Veo que no está teniendo mucho éxito mi historia :S
Espero conseguir más reviews la próxima semana, de no ser así no estoy segura de continuar el relato.
Bien, en este capítulo vamos a conocer a Derrick, espero que les gusten.
Salu2 :)
Me encuentro divagando por un pasillo del tren, intentando serenarme. Lo cierto es que estoy hecha un manojo de nervios, pero ¿quién me culpa?
Mientras reflexiono oigo un casi imperceptible sonido, tanto que apenas si puedo apreciarlo. Doy una zancada y de pronto me encuentro cara a cara con el lugar de procedencia: la habitación de Derrick.
Acerco mi oído hacia la puerta, tanto que parecen fusionarse en uno. Luego de unos segundos de extrema concentración, logro percatarme: no se trata ni más ni menos que de pequeños sollozos. ¿Quién se imaginaría que aquel chico de aspecto robusto e invulnerable, fuese en realidad un crío llorón?
De repente una sensación de misericordia y ternura asaltan mi cuerpo. Un sentimiento absurdo, ¿porqué diablos habría de compadecerme de una de mi probable futura víctima? No debería.
Lo mejor es no fundar lazos de afecto hacia otros tributos, ya que en caso de tener que liquidarlo, no sería tan difícil, aunque de por sí matar gente por un capricho, (sí, de eso se trata este evento) no es algo de lo más agradable.
Me gustaría ser indiferente, poder matar a sangre fría. Ver como la flecha atraviesa los pellejos de los otros tributos o el cuchillo penetra en un ser y emerge la sangre rojiza de sus entrañas, mientras yace su cuerpo sin vida listo para el sepulcro. Pero por desdicha eso no se me asemeja ni por casualidad. No soy capaz de cazar una ardilla sin sentirme culpable por acabar con una vida para saciar mi hambre.
Me aparto de un sobresalto al escucharlo aproximarse a la puerta. Veo como gira el picaporte y en un instante se yergue en frente mío.
- Ho-Hola...-digo alelada.
- Hola- dice con desconfianza, y no puedo evitar atisbar sus hinchados y enrojecidos ojos esmeralda. Debo de haber sido muy poco disimulada, por lo que se muestra un poco incómodo.-¿Se te ofrece algo?- dice con su mejor cara.
- No.-digo, aunque es una respuesta estúpida, porque de ser así, ¿qué estoy haciendo en la puerta de su pieza?- Bueno, sí.-digo mientras calculo mis palabras, pues no quiero sonar como una necia-Vengo a presentarme.-finalizo.
- Hazlo entonces.-dice con una mueca, lo más parecida a una sonrisa posible.
- Bien...-balbuceo inquieta- soy Annia.-¡No! ¿qué acabo de hacer?, está más que claro que sabe mi nombre- Tengo quince años, y... me... gusta salir de caza y pintar.- y hago un siencio.
- Eres una persona bastante popular, estoy al tanto de lo susodicho.- Hace una pausa y toma aire.- Soy Derrick, tengo diecisiete años y definitivamente no se cazar... En realidad no creo tener ninguna habilidad. Trabajo en las minas para mantener a mi hermana, jamás he pisado el bosque.
- Es una lástima, cazar te hubiese servido de mucho en Los Juegos.- digo sin pensar, y en menos de dos segundos me doy cuenta de las palabras que acabo de recitar.- Lo siento. PERDÓN. No fue lo que quise decir, seguro que tienes algún truco bajo la manga, es decir un talento. Además estas en forma y se nota que eres muy atlético, tienes mucha ventaja sobre los otros tributos.- digo atormentada.
- Está bien- responde entre risitas.
- No le encuentro la gracia.- mascullo.
- Disculpa.-responde- Sobre lo anterior; no me hace falta un "truco", tengo un objetivo, una motivación y eso es suficiente para intentar mantenerme con vida- concluye. Lo miro con estupor. Un sentimiento de arrepentimiento se hace con mi cuerpo; ¿Arrogante?, ¿eso es lo que había pensado? Malditos prejuicios.
- Oh, ¿y se puede saber cuál es ese objetivo?- me limito a decir.
- Claro, mi hermana.- dice esbozando una sonrisa.
- Eso es muy dulce de tu parte. Debes de quererla mucho.- digo enternecida y a la vez pensando en mis padres y mi hermano próximo a nacer.
- Lo hago. Es lo único que tengo.- dice melancólico y noto como lágrimas en sus ojos atentan con escabullirse.-Tengo algo que hacer, te veo en la cena.- Dice con un hilo de voz, oprimiendo las lágrimas.
Derrick's POV
Siento que voy a ahogarme en mis propias lágrimas. Todo lo que construí en los últimos años, aquellas murallas que me protegían de la realidad y me mantenían amparado, que me evadían de llorar, todas ellas se derrumbaron.
No había llorado desde la muerte de mis padres, aquel día había lagrimeado un aguacero. Hace mucho tiempo que reprimo dolor y lágrimas, y parece que todos mis pesares y angustias se desencadenan como una tormenta, lista para arrasar con todo a su paso.
Soy lo único que tiene mi hermanita, y no sólo hablo de sustento económico, (que no es poca cosa, no hay forma de que disponga de comida de otra forma. Nadie contrataría a una niña ciega de catorce años para trabajar, siquiera es capaz de recoger los víveres por sí sóla.) si no que también moriría de angustia al enterarse que su único ser querido fue aniquilado sanguinaria y cruelmente en este maldito exterminio. En otras palabras; si yo muero también lo hará mi hermana (ya sea por hambruna o pena), y no pienso dejar que eso suceda.
Luego de llorar un diluvio y tener los ojos hinchados como dos globos y rojos como tomates, siento que alguien llama a la puerta. No intento camuflarlo ni disimularlo, me dirijo a la puerta sin mas e imploro que no sea Annia a quien encuentre detrás de ella.
Abro lentamente la puerta y me encuentro con Peeta Mellark; antiguo vencedor, "amante trágico", ahora mentor y en el próximo titular, padre de la "familia desdichada" o alguna estupidez por el estilo.
- Hola- digo y un escalofrío recorre mi cuerpo. No puedo dejar me vea así.
Puede que sea vergüenza...No, tengo la certeza.
Me encuentro frente a un hombre que luchó por mantenerse con vida a él y a su amada durante Los Juegos del Hambre (donde participó dos veces) y durante su vida entera. Perdió a toda su familia (al igual que yo lo hice, pero al menos tengo a Danny, mi hermanita), fue raptado y envenenado por el Capitolio, perdiendo así todos sus sanos recuerdos. Luego ayudó a llevar a cabo una rebelión (que lamentablemente terminó en desastre) y después de todo por lo que pasó logró salir adelante, casarse con la mujer que ama, formar una familia, y ahora está reviviendo aquellos horrores para mantener a su hija con vida.
Admiración. Es en lo único que puedo pensar; admiro a Peeta Mellark.
- Hola- dice amablemente- Prepárate para la cena y luego tendremos una charla, todos juntos.
- Claro, estaré allí en eso de diez minutos.
- Tómate tu tiempo- dice y entiendo que se refiere a mi horrendo aspecto. Asiento y cierro la puerta.
