Capítulo 3: El chico veloz

A lo lejos se podía vislumbrar las empinadas pendientes y el teleférico que cruzaba las altas montañas. El paisaje estaba completamente blanco debido a la gruesa capa de nieve que ahora cubría todo alrededor. Las colinas que se encontraban cubiertas eran bastantes altas y los pinos a su alrededor también estaban teñidos en escarcha. Se podía apreciar los profundos valles y barrancos. Con las cimas nevadas de las pintorescas montañas a lo lejos, Raven no podía dejar de apreciar el esplendor de todo el panorama. Todo el pueblo parecía sacado de una postal, era sencillamente hermoso. Caminó con Tommy en sus brazos, mientras sostenía la mano de Timmy, y Melva marchaba de la mano junto a su cosa imaginaria. Se dirigieron a pie hasta la estación para montarse en la cabina del teleférico y poder llegar al punto de destino, el Monasterio de Myrberg donde los monjes los esperaban.

—Esto nos llevará al otro lado —indicó Raven frente a una de las rojas cabinas. Utilizó sus poderes para abrir la puerta y poder entrar al mismo.

—Bobby dice que no parece seguro —replicó Melva viendo a la nada misma a su lado.

—Claro que es seguro. Entra —ordenó Raven mientras sentaba a los niños en las butacas de la cabina.

Inmediatamente después que la niña entró, la cabina se movió toda hacia un lado, como si algo de gran peso hubiese entrado. Bueno, era obvio que la niña no podía controlar completamente sus poderes y necesitaba entrenamiento.

— ¡Melva! —exclamó Raven enojada sabiendo ya de antemano que le echaría la culpa a su cosa imaginaria.

—No fui yo, fue Bobby —comunicó simplemente la niña rubia mientras señalaba el aire.

«Bien, ahí estaba… Bobby... claro. Estúpido Bobby».

Raven solo negó con la cabeza en frustración y utilizó sus poderes para girar la palanca y hacer mover el teleférico. El mismo comenzó a subir por los cables ascendiendo por las empinadas montañas. La hechicera suspiró eliminando toda tensión, entre más avanzaba la cabina, más próxima estaba de su objetivo y de terminar esta misión. Ya cada vez estaba más cerca de llegar, por lo menos hoy si sería su día de suerte. No creía que nada malo fuera a pasarle ahora.

— ¡El hombre mono! ¡El hombre mono! —aplaudió emocionado Timmy como si de un espectáculo se tratase.

Un sutil tic nervioso apareció en su ojo. Genial. Simplemente magnífico. Un día de completa suerte, que seguro mantendría celosamente guardado para siempre entre sus mejores y más maravillosas memorias, compitiendo mano a mano con su último cumpleaños… o el día en que su lado demoníaco casi cocina vivo a Doctor Luz.

Mallah, que estaba parado sobre una de las cabinas que venían de frente, se estaba aproximando a ellos. Raven pensó que si la pelea en el tren le había parecido realmente complicada, ser atacados por un gorila despiadado con una fuerza desmedida en medio de un teleférico a miles de metros de altura del suelo no parecía realmente algo tentador. Y menos con tres chiquillos que cuidar. El enemigo finalmente saltó sobre su cabina y utilizó su fuerza para hacer un orificio en el techo, dejando a la vista su "agradable" y peludo rostro de mandril.

— ¡Él nos va a atrapar! —sollozó Timmy sujetando con fuerza su manta.

—No lo hará —espetó Raven sintiendo la emanación de energía por todo su cuerpo. La situación era realmente amenazante y tenía que mantener con vida a los niños. Su sensibilidad empática pudo percibir el terror proveniente de ellos haciéndola enojar. Pudo sentir el fluir de sus emociones por su mente y sus ojos se tornaron de un color blanco resplandeciente. Ella estaba realmente lista para pelear y protegerlos.

— ¡Quédense aquí! —ordenó mientras salía volando por el orificio que abrió Mallah hace un momento. Ni siquiera había mucho espacio físico para pelear.

