DRAMATIS PERSONAE

Garik Rhysode: Caballero jedi (humano)

Seela Tarn: Padawan jedi (hembra twi´lek)

Eida Mereel: Contrabandista (humana)

CU-TR: Droide

Darren Drayson (Razor): Piloto de caza (humano)


CAPÍTULO 3

PRELUDIO A LA OSCURIDAD


Korriban

Para muchos, Korriban es tan solo una leyenda. Una historia que contar a los jóvenes aprendices jedi en la academia de Dantooine. Historias para asustar a los niños. Historias que hablan del Lado Oscuro de la Fuerza, siempre acechante en la oscuridad y en las debilidades. Entre los sentimientos más secretos, es donde el Lado Oscuro muestra su verdadero poder, entrando dentro del alma y arraigándose al corazón. Pudriéndolo y tomando su control. Se podría decir que el Lado Oscuro representa al mal, un mal primigenio que existe desde los albores de la creación de la galaxia. Un mal que trasciende espacio y tiempo para conquistar, hacer suyo y gobernar los espíritus que antaño fueron luminosos y terminaron abdicando hacia la oscuridad llena de infamia, pues allí donde hay luz, siempre habrá oscuridad. La galaxia siempre tiende hacia el equilibrio y el bien jamás podrá subsistir sin el mal, pues ambos poderes, en su totalidad, tienden siempre hacia la autodestrucción.

Hace miles de años, la oscuridad llegó a Korriban. Cuando nacieron los primeros jedis que aprendieron a controlar la Fuerza, también nació la semilla oscura que les podría llegar a corromper. Y, en verdad, algunos de ellos lo fueron. El mal hizo acto de presencia y los Señores Oscuros se dieron a conocer. Fueron combatidos, derrotados en la batalla de Corbos y exiliados, confinados a un remoto planeta desconocido en el sistema Horuset. Así fue cómo el Lado Oscuro se instaló en Korriban, un planeta compuesto por desiertos montañosos y cuya especie dominante eran los sith, un pueblo de guerreros humanoides de piel rojiza y que vivían en tribus, de manera austera y sin tener contacto alguno con la tecnología. Con la llegada de los jedis oscuros y sus artes en el manejo de la Fuerza, los siths les tomaron por dioses que habían venido a ellos desde las estrellas. Y fue así como nacieron los Señores Oscuros del Sith, que gobernaron en Korriban durante generaciones, creando en ese planeta un auténtico bastión para el lado oscuro de la Fuerza, el Imperio Sith.

Los Sith se hicieron fuertes en Korriban y llegaron incluso a amenazar la integridad de la República, que estuvo a punto de ser destruída en la Gran Guerra Sith, acontecida 30 años atrás, en la cual los caballeros jedi consiguieron vencer al Imperio Sith. Korriban fue borrado de los mapas estelares de la República y condenado al olvido, al igual que los Señores Oscuros del Sith, que fueron exterminados en esa guerra. O al menos eso es lo que se cuenta en la Holored.

–Estamos en Korriban, el mundo natal de los sith –dijo Garik Rhysode mientras Eida Mereel y CU-TR dejaban de lado el mapa estelar que consultaban en el ordenador de abordo.

–¿Korriban? –preguntó Eida. –Korriban es un cuento para asustar a los niños y a los viejos. Ese planeta nunca existió.

–La información que proporciona la Holored sobre Korriban es algo vaga –dijo CU-TR mientras accedía a sus bancos de memoria. –A pesar del borrado de información al respecto, que estoy seguro de que se ha realizado, hay claros indicios de su existencia. Aún así, la ubicación del planeta es desconocida, según las fuentes oficiales.

–A mí me sirve con eso –se apresuró a añadir Eida mientras se ponía en pie. –No tengo ni idea de dónde estamos, pero nos vamos a largar de aquí de inmediato. CUTTER, vamos a realizar un análisis exhaustivo de la Valkyria. Quiero saber si aún podemos despegar. No estamos aquí de turismo y tenemos una carga que entregar en Taris.

