Descargo de responsabilidad o disclaimer (según gustos): Los personajes de Warehouse 13 no me pertenecen, son propiedad de la cadena, los productores y posiblemente de otras persona.
Advertencias: Todavía falta un buen rato para haya tena entre estas dos. No desesperéis que todo llegará a su debido tiempo.
Capítulo 4
El resto del camino hasta el almacén lo hicieron en silencio, lo esperado es que fuera un silencio incómodo, pero no fue así, era un silencio agradable. No necesitaban hablar para comunicarse. Una vez llegaron al almacén fueron al despacho de Artie.
– Toc, toc, toc, ¿Artie? Ya hemos llegado –golpeó el marco de la puerta–.
Artie salió de detrás de una estantería sujetando un montón de planos que dejó caer.
– Bien, bien, ¿traéis el objeto? –se ajustó las gafas–
H. G. Sacó se puso un guante lila, sacó una varilla metálica y se la entregó a Artie. Este la miró con satisfacción. Mientras la sostenía les contó su historia.
– Paracelso fue un famoso alquimista al que se le adjudica la transmutación del plomo en oro, además en la misma época descubrió el poder anestésico del éter –señaló el objeto– esta varilla es la que usaba para realizar las mezclas en su laboratorio. Al final adquirió el poder de convertir en oro cualquier metal que tocaba, el inconveniente es que cuando lo usas te quedas dormido, y si lo usas demasiadas veces al final no despiertas.
– Una historia muy interesante, –H. G. se acercó a Artie– pero… ¿se puede saber qué era eso tan importante que nos tenías que contar?
– Ah sí, claro, ¡CLAUDIA! Pon las imágenes del aeropuerto… por favor.
La chica teñida de pelirrojo levantó la cabeza del ordenador, para agacharla de nuevo y ponerse a teclear.
En la pantalla del ordenador se veía lo que había pasado unas horas antes en Nevada, mientras Artie iba relatando lo ocurrido.
– Ponlo desde la entrada de Jasón a la cafetería. Llega Jasón, corre hacia la salida y la mujer le introduce el bastón entre las piernas de manera deliberada, creo que le veía reflejado en el servilletero de su mesa. Entonces Myka entra en la cafetería y ella se acerca a Jasón, parece que la intenta apartar, en ese momento parece que le dice algo, él pone cara de desconcierto y ella le suelta un golpe en toda la nariz noqueándolo. Aquí ya tomas el control de la situación, después se te acercan los guardias. Ella se levanta de la silla tranquilamente y desaparece, no se la vuelve a ver en ninguna cámara, creo que ha ido buscando los ángulos muertos.
Myka arrugó la frente, se estaba enfadando "¿me ha hecho venir para contarme cómo se me ha escapado un testigo?"
– ¿Ya está? ¿Para esto hemos venido? –reguñó.
Artie miró a Claudia y empezó a rebobinar la cinta.
– No la localizamos después del incidente en la cafetería, pero si la seguimos a la inversa… ahí se la ve de espaldas mientras corre hacia la cafetería, la seguimos hasta la sala VIP, y si miráis la hora de la grabación el momento en el que se levanta del sillón coincide con el instante en el que vosotras entrasteis en el aeropuerto. Así que ella os reconoció a alguna de las dos.
Claudia miró a Artie pidiendo la aprobación para seguir reproduciendo la grabación, y este asintió conforme.
– Y aquí tenemos a nuestra ayudante espontánea. Sentándose en un sillón y girándole hacia la cristalera. Ya estamos buscando su identidad. Y os he hecho venir por el bastón, es el bastón que Harry Houdini usó en sus inicios, es decir antes de ser Harry Houdini. Posiblemente se trate un objeto así que tenéis que encontrarla y recuperarlo.
H. G. se había quedado pálida, con la boca abierta desde el mismo instante en el que vio desaparecer a esa mujer de todas las pantallas sujetando ese bastón, y al ver el rostro se tuvo que sentar. "No puede ser, han pasado 112 años, debería estar muerta"
– No es el bastón de Harry, se trata de una copia mucho más elaborada, que puede modificar su forma a base de unos engranajes mecánicos y en mi época fue mucho más codiciado que el original…
Myka se acercó a Wells al ver que ésta estaba empezando a perder el color de sus mejillas.
– Helena te has quedado pálida, ¿necesitas algo? –preguntó preocupada–.
La agente Wells negó con la cabeza y se agarró al reposabrazos de la silla.
– Sé quién es, o mejor dicho sé quién era hace 112 años… Se hacía llamar Jacqueline B. Silver, pero realmente se llamaba Julia Sierra –soltó la mano de Myka, señaló a la mujer en la pantalla del ordenador– y si fue capaz de no aparecer en ninguna de las cámaras es porque hace 112 años de dedicaba al ilusionismo de manera profesional –tras un gran suspiro– Era mi mejor amiga fuera del almacén.
– Eso explica el por qué os ayudó y desapareció antes de que H. G. la viese –Myka inclinó la cabeza mirando a Helena–. Ahora sólo nos falta encontrarla para que nos deje revisar su bastón.
– Tened claro que si no quiere que la encontremos por mucho que la busquemos no aparecerá, y aunque al final lográramos encontrarla… se nos escaparía de entre los dedos. Lo único es que si nos ha ayudado… puede… puede que… ella siga viva tal y como la recuerdo.
– Tenemos que empezar a buscar por algún sitio, y por lo que nos has contado creo que sé por dónde empezar –Artie se acercó al ordenador, puso su mano sobre el hombro de Claudia– empieza a buscar en las bases de datos, a ver que tenemos sobre ella, busca con los dos nombres. Además quiero que busques todos los espectáculos de magia que ha habido en los teatros de Hollywood, a ver si aparece su cara en algún cartel.
– A sus órdenes – Claudia comenzó a teclear y sin apartar la mirada del ordenador sonrió malévolamente– Artie cuando hables con ella no olvides rememorar la primera vez que viste una actuación de Houdini.
– Sí Claudia, soy viejo jajaja… JA – hizo aspavientos con las manos antes de gruñir– ¡Ponte a trabajar! Pete tú busca información sobre el bastón y vosotras dos iros a descansar hasta que yo os llame.
– Vale, pero si hay que volver a Los Ángeles me toca ir a mí – cogió uno de los libros y con cara triunfal se sentó en el escritorio.
– No te preocupes Pete, si tienen que ir a cualquier sitio las acompañarás. Si Julia, Jacqueline… o como quiera llamarse no es muy amigable… –miró a Pete por el espacio superior de sus gafas mientras señalaba a Pete– necesitaré a alguien que haga de señuelo para que los agentes más capaces puedan escapar.
Helena tiró suavemente de la camisa de Myka y la dirigió hacia la puerta de salida.
– Huyamos antes de que se den cuenta de que estamos aquí, no quiero ser la protagonista del próximo comentario de alguno de estos tres.
Continuará...
