~NOCHE ETERNA

Esa noche, Baek Seung Jo no solamente estaba enojado, sino que estaba furioso. Realmente furioso.

Vio los expedientes de sus pacientes y el coraje comenzó a acumularse... pero claro que ese no había sido el peor problema. No, el peor de todos había sido aquel horrible rumor que se esparcia lentamente como una llama sobre la leña.

Pudo recordar perfectamente el momento en que lo escuchó:

Como todas las mañanas, caminaba hacia el área de emergencias. La noche pasada, precisamente la misma en que él y su tan amaba esposa habían pasado toda aquella maravillosa odisea en el hotel, a las cuatro de la madrugada había ocurrido un accidente a las afueras de Seuol.

Había sido tan grande el accidente, que los heridos se habían repartido en los diferentes hospitales principales; al hospital de Parang les habían tocado un grupo de personas que estaban gravemente heridas.

Una de ellas, era la hija menor del presidente de la capital, que estaba de visita en la ciudad para una conferencia.

El doctor Na salió de la nada, casi corriendo por el pasillo.

-¡Na Sunbae!- le gritó Seung Jo.

-¡Doctor Baek! ¡Qué alegría!- dijo y tomó las manos del joven doctor- ¡Te necesito en urgencias, rápido!- luego su localizador sonó, anunciandole que debía ir a quirofano. Casi soltó una maldición.

-¿Voy con usted?- preguntó el joven doctor.

-No, busca a la enfermera Soo; te vas a hacer cargo de la hija del presidente.

-¿¡Yo!?- dijo él, un poco nervioso- Pero aún soy un interno, Na Sunbae, ¿cree que será prudente que me haga cargo...?

-Anda, chico, eres un genio. Sé que todo estará bien en tus manos.

-Aún así...

-¿Será que el gran Baek Seung Jo está nervioso, acaso?- y soltó una risa nerviosa, el localizador volvió a sonar y el doctor Na lo miró- Cuento contigo, Seung Jo- y salió disparado detrás de un grupo de enfermeros que se dirigían a urgencias. El joven Baek también comenzó a caminar hacia la oficina de la enferma Soo, cuando divisó a su esposa.

La enfermera Oh atendía a unos de los heridos, suministrandoles anestesia para calmarles el dolor; el joven doctor miró a su esposa: tan dedicada a su labor, consolando a los que tenían miedo y tratando con su máximo esfuerzo de ayudar a los que no podían moverse. Comparada con la Ha Ni de preparatoria, la enfermera era su favorita. Siempre tan amable, dedicada, atenta y sobre todo amorosa.

Él amaba eso de su esposa.

Amaba que fuera tan tierna y dadivosa, adorable, sincera, que se dedicara de lleno a su trabajo aunque cometiera errores; amaba despertar y que fuese lo primero que viera al despertar y lo mismo al dormir. Simplemente, Baek Seung Jo amaba a su mujer.

-¿Doctor Baek?- lo llamó una voz. Apartó la vista a regañadientes de su mujer para mirar a la enfermera Soo.- ¿Está listo para la cirugía?- él asintió. Se despidió en silencio de su mujer y caminó al lado de la jefa de enfermeras.

Llegó al quirófano, donde el cuerpo de una chica yacía sobre la mesa de operaciones. Parecía muy joven, y si no fuera por los moretones y las cicatrices en su rostro, podría asegurar que era atractiva. Siguió el procedimiento rutinario: se lavó las manos, las secó, se colocó los guantes y el cubrebocas, y caminó hacia la mesa.

Dos enfermeras y otros dos doctores ya estaban ahí cuando el doctor Baek se acercó.

-¡Doctor Baek, bienvenido!- dijo el doctor Lee.

-Lee Sunbae- musitó Seung Jo, miró de cerca a la chica- ¿Cuál es el estatus?

-Dos costillas fracturadas, luxación en el brazo derecho, tobillo izquierdo dislocado, nariz rota y tenemos que operarla antes de que las costillas perforen su corazón.- dijo una enfermera, y el joven Baek la miró: su nombre era Kang Yuu Min; demasiado atractiva para ser una enfermera, demasiado atenta e inteligente. Era justamente ese tipo de mujeres independientes que llamaban la atención. Seung Jo pensó que le recordaba mucho a Hae Ra.