El gorila se abalanzó inmediatamente sobre ella para golpearla pero Raven lo esquivó como pudo, quedando detrás de él y propinando una patada a su enemigo que no fue de mucha utilidad. Esa cosa parecía ser una roca. Mallah se giró y asestó un golpe directo que casi la hace caer de la cabina. «Bien, eso estuvo cerca». Siguió esquivando todos los ganchos que podía hasta que uno dio directamente contra el sostén del cable del teleférico haciéndolo tambalear. Si la lucha se alargaba por más tiempo terminarían cayendo a una muerte directa. Creo un escudo negro con su magia para evitar un puñetazo. Raven sintió que ya se estaba agotando. Necesitaba parar esto y eliminar rápidamente a su enemigo. Enfocó su poder telequinético en el techo de la cabina. Quizás así podría empujarlo lejos de ahí.

— ¡Azarath, Metrion, Zinthos! —conjuró Raven, rompiendo el techo e impulsando a Mallah fuera de la cabina, pero el muy astuto se aferró a uno de los cables mientras se movía nuevamente en su dirección.

Espera… ¿qué hacía el bebé sobre uno de los cables y cómo llegó ahí?… ¿y lo estaba mordiendo? Bueno, nada extraño para lo que lo vio comer con anterioridad.

—Te dije que te quedaras adentro —dijo Raven tomando a Tommy en sus brazos y entrando de nuevo en la cabina.

— ¡El hombre mono! —gritó Timmy por tercera vez en todo el viaje.

Mallah se acercaba deslizándose por uno de los cables. Cuando llegó a medio camino, la cuerda empezó a ceder por el peso del gorila y por el hecho de que el bebé la había mordido y desgarrado con sus dientes. Y la soga se partió. Y Raven vio con una sonrisa victoriosa como Mallah caía… la cual no le duró mucho porque, sin el cable de sostén, la cabina donde ellos estaban también cayó por la pendiente nevada. Sujetó fuertemente a los niños que gritaban mientras el compartimiento se resbalaba por la montaña. El viaje no duró mucho más porque finalmente se estrellaron contra uno de los pinos del frondoso bosque dejando la cabina destruida. Bueno, por lo menos seguían con vida.

— ¿Están todos bien? —interrogó la empática. Oh… sintió un particular sonido cerca de su cabeza, el pequeño "paseo" le provocó mareos de nuevo al bebé… que ahora terminó vomitando. Por lo menos la suerte si la ayudo ahora porque el asqueroso líquido de bilis no alcanzó a tocarla.

— ¡Otra vez! ¡Otra vez! —aplaudieron realmente extasiados Melva y Timmy. Bueno, por lo menos algunos habían disfrutado del recorrido.

— ¡No habrá otra vez! —dictaminó Raven de forma amenazante mientras los obligaba a seguir con su recorrido.

El sol empezaba a ocultarse en el horizonte. Siguieron el sendero a pie un tiempo más hasta que la oscuridad de la noche hizo acto de presencia. La luna brillaba intensamente en el firmamento. Sus pies ya dolían de tanto caminar. Raven se encontraba realmente cansada, había sido un viaje realmente agotador tanto física como mentalmente. Sentía que sus fuerzas ya estaban menguando y no sabía cuánto más iba a poder resistir. Pudo vislumbrar al fin la enorme estructura cuidadosamente construida de claros ladrillos que se erguía frente a sus ojos, el monasterio donde tenía que dejar a los niños.

—Debo dejarlos aquí —anunció Raven a los niños mientras comenzaba a caminar hacia la abadía—. Finalmente, vengan.

Comenzaron a caminar hasta llegar a la entrada del convento, pero antes de llamar a la puerta Melva volvió con los consejos ofrecidos por su cosa imaginaria haciendo perder la paciencia de Raven.

—Bobby dice que no cree que sea seguro —señaló Melva.

—Pues sí lo es —estableció la hechicera mientras dejaba a los niños en la entrada.

—Pero Bobby dice...

— ¡Por última vez, Bobby no existe! —exclamó Raven gritando a la niña.

