Primero que todo quiero decir que los primeros 6 capítulos de esta historia no me pertenecen


Capítulo 2

Bienvenida a Hogwarts

Estimada Señorita DeCerto

He recibido su solicitud. Esta situación es bastante particular porque en Hogwarts nunca hemos tenido un estudiante transferido. Pero, por supuesto, se tienen que tomar en cuenta los tiempos difíciles que estamos viviendo, lamento en gran medida las cosas horribles que ha tenido que vivir.

Como no es mi intensión empeorar sus circunstancias le ofrezco una plaza en Hogwarts. Adjunto a esta carta envío la lista de materiales que necesitará durante su estadía en Hogwarts.

Por favor use la red Floo para llegar a Hogwarts, estará habilitada para usted el 18 de Octubre a las 4 de la tarde.

Se despide,

Armando Dippet

Director de Hogwarts.

Hermione recibió la carta dos días después de enviar su mensaje a Hogwarts, se había sentido aliviada. Ahora estaba en la fila de espera para poder usar la red floo en el Caldero Chorreante. Sujetaba su baúl con una mano, lleno con las cosas que iba a necesitar en Hogwarts. Cuando fue su turno tomó un poco del polvo floo y entró en las llamas. Luego arrojó el polvo a la vez que decía claramente:

—Hogwarts, ¡Oficina del director!

Unos segundos después ella salió elegantemente de la chimenea de la oficina del director. Observó lo que la rodeaba en una ojeada rápida, era la oficina que recordaba pero la decoración era totalmente diferente. La oficina de Dumbledore era desorganizada, con pequeños objetos delicados repartidos aquí y por allá. Uno de los costados estaba recubierto con una librería. La oficina de Dumbledore era acogedora pero esta era algo completamente diferente. El cuarto estaba perfectamente ordenado, nada parecía estar fuera de sitio. En el medio se erguía un imponente escritorio de madera oscura. Detrás del escritorio había una vitrina cubierta por medallas, trofeos y premios. La atmósfera del lugar era absolutamente opuesta a lo que ella conocía de su propio tiempo. El propósito del lugar estaba claro: impresionar. Detrás del escritorio se sentaba un hombre. Tenía el pelo gris y cortado con un elegante estilo corto. Su rostro estaba arrugado y sus ojos grises la miraron severamente.

—Ah, Señorita DeCerto. Bienvenida a Hogwarts. —Dijo Dippet, mientras se ponía de pie y se dirigía hacia Hermione.

Le ofreció su mano a Hermione y ella la estrechó.

—Es agradable estar aquí. Gracias Director, por aceptarme. —Dijo Hermione educadamente.

—Sí, es bastante inusual aceptar un estudiante transferido. Pero tenemos que ayudar a nuestros compañeros brujos y brujas del continente. —Dippet contestó pomposamente. A Hermione le recordó a Percy Weasley, pero no de la buena manera.

—Ahora, señorita DeCerto, ¿escribió que deseaba ingresar a sexto año cierto? ¿Qué edad tiene?

Hermione tuvo la impresión de que Dippet quería terminar con esto rápido.

—Tengo diecisiete ahora señor. —mintió.

Hermione tenía en realidad dieciocho pero quería asistir a sexto. Eso le daría dos años antes de la graduación. Podría usar ese tiempo para investigar y obtener la Varita de Saúco.

—Eso la clasificaría para entrar a sexto año. Pero debes entender que debo evaluarte. —Dippet se sentó en su silla, sin ofrecerle a Hermione tomar asiento.

—Sí, por supuesto señor. —Hermione no estaba preocupada, confiaba en su conocimiento de hechizos.

—Antes de eso, serás sorteada a uno de nuestras casas. ¿Conoces sobre nuestro sistema de casas?

Hermione asintió.

—Tu Jefe de casa te evaluará y ubicará en la casa adecuada.

Hermione no estaba sorprendida que él derivara esa tarea en otra persona. Dippet ondeó su varita perezosamente y el Sombrero Seleccionador salió de la vitrina aterrizando sobre el escritorio. Luego Dippet le indicó a Hermione que se lo pusiera, ella tomó el sombrero y lo posicionó en su cabeza. En su primer año le quedaba tan grande que se había deslizado sobre sus ojos, ahora todavía le resultaba grande pero no llegaba tan abajo.

—Ah, ¿Una nueva estudiante?, ¿No estás un tanto atrasada? —Hermione escuchó la voz hablar dentro de su cabeza.

—Soy una estudiante transferida. —Contestó.

—Ya veo. —el sombrero dijo. Hermione pudo sentir aquella presencia externa probando sus escudos oclumánticos.