-¿Está listo?- preguntó el doctor Ming; el joven doctor suspiró y asintió.

Pretendió que no estaba nervioso, pero esa era su primera operación donde estaba totalmente a cargo. Deseó realmente que su esposa estuviera ahí; nunca lo admitiría pero Oh Ha Ni le daba la fuerza suficiente para hacer las cosas. Se sentía el hombre más poderoso, se sentía invencible y nunca dudaba cuando se trataba de ella.

-Doctor Baek, ¿qué opina del joven interno?

-¿Disculpe?

-El doctor Charles Kim Jun- dijo el doctor Lee. Seung Jo suspiró; no es que tuviera algún problema con el chico, sino que no le gustaba hablar de él porque siempre terminaban comparandolos.

Charles Kim Jun era un chico de diecinueve años que lo consideraban un verdadero genio. Se graduó de la preparatoria a los dieciséis años, estudió unos años en Estados Unidos y luego volvió a Corea con su madre. Su padre era inglés y su madre coreana.

Seung Jo no tenía problemas con él, de hecho el único momento en que habían cruzado palabras había sido cuando se anunció que haría su internado en el hospital general de Parang. El jefe del hospital los presentó y le había dicho a Seung Jo "cuida mucho de tu hermano menor, Seung Jo. Tú hasta ahora eras el genio favorito"

El chico, que lo único que tenía de coreano era el nombre, asintió y sonrió, pero Seung Jo no sentía simpatía por el chico.

Escuchó a los doctores y enfermeras hablar sobre el chico como si fuese la octava maravilla, cosa que realmente no le interesaba al chico Baek... hasta que mencionaron a cierta enfermera atolondrada:

-¿Saben si Charles escogió ayudantes para su operación de hoy?- preguntó Lee.

-Dijo que sólo necesitaba a una.

-¿Ah, sí?

-La enfermera Oh- dijo Kang. Seung Jo casi le perforaba la yugular a la hija del presidente.

-¿Doctor Baek? ¿Se encuentra bien?- el joven doctor asintió y prosiguió con la operación.

-¿Es la primera operación de Charles?- la enfermera Kang asintió- ¿Por qué solo pidió a una enfermera...?

-No es sólo eso, Lee Sunbae- dijo Ming- La pregunta es por qué de todas las enfermeras capacitadas, eligió a la más... - pero se calló cuando la mirada gélida de Seung Jo se posó en él.

Puede que su esposa no fuera como las demás enfermeras, que fuera atolondrada y hasta torpe, pero si algo caracterizaba a su mujer era el empeño que le ponía a su trabajo. Eso era suficiente para él.

-De todos modos, el doctor Charles es un buen muchacho.

-Sí. Desearía poder ver su desempeño en estos momentos.

-Podría irse si así lo desea, sunbae- dijo Seung Jo, en voz baja - Tengo bajo control esto.

-Nada de eso, Baek- dijo Lee- Ésta también es su primera operación a cargo; tenemos que monitorearlo.

-Si, si, ya habrán más oportunidades de ver a Charles- sonrió Ming- De todos modos, queremos ver cómo se desempeñarán esos dos chicos.

-¿Disculpe?- dijo enojado el joven- Si no les molesta, desearía terminar la operación sin tanto cuchicheo. Los cotilleos no me gustan.

-Disculpe, doctor Baek- susurró el doctor Ming.

Lo que restó de la operación, permanecieron en silencio. Los doctores se preguntaban con miradas si Seung Jo estaba enojado o si sus comentarios causarían problemas entre la joven pareja, después de todo era bien sabido que los recién casados solían tener muchos problemas, la mayoría porque la joven enfermera solía crear malentendidos. Algunas veces entre sus compañeros enfermeros y otras con los pacientes, quiénes se terminaban encariñando demasiado con ella.