— ¡Si existe y tu acabas de asustarlo! —. Melva chilló realmente enojada mientras corría de nuevo en dirección al bosque —. ¡Bobby! ¡Espera!

Raven puso su mano en su frente y resopló en frustración, esa niña sí que era exasperante. Utilizó sus poderes para teletransportarse y aparecer frente a Melva y evitar que entrara en lo profundo del bosque.

—No existe ningún Bobby, eres tú Melva, tus poderes, mueves cosas con tu mente —explicó Raven mientras se agachaba y agarraba sus hombros. La niña necesitaba entrar en razón en algún momento—. Ya no eres un bebé, debes hacerte cargo de tus poderes y dejar de culpar siempre a tu amigo imaginario —dijo finalmente levantándose y cruzando sus brazos en su pecho.

— ¡Bobby es real! —se quejó Melva mientras sus orbes celestes se llenaban de lágrimas que solo hicieron sentir mal a Raven. — ¡Tú no puedes verlo porque eres muy mala!

De nuevo ese comentario, el cual caló en lo más hondo de su ser, bombardeando su mente de malos recuerdos. «Relájate, ella no quiere decir realmente eso», pensó ella. Alzó a la niña mientras esta pataleaba y se dirigió hacia la entrada del monasterio. Acto seguido, tomó una cuerda que estaba colgando a un lado de la puerta y la tiró varias veces para tocar la campana y anunciar su llegada. No tardaron demasiado en recibirlos tres ancianos monjes vestidos con túnicas marrones. Algunos vestigios de su vida en Azarath y su entrenamiento con los monjes del lugar pasaron rápidamente por la cabeza de la hechicera. Recuerdos de estar encerrada en una torre con nadie más que su madre, Azar y los monjes con quienes interactuar, sabía que ella era un caso especial. ¿A estos niños también les esperaba un exhaustivo destino como el suyo? ¿Encerrados en ese monasterio? Pero... lo que está hecho está hecho... y lo que se ha hecho no se puede deshacer, así que la hechicera dejó que sus recuerdos regresaran a los rincones oscuros de su mente para volver a enfocarse una vez en su situación actual. La misión debía cumplirse como estaba pactada.

—Bienvenidos, aguardamos su llegada —musitó uno de los monjes con una voz serena y tranquila.

—Son todos suyos —dijo Raven mientras dejaba a Melva en el piso.

—Los cuidaremos muy bien, no se preocupe.

—Genial, ahora entren —animó la hechicera dándoles un pequeño empujoncito para alentarlos a entrar al monasterio.

Cuando por fin lo hicieron y las puertas se cerraron, Raven se sintió extrañamente… sola.

«Sola».

Se había acostumbrado un poco a la presencia de los tres chiquillos. Se sentía muy silencioso sin ellos… demasiado. Ella arrugó su frente en confusión, no podía escuchar nada detrás de esas puertas que indicara que los niños estaban dentro. Ellos siempre eran demasiado ruidosos y alborotadores.

— ¡Demasiado silencio!

Abrió el amplio portón con sus poderes, mientras entraba levitando por la abadía, observando en su paso como todos los monjes se hallaban inconscientes en el piso. Voló hacia el patio trasero hasta que pudo ver, en la parte posterior de la estructura, a Mallah en un camión blindado con los tres niños aprisionados dentro de algún artilugio.

—Despídete de tus niños bruja —se burló Mallah mientras cerraba la parte superior del camión con una compuerta y giraba rápidamente para escapar del lugar.

— ¡Nadie se mete con mis niños! —alegó Raven mientras comenzaba a volar en dirección al vehículo manejado por el gorila, tratando de esquivar también los disparos que salían de una ametralladora que se encontraba en la parte trasera del vehículo.

