Mi pequeña seductora

Capítulo 3

Nota: han pasado muchas navidades y he tenido muchas tentaciones de escribir una continuación, pero nunca encontraba la inspiración necesaria ni la idea perfecta. Ahora, tras muchas vivencias nuevas, he decidido escribir otra noche más para mi pareja favorita. Le dedico a todas mis lectoras este capítulo, en especial a mí siempre amiga Serekino Kaoru (que hace una eternidad no hablamos) y a Amatista 1986 por animarme a escribir de nuevo y porqué tengo la esperanza de que sirva como soborno… ¡tú me entiendes! 😊 ¡Que lo disfruten!

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

¿Les he contado alguna vez cómo odio estas fechas? ¡Me he pasado treinta minutos en el mercado por un par de repollos! ¡Y eso que sólo tenía a dos cuarentonas delante! Pero es que han comprado comida para el apocalipsis. ¡Han mencionado verduras y pescados que ni conozco! Juro por todos mis antepasados que nunca más voy a cogerle el teléfono a la loca de mi hermana por estas fechas, menos en nochevieja. ¡Es que siempre se olvida de algo y yo tengo que correr a su antojo! Repollos… ¿quién pide repollos en nochevieja? A saber para qué los quiere la muy bruja. Estoy convencido que sólo me los ha pedido para asegurarse que este año también asista a la ya "obligatoria" fiesta de nochevieja. ¡Ni que hiciera falta! Con Sakura llamando cada hora para amenazarme con enviar al idiota de su hermano a buscarme estoy más que motivado. Y es que el baka de su hermano me la tiene jurada desde el mismo instante en que me vio y es aún más amargado que yo en mis peores tiempos. Si no fuera por Tsukishiro ya nos habríamos liado a golpes y sacado los ojos. Suena mi teléfono y dejo ir un grito de frustración.

-Llego en unos minutos con tus malditos repollos Fanren así que deja de joder ¿quieres?

-Eh… veo que no estas de buen humor… - Parpadeo un par de veces y suspiro cansado.

-Perdona Sakura, es que mi hermana me ha llamado como veinte veces y me saca de mis casillas… Dime.

-No yo… sólo llamaba para avisarte que llegaré un poco más tarde a la fiesta. – Me paro de forma automática en la acera y hago que el hombre detrás mío choque con mi espalda por accidente. Una persona normal supongo que se disculparía, pero yo solo le hago un gesto con la mano que le indica que siga caminando y se meta en lo suyo. - ¿Shaoran?

-Si, estoy aquí. ¿Y eso?

-Oh… bueno… es que al final… voy a venir acompañada. – Cierro los ojos y aprieto los puños molesto. Otro idiota tras sus faldas…

-Sakura… no es que deba meterme en tu vida, pero… ¿no crees que deberías respirar entre palurdo y palurdo? Sé que odias estar sola y eso, pero… a veces no hay que forzar las cosas ¿sabes?

-Es que… bueno… esto es… diferente. – a pesar del frío invernal me empiezan a sudar las manos.

-¿En qué sentido?

-En todos… yo… luego te lo presento ¿vale? Me va a llevar primero a dar un paseo y luego vendremos. Supongo que estaremos allí sobre las diez o diez y media. ¡Trae mi regalo! Soy tu mejor amiga y espero que me hayas comprado algo digno de mi estatus. – Tragué pesado y bufé para mi mismo. – ¡Nos vemos osito!

Oigo el sonido de la línea al otro lado del teléfono y algo frío se apodera de mi espina dorsal. Una sensación extraña que no se definir. Desde que vine a trabajar a Japón Sakura se había convertido en algo así como mi punto de apoyo. Era divertida y espontanea, todo lo contrario a mí. Establecimos que, a pesar de esa noche loca en su alfombra, seriamos amigos y nada más. Yo necesitaba tiempo para seguir sanando mis heridas y ella afirmó mil veces que no me preocupara porque no estaba enamorada de mí. Eso nos permite tener lo que yo llamo "momentos sin reloj". Nos pasamos horas juntos haciendo miles de cosas distintas. Desde las más pequeñas y sencillas rutinas como comer palomitas en el sofá de su casa viendo una película, hasta irnos de viaje a la playa sólo para mojarnos los pies. Ella ha demostrado ser perfecta para acabar el día tan agotado que no cabe espacio para pensar. Una vez hasta me llevó a hacer puénting. Casi me muero al ver dónde estábamos. Y la muy loca me convenció para saltar. Sonreí levemente al recordar el grito de pura felicidad que soltó Sakura al saltar al vacío. ¡Y es que esa mujer no le tiene miedo a nada!

Sigo mi camino hasta el piso de Fanren recordando algunos de mis momentos preferidos. Sakura adoraba la cerveza y para mi total sorpresa también el fútbol. Así que era muy común vernos en bares viendo un partido y tomando una cerveza tras otra gritando al árbitro. Con el tiempo Sakura fue hablándome de los chicos que conocía. Ninguno bueno. Kenta era un informático friki que pasaba más tiempo jugando en otra dimensión que con ella. Creo que Sakura vio claro que era un camino sin salida en cuanto le compró un vestido de princesa Leia para que usara en la cama. Tooru era el lado opuesto. Un chico con aire de deportista universitario que seguía reviviendo sus días de gloria antes de que se lesionara la rodilla. Por suerte no era un cabeza hueca del todo y había terminado la universidad. Pero odiaba su trabajo de oficina y lo pagaba con ella. Así que un día que dejé a Sakura en el centro con él y oí como le gritaba por haber llegado tarde a la cita, le lancé un puñetazo y tomando a Sakura de la mano me la llevé al cine conmigo. Sakura no dijo nada en toda la tarde y tras ese día jamás oí hablar de nuevo de ese tipejo. Luego apareció fugazmente otro estúpido, ni siquiera recuerdo su nombre. Pero creo que era de la editorial en la que Sakura había publicado sus cuentos. Y ahora aparecía uno nuevo. La verdad es que sus historias me resultaban divertidas al principio. Era una patosa en todo lo que se podía llamar amor. Lo interpretaba todo al revés y se enfadaba por tonterías sin importancia mientras que perdonaba faltas mucho más graves. Pero concentrarme en sus desvaríos hacia que me olvidara de los propios. Seguía y sigo pensando en Shara… pero ahora es más que un recuerdo doloroso… Ahora siento algo más parecido a la nostalgia. Una añoranza que algunos días es llevadera y otros muy soportable. Puedo volver a mirar sus fotos sin sentir un nudo en la garganta y puedo hablar de ella. Aunque solo con Sakura.

Eriol y Tomoyo se nos unen a veces y salimos los cuatro. Nunca había visto a Tomoyo tan histérica como cuando esta con Sakura. ¡Y eso que siempre he pensado que era una cabra loca! Pero es que con ella le sale una vena psicópata. Tengo el móvil lleno de fotos de Sakura que esa morena perturbada me manda a todas horas. A veces pienso en borrarlas, pero me sabe mal… Y es que siempre la coge en sus mejores momentos. Noto como Eriol está menos tenso conmigo y sé que Tomoyo hace todo lo que puede para emparejarme con Sakura. Le salen estrellitas cuando habla de la buena pareja que haríamos y Eriol siempre la para con una sonrisa amable. No me siento mal por sus intentos. Sé que lo hace con la mejor de las intenciones, pero agradezco que mi amigo la frene un poco. El entusiasmo de esa mujer puede ser agotador y yo sigo sin sentir "eso" por nadie.

No me entiendan mal, Sakura es hermosa y muchas veces me he sentido tentado en cruzar esa jodida línea y tener un revolcón en nuestra alfombra preferida. Pero lo que tengo ahora no lo había tenido nunca y no quiero perderlo por nada del mundo. Sakura es como el mejor amigo de la universidad alocado con el que te pillaste el primer colocón. Ese al que tus padres te dicen que no veas porqué es una mala influencia pero que a ti te hace morirte de risa. Pero en mi caso me ha tocado un mejor amigo con un cuerpo de diosa y ojos de niña inocente. Así que muchas noches termino tomándome una ducha fría y contando hasta infinito.

Sin darme cuenta había llegado al piso de mi hermana, por lo que decido subir sin más y dejar mis recuerdos de estos meses para otro momento. La mano se me va involuntariamente hasta el bolsillo. Allí llevo el regalo de Sakura. Sonrío levemente al recordar la larga lista de sugerencias que me había enviado por e-mail. Desde un kit de un osito de felpa hecho a mano hasta una casa en la Toscana. Al final me había decidido por algo totalmente distinto. La verdad es que no recibí nunca ningún comentario por mi regalo del año anterior. Se lo dejé en el bolsillo antes de irme a Hong Kong pero cuando volví no salió nunca el tema y yo no quise preguntar. Si ella no me quería decir nada, estaba bien… puede que no le gustara o pensara que era una tontería. Pero este año le había comprado un hermoso collar en forma de estrella. Sakura nunca llevaba muchas joyas. En el colegio dónde trabajaba no podía usarlas y los fines de semana nunca se acordaba de ponerse nada. Pero sabía que, si yo se lo regalaba, ella lo llevaría siempre. O al menos eso esperaba.

