Amargo reencuentro
Muchas gracias a mi beta Gaby por tomarse la molestia de revisar mi capitulo y ayudarme a que esto fuera medianamente decente. Besotes hermosa sabes que eres parte esencial de este proyecto
Advertencia: Esta historia trata sobre temas delicados. Incesto, temas religiosos, embarazo adolescente, aborto. Además de que contendrá un alto contenido sexual. Si no te gustan estos temas eres libre de no leer. Sobre advertencia no hay engaño +18
Sumary: Dicen que el amor todo lo puede.
¿Entonces? ¿Puede un amor luchar contra los lazos de sangre?
¿Puede superar las reglas ya preestablecidas por la sociedad?
Una historia de amor, odio e injusticias.
Donde hay muchos secretos y mentiras y nada es lo que parece.
—Bella por favor… —un gemido de placer brotó de la garganta de él— detente… esto no es correcto—tragó en seco, mientras dudaba si debía retroceder o no.
— ¿Y?, ¿cómo si eso me importara?, —el dolor se hizo presente en ella— lo nuestro está más allá de cualquier límite, ¿por qué siempre te resistes?, —ella bajó la vista a sus pies, tratando de evitar sus ojos— ¿acaso no me amas?
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"Sobre todo, tened entre vosotros un ferviente amor, porque el amor cubre una multitud de pecados"
1 Pedro 4:8
Agosto 2009
Había pasado todo el verano desde que Bella se fue de vacaciones a Phoenix y regresaba a Forks. De cierta manera ella estaba orgullosa de haber crecido algunos centímetros en ese tiempo. Ella lo llamaría desarrollarse, aunque realmente en su cuerpo no se veía la diferencia, ella siempre había sido hermosa.
Todo el maldito verano se sintió vacía, Bell se pasó cada minuto de cada día pensando en su primo. Su nerviosismo aumentaba conforme sus distancias se acortaban. En su estancia en Phoenix desarrolló un trastorno obsesivo compulsivo. Todas las noches asistía a una capilla cercana y oraba, añoraba que con cada palabra elevada hacia su Dios, este le librara de los pecados que tanto ansiaba cometer.
Isabella se removía nerviosa en el asiento trasero de la camioneta de sus padres; su mente volaba para todas direcciones, imaginando que Edward no estaría interesado si quiera en volteara mirarle. Bella le amaba, incluso más de lo que debería ser permitido y considerado legal en cualquier parte del país.
La vieja camioneta de Charlie aparcó en la entrada de los Cullen. Al parecer estos no se habían percatado de la presencia de visitas por lo que ni se inmutaron en salir a recibirlos. El timbre sonó tres veces, aparentemente no había nadie. Sus padres estaban dispuestos a marcharse cuando la puerta se abrió.
Una dulce y maternal sonrisa apareció en el rostro de Esme al ver a su hermana después de dos meses de ausencia.
Un sentimiento de culpa golpeó su pecho al recordar el motivo real de su visita. Siendo sincera a ella no le importaba ver a sus tíos, los quería, pero no eran la motivación principal.
Los minutos pasaron lentamente, sentada en la sala desesperándose porque él no se encontraba ahí. Las pláticas de adultos para no variar eran aburridas, sus padres solían reunirse para hablar de religión y para criticar a todos aquellos del pueblo que no siguieran al pie de la letra las doctrinas enseñadas por los sacerdotes y seminaristas.
—Bella, cariño— habló Esme cortando el hilo de sus pensamientos.
—Lo siento, ¿qué ocurre tía?—Bella estaba comenzando a volverse histérica.
—Te ves cansada, ¿por qué no vas arriba a descansar un rato?
—No es nada—negó— en serio tía, es solo que ha sido un viaje largo.
La mirada reprobatoria de su madre le hizo darse cuenta de que había un trasfondo atrás de todo eso, se levantó sin más indignada y fue escaleras arriba.
Sus pies la guiaron, no se detuvo a pensar, sólo se dejó guiar por ellos. Le llevaron justo a la habitación de Edward, la conocía a la perfección, amaba estar ahí y de alguna manera extraña a é no le incomodaba su presencia.
