Todo lo mío (?) es para Lizjooporque es MI TODOy la amo densamente & porque soy de ella para todo lo que guste & desee

Twilight no me pertenece y la historia tampoco, es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción.

Las gracias van de nuevo para ericastelo (:


Capítulo 2- Shock

Edward estaba confundido.

Despertarse repentinamente siempre lo confundía, pero esto era algo diferente. Como su cerebro aún no se había reiniciado, solo estaba consciente de las sensaciones. Su cuerpo dolía sin duda alguna. Estaba encorvado en un pequeño espacio, lo que era raro. Tenía una cama king-size en otro lado, después de todo. Su corazón estaba latiendo muy rápido. No había despertado de la nada, lo habían despertado bruscamente.

"Oof". Edward parpadeó, con dificultad para respirar por un dolor en su abdomen.

Le tomó otro minuto a Edward darse cuenta de que el dolor era causado por un codo enterrándose contra él. Eso era lo que había alterado su ritmo cardiaco. Había una chica entre sus brazos. Parpadeó de nuevo. Bella. Su nombre era Bella, y no estaba durmiendo tranquilamente.

Estaba dormida. Sus ojos estaban cerrados. Murmuraba frenéticamente en su sueño, y mientras la mente de Edward comenzaba a estar más alerta, pudo comenzar a descifrar las palabras.

"No. Por favor, Mike. Por favor, no". Dijo esas tres palabras en distintas combinaciones una y otra y otra vez, y mientras lo hacía, luchaba.

Edward recordaba vagamente cuando se quedó dormido, ella había estado encima de él. Ahora él estaba sobre su costado, su espalda presionada contra el muro en esa pequeña cama. Era un minúsculo dormitorio... pero Edward no podía pensar en eso en estos momentos. Su brazo, flojo alrededor de ella en un principio, se había apretado cuando comenzó a agitarse, y eso fue un error.

"¡No!" Se empujó lejos de él con tanta fuerza que se cayó de la cama. Edward se levantó sobre sus brazos, viéndola. Ella parpadeó, sin poder ver, su pecho agitado. Estaba hiperventilando, y cuando se dio cuenta, se deslizó fuera de la cama, al piso.

Llorando silenciosamente, se hizo hacia atrás, se hizo un ovillo, lejos de él. "No", dijo entre jadeos. "Lo siento. No quería... lo siento".

Edward tuvo que tragarse la bilis que subió a su garganta, quemándola. Había pasado un tiempo como voluntario en un albergue para mujeres -una de las miles de cosas que había hecho para llenar la abundancia de tiempo libre. Había visto ataques de pánico y terrores nocturnos.

"Bella", dijo, manteniendo su voz firme. "Estás a salvo. Bella. Nadie va a lastimarte. Escúchame. Nadie va a lastimarte".

Aún estaba respirando demasiado rápido, pero ahora también estaba parpadeando rápidamente. "¿Mike?" Preguntó, insegura.

"No. Soy Edward".

Bella jaló sus piernas hasta su barbilla, sentándose con su espalda contra la, afortunadamente vacía, cama de su compañera. Enterró su cara entre sus rodillas, para calmarse. "Mierda", dijo.

Edward gateó los pocos metros hasta el otro lado de la habitación y se sentó a su lado, dejando un espacio considerable entre ellos. Apenas tocó sus nudillos con la punta de sus dedos, simplemente dejándole saber que estaba ahí. Se encogió al principio, pero volteó su cabeza lo suficiente para ver su mano abierta, con la palma hacia arriba. Después de otro minuto, tomó su mano y la apretó. Fuerte. Edward no protestó. Dedos rotos era probablemente lo menos que merecía.

Con su mano libre, él frotó sus ojos, tratando de descubrir qué diablos había pasado anoche. No había habido alcohol, y aun así sus recuerdos estaban borrosos.

Fueron sus palabras. Edward solo había estado poniendo poca atención antes de que Bella hablara, y de alguna manera se las había arreglado para destrozarlo con unas cuentas estrofas. En una década, nunca había escuchado las palabras correctas que describieran lo que había sido ver a su hijo desvanecerse frente a sus ojos. El dolor profundo. La furia inútil. El terror puro. La vorágine que se construyó en su interior, una criatura desgarrándolo tranquilamente, arrastrándolo a un abismo. Era caos y dolor y luego...

