Advertencias:

Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo. ESTE CAPÍTULO ESPECIALMENTE CONTIENE ESCENAS BASTANTE DURAS, AVISO PARA LOS SENSIBLES. LA HISTORIA HA SIDO CAMBIADA A CATEGORÍA M, PUESTO QUE ES LA CORRECTA

Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, menos Nadine y su familia que son originales míos.

Hay escenas y diálogos que están inspiradas de otras novelas, series o semejantes, al igual que otras son invención mía.

para cualquier duda, sugerencia o crítica constructiva, estoy a disposición de quien quiera.

Esto está hecho para pasarlo bien, así que comportémonos como personas civilizadas. ¡Mil gracias a todos por leer y comentar!

Capítulo tres.

Eran las 10 de la mañana cuando abrí los ojos con molestia por el sol, que se colaba tras los agujeros de las persianas. Me levanté despacio y me vestí, ya que había dormido en ropa interior.

Coloqué un poco mi pelo para después salir de la habitación directa al baño a asearme, pudiendo presentarme ante Jessica y su madre después. Llegué al salón y allí estaban las dos desayunando.

-¡Buenos días, Nadine! siéntate y come algo. –Dijo Jessica sonriente, señalando una silla a su lado.

-Gracias –Contesté mientras sonreía levemente y me sentaba.

-Esta es mi madre, Amelie. Le he contado el problema, dice que puedes quedarte cuanto necesites.

-No era necesario, Jessica –dije algo molesta por dentro-, pero por favor; No hables con nadie sobre esto, no me gustaría ser la comidilla de nadie.

-Tranquila, somos tumbas. ¿Irás a recoger tus cosas?

-Sí, ahora iré. –Mantuve la mirada lejos de la de la mujer mientras respondía, tratando de evitar algún atisbo de flaqueza.

-Te acompañaré, y como hoy no hay que trabajar, iremos de compras y a comer fuera, ¿qué te parece?

-Bueno, muchas gracias, pero no me encuentro muy entusiasmada...

-¡Por eso mismo! -me cortó con energía-. No seas tonta, lo pasaremos bien.

Terminamos el desayuno de forma relajada, y cuando Jessica se hubo preparado nos fuimos en mi coche.

Llegamos a la casa al cabo de una hora, y para mi alivio, el vehículo viejo de Ray no estaba. Parecía no haber nadie.

Salimos y nos dirigimos hacia la puerta y ventanas en busca de algún sonido o movimiento dentro. Nada aparentemente. Saqué las llaves y entramos.

Mientras Jessica examinaba la casa, yo me dediqué a hacer la maleta lo más rápido que pude para no tener que estar allí más de los segundos indispensables.

Después de una media hora terminé y nos largamos como alma que lleva el diablo. Se acabaron mis días de amarga esclavitud, o por lo menos, prefería pensar eso aunque nunca había sido muy positiva, y conocía bien a aquel ser violento y repugnante que era Ray.

Llevamos las maletas a su casa, organicé un poco la ropa y mis pertenencias para después dirigirnos al pequeño centro comercial del pueblo. Dimos una vuelta, compramos algunas cosas y cuando nos disponíamos a busca algún restaurante, nos encontramos a un chico junto con una joven, la cual parecía su novia, paseando por el centro comercial. Me quedé mirándolos impresionada porque los rasgos y características físicas del joven me resultaban familiares.

-¿Otros rostros pálidos y angelicales? –Pregunté extrañada y curiosa.

-Oh, desde luego –añadió Jessica entusiasmada tras observar a ambos-. Es Edward Cullen y su novia Bella Swan, la hija del jefe de policía. Él es uno de los hijos adoptivos del matrimonio Cullen.

-¿Del matrimonio Cullen? –Me puse nerviosa ante esa contestación sin entender muy bien el motivo, no era simple curiosidad, y eso me creó una irritante molestia hacia mi misma.

-Sí, lo siento, me informé y parece que el doctor ya está pillado y que la tal Esme está con él. Todo el pueblo lo dice. Y Bueno, tienen contando con Edward... 5 hijos más, por lo que parece que son una pareja consolidada.

No pude reprimir en mi interior la tristeza, aunque sabía que no tenía posibilidad de nada con el doctor Carlisle. Siempre queda un hilo de esperanza dentro, que esta vez se cortó de forma súbita, y eso me ocurría por pensar estupideces con un hombre al cual sólo había visto dos veces en mi vida. Sentí compasión por mi estupidez.

-Bueno, tengo hambre. Vayamos a comer. –Dije cambiando de tema con brusquedad, para que mis sentimientos no saliesen al exterior.

Jessica asintió y comenzamos a prestar atención a lo restaurantes para elegir uno sin más comentarios respecto a los Cullen. Aquel tema quedaba zanjado para siempre.


Llegó el lunes de nuevo y fui a trabajar junto con Jessica. Me encontraba recuperada del susto, pero destrozada de forma psicológica. Después de todo, en el más oscuro resquicio de mi corazón lo quería; ¿Cómo podía ser tan estúpida?

A última hora llegó un gran cargamento de libros que habría que registrar y ordenar. Para salir de mi colapso mental, me ofrecí voluntaria a hacer horas extras colocando la parte que no dio tiempo.

Imploré a Jessica para que me dejara hacerlo sola, y no rechistó, sólo me pidió que llamara si necesitaba algo. Sonreí levemente como muestra de gratitud y me puse manos a la obra.

Pasaron dos horas en las que mi mente quedó concentrada exclusivamente en la tarea de los libros, haciendo que el tiempo se esfumase de forma sorprendente.

Me sentí cansada pero algo triste al tener que volver a la cruda realidad de torturarme psicológicamente tras terminar la entretenida tarea. Miré el reloj para ver que ya eran las 10 de la noche, suspiré y recogí mis cosas para marcharme.

Al salir a la fría penumbra de la calle sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo debido al contraste de temperaturas. Miré de forma cansada a mi alrededor observando un gato que pasaba rápidamente cruzando de un extremo a otro de la avenida, y decidí comenzar a caminar en busca de mi coche, el cual estaba aparcado detrás de la biblioteca.

Me paré ante el vehículo buscando torpemente las llaves en mi bolso. Abrí el coche cuando, repentinamente, alguien se abalanzó sobre mí haciendo que quedara atrapada entre aquella persona y el automóvil.

Sentí su pesada respiración en la nuca mientras se acercaba a mi cuello y empezaba a besarlo con ansia, mientras yo trataba de zafarme. Logré darme la vuelta y me encontré con la última persona que deseaba en el mundo.

-¿No te alegras de verme? –Preguntó con una voz que delataba su embriaguez.

-Déjame en paz, Ray. ¡No entiendes que no quiero saber más de ti!

-Quien no entiende eres tú... ¡Me perteneces!

Él se acercó más a mi cuerpo empujándome hacia el coche sin dejar de acercar su boca a la mía, intentando besarme. Me resistí como pude, pero el cogió mi barbilla violentamente y me besó de forma repugnante.

Traté de separarme en todo momento, pero solo conseguí que me propinara una bofetada.

Sus ojos empezaron a derrochar ira por doquier, entonces me metió en la parte trasera del vehículo de un empujón, y al instante él hizo lo mismo cerrando los seguros para evitar mi huida, menos el de la puerta que se encontraba taponando.

Se puso encima y se bajo los pantalones torpemente. Cuando vi sus intenciones mis ojos se abrieron como platos y empecé a chillar intentando pegarle una patada, pero agarró mi cuello con ferocidad, haciendo que me callara a causa de la fuerte presión que ejercía en mi garganta.

-Todo será más fácil para ti si te relajas, gatita. –Dijo mientras con una mano seguía agarrando mi cuello y empezaba a desabrocharme el pantalón con la contraria.

-Te odio, Ray.

Mis lágrimas comenzaron a salir por la impotencia y el miedo. Traté de no rendirme y seguir luchando por mi integridad, pero cada vez me hacía más débil y él más fuerte. Logró quitarme la ropa que le molestaba en su tarea.

Entonces desabrochó mi sujetador y metió la cabeza por debajo de mi camiseta para chupar mi pecho mientras yo luchaba contra él, sin éxito.

Noté como su cuerpo estaba preparado para realizar la acción que tanto temía, entonces, el miedo se apoderó de mí de forma súbita y empecé a sacudirme fuertemente.

Ray ante mi reacción se puso realmente violento y comenzó a golpear mi cara hasta que me quedé quieta por un instante, llorando. Entonces introdujo de forma violenta su miembro dentro de mí, haciéndome gritar de dolor mientras seguía llorando y tratando de librarme de la fuerte prisión de sus brazos, sin éxito alguno.

Repitió el movimiento varias veces hasta que se hubo saciado, y sólo entonces salió corriendo sin una mirada, una palabra... Nada.

Me quedé tumbada casi en la misma posición unos minutos intentando reponerme del shock sin dejar de llorar. Con rapidez cogí mi ropa tirada por diferentes partes del coche y me la puse.

Sentí una rabia y un asco tremendo por permanecer allí dentro, así pues, una vez vestida de nuevo por completo salí dando un portazo.

Cerré el vehículo con manos temblorosas y corrí por la avenida, donde vi cruzar al gato minutos antes.

No había un alma por la calle mal iluminada, no sentía el frió al correr, aún estando sin abrigo; Sólo sentía el dolor, la rabia. Todo contenido dentro de mí sin forma de salir. Llorar no me aliviaba, pero no podía detenerme.

Pasé corriendo delante del hospital sin percatarme de que unos ojos habían detectado mi desesperación y empezaron a seguirme.