La hechicera estaba realmente frustrada, había podido frenar dos ataques de Mallah con anterioridad pero ahora sabía que no iba a poder sola. La tensión que acumuló durante todo el día anterior, la de hoy también y sumado a la nula meditación que ayudaba a poder acomodar sus emociones, estaba haciendo estragos en su lucha contra el gorila. No tenía más fuerzas para seguir, sentía que sus poderes estaban realmente debilitados. Tendría que llamar una vez más por su comunicador y esperar que el idiota de Chico Bestia comprendiera la gravedad de la situación y que en este momento necesitaba algún apoyo. O que el estúpido Robin se dignara a contestar por una vez su llamada.

—Raven a Robin, por favor —rogó ella mientras mandaba una señal por el transmisor.

—Raven, ¿terminaste con tu misión? —interrogó al fin la voz que quería escuchar, la de Robin.

—Robin, finalmente. Escucha atentamente y haz lo que te digo ¿sí? —apuntó Raven y prosiguió cuando Robin asintió—. Necesito que envíes algún apoyo ahora mismo, no creo que pueda resistir por mucho más. Mallah me está ocasionando demasiadas dificultades. No creo poder aguantar mucho más, estoy al límite. Sin meditación, mis poderes...

—Entiendo perfectamente Raven. Bien, tengo a alguien que puede llegar en muy poco tiempo, tu ayuda estará en breve —informó el Chico Maravilla.

—Sinceramente agradezco esa ayuda —susurró la empática tragándose un poco de su orgullo—, tengo un gran problema aquí, y por favor te lo ruego… no envíes a Chico Bestia, tuve suficiente lidiando con animales y niños hoy.

—Tranquila, no estoy hablando de Chico Bestia, no te preocupes. Debo cortar la comunicación y pedir tu apoyo.

—Genial, apresúrate —dijo ella apagando el transmisor mientras se dirigía hacia el camión. Que estuviese por recibir ayuda no significaba que se fuera a quedar atrás sin dar batalla. Necesitaba seguir a Mallah y hacer lo posible para detenerlo.


OoO


Mientras tanto, en otra parte del mundo, el cielo azul, libre de nubes, era tan intenso que le hacía arder las pupilas y el viento del atardecer, que se envolvió en todo su cuerpo, era tibio y suave. Desde una blanca arena se podía observar como el mar estaba tranquilo, las olas se movían como brazos y formaban una espuma de color nácar.

Un joven pelirrojo se encontraba acostado en una playa, con los brazos cruzados detrás de su cabeza, relajándose luego de un largo recorrido. Le encantaba la sensación de adrenalina al correr a altas velocidades, sintiendo el viento fresco golpeando su rostro. Pero de vez en cuando le sentaba bien tomarse un respiro para estirar sus músculos y relajar un poco sus piernas. Se había detenido en aquel lugar después de haber pasado por ahí en reiteradas ocasiones. Se trataba de una hermosa playa virgen, rodeada por un denso bosque y cadenas montañosas, que la ocultaba de cualquier visitante o de la perversa mano destructiva del hombre. Sin contaminación sonora, sin bocinas de montones de vehículos o el bullicio de multitudes de personas. Sin la típica niebla tóxica compuesta por los gases producidos por los autos y las múltiples fábricas. La playa misma estaba embellecida con aguas transparentes y calmadas. Un refugio oculto, libre de civilización y contaminación, por lo cual el aire era totalmente puro y renovador. Había descubierto el lugar en una de sus tantas vueltas alrededor del mundo y se había quedado hechizado por la hermosura del paisaje. Era como caminar a través de una tierra vacía e inexplorada. Bosques, mar, playa, montañas; placeres simples de la naturaleza que muy fácil la gente olvida de disfrutar. Sentía que en este lugar, metafóricamente hablando, recargaba sus baterías y energías, renovándose por completo y dispensando cualquier tipo de estrés. La naturaleza contribuía un buen entorno que aplacaba un poco su mente y cuerpo hiperactivo.

Un lugar que sólo él conocía.

Levantó sus manos para acomodar un poco su cabello rojizo desordenado. Se tomó un tiempo para erguirse y estirar un poco sus cuádriceps entumecidos. Seguidamente se inclinó para empapar un poco su rostro con el hermoso líquido salino que estaba a su alcance y tomó una gran bocanada de aire limpio y yodado que llenó completamente sus pulmones, sintiendo como todo su ser se apaciguaba en ese simple acto.