–Ya estoy en ello, alteza –respondió CU-TR mientras consultaba el monitor del ordenador.

Un desgarrador grito proveniente de las entrañas de la nave y que sólo podía pertenecer a Seela Tarn interrumpió bruscamente la conversación. Garik Rhysode salió de la cabina de mando a grandes zancadas, casi sin tocar el suelo, y en cuestión de segundos estaba en el otro extremo del pasillo, en donde Seela estaba arrodillada en el suelo de metal con sus brazos sobre la cabeza y la vista fija en el suelo.

–¡Maaaadreee! –gritó, mientras alzaba su rostro que estaba surcado por lágrimas.

–¡Seela, aguanta! –le gritó Garik mientras se arrodillaba a su lado y trataba de rodearla con su brazo.

La twi´lek apartó a Garik de un manotazo y se puso en pie.

–¡Ellos la hicieron eso! –gritó con toda la rabia que había en su interior. –¡Los mataré a todos!

–¡Seela, cálmate! –continuó Garik. –Es el Lado Oscuro quien habla por ti. Es increiblemente fuerte en este planeta.

Eida llegó corriendo y se detuvo en seco al contemplar la escena, sin saber muy bien lo que había ocurrido. No veía sangre por ninguna parte y eso siempre solía ser una buena señal.

–¿Qué ocurre aquí...?

–¡Los mataré a todos!

Seela encendió su sable de luz doble y lanzó una estocada a Eida, que la hubiese decapitado si Garik no la hubiese bloqueado con su sable de luz verde. Ambas hojas chocaron y permanecieron chisporroteando a escasos centímetros del cuello de Eida, cuyo rostro se acababa de quedar completamente pálido e iluminado con un tono verdeazulado. Eida permaneció quieta, si apenas pestañear y con su mano derecha a punto de agarrar su bláster.

–¿Qué... cojones... pasa... aquí?

Garik hizo un giro rápido de muñeca y desarmó a Seela con facilidad. Su sable de luz doble voló por los aires y se apagó hasta quedar tirado en un rincón al final del pasillo. Garik apagó su sable de luz, agarró con fuerza a Seela y puso la palma de su mano izquierda contra la frente de ella.

–¡Quiero matarlos! –gritó Seela, mientras la mano de Garik comenzaba a iluminarse y a trasmitirle un intenso calor por medio de la Fuerza, que estaba entrando en su mente. –Quiero... matarlos...

Seela cerró sus ojos y se desplomó en los brazos de Garik, que la sujetó con firmeza mientras pasaba un brazo por su espalda y la levantaba por las rodillas, apoyando su cabeza contra su pecho.

–Ha empezado a recordar su pasado –dijo Garik con voz pausada. Luego se dio la vuelta y llevó a Seela en dirección a su camarote –Ahora necesita descansar

–Realmente estamos en Korriban, ¿verdad? –preguntó Eida mientras Garik se alejaba

–¿Qué te hizo cambiar de opinión? –preguntó el caballero jedi sin volverse

–Bueno, apenas llevamos unos minutos en el planeta y he estado a punto de morir, dos veces.

–Estamos en Korriban. –confirmó Garik, que desapareció tras la puerta de su camarote.

Eida permaneció unos instantes sin moverse, en mitad del pasillo, aún en estado de shock y con la sangre volviendo muy lentamente a su rostro. CU-TR apareció junto a ella. Ni siquiera había oído el ruido de sus servomotores al moverse.

–CUTTER, necesito un trago.


