¡Hola, Liz Rogers! Me alegro muchísimo de que te guste mi traducción. Sí, definitivamente, disfrutarás también lo que no está escrito leyendo directamente a InterestingGirl, porque por mucho que me esfuerce... siempre se pierde algo en el trasvase de una lengua a otra.

No te puedes hacer una idea del alivio que sentí yo también al ver que Bruce tenía a alguien en este fic, perfecto para él. ¡Y yo también me quedé pensando en la escena con Natasha del trailer!De hecho, tengo otro fic llamado "Gamberro" de cuando se conocieron en Calcuta.

Espero que te siga gustando. ¡Gracias por comentar!

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Capítulo 3: Desmayo

Bruce no podía concentrarse.

Había pasado un día entero desde que Natasha lo convenció para ir a terapia pero eso era todo en lo que Bruce podía pensar. Intentó enfocarse en el porcentaje de líneas llenando su pantalla, pero no podía. Joder, ya era suficientemente malo tener que ir todos los días una hora al loquero, que encima tenía que ser loquera. No podía recordar en qué estaba pensando cuando aceptó.

Nunca negocies con una espía.

Estaba ansioso, pero también tenía curiosidad. Era un científico, después de todo. ¿Quién era esa mujer, que aceptaba trabajar para una organización como S.H.I.E.L.D?

¿Qué se sentía guardando los secretos de todos en una organización secreta? ¿Era una espía, también? Nah. Los espías no ayudan a nadie a relajarse. Tienen a su alrededor esa imprecisa sensación de… tensión. Probablemente, su terapeuta sería rolliza y maternal, con la calceta de punto en el regazo. Pero debe ser una señora fuerte, pensó. Si sabe lo que obsesiona a los agentes secretos, debe tener nervios de acero.

Acababa de terminarse su sexta taza de té verde (el café no iba con su naturaleza) cuando un agente entró al laboratorio.

-B-buenos días, señor Banner. Quiero decir, ¡doctor! Doctor Banner.

Bruce contuvo un quejido. Otro de la Brigada-Tiemblo-de-miedo. Leyó su credencial: Agente Gunthur.

-Si le parece bien… si está disponible, doctor Banner, se supone que debo llevarlo a su sesión.

-Guíeme, agente.

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La oficina de la terapeuta estaba en la esquina más lejana de la nave. Las otras habitaciones del pasillo eran almacenes vacíos, llenos de polvo, escritorios y sillas abandonadas. Bruce se preguntó si aquello lo beneficiaba. Mejor limitar la destrucción a un área remota en caso de que el otro tío se desatara. Buen plan para todos, excepto para la señora desprevenida del otro lado de la puerta.

-No se preocupe, doctor Banner. Lo hemos dispuesto todo tal y como solicitó. No sabe nada sobre usted. Me he encargado personalmente del asunto de su privacidad y puedo asegurarle que hasta su nombre es total y completamente secreto-divagó el agente Gunthur.

Ignorándolo, Bruce tomó aire profundamente y relajó los músculos. El agente llamó a la puerta y entró en la oficina sin esperar respuesta. Bruce lo siguió adentro.

La habitación era animada, pintada de amarillo con pósters en la mayor parte las paredes. Pero faltaba el diván típico de los psicólogos. En cambio, había dos pufs rojos a metro y medio de la pantalla de la televisión.

En una esquina estaban situados el sofá, una mesa de centro pequeña y una estantería. También había un enorme escritorio oriental al fondo de la oficina, con libros, archivos y fotos dispersos por encima. Una mujer estaba de pie al otro lado. No era maternal, ni rolliza.

Tenía los ojos verdes.

-¿Bruce? ¿Bruce de América? ¡¿Qué estás haciendo aquí?!

Antes de que Bruce pudiera contestar siquiera, se escuchó un ruido sordo a su lado. El agente Gunthur se había desmayado.

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-¡Vamos, despierte! ¡Venga!-dijo Bruce, dándole palmaditas en la cara y echándole agua al hombre paralizado por el pánico.

El agente Gunthur estaba agitado, musitando algo como "no se lo he dicho" y "por favor, no se enfade". Bruce contuvo la risa. Aparentemente, se había tomado muy en serio su acuerdo de privacidad.

Pensó en su joven psicóloga y estuvo más cerca de las carcajadas. No podía creer su suerte. Conoce a una mujer misteriosa en la que no puede dejar de pensar y el destino la dejaba caer en su regazo. O a él en el suyo. Apretó los labios para evitar que se le escapara la risa.

¿Era psicóloga? Seguía sin poder creérselo. Le echó un vistazo con disimulo, mientras ella miraba preocupada al agente Gunthur. ¿Cómo se suponía que iba a ser objetivo y a controlarse si era a ella a la que le tenía que hablar? Bruce recordó el día en que la conoció y cómo, de repente, la llamaron para trabajar.

Si trabajaba para S.H.I.E.L.D, no era sorprendente que antepusiera su trabajo a la boda de su… ¿prima, amiga? De nuevo, se encontró queriendo saber su nombre. Antes de que pudiera preguntárselo, el inconsciente agente se sentó en el suelo.

-Estoy bien, doctora, solo un poco mareado - parecía muy avergonzado.

Para su sorpresa, no era a Bruce a quien estaba mirando (acostumbrado al "doctor" con el que siempre se dirigían a él). Era a la otra doctora de la habitación. El agente miraba a la agradable joven con una expresión cercana a la adoración. Bruce se dio cuenta de por qué el agente Gunthur aceptó la asignación a pesar del obvio miedo por el otro tío.

El agente Gundhur se incorporó, le dirigió una débil sonrisa a la psicóloga -¡¿es que nadie le iba a decir su nombre?!- y salió rápidamente de la habitación, sin encontrarse con los ojos de Bruce. De repente, Bruce se sintió ligeramente nervioso. Solo estaban él y ella ahora.

-Así que tú eres el invitado Misterio del que nadie larga prenda– sonrió conspiradoramente. Bruce sintió que se le secaba la boca. Se preguntó cómo iba a sobrevivir a esa hora si seguía sonriéndole así.

-Por cierto, soy Maya.