Giró el pomo de la puerta para encontrarse con el que podría ser su mismísimo santuario, entró empujándola ligeramente. Edward solía tener muchas cosas regadas por toda la habitación, en definitiva lo suyo no era el orden.
Se fue directo a su cama. Tuvo que empujar unos cuantos tomos de manga que estaban regados sobre la misma. En el piso descansaba su consola de "no tenía ni la menor idea de cómo se llamaba esa cosa", para ella no era más que una caja con botones. De lo que sí estaba segura era de que su primo tenía más de una de esas.
Sus paredes estaban cubiertas de afiches de caricaturas japonesas, anaqueles llenos de series completas de esas cosas adornaban las cuatro paredes de la habitación.
Para ella era un extraño mundo surrealista, no alcanzaba a entender los gustos tan extraños de su primo. Era un friki total, pero a ella poco le importaba eso. Solían pasar horas hablando sobre series, videojuegos, mangas y un sinfín de cosas de las que a pesar de escuchar una y mil veces, no entendía nada.
Se recostó en la cama con la vista fija en el techo, no quería distraerse con nada. Se dejo vencer por el sueño, cerró sus ojos aspirando el aroma que desprendían las almohadas.
…
Odió cada segundo de sus vacaciones, las odió porque eso sólo lo hacía estar alejado de ella.
Su rostro se dibujaba en sus pensamientos constantemente, comenzaba a creer que estaba enfermo. No era posible que él sintiera tales cosas.
Ni siquiera una sesión de Xbox con sus amigos, mitigaba el dolor que producía no tenerla cerca.
Su verano se la pasó encerrado en casa, se negaba a salir con la esperanza de que Bella apareciera de la nada.
Se la pasaba jugando con sus consolas o leyendo algún manga.
En el verano y gracias a la ausencia de su prima comenzó a leer manga shoujo*. Aunque se avergonzaría de admitir eso en voz alta. La desesperación lo llevó acabar una y otra vez Resident Evil, Halo, entre otros de sus muchos más videojuegos.
Pero era una batalla totalmente perdida, no podía sacar de sus pensamientos a Isabella. Prácticamente nacieron para estar juntos. Desde muy pequeños preferían jugar entre ellos que estar cerca de sus otros primos. Siempre fueron unidos, claro hasta que Bella empezó a ser asediada por los chicos y Edward comenzó a sentirse desplazado.
Ese era el pretexto que él mismo se imponía en la cabeza, y por mucho que Bella tratase de acercase, él trataba de mantener su distancia.
Pero todo plan maestro tiene sus errores y por mucho que él quisiera negarlo, moría por estar cerca de ella. Eso lo descubrió por su cuenta el día que ella partió a Phoenix. La extrañó desde el mismo jodido momento en que desapareció detrás de las puertas en el aeropuerto.
Se maldijo así mismo desde el mismo instante en que se fijó demasiado en ella. Le dolía no poder hacer nada para cambiar sus sentimientos. Le dolía tener que ser un despreciable pervertido por pensar de ella de maneras inadecuadas.
Después de pasar la tarde en casa de Jasper y no haber logrado disipar sus miedos y dudas de su corazón, intentó fingir que no pasaba nada. Lo que menos quería era que en su casa sospecharan sobre las cosas que rondaban en su cabeza.
De seguro lo llamarían depredador sexual o alguna cosa peor.
Pasó de largo la sala, entrando por la cocina desde la parte trasera de la casa.
Escuchó voces en la sala, se imaginó que eran "amigos de sus papás", ellos siempre acostumbraban hablar de temas religiosos con sus amigos, que más bien eran conocidos.
Se fue a su habitación negándose a rendir culto a la hipocresía que profesaba la mayoría de los conocidos de sus padres.
Entró y cerró la puerta con el mayor sigilo, no quería que se enteraran de su llegada, y su madre le reprendiera por no pasar a saludar, lo que menos deseaba era saludar.
Su habitación estaba a oscuras, le sorprendió ver las cortinas corridas. Recordaba haberlas abierto antes de salir. Incluso no recordaba cuando había sido la última vez que las dejaba cerradas a plena luz del día.
