Hola chicas acá estoy con un nuevo capítulo, espero que les guste tanto como el anterior y que me lo hagan saber dejándome sus hermosos reviews, gracias a aquellas que así lo hicieron en el capitulo pasado y a las que no pues también gracias por tomarse el tiempo para leer. Ya saben esta historia es la adaptación de un libro el cual al final de la historia les daré su nombre y autor; lo hago sin fines de lucro y como siempre aclarando que los personajes acá usados son de la fabulosa Sra. Stephenie Meyer; este cap es un poco intenso como lo verán más adelante, ok no me extiendo mucho, que lo disfruten… besos….

Capitulo 2: Concubina

A medida que se acercaban a la puerta imperial, el alto arco se elevó sobre ellos, más de cien guardias patrullaban cada centímetro del perímetro, manteniendo el palacio libre de ataques. Rodeado por sus acompañantes, Edward entró, a pesar de mantener a Bella muy cerca, ella mantenía los hombros rígidos en un esfuerzo por evitar su toque.

Pasaron por hileras de columnas de mármol y pabellones elaborados con el aire impregnado de olor a flores, aunque fuese otoño, el silencio gobernaba en el palacio, los cientos de esclavos se afanaban en sus deberes con suaves pasos. Era una orden que ningún hombre o mujer debía perturbar la paz del lugar.

Edward desmontó dentro del patio y bajó a Bella del caballo. Su cara estaba congestionada de miedo, sus oscuros ojos marrón chocolate aterrorizados.

—Mantén el manto por ahora— le ordenó —hasta que te sea entregada ropa más adecuada—

— ¿Me vas a dejar sola aquí?— susurró ella, él la observó con gesto severo.

Los aposentos del harén estaban prohibidos a todos, salvo los eunucos y la familia real, seguramente sería el lugar más seguro para ella.

Extendió su mano para tocar el cabello de Bella, asegurándole silenciosamente que todo estaría bien pero él sabía que podría no estarlo, los celos y la venganza eran las más oscuras sombras en el harén. Cada mujer tenía un rango y a Bella le sería dado el lugar más bajo, obligada a servir a las otras mujeres.

Esta valiente mujer, con todos los derechos de una princesa beduina, merecía más. Déjala estar, ordenó su mente, tu propia vida podría acabar de madrugada… Déjala ir. Pero Bella era diferente a las otras, una mujer sin miedo de ver la violencia en losojos y enfrentarla con serenidad, era alguien que podría ofrecerle confort, mientras élse enfrentaba a la ira de su padre o ganaba su propia salvación.

Edward gesticuló hacíael jefe de los eunucos, para que se acercase.

—Llévala al harén, prepárala… y esta noche, llévala a mis aposentos—

Bella estaba sorprendida con la extravagancia del palacio Topkapi. El eunuco de piel oscura la llevó a través de la puerta corredera y a través del Tribunal de Eunucos, hasta llegar a un pequeño patio escondido, luego la llevaron al harén, donde no se oía nada, excepto el suave goteo de las fuentes y el ocasional canto de los pájaros, era como si la tranquilidad se hubiese encerrado en una coraza de opulencia. Las paredes refulgían con brillantes tejas de porcelana azules y doradas, los suelos de frío mármol bajo sus pies, una vez dentro del harén, el eunuco la llevó a través de un laberinto de corredores donde vio a cientos de mujeres, algunas reclinadas sobre divanes mientras ella oía el sonido del agua cayendo en una de las bañeras cercanas.

A pesar del gran número de ambientes, existía una perceptible atmósfera sensual y atractiva, escuchó el suave sonido de un instrumento de cuerda siendo tocado, mientras una joven voz cantaba. Bella se aferró a los bordes del manto de Edward, incapaz de adivinar lo que podría ocurrirle, el olor de su piel impregnaba la tela, una fragancia picante y almizcleña que le hacía sostenerla más cerca, entonces cada vez más, se dio cuenta que él era alguien de importancia pues había sabido exactamente donde llevarla dentro del palacio y se comportaba como si fuera familiar para él.

—El hombre que me trajo aquí— le susurró al eunuco —Edward… Es uno de los príncipes… ¿verdad? —

El eunuco inclinó su cabeza —En efecto, y ordenó que usted fuese llevada a él esta noche, usted visitará el hamam y será bañada y masajeada, como es apropiado en la concubina de un príncipe—

Bella no respondió, la ardiente necesidad de escapar, huir de esta nueva prisión, la oprimía. Nunca antes había sido tocada por un hombre, y el pensamiento de sucumbir su virtud era nada menos que terrorífico, un padre beduino podría cortar la carne de su hija en pedazos, si ella entregase su virginidad en un acto de lujuria, sin embargo nadie de su familia había sobrevivido. Su corazón lamentó la pérdida, había sido tomada por el enemigo, sin saber qué miembros de su tribu habían conseguido huir, pero no antes de que hubiera visto los cuerpos caídos de su padre, madre y hermana menor, el dolor brotó dentro de ella, amenazando con romper la coraza emocional que había creado, enfadada, se secó una lágrima que rodaba por su mejilla.