—Cuánta tranquilidad...

Le encantaba correr por diferentes países, ciudades y lugares. Había estado recorriendo diferentes sitios y solo se detenía cuando sentía que ya no podía continuar o que necesitaba algo de combustible, como una amplia comida y varios menús que contuvieran grandes cantidades de aporte calórico que mantuviese activo y en forma su metabolismo y sus músculos que se encontraban en continuo movimiento. Básicamente comer como un cerdo. Aunque también debía ponerse en marcha cuando recibía alguna alerta para patear algún que otro trasero de villano. En estos momentos aún tenía la energía para continuar corriendo, pero no estaba de más tomarse un ligero respiro ocasionalmente.

Al estar completamente solo, se tomó la libertad de quitarse su máscara y se dejó caer en la arena de nuevo, dejando que el sol calara en todo su cuerpo. Un suspiro de relajación salió de sus labios.

Justo cuando creía que estaba completamente distendido y por dormitar unos minutos, sonó la alarma de su comunicador. Se puso rápidamente su máscara y a regañadientes lo tomó viendo la imagen de un joven con el cabello negro en punta y una máscara que ocultaba sus ojos, era Robin. El líder de los Titanes y viejo amigo, le había ofrecido hacía un tiempo un puesto en su equipo cuando el mismo se integró, pero él había rechazado su propuesta alegando que le gustaba trabajar en solitario. El Chico Maravilla no se había enojado, en cierto punto lo comprendía porque él también trabajó en el ostracismo durante bastante tiempo. Sin embargo, para su sorpresa, unos días atrás Robin lo había vuelto a contactar y le había entregado un artefacto para mantenerse en comunicación con el objetivo de estar al tanto de una amenaza que se aproximaba. No se tomó el tiempo de explicarle, alegando que estaba apurado para otra ardua misión, pero que lo llamaría para informarle cuando sea el momento. Bueno, suponía que eso sería ahora.

—Wally —se presentó el tono monocorde de Robin.

— ¡Hey Dick!, ¿a qué se debe tu llamada amigo? ¿Acaso algún problema? ¿Alguna cita con una encantadora chica y necesitas mis consejos? —bromeó mientras meneaba sus cejas. Si, molestar a Robin podía ser divertido.

— ¿Dónde te encuentras? —interrogó su interlocutor ignorando el comentario de su amigo.

—Creo que desafortunadamente no puedo decírtelo, este es mi paraíso secreto — comentó sonriente ocasionando un resoplido en Robin.

— ¿Lugar secreto? Mira, no me interesa, y escucha bien que esto es importante, ¿cuánto tiempo crees que te llevará arribar a un monasterio ubicado en el pueblo de Myrberg? Te pasaré los datos de la ubicación exacta por el GPS del transmisor ahora mismo.

—Mmm ¿olvidas con quién estás hablando amigo?, solo unos minutos creo, incluso menos ¿por qué preguntas? —expresó con una sonrisa engreída en su rostro al mismo tiempo que veía la localización del lugar mencionado.

—Es sobre la amenaza que te notifiqué en nuestra última charla. Escucha, una de mis compañeras de equipo está teniendo dificultades en su misión protegiendo tres niños mientras mantiene a raya al asistente personal de Cerebro, el líder de una organización criminal conocida como la Hermandad del Mal. No hay momentos de explicar el porqué de sus dificultades pero estaría necesitando ayuda. Tú ayuda. Ahora.

—¿Quieres que vaya a cuidar niños? Espera… ¿escuché mal o dijiste compañera de equipo? Y... ¿estamos hablando de una joven atractiva? —preguntó Wally ahora con creciente curiosidad mientras se sentaba mirando su comunicador.

—Creo sinceramente que ese dato es irrelevante para la misión —increpó el Chico Maravilla frunciendo su ceño por la falta de seriedad del velocista sobre asuntos que parecían urgentes.