Sala de audiencias del Consejo jedi (Dantooine)

Aquella mañana soleada en la cara diurna del planeta Dantooine presagiaba buenas noticias. El enclave jedi bullía de vida y más de un centenar de jóvenes aprendices se estaban ejercitando en las instalaciones del complejo. Una nueva generación de jedis que aspiraba a convertirse en caballeros dentro de algunos años y pasar así a englosar las filas de la gloriosa Orden. La Sala de audiencias del Consejo Jedi era un edificio circular, metálico que estaba ubicado frente a un denso bosque de coníferas y parcialmente rodeado por varios ríos y enormes praderas donde reposaban una docena de edificios más pequeños que conformaban la academia jedi. Un lugar paradisiaco e idóneo para el retiro y el entrenamiento de un caballero jedi. Cuando el centro de comunicaciones de Dantooine captó la transmisión que venía de bastante lejos, apenas pudo realizar una grabación de seguridad antes de que la comunicación se cortase. Los técnicos tardaron varias horas en depurar el mensaje, que sin duda había sido enviado desde un transmisor en bastante mal estado y que no estaba preparado para enviar una comunicación a tan larga distancia. El mensaje fue inmediatamente transmitido a los aposentos de Vandar Tokare, el maestro jedi más importante que había en Dantooine, y éste convocó de inmediato una reunión del Consejo con la primera luz del alba.

Los cuatro maestros jedi que regentaban el Consejo jedi de Dantooine ocuparon sus asientos en la sala circular: Vandar Tokare, un pequeño pero poderosísimo jedi, de piel marrón y de la misma especie del futuro maestro Yoda; Vrook Lamar, un humano algo brusco, cauto y desconfiado por naturaleza; Zhar Lestin, un twi´lek de piel cobriza y nulo sentido del humor; y Bala Nisi, una humana que llevaba su pelo peinado en un abanico de trenzas. El maestro Vandar Tokare deslizó suavemente un panel electrónico que había en uno de los brazos de su pequeño sillón y activó el interruptor que hizo que un holograma apareciese en el centro de la sala. A pesar de las interferencias y la mala calidad de la grabación, todos reconocieron al maestro jedi Garik Rhysode.

–Maestros... –dijo la silueta azulada de Garik mientras hacía un respetuoso gesto con su cabeza. –La situación es crítica. Me temo que Mandalore se nos ha adelantado y ha logrado firmar un contrato con los hutt. Los embajadores de la República fueron asesinados antes de llegar a Nar Shaddaa...

–¡Eso es inconcebible! –exclamó Vrook Lamar

–No nos precipitemos en nuestras conclusiones. –dijo Zhar Lestin con tranquilidad. –Escuchemos todo el mensaje.

–... fue imposible la negociación –siguió diciendo la grabación de Garik. –Los hutt están bajo la protección de Mandalore, lo cual les garantiza el control de las principales rutas comerciales de la galaxia. Si estalla la guerra, la República puede dar por perdido el borde exterior. En estos momentos me dirijo a Taris, para reunirme con vosotros. Debemos convocar una reunión de urgencia con el Senado para afrontar esta nueva crisis que podría...

El holograma comenzó a parpadear y a hacerse ininteligible, hasta que al final la comunicación se cortó y Garik Rhysode desapareció. Los maestros jedi permanecieron unos instantes en silencio, analizando el mensaje que acababan de escuchar y fue finalmente Vandar Tokare quien comenzó a hablar.

–Desafortunada esta noticia es. Poder excesivo a Mandalore otorga

–Los hutt nunca se aliarían con la República. –dijo Vrook Lamar

–No sin sacar suculentos beneficios a cambio –añadió Bala Nisi mientras se acariciaba pensativamente su mentón. –Me pregunto qué les habrán ofrecido a cambio.

–Créditos, libertad absoluta para el contrabando, ausencia de tasas comerciales... –enumeró Zhar Lestin. –Todo lo que hace feliz a un hutt.

–El destinatario de la transmisión del maestro Rhysode, el Consejo de Taris era. –explicó Vondar Tokare. –Pero a su destino nunca llegó. El maestro Rhysode desaparecido ha.

–¿Desaparecido? –preguntó Vrook Lamar

–Hace dos días, el mensaje grabado fue. Retrasarse, impropio de él es.

–Si el mensaje del maestro Rhysode no llegó a Taris antes que a Dantooine... –comentó Bala Nisi, que seguía pensativa.

–La República no habrá sido alertada aún –conjeturó Zhar Lestin. –Y Mandalore nos llevará al menos dos días estándar de ventaja

–La situación es sumamente peligrosa –añadió Vrook Lamar. –Si estallase ahora la guerra, la República descubriría que los hutts tienen bloqueadas las principales rutas comerciales de la galaxia y...