No puedes pensar en ellos ahora… Nadie te rescatará de este lugar… Tienes que confiar en ti misma…

¿Por qué el Príncipe Edward la quería? Desentrenada en las artes del amor, ella nunca había conocido el afecto de un hombre y, sin embargo, estaba destinada a convertirse en su odalisca, una esclava que él usaría para su propio placer. Alá ¿Qué podía hacer? ¿Había alguna forma de evitar este destino?

El palacio Topkapi era desconocido para ella, su familia había morado en tiendas negras a lo largo de la costa del Mediterráneo, viajando de lugar en lugar, el solo pensamiento de vivir aquí la llenaba de espanto y sentía urgencia por escapar, pero ¿Cómo? Si cada esquina estaba vigilada por los soldados reales que no vacilarían en impedirle que se fuera, sería imprudente arriesgarse sin conocer su entorno. Su padre le había enseñado a pensar siempre cuidadosamente antes de tomar una decisión, por ahora, necesitaba aprender más sobre la vida en el harén y descubrir la mejor forma de ganar su libertad.

Vio a una de las mujeres circasianas más jóvenes sonriendo hacia ella, con piel pálida y profundos ojos negros, la mujer descansaba encima de un diván, vestida con una túnica de seda que exhibía sus generosas curvas. La mirada que dirigió a Bella fue de completa superioridad.

-No soy una de vosotras- pensó Bella para sí misma – Y nunca seré una de vosotras-

Enderezó sus hombros y siguió al eunuco por otro corredor, pasaron un grupo de bailarinas que giraban en círculos, sus velos y faldas adheridas a sus esbeltas piernas, él la condujo a un pequeño apartamento, en la profundidad del harén.

—Va a conocer a la sultana superior, la Princesa Rosalie más tarde— le explicó —Ella gobierna el harén, junto a las esposas del sultán, por ahora, la llevaré con, Lady Sulpicia, ella la instruirá y le dirá todo lo que necesita saber—

Lady Sulpicia era una mujer mayor que vestía ropas de color rojo profundo mientras una túnica anteri blanca y unos pantalones se revelaban por debajo. Su cabello estaba escondido bajo un turbante flojo y esmeraldas y diamantes adornaban su cuello y muñecas.

— ¿Me has traído una nueva chica? —

—Sí, mi señora, ella se ha ganado el favor del Príncipe Edward, y ha ordenado que sea preparada para él esta noche— El eunuco se inclinó y se fue, dejando a Bella con la mujer.

Arrugas cubrieron el rostro de Sulpicia mientras daba un lento círculo alrededor de Bella.

—Retírate el manto — le ordenó.

Bella apretó la tela firmemente y Sulpicia le envió una fría mirada.

—Si vas a sobrevivir a esta nueva vida, tienes que aprender a obedecer órdenes, el príncipe no tolerará insolencias, especialmente de una esclava— Entonces la mujer mayor retiró cuidadosamente el manto —Sé que el harén será algo nuevo para ti, pero estás entre las bendecidas de ser traídas aquí— Delicadamente retiró el manto de Bella y la inspeccionó, chascando la lengua con desaprobación. Con una rápida orden a otra esclava, la mujer mayor ordenó que le trajesen comida.

Una vez que Bella había comido, Lady Sulpicia le mandó levantarse.

—Ven, te llevaré a los baños—

El interior del hamam era cálido, con vapor elevándose de las aguas, Lady Sulpicia le dio un par de zuecos de madera para proteger sus pies del mármol caliente y cuando Bella entró, vio a una docena de mujeres hablando suavemente entre ellas. Tanto las mujeres de piel oscura como las de piel clara estaban sentadas en el vapor, sus formas exuberantes sólo recordaban a Bella sus propias limitaciones, sus senos eran pequeños, del tamaño de manzanas, mientras que sus caderas eran muy estrechas.

Bella se sentó en un banquito para descansar sus doloridos pies, mientras el vapor se expandía feliz a su alrededor, tan pronto se relajó, el sudor brotó de su piel, las gotas se deslizaban por su garganta hasta sus senos, ella se preguntaba si Edward trataría de tocarla, y sus pezones se endurecieron con la visión prohibida, cruzó sus brazos sobre su pecho, y la suave presión sobre las sensibles puntas volvió su respiración pesada.

Una de las otras esclavas extendió una pasta sobre su piel y enseguida la retiró con conchas de mejillones, antes de retirar con agua el cabello de su cuerpo, la limpiaron con una esponja de mar áspera y lavaron su pelo, finalmente la asistente derramó varios cubos de agua sobre ella.

Era extraño estar desnuda de esa forma delante de otras mujeres, pero ninguna parecía desconcertada en absoluto. Una mujer estaba tumbada en el vapor, el sudor brillaba sobre su cuerpo desnudo, otra esclava trajo aceites perfumados, y Bella se sorprendió cuando la mujer comenzó a masajearla, después del pesado vapor cerró los ojos, rindiéndose al toque, sus doloridos músculos se relajaron, y mientras las manos de la esclava se deslizaban sobre su piel, se encontró pensando en Edward una vez más. Era guapo, con unos ojos verdes penetrantes que la atraían, cualquier mujer estaría honrada de convertirse en su concubina, Bella se estremeció cuando las manos de la esclava se movieron a su cuello y hombros, deslizándose sobre sus senos y su baja espalda, un impactante dolor de placer resonó a través de su cuerpo, entre sus piernas.

Aunque la esclava no estaba más que cumpliendo con su deber, Bella se encontró respondiendo de una forma que no entendía, su cuerpo se volvió más sensible, y la piel de gallina aparecía a medida que iba siendo cubierta de fragancia. Durante el resto de la tarde fue reclinada en un sofá, y su cuerpo cubierto con telas calientes, aunque sabía que tenía que estar planeando su fuga, era como si su mente hubiese caído en el hechizo del harén, su piel nunca se había sentido tan suave, su cabello cayendo sobre sus hombros en un oscuro y liso velo. Ella sospechaba que algo más había sido mezclado con el aceite de masaje, algo para despertar sus propios deseos.

El mundo del harén la estaba capturando en su sedosa tela secreta de placer sensual y con cada minuto que pasaba, perdía los paños hasta que su piel desnuda se secaba al aire cálido. Edward querría reclamarla, para hacer que se sometiera en su cama, imaginaba su cuerpo cubriendo el de ella, y cómo sería cuando él invadiese su parte más íntima.

La humedad creció entre sus piernas, y la extraña sensación parecía impregnar cada parte de ella, en su mente, veía sus manos adelantándose para tocarla, pero en lugar de escapar de él, se encontraba atrapada, apoyándose en él como si así pudiese saciar su creciente necesidad.

No hagas esto, se advertía a sí misma. Tienes que huir... No puedes quedarte aquí.

Pero al poco tiempo, Lady Sulpicia vino para llevarla al príncipe. Bella vestía ropa de gasa que era muy transparente yrevelaban cada curva de su cuerpo, finalmente, vestía una larga túnica, que cubría toda la vestimenta, su cabello estaba trenzado, y encima de su cabeza llevaba un pequeño sombrero con dos velos en la parte delantera y en la trasera para cubrir su rostro.

—Creo que el Príncipe Edward te encontrará agradable, a pesar de tu delgadez — dijo la mujer —Si le proporcionas gran placer, te recompensará—

La piel de Bella se erizó de miedo, su cuerpo se enfrió, no era una verdadera concubina, ni lo sería, el príncipe podía haberla rescatado del mercado de esclavos, pero no tenía ningún deseo de perderse de esta manera, quería regresar a casa y descubrir si alguno de los miembros de su tribu había sobrevivido, una vida de este lujo no le sentaba bien a todo el mundo. Necesitaba su libertad y a sus amados caballos.

Vagamente recordaba a Lady Sulpicia ofreciéndole asesoramiento sobre cómo llevar al príncipe a su propio placer físico, pero su mente se negaba a escuchar, ahora mismo, trataba de memorizar el interior del palacio, buscando esquinas sin vigilancia que podrían permitirle un escape.

—Entra en la cama del príncipe por los pies, permaneciendo bajo las sábanas hasta que lo alcances— la aconsejó Lady Sulpicia —Muéstrale tu humildad y reconoce que él es tu maestro— Después la mujer le dio a Bella una bolsa de terciopelo —Lleva esto contigo— le ordenó —El príncipe Edward querrá que lo uses esta noche—

Cuando Bella miró dentro de la bolsa, no vio nada salvo un pequeño frasco, dejó el cordón fuertemente cerrado, decidiendo que encontraría una salida a esto. Otro eunuco de piel oscura la llevó por un pasillo sinuoso Bella pasó suelos de mosaico, e intrincadas paredes de porcelana con incrustaciones de oro, de nuevo el silencio del palacio la sorprendió, ahora que estaba fuera de los cuartos de las mujeres.

En unos momentos, Bella fue llevada a una sala privada, las ventanas estaban abiertas, y el sol del atardecer se filtraba a través de las cortinas de gasa, proyectando una sombra sobre el hombre allí de pie: el Príncipe Edward, quien tenía su destino en sus manos.

Bella se encontró delante de él, sin saber si debía aproximarse o no…