—Bueno, en resumen, tenemos una damisela en apuros que necesita la ayuda del gran Kid Flash.

—Si… eso creo, aunque no estoy seguro de que Raven quede muy complacida y contenta con que la llames "damisela en apuros" —alegó Robin—, si es que valoras tu vida.

—Raven eh... interesante nombre… ¿Y cómo es…

— ¡Wally!

—Sí, sí, lo siento. Bien, estaré allí en un abrir y cerrar de ojos —dijo poniendo los ojos en blanco, mientras cortaba la comunicación con su amigo.

—Siempre tan amargado —suspiró—. Bien Wally, es hora de correr —dijo mientras se ponía en posición de carrera y lo único que se vio, cuando comenzó a moverse con una agilidad extraordinaria, fue una cortina de arena y polvo.


OoO


Raven seguía con su ataque hacia el camión blindado de Mallah, haciendo levitar rocas del suelo con su magia para poder obstaculizar y frenar el vehículo y lograr rescatar a los niños de una vez por todas. Su tiempo y paciencia se estaban agotando, y su poder mágico estaba básicamente en sus límites. Necesitaba descansar y meditar urgentemente pero sabía que no había tiempo para eso. Pero había algo más que no entendía... « ¿Qué diablos sucede con mis poderes?». Era como si todo su ser se encontrara extenuado, como si algo la estuviera drenando desde dentro. ¿Se debía todo esto al agobio de la misión? Sus manos ardían, como si lava corriera desde las puntas de sus dedos, mientras seguía conjurando sus poderes. Nunca antes le había pasado algo así. Incluso mantener su levitación le estaba resultando un trabajo arduo y agotador.

— ¡Azarath, Metrion, Zinthos! —conjuró para eliminar la parte superior del camión y así tener una mejor visión del gorila. Otra punzada en sus manos que recorrió todo su cuerpo la hizo gemir de dolor.

—Disfruta esto arpía —murmuró Mallah. Acto seguido activó un arma lanzacohetes que mandó gran cantidad de proyectiles hacía Raven, la cual esquivó todo con una gran destreza y gracia.

Mallah giró el auto rápidamente quedando ahora detrás de Raven y tener un mejor enfoque y ángulo para seguir disparando.

— ¡No lastimes a Raven! —chilló Melva.

— ¡No! ¡No! ¡No! —bramó el bebé Tommy.

— ¡Déjala! ¡Déjala! — gritó Timmy.

—Hasta luego, pequeño pajarito —rio Mallah mientras mantenía una sonrisa siniestra en su rostro.

Raven escuchó los gritos de los niños, giró y utilizó las últimas fuerzas que le quedaban para tratar de contener el vehículo blindado con su telekinesis, rezando a Azar o alguna divinidad existente que la ayudaran, pero su agotamiento tuvo sus consecuencias y el vehículo embistió de frente contra ella, golpeándola fuertemente y empujándola directamente a un duro impacto y golpe contra el suelo.

«Fallé» pensó Raven en lo más profundo de su mente, acto seguido se sintió desfallecer, su deficiencia de energías físicas y sobre todo psíquicas, añadido el estrés acumulado, no le permitirían seguir con la batalla. «Ayuda» fue el último pensamiento que atravesó su cabeza antes de desmayarse. Luego todo se volvió negro para ella.

Un borrón rojo y amarillo salió volando de entre el follaje, dejando tras sí una estela de tierra y pequeños trozos de césped, apareciendo justo a tiempo para atrapar y evitar la caída de la muchacha; pero el impacto fue tan duro que los dos terminaron tambaleándose y girando por la hierba. El velocista la rodeó protectoramente con sus brazos para evitar que ella sufriera el menor daño posible, recibiendo él el mayor impacto.

— ¡Auch! ¡Mierda! Eso sí que fue una caída dura —se quejó Wally, con sus ojos fuertemente cerrados, frotándose la cabeza. «Esto realmente va a doler en los próximos días» pensó mientras sentía el dolor recorrer todo su cuerpo. Luego dirigió sus ojos hacía la chica que estaba en sus brazos.