El maestro jedi interrumpió su frase cuando las puertas del consejo se abrieron. Un apuesto hombre, vestido de jedi, con una capa marrón, bien peinado y de cabellos castaños entró en la sala y se situó en el centro de la misma.

–La guerra ya ha estallado. –dijo, mientras observaba con sus ojos penetrantes a los maestros jedi del Consejo. –Los mandalorianos han atacado Onderon.

–¿Por qué atacar Onderon? –preguntó Vrook Lamar

–Onderon es la llave para lanzar un ataque a gran escala sobre Taris –explicó Bala Nisi

–Las noticias que traes desdichadas para la República son.-dijo

–¿Desdichadas? –preguntó el jedi. –Es una declaración de guerra a la República.

–Sabemos lo que significa, Revan –intervino Zhar Lestin

–Pero esta noticia a traernos solo venido no has, ¿verdad?

–Maestro Vandar..., maestros –dijo el caballero jedi Revan mientras se dirigía a los cuatro. –La amenaza a la República ya es un hecho. Debemos actuar.

–Ya sabes cuál es la decisión del Consejo acerca de esta guerra –dijo el maestro Vrook Lamar. –Los jedis no tomaremos parte de manera activa en el conflicto.

–Maestros, está muriendo gente ahí fuera. –continuó Revan mientras señalaba al cielo por una de las ventanas. –¿El Consejo Jedi va a quedarse con los brazos cruzados?

–En ningún momento se ha insinuado eso –explicó Bala Nisi.

–A la República ayudar debemos. Mas en una guerra abierta no participaremos –el maestro Vondar Tokare dio un salto y comenzó a caminar por la sala ayudado de su bastón de madera.

–¡Pero nos han declarado la guerra, maestro Vandar! –exclamó Revan mientras se acercaba a él.

–Esta guerra por un halo de oscuridad envuelta está. Mucho que perder tenemos si en soldados nos convertimos.

–Existen muchas formas de ayudar a la República –dijo Zhar Lestin –Somos los guardianes de la paz en la galaxia. Ése es nuestro cometido para con la Fuerza.

–No pienso quedarme de brazos cruzados viendo cómo la República es masacrada –dijo Revan.

–¡Revan!, ¿Es que piensas desobedecer al Consejo Jedi? –le preguntó Vrook Lamar.

Revan no contestó a la pregunta del maestro jedi. Se dio la vuelta y caminó hasta la puerta. Apoyó una mano sobre el panel de apertura y sin volverse les habló.

–Soy un caballero jedi que ha jurado proteger la vida en la galaxia y defender a los habitantes de la República. No voy a permitir que la República muera. –Revan se giró y miró a los maestros. –No pienso quedarme de brazos cruzados viendo cómo la gente muere y es esclavizada.

Revan pulsó el interruptor y la puerta se abrió. Atravesó el umbral y antes de que la puerta se cerrara a sus espaldas les dijo.

–Tengo al menos a un centenar de jedis que me apoyan. Y van a venir conmigo a la guerra.


Diario del teniente Darren Drayson, alias Razor

Día 1 (Onderon)

Nunca pensé que pudiese sobrevivir a algo así. Cuando mi caza se incendió al entrar en la atmósfera de Onderon pensé que había llegado mi final. El ataque mandaloriano ha sido devastador. No me cabe duda alguna de que con este acto han declarado la guerra a la República y mucho me temo que su ambición no tendrá límites. En la órbita del planeta no queda ya ninguna nave aliada operativa. Confío en que alguien haya logrado saltar al hiperespacio, pero mis esperanzas son bastante remotas. El ataque fue bien planeado y ejecutado. El cerco a Onderon no ha tenido fisura alguna. Mandalore posee grandes estrategas que auguran una guerra larga y difícil.