El silencio. El terrible, ensordecedor y desolado silencio de su corazón.

Ella sabía.

Él no era idiota. Podía leer bien entre líneas. Sus situaciones no eran para nada las mismas. Edward podía apostar que ese tal Mike no estaba muerto. Pero a pesar de sus palabras, y a pesar del horror que había vivido, Bella se había apropiado del escenario. Con sus botas de plataforma, su falda negra, medias y chaqueta de cuero. Lo que estaba vistiendo no era revelador. Era el tipo de atuendo que no parecería fuera de lugar en una película de superhéroes.

Toda la noche estuvo tratando de recordar que era una niña -y lo era. Tenía que serlo. Reconocía un dormitorio de novato cuando lo veía, y ahora, temblando después de cualquier horrible pesadilla de la que se había despertado, lucia desgarradoramente joven y frágil. Realmente no sabía que estaba pensando en ella de esa manera hasta que lo estaba besando, y luego...

Luego todo había pasado demasiado rápido.

La presión alrededor de sus dedos se redujo, y Bella levantó su cabeza, resoplando. "Lo siento". Estaba viendo hacia el frente, su voz ni tan clara ni tan fuerte como lo había sido toda la noche, si no aterrorizada y temblorosa. Estaba vacía y muerta.

"No lo hagas". Dudó, pero movió su mano para tocar su rodilla.

Bella se paró rápidamente, y Edward pudo haberse pateado a sí mismo. Había sido un movimiento inocente, y ella todavía estaba usando su falda -aunque sus medias habían estado al otro lado de la habitación desde hacía mucho tiempo- pero después de un ataque como ese, debió haber sabido que era mejor no tocarla. "Lo siento, yo-"

"No. Mira". Caminó por la habitación, pasando su mano por su cabello. "Esto es raro, y joder... tan cliché". Se quedó quieta, volteando su cabeza hacia el techo. "Pero yo no hago cosas de este tipo". Balbuceó. Sus siguientes palabras salen muy rápido. "Y realmente necesito que no pase de nuevo".

Edward la miró, un poco sorprendido mientras ella apretaba sus manos. Luego no pudo evitarlo. Se rio, frotando sus ojos con alivio. "Gracias a Dios".

Se arrepintió de sus palabras en el minuto que las dijo, y se levantó, con sus manos extendidas. "No quería que sonara de esa manera". Eso era, muy probablemente, la cosa más grosera que había dicho en toda su vida. "Solo trato de decir que estamos en la misma página. Creo. Pasó y fue bueno". Jodidamente bueno. "Pero no estás interesada en un desayuno o en repetir nuestra actuación".

Sus hombros se relajaron, y lo miro por debajo de sus pestañas, con timidez. "Sí. Es esa página".

"Está bien para mí ", dijo, ofreciéndole una pequeña sonrisa. Empezó a mirar a su alrededor buscando las piezas de ropa que le faltaban.

"No tienes... quiero decir, está obscuro. Se siente grosero de mi parte correrte justo ahora", dijo, viéndolo.

Era dolorosamente obvio que no había estado mintiendo cuando dijo que no hacía cosas como esta. Sonaba exactamente como lo que era: una niña que parecía estar navegando en la muy común mañana siguiente...

¿Por primera vez?

Edward alejó ese pensamiento. Ya habían acordado que no era de su interés, y con toda honestidad, no quería que lo fuera. "No me estás corriendo. Ya estoy completamente despierto. No tendré problemas para llegar a mi casa".

Lo ayudó a juntar sus cosas y lo acompañó a la puerta. Ahí, Edward dudó. Sus dedos se retorcieron a sus costados, y luego levantó su mano para acunar su cara. No la besó, aunque tuvo que pelear con el impulso, pero sí pasó su pulgar por sus labios. Con un suspiro, dejó que su mano cayera de regreso a su lado. "Cuídate", dijo.

Él se alejó, preguntándose por qué sus últimas palabras se sentían horriblemente inadecuadas.

~0~

Edward llegó a su casa y cayó sobre su cama, pero solo durmió por tres horas antes de que un persistente golpeteo en su puerta lo volviera a despertar.

"¿Qué diablos pasó contigo anoche?" Preguntó Alice a modo de saludo.

"Buenos días para ti también, Alice", dijo Edward, apretando su bata a su alrededor y dando un paso hacia atrás para que su hermana pudiera pasar. No se movió más allá del vestíbulo. Estaba mirándolo con esa expresión dolida que odiaba. "Lo siento".

"Le dijiste a Jasper que te ibas a quedar".

"Algo salió".

Un fantasma de los recuerdos le llegó con esas palabras. Alice y Edward eran de la misma edad, nacidos solo con semanas de diferencia. Los Cullen la habían adoptado cuando tenía tres, y había sido la mejor amiga de Edward la mayor parte de su vida. Alguna vez pudo haberse aprovechado de sus palabras y sacarles un doble sentido. Hubiera estado en lo correcto en este caso, pero no había manera en que le dijera a Alice lo que había hecho. Pero por un instante, realmente quiso.

"Te perdonaré... si-"

Levantó una ceja. "¿Si?"

Su expresión se suavizó. "Ven a almorzar con nosotros. Jasper, Damien y yo".

Edward dio un paso hacia atrás involuntariamente, y su hermana saltó. "Vamos, Edward. Damien te extraña".

"Damien tiene seis meses. No sabe quién soy, y no le importa".

"Pero lo hará. Ese es el punto. Fuiste un tío increíble con los hijos de Emmett".

Edward tosió. "Aiden me odia".

"Porque tenía diez años cuando nos abandonaste a todos".

"Entonces no debo ser un tío increíble".

Al principio parecía que Alice iba a discutir. Luego se dejó caer un poco, envolviendo sus manos alrededor de sus brazos. "Edward... te extraño. Apenas si te apareces por ahí, pero has sido un fantasma desde que me embaracé de Damien. Se siente como si estuvieras enojado conmigo".

"Eso es ridículo. ¿De verdad viniste a pelear conmigo?"

"No, imbécil. Vine aquí porque te extraño. Y porque finalmente me estás haciendo lo que le hiciste a todos los demás hace diez años".

"¿De qué estás hablando?"

"Oh, no te hagas el tonto, Edward. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a un evento familiar? Con todos nosotros. Pero solías vernos a Jasper y a mí frecuentemente antes de que cambiáramos de opinión sobre tener niños. Bueno, jódete". Avanzó un paso hacia él, y él retrocedió. "No nos alejes, no me alejes. Quiero que mi hijo tenga completa a su familia".

Edward enloqueció entonces, aventando todos los papeles que estaban en la mesa. "El hecho de que tan siquiera pienses que eso es posible es por lo que me mantengo jodidamente lejos".

Los ojos de Alice estaban enrojecidos, y podía ver el dolor en sus expresiones. "Él no se ha ido para nosotros, Edward. Él-"

"Cállate, Alice. No empieces con esas tonterías. Él ya no está con nosotros. Si vas a decirme que su espíritu está con nosotros, o que está vivo en nuestros corazones, o cualquier otra mierda que la gente se dice a sí misma para sentirse bien con estas cosas, puedes ahorrártelo. No está aquí. Nadie sabe eso mejor que yo".

Se alejó unos pasos de su hermana, frotando sus ojos, tratando de poner muros alrededor del dolor que siempre estaba justo debajo de su piel. Esto era por lo que no veía a su familia. Siempre provocaban un efecto dominó en él, y no dejaba de pensar en cosas como que debería estar disfrutando de los últimos meses de la infancia de su hijo antes de que se volviera un preadolescente. Empezaría a preguntarse cómo habría sido Xavier, si le habría gustado la música, o si habría sido capaz de dibujar. ¿Sería un niño tranquilo y tímido o ruidoso y extrovertido como su tío Emmett?

"Mira, no dormí mucho anoche", dijo, sin mirar a Alice. "Podemos ir a cenar o algo esta semana".

"Tú y yo, ¿o los cuatro?" Preguntó Alice.

Edward resopló. Conocía a su hermana demasiado bien para entender su presión porque saliera con los tres. Pudo haberle preguntado si iba a ir la siguiente semana al cumpleaños de los gemelos de Emmett. "Con los tres", dijo, y luego caminó hasta la puerta, abriéndola para ella.

Su mirada se quedó en él por unos segundos, como si estuviera considerando el seguir presionándolo, pero luego asintió. "Regresa a dormir, trasero flojo".

Se abrazaron, y Edward hizo su mayor esfuerzo porque fuera real. Sabía que su familia estaba dolida por su distancia, y Alice tenía razón. Había estado cerca de ella más que de nadie hasta hace un año.

Cuando la puerta se cerró, y Edward estaba solo de nuevo, recargó su espalda contra el muro. Respiró lentamente, mirando su casa limpia y vacía, y trató con muchas fuerzas de dejar su mente en blanco.

No funcionó, pero nunca lo hacía.

~Principios de mayo~

Como a su profesor le gustaba salir rápidamente justo después de clase, Edward normalmente pasaba unos minutos en la banca afuera del salón. Rebuscaba entre sus notas, ignorando el flujo constante de estudiantes a su alrededor mientras hacía una lista de eventos y personajes en los que quería profundizar por su cuenta.

Cuando acabó ese día, puso su mochila en su regazo y comenzó a guardar. Mientras lo hacía, un anuncio captó su atención. El club de poesía iba a tener otro concurso de lectura esta noche.

Automáticamente, los pensamientos de Edward viajaron a la chica con la que había pasado la noche. Había pensado en ella ocasionalmente durante estas cinco semanas. No había estado con muchas mujeres desde Kate, pero Bella se le había quedado grabada por algunas razones. Edward cerró su mochila.

Ni era como si quisiera verla porque quisiera repetir las cosas; realmente no quería. No le había mentido cuando le dijo que admiraba lo que había escrito. Si tenía la oportunidad de ver a cualquier artista que admiraba, lo hacía. Eso era todo. Ella no tenía qué saber que había ido.

Además, Jasper iba a estar ahí, obviamente. Desde la pequeña aparición de Alice, había estado tratando de mejorar en eso de visitar a su familia. Si no tenía que ver a todos a la misma vez, mejor.

No odiaba a su familia. Solo era un hombre que había envejecido tempranamente y se había vuelto gruñón, y, ¿por qué tendrían que lidiar con eso?

Edward se detuvo por un momento para conseguir un café para él y para su cuñado. El evento aún no había comenzado cuando se escabulló en la habitación. Sus ojos la barrieron, buscando a Bella. Solo porque no quería que ella sacara una conclusión apresurada. Eso era todo.

Jasper lo vio primero. "Hey, Edward. ¿Qué estás haciendo aquí?"

"Traje café", dijo, pasándole uno de los vasos.

Su cuñado sonrío. "Ah, sabía que eras bueno para algo. Pero, en serio, ¿qué haces aquí?"

Edward se encogió de hombros. "Me gusta el estilo de poesía".

"Puede ser bastante poderoso".

Edward tarareó y aclaró su garganta. "Había una chica que pasó la última vez que era particularmente buena. El poema El Caballero Blanco".

Jasper ladeó su cabeza. "Bella Swan".

"Tal vez. ¿Va a pasar de nuevo?"

Cuando Jasper no respondió en seguida, Edward levantó su mirada hacia él. Su cuñado estaba estudiándolo con una mirada extraña en su rostro. Edward arqueó una ceja. Era una pregunta perfectamente inocente, pero la expresión de Jasper sugería que había escuchado algo que Edward no había dicho. La suya era una mirada molesta, y Edward se la sostuvo. No había ninguna historia ahí.

Jasper señaló con su barbilla por encima del hombro de Edward. "¿Por qué no le preguntas?"

Los ojos de Edward se abrieron ampliamente y suprimió una sonrisa mientras se volteaba. Estaba seguro de que Bella estaba parada detrás de él. Cualquier cosa que pudo haber dicho se esfumó. Dio un paso hacia adelante, extendiendo su mano en caso de que tuviera que detenerla. Su palidez era enfermiza, y se veía como si estuviera a punto de desmayarse.

"Eres tú", dijo con voz extraña.

"¿Estás bien?"

Abrió su boca y la cerró de nuevo, balanceándose alarmantemente.

Puso una mano en su hombro. "Vamos. Necesitas un poco de aire".

Sus movimientos eran dudosos, como si su cuerpo no pudiera decidir si podía o no estar cerca de él. Él no tenía ni idea de qué pensaba ella, pero sacarla al aire fresco parecía una prioridad.

Una vez afuera, ella se sentó en el concreto, con su cabeza colgando entre sus rodillas. Edward se agachó, sin saber muy bien qué hacer. No podía verse más diferente que cuando la vio por primera vez. En ese entonces, se veía como una joven mujer que podía patear traseros. Hoy, estaba vestida con pantalones de mezclilla y una sudadera. Incluso antes de que se sentara, se veía pequeña. Se estremeció, y Edward se quitó su abrigo. Las tardes de abril en Flagstaff, AZ aún eran bastante frías.

Bella extendió una mano para tocar la tela de su abrigo. "Gracias", dijo, soñando un poco temblorosa. "Soy algo friolenta". Tomó una respiración profunda, cerrando sus ojos. "¿Qué estás haciendo aquí?"

Edward dudó solo por un minuto antes de decidir que la verdad era inofensiva. Además, sus padres le habían enseñado que los cumplidos sinceros debían ser ofrecidos siempre que fuera posible y a quien sea que los mereciera. "No lo había planeado. Vi un anuncio y quería escucharte recitar de nuevo". Tosió. "No quería molestarte", dijo, en caso de que estuviera nerviosa por eso.

Vio cómo su labio se retorcía. Empezó a levantarse, y cuando le ofreció su mano, la tomó. La soltó inmediatamente, haciéndose unos pasos hacia atrás y cruzando sus brazos. Presionó sus labios en una delgada línea.

Con preocupación. Definitivamente estaba preocupada por algo.

"Quizás es algo bueno que estés aquí", murmuró, tan bajo que en un principio no estuvo seguro de que realmente hubiera hablado.

Él bajó su cabeza, tratando de encontrar su mirada. "¿Dijiste algo?"

Ella suspiró, mirando a los estudiantes que pasaban por ahí. Empezó a caminar hacia la parte trasera del edificio. Intrigado y preocupado por ella, Edward la siguió.

"No esperaba verte", empezó Bella de la nada, balbuceando y tropezando con sus palabras. "Pensé en preguntarle al profesor Whitlock por ti. Te vi hablando con él antes. Imaginé que debía conocerte".

"Uh, Jasper está casado con mi hermana".

"Oh", dijo. Se agitó, pero se calmó igual de rápido, y comenzó a pasearse. "Esto es... no debería...no..."

Preocupado, Edward se estiró, tomándola por los hombros solo para hacer que se detuviera. Finalmente lo miró, con mirada torturada. "Estoy embarazada", soltó.

Edward dejó de respirar. Su estómago cayó hasta sus pies. Su mente quedó en blanco, y su cuerpo se paralizó, sin saber qué hacer primero. Se congeló por largos segundos.

Luego respiró rápidamente, su mente empezando a trabajar de nuevo, aunque solo por instinto. Reaccionó sin realmente pensar. Estaba lo que era real y lo que no. Esas palabras no podían existir. No podían. No había manera en que pudiera lidiar con lo que sea que esas dos palabras significaran. Solo una mujer le había dicho esas palabras, y había estado eufórica. Ambos habían estado eufóricos, y esto... era aberrantemente incongruente en cualquier realidad posible. Su cerebro lo rechazó.

Fuera de su mente, la tomó por los brazos y la sacudió. Con fuerza. La escuchó chillar, y sin embargo, siguió sacudiéndola. "No lo estás. No".

"¡Detente!" Su tono era agudo, y trató de soltarse de su agarre. La sostuvo rápidamente. "Suéltame".

No lo hizo. La agitó de nuevo. "Esto no puede pasar. Esto no va a pasar. ¿Lo entiendes? No puede".

Gruñó y levantó su pierna, golpeándolo con fuerza en la ingle. Corrió mientras él caía.

Así fue como Jasper lo encontró pocos minutos después, aún en el piso, en posición fetal, con las manos en sus partes privadas, diciendo, "mierda", en un susurro frenético mientras trataba de no vomitar.

No funcionó. Se volteó hacia un lado y vomitó mientras Jasper se ponía sobre una rodilla a su lado.

"¿Edward? ¿Qué diablos está pasando?"

Edward gruñó. La agonía de su pene herido aclarando su mente. Mientras el dolor físico disminuía lentamente, autorrepugnancia y terror trajeron un tipo de dolor completamente diferente. "La jodí", dijo en un susurro. Su estómago se contrajo dolorosamente mientras se volvía completamente consciente de lo que le acababa de hacer a esa pobre chica. Pasó sus dedos por sus hombros y jaló su cabello con fuerza. "Dios. La jodí".


Nos leemos la próxima semana