lo prometo!
—Estoy segura que sí, Momo-kun —Mimi rió, agitando la mano con gracia mientras Seijuurou se acercaba a ladrar instrucciones a su hermano y compañeros.
—¿Quieres una bebida?—preguntó—. ¿Algo de comer? ¿Cualquier cosa?—Mimi dudó un segundo y juró que le brillaba el rostro cuando sonrió—. ¡Vuelvo enseguida!
Con su ojo temblando de nuevo, Mimi suspiró, arreglando sus pantalones de denim claro una vez que vio a Hikari y Yamato sentados a la distancia. Se acercó tímidamente, no queriendo ser grosera con Hikari, pero la chica se alejó rápidamente con el teléfono en mano, ni siquiera viéndola y dejando a Mimi a medio camino, muy lejos ya para darse la vuelta. Suspirando, cerró la distancia entre ellos.
Yamato la miraba en silencio, una ceja enarcada elegantemente hacia ella.
—Hola —saludó.
—Hola.
—Quería saludar a Hikari.
—Imaginé que sí.
—¿Le dirás que pasé por aquí?
—Creo que puedes decirle tú misma.
Mimi torció los labios pero decidiendo que no quería comenzar otra pelea, se sentó en la banca debajo de la suya, dándole la espalda.
—Me sorprende que estés aquí —le dijo en lo que claramente creía era un tono de conversación—. Ni siquiera te gusta el baloncesto.
—Ni a ti —Mimi contestó casual, aunque las puntas de las orejas se le pusieron rojas.
—Tenía que traer a Takeru —él dijo, y casi podía escucharlo sonreír—. Lo sabes.
—Bueno, yo también venía con alguien.
—Ah, por supuesto. El joven Momo — ¿qué tal va eso?
Cruzando sus brazos sobre su pecho, Mimi ladeó su cuerpo ligeramente hacia él, sus cejas fruncidas profundamente.
—Si tienes algo que decir, Ishida, sólo suéltalo. Claramente, mueres por decirlo desde la fiesta.
—Tiene la edad de Takeru, Mimi.
—¿Y? Tú eres mayor que yo y eso nunca te detuvo de salir conmigo — pareció haberlo lastimado por un segundo y se miraba como que estaba a punto de tragarse lo que sea que quería decir, porque Hikari iba llegando y su sonrisa desapareció casi al mismo tiempo que vio el rostro de Mimi cambiar de un pálido blanco a rojo furioso—. Además, sucede que lo encuentro encantador —agregó con un vicio y Yamato apenas la miró.
—También lo es Seijuurou. Y su hermana, definitivamente te encantará.
—¿Qué?
—Yamato, no creo — Hikari comenzó, pero ya estaba muy adentro para detenerse.
—Momo se pone de mal humor si no duerme bien y le gusta coleccionar bichos. Escarabajos ciervos, si mi memoria no me falla —sonrió con frialdad—. Y ambos sabemos que mi memoria no falla. Con la boca abierta, Mimi se puso de pie mientras Yamato sacó su teléfono, moviendo sus dedos sobre él e ignorándola descaradamente—. No estaba siendo raro, Mimi-kun; Seijuurou y yo solíamos cuidar a su hermano y Takeru.
—Oh, por Dios.
—No, Mimi, yo—,
—Déjala ir, Hikari.
La observaron alejarse furiosa, y Hikari mordía sus uñas de los nervios, cejas tensas en su frente.
—¿Qué rayos acaba de pasar?—preguntó, pero los ojos zafiro de Yamato estaban fijos en la espalda de Mimi y como el mayor de los Mikoshiba se le acercaba, cargando bebidas y golosinas para ella.
—No puedo creerlo —murmuró en voz baja—, está jodidamente brillando.
—Mimi-kun, ¿te molesté? —Seijuurou preguntó tras unos minutos de tensión. Mimi se sintió muy mal, pensando que había arruinado su tarde por una estupidez y se acurrucó cerca de él, hundiendo su rostro en su hombro, suspirando.
—¿Sei-kun?—finalmente preguntó, su voz un chillido agudo de su tono usual—. No conoces a ese chico, ¿o sí?
Siguió su mirada tímida y sus labios, que previamente estaban en una fina línea, se estiraron en una gran sonrisa, sus ojos brillando de esa manera tan particular que compartía con su hermano. Alzando su otro brazo saludó al rubio, gritando: ¡Yamato-kun, tanto tiempo sin verte!
Mimi gimió como un animalito herido, halando sus mejillas mientras que Mikoshiba Seijuurou corría a saludar a quién resultaba ser un amigo perdido de su infancia. Se hundió en su asiento, deseando poder ahogarse en su bebida de té verde y preguntándose como una persona podía tener tanta mala suerte.