Pero a Seung Jo no le gustaba para nada que dijeran que su esposa era el interés amoroso de otro hombre. De hecho, la simple idea de que pudiese ser deseada por alguien más le provocaba náuseas al joven; pero se dijo a sí mismo que era normal que llamara la atención, después de todo, su Ha Ni era demasiado atractiva, aunque ella no lo notara.

Dio un último suspiro, cuando finalmente había terminado con su labor.

-¡Felicidades, doctor Baek!- dijo el doctor Ming. La operación había sido todo un éxito, y el joven se veía rodeado de varias personas felicitandolo, incluso el jefe estaba ahí. Menos su esposa.

Se preguntó dónde estaba su atolondrada mujer, cuando recordó que ella también tendría su debut como asistente en una primera operación, así que abandonó el lugar donde se encontraba y caminó por los pasillos hasta llegar al elevador.

Dos compañeras de Ha Ni platicaban alrgremente cuando él llegó:

-¿Dónde se encuentra mi esposa?- preguntó con la voz ronca. Las enfermeras lo miraron impresionadas, primero porque el atractivo doctor Baek les estaba dirigiendo la palabra, y segundo porque se había referido a Ha Ni como "mi esposa". Una tragó saliva:

-La enfermera Oh acaba de subir para su cirugía, doctor Baek.

-¿Iba sola?- preguntó, pero él ya sabía la respuesta.

-No, van con ella el doctor Charles y la enfermera Soo... - y comenzó a caminar a toda prisa.

El tercer piso era todo un manojo de nervios. Los enfermeros corrían de un lado a otro, arrastrando las camillas, recogiendo botiquines y llevándolos de un lado a otro. Divisó al doctor Na rodeado de varios enfermeros, a la enfermera Soo correr hacia los elevadores, a una de las compañeras de su esposa pedir ayuda para unos pacientes y luego, vio a su esposa llevar a un anciano en la silla de ruedas. Se acercó hasta ella, pero se detuvo a unos cuantos metros: mientras su esposa trabajaba arduamente, el joven doctor vio a su lado a otro doctor, mucho más joven y con ojos grandes, color verde esmeralda, piel blanca, cabello castaño oscuro y una nariz respingada. Seung Jo prestó atención a la manera en la que el mocoso polulaba alrededor de su amada esposa como si fuera un pastel sobre una mosca; vio cómo el chico le sonreía como idiota miemtras parecía estarle diciendo algo que le causaba gracia a su mujer, pero por su semblante la notaba tensa, mirando constantemente a su alrededor.

Pensó que quizás lo estaba buscando y eso le proporcionó al joven Baek mucha satisfacción. Pero la sonrisa que estaba a punto de dibujarse en sus labios se esfumó en el momento en que el chico tocó la mejilla de su mujer, apartando un mechón que caía en su rostro.

En ese momento sintió un fuego que lentamente quemaba desde los dedos de sus pies hasta el músculo más tenso de su cuerpo; la rabia se apoderó de él y no entendía claramente qué sucedía. Normalmente no era un hombre celoso, de hecho, a parte de Boon Jong Gu, Seung Jo no había tenido que preocuparse de ningún otro hombre, porque de todos modos su esposa nunca le daba motivos para sentir celos... pero ese momento en el que el chico la tocó, se sintió lleno de rabia.

Así que caminó hasta donde ellos estaban; su mujer levantó la vista y en sus ojos adormilados se dibujaron estrellas.

-Seung Jo... - susurró ella, sonriendo. Pero eso él no lo vio; tomó a su esposa del brazo y la arrastró por todo el pasillo. Fue consciente de que todos a su alrededor los miraban pero en ese momento no le importó. La arrastró hasta la oficina del doctor Na, y la empujó contra la puerta. Se miraron.

-Seung Jo, ¿qué ocurre?- le preguntó Oh Ha Ni, nerviosa. Se preguntó si había hecho algo que lo molestara, pero por más que indagó en su mente no encontró nada. Seung Jo por su parte admiraba a su mujer; la amaba tanto que estaba seguro haría lo que fuera por ella, y alejarla de cualquier otro que se acercara era una de esas cosas.