Mi aterrizaje fue complicado. Con sólo dos alas operativas y un timón excesivamente maltrecho he logrado orientar la nave hacia una selva frondosa, poblada de árboles altos y vegetación exuberante. Por suerte, uno de los motores ha aguantado (he de felicitar a los astilleros de Kuat por su excelente trabajo con esta nave) y he conseguido estrellarme de la manera menos traumática posible, quedando encajado entre los troncos de dos enormes árboles, a apenas tres metros del suelo. Obvio comentar aquí que mi caza ha quedado del todo inservible y que jamás volverá a volar. Antes de abandonar mi nave, he conseguido volver a conectar temporalmente una de las células de energía y mandar un mensaje de auxilio por un canal de emergencia de la República. Desconozco si alguien escuchó mi llamada. Voy a esperar dos horas, según dictamina el protocolo de emergencia. Si en ese periodo de tiempo no recibo una respuesta, daré por hecho que nadie escuchó mi llamada de auxilio y abandonaré la zona de impacto. Mientras espero, abriré una nueva entrada en mi datapad. Voy a registrar los hechos que ocurran desde que me estrellé en Onderon. Si alguien encuentra mi cadáver, al menos sabrá parte de lo que me ocurrió.

Han pasado las dos horas y, como me temía, no ha habido señal alguna de fuerzas de la República. He vuelto a subir a mi caza y he abierto el maletín de supervivencia. Hay raciones de comida para una semana y agua para un par de días. Tengo también un pequeño medpack y unos macrobinoculares. Lo he cargado todo en una mochila que me he echado al hombro y he emprendido mi viaje en busca de un asentamiento o cualquier lugar donde pueda obtener una nave que me saque de aquí.

LLevo horas caminado por esta selva que parece interminable. La vegetación hace que me cueste avanzar con rapidez. La selva es un hervidero de sonidos. Mis nulos conocimientos de zoología interplanetaria me hace imposible tratar de discernir qué tipo de seres pueden habitar estos parajes, pero a medida que yo avanzo, los sonidos callan, para volverse a reproducir en otra zona más alejada. He llegado a pensar que tal vez estas criaturas le tengan miedo a los humanos. Otra opción es que estén tratando de cazarme y que se limiten a esperar a que anochezca para caer sobre mí y descuartizarme.

Ha anochecido y he sido incapaz de dormir. Temo que si lo hago no volveré a despertar de una pieza, así que he continuado la marcha. Apenas faltaban un par de horas para el alba y he salido de esta condenada selva. Un pequeño valle se ha abierto ante mí con unas gigantescas montañas al fondo. No tengo ningún mapa ni dirección predilecta a tomar, por lo que creo que si soy capaz de llegar a la cima, tal vez pueda localizar algún sitio al que poder ir. Cuando descendía por el valle, mis ojos han captado una pequeña luz en la lejanía. He echado mano de mis macrobinoculares y he descubierto una nave que debió ser derribada durante la evacuación de Onderon. Tiene el casco ennegrecido y le falta un trozo de popa. He ajustado mejor el sensor de visión nocturna y ha sido entonces cuando he descubierto un par de figuras moviéndose entre los restos de la nave. ¡Había supervivientes!. He guardado los macrobinoculares en la mochila y he corrido hacia ellos. Luego, el cielo se ha iluminado con un resplandor azulado y dos cargueros ligeros mandalorianos han aparecido sobrevolando la nave estrellada e iluminándola con potentes focos de luz. Instintivamente me he lanzado al suelo, entre unos matorrales y he contemplado cómo uno de los cargueros mandalorianos descendía a por su presa. He desenfundado mi pequeño bláster de bolsillo, que no es que vaya a servir de mucha ayuda, pero si vienen a por mí, estaré preparado.


