Hola pequeños seguidores, siento mucho la demora pero con las fiestas de Navidad y Fin de año fue imposible para mi actualizar. Ahora tengo mas tiempo y podre hacerlo mas seguido, les agradezco mucho sus reviews, de verdad me motivan. Los veo pronto...


13 de Octubre de 1918

Bruselas, Bélgica

8:57 pm

Escurrió el agua del paño y lo coloco en su pálido rostro. El cabello alrededor de su cara estaba empapado de sudor y a pesar de tener puesta ropa seca y miles de cobijas encima, ella aun temblaba. La fiebre la estaba acabando. Grimmjow suspiro.

Era mejor morir que padecer los males de este mundo.

El crujir de las ramas por el fuego en la chimenea le ayudaba a mantenerse alerta. Debía vigilar los alrededores de la cabaña, aun si la nieve hubiese arrasado con los caminos. Sabía que estaban solos pero no podía bajar la guardia. Miro nuevamente el cuerpo de la mujer en la cama.

En otra ocasión hubiese sido un deleite haberla desnudado para saborearla hasta el clímax. Ahora solo sentía pena. Su cuerpo estaba lleno de moretones y pequeños rasguños en la piel. Su anatomía era perfecta eso no lo podía negar. Una mujer perfecta para degustar y tratar en la cama, pero todo el esfuerzo la habían debilitado. Cuando la cargo a la cabaña solo pesaba dos onzas. Tenía que ser alimentada. La luz del fuego parpadeaba sobre sus rasgos mientras estaba allí. Su cabello largo de color verde yacía regado en la almohada. Se había percatado de sus ojos de inmediato. Eran de color pardo grisáceos, llenos de inteligencia. Su cuerpo era esbelto a pesar de estar frágil, aun así sabía que la mujer tenía una gran tenacidad. Ser débil no era parte de su personalidad.

Más allá de lo que pareciera en el exterior, tenía una uniformidad, una especie de paz sobre ella. Esa sensación parecía emanar de ella y se envolvía en su interior, sea o no paz lo que quería sentir, era la última cosa que merecía sentir.

Se levantó y camino hacia la ventana en la oscura noche. El viento se había levantado y la nieve se agrupaba en las afueras de la cabaña. Se quedó mirando como si pudiese mirar a través de la oscuridad.

Los pensamientos de su pasado rondaban en su mente haciéndole apretar los puños. Si tan solo las cosas hubiesen sido diferentes, el no estaría ahí en estos momentos…

14 de Octubre de 1918

5:18 pm

Nelliel abrió los ojos apenas lo suficiente para divisar el techo de la cabaña donde se encontraba. Lucho por moverse pero el dolor se deslizaba por su cabeza y hombros. Con una mueca de dolor, se acomodó un poco en la cama. Se sentía caliente dentro de las enormes y pesadas sabanas. Su cuerpo ya no temblaba pero estaba débil y el dolor aún era palpable en su interior. Sabía que aún tenía fiebre. Miro el fuego en el hogar adornado y suspiro. ¿Por qué su vida se había alterado de esta manera? ¿Acaso ella no era digna ante los ojos de los Dioses? Le habían arrebatado todo, nunca tuvo grandes riquezas o muchas tierras, era una simple plebeya, hija del líder de un clan. Ella no había pedido nacer y la vida la había tratado de la peor manera posible.

Cerró los ojos. Diosa… solo quería volver a su casa.

-¿Te sientes mejor?- la voz baja, suave vino de la esquina del frente de la cama. Un escalofrió recorrió su espina dorsal al sonido mismo y se puso rígida ante la presencia de aquel hombre. Lo había olvidado a él por unos momentos. No había percibido su presencia en absoluto cuando despertó, tal vez a causa de la fiebre. Nuevamente Nelliel no respondió.

El suspiro molesto. –Mira, sé que no tuvimos un buen comienzo pero en cuanto mejores te dejare ir, aunque creo que estaremos atrapados aquí por un buen tiempo.-

Grimmjow se sentó en la silla al lado de la cama. A pesar de estar oscuro, la luz del fuego iluminaba la mitad de su rostro. Sus ojos azules estaban fijos en ella. Tenía una mirada que la consumía dejándola con la boca seca. Su presencia la incomodaba.

Ella solo se limitaba a escucharlo, realmente no estaba interesada en entablar una relación con él. Por más que quisiese creer en lo que acababa de decir ya no tenía fuerzas para nada. Lo miro con no poca quietud.

Tenía los labios entreabiertos. Grimmjow acomodo su vista sobre ellos. Hacía mucho tiempo que no había estado con una mujer. Él se aclaró la garganta y miro hacia otro lado. –Toma- le acerco un vaso con agua. –Debes tomar bastante líquido para que puedas recuperarte.- ella no se movió. Su cuerpo aun sufría los estragos de la fiebre y no tenía las fuerzas suficientes para levantarse. Él se percató de eso, se acercó cauteloso y la sujeto delicadamente de la nuca, levantándola para que pudiese beber.

Él le acerco el vaso a los labios y ella hizo un esfuerzo por beber. Por un momento Grimmjow se sintió aliviado al verla reaccionar. Ella tosió un poco y él retiro el vaso, acomodo su cabeza nuevamente en la almohada. Dejo el vaso a un costado de la cama. Se levantó y camino cerca de la chimenea. Nelliel diviso unas cobijas pesadas acomodadas al lado de esta. Había hecho una especie de cama. Él se quitó el chaleco blanco, el color que representaba al ejército de Las Noches; una camisa negra de mangas largas se encontraba abajo. El tiro de la camisa sobre su cabeza dejando ver el ancho de sus hombros y su pecho bien marcado que se reducía en una estrecha cintura. Los músculos de su espalda trabajaban mientras se sacaba la camisa y la arrojaba en la silla del pequeño comedor. La luz del fuego le mostro cicatrices en la piel. Se sacó las botas negras y las acomodo junto a él. Los ojos de Nelliel se abrieron, un hormigueo la recorrió.

Ella nunca había estado con un hombre. Jamás le había dedicado su atención a uno.

Ella había notado que Grimmjow era atractivo, cualquier mujer lo haría, pero ahora su cuerpo parecía tenerlo en cuenta realmente.

Vio como Grimmjow se estiraba y se volvía. Ella cerró los ojos, pareciendo dormir. Nelliel se sintió aliviada y decepcionada a la vez.

-Duerme mujer- le ordeno.

Ella se quedó inmóvil. La vergüenza rasgaba dentro de ella. Nelliel lo miro simulando repulsión y su mirada choco con su cara sonrojada. Ella le dio la espalda soplando su aliento exasperada. El rio divertido en sus adentros. Se acomodó en su improvisada cama cerca del calor de la chimenea y su mirada gradualmente se perdió en las llamas danzantes hasta que el sueño lo sucumbió.

15 de Octubre del 1918

10:23 am

Abrió sus ojos y su cuerpo se sentía mejor, frágil, pero mejor que hacía dos días atrás. Aun tenía restos de los síntomas de la fiebre, dolor corporal y falta de fuerza. Estaba harta de estar en la cama.

Quería darse una ducha, apestaba y el estómago comenzaba a rogarle por comida. Lo último que deseaba era ser atendida por su enemigo. Por más que la hubiese salvado y la estuviera cuidando, no se sentía segura a su lado y tampoco le daba la suficiente confianza.

Cuidadosamente se sentó en la cama, el malestar punzaba en cada movimiento. Miro el pequeño y remoto lugar. Al frente, diagonal a la cama estaba la chimenea, a un costado, se hallaba la estufa y un lugar para lavar platos y la encimera, en el medio se hallaba una pequeña mesa con cuatro puestos y cerca de su cama, había una bañera hecha a base de madera, lo suficientemente grande para dos personas. Suspiro, definitivamente su destino no podía ser mejor. Rápidamente miro por todo el lugar buscándolo pero él no estaba.

Lentamente trato de empujarse hacia arriba. Puso las piernas fueras de las mantas y sus pies descalzos en el suelo frio. Le tomo unos minutos para tener la confianza suficiente y levantarse. Por último, se dirigió a paso lento, midiendo sus pasos hacia la ventana, se encontró con un blanco cegador. La nieve cubría todo más allá del cristal.

Su mirada inmediatamente se dirigió a la ropa que traía puesta. No era la misma que llevaba antes. Se sintió inquieta ante la incertidumbre. Era una enorme bata blanca, de pronto angustiada levanto la bata y vio si traía puestas sus bragas. Suspiro con tranquilidad por eso, aun las llevaba puestas. Aun así, sintió enfado al saber que él le había quitado la ropa y se había osado a verla desnuda. El disgusto acrecentó, ¿Cómo se atrevía?

La puerta de repente se abrió y una ráfaga helada entro con aquel sujeto. Ella tembló, el frio le traspaso la piel. Se abrazó a sí misma. Lo vio ingresar con más leña en un brazo y en el otro traía lo que parecía un pequeño jabalí muerto.

El la miro con sorpresa, una sonrisa de alegría apareció en su rostro. –Has despertado ¿Cómo te sientes?- su voz sonaba complacida por verla de pie.

Ella lo miro fastidiada, pero al mismo tiempo sintió una especie de alivio al verlo traer comida. -¿Por qué me has cambiado de ropa?- le espeto débilmente. Ella le señalaba la bata que traía puesta con enfado.

El giro los ojos. La verdad no se esperaba ese recibimiento después de haberla salvado. Dejo la leña cerca de la chimenea y el jabalí en la encimera al costado de ella. Se paró frente a ella acortando la distancia entre ambos. –Me disculpo, ¿Te sientes mejor?- Nelliel le hecho una mirada de desprecio y se alejó de él.