De pronto, mientras miraba el rostro asustado de su mujer, se cuestionó a sí mismo el motivo de sus celos: ella no le había dado ni siquiera una razón y él ya estaba haciendo toda una guerra mundial.

Pero lo que no entendía era por qué de pronto tenía la necesidad de tomar a su mujer. Era demasiado orgulloso para admitir que, en el fondo, la idea de que su esposa fuese deseada por otros le era sumamente excitante. ¿Quién diría que su Ha Ni provocaría a otros hombres, aunque fuese un niño? Porque ya había oído más rumores y cuchicheos de otroa doctores y enfermeros que resaltaban la belleza de su esposa.

Por ello, fue que Seung Jo decidió a hacerle entender a su esposa que era suya.

La tomó fuertemente de los hombros y pegó su cuerpo al de ella, haciéndole notar cuán excitado estaba. La enfermera tragó saliva, e iba a decirle algo cuando su esposo trabo sus labios sobre los de ella. El beso era meramente carnívoro y aún así cargado de pasión y fuego. Mordió sus labios mientras empujaba su pelvis contra la de ella, dándole a entender a su esposa que era solamente suya.

Oyeron unos pasos acercarse a la puerta y voces llamándolos, Oh Ha Ni pensó que iba a soltarla, pero para Seung Jo, la idea de que fueran descubiertos despertó dentro de él unas ansias asesinas. De modo que, con una rapidez increíble, despojó a su esposa de su pantalón y la bata, admirandose como siempre de su increíble físico.

-Ahora te voy a demostrar a quien le perteneces...- le susurró Seung Jo mientras la besaba. Dispuesta a protestar, Ha Ni se intentó alejar de su esposo, pero sus manos se volvieron como grilletes:

-Basta, Seung Jo. Podrían vernos...

-No me importa.- dijo él. Acto seguido, besó su cuello y se dirigió a su pecho descubierto, y Ha Ni se rindió.

Mientras afuera los buscaban, en la oficina del doctor Na los dos se devoraban sin piedad, buscando más contacto, tanto que si hubieran podido se habrían desnudado y ahí sobre el escritorio se hubieran fundido, pero no había tiempo. Seung Jo se bajó el pantalón rápidamente y se preparó para poseerla, sin importarle los intentos de su esposa, quien le decía que ya tendrían tiempo cuando volvieran a casa.

-No. Ahora.- dijo y metió dos dedos en su cavidad. Ha Ni echó la cabeza atrás, mordiendose los labios y riendiendose.

Seung Jo tomó eso como una invitación, y entró totalmente en ella, tapando la boca de su mujer con sus labios, devorando el gemido que escapaba de sus labios.

Se movió rápidamente mientras acariciaba el cuerpo de su esposa, y ella se entregaba de lleno a él.

-Más... más... - le pidió, totalmente excitada. Pero él ya no podía; la besó mientras se entregaron su último aliento... y se quedaron ahí, con sus frente unidas.

-Te amo, Ha Ni- le susurró él antes de separarse de ella, sellando con un beso esa promesa de amor.

-Anda, ve a tu cirugía.- le dijo dándole un beso inocente en la frente mientras se arreglaba y, lanzandole un guiño, salió.

Oh Ha Ni se quedó unos segundos ahí, hiperventilando, repasando ese encuentro casual hasta que recordó su cirugía.

Se arregló lo más rápido que pudo y salió. Todos la miraban, algunas enfermeras hasta cuchicheaban y los doctores reprimian una sonrisa.

La enfermera Soo la tomó del brazo:

-¡Niña! ¿Qué haces aquí? ¡Anda, Charles ya comenzó la cirugía!- le dijo y la empujó hacia el elevador, antes de que la puerta se cerrara, le sonrió:

-Asegúrate de que la próxima vez no haya nadie a su alrededor, señora Baek- se burló la jefa de enfermeras, provocando un sonrojo intenso en la enfermera.

Las puertas se cerraron y Ha Ni sólo pudo soltar un grito, totalmente apenada.