Korriban

Casi dieciocho horas estándar después de que la Valkyria Errante se estrellase en Korriban, CU-TR creía haber logrado arreglar uno de los motores sublumínicos (con una probabilidad del 35% de que explotase al ser encendido). Eida había estado peleándose con el ordenador de la nave para tratar de descubrir cuántos componentes esenciales de la Valkyria estaban dañados y cuáles podían arreglar con el instrumental del que disponían. Cuando el ordenador llevaba tres cuartas partes del escaneado completado y el listado de fallos en la pantalla seguía en aumento, Eida decidió que necesitaba otro trago y una buena ducha. Se dirigió hacia su camarote mientras aún maldecía al ordenador y a ese maldito planeta de ahí fuera. El camarote disponía de una pequeña ducha a base de un agua que había sido filtrada ya demasiadas veces y que se volvía pegajosa por momentos. Se metió bajo el chorro y dejó que el agua fría le golpease en la cara. El agua era lo de menos. Lo que ella necesitaba era que su frialdad le despejase la mente y le aclarase las ideas. Cuando sintió que empezaba a recuperar las energías, salió de la ducha y se secó el cuerpo con una desgastada toalla. Los secadores corporales eran un lujo que en esa nave no se podían permitir. Se enfundó en unos pantalones de cuero negro, se puso una camisa limpia y se sirvió una copa de licor Gralish, que había conseguido clandestinamente en una cantina de la ciudad de Xakrea, en el planeta Darkknell. Dio un par de tragos y esperó a que la bebida le empezase a hacer efecto, mientras se dirigía al camarote de la tripulación, que era un pequeño habitáculo con una cama en la que permanecía inconsciente Seela Tarn. Garik Rhysode estaba sentado en el suelo, junto a la cama, con las piernas cruzadas, los ojos cerrados y sumido en una especie de trance jedi. Cuando sintió otra presencia más en la habitación, abrió los ojos y vio a Eida apoyada en un rincón, bebiendo una sustancia verdeazulada.

–¿Cuando despierte volverá a intentar matarme? –preguntó, mientras señalaba al cuerpo de la twi´lek, que respiraba plácidamente tendida en la cama.

–Le he inducido en un sueño mediante la Fuerza. –contestó Garik. –El Lado Oscuro es muy intenso en este planeta. Consiguió acceder a su interior y revelar aquello que ella esconde en lo más profundo de su corazón.

–No has respondido a mi pregunta, maestro jedi –le contestó Eida.

–No, no va a hacerte daño. Cuando despierte, volverá a estar en paz consigo misma y no recordará nada de lo sucedido. La sanación mental mediante la Fuerza es lenta y costosa, pero bastante efectiva.

Eida asintió con la cabeza y dio otro trago a su bebida. Ella no creía mucho en esas artimañas de la Fuerza. Sabía que algo existía, una especie de magia. Había visto a jedis hacer "su magia", pero estaba convencida de que todo tenía un límite. Si aquella mocosa hacía alguna estupidez, estaba dispuesta a pegarle un tiro.

–Antes dijiste que ella estaba recordando su pasado.

–Sí. El Lado Oscuro se valió de su sufrimiento para hacer brotar su ira.

Garik se puso en pie, se acercó a Seela y le puso una mano en la frente.

–Seela tiene una sensibilidad con la Fuerza que apenas posee límites. Nunca vi a otra persona igual.

–Yo la sigo viendo algo verde. –dijo Eida mientras se terminaba su copa y añadió rápidamente –No es un chiste.

–Todavía no es caballero jedi. No ha pasado las pruebas y le queda mucho que aprender, pero estoy convencido de que será la jedi más extraordinaria que jamás haya existido.

–Me da miedo pensar lo que pueda hacer si obtiene tanto poder como dices –dijo Eida mirando a la twi´lek con cara de preocupación.

–Ese es el problema. Su pasado.

Eida no dijo nada y miró fijamente a Garik, emplazándole a continuar su historia.

–La familia de Seela fue atacada cuando ella era una niña. Ryloth es un mundo treméndamente hostil, donde la vida de una hembra twi´lek no vale nada. Es el principal mercado de los traficantes de esclavos.

–Traficantes de esclavos... –dijo Eida. –Maldita escoria.

