Como siempre, gracias por sus reviews... (Saya Kuchiki, Chappy Rukia x3)
Vamos con el siguiente one-shot



Título:
Nadie lo Entiende
Personajes: Rukia, Kaien (recuerdos/menciones del personaje)
Cantidad de palabras: 892
Nota: Posteado en 10pairings

Disclaimer: "Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen; le pertenecen a Kubo Tite-sensei"


Nadie lo entendía.
No era algo tan simple como "No te culpes, Kuchiki", "Él ya no era Kaien"; nada de eso le importaba, porque nadie entendía como ella se sentía, aunque pretendieran que lo hacían, no era así.

Solo ella sabía lo que pasaba por su propia mente, el dolor en su corazón al recordar los últimos momentos de su mentor y pensar de nuevo en la impotencia que sentía al verlo luchar solo; por honor o por lo que fuera, no le parecía demasiado justo, ella quería estar allí, luchando a su lado, ella podría haberlo hecho, entonces él seguiría vivo, y quizás, (solo quizás), tendría una oportunidad con él, una oportunidad para reconciliarlo por su amor perdido, una oportunidad para tenerlo cerca, una oportunidad para compartir con él esos pensamientos que llevaba atascados en su mente.

Pero esos pensamientos se quedaron así: atascados. Y ella tenía que vivir con esa carga, y nadie lo entendía, absolutamente nadie comprendía y mucho menos compartía sus sentimientos, ni el dolor de su alma, ni lo oscuro de sus pensamientos al imaginar que hubiese sido, si en vez de Kaien, hubiese sido ella, ¿Él también la habría matado?. Rukia suponía que para él no hubiese sido una decisión tan difícil de tomar, tanto como lo fue para ella; después de todo, para Kaien, Rukia solo era su discípula; no es como si matarla fuese una decisión muy difícil de tomar.

Para ella, la situación se había presentado de una forma radicalmente distinta; era Kaien la persona que caminaba decidida hacia su posible final, era Kaien la persona que se enfrentaba a aquel monstruo que le había quitado lo que más había querido, era Kaien quien había sido poseído por el monstruo y era Kaien a quien ella había asesinado. ¿Es que nadie podía entenderlo? ¿Nadie podía culparla a ella en vez de culpar al monstruo? Todo sería mejor si ella no tuviera que soportar esa carga en silencio, si los demás le dieran miradas desaprobatorias e incluso hubiesen insistido en condenarla a muerte por haber asesinado a su teniente. Sí, todo sería más fácil así.

Pero, no era de esa manera, incluso a veces sentía otra clase de miradas sobre ella, no aquella que la culpaban de su muerte, sino aquellas que parecían conocer más allá de lo que ella pensaba, aquellas que parecían escarbar en lo más profundo de su cabeza; descubriendo hasta su más íntimo secreto. Todas miradas parecían saber lo que ella con tanto esfuerzo intentaba ocultar: sus sentimientos.

Era esto lo que hacía que doliera más, aunque todos parecían saberlo, nadie parecía entenderlo. Lo importante que era Kaien para ella, por muchas cosas, pero sobretodo, porque sentía hacia él un gran afecto; hasta tenía que admitir, que Kaien le gustaba, si, le gustaba, ¿Y qué? Estaba casado, pero ella lo quería, lo observaba de lejos, sonriendo, cruzando sus dedos detrás de su cabeza; él se sentía observado, levantaba sus ojos y la miraba a ella. Rukia no sabía qué hacer, solo desviar sus ojos, y darse cuenta que los ojos azules de Kaien estaban clavados en su mente, él estaba clavado en su mente, y ella no podía sacarlo de allí. Ella lo quería. Y cada vez que no estaba cerca extrañaba la calidez de su cuerpo, la seguridad que su presencia le daba.

Era extraño para ella sentirse así y era aún más extraño pensar que todos los que la rodeaban conocían sus sentimientos; pero que, a pesar de ello; no entendían. Es más, si se ponía a pensar, ni siquiera ella misma entendía ese sentimiento irracional que Kaien había despertado en ella; no entendía porque a veces se despertaba en medio de la noche presa de una increíble agitación, solo porque había soñado que él había muerto… Que ella lo había matado. La desesperación se apoderaba de ella entonces, era imposible que semejante barbaridad pudiese ocurrir, ella no podía hacer algo como eso; quería tener a Kaien a su lado todo el tiempo, quería ver su sonrisa a diario, no tenía motivos para matarlo. No estaba tan loca.

Sus pesadillas continuaron, sus angustias no se detuvieron, su amor por su teniente no disminuyó; sino que pareció fortalecerse con el paso del tiempo. Cuando la vida de su teniente terminó en sus propias manos, no pudo hacer menos que sentir terror, no solo por haberlo perdido, sino porque la peor parte de su dolor empezaba, primero, como un pequeño sonido en la distancia, un susurro; luego un grito:

"¡¿Por qué lo hiciste Kuchiki?"

"¡¿POR QUÉ?"

Y sus ojos aparecían en la oscuridad de sus pesadillas, recriminándole sus acciones, recordándole el peso de aquella carga de la que era imposible deshacerse, quebrantando su voluntad; trayendo distintos recuerdos a su mente; torturándola, haciéndola sentir perdida, desesperada. Rukia miraba a su alrededor y estaba segura que, nadie entre todas aquellas personas entendía por lo que ella pasaba, al fin y al cabo, ninguno había matado a su persona amada.

Al final del día, acostumbrada ya a su continuo desespero y noches de insomnio, (o pesadillas en muchos casos); Rukia se preguntaba muchas cosas acerca de la muerte de Kaien, pero, en una de esas tantas noches, sus pensamientos se dirigieron a otro lugar, a donde jamás se había aventurado.

"¿Qué habría pasado si Kaien siguiera vivo y su esposa, no?"

Ésta era la pregunta cuya respuesta Rukia casi alcanzaba a imaginar.