Su mano se fue directa al apagador, lo presionó y en el acto la luz reinó por todo el cuarto, se congeló al mirar su cama, la alegría le regresó al instante, fue como si nunca se hubiera ido, como si la tristeza de esos meses nunca hubiera existido.
Ahí tendida en su cama se encontraba la razón de sus desvelos. Bella se giró dejando a la vista su rostro, un largo suspiro se escapó de sus labios. Su cara se contraía en un sin fin de muecas pasando desde la frustración hasta la tristeza.
—Edward, —un gemido se escabulló de su boca—. Edward—repitió.
Un escalofrío recorrió su espalda, le era imposible mantener la distancia, su cuerpo quemaba por siquiera rozarla.
Lentamente eliminó cualquier distancia que los pudiese separar. La observó de cerca admirando su belleza, perdiéndose en aquel momento que le pareció mítico. La extrañó casi hasta rozar los límites de la locura.
Edward se sentó junto a Bella. Bruscamente expulsó el aire contenido en sus pulmones. En un intento de calmar su ansiedad, acercó su rostro a su cuello, inspirando con desesperación. El suave aroma que emanaba de su cuerpo inundó sus fosas nasales, en definitiva la cordura se escapó de aquella habitación.
Su cuerpo se tensó, sus puños cerrados eran símbolo de la impotencia contenida, decidió apartarse de ella, alejando de esta forma los instintos primarios de su mente.
Tropezó con un cerro de revistas que se encontraban tiradas en el piso, fue una reacción en cadena. Cayeron varias de las figuras de acción que estaban apiladas en un escritorio cercano a la ventana, por primera vez maldijo su desorden.
Bella se despertó con el ruido que inundó en el lugar, se sentó llevándose las manos al cabello en un inútil intento de alisarlo. Su vista viajó por toda la habitación hasta llegar al rincón donde estaba agazapado Edward. Sus ojos brillaron y sin pensarlo dos veces. Se paró de la cama y corrió hasta é.
Enterró su rostro en su pecho inspirando el aroma que despedía su primo. Edward no reaccionó su cercanía le aturdía. Bella podía escuchar los latidos del corazón de él, aquella cadencia que la hacía sentir con vida.
Se separó de él regalándole una sonrisa, se paró de puntillas para rozar sus labios con los de él.
—Te he extrañado —las palabras salieron correteadas y revueltas—. ¿Me has extrañado tú? —él se sorprendió y ofendió al mismo tiempo con aquella pregunta.
— ¿Realmente lo dudas?, —ella negó.
No soportó la distancia, se aventó a sus brazos en un intento desesperado de sentirlo más cerca. Ambos cayeron al piso, arrastrando un par de cosas a su paso. Las risas no se hicieron esperar, se miraban a los ojos mientras reían casi histéricamente.
Disminuyeron la distancia entre sus cuerpos. Edward llevó una mano hasta su mejilla acariciándola, comprobando sí ella estaba ahí con él o era un sucio truco de su mente.
—Estas aquí, después de todo este tiempo te tengo aquí conmigo.
Sus labios se juntaron en un tortuoso intento de aliviar el dolor. Un dolor que les habían impuesto al separarlos.
Isabella delineó el labio inferior con la punta de la lengua, se lo llevó a la boca y lo presionó con los dientes, un gemido brotó del interior de un torturado Edward Cullen.
Ella le causaba un placer infinito, lo sabía y abusaba de ello. Se separó de él para regalarle una sonrisa pícara, le fascinaba provocarle, tanto que quizás nunca dejaría de hacerlo.
Sus labios se juntaron nuevamente en un pacto de silencio. Degustando sus sabores, inspeccionándose uno al otro, en una impaciente danza, pidiendo a gritos por más.
Una de las manos de él viajó hasta su espalda, aprisionándola contra su cuerpo.
Presionaba los dedos pulgares de su mano libre sobre su cadera, regalaba caricias que la dejaban sin aliento. Bella suspiraba de placer, mientras su cuerpo se estremecía en los brazos de Edward.
"Mis padres", el lado razonable de Edward le habló.
La separó gentilmente, la confusión traspasaba sus pupilas.
—Mis padres —contestó a la duda plasmada en ella—, Bella, esto no es correcto —su voz apenas era un susurro.
Ella no respondió, llevó una de sus manos hasta el cuello de Edward, rozaba ligeramente las yemas de sus dedos. Él cerró los ojos dejándose llevar por las sensaciones.
Desabotonó su camisa dejando a la vista su torso desnudo. Muchos pensamientos libidinosos se instalaron en ella. Deseaba a Edward con toda su alma, pero ella sabía que no era solo eso.
Ella le extrañaba, pero sobre todo está totalmente enamorada de él. Edward no era musculoso, pero tampoco era debilucho, ella lo definió como perfecto.
Sus manos surcaban juguetonas por todos pectorales. Sus labios viajaron a su cuello, succionando ligeramente. Regalaba besos húmedos mientras sus manos bajaban poco a poco casi temblorosas hasta el cierre de sus vaqueros.
Él seguía con los ojos cerrados olvidando cualquier cosa. Ella palpó sobre los pantalones sintiendo la excitación de su primo.
Todo fue muy rápido, estaba por abrir su bragueta. Pero él se lo impidió, aferró sus muñecas en una de sus manos, separándolas de su objetivo. La tomó de la cintura y la llevó hasta la cama.
Sus labios se fueron a su cuello jugueteando con el. Sus manos rozaban sus senos por encima de su blusa, con sus pulgares delineó sus pezones, sintiendo como quedaban duros en sus manos. Ella casi sonrió al sentirse victoriosa.
—Eres una tramposa, ¿lo sabías? —El rostro de Edward bajó hasta su vientre. Con ambas manos alzó su blusa hasta dejar a la vista su sostén, introdujo sus dedos dentro de este pellizcándolos, sintiendo piel contra piel. Bella se removía, casi rogaba porque le quitara la ropa y la hiciera suya ahí mismo.
—Edward —rogó—. ¡Maldita sea, por favor!
Era casi un hecho que en aquella habitación se habían olvidado de todos los valores morales que les habían inculcado.
Edward sintió como algo se removía entre sus pantalones. Se separó de Bella y llevó las manos hasta su celular que vibraba insistentemente en su bolsillo.
"Hoy Halo en tu casa a las cinco"
El mensaje era breve y tan seco, pero no le sorprendió, sus amigos eran de pocas palabras.
Miró el reloj y se congeló al ver la hora, cuarto para las cinco.
La cordura le golpeó en ese instante. "Idiota" se gritó así mismo. "¿Qué has estado a punto de hacer?".
—Lo siento, Bella, soy un total idiota y abusador— las palabras salieron de manera abrupta. Una mezcla de dolor y rabia le atormentaron.
Ella quiso hablar, quiso gritar, pero no él no se lo permitió, se separó de su cuerpo, dejándola con ganas de mucho más.
Un gruñido brotó de su pecho. Se llevó ambas manos a su cabello acomodándolo. Una mueca de dolor y repugnancia le surcó el rostro.
Todo su mundo se estaba viniendo abajo, ambos trata de relajar su respiración.
Aquello le dolió en el alma a Bella, no podía pronunciar palabras. Lo peor que le podía pasar era el rechazo, podía soportar cualquier cosa, menos que él la quisiera.
Edward se alejó de ella, aporreando la puerta al salir de la habitación. Las lágrimas comenzaron a correr en el mismo instante en que lo perdió de vista. El dolor era abrumador, ella no comprendía qué es lo que acababa de pasar. Solo quiso mitigar el dolor.
Dolía como la mierda, y lo peor era que aun así le seguía amando.
Isabella acomodó sus ropas, podía sentir como su cuerpo ardía, se llevó ambas manos al rostro para borrar la evidencia de su dolor, sucias lágrimas corrían burlándose de ella. Aunque sabía que no podía borrar las caricias que su primo dejó por su cuerpo bien podría hacer el intento.
Cerró los ojos inspirando bruscamente todo el aire que sus pulmones le permitían. Trató de serenarse, encerrando el dolor para poder manejarlo cuando estuviera sola.
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Shoujo: género de manga "para mujeres", algo así como las novelas rosa.