Giro la cabeza en negación diciéndome a mí mismo que estaba pensando demasiado en ella hoy. ¿Sería porqué iba a presentarme a otra de sus conquistas? No lo creo… es decir… no me gustaba la idea y por alguna razón algo me molestó al decirme que este era distinto, pero… me alegraba por ella. Se merecía a alguien en su vida a parte de un amargado borde como yo. ¿Verdad? Claro que eso significaba que pasaría menos tiempo con ella. Y si el tipejo resultaba ser de los celosos, seguramente las noches en su piso tumbados en el sofá los dos solos serían cosa del pasado. El solo pensarlo me endurece por un momento el poco corazón que me queda. A veces deseaba que Sakura fuera un tío. Eso lo haría todo más sencillo. Las puertas del ascensor se abren y me sacan de mi ensoñación. Eran las ocho de la tarde. Aún faltaban dos horas para que llegara Sakura. Eso me desanima. Odiaba a los amigos de mi hermana. Así que antes de entrar cojo mi teléfono y llamo a mi único amigo "hombre", Eriol.

-Esto sí que es todo un honor… Shaoran Li llamándome… ¿A que debo el placer? – iba a contestar, pero la voz histérica de Tomoyo gritando que cómo no fuera a la fiesta me mandaría un virus al ordenador central de mi empresa me desconcertó por un momento. – Eh… Tomoyo dice que espera que vengas…

-Ya… sí. De hecho, estoy frente a la puerta de la casa de Fanren. Llamaba para saber a qué hora venías. Fanren va a presentarme hasta su última amiga soltera y necesito apoyo moral.

-¿Qué no está Sakura para eso? Van a ir juntos ¿no? – de nuevo ese gusano molesto viajando por mi espina dorsal seguido de una incómoda sacudida estomacal. ¿Habría comido algo en mal estado?

-Me ha llamado para decirme que vendrá tarde. Al parecer viene con alguien. – noté un incomodo silencio en la línea. Eso era algo extraño con Eriol. El siempre tenía algo que decir. - ¿Eriol?

-Oh, sí. Sigo aquí. Sólo que no sabía que Sakura estaba viendo a nadie. – No veía a Tomoyo pero al no oírla gritar supuse que ella si estaba enterada. De lo contrario le habría cogido el teléfono a su ahora marido y me habría realizado un interrogatorio. – Un friki, un deportista y un filántropo afeminado, ahora solo nos falta el artista de circo ¿no?

-No sé… al parecer este es "diferente" – mi boca hizo una mueca de asco involuntaria y mi voz sonó distorsionada al intentar imitar la dulce pero empalagosa voz de mi amiga. Eriol se ríe al otro lado de la línea.

-Vaya… pareces molesto… con los otros ni te inmutaste.

-Nah… es solo que me cansa. Ninguno vale ni media bofetada. ¿es que no quedan tíos normales? – de nuevo oigo algo de fondo que dice nuestra Tomoyito. Pero esta vez no entendiendo nada. Sólo oigo a Eriol reír. – Si tu pesada mujer va a estar opinando de todo lo que digamos mejor pon el manos libres para que al menos la entienda.

-Tomoyo dice que estás molesto porque te van a quitar a Sakurita. – abrí los ojos sorprendido. Eriol jamás sacaba ese tema. Al contrario, siempre hacía callar a su mujer cuando lo sacaba a colación. – Y aunque nunca te lo digo, hoy debo decir que estoy con ella. – La puerta del ascensor dejó paso a mis tres hermanas que llegaban a la fiesta. Las tres me saludaron efusivamente por lo que tuve que despedirme. Aunque luego preguntaría por el comentario tan "directo".

-Mis hermanas han llegado. Por favor… ven pronto ¿vale?

-Tomoyo ya está vestida así que ya no tardaremos mucho. Lleva en el cuarto de baño desde las seis. – esta vez sí oigo decir algo cómo que la perfección llevaba su tiempo.

-Esta bien. Te veo en un rato.

Y el rato se había convertido en la hora más larga del mundo. Eriol y Tomoyo no aparecían. Sakura estaba de paseo con el "diferente" y yo buscaba cualquier rincón donde esconderme de las locas que iba presentándome una a una Fanren. No se cansaría nunca. Mi hermana Fimei está sentada en uno de los sofás con una panza de ocho meses, por lo que pienso que será la compañía más aceptable. Me acerco con un baso de agua para ella y se lo ofrezco al tiempo que tomp asiento a su lado.

-¿Dónde está tu Sakura? – ruedo los ojos, molesto. ¿es que estábamos pegados con cola o algo? No es como si fuéramos siempre juntos a todos lados ¿verdad? Aunque ahora que lo pienso…

-Vendrá más tarde.

-Oh… ¿es por un chico? – me digo a mi mismo que debo grabarlo en el móvil y reproducir la explicación cada vez que me preguntaran. Era como la décima vez en lo que iba de noche.

-Sí… esta con alguien. Pero vendrá luego. – Espero el típico comentario, pero sólo el silencio me responde. Así que me giro a mirar a mi hermana. Parece triste y no entiendo por qué. - ¿Qué ocurre?

-Nada supongo. Es solo que desde que has venido a Japón estas distinto. Mejor. No cómo antes claro, pero… poco a poco iba viendo a mi hermano de nuevo ¿sabes?

-¿Y eso te pone triste?

-No, eso no. Pero creo… no, estoy segura, que Sakura ha tenido un papel principal en todo esto y… temo que para cuando te des cuenta de lo que sientes por ella ya sea demasiado tarde. – Fimei mira la fiesta y no a mí. Pero puedo ver que realmente esta desalentada.

-Fimei… yo no amo a Sakura, ni ella a mí. Sé que te gustaría que me enamorara de nuevo pero… no estoy preparado y de estarlo no creo que fuera Sakura.

-¿Por qué?

-¿Por qué no estoy preparado?

-No. ¿Por qué crees que no sería Sakura?

-No lo sé… es algo así como mi mejor amigo. Le gusta la cerveza y el fútbol. Aguanta el alcohol mejor que yo en mis mejores momento y come tanto que hasta yo me siento empachado. – una sonrisa se dibuja en mis labios – además que esta totalmente loca y es infantil hasta el cansancio. Adora todo lo que sea peludo y achuchable y quiere tener mil niños. – la sonrisa se convierte en un dolor en el pecho y agacho la cabeza. – Es muy dulce y buena… inocente pero a la vez muy lista y sensata en lo que en verdad importa. ¡Aunque tiene un gusto malísimo para los hombres! Pero no es… - intento pensar la palabra adecuada, pero… no me sale.

-Nadie será nuestra Shara.

-No quería decir eso…

-¿Y que querías decir?

-No lo sé… simplemente no… no siento lo que debería sentir… - Fimei me toma de las manos y me hace mirarla. De mis cuatro hermanas siempre había sido la mas centrada y en algunas cosas me recordaba a nuestra madre. Así que a ella no puedo simplemente enviarla al diablo como a los demás cuando me sacaban el tema.

-Ella te quiere. Lo noto. – ruedo los ojos involuntariamente. – No hagas eso como si lo que dijera fuera una locura. Tomoyo y Eriol también lo piensan y la conocen desde hace una eternidad.

-Sakura es un libro abierto, si me quisiera lo sabría.

-Para nada, porque nunca ves aquello que no quieres ver… Shara tuvo que gritarte a pleno pulmón que te quería para que te enteraras. – Fimei deja ir un suspiro cansado y suelta mis manos para volver a mirar a la fiesta. – Si no me crees, pregúntale a Tomoyo si alguna vez ha tenido que consolar a su mejora amiga debido a ti.

-¿A que te refieres?

-Tú solo… pregúntaselo y deja de ser un necio. Chicas como Sakura son difíciles de encontrar. Normalmente te dejaría en paz pero… con ese maldito muro que has construido entre tú y el mundo, o te saca Sakura o no lo hará nadie. – Miro a mi hermana en total silencio. Esta noche esta siendo muy confusa. Normalmente acudiría a Sakura para salir y olvidarme de tanto consejo pesimista pero, eso era precisamente lo único que no podía hacer.

-¡Llegamos! – Tomoyo se tira encima de mi literalmente y me da un abrazo de oso mientras su marido saluda a mi hermana con dos besos y pregunta por su salud. – El tráfico hasta aquí ha sido una pesadilla osito.

-No me llames así ¿quieres? – La pelinegra solo sonríe para dejarme de lado e ir a soltarle gritos emocionados a mi hermana. La lluvia de preguntas sobre bebés no se hace esperar y tomo asiento de nuevo junto a Eriol.

-Estas mujeres… es hablar de bebés y se vuelven locas… - Asiento bebiendo un sorbo de mi cerveza y observo el panorama. - ¿Te han presentado ya a todas las solteras?

-Eso espero… o me encierro en el baño por lo que queda de noche. – Eriol deja escapar una de sus odiosas y misteriosas sonrisas que lograban sacarme de mis casillas.

-¿Qué?

-Sólo pensaba que el año pasado estabas insoportable y abatido y mírate hoy. Relajado con una cerveza sentado en el sofá de una de las macro fiestas de tu hermana.

-Si a esto le llamas estar relajado no quiero saber como son tus momentos tensos… - de nuevo esa sonrisa. – Pero entiendo lo que dices. Llevo toda la noche oyendo lo mismo.

-¿Y a qué conclusión has llegado?

-¿Tú también?

-Es sólo que… - pero le dejo con la palabra en la boca a la vez que me pongo en pie. Sakura ha llegado al fin. El inconfundible y horrible abrigo rosa Chanel que siempre lleva llamaría la atención de un muerto. Y si a eso le sumamos el gorro y la bufanda rosa chicle… de nuevo me parecía un montón de ropa andante. Eriol sonríe a mi lado y también se levanta. – Shaoran, ahora sí que te lo digo en serio, deberías ver tus ojos cuando Sakura aparece… - Le miro con el ceño fruncido.

-Creí que al menos tu me entendías.

-Oh… y lo hago. Eres tú el que no se entiende. – Tomoyo también la ve y sale disparada a buscarla. Miro a su alrededor pero no logro ver a ningún chico con ella. La miro a los ojos. Nada raro. No esta triste. ¿Entonces dónde está el chico "diferente"?

