Digimon no me pertenece
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Capítulo 3: Amor
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Somos capaces de amar, por el simple hecho de sentirnos amados.
-Frase celebre.
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El verano se transforma en otoño; y éste a su vez en invierno. En el hemisferio norte de la Tierra, el invierno significa la llegada de una fecha muy especial: navidad. Una fecha en la que el mundo se vuelve tranquilo y todos se desean lo mejor por unos momentos. Pero la navidad de 2002, sería una navidad que los niños elegidos nunca olvidarían, en especial dos de ellos.
Los elegidos de los digieggs habían logrado terminar con las agujas de control en el digimundo, también habían logrado proteger la última piedra sagrada y ahora ellos se dedicaban a descansar por unos días mientras que celebraban la navidad en sus hogares en compañía de la gente que amaban.
Y cuando se dice celebración, también se dice fiesta, y... concursos. Los Teenage wolves entraron en un concurso de bandas musicales y lo mejor de todo es que ellos podrían dar a conocer un inigualable talento. Pero antes de empezar con las festividades, los elegidos de la nueva generación prepararon un regalo muy especial.
-¿Qué pasa? ¿para qué nos querían ver? –preguntó curioso el primer líder.
-Bueno... es que nosotros... –Davis estaba un poco nervioso.
-Queríamos darles sus regalos.
-¿Regalos?
Era el mejor regalo que ellos pudieron recibir: sus digimons. Agumon, Gabumon, Biyomon, Tentomon y Gomamon; los digimons de la primera generación estaban en el mundo real para hacer compañía a sus amigos. Todos estaban felices, todos gozaban de la paz que hay en esas fechas, lastima que les duraría tan poco.
-Chicos... –comenzó el músico. –recuerden que en unas horas comienza mi concierto y que... sería muy importante que estén ahí. –dijo algo apenado el compañero de Gabumon.
-Claro, Matt. Además nos diste entradas para sentarnos en un muy buen lugar. –dijo Tai.
-Claro que no nos lo vamos a perder. Esto es importante para ti y también lo es para nosotros. –lo animó Sora. Estas palabras alentaron mucho a Yamato.
-Nosotros iremos a una reunión a casa de Ken, hermano. –comentó TK.
-Claro, diviértanse.
Ambos grupos se dividieron para celebrar esa fecha tan especial.
Cada uno de ellos regresó con su familia para pasar unos momentos con ellas y después ir a sus respectivos compromisos con sus amigos. Yamato regresó a la sala en donde iban a ensayar para después trasladarse a sus camerinos e ir al concierto. Sora, en cambio, fue a su casa.
-Sora… ¿para quién son esas galletas? –preguntó Biyomon.
-Eh… yo… son para Matt. –dijo con un poco de nerviosismo.
-Ah. ¿Y porqué le regalas a él y a los demás no? –insistía.
-Em... a los demás les di un detalle antes de que llegaras, Biyomon. –aclaró. –Además hoy es un día importante para él y quiero darle algo para que se anime, además que hace mucho tiempo yo le prometí que le daría unas. –dijo recordando meses atrás.
-Le vas a decir lo que sientes, ¿verdad? –indagó.
-Pues... no lo sé. No creo que él me vea como lo veo a él, pero... si se da la oportunidad... tal vez. –confesó mientras tomaba una caja con envoltura verde y terminaba de hacerle un moño con un listón rojo.
-¡Ah! Sora, vas a tener novio. –dijo emocionada.
-¡Biyomon! baja la voz. Mi mamá está en la sala, puede que te escuche.
-Pero no es nada malo, ¿o sí?
-pues... no lo es, pero... es vergonzoso que lo sepan los demás. –comentaba un poco nerviosa.
-¿El amor avergüenza? –preguntó Biyomon.
-No, es sólo que… que a veces te sientes insegura por tus sentimientos y los demás aprovechan esa inseguridad para hacerte sentir más insegura y hacerte quedar mal frente a otros, en especial… en frente de aquella persona por la que te sientes así. –explicó de una forma rápida mientras salía de su casa en compañía de Biyomon rumbo al concierto de su amado Yamato.
-Ya entendí. Lo que te avergüenza es que otras personas no pueden entender esas sensaciones, o que te juzguen sin ni siquiera entenderte, ¿verdad?