El solo bufó y se acercó al animal muerto. Tenía demasiada hambre como para lidiar con ella, suficiente había hecho por esa mujer. Lo peor de todo es que debía compartir su tiempo junto a ella hasta que los caminos despejaran.

Débilmente regreso a la cama y se sentó en esta. Se maldecía a si misma por no tener la suficiente energía para prepararse el baño. Debía calentar el agua y llenar la bañera. Lo peor de todo, es que no tenía privacidad para hacerlo, pero no aguantaba estar sucia.

Ella carraspeo intentando llamar su atención. El seguía sacándole la piel al animal y limpiándolo. Esto iba a ser muy molesto, pensó Nelliel. Carraspeo con más fuerza nuevamente. Él se giró a verla con indiferencia. –Necesito bañarme.- susurro tratando de sonar fuerte. El miro la bañera y luego la miro a ella, una sonrisa llena de sorna se formó en sus labios.

-Tendrás que arreglártelas tu sola- le espeto burlón y se giró otra vez hacia el animal. Ella lo miro enojada. Era un total bruto. Lo detestaba.

Grimmjow la miro de soslayo mientras sonreía entretenido. Ella debía valerse de él. Se giró y la miro con total seriedad. –Solo si me dices tu nombre te ayudare a calentar el baño-

Nelliel le echaba una miraba despiadada. Ahora esto se había convertido en un juego donde ella era el ratón y el, el temible gato. Exhalo hastiada por toda la situación. –Mi nombre es Nelliel Tu Oderschvank.-

Sonrió satisfecho pero se dio cuenta que aquella mujer era la hija del líder del clan que habían destruido. Decidió no decir nada más. Él se lavó las manos, cogió una olleta, la lleno de agua y la coloco en la estufa. El nombre era digno para ella, pensó. Después de un rato el agua estuvo lista, lleno la tina y la miro. Ella aún seguía sentada en la cama mirando distraída hacia la ventana. –Nelliel, ven aquí.- le ordeno. Ella volteo a mirarlo, se percató que la bañera estaba llena y lista para ella. Se levantó cuidadosamente y se acercó. Su corazón palpito nerviosamente cuando lo miro a él.

-Quítate la bata y entra, el agua está caliente, es bueno para una persona en medio de la estación fría.- su voz era suave y baja.

Su mirada expresaba aún más su nerviosismo. No quería que el la volviera a ver desnuda. – Vamos, puedo resistir. No estoy descontrolado.- Por alguna razón sus palabras la hicieron erizarse. Si, podría ser despertada por el cuerpo de ese hombre, pero su personalidad no era que lo quería para cautivar sexualmente. Su cuerpo inconscientemente lo deseaba, pero su mente sabía que era una muy mala idea permitir que algo sucediera. –No me quitare el vestido delante de ti- murmuro aterrada.

El ladeo la cabeza a un lado. – ¿Acaso te has divorciado de la cultura de tu clan?- cuestiono el impresionado. -Tengo conocimiento de que tus antecesores han practicado el amor libre en sus dominios y la libertad de la figura humana ante la presencia de otros. ¿Llevarías con vergüenza tu desnudez como una Oderschvank lo haría?-

Nelliel provenía de una línea de sangre que no llevaba prejuicios hacia la vida. Eran seres espirituales conectados con la madre naturaleza. La abstinencia no era normal en ellos. Eran personas criadas en una cultura altamente sexual. Pero todo eso fue en épocas pasadas, ahora, si la persona lo decidía, podía llevar ropa, aun así, se respetaba las antiguas tradiciones. –No es eso- dio un paso atrás. El la miro a la expectativa. –No te conozco lo suficiente y estoy muy lejos de confiar en ti-

-Así que me tienes miedo-

-¿Temerte? No lo…-

-Deberías temerme- dijo en voz baja y ronca. –Soy un asesino después de todo.- Grimmjow se apartó de ella y se dirigió a terminar la comida.

Ella lo miro ofuscada. Él era un soldado, por eso mataba, era su destino. Nelliel se había dado cuenta que ese hombre llevaba una oscura carga en el alma. De todas maneras, no era que le importase. Observo que no la estuviese mirando y se sacó la bata y las bragas. Cuidadosamente se introdujo en la tina, jadeo de satisfacción al sentir el agua. Realmente era maravilloso. El calor parecía hundirse en cada uno de sus músculos liberando la tensión que había estado sosteniendo en todo el cuerpo.

El escuchaba sus pequeños gemidos. El sonido era dulce para su oído. Al parecer lo estaba disfrutando. Grimmjow se contuvo y se concentró en preparar la comida. La idea de ambos en esa tina haciendo el amor coqueteo en su mente. Definitivamente ella captaba toda su atención. El bramo ofuscado. Esto iba a ser más difícil de lo que creyó.