Ambos vemos como las chicas desaparecen en uno de los cuartos para luego aparecer de nuevo sin el abrigo epiléptico de mi mejor amiga. Una sonrisa se dibuja en mis labios al ver el vestido. Sé que esta vez no es cosa de Tomoyo porqué yo mismo fui con ella a elegirlo. Se probó como diez vestidos. Todos le quedaban de maravilla, pero cuando vi este supe que era el perfecto para ella. Demasiado quizá, porqué torneaba a las mil maravillas sus atléticas piernas. Odio ir de compras, pero esta mujer loca siempre acaba por arrastrarme. No es que fuéramos a menudo, pero teniendo en cuenta cuanto lo odio, era todo un logro por su parte. En cuanto llegan, Sakura da una vuelta sobre si misma y me sonríe.

-¿Y bien? ¿Cuál es el veredicto del gran Shaoran Li?

-La luz de la tienda te favorecía más… - un golpe de su puño me hace reír, así como el mohín que se dibuja en su boca.

-¡Estas hermosísima Sakura! Como siempre. El turquesa te pega. ¿A que sí Eriol? – Tomoyo ya estaba halagándola a voz en grito.

-Sin duda. – miro de nuevo alrededor. El noviete brillaba por su ausencia, y en vista de que nadie se animaba a preguntar doy el primer paso. Por algún motivo me urge saber dónde estaba el pequeño parasito.

-¿Qué no ibas a venir acompañada? – Sakura me mira toda sonrojada y de nuevo cierro los puños molesto.

-Sí… esta a fuera atendiendo una llamada urgente.

-¿Urgente? ¿Está tratando de curar el cáncer o algo? – los tres me miran como si tuviera una segunda nariz.

-Oh… pues en realidad sí. Es oncólogo. – ¿un jodido médico? ¿En serio? – pero es su sobrina. Al parecer esta borracha o algo y tiene miedo de llamar a sus padres. Tiene quince años. – casi como si lo hubiéramos invocado una mano se posa en la espalda de Sakura y esta se gira con las mejillas arreboladas. – Mamoru… ¿qué tal está tu sobrina?

-No muy bien… no está en un coma etílico, pero temo que haga una locura. Debo ir a buscarla. – Le estudio de forma involuntaria. Moreno, ojos azules, sonrisa amable… tiene una aura paternal que me recuerda a Fujitaka Kinomoto. Aunque físicamente es parecido a Touya. – Oh, lamento mis malos modales. Buenas noches. ¿Qué tal estas Tomoyo? – la morena le da un abrazo y le contesta que perfectamente. Luego oigo como le pregunta por su sobrina y este le explica los pormenores avisando nuevamente que debe irse.

-Te acompaño. – siento un dolor intenso al oír a Sakura y mi mano toma la suya de forma involuntaria reteniéndola.

-¿Te vas? – Sakura me mira con los ojos abiertos pero sonríe.

-Sí… no quiero que Mamoru se vaya sólo. ¡Oh! Pero deja que los presente… - Veo como de forma sutil Sakura lucha por soltar su mano y la dejo ir reticente. Toma el brazo del "médico diez" y le sonríe toda embobada. – Mamoru, este es Shaoran, el amigo del que tanto te he hablado. Shaoran, este es Mamoru… mi novio… - No era la primera vez que me presentaba a alguien con ese calificativo, pero por alguna jodida razón esta vez se siente "diferente". Lo que me repatea. Noto todas las miradas en nosotros así que sólo alargo mi mano y ambos nos saludamos cortésmente.

-Sakura me ha hablado mucho de ti. Sólo lamento no poder quedarme. De verdad tengo ganas de conoceros más… - Eriol sonríe como panoli y le contesta abrazando a su hermosa mujercita.

-Oh, no te preocupes. Podemos quedar otro día. Este sábado por ejemplo. Teníamos intención de ir a jugar un partido de tenis. –

-Lo siento… este sábado tengo doble turno en el hospital. Pero buscaremos un día. – el tal Mamoru mira el reloj nervioso. – De verdad que lo siento, pero debo irme. Le he dicho a Mina que se quede dónde está, pero no me fío de ella ahora mismo… - Sakura da un brinco sobre si misma.

-¡Voy a por mi abrigo! – se gira para salir corriendo, pero esta vez es la mano del "novio" quien la detiene.

-Oh, no Sakura. Tu debes quedarte. No quiero arruinarte la noche vieja. Además, no será algo agradable de ver créeme… mi hermano es algo… autoritario. Mejor me la llevo a mi casa y ayudo a que se le pase.

-Pero… ¿no vas a volver? – la tristeza en su voz ha sido notable y algo en mi interior se quiebra. ¿Tanto le importa que ese médico se vaya? ¿Era cosa mía o antes sólo ponía esa voz triste cuando yo me iba? El tipo toma el mentón de mi mejor amiga con los dedos y besa sus labios de forma muy dulce sin importar que estemos presentes. Un instinto asesino sacado de vete tú a saber dónde nace en mis entrañas. Casi como el día que golpeé al palurdo deportista. Pero esta vez no la estaban dañando… ¿entonces por qué?

-Lo intentaré. Pero si no puedo juro que te lo compensare.

-¿Cuándo vuelves a tener día libre?

-En un par de semanas. – Sakura hace un mohín de niña pequeña y Mamoru le sonríe.

-Sabes que eso no es justo… si fuera por mi estaría contigo siempre…

-Entonces me voy contigo… en serio…

-Sakura… - esta agacha la cabeza y siento que el tipejo es un idiota más. No es que yo quiera que ella se vaya, pero de ser él, jamás la dejaría lejos de mí en noche vieja. Ni por mil sobrinas.

-Vale… pero llama luego…

-Lo haré. – Mamoru se despide de nosotros y besa en la cabeza a Sakura antes de salir por la puerta. El humor de esta ha decaído tanto que no puedo evitar querer animarla. Pero aún no he dicho ni una palabra cuando aparece corriendo mi hermana Fanren con el pelo hecho un desastre.

-¡Sakura! ¡Menos mal que has llegado! Te necesito urgentemente en la cocina. – Y antes de que ninguno pueda abrir la boca para preguntar que está pasando, Sakura es arrastrada hasta la cocina y mi hermana cierra con un tremendo portazo.

Tomoyo parece algo desanimada por su amiga, pero rápidamente se repone y nos empieza a hablar de sus nuevos diseños. Luego aparecen más amigas solteras de mi hermana por lo que mi siguiente hora se compone de un desfile de morenas, rubias y pelirrojas locas preguntando sobre mi vida y mis negocios. ¡Cómo si les interesara! Intento ser paciente al principio, pero al final ya no me estoy de miramientos y las mando a paseo nada más oír sus nombres. Llevo todo el rato buscando a Sakura con la mirada, pero a pesar de que la puerta de la cocina hace rato que se ha abierto, no veo a Sakura por ningún lado. Tomoyo y Eriol han huido de mi desfile particular de solteras y están en un sofà hablando con una pareja mayor. Lo cierto es que no les conozco. Miro el reloj. Las once de la noche y sin rastro de mi mejor amiga. Finalmente me despido de una tal Kaoru con poca delicadeza y me abro paso hasta la cocina. Cosa difícil teniendo en cuenta la cantidad de gente, principalmente mujeres, que ha invitado mi hermana.

Cuando al fin llego, me encuentro un panorama de lo más desalentador. Un olor a quemado me llega a la nariz y restos de nata y mermelada se me enganchan en las suelas de mis zapatos. Hay vasos de plástico por todas partes y botellas de alcohol desperdigadas por todo el mármol. Maldigo por lo bajo ya que el desorden me irrita, pero me centro en lo importante. Sakura no está. ¿Cuándo había salido? Me dispongo a salir de ese infierno inmundo pero un escalofrío me recorre la nuca. ¿Hay corriente? Entonces reparo en que la puerta que da a la escalera de incendios está abierta. La cierro y vuelvo a entrar al piso. Nada. Miro cuarto por cuarto y ni rastro de Sakura. Cojo mi teléfono y la llamo. Cinco tonos y el contestador. Algo parecido a la preocupación se apodera de mi estómago. Vuelvo a llamar y de nuevo nada. ¿Se habrá ido finalmente con el medicucho? No… se habría despedido. ¿verdad? Entro en el cuarto de los abrigos y observo que aún esta aquel pedazo de tela rosa chicle odioso y entonces recuerdo la corriente en la cocina. Ruedo los ojos y grito a los cielos por lo estúpido de esa mujer loca. Agarro mi chaqueta y su horrible abrigo y me voy corriendo a abrir la puerta que da a la escalera de incendios y que yo había cerrado. No hay nadie. Pero veo que "alguien" ha alargado la escalera para poder subir. Miro a dentro. Nadie me mira. Así que me pongo mi chaqueta y subo la escalera entre maldiciones. Nunca había subido a la azotea, pero mi hermana había comentado algo de las vistas. Estábamos en un décimo piso en la zona alta, supongo que serian espectaculares. Pero no para morir de una pulmonía.

Mi cabeza asoma al fin y puedo poner los pies en tierra firme. Odio las alturas. Ni rastro de Sakura. Empiezo a pensar que estoy loco y me dispongo a bajar cuando una sombra aparece detrás de una columna a lo lejos. Levanto la vista y el aire se me corta al instante. Sakura esta descalza en uno de los muros exteriores haciendo malabarismos. ¡Hay diez pisos de caída! Dejo caer el abrigo y corro hasta ella. Mi instinto quiere gritarle, pero gracias a dios reparo en que puedo asustarla y hacerla caer, por lo que me limito a dar los últimos pasos en silencio hasta estar lo suficientemente cerca para cogerla. Me faltan unos metros cuando ella se gira y me ve.

-¡Shaoran! ¿Has visto qué de luces? ¡Son hermosas!

-Sakura… ¿Qué estas haciendo?

-La cuerda floja era una de mis especialidades en el instituto. ¿Te he dicho alguna vez que estaba en las porristas?

-Mil veces…

-Pues me encantaba hacer estas cosas… las chicas se partían cuando me caía.

-Sakura… baja… estas a diez pisos del suelo. – Sus mejillas están rojísimas y cada vez que habla veo el vaho salir de su boca. Tiene los labios azules y tiembla ligeramente. Pero parece no darse cuenta. ¿Estaba borracha? De ser así sería la primera vez. Pero no es momento para pensar en eso.

-¿Tienes miedo de que me caiga? Soy buena… muchos años de práctica.

-Sakura que me va a dar un infarto, baja ya. – Alargo mis brazos para que me de la mano, pero ella solo sonríe juguetona y se aparta bruscamente perdiendo el equilibrio y cayendo hacia atrás.

Y mi mundo se detiene en ese mismo instante. Veo como su cuerpo cae a cámara lenta demasiado alejado de mí. Me lanzo instintivamente hacia ella pero solo logro rozar una de sus manos. Ese roce se me hace eterno y mi pecho pierde todo el aire. La nada esta frente a mi dónde antes estaba Sakura. Noto la desesperación empezando a asomar en mi cabeza, tan dura y tan fría como la recordaba y me siento morir en ese instante. Pero justo cuando algo se empieza a romper en mí pecho una risa alegre me devuelve a la vida. Salgo de mi horrible estupor y miro abajo. Un andamio recorre toda la fachada y Sakura esta sentada en él partiéndose de risa. El miedo se convierte en ira y la saco de allí con fuerza para tirarla literalmente al suelo de la azotea. Ella me mira asombrada y molesta mientras se acaricia los brazos. Le había hecho daño al cogerla tan fuerte y le saldría un buen moretón en el culo, lo sé, pero ahora me importa una mierda.

-¡Eh! ¿Qué coño te pasa Shaoran? – me agacho a su lado y la tomo por los hombros haciendo que de nuevo abra los ojos y me mire asustada.

-¡Eres una imbécil! ¿Cómo has podido hacerme eso? ¿¡Estás loca!? – La aparto de mi con fuerza y me alejo dándole la espalda mientas intento calmar mi respiración. No quiero mirarla. ¿En que estaba pensando al darme semejante susto? ¡Eso no era una broma! Pero el silencio a mi espalda hace que me preocupe, así que me giro lentamente y la miro. Su mirada está perdida en algún punto del suelo y tiembla de pies a cabeza. Sin decirle nada camino de nuevo a la escalera dónde el montón de ropa rosa ha quedado olvidado en el suelo. Lo recojo y se lo llevo. Le extiendo la mano con el abrigo pero ella no reacciona. Sigue sentada en el suelo con la mirada baja. - ¿Quieres coger el maldito abrigo de una vez? ¡Cogerás una pulmonía!

-Bien… quizá así consiga que me haga caso… - Parpadeo confuso. ¿Qué le haga caso? ¿Quién? ¿El príncipe medicucho? Me agarro el cabello para soltar mi frustración y cuento hasta veinte. ¿Quién era esa mujer y porqué tenía el cuerpo de mi mejor amiga?

-Sakura… ponte el abrigo o no respondo… - Al fin levanta la vista y veo ese par de esmeraldas que siempre están llenas de vida. Nada. Un frío me recorre de la cabeza a los pies. Ni lágrimas ni luz. Solo unos ojos desprovistos de sentimientos. Es casi como verme al espejo hace unos años. Me voy calmando poco a poco y observo como se pone el abrigo con movimientos torpes.

-Vamos dentro. – bajo la escalera esperando que ella me siga y controlo sus movimientos para que no se haga daño. Ya no tiembla tanto, pero observo que titubea, seguramente por el alcohol. Cuando me dispongo a abrir la puerta de la cocina me doy de bruces. Esta cerrada. Hago fuerza y le doy un golpe con el hombro. Nada. Empiezo a dar golpes y grito pero nadie aparece. Todo el mundo esta en la fiesta y la puerta sigue cerrada.

-¡Mierda! ¡Joder! – Sakura me mira y deja ir una risita tonta. - ¿Y ahora que te hace gracia?

-Volvemos a estar encerrados en nochebuena.

-¡Perfecto! ¿Sabes? ¡Esto no es un ascensor! Hace frío. – por suerte recuerdo que llevo el móvil y voy a cogerlo cuando me doy cuenta de algo. No está. Con las prisas lo abría dejado tirado por el cuarto de las chaquetas mientras llamaba a Sakura. – Esto no puede estar pasando… dime que llevas el móvil en ese abrigo…

-Esta en mi bolso, creo. – El aire frío típico de estas fechas hace que me estremezca. – Vamos a la azotea. Allí estaremos resguardados.

-Nadie nos verá en la azotea Sakura… mejor nos quedamos aquí hasta que alguien entre a la cocina y pueda avisarle. – Ella me mira y levanta los hombros para luego volver a subir dejándome allí como un idiota.

-¡Sakura! – maldigo de nuevo sus ideas de bombero y subo resignado. ¿Qué coño le pasaba? El irracional, impulsivo y borde de nuestra extraña relación soy yo, no ella. - ¿Qué haces?

-Pues voy a sentarme aquí al lado del extractor de humos. Sube calor. – veo como se acurruca en el suelo manchando su querido abrigo y recoge sus rodillas hasta que reposan en su pecho.

-¿Has bebido?

-Oh… sí.

-Tu nunca te emborrachas… ¿Qué has bebido para estar así?

-Ni idea… quedaban varios culos en las botellas… suficientes para un chupito...creo que uno era vodka y estoy segura de que el tercero que me bebí era wiski. ¡Odio el Wiski!

-¿Te has bebido tres licores diferentes?

-Nop. – suspiro aliviado y tomo asiento a su lado. – cinco o seis.

-¿Disculpa?

-Antes de venir aquí Mamoru me llevó a un lugar muy finolis donde bebimos vino. ¡Del caro ¿eh?! Y encontré un par de cervezas en la cocina que también bebí y… creo que también un chupito de tequila con tu hermana…

-Sakura… tu estomago no aguantará tanto alcohol mezclado…

-¡A la mierda mi estomago! Pulmonía, lavado de estómago… sí… suena a cita con Mamoru asegurada… aunque un cáncer de pulmón sería mejor… es oncólogo… ¿tienes un cigarrillo? – Suspiro cansado y cojo paciencia. Jamás había visto a Sakura así. ¿Tanto le importaba ese tipo?

-Sakura… ¿Qué te ocurre?

-No lo sé. Ese es el problema ¿no? Si supiera lo que pasa conmigo podría arreglarlo, pero como no lo sé aquí estoy, borracha y congelada lamentándome en nochevieja. ¿tienes un cigarro o no?

-Tú no fumas.

-Ahora sí. – la miro con la ceja levantada. Esta con la mano extendida y temblando de arriba abajo como si tuviera el mono. Un cigarro no nos haría daño a ninguno de los dos. Aunque yo habría cambiado mil cigarros de los que llevaba en el bolsillo por un móvil en estos momentos. Le extiendo uno y miro como se lo pone en la boca para luego acercarse a mí hasta casi rozar mi nariz con el cigarrillo. Su cabello cae graciosamente por sus mejillas sonrojadas y trago pesado al mirar sus labios - ¿Vas a encendérmelo o no? La miro algo inquieto, pero le acerco el mechero y se lo enciendo. Ella toma aire y tose cómicamente aligerando un poco el ambiente. - ¡Maldita sea, que malo es! ¿Cómo puede la gente fumar estas cosas? Y lo tira lejos cabreada.

-¡Oye! Que no son gratis. Lo podría haber fumado yo.

-¡Coge otro! Eres rico, te lo puedes permitir. – Se acurruca nuevamente y se cubre como puede con el abrigo. La miró y dejo escapar una pequeña risa. - ¿Te hago gracia?

-Eres una niña… - tomó mi cigarrillo y lo enciendo pausadamente. Sakura esta callada a mi lado, mirando de nuevo el suelo. Voy por mi cuarta calada cuando decido sacarle lo que sea que la tenga así. Ella siempre me escucha, hoy parece un buen momento para devolverle el favor – Sakura… esto no es típico de ti.

-Ah no… ¿y que es típico de mi Shaoran?

-Ositos, golosinas, una película romántica y estrellitas en los ojos. – Quería hacerla reír, pero solo consigo un par de sollozos por su parte que hacen que brinque del susto. ¿Sakura está llorando?

-¡Sakura!

-Yo… soy una niña ¿verdad?... me paso el día jugando con niños, escribo cuentos… soy infantil y una estúpida inocentona. ¡Aún me piden el carnet en los bares y tengo 27 años! Es por eso… ¿verdad?

-Es por eso ¿el qué?

-Que no gusto a los hombres… - giro los ojos irritado y me llevo la mano a la sien mientras tomo otra calada armándome de paciencia. La conversación que tuvimos hace dos años en el ascensor me vuelve a la mente.

-Eso es una idiotez…

-Y porqué soy mala en la cama… eso también… - Ahora el que escupe tosiendo el humo del cigarro soy yo.

-¿Qué?

-Todos los hombres salen despavoridos tras acostarse conmigo.

-Eso no es verdad.

-¿A no? – Sakura se gira apoyando las manos en el suelo y mirándome perdiendo toda la compostura. - Kenta tuvo que ir corriendo a la tienda de disfraces frikis para poner imaginación a nuestras relaciones. Tenía que inventarse un mundo de fantasía para estar en la cama conmigo. ¡Me compró un puto disfraz de Leia! Tooru daba igual… porqué con dos minutos y un poco de toqueteo había acabado, era tan rápido que cualquiera con un par de pechos le iba bien. Y Takeda de la editorial fue el peor… me dijo que había descubierto que era gay estando conmigo… que si yo no era capaz de inspirarle nada ninguna mujer lo haría… eso… eso fue… devastador…

-No me lo contaste… - iba a acariciar su mejilla con mi mano, pero Sakura se apartó bruscamente limpiándose un par de lágrimas que bajaban por su mentón.

-Y luego conocí a Mamoru, su hija es alumna mía y le encantan mis cuentos. Es todo un ejemplo de madurez… responsable, afable, cariñoso. Su hija habla de él como si fuera un dios. Empezamos a conversar cuando venía a por ella y … finalmente me pidió una cita. ¡Era tan feliz! Quedamos un par de veces y en la tercera cita nos encontramos a Tomoyo. Ella dio su aprobación tan rápido que supe que era él…tenía que ser él… así que esa noche tomé la iniciativa, pero… nada. Me apartó suavemente diciéndome que estaba cansado por un doble turno y me deseó buenas noches. Hemos tenido dos citas tras eso y… no ha pasado de un casto beso en los labios. Me digo a mi misma que es porqué aún no ha superado la muerte de su esposa, pero… va y me deja sola en nochebuena… por una sobrina… No por su hija o por un paciente terminal… por una sobrina que ve un par de veces al año y que podían ir a recoger sus padres… - voy asumiendo lentamente toda la información, pero es demasiado hasta para mí. Así que el tipo era viudo… como yo… y tenía una hija… De carácter afable como el padre de Sakura, médico y de aspecto físico fuerte y atractivo como su hermano y viudo como yo… una combinación peculiar… debo decir. – Y luego estás tú… - mi corazón da un salto y la miro de nuevo. Ella aparta la mirada y sigue llorando. – La misma noche que te acostaste conmigo saliste despavorido y cogiste un avión que te alejó cientos de kilómetros. Eres mi récord…

-Eso no…

-Y luego volviste para ser mi amigo… normal… ¿no? ¿Cómo ibas a verme de otra forma? – recuesto la cabeza y cierro los ojos frustrado.

-Estas sacando las cosas de contexto y dejas que tu primera relación con el témpano de hielo destruya tus relaciones actúales. Yue era el frío que no sabía transmitir pasión y te llenó la cabeza de inseguridades, como la noche que te conocí. El resto no son más que secuelas de una relación viciada – Sakura se carcajea a mi lado y la miro asombrado. Es una carcajada llena de rabia y dolor. - ¿Qué?

-Yue se casa. – La miro totalmente pasmado.

-¿Qué… cómo…? ¡¿Cuándo?!

-En dos semanas… me lo dijo hace como un mes… - ¿hace un mes? No sabía nada de Mamoru, nada de los "supuestos" motivos por lo que rompió las relaciones con los tres palurdos y ahora esto… ¿es que no sabía nada de la mujer que tenía enfrente? ¡Pero si pasábamos todo el tiempo juntos! Intenté recordar nuestras conversaciones, pero me di cuenta de que siempre hablamos de nuestra rutina. Fútbol, trabajo, amigos… hasta de mí, pero… ¿cuándo me había hablado de ella? ¿Es que yo no se lo preguntaba? Trago pesado e intento pensar que decir y cómo hacerlo.

-Que se case sólo significa que encontró a alguien tan frío como él…

-Se llama Nakuru… es preciosa y tan… sugerente. ¡Está loca! Es tan divertida… solo pasamos juntas una tarde, pero… me reí tanto… y cuando la vi con él… jamás había visto a Yue tan nervioso... estaba sonrojado y sonreía como un colegial… y ella le ha hecho cometer locuras… ¿sabes que le coló una noche en un partido ilegal de boxeo? ¡A Yue! Lo máximo que conseguí fue llevarlo a patinar sobre hielo… Ella esta tan llena de vida… es tan… diferente a mi… - intento imaginarme lo que me esta diciendo y digerirlo, pero yo, que he visto al tipo un par de veces, no puedo ni siquiera dibujar una sonrisa en esa cara de hielo. – No Shaoran… Yue no era el problema… era yo… la dulce hermanita pequeña de su mejor amigo. La que nunca tuvo… su "niña"…

-Sakura… te equivocas.

-Que sabrás tu…

-¿Disculpa? – Sakura iba a decir algo, pero se mordió el labio y de nuevo miró el suelo.

-Nada… no importa.

-No, quiero oírlo. No todos los días logro sacarte algo así que voy a aprovechar tu borrachera loca de hoy antes de que te pongas a vomitar todo lo que te has metido por el gaznate. ¡¿Qué?!

-¡Tú eres el peor de todos! – abro los ojos sorprendido e intento decir algo… ¿pero qué? – Me ves como si fuera tu mejor colega. ¡Estoy segura de que serías más feliz si fuera un tío ¿verdad? Así no tendrías que soportar a todos insistiendo en cuando saldremos como pareja. Estoy segura de que te lo has planteado más de una vez… no te molestes en mentirme. – Me siento mal ya que hoy mismo lo había pensado, pero… no era en serio. - Te acostaste conmigo… porque te vino bien y luego… te arrepentiste… seguro que ni lo disfrutaste. – de nuevo iba a hablar, pero nada… no me salía… estaba mudo… - y volviste para trabajar aquí y encontraste en mí a una niña tonta que te distraía de tu dolor… alguien con quien jugar… - eso sí que no iba a permitirlo.

-¿De que coño estas hablando? ¿Eso es lo que piensas de mí? ¿Me crees tan superficial?

-¿Y que voy a pensar Shaoran? Te he dado todo… mis sonrisas, mi hombro, mi cariño y mi tiempo y tu… ni siquiera te has dado cuenta… Te he presentado a novios y ni siquiera vi preocupación, ya ni te digo algún atisbo de miedo a perderme… nada… Me pasé noches enteras rallando a Tomoyo con mis paranoias y ella me decía no… necesita tiempo… ya verás… él.. él… ¡va! Ya da igual…

-Sakura no te estoy entendiendo nada…

-Claro que no… ni si te ha pasado por la cabeza ¿no? Mis esfuerzos por atraerte ni siquiera los has notado… - ¿Atraerme? ¿Qué…? – Iba a preguntar a que coño venía toda esa mierda cuando ella se levanta de golpe y corre a un rincón de la azotea. La oigo vomitar y corro a ayudarla, pero ella me aparta con una mano. Ignoro su deseo de alejarme de ella y de nuevo me acerco tomando su hermoso cabello largo entre mis dedos y tirándolo hacía atrás. Estamos así unos minutos mientras poco a poco se va calmando. El aire es tan frío que en serio temo por su salud y la mía.

-Debemos salir de aquí Sakura… te vas a poner enferma…

-Me da igual… - Sentimos los gritos de la gente abajo. Son la doce. De nuevo nos perdimos las campanadas. Pienso en todos los de la fiesta brincando y dándose besos, pero no siento envidia. Estoy dónde quiero estar, con la persona que quiero estar. ¿Era eso tan raro? ¿Qué quisiera estar siempre con ella? Al parecer ni siquiera la conocía… Pero aquí estoy, muerto de frío aguantando su melena mientras ella echa todo lo que tiene en su estomago y aún así siento que estoy dónde más quiero estar. Una idea me cruza la cabeza y aprieto a Sakura entre mis brazos. Ella se quiere apartar por instinto, pero la obligo a mantenerse cogida a mí. – vamos, estoy seguro de que ahora Fanren entrará a la cocina a por el champán. Te llevaré a tu casa.

-No. Iré sola, o le pediré a Tomoyo que me lleve.

-No vas a irte sola en este estado y Tomoyo está con su marido celebrando una noche especial. ¿en verdad le vas a pedir que te lleve? – vale, ha sido un golpe bajo, lo sé. Pero soy yo el que quiere estar con ella ahora, y lo conseguiré aunque me ponga mil excusas. Asiente con la cabeza y se deja guiar. Bajó primero la escalera y estiro los brazos esperando que ella haga lo mismo. Si pierde el equilibrio la cogeré. Pero después de vomitar todo se siente mejor, puedo notarlo, y ya no se tambalea. Sólo tiembla, pero es por el frío. La cojo de nuevo y miro a través de la ventana. Esta totalmente entelada, pero logro limpiarla con la chaqueta. Efectivamente mi hermana esta con la cabeza metida en la nevera. Doy dos golpes y la botella se le cae al suelo rompiéndose en mil pedazos y dejando el suelo aún más pringoso que antes. Me mira como loca y corre a abrirme.

-¡Shaoran! ¡Sakura! ¿Cómo han terminado aquí fuera?

-Es una larga historia… pero déjanos pasar que estamos congelados… - Entro con cuidado y le tomo la mano a Sakura para que haga lo mismo. Ella entra cabizbaja y sin mirarme a los ojos. Fanren me aparta y le da un abrazo de oso.

-¡Sakura estas helada! ¡Shaoran! ¡Si querías intimidad con ella hay como cuatro habitaciones dónde llevarla! No hacía falta subirla a la azotea. – la miró asesinamente rogando para que se calle pero me ignora y frota efusivamente los brazos de Sakura. – Maldita sea niña… creo que vas a pillar una buena… suerte que llevabas el abrigo… he cerrado esta puerta hace una hora…

-Nos hemos dado cuenta…

-¡Eres un irresponsable Shaoran! – iba a protestar pero la voz débil de Sakura hace que le prestemos atención.

-No le grites Fan, ha sido mi culpa. Shaoran sólo ha subido a buscarme.

-¿Qué? – veo que Fanren ha notado el estado triste de mi amiga por lo que se la robo de nuevo y la aparto.

-Me llevo a Sakura a casa para que se bañe y se tome algo caliente. Avisa a Tomoyo ¿quieres? – Fanren asiente en silencio y ambos caminamos en dirección a la puerta.

Intento pasar desapercibido, pero veo los ojos violetas de mi segunda mejor amiga observándonos. Empieza a hacer un ademán para acercarse, pero le niego con la cabeza. Veo como titubea y gracias a dios su marido le pone una mano en el hombre y ella asiente comprendiendo todo. Aunque me mira preocupada, nos deja marchar. Sakura no ha notado nada y doy las gracias por eso.

El camino a su casa se hace largo y en absoluto silencio. Vamos en mi coche. No he preguntado por el suyo, pero supongo que ese medicucho la trajo. La música resuena a nuestro alrededor. Es una canción suave, hermosa. Creo recordar que se llama you belong to me… es de Michael Buble. La conozco porqué Shara amaba a ese cantante. Miro de soslayo a Sakura y pienso en que ya no me duele cuando recuerdo algo de Shara. O al menos no siempre. ¿Cuándo fue que pasó? No puedo decir un momento exacto, pero sería mentirme a mí mismo no admitir que esa hermosa joven a mí lado tenía mucho que ver en mi mejoría. Y mientras ella me ayudaba a curarme poco a poco, ella sufría y yo ni siquiera me había dado cuenta. No soportaba verla así… me dolía como si fuera yo mismo el que pasara por esa confusión. ¿En verdad no veía lo hermosa que era? ¿Lo atrayente que podía llegar a ser cuando se acercaba y sonreía de esa forma tan dulce? ¿O cuando paseaba por el comedor con una bolsa de palomitas, unos shorts y su camisa de la selección italiana de fútbol? Dios… si supiera las duchas de agua fría que me ha hecho tomar en el último mes… Llegamos a su piso y ella abre la puerta del parking como autómata. Pasamos tanto tiempo en su casa que al final me alquilé una plaza de parking para mí. Subimos por el ascensor aún callados y le abro la puerta para que salga. La acompaño unos pasos más atrás y ella saca las llaves. Le tiemblan las manos. No sé decir si por el frío o porqué esta nerviosa. Le cojo las llaves rozando sus dedos y ambos nos estremecemos. Pero no me mira. La hago a un lado y abro la puerta. Ella entra y prende la luz del recibidor.

-Hay ropa de Touya en el armario del cuarto de invitados. Puedes cambiarte y ponerte algo más cálido. Yo… voy a bañarme. – por fin habla. Su voz suena lejana y algo carrasposa. Puede que le duela la garganta. Me acerco y sin pedir permiso apoyo mi frente en la suya. No es muy bajita, pero aún así tengo que agacharme para quedar a su altura.

-Tienes fiebre…

-Por eso quiero bañarme… estaré bien… puedes cambiarte e irte a tu casa. Me tomaré un paracetamol y no me pasará nada.

-No, yo también necesito un baño.

-Oh, ¿quieres ir tu primero? – tomo su mano y la guio hasta su cuarto. El baño es la puerta contigua. La siento en la cama y entro a prender el agua. La toco con mis dedos hasta que noto que la temperatura es la adecuada y dejo que empiece a llenarse lentamente. Cuando vuelvo al cuarto Sakura esta roja por la fiebre, o por vergüenza, mirando la nada. ¿Qué debe pasar por esa cabecita loca?

-Ven. – Extiendo mi mano y espero que ella la tome, pero no se levanta. Dejo ir un suspiro y me acerco tomando su mano a la fuerza y la arrastro todo lo delicado que me permite su resistencia hasta el cuarto de baño.

-Shaoran… puedo sola…

-Oh ¿segura? Ya que insistes en que eres una niña creí que debería ayudarte… - ella me mira dolida, pero sin darle tiempo a protestar la giro dejando que vea su reflejo en el espejo. – Tu piel sí que es la de una niña sabes… sin un solo defecto… fina como la de un bebé…

Veo sus ojos taladrándome desde el espejo. Esta seria, inmutable. Creí que se pondría como una moto y se apartaría de mi echándome del baño, pero solo se queda allí mirándome. Algo en mí hace que aparte el cabello de su espalda dejando la cremallera a la vista. Ella se deja llevar como una muñeca y noto una presión muy conocida en mi pantalón. Mis manos van solas hasta el cierre de su vestido y le bajo la cremallera lentamente. Sigue quieta, analizándome. La giro para tener esos ojos frente a mí y su aliento irregular acaricia mi nariz. Poco a poco le bajo el vestido hasta que cae en las baldosas. Pierdo el aliento al ver el precioso conjunto turquesa que lleva puesto. Es de encaje, sexy y muy costoso. Justo el conjunto que una mujer se compra cuando quiere impresionar a su pareja. Me muerdo el labio nervioso controlando mis ganas de tomarla allí mismo. Pero luego me viene a la cabeza que ese conjunto se lo ha comprado para ese medicucho, no para mí. La cojo por el culo con violencia y la siento encima de la encimera del baño con muy poca delicadeza. Oigo un gemido salir de sus labios, pero de nuevo me mira sin inmutarse. ¿Por qué hace eso?

-¿No vas a decir nada? – ella niega con la cabeza, de nuevo callada. Esa mujer me exaspera. No puedo más y la beso con hambre animal. Maldita sea, huele tan bien. Un aroma dulce… como a flores o a fresas… no sé describirlo… pero me enardece tanto que pronto estoy acariciando sus pechos, besando su cuello y apretándola contra el espejo. Su piel esta ardiendo y eso me recuerda que tiene fiebre. Me obligo a calmarme lentamente y la miro de nuevo. Su pelo esta ligeramente despeinado, tiene la boca abierta mientras respira agitadamente y los ojos le brillan por el resfriado que empieza a asomar. ¡Joder que sexy es! – Respiro y la miro a los ojos. Poco a poco le voy quitando la ropa interior. De nuevo se deja como una muñeca sin vida. Hago lo mismo conmigo y nos meto a ambos en la bañera. La bañera es tan grande que puedo sentarla entre mis piernas y estar cómodos sin problema. La abrazó y dejo que el silencio nos invada a ambos. La situación es de locos. Estamos desnudos, en su bañera. Noto su maravilloso trasero encima de mí y estoy a punto de explotar. ¡Pero tiene fiebre! ¿Cómo coño voy a dejar rienda suelta a mi deseo estando enferma? ¿Qué clase de insensible soy? La oigo llorar en silencio y de nuevo me altero. - ¿Y ahora qué? – no quería sonar así de frío, pero con las hormonas a punto de salir explotando y las ganas locas de hacerla gritar de placer no puedo evitarlo. Ella se asusta por mi tono y simplemente se levanta saliendo de la bañera. No coge una toalla ni nada, solo entra en su cuarto y cierra la puerta. Me quedo atónito en el baño. ¿¡Qué coño he hecho ahora!? Meto mi cabeza en el agua y ahogo un grito, literalmente. Luego salgo y me seco rápidamente para salir con la toalla en mi cintura. El cuadro que me recibe es desolador. Sakura esta en el suelo de su cuarto, totalmente a oscuras, desnuda y mojada. ¡Es que quiere morir? Entro al cuarto y cojo el albornoz. Quiero lanzárselo y gritarle por dejarme desnudo en el baño con la mayor erección de mi vida para luego bajármela de un golpe al verla tan vulnerable, pero sus lágrimas me frenan una vez más. ¿La había asustado? ¿No me quería allí? Me acerco y la tapo con el albornoz. De nuevo se deja. – O hablas de una vez o te saco lo que sea que estés pensando a golpes.

-Vete Shaoran.

-No.

-Por favor… quiero estar sola…

-He dicho que no.

-¡Que te largues! – el grito me deja desconcertado. – Me haces daño, ¡¿que no lo ves?!

-¿Qué yo te hago daño?

-Sí. Me tratas con cariño y al instante estás frío, te siento cerca y de golpe te alejas, me sacas la ropa y me besas como si me desearas y luego te apartas y sigues como si nada. ¿Qué querías demostrar obligándote a tener sexo conmigo? Ni siquiera has podido acabar. ¡Sal de mi vida Shaoran Li! – la ira me inunda y siento que esta mujer es realmente idiota. ¡Una idiota redomada!

-¿Qué no he podido acabar! ¿Es que eres idiota? ¡Lo que no he podido es contenerme! Tienes fiebre y estas que te desmayas y yo voy y te empotro contra el baño. ¿Es que no ves que es justo al contrario? ¡Me muero por hacerte mía aquí y ahora! – sin pensar en lo que hago tomo su mano y la pongo entre mis piernas, ella da un salto sobre si misma y se pone aún mas roja.- ¡Esta maldita erección es por ti me cago en la puta! ¿Tu sabes cuantas veces me he tenido que morder la lengua para no decirte lo guapa que te veías en esos shorts que llevas por casa? ¿O cuantas duchas de agua fría he tenido que darme para calmarme? ¿Es que estás ciega?

-Yo… yo no… entonces por qué…

-¿Por qué… qué?

-¿Por qué no lo has hecho?

-¡Por qué no quiero perder lo que tenemos! Tú has devuelto la luz a mi vida y no… no quería que mis deseos animales te asustaran y te alejaran.

-Pero… ¿por qué me alejarían?

-Porqué tú no buscas eso… tú buscas algo más en las personas y yo… yo…

-Tú no puedes dármelo ¿verdad? – la miro queriendo decirle que se equivoca, pero… no lo hace. Es cierto que no puedo. ¿no? Por que no la amo… no como amaba a Shara… ¿verdad? – Entonces es peor…

-¿Peor?

-Si… no puedo hacer que los hombres se enamoren de mi… no es el sexo o mi físico… simplemente no soy… ¿digna de ser amada? – dios es que no puedo… simplemente no puedo con esta mujer…

-Mira, ya basta. Ahora voy a ir a la cocina a prepararte la medicina. Tu te vas a poner el maldito pijama y yo la ropa de Touya. Luego caliento un par de tazas de chocolate y tu y yo vamos a discutir de una jodida vez tus problemas de autoestima. ¿Has entendido? – Sakura asiente sin mirarme y salgo maldiciendo a voz en grito.

No busco mucho hasta que encuentro la jodida medicina y se la dejo en el mármol junto a un vaso de agua. Luego abro la nevera, pongo a calentar la maldita leche y me voy a poner algo encima. Me doy cuenta que estoy hablando solo despotricando por la loca cabeza de esa… esa… ¡si! ¡esa niña! Y cierro el armario con fuerza cabreado. ¿Cuánto daño le habrían hecho esos idiotas? ¿O era ella que se dejaba pisotear y giraba todo en su contra? ¿Tan poco se quería a sí misma? ¿Como puede ayudarte tanto una persona que no se ayuda ni a sí misma? Me visto rápido y con movimientos furiosos y salgo al comedor. Sakura esta bebiendo la medicina y levanta la vista al verme llegar. Una ligera sonrisa escapa de sus labios y la veo con la ceja levantada. ¿Cuántos cambios de humor tendrá en tan solo dos horas?

-Bonita camiseta… - parpadeo y miro hacia abajo cuando entiendo el chiste. Me he puesto una camiseta con un osito alado. – Se la regalé a Touya como una broma… pero te sienta bien…

-Oh, cállate. – podría ir a buscar otra pero sinceramente no estoy de humor. Saco la leche del microondas y empiezo a preparar el jodido chocolate. Sakura me mira tímidamente y al final decide caminar hasta la sala de estar donde me espera sentada en "la" alfombra. Esa que el año pasado compartió nuestro momento. Momento que ahora ella decía no fue "satisfactorio" para mí. ¡Y una mierda! Que me deje veinte minutos con ella en esa alfombra y le digo yo lo que me da placer cuantas veces quiera, la muy imbécil. Me acerco dejando el chocolate en la mesita y tomo asiento a su lado contando de nuevo hasta veinte. ¿Cuántas veces lo había echo ya? – A ver… empecemos de nuevo ¿vale? Toma. – Sakura mira mi mano. En ella esta su regalo de navidad.

-¿Es mi regalo?

-Es tu regalo. ¿Lo vas a coger o no? – diecocho… diecinueve….

-¿Puedo?

-¡Que lo abras Sakura!

-Vale, vale… - me lo coge y empieza a desenvolverlo. Va tan lenta que casi puedo oír el sonido de las manillas del reloj resonando. Pero finalmente lo consigue y abre la cajita. Veo como sus ojos se iluminan con una dulce sonrisa. – Es hermosa… gracias…

-Es una estrella. – Ella asiente. - ¿Sabes porqué elegí una estrella? – Sakura niega con la cabeza en silencio. – Quería regalarte algo que representara lo que significas para mí. Al principio pensé en un sol. Siempre eres tan alegre y vivaz. Divertida y loca. No sé como será esa tal Nakuru que tanto idealizas pero… tú eres mucho más sin duda. ¿Quién se pasa las noches de los viernes gritando conmigo en un bar hasta la madrugada? ¿Quién me tiró de un puente? ¿Quién me sacó de mi enorme pozo de oscuridad? – Sakura seguía mirando la estrella, pero noto como aumentaba la presión de sus manos. – Pero creí que no era ideal… luego pensé en una Luna. Yo estaba en la oscura noche cuando te conocí y… poco a poco me iluminaste mostrándome que la noche era hermosa y que había luz a pesar de la oscuridad. Pero tampoco me servía porqué una luna necesita de un sol para brillar, y tu brillas por ti misma así que… Y entonces vi la estrella… y pensé que era perfecta para ti. – Sakura levanta la vista y dos gruesas lágrimas caen por sus ojos. – Eres brillante y me señalas los caminos seguros que me van sacando del oscuro mar dónde me metí. Eres mi luz y mi guía. – Ahora solloza y siento que a lo mejor estaba confundiéndola de nuevo. – Te quiero Sakura… ¿lo sabes verdad?

-Sí… - ha sido una voz tan débil que casi ni la oigo… - como una amiga… como una hermana… lo sé…

-No… créeme que lo que me apetece hacerte a mí ahora mismo no se lo haría ni a una amiga ni a una hermana… te quiero y te deseo. ¿Lo entiendes? – Sakura me mira entonces, está tan triste… yo me había engañado todo este tiempo a mí mismo diciéndome que ella no me quería… que egoísta soy… - Pero no se si puedo darte lo que tu quieres… sé que hoy al menos no y a veces creo que si puedo en un futuro sería contigo, pero… lo cierto es que no lo sé. Hoy hablaba con Fimei de esto y cuando intentaba explicarle lo que sentía, más me daba cuenta de que estaba mintiendome a mí mismo porqué si que creo que puedes ser tú la mujer que logre que ame de nuevo… de verdad que lo creo pero… también creo que de no ser así te perderé… y ¿qué será de mí entonces? Me hundiré en la miseria por no tenerte y tu sufrirás por mi rechazo y pensarás que es culpa tuya cuando en realidad soy yo el que esta roto. ¿No lo ves? Soy un egoísta que no quiere perderte y que ni siquiera se ha dado cuenta de cuanto sufrías porqué no le convenía saberlo. Me decía que tu no me amabas, que todo estaba bien… porqué en mi interior sabía que tenía mucho que perder si me arriesgaba.

-Vale la pena correr el riesgo… Si realmente hay una parte de ti que cree que puede quererme algún día… vale la pena el riesgo porqué… yo no sé amar a otro… no puedo…

-Sakura…

-Te amo… - algo indescriptible nace en mi en ese momento al oír esas palabras. Era miedo, era dolor, era ilusión, alegría, era todo y nada. – Joder Shaoran, desde esa noche aquí, en esta alfombra, o incluso un año antes, en el ascensor de Fanren… no he hecho ni dicho nada sin pensar en ti antes… yo… sé que te dije que no te quería… pero era porqué quería que estuvieras conmigo, aunque solo fuera como una amiga. Pero ya no más. No puedo más. No puedo mirarte sin desearte o sin sentirme sola… ¿No podemos dejar de pensar en el mañana y centrarnos en el aquí y en el ahora?

-Eso hiciste al decirme que no me amabas, pensar que te conformabas conmigo como amigo… que lo soportarías. Y ¿qué me dices ahora? ¿Eres feliz? Si dejamos rienda suelta a todo y te llevo a la cama ahora mismo como joder… como tanto deseo ahora ¿qué? Si en un año no logro olvidar a Shara, si sigo sintiéndome infiel cuando pienso en ti de esa manera, si nos damos cuenta de que no somos buenos como pareja o peor, yo no puedo y tu sí… ¿entonces qué? ¡Será mucho peor! – Sakura cierra la caja llorando amargamente y me la extiende. La miro asombrado y sin comprender.

-Entonces vete. – el aire se va de mis pulmones y miro su cara con el corazón desbocado. ¿Qué me vaya?

-No quiero Sakura…

-¿Pues entonces qué, Shaoran?… porqué ya te digo que yo no voy a seguir así… - cojo la caja entre mis manos y siento como ella empieza a llorar desconsoladamente. Veo mi error. He cogido la caja para dejarla en la mesa y tomar sus manos pero ella a interpretado que aceptaba irme. Me siento horrible y dejando caer la caja la abrazo fuertemente entre mis brazos.

-No quiero vivir sin ti Sakura… - intento hablar con ella pero no se calma. Su llanto es cada vez mas fuerte y tiembla como una hoja. Me siento tan impotente… tan culpable…

Poco a poco ambos nos vamos calmando. Ella aún llora levemente entre mis brazos pero empieza a serenarse. Sé que esta cansada y que su cabeza le duele. Pero ahora mismo no me importa porqué… ya no puedo más yo tampoco… La separo de mí y miro sus ojos hinchados por el llanto y sus mejillas sonrosadas.

-El paracetamol… ¿te ha ayudado?

-¿Eh?

-Que si te sientes mejor físicamente.

-Sí… la fiebre ha bajado…

-Bien – sin pedir permiso la tomo de la mano y me la llevo hasta su cuarto. La suelto para ir a cerrar las ventanas y encender la luz de la mesita de noche y veo atónito como Sakura empieza a meterse en la cama aún hipando y se tapa hasta el cuello. ¿Se creé que la he llevado allí para ponerla a dormir? Me acerco a ella y le quito la sabana para colarme debajo. Ella da un respingo y me mira con los ojos bien abiertos, pero ignoro su reacción y la beso. No de forma pausada que pueda confundirla, la beso con hambre y la aprieto contra mí para que note mi erección y entienda mi deseo. Quiero que sepa lo que vamos a hacer y quiero que de una vez por todas borre sus jodidos miedos. Poco a poco noto que se relaja en mis brazos y la sitúo encima de mí. Quiero que sea ella la que tome las riendas, quiero verla segura de sí misma y note lo que puede hacerle a un hombre. – Desnúdate preciosa… - Su cabello me roza la mejilla y el cosquilleo me sube al séptimo cielo. Veo como el rubor en sus mejillas aumenta lentamente al ir quitándose su diminuto pijama. Es tan hermosa. Aún no se ha quitado la prenda del todo que ya estoy besando sus pechos. – Dios eres tan jodidamente bella… - sus suspiros me están volviendo loco y el movimiento que esta haciendo con su cadera sin apenas ser consciente de ello empieza a hacerme daño en el pantalón. O la hacía mía allí y ahora o iba a explotar. Me quito la ropa como puedo debajo de ella y veo como hace lo mismo luchando por no caerse en la cama. Río juguetón y la tumbo de nuevo debajo de mí. – Lo siento Sakura, pero si dejo que sigas avanzando así de lento voy a morir. Ojalá te dieras cuenta de lo que causas… de lo jodidamente irresistible que eres porqué… esto sería mucho más divertido para ti pero… juro por dios que puedes enloquecerme… y no aguanto más… - Separo sus piernas lentamente y bajo para besarla. Ella se sorprende al principio e intenta evitarlo muerta de la vergüenza pero se las separo a la fuerza y le enseño lo que en verdad significa el sexo. Algo que esos idiotas jamás le enseñaron. La siento morir de placer y juro por dios que me creo un dios al poder ser yo el que la haga disfrutar así. Me levanto lentamente al notar que esta totalmente dispuesta para mí y porqué sinceramente ya no puedo más y acaricio su rostro mientras me acomodo encima… Reparo entonces en un detalle de suma importancia y me incorporo un poco. – Cariño… dime que tienes anticonceptivos por aquí… la verdad es que la primera vez que hicimos esto ni lo pensé pero…

-Tranquilo… tomo pastillas anticonceptivas… - esta tan sonrojada y su voz es tan débil… esta muerta de miedo, como si fuera su primera vez. ¡No estaba tan insegura la noche de la alfombra! ¿Qué ha cambiado?

-Gracias a dios… porqué nada iba a detenerme…

Hacemos el amor lentamente, entre suspiros y jadeos. Me cuesta aguantar el ritmo porqué en verdad desde la noche que nos acostamos en la alfombra no he estado con muchas mujeres… solo con un par y por una noche y siento que voy a dejarme llevar en un instante, pero quiero que lo disfrute y gracias al cielo ella también estaba dispuesta porqué en pocos minutos siento esa tensión y rigidez en el cuerpo femenino que indica que está en la cúspide y sin pensármelo me dejo llevar yo también hasta caer exhausto. Me hago a un lado aún resoplando y miro el techo intentando calmar los latidos de mi corazón. Ella se hace un ovillo a mi lado y acurruca su cabeza en mi pecho. Quiero decirle algo para que entienda lo mucho que he disfrutado pero… no puedo y poco a poco nos vamos quedando dormidos en la cama. Un sueño profundo que me desconecta de todo.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Unos sonidos en la cocina me despiertan. Siento mucho frío de repente y aún no veo luz entrar por los resquicios de la ventana. Los recuerdos de la noche me vienen a la cabeza y me levanto como un resorte. Un leve mareo en la cabeza hace que me siente de nuevo y poco a poco me centre. El miedo me inunda de pies a cabeza al ver lo que he hecho. ¡Me he acostado con Sakura! Cojo mi ropa olvidada en el suelo y me visto rápido pero… algo en mí me hace ir cada vez más lento. Sí… me he acostado con Sakura… ¿y qué? Es decir… yo no me siento mal… al contrario… ha sido la mejor noche con diferencia en años. Entonces ¿qué? Puedo vivir así siempre no… la deseo… me desea… es mi mejor amiga… ¿qué mas puedo pedir? Y ella ha dicho que con eso tiene suficiente ¿no? No es como si quisiera casarse y tener hijos ¿verdad? Me siento en la cama y dejo ir un largo suspiro… mierda… Eso es lo que quiere… lo sé… pero… - la puerta se abre y Sakura asoma la cabeza. Lleva puesto el mini pijama de ayer y parece cansada. Su fiebre debe haber vuelto.

-Deberías estar en la cama…

-No podía dormir.

-¿Por qué?

-Tenía miedo de levantarme y ver que habías desaparecido… - dios que he hecho… - Y quiero decirte que no tienes que preocuparte. ¡No quiero que te sientas responsable o que creas que estas dándome falsas esperanzas! Sé lo que hay y… dios es mucho más de lo que me esperaba…

-Sakura…

-No. No voy a dejar que piense en mi bien y decidas por mí. Quiero esto. Amigos. Sexo y cervezas ¿vale? Vivamos el día a día y cruzaremos ese puente cuando llegue. – miro su cuello y veo que se ha puesto la estrella. Ella se da cuenta de mi mirada y sonríe sonrojada. – Es preciosa… y quería llevarla.

-Esta bien. La compré para eso…

-He tirado el chocolate… - la miro con la ceja levantada por el cambio de tema repentino. – lo dejamos olvidado en la mesa y ya no vale nada… pensé que no importaba porqué te había comprado chocolate como regalo de navidad, pero me he acordado que me lo he dejado en casa de Fanren… Así que… se nos terminó el chocolate por hoy…

-¿Me has comprado chocolate?

-Lacasitos. – Abro mis ojos sorprendido y ella toma asiento a mi lado. – No sabia que regalarle a alguien que lo tiene todo y cuando los vi en el supermercado me acordé de la noche que te conocí y en cuanto me di cuenta ya los tenía en la bolsa. Se que no es mucho pero me pareció adecuado en aquel momento… - me siento confuso e indignado por un momento pero luego caigo en la cuenta de lo que había pasado, de porqué ella nunca me había hablado del regalo que le hice en nochevieja el año pasado.

-Sakura… ¿tiraste el regalo que te di el año pasado?

-¡No! Claro que no. ¿Por qué dices eso? – froto mis sienes cansado.

-¿Y dónde esta entonces? – Sakura se levanta y abre un cajón de su mesa. En una caja llena de fotos hay el pequeño paquete que puse en su abrigo esa noche aún sin abrir.

-Cuando te fuiste así… tan rápido y después de… bueno… ya sabes…

-¿Cómo puede darte vergüenza ahora? ¡Acabamos de acostarnos Sakura!

-Lo sé… yo que sé… pero… bueno. Lo que quería decirte es que no pude abrirlo. Me daba miedo.

-Ábrelo ahora entonces.

-¿Seguro?

-Sí. – Ella se pone nerviosa como una niña en navidad y lo desenvuelve muy rápido, todo lo contrario a anoche con el colgante. Una caja color gris aparece en sus manos y ella la abre emocionada y de pronto se echa a reír.

-¡Lacasitos! – dejo escapar una sonrisa por la pequeña broma que ambos habíamos compartido y pensado con un año de diferencia. Pero en la mía había algo más.

-Ábrelos.

-¿Crees que aún estarán buenos? Llevan un año aquí dentro…

-Tu abre el maldito envase Sakura.

-Vale, vale. – Sus manos lo abren con nervios y veo la confusión en su rostro. Saca un papel con la tinta corrida y una lágrima baja por su mejilla. – Este papel… es…

-Sí. Es el papel dónde te apuntó la dirección mi hermana. El que se te cayó en la nieve y se borró. En algún momento se te volvió a caer en el ascensor y lo vi cuando me iba. Entonces no sabía el porqué pero lo cogí y lo guardé. Algunas noche lo miraba y te recordaba. Ahora entiendo que si lo hacía era porqué ya eras especial para mi entonces… y la noche que vi los lacasitos no pude evitar comprarlos en un impulso. Pensé… que era un regalo adecuado… pero ahora veo que en realidad es una muestra de lo mucho que ya me importabas… - Sakura se lanza a mis brazos y caemos en la cama. Acaricio su cabeza con cariño y apoyo mi mentón en su hombro. – Tengo miedo a hacerte daño… tanto… soy aún una piltrafa humana que no sabe lo que quiere y tú… tú mereces todo…

-Shaoran… tu eres mi todo. ¿No lo entiendes? No me importa si dura un mes, un año o una vida… lo que no podría perdonarme es no intentarlo. – La abrazo aún mas fuerte y dejo escapar el aire agotado. No físicamente, es mi alma la que se siente morir. Tantas emociones en una maldita noche…

-No quiero perderte.

-No lo harás. Pero Shaoran… prométeme que no pasara un año más para que esto vuelva a ocurrir porqué… ha sido maravilloso y…

-Sakura… te prometo que no va a salir el sol antes de que esto vuelva a pasar. – Ella me mira sin entender y la beso de nuevo con tanta hambre como hace unas horas o más. Oh… si ella quería vivir el día sin pensar en un mañana… yo tenía muy claro como sería mi día de hoy. Pero me aparta un poco y me mira a los ojos con demasiada seriedad para mi gusto.

-¿Shaoran? Yo… mañana hablaré con Mamoru y le dejaré claro que…

-Mamoru ¿quién?

-Oh vamos, esto es serio y quiero….

-¿Te quieres callar de una vez y quitarte esa jodida camiseta?

Lo último que oigo es su risa y como el silencio pasa a ser jadeos. No sé que me depara el mañana ni me importa ahora. Sólo sé que con Sakura no hay una nochevieja normal… y ¿saben? me encanta.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

¿Continuará? 😊

Muchas gracias a todos mis lectores y lectoras y espero que les haya gustado un poco. Yo he disfrutado como hacía mucho no podía y… aunque subidito de tono creo que era la mejor continuación para mi pareja favorita. Un beso a todos y muchos abrazos.