-Sí. Puede decirse así.
-.-.-
Una melodía con una armonía y ritmo peculiar sonaba en un camerino después de dar oportunidad a que varias fans llegaran a entregar regalos a los Teenage wolves, en especial a su vocalista y bajista: Yamato Ishida; la atracción para cualquier chica.
-¿Qué te parece?
-Matt, ¡Es asombrosa! Tocas y cantas muy bien. –halagaba Gabumon.
-Gracias, de verdad. –agradeció.
-Oye Matt. –se puso un poco serio, lo cual captó la atención de su compañero.
-¿Qué?
-¿Ya le dijiste? ¿o… al menos ya la invitaste a salir? –preguntó.
Yamato se hizo el ignorante. -¿A qué te refieres?
-A que si ya le dijiste a Sora lo que sientes por ella. –complementó.
-Ah… eso. No. Y no pienso hacerlo.
-Ay, Matt. Me decepcionas.
-¿porqué? –preguntó ligeramente ofendido.
-Porque el Matt que yo conozco lucha por lo que quiere y aunque sea tímido y vergonzoso, siempre logra armarse de valor. –dijo seriamente y con mucha determinación.
-Es que no es tan fácil Gabumon. –dijo quedamente mientras se sentaba y hacía su bajo a un lado.
-¿Por qué?
-Pues porque… -Yamato intentaba sacar a flote algún tipo de habilidad de educador. –Porque si le llego a decir lo que siento por ella y ella no siente lo mismo… nuestra amistad se acabaría. Y es lo último que quiero. Porque la conozco bien y si yo no soy correspondido… ella se sentiría culpable…
-Entiendo. Pero lo que no entiendo es que si tienes las posibilidades de lograrlo no lo quieres intentar.
-Gabumon… son cosas que no vas a entender. –sentenció.
-Como digas. Los humanos son tan complicados.
-No es eso, Gabumon. Mira, te prometo que la próxima vez que ella y yo estemos a solas, la invitaré a salir. –dijo a sabiendas que en escasas ocasiones se quedaban solos.
-Me parece bien, pero te advierto de una buena vez que voy a estar apoyándote y darte buenos consejos. –avisó con aires de superioridad.
-huy, sí como no. Un digimon dando consejos a un chico para que pueda conquistar. –se burlo un poco.
-No te daré consejos; yo no sé de esas cosas. Me refiero a que cuando tengas una oportunidad y la estés desaprovechando, yo te avisaré. –corrigió.
-De acuerdo. –le dijo para dejarlo un poco más tranquilo. Después vio un reloj que se encontraba en una mesilla cerca de ahí y se dio cuenta que era algo tarde. –Gabumon, debes irte ya. Tai vendrá por ti en cualquier momento, además no tardan en llamarme para que vaya al escenario.
-De acuerdo. Y Matt… -lo llamó antes de salir. –Piénsalo, ¿qué pasaría si algo ocurre y ni tú ni ella pueden saber lo que sienten?
Esas palabras sí que lo dejaron pensando. Decidí hacer a un lado esas inquietudes y después dar unas últimas afinaciones a su bajo. Quería tocar bien, quería que resultara bien, ya que ella…estaría ahí. Estaba sumergido en el cielo con sus pensamientos, pero un ligero toque en la puerta lo trajo de nuevo al mundo real.
-Adelante.
-.-.-.-.-.-
-Oye Sora, ¿por qué te detienes aquí? –le preguntó su compañera.
-Es que no entiendo nada. –respondió temblando mientras tenía en sus manos el empaque de galletas.
-¡Hola Sora! ¿Qué haces? –saludó Tai que se encontraba llegando alegremente para ir por Gabumon, pero se sorprendió por lo que veía en brazos de ella.
-Tai. –le dijo mientras intentaba torpemente ocultar su regalo.
Se abrió la puerta, revelando a Gabumon:
-Oigan, algo huele delicioso.
-¿Qué es? –preguntó Agumon.
-¿Es para Matt? –preguntó Tai siguiendo el juego.
-Em, sí… es para Matt.
-¿qué es, tú lo hiciste? –él no se pensaba detener con el interrogatorio.
-No preguntes tanto. –pedía.
-¿No vas a entrar? –preguntó el digimon azulado.
-A Sora le da pena y eso no le permite entrar. –comentó el ave rosa.
-¡Biyomon! –le regaño.
-Ve a verlo, de prisa, ya van a empezar. –la animó mientras se acercaba.
-Es que... –se detuvo al sentir la mano de su amigo en su hombro.
-Ve corre. –le dijo mientras la empujaba un poco para que entrará al camerino.
-Pero...
-Si no quieres ir, nosotros las comeremos. –sugirió el digimon naranja.
Sora, entendiendo por fin qué es lo que sucedía: -Está bien, ahora regreso. Gracias Tai. –dicho esto, ella se volteó y fue con los dos digimons.
-Llévale su regalo Sora. –dijo Tai más bien para sí mismo.
-Tai.
-¿Qué? –preguntó como si nada.
-Ya maduraste. –halagó.
-Qué tonto. –respondió con un tono muy divertido y despreocupado. Por fin uno de los dos se había animado a dar el primer paso.
-¡CON PERMISO, ES EL REGALO PARA MATT! –se escuchó la voz gritona de Jun Motomiya. Y momentos después: "¡Ay! ¿Qué haces aquí?"
-.-.-.-.-.-.-
'Vamos Sora, ya llegaste hasta aquí. Sólo toca la puerta y espera a que abra'
Dio un ligero golpe en la puerta para llamar.
-Adelante.
Ya no había marcha atrás, lo había logrado; y lo iba a lograr.
-Hola. –Sora entró seguida de sus digimons. Ella estaba verdaderamente muy ruborizada. Un rubor que le daba un toque muy dulce.
-¡Sora! –automáticamente se levantó de esa silla y se puso rojo dejando a un lado su instrumento musical.
-Matt, Sora también te trajo un regalo. –informó Gabumon.
-¿A sí?
-Em… sí, es porque… -iba a dar a conocer la verdad, pero:
-¡CON PERMISO ES EL REGALO PARA MATT! –se escuchó a lo lejos.
-¡Ay no! –ya sabían lo que venía.
En ese momento entró la más alovada fan de Yamato y los demás: Jun.
-¡Yamato-kun! mira, te traje este pastel y una foto mía. –dijo emocionada mientras daba brinquillos.
-Ay, ¡¿Qué haces aquí? –le preguntó Matt un poco irritado.
-Hola Jun. –mencionó Sora muy divertida pero celosa en el fondo.
-Ah, hola Sora. –siguió con el juego.
-Hola Jun, dime... ¿ya conseguiste asiento? –intentó sacar un poco de conversación para que dejara de abrazarlo tan empalagosamente.
-Oye Yama –siguió sin hacer caso sobre la pelirroja. –te estaré echando porras desde las gradas y también vine a decirte que te deseo una muy feliz navidad.
-Amm... gracias Jun. Creeme que no debiste tomarte tantas molestias. –dijo sin ser descortés.
-Espero que te guste mucho el pastel, te aseguró que sabrá mucho mejor que todas las galletas y todos los regalos que te puedan dar. –eso hirio en el fondo a la ex portadora del amor. –Muy a mi pesar me tengo que ir porque ya van a empezar y quiero tener un buen lugar.¡Feliz navidad Yama! –Se abalanzó a su cuello y le dio un beso súper tronado en la mejilla; provocando que Sora, quien aún tenía las galletas en las manos, se pusiera toda roja de los celos por tanta confianza que tenía Jun sin mencionar que Matt también se sonrojará un poco.
-Me encantaría quedarme a platicar con tigo, pero me topé a uno de tus amigos y escuché que ya van al escenario así que me voy, ¡adiós! –se despidió.
-Oye Sora, ya no hay nadie, ya le puedes decir a Yamato que... –el ave digimon estaba.
-¿Qué? –preguntó Yamato.
-Em… nada en especial.
-Anda Sora, tú me dijiste que le ibas a regalar esas galletas a Matt porque ibas a aprovechar para decirle que él te g... –comenzó Biyomon.
-Sí Biyomon para decirle que le deseaba mucha suerte y que esperaba que tuviera una feliz navidad. –habló antes que las cosas se pusieran peor.
-Entonces... ¿son para mí? –preguntó señalando la cajita.
-Em... sí, son para ti. –comenzaba a tener un poco más de confianza en sí misma aunque le temblaran las piernas.
-De seguro las hiciste con mucho amor. –mencionó Gabumon mientras Matt tomaba la caja de las manos d Sora con una sonrisa.
-De eso puedes estar seguro, Sora sólo cocina a quienes quiere mucho. –dijo contenta y con cero preocupación o prudencia.
-Ay, Biyomon. –regaño un poco roja.
-A Matt le pasa algo parecido cuando canta.
Después de un silencio que no supieron describir como incómodo o cómodo:
-Creo que nos vamos, sólo vine a desearte suerte y estoy segura que ganarán. –dijo un ligero cumplido.
-Gracias, y agradezco que pensaras en mí para navidad, es algo muy especial que tú... –se detuvo por la timidez
-¿Que yo qué? –curiosa y emocionada.
-Que tú me des un regalo, sabes que me gustan mucho las galletas y me alegra que por fin me las dieras.
-Sí, pues no tienes nada de que agradecer. –quería continuar con la platica por más rutinaria que fuera. Es que ella se sentía tan cómoda a su lado que era imposible quererse marchar. ¿Acaso eso era amor?
-...
-...
-...
Entendió que él nunca daría el primer paso. Se armó de valor y acaró su garganta para después hablar. -Matt... yo en realidad vine... para decirte que...
-Yamato nos toca salir, debemos ir subiendo los instrumentos. –justo en el momento menos oportuno apareció Akira, el tecla dista, detrás de la puerta. – ¡Ah! lo siento, oye Matt ¿con qué está es Sora, eh? –preguntó de forma pícara.
-Sí, ella es, gracias por avisarme, te veo allá. –contestó tajantemente.
-ash, tampoco te la voy a quitar, ya sé que es tuya. –dicho esto salió.
-Bueno, yo... mejor me voy de una vez, ya van a empezar y de verdad, espero que les vaya muy bien y espero que te gusten las galletas. –se desilusionó un poco al ver que su intento de declararse, fallaba.
-Pues... muchas gracias por el regalo y por tu apoyo Sora. –a cada segundo estaba más ruborizado mientras guardaba aparte ese regalo especial.
-No agradezcas, después de todo... tú eres quien siempre está ahí para mi y para todos. –le decía con su sonrisa encantadora y un ligero rubor en sus mejillas que volvía loco a Yamato. –Adiós, vamos chicos. –se despidió.
-Ahora o nunca Matt. –le susurró mientras pasaba a su lado para irse con Sora y Biyomon.
Yamato, viendo de nuevo esa oportunidad: -Oye, Sora. -preguntó tímido.
-¿Sí?
-Em...
-¿Sí? –lo alentaba.
-Eee... –seguía divagando. -¿nos podemos ver... después de la presentación?
¿Eso era un propuesta para salir? Talvez… pero no quería hacerse falsas ilusiones, intentó hacerse la tonta. -Claro, te veré con los demás. –respondió, ella sabía a lo que se refería pero quería oírlo claramente.
-am... me refiero a que si nos podemos ver tú y... yo. –aclaró tímidamente.
-¿Por qué? –quería escuchar la verdadera razón. Una esperanza comenzaba en su interior.
-Si no quieres, no. –respondió con claro desánimo y decepción.
-No, sí quiero. Te veré entonces, y gracias por invitarme. Adiós. –se volvió a despedir con una sonrisa un tanto nerviosa.
-De acuerdo. –sonrió satisfecho y nervioso.
Sora se dio media vuelta para salir, pero recordó que le faltaba decir algo en esa escena:
-Ah, Matt.
-¿Sí?
-¡Feliz navidad!
-¡Feliz navidad, Sora!
Y con esto, Sora y los dos digimons salieron del camerino.
-.-.-.-.-
-Con ustedes, ¡los Teen-Age Wolves! –presentó el anfitrión del concurso de bandas.
-Ya va a empezar el concierto Sora, de seguro que las galletas que le diste a Matt le van a dar suerte. –dijo Taichi prestando atención a lo que se decía.
-Eso espero. –dijo Sora mientras abrazaba un poco más a Biyomon.
Los primeros rasgueos del bajo comenzaron a sonar, seguidos de la voz de Ishida.
1, 2, 3, 4
Sorezore aruiteku michi no tochuu de oretachi deatta
Minna chigau mono wo mune ni idaiterun da
-¿Se fijaron qué bien canta Matt? Realmente me impresiona. –expresó Gabumon.
-AHHH... ¡Yo amo a Matt así se hace! –sobra decir quien gritó, Jun. Quien agitaba locamente sus pon-pones.
Tatakau kimochi no tonari ni yowaki ni naru kokoro mo aru
Sonna toki mo nakama wa iru wasurerun ja nai
Todos estaban más que fascinados de escucharlos cantar nuevamente; podrían verlos en un concierto para televisión y quizás… quizás ganar. Al menos eso era lo que ellos creían...
Shimaikonderu buki wo ima tsukawazu ni dou suru!
Hame hazushitatte ii ja nai ka
Osoreru na massugu ni ikeba iin da
Un ruido se escuchó en las bocinas... y… detrás de los integrantes de la banda apareció un digimon destruyendo todo a su alrededor. Como todos los presentes no sabían lo que tenían que hacer, salieron corriendo de ahí, dejando a Sora toda asombrada y a Matt parado en el escenario. La portadora del amor como es que el techo caía y... Yamato podía correr peligro. Fue a buscarlo y a intentar ayudarlo. Por esa misma sensación fue que no prestó atención al peligro al que ella misma se exponía.
Ishida, en cuento vio que ella no estaba en el lugar que la había observado, bajo del escenario, entonces vio cómo es que un pedazo de construcción iba directo a Sora y resordó una palabras de Gabumon: ¿qué pasaría si algo ocurre y ni tú ni ella pueden saber lo que sienten?
No lo iba a permitir. Ahora estaba decidido a confesarle sus sentimientos a como diera lugar. Por suerte llegó a tiempo y la tomó delicada y protectoramente para evitar que le pasara algo. Ninguno, en sus catorce años de vida se habían sentido tan seguros como en ese momento.
Con la ayuda de los demás chicos encontraron la razón de las destrucciones por parte de los digimons: Torres de control en el mundo real.
Una vez que todo regresó a la calma en el distrito de Odaiba, los chicos acompañaron a Ken a la estación de metro para que fuera a su casa, después de que él se fue, los demás comenzaron a hacer lo mismo.
-Bueno, creo que es hora de irnos, Kari. –dijo Tai.
-Sí, ¿puedo irme con ustedes? –preguntó Sora, ya que vivían muy cerca de los edificios.
-Emm… vamos a casa. Vamos a una reunión a la que fueron nuestros padres. Lo siento, Sora.–comentó Kari.
-Entiendo, no se preocupen; bueno… mejor me iré. –dijo. La mayoría se había ido. Quedaban los Yagami, los rubios, Cody e Inoue.
-Sora, si quieres te acompañamos. Tu casa no está muy lejos de las nuestras. –propuso Miyako.
-Ahora Matt. Tienes otra oportunidad. –le susurró Gabumon.
-¿Eh? –El músico no entendía. Pero como Tai estaba a su lado, se encargó de darle un ligero golpe en la cabeza para que reaccionara. Lo bueno fue que nadie se dio cuenta de lo ocurrido.
-Yo… ¿Gabumon y yo podemos acompañarlas? –preguntó mientras los demás sólo los veían.
'Ya era hora'
'Hasta que mi hermano se decidió'
-Em… si no es mucha molestia…
-No lo es. –se apresuró a decir.
Con esto, los dos chicos se dedicaron a caminar.
-¿Te gustaron las galletas? –preguntó tímidamente para hacer un intentó de entablar una conversación.
-Sí, estaban muy ricas. –dijo mientras la volteaba a ver.
-Me alegro. Oye, aunque no terminaron el concierto, cantaron muy bien.
-Gracias.
Poco a poco se acercaban al lugar de la casa de Sora, pero estos no querían llegar, querían sentir la compañía del otro.
-Gracias. –dijo Sora.
-¿Por qué?
-Por salvarme… no sé que me pasó que me quedé paralizada.
-Yo sí sé que le pasó. Estaba buscando a Matt porque se preocupó mucho por él. –comentó para Gabumon. Y es que en esos momentos, Gabumon y Biyomon habían empezado a ejecutar un pequeño plan.
-Sí, pues a Matt también le preocupa mucho Sora. Ella es de lo más importante en su vida. Con decirte que guardó muy bien el simple empaque de la caja de galletas. –mencionó Gabumon.
Los chicos estaban rojos de la cara por las declaraciones de sus compañeros digimons. Jamás habrían esperado que ellos dijeran semejante cosa.
-Además, la verdader intención de Sora al venir era que…
-Biyomon… ¿a qué quieres llegar? -preguntó directamente para evitar algún comentario más por parte de ella.
-Sora, nada… yo sólo hablaba con Gabu. –respondió con un poco inseguridad y miedo por la mirada de la pelirroja.
-Sora. –la llamó Matt.
-¿Sí?
-Hay algo que debo decirte. –comenzó mientras miraba fijamente el suelo. –Hoy me hice una promesa. Una promesa que tengo que cumplir y que pensaba no hacerlo. –hablaba con mucha seguridad.
-Te escucho. –dijo Sora al encararlo y mirarlo a los ojos.
-Le prometí a Gabumon que cuando estuviera contigo hablaría de algo muy importante. Pensaba no hacerlo, pero desde que vi que corrías peligro y que había una posibilidad de que te pasara algo o que no supieras lo que siento por ti… decidí hacerlo. –finalmente confesó, dejando a Sora y a los digimons con la boca abierta.
-¿Qué?
-Déjame terminar. –pidió. –Yo te quiero mucho, más de lo que crees. Eres una chica que siempre me ha cautivado por su manera sencilla de ser, por preocuparse por otros antes que por ella, por ser original sin darla importancia a opiniones ajenas… por eso y muchas otras cosas más es que me gustas tanto. –le decía mientras clavaba su mirada en la de ella. –Sé que tú no compartes lo mismo que yo pero… quería que lo supieras. –terminó. Ya estaba dicho, no había retorno, sólo una línea recta hacia delante, y se ella no estaba en esa dirección, al menos ahora lo sabía y no pensaría en los hubieras.
-No digas eso. –pidió Sora. –No digas que no comparto lo mismo que tú porque… porque… -era casi irreal lo que estaba por decir. –Porque yo también te quiero, y mucho; no sólo como al amigo que eres y que sé que pase lo que pase siempre serás. –le dijo claramente.
Yamato simplemente no lo podía creer. Era correspondido. Ella le quería como él a ella. No era un sueño ni una ilusión. Era la realidad. Era verdad.
-¡Matt! Ya pregúntale si quiere ser tu novia. –pidió Gabumon.
Tal vez no era una situación cómoda, pero era muy agradable saber los verdaderos sentimientos del otro.
-¿Es en serio lo que dices?
-Sí… -Sora asintió.
-Wow. –en esos momentos, Matt se dio cuenta de lo que había dicho, sólo quedaba algo por hacer.
-Matt, ya pregúntale. –pidió en esta ocasión Biyomon.
-A eso voy… Sora… -la llamó, Sora no podía creer lo que pasaba. No podía creer que su más grande sueño se hacía realidad.
-Sí…
-¿Quieres… ser mi novia?
Sora no lo podía creer, era un sueño hecho realidad. Por fin había escuchado las palabras que tanto tardó en decir, pero… quería saber que es lo que significaba para él.
-Matt… te diré que sí. Pero quiero que me digas qué significa para ti que seamos novios, claro sí me lo quieres decir. –preguntó.
Yamato Ishida lo dudó por un momento, jamás se había puesto a pensar en tal afirmación y estaba seguro que de eso dependería todo.
(1) -Sería una amistad inquebrantable ante los obstáculos... sería dejar de pensar en un "yo" para pensar en un "nosotros". Poder hablar sin mascaras de nuestros problemas, alegrías, sentimientos, con el único deseo de compartirlos; tener la confianza, intimidad mutua, con la total certeza de que no nos traicionaremos nunca. Cambiar con el íntimo entusiasmo de sentir que ambos luchamos por los mismos ideales, que nos queremos, no para dar espectáculos, no para tener acercamiento sexual; sino para luchar por un futuro, luchar juntos, tomados de la mano y no soltarnos nunca mientras nos una el amor. –explicó mientras la mano.
Sora se encontraba muy ruborizada y sorprendida por la declaración de él. Al igual que los digimons. –Wow, fue una definición más hermosa de la que yo pudiera esperar.
-Entonces… quieres ser mi novia. –preguntó nuevamente con cierto temor.
-Claro que sí. –dijo acercándose para darle un abrazo mientras Yamato aprovechaba para atraerla más a sí mismo esperando que nunca se fuera de su lado.
-¡Sí! –gritaban los digimons. Por fin estaban juntos, y aunque habría podido ser una declaración más romántica, no podía ser comparada.
Estuvieron abrazados un buen rato. Disfrutaban de la cercanía del otro.
-Gracias. –dijeron ambos a sus compañeros digimons.
El resto del camino estuvo lleno de risas por parte de los cuatro. Sora y Matt caminaron de la mano y después de un rato, llegaron a la casa de la pelirroja.
-Gracias por acompañarme, Matt. –dijo mientras lo soltaba.
-No hay de qué. Fue un placer. –comentó.
-Entonces…¿ya no van a ser sólo amigos, verdad?
-No Biyomon. Ahora seremos más que amigos. –aclaró Matt.
-bueno. Mejor entro, Matt. Cuídate mucho. –dijo Sora.
-No te preocupes. –se acercó un poco para darle un beso, pero desistió y se lo dio en la mejilla.
-Te veo mañana. –le susurró cerca de su oído.
-De acuerdo, novio.
Después de la dulce e inocente despedida, Yamato se alejó y fue a su casa. Ambos chicos se sentían tan bien de lo ocurrido. Tanto que deseaban sentirse así por siempre.
Lástima que al día siguiente ellos se encontrarían en dos lugares opuestos. México y Rusia.
-.-.-
-Yo aún no entiendo lo que es el amor.
-Ni yo.
-Pues… deberían, a ver. Aiko, dime lo que para ti es la amistad. –pidió Sora -Pues es estar con tus amigos y difrutar de los momentos que pasan juntos, mama.
-Muy bien, ¿y tu Yuujou?
-Pues… cuidar a tus amigos- -dijo el pequeño pelirrojo de cuatro años.
-Son buenos ejemplos. Pero no es la amistad. La amistad es la unión de muchos sentimientos. El amor, es lo que sentimos por los amigos, ¿de acuerdo, hijitos?
-Creo que ya entiendo, mamá. –dijo Aiko, una niña rubia de siete años.
-Muy bien. Ahora… a duerman que ya es tarde. –dijo la madre mientras los arropaba.
-Sí mami.
Sora iba de regreso a su habitación. Entró a la cama y se dio cuenta que su esposo ya estaba dormido, o al menos eso fue lo que creyó.
-Ahora porqué te entretuviste. –preguntó mientras la rodeaba con sus brazos por su cintura.
-¡Matt! Pensé que dormías. –mencionó mientras se volteaba para ver a su marido.
-No. Te esperaba.
-Pues… sólo me preguntaban el significado del amor y la amistad.
-Ya veo, ¿y qué les dijiste, cielo?
-La verdad. Que no existe una definición concreta para dos sentimientos tan fuertes. Que se demuestra ese afecto de muchas maneras. –contó la portadora del amor.
-Sí. Aunque… para mí. El amor es algo como esto…
Yamato comenzó a besar delicadamente a Sora.
Es cierto que el amor ni la amistad tienen límites, y si los llegan a tener es porque no lo son. El camino para comprenderlos es muy difícil pero no imposible. Hay que estar dispuestos a quererlo caminar para que se llegue a su final.
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(1) Conversación sacada de La fuerza de Sheccid de Carlos Cuautemoc Sánchez.
Notas de la autora:
Acabé!
Muchas gracias por los que leyeron esta historia. Fue la primera que comence a escribir y espero que haya sido de su agrado.
Al final no resistí poner a los hijos de estos dos aunque salieron por un breve momento jaja
Además… este es mi autoregalo de cumpleaños! Jaja es que hoy es mi cumple y quise darme este regalo… sólo les dire que en mi pastel hay diecisiete velitas.
Gracias por leer
Dios los bendiga.
**Amai do**