La intensidad de la caída de Raven hizo que su capucha cayera hacia atrás dejando su rostro completamente descubierto. Kid Flash no pudo evitar capturar su extraña belleza, quedándose embelesado por la misma. «Sí que era una linda chica Dick», celebró Wally para sus adentros. Su rostro, de rasgos finos y delicados, con una piel pálida, como de alabastro, estaba enmarcado por un precioso cabello corto de un color índigo que brillaba iluminado en consonancia con la luna. A sus ojos ella parecía una muñeca de porcelana, una belleza extravagante que nunca había visto antes. También mostraba una curvilínea y esbelta figura debajo de esa capa y leotardo negro que llevaba puesto, dejando expuestas unas preciosas piernas. Al estar los dos tan próximos llegó a sus fosas nasales un delicioso y cautivador aroma a lavanda, jazmines y lo que parecía ser incienso o mirra, todo proveniente de la joven que se hacía llamar Raven. Por primera vez, el velocista había quedado hipnotizado. Pero no debía olvidar que se encontraba en peligro, debía concentrarse en el enemigo que tenía frente. Se levantó y la miró por última vez. Él tenía que protegerla, al cabo era la misión que Robin le había dispuesto. Se puso en posición de batalla, protectoramente frente ella mientras miraba al gorila que se encontraba en lo que parecía un tanque blindado. Bien, tenía que analizar bien la situación, los tres niños se encontraban confinados en unos raros dispositivos. No tenía muchos datos sobre la Hermandad del Mal pero, por lo poco que sabía, comprendía que no eran una fuerza a subestimar, así que tenía que tener cuidado.

—Vaya, y yo que tenía deseos de aplastar a la pequeña ave oscura —se lamentó Mallah con una falsa tristeza.

—Yo creo que lo único aplastado aquí será tu peludo trasero de mandril —cuestionó Kid Flash con una sonrisa corriendo a una gran velocidad asestando un golpe de gancho directo a la quijada del gorila lanzándolo fuera del vehículo.

—Este mono sí que tiene una cabeza bastante dura —se quejó el pelirrojo mientras agitaba su mano violentamente, la cual había quedado agarrotada por el golpe seco que le asestó. Genial, ahora sumado al dolor de cabeza, su mano iba a terminar con una hinchazón.

El golpe dejó a Mallah aturdido por unos segundos. Se levantó frotándose la dolorida mandíbula. Un gruñido de frustración quebró su garganta. Las cosas no estaban saliendo como lo había planeado. La tarea que tenía planificada era sencilla: tenía como objetivo capturar tres críos inservibles que estaban escoltados por la bruja desabrida de los Titanes, a la cual pudo manejar bastante bien a pesar de tener desventaja contra sus oscuros poderes. Pero lo que no se esperaba era que Kid Flash apareciera en medio de la pelea. No era tonto, sabía que no tendría posibilidad contra él y su súper velocidad.

—Eres demasiado lento, ¿o estás un poco pesado? Deberías hacer dieta, estás demasiado rechoncho.

Mallah se levantó furioso corriendo en dirección al mocoso veloz, le borraría esa asquerosa sonrisa petulante del rostro, pero cuando estaba a solo unos pasos de atizarle un testarazo, otra vez una gran fuerza invisible lo arrojó lejos, igual que aquella vez en el tren.

—Wow, eso sí que no me lo esperaba... —comentó el velocista rascándose la mejilla en confusión. Estaba esperando que el gorila se acercara lo suficiente para seguir esquivando e irritarlo, de todos modos no estaba mal divertirse un poco de vez en cuando, pero algo lo empujó lejos de él. ¿Acaso la chica bonita se había despertado y lo había mandado a volar con sus poderes? Él rechazó esta teoría cuando se dio vuelta y la vio en la misma posición en la que se encontraba al principio, por lo cual no se había movido ni un ápice. Entonces de la nada apareció frente a Mallah... ¿un oso de peluche gigante? Bueno, eso era bastante raro hasta para él.

