Empecé a escribir la historia… todavía le falta mucho pero ya tengo la mayoría jaja.

Besos… Vann :D

Capítulo 3

Alec POV

Fui furioso a mi encuentro con Aro. Esa maldita Cullen me las pagaría.

-¿Si, maestro?-. Dije cuando entré.

-Oh, Alec, necesito hablar con tigo-. Dijo Aro.

¿Es idiota o estúpido?

-¿Si, maestro?-. Repetí.

-Chelsea y tú irán a Caneda, un nómada se mudó y parece que está dando problemas-. Dijo Aro, sonriendo, como siempre.

-¿Usted quiere decir Canadá?-. Preguntó Chelsea desde una esquina del salón.

-Si, si, eso Canadá. Bueno, quiero que salgan ya mismo, aliméntense en el camino o algo-. Dijo haciendo ademanes con las manos.

Vi a Chelsea de pies a cabeza, hice una reverencia a Aro y salí del salón.

Obedecí y me alimenté cuando llegamos a Canadá.

-¿Alguna idea de donde están?-. Preguntó Chelsea.

-No-. Dije. –Iré al norte-. Dije frío.

-Yo al sur.

-No necesitaba . Chelsea puso los ojos en blanco.

-Nos vemos aquí mismo en seis horas-. Dijo y salió corriendo.

Fui hacia el norte sin seguir un rastro en específico…

Estaba en el bosque a puno de pisar una banqueta cuando un olor exquisito me llenó los pulmones.

Me asomé de los arbustos.

La creatura más increíble y hermosa que había visto en mi vida pasó frente a mí.

Me quedé como hipnotizado viéndola y no me di cuenta que pisé a una ardilla. Cuando la ardilla se movió, me moví yo y los arbustos haciendo ruido y haciendo que la chica se volteara.

Estaba tan concentrado en saber por qué la conocía que no me di cuenta que habló.

Su rostro era demasiado conocido.

La seguí y me quedé frío cuando vi a Alice Cullen.

No lo podía creer. Había dado con el resto de los Cullen y había creído que una era la cosa más increíble que había visto.

Me quedé observándola desde un árbol.

Aunque fuera una Cullen, simplemente no podía apartar mis ojos de ella.

Mi tiempo se acabó, fui a ver a Chelsea y volvimos a Volterra.

Le dijimos a Aro que no habíamos visto nada.

-Alec, irás allá un tiempo, si encentras al nómada, arregla las cosas con él, si no, vuelves aquí-. Me dijo Aro.

-¿Yo solo?

-No creo que Jane pueda ir, ¿O si?-. Dijo sonriendo, casi lo mato.

-Voy a necesitar tiempo.

-Tárdate lo que quieras, ve hoy mismo-.

Salí por la puerta y volví a Canadá. Tenía una misión, pero con ella en el mismo país…

Volví y la estuve observando en el árbol.

Un día se arreglo y se puso un vestido negro pegado y unos zapatos altos. Esa chica tenía curvas…

Salió en el Porsche plateado.

Llegó Jasper y él y Alice se fueron al cine, según escuché.

Me metí por la ventana de su habitación.

Tomé su almohada y aspiré lo más que pude su aroma, era un adicto a el.

Me tiré en su cama, giré la cabeza. En su mesita de noche tenía una foto de ella cuando era pequeña y sus papás.

Me quedé por horas repasando su habitación, sus fotos, su ropa…

Escuché un ruido, Alice y Jasper habían llegado.

Salí por la ventana lo más rápido que pude.

Volví al árbol, ahí formulé un plan perfecto para llegar a lo que anhelaba desde la muerte de Jane… mi venganza.

Me vengaría de su madre por que por su culpa mataron a mi hermana, y también de su padre, y sería el favorito de Aro.

Pasó un rato y ella llego, borracha, era una ventaja para mí, así tendría el sueño muy pesado y sería más fácil asesinarla.

Estaba dormida en su cama aún con la ropa de fiesta puesta.

¿Cómo lo haría?, un golpe en la cabeza, estrangulación, morder… había muchas opciones.

Opté por la mordida, la más dolorosa. Como ella era mitad vampiro, la mataría.

Me acerqué lentamente y todas las ideas se me fueron cuando aspiré su aroma.

Me quedé como drogado un buen rato, reaccioné. Me acerqué a su cuello, abrí la boca… Me quede quieto, perdido en su cara y loco por su aroma.

Esto no iba a funcionar.

Como pude ideé otro plan.

Si se la llevaba a Aro, él la mataría y enfrente de Bella. Perfecto…

Pero algo tenía que ganar yo…

Mi misión se fue a la basura, la cambié por acosar a la que se había vuelto mi amor platónico y el anzuelo perfecto.

Ahora era un adicto a ella, eso era un gran problema.

-Estás castigada-. Dijo Alice cuando ella le preguntó lo que había dicho la noche pasada.

-¡¿Qué? , no Alice, por favor.

-¿Cómo que no? haber si así te queda claro que no debes llegar en ese estado a la casa.

-¿Por cuánto tiempo?

-Hasta que lo diga yo. No vas a salir.

Renesmee puso cara de indignación y fue furiosa a su habitación.

Vi todo desde afuera.

Por consecuencia de mi acoso, también me enteré de la vida de los vecinos.

Los de a lado, iban a recibir a un estudiante de intercambio… otro plan.

El día que llegó el estudiante, poco antes de que tocara el timbre, salí de un lado de la casa.

-Hola, tú debes ser el del intercambio ¿No?-. Dije amigablemente.

-Emm, si ¿Tú eres?-. Me dijo alzando una ceja.

-Vivo aquí-. Dije señalando la casa.

-Oh, me dijeron que los señores Greenwood no tenían hijos.

-No soy su hijo, soy su… sobrino, vivo aquí por una semana. Ven, entra por aquí-. Le dije y lo llevé al bosque.

-¿No íbamos a la casa?-. Dijo él.

-Y dime… ¿Cómo te llamas?-. Pregunté recargándome casualmente en un árbol.

-E… Erick, Erick Rames-. Dijo el chico. Era de mi estatura, tenía los ojos azules y era rubio.

-¿De donde eres?

-De Inglaterra-. Dijo y pareció desesperarse. –Podemos entrar, puede haber animales aquí-. Dijo viéndome a los ojos.

-Uf, y no solo animales Erick… no entraremos hasta que me contestes todo lo que te pregunte… ¿Cómo es tu vida? ¿Con quien vives? ¿En dónde? ¿Colegio?

-Vivo con mis papás y mi hermano menor, Greg en Manchester, tengo un perro y voy a un colegio público, ¿Podemos entrar ya?-. Dijo con la palabra "pánico" escrita en toda su cara.

-Y ¿A qué te referías con "no solo animales"?-. Preguntó temblando, por frío y por miedo.

-Emmm no lo sé… ¿Vampiros, tal vez?

-¡¿Vampiros? ¡Estás loco!-. Dijo y se volteó para irse como nenita a la casa. Use mi velocidad vampírica y me puse frente a él. Erick se detuvo de golpe.

-¿Entonces no crees en los vampiros?-. Le pregunté mientras caminaba hacia él y él se hacía para atrás.

-N… no-. Dijo tartamudeando.

-Te haré creer-. Dije, lo tomé del cuello y nos adentramos más al bosque para que lo devorara. Dejé el cuerpo tan mallugado que ni siquiera parecía de humano.

Antes de entrar a la casa me puse los pupilentes (que robé para que las de a lado no sospecharan nada. Soy un genio) tomé sus cosas y toqué el timbre.

Los señores me abrieron.

-Hola. Tú debes ser Erick ¿No?, pasa, pasa, estás en tu casa-. Me dijo la señora dándome unas palmaditas en la espalda.

-Gracias-. Dije.

Entramos. Era la casa más moderna y grande que había visto, muy moderna como para los señores de cuarenta años que la habitaban.

-Ven-. Dijo el señor y me guió a lo que sería la habitación de Erick. Tenía una pantalla. Computadora, hasta un mini refrigerador.

Me dio un recorrido por la casa.

-Se lo agradezco mucho-. Le dije. –Espero no les cause muchas molestias-. Dije. Sabía como ganarme a las personas.

-Oh, no, no, para nada, es un gusto tenerte aquí, nos sacas de lo cotidiano-. Dijo la señora.

-Ah, espero que los vecinos no sean mucha molestia para ti, son algo… raros-. Dijo el señor.

En realidad no eran ninguna molestia. Con un ángel como ese…

-Oh, lo tendré en cuenta.

-¿Tienes hambre? ¿Quieres descansar? ¿Usar el baño? ¿El teléfono?, lo que sea, estás en tú casa eh-. Insistió la señora.

-Creo que descasaré un rato, ustedes saben, el horario de aquí y allá no son iguales y bueno pues...

-Claro, claro, tú descansa. Mañana te llevaremos a que conozcas Canadá y en temporadas navideñas, te encantará. Vamos, vamos, descansa-. Me interrumpió el señor.

Asentí y me fui a mi habitación. Cerré la puerta.

Revisé cada rincón. Presentía que tendrían cámaras o algo. Gracias al cielo no había nada.

Tomé la maleta de Erick y saqué todo.

Había un sobre con sus papales. Su teléfono celular. Lo revisé, tenía recordatorios como: mandarle un mensaje a mamá con mamá, mandarle correos electrónicos, decirle todo.

Había una nota en su celular con su correo electrónico y su contraseña. Tendría que hacerlo, si no, la mujer se enteraría y por lo visto mandaría a la guardia nacional a buscar a su hijo.

Me metí a su correo, le describí a los señores, la casa y todo lo que había visto.

Improvisé un bulto en la cama y salí por la ventana.

Para mi desgracia la casa de a lado estaba vacía.

Volví y pensé en escribirle a Aro.

Escribí que le tenía una sorpresa y que iba a tardar un poco de tiempo (por no decir mucho) y que confiara en mí. La guardé en un sobre y luego en la maleta, luego la entregaría.