–Mataron a todos los varones. A las hembras las hicieron cosas inimaginables, para después venderlas como esclavas. Usaron a sus hijos como cebo. Seela lo contempló todo. La rescaté de una nave que la trasladaba a Tatooine para venderla a un Hutt. Era la única de su familia que sobreviviría. Su conexión con la Fuerza era impresionante. Pude sentirla a dos sistemas de distancia. Sentí su llamada de auxilio, su miedo y su desconsuelo.

–¿Y no recuerda nada de ello? –preguntó Eida.

–Aquella niña era sensible a la Fuerza. Había usado la Fuerza para sobrevivir, sin haber recibido adiestramiento alguno. Era una jedi en potencia. A su edad, mi comunión con la Fuerza ni se aproximaba a los niveles de ella. La experiencia que vivió la marcaría de por vida. Todo ese sufrimiento la acabaría matando. Si aprendía a usar la Fuerza, el Lado Oscuro la absorbería...

–Y le borraste la memoria. Muy astuto, maestro jedi.

–La acogí bajo mi tutela y se convirtió en mi padawan. –continuó diciendo Garik. –Seela recuperará su memoria, pero a su debido tiempo, cuando su dominio sobre la Fuerza sea total y pueda controlar sus sentimientos. De lo contrario...

Garik Rhysode no consiguió terminar aquella frase. Sintió una perturbación en la Fuerza. Algo proveniente de aquel planeta y que sin embargo no pertenecía al Lado Oscuro. Algo o alguien acababa de invocar al Lado Luminoso de la Fuerza. En aquel planeta rebosante de oscuridad, acababa de nacer una luz.

–Hay un jedi en este planeta –dijo Garik, que de inmediato comenzó a ajustarse su túnica marrón.

–¿Un jedi? –preguntó Eida. –Pero dijiste que este planeta hace... –devió su mirada hacia Seela y añadió. –Hace esas cosas con los jedi.

Garik se acercó a Seela y la miró durante unos instantes. Observó cómo ella respiraba con tranquilidad y permanecía en calma gracias al sueño invocado por la Fuerza. Luego, tomó una decisión.

–¿Cuánto tiempo tardaréis en arreglar la nave?

–Bueno... –contestó Eida, pensativa. –Si conseguimos despolarizar los acoples de energía y CUTTER parchea como es debido el maldito hiperimpulsor... los daños en el casco no nos llevará demasiado y...

–¿Cuánto tiempo? –volvió a preguntar Garik, mientras se cubría el rostro con la capucha de su túnica.

–Unas 48 horas

– De acuerdo –dijo Garik. –Si en 48 horas no estoy de vuelta, os marcháis.

–¿De vuelta?¡Un momento! –exclamó Eida al ver que Garik se marchaba

– LLeva a Seela a Taris. Busca a Lucien Draay en el Consejo jedi y dale esto. –Garik le entregó a Eida un pequeño datapad. –Él te pagará lo acordado.

–¿Vas a salir ahí fuera? ¿Estás de broma? –Eida perseguía a Garik por el pasillo que conducía a popa.

– En este planeta hay un jedi pidiendo auxilio. Y pienso encontrarle.


Korriban era un mundo completamente hostil. El clima era seco y caluroso, prácticamente desprovisto de vegetación alguna. Aquel planeta era un claro ejemplo de lo que significaba la palabra supervivencia. Cuando Garik Rhysode abandonó la Valkyria Errante, el sol estaba en lo más alto y castigaba sin ningún tipo de piedad el rocoso desierto que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. La Fuerza iba a guiar a Garik en aquel viaje. La había sentido con intensidad durante unos instantes y aunque se estaba apagando, aún persistía en su llamada. Su emisor no se encontraba lejos. Si la Valkyria Errante se hubiese estrellado en otro punto del planeta, puede que nunca hubiera escuchado aquella llamada o tal vez hubiese resultado imposible acceder a la fuente. El lado oscuro gobernaba en Korriban y la luz no podría escapar de sus garras.

Garik caminó durante horas, siempre en la misma dirección, hacia unos montículos rocosos que se estaban transformando en grandes montañas a medida que se acercaba. Su rostro se mantenía cubierto por su túnica, evitando que el sol le quemase la piel. Un leve viento se levantaba de vez en cuando, envolviéndole en polvo y ocultándole del acecho de depredadores, aunque aún no había atisbos de ningún tipo de fauna local. Aquella roca parecía estar completamente desprovista de vida.

Cuando el maestro jedi llegó a la montaña rocosa, vio que ésta era enorme. Se internó por un desfiladero de altas paredes escarpadas que parecían no tener fin. Las sombras le envolvieron y por unos instantes se alegró de haber dejado atrás el castigo del sol, a pesar de que en aquel lugar, la oscuridad era mucho más peligrosa. Siguió avanzando entre la roca, atravesando las entrañas de la montaña. Estrechos senderos que ascendían y descendían por una roca que había sido excavada miles de años atrás. A veces, los rayos del sol se colaban entre la roca e iluminaban su camino. Otros tramos se encontraban casi envueltos en penumbras y obligaban al jedi a recurrir a toda su habilidad para evitar sufrir una caída de cientos de metros. Los minutos se transformaron en horas y el viaje por aquella montaña parecía interminable, pero la llamada de la Fuerza era cada vez más cercana y Garik supo que iba en la dirección correcta. Al salir de una galería llena de estalactitas que desembocaba en una pequeña sima iluminada por la luz del sol, tuvo la certeza de que aquel era el lugar que buscaba. Se asomó por el borde y calculó que la caída era de unos veinte metros. Saltó e invocó a la Fuerza para aterrizar con suavidad sobre la roca. Una enorme caverna excavada por hábiles manos se abría ante él. Sintió la llamada con más intensidad aún y cuando miró a su alrededor le vio. Junto a una pared, un hombre de cabellos negros y cuya ropa estaba hecha jirones le estaba observando. Aquel hombre era el jedi. Había llegado a su destino.

–Ayúdame –dijo el hombre, en apenas un susurro y ayudándose de la Fuerza.

Garik sintió el resto de presencias en la caverna antes de que éstas se hicieran visibles. Cuatro figuras con túnicas negras se estaban abriendo en abanico sobre el círculo de luz en donde había aterrizado Garik. Iban encapuchados y portaban algo parecido a sables de luz entre sus manos. Pero el maestro jedi sabía que no eran sables de luz, sino armas de entrenamiento, cuyas hojas estaban cubiertas por millones de barbas llenas de toxinas extraídas de bichos pelko, que causaban quemaduras en contacto con la piel y paralizaban temporalmente el área de alrededor, para simular el efecto de la pérdida de un miembro. Eran acólitos sith. El equivalente de los padawans para el Lado Oscuro.

Cuando los acólitos terminaron de rodear a Garik, lanzaron su ataque. Dos de ellos atacaron a la vez, uno por delante y otro por detrás. Garik encendió su sable de luz verde y con un mandoble partió por la mitad el arma de uno de sus atacantes, mientras esquivaba una estocada. Sus dos atacantes quedaron fuera de combate con un rodillazo en el estómago a uno y un codazo en la cara del otro. Ambos cayeron al suelo sin sentido. Los otros dos acólitos habían titubeado al ver el sable de luz de Garik, pero se lanzaron con furia a por él. Garik apagó su sable de luz y extendió un brazo para lanzarles una onda de presión mediante la Fuerza. Los dos acólitos salieron por los aires y se estrellaron contra una pared, quedando tendidos en el suelo, retorciéndose de dolor. Entonces, Garik sintió una nueva presencia en la caverna y una voz de mujer comenzó a hablar.

–Felicidades, maestro jedi. Ha derrotado a mis alumnos. Debe sentirse muy orgulloso.

–Tú no eres como ellos –dijo Garik, mientras dirigía la vista hacia el rincón en donde estaba el hombre que había venido a buscar.

Una atractiva hembra chiss de piel azulada, ojos rojos y cabello negro sujetaba al hombre por la espalda. Iba enfundada en un traje de cuero negro.

–No, maestro jedi –dijo ella, mientras encendía un sable de luz carmesí junto al cuello del hombre. –Yo no soy como ellos.