— ¡Si! ¡Bobby nos salvó! —gritó la niña que se encontraba en el camión

— ¡Si, Bobby! ¡Bobby!

¿Bobby? ¿Esa cosa que parecía salida de alguna película de terror tenía nombre y acaso era real? Bueno, qué importaba. Le estaba dando una verdadera paliza a Mallah de todas formas, lo que era una ventaja para ellos. Kid Flash observó como el gran oso de felpa mantenía al simio acorralado, por lo cual corrió a gran velocidad para salvar a los tres niños que estaban capturados en el vehículo.

—Bien pequeños, quédense quietos —. A continuación rompió las máquinas que los tenía aprisionados.

—Muchas gracias por salvarnos señor —dijo alegremente la niña rubia— Y… ¿quién es usted?

— ¿Acaso no me conocen? Soy el gran Kid Flash a sus servicios —alardeó con una sonrisa engreída, abriendo sus piernas y poniendo sus manos en la cadera en una pose típica de superhéroe, causando unas risitas en los niños.

—Yo soy Melva, el oso de allí es mi amigo Bobby, ellos son Timmy —dijo señalando al niño que tenía una manta azul —, y este de acá es Tommy —ahora apuntando al bebé.

—Un gusto pequeños.

Mallah esquivó el último golpe del oso gigante. Había decidido que ya no había nada para hacer ahí. Sus planes se habían visto frustrados y tenía que volver a su guarida secreta a dar el parte de la misión a su líder, sobre todo de la presencia del chico veloz que aparentemente estaba trabajando junto a los Titanes. Sabía que Cerebro no estaría contento con esto. Presionó un botón del traje que llevaba puesto mientras una especie de hélices de helicóptero salían del mismo, escapando finalmente volando.

—Es la última vez que trabajo con niños —suspiró fugándose antes de que las cosas se pusieran peores para él.

Kid Flash observó a Mallah huyendo, debatiéndose internamente si debía perseguirlo o no. La voz chillona de los niños lo sacaron de su disputa interna.

—Raven, Raven, despierta... por favor —sollozó Melva mientras movía ligeramente el cuerpo de la joven caída.

— ¿Ella estará bien? —gimoteó Timmy, mientras la cubría con su manta azul y así poder darle un poco de calor para reconfortarla.

Kid Flash se apresuró hacia donde se encontraba la mujer que había cautivado su atención minutos atrás, sorprendiendo a los niños por su velocidad. Se acuclilló a su lado, moviendo sus ojos y cabeza a una gran rapidez alrededor de su figura, para ver si localizaba alguna lesión de gravedad. En realidad se encontraba bastante preocupado, no parecía estar herida más allá de algún que otro raspón en su cuerpo, pero si daba la sensación de que se encontraba realmente agotada y sin fuerzas. ¿Acaso no protegió bien su caída, terminó golpeándose fuertemente la cabeza en consecuencia y por eso no despertaba?

—Creo que solo está desmayada o noqueada —comentó tratando de tranquilizarlos a ellos, y también a él mismo.

Ella estaba sudando un poco. Puso su mano sobre su frente para medir su temperatura pero no tenía nada de fiebre, su calor corporal estaba un poco debajo de lo normal pero suponía que era debido al frío nocturno y el hecho de que estaba recostada sobre césped húmedo y fresco. ¿Entonces por qué estaba sudando si no parecía tener fiebre? Llevó sus dedos índice y medio hasta la arteria carótida en la parte frontal del cuello de Raven, aplicando una ligera presión, con la intención de tomar sus pulsaciones. Ella tenía buen pulso y eso lo alivió un poco, pero parecía que sus palpitaciones estaban arriba de cien latidos por minuto, lo que lo sorprendió en demasía. A pesar de parecer estar dormida y realmente tranquila, en un evidente estado soporífero, estaba sufriendo de una notoria aceleración cardíaca que no coincidía con su estado actual, no tenía sentido para él por lo cual se preguntó internamente... « ¿Acaso… ella estaba teniendo una pesadilla?».