—Tu mente está extremadamente protegida, querida. Me pregunto por qué debes protegerla bajo oclumancia tan fuerte... pero necesito que bajes tus escudos o no seré capaz de seleccionarte.

Hermione sabía que algo así iba a pasar.

—Me temo que no puedo hacer eso. ¿No puedes tan solo ponerme en Gryffindor?

Esperaba que el sombrero cooperara.

—Veras querida, es mi trabajo seleccionar a los alumnos. Tú no puedes escoger tu casa. —El sombrero contestó con un toque de entretención en su voz.

—Pero pensé que tomabas los deseos de los estudiantes en cuenta. Hiciste eso por un amigo mío. —Hermione intentó sonar convincente—. Querías ponerlo en Slytherin pero él te pidió que lo pusieras en Gryffindor, y lo hiciste.

—¿Lo hice? No lo puedo recordar. —el sombrero dijo—. Pero, está bien, querida. Te pondré en GRYFFINDOR. —El sombrero gritó la última palabra.

—Gracias. —pensó Hermione antes de dejar el sombrero nuevamente sobre el escritorio del director.

—¡Excelente! —exclamó Dippet—. Llamaré a Dumbledore, él es tu nuevo Jefe de Casa.

Dippet caminó hacia la chimenea grande de la instancia y arrojó un poco de polvo floo en las llamas. Luego metió su cabeza dentro y habló con alguien que se encontraba al otro lado.

Unos pocos segundos después una alta figura surgió de las llamas, Hermione estaba sorprendida de ver su antiguo director con vida. Por supuesto que estaba preparada para verlo, pero ahora que estaba parado sin ninguna herida frente a ella, se sintió conmovida casi hasta las lágrimas. Este joven Dumbledore tenía pelo color cobrizo, su barba era igual de larga, como siempre la había conocido, pero igual de rojiza. Hermione notó con una sonrisa que él todavía vestía aquellas túnicas ridículamente coloreadas. En esta ocasión vestía una túnica de un rojo brillante recubierta con estrellas plateadas por toda la tela. Sus ojos brillaban, tal cual ella lo recordaba.

—Ah, tú debes ser nuestra nueva estudiante. —él le sonríe amablemente.

—Si profesor, mi nombre es Hermione DeCerto, fui recién sorteada en Gryffindor. —Hermione contestó.

—Esa es una excelente casa, señorita DeCerto. —Dumbledore le sonrió—. Ahora, es mejor que fuéramos a mi oficina, ¿al menos que tengas algo más que decir Armando? —Dumbledore se giró hacia Dippet.

—No, para nada, Albus. Adelante. —dijo Dippet.

Él ya había empezado a leer unos pergaminos y no les estaba prestando la más mínima atención. Dumbledore fue a la entrada de la oficina y la abrió para Hermione.

—Gracias por su tiempo, Profesor Dippet. —Le dijo al director quien no levantó la vista pero agitó la mano en su dirección. Ella salió de la oficina junto a Dumbledore.

Alcanzaron su oficina sin demora, en el camino Hermione estuvo ocupada observando los corredores, las pinturas con movimiento y la fila de armaduras posicionadas en el corredor. Estaba emocionadísima de estar de regreso en Hogwarts. No se había dado cuenta hasta ese momento lo mucho que lo extrañaba. Dumbledore por otro lado se habría sorprendido si la nueva estudiante no estuviera extasiada con el castillo. Todos los nuevos estudiantes hacían eso, fueran de primer año o no. Por supuesto él no sabía que Hermione pasó seis años de su vida en el castillo, y que ahora en realidad se estaba sintiendo un tanto nostálgica.

Hermione siguió a Dumbledore a su oficina, que resultó ser un lugar agradable y acogedor. Sin duda, todos los pequeños y extravagantes objetos plateados y los libros antiguos que momentos antes extrañó en la oficina de Dippet, estaban repartidos alrededor de la oficina del profesor de transformaciones.

—Por favor tome asiento, señorita DeCerto. —Dumbledore hizo un gesto invitador hacia una de las cómodas sillas ubicadas junto a la chimenea.

Hermione aceptó la invitación y se sentó en la silla indicada mientras Dumbledore hacía lo mismo con la otra.

—¿Puedo ofrecerte algo? ¿Quizás una taza de té? —preguntó Dumbledore.

—Un té estaría bien, gracias. —contestó Hermione.

Segundos después dos tazas de té aparecieron en la mesa junto a ellos.

—Señorita DeCerto, el profesor Dippet me pidió que evaluara tu nivel de conocimientos para así poder ubicarte en el año adecuado. —sus ojos brillaron hacia ella por sobre la taza de té—. Nada de qué preocuparse, estoy seguro que lo harás bien.

—Empecemos con mi campo de trabajo. ¿Puedes transformar esta taza de té en un colibrí? —Dumbledore sujetó su taza y se la pasó a Hermione.

Transformar un animal en un objeto inanimado era en realidad una tarea bastante simple. Transformar un objeto inanimado, un objeto sin alma, en algo vivo era considerablemente más difícil. Hermione movió su muñeca y su varita aterrizó en su mano, Dumbledore al ver esto alzó una ceja pero no hizo ningún comentario. Hermione supuso que su funda para tener un acceso rápido a la varita no era algo común entre los estudiantes. Al menos si ellos no se dedicaban a batallar contra algún Dark Lord de turno.

"Pero regresando a lo que tengo que hacer".

Hermione concentró su magia, intentó imaginar un colibrí en su mente, el largo pico, las verdes y resplandecientes plumas. Al tener completa la imagen en su mente, movió su varita en un complicado movimiento y pensó:

"¡Mutatio res!".

Ningún hechizo visible salió de su varita pero la taza de té lentamente comenzó a transformarse en un diminuto colibrí. El pajarillo levantó el vuelo y dio vueltas en círculos sobre la cabeza de Dumbledore.

—¡Maravilloso! —Dumbledore exclamo, sus ojos brillaban entusiasmados—. E incluso no verbal, muy bien hecho señorita DeCerto.

El blandió su varita y el colibrí se transformó nuevamente en una taza de té, cayendo sobre su mano extendida.

—Ahora veamos cómo te desempeñas en otras áreas.

Dumbledore se recostó en su silla y le sonrió cálidamente a Hermione.

_._._._._

Una hora más tarde Hermione se encontraba frente a la entrada de la sala común de Gryffindor. Dumbledore la había sometido a evaluaciones en diversas áreas y algunas de sus tareas fueron un poco engañosas pero Hermione se había desempeñado bien. Tan bien que incluso Dumbledore deseaba ponerla en séptimo año, pero ella se opuso. Realmente necesitaba esos dos años para dedicarse a resolver su misterioso viaje en el tiempo. Entonces le dijo a Dumbledore que necesitaba cierto tiempo para adaptarse a su nueva escuela, por eso pensaba que sería más conveniente tener un año extra para poder acomodarse. Él aceptó su explicación y pasaron el resto de la hora jugando una agradable partida de ajedrez mágico en su oficina. Al terminar el juego Dumbledore la acompañó a la sala común.

Es por eso que ahora Hermione se encontraba frente a la pintura de la Dama Gorda, tenía menos de una hora antes que empezara la cena en el Gran Comedor. Ella se sentía muy nerviosa y reacia ante la idea de entrar a la sala Común de Gryffindor. La última vez que había estado allí dentro fue al término de su sexto año. Harry, Ron y ella estaban planeando qué camino seguir en su búsqueda de los horcruxes. Esa sala común tenía demasiados recuerdos, algunos buenos y otros malos. Hermione no estaba segura si estaba lista para enfrentarse a esas memorias.

—¿Entras o no? ¡Decide! ¡No tengo todo el día! —Dijo la Dama Gorda, en su habitual forma un tanto brusca pero amigable de hablar.

—Aardvark —Hermione dijo dando la contraseña de la sala común.

El retrato se movió permitiéndole la pasada. Hermione entró renuente, aunque ella había intentado prepararse para este momento, no estaba lista para volver la sala común de Gryffindor otra vez. Tomó una bocanada de aire, el jugar estaba justo como ella lo recordaba. Las paredes eran de un brillante rojo con un patrón de G doradas que recubría todos los rincones. Al lado más lejano de la entrada estaba la chimenea donde en este mismo instante ardía un agradable fuego. Unos cuantos sillones cafés de cuero estaban colocados frente al fuego. Hermione podía ver que estaban ocupados por alumnos de tercero o cuarto año que estaban terminando sus deberes o tan solo charlando. A su izquierda notó las dos escaleras que conducen a los dormitorios.

Como las clases del día ya habían llegado a su fin, los Gryffindor se encontraban reunidos en la sala común. Los estudiantes estaban acomodados alrededor mientras conversaban y reían. Otros jugaban una partida de snaps explosivo o ajedrez mágico. Hermione sintió como un sentimiento cálido se formaba en su interior al observar la escena que se desarrollaba frente a sus ojos. Pero al mismo tiempo una añoranza desesperanzadora amenazaba con destruirla en miles de pedazos. Ella deseaba ver a sus compañeros Gryffindor sentados en la sala común divirtiéndose, a sus amigos esperándola pacientemente a que regresara de unas de sus extensas visitas a la biblioteca. El lugar podría ser un antiguo y querido conocido, pero esas personas definitivamente no lo eran. Cada una de esas caras era desconocida para ella.

—¿Oye, quién eres? —Hermione fue arrancada de sus pensamientos por una voz masculina.

Ella se encontró frente a un rostro sonriente, su dueño era un chico de pelo rubio; él era alto y contextura musculosa, con un brillo pícaro en sus ojos azules.

—Um…Soy Hermione, Hermione DeCerto. —dijo Hermione todavía sobresaltada por su aparición repentina.

—Es un hermoso nombre, Hermione. —El pareció paladear su nombre para luego extender su mano— Yo soy Marc Longbottom. Es un placer conocerte Hermione.

Hermione, quién estaba un poco sorprendida por escuchar un nombre familiar, tomó su mano.

—Hey, ¡Longbottom! ¿Qué estás haciendo?

Otro chico apareció junto al rubio. Él era igual de alto, con un cabello pelirrojo desordenado y ojos cafés. Golpeó juguetonamente el hombro de Longbottom.

—¿Insinuándote a chicas bonitas otra vez, cierto?

—¿Eso es lo que piensas de mí, Weasley? —Longbottom contestó con un tono de fingida sorpresa—. Yo nunca una acción tan indigna como esa, solamente le di la bienvenida a la sala común a esta dama.

Hermione había dejado de prestar atención lo que decían, en el momento que escuchó el nombre del otro chico.

"¿Weasley? ¡Un familiar de Ron!". Hermione observó al pelirrojo, podía con facilidad ver el parecido familiar. Tenía los mismos ojos cafés brillantes, la misma nariz adorable y su rostro estaba totalmente cubierto por pecas. Un bulto se formó en la garganta de Hermione, por suerte ninguno de los dos chicos notó su malestar.

—Déjame introducirte a Hermione DeCerto. —dijo Marc Longbottom, luego se volteó hacia Hermione—. Y este chico grosero de por aquí —señaló al chico que se parecía a Ron—. Es Richard Weasley.

Con esas palabras Richard Weasley asintió con su cabeza a Hermione y luego tomo su mano para besarla—. Mi dama —Dijo sonriendo—. ¿Qué golpe de suerte te trajo a nuestra humilde sala común?

Hermione no pudo evitar sonrojarse, él era tan parecido a Ron que la ponía nerviosa.

—Soy una estudiante transferida —Le sorprendió lo segura que su voz sonaba—. Fui sorteada a Gryffindor.

—Ah, y nuestra suerte continúa. —Longbottom exclamó feliz.

—¿En serio, transferida? —Weasley preguntó sorprendido—. Nunca hemos tenido un estudiante transferido antes, ¿Cierto? ¿En qué año vas a tomar tus clases?

—Sexto. —Hermione contestó.

—Y se pone mejor y mejor. —Longbottom le sonrió— Nosotros somos de sexto año también.

—Ah, ¿Pero dónde está tu uniforme Hermione? —Weasley preguntó, pero luego agregó con una sonrisa—. Aunque no vayas a pensar que no me gusta lo que andas trayendo ahora.

—¡Um! Sí, es por eso que estoy aquí. El profesor Dumbledore me dijo que mi uniforme está en mi dormitorio. Tengo que cambiarme antes de la cena.

Hermione todavía estaba un poco distraída por su parecido a Ron.

—¡Por supuesto! Espera, te buscaré una guía. —Marc Longbottom se giró hacia un grupo de chicas.

Ellas estaban sentadas en un sillón justo debajo de una ventana gigante.

—¡Hey, Diana! —llamó.

Una de las chicas del grupo, que tenía pelo largo y azabache, levantó interrogativa sus cejas en su dirección.

—¿Qué quieres? Estoy ocupada. —ella contestó.

Sin demora el grupo de chicas se concentraron en lo que parecía ser una revista de modas.

—¿Puedes enseñarle a Hermione cuál es el cuarto de las chicas de sexto año? Ella es nueva. —Longbottom le preguntó.

La chica de pelo negro, Diana, y unas otras del grupo miraron con compasión a Hermione. Luego Diana se paró y se acercó.

—¿Eres una estudiante nueva? —Diana le preguntó a Hermione pero antes que pudiera contestar, Diana continuó—. Bueno, ¡Sígueme! Te mostraré nuestro dormitorio, yo también soy de sexto año.

Le lanzó a Hermione una mirada y se dio media vuelta tomando la dirección hacia a los dormitorios. Hermione, sin ninguna otra opción, la siguió.

—Por si te preocupa, si no hay lugar para ti, siempre te puedes quedar en nuestro dormitorio. —Weasley le dijo con una sonrisa pícara en su rostro, que se borró cuando Longbottom lo golpeó en la cabeza.

Hermione siguió a Diana al dormitorio; en realidad no necesitaba la ayuda de Diana para llegar a donde deseaba después de haber vivido allí por un año. Pero Hermione no podía exponer su experiencia con el viaje en el tiempo. Así que tenía que jugar su papel de la chica que nunca antes en su vida había puesto un pie en Hogwarts.

Ella entró al dormitorio justo después de Diana. El cuarto no había cambiado mucho, al igual que la sala común. La única diferencia era que este lugar estaba sorprendentemente ordenado. No es que su dormitorio en el futuro haya sido un vertedero, pero es que en este lugar todo parecía estar en su lugar. No había ropa tirada en el suelo, ni libros amontonados al lado de la mesita de noche; todas las camas estaban perfectamente hechas, ninguna arruga fuera de lugar. Hermione no era una persona desordenada, pero lo que estaba viendo resultaba un tanto perturbador.

—¿Quién es ella, Diana? —Preguntó una chica de cabello largo de color rubio sucio.

Ella estaba sentada en su cama escribiendo en lo que parecía ser un diario, por lo menos eso fue lo que supuso Hermione por la portada rosada y felpuda del libro. El tapado de la cama donde estaba sentada la chica, también era perturbadoramente rosado.

—Es una estudiante transferida —Diana contestó bruscamente.

—Oh, ¿En serio? ¿Cuál es tu nombre? —Una voz fría preguntó.

Hermione se volteó hacia la dirección de dónde provenía la voz y vio una chica que acababa de salir del baño. Ella tenía una piel pálida y lisa, cabello castaño corto al estilo de la moda de los cuarenta. Ella era hermosa, Hermione tuvo que admitir.

—Soy Hermione DeCerto. —Hermione contestó.

—Mi nombre es Viola Brown —Contestó la chica con la misma voz fría y vanidosa. —La maniática del rosado es Lucia Reeves y Diana Potter, a quien ya conoces.

Hermione se sorprendió de escuchar que su guía tenía el nombre de la familia de Harry. Primero Ron y ahora Harry. No sabía cómo se suponía que ella tenía que reaccionar ante eso. Harry y Ron habían sido las personas más cercanas a Hermione. Aquí ella acababa de conocer a sus antepasados y se suponía que debía actuar como si ellos fueran unos totales desconocidos.

—Y la última cama pertenece a Rose Smith, ella es otra chica de sexto año, pero no es realmente alguien que valga la pena conocer. —Brown añadió con voz petulante.

—¡Viola! —Diana la reprendió pero Brown pareció no prestarle atención.

Hermione se preguntó si esa tal Brown estaba relacionada de alguna manera con Lavender Brown. Parecía ser bastante cruel. A Hermione no le gustaba Lavender en particular; especialmente desde que tuvo esa relación con Ron, pero Lavender era un ángel comparada con ésta chica.

—Bueno. —dijo Hermione—. En verdad necesito cambiarme ahora al uniforme.

No quería seguir conversando con esas chicas.

—Por supuesto, puedes tomar ésta cama. —Diana señaló a una cama que estaba al final de la fila—. Creo que tu baúl ya está allí.

—Gracias.

Hermione caminó hacia su cama y se sentó. Estaba agotada. Había sido un día largo y estaba lejos de terminar. Todavía tenía que bajar a la cena, y si había descifrado el carácter de Dippet correctamente, él tenía planeado presentarla a toda la escuela con un de sus pomposos discursos. Hermione suspiró.

Su mirada recayó en su uniforme que estaba doblado cuidadosamente sobre la cabeza de su cama. Lo recogió y vio que el uniforme consistía en una blusa blanca; una falda gris al estilo de los cuarenta, la cual hizo a Hermione suspirar, y las familiares túnicas negras. Hermione encontró que los colores de Gryffindor, rojo y dorado, y su insignia ya puestos en su túnica. La túnica negra lucía casi igual a la de su propio tiempo. Esa prenda estaba conectada con demasiados recuerdos felices, la había usado durante sus años en Hogwarts. El mundo en esos tiempos había parecido mucho más brillante, y ella todavía era esa inocente y despreocupada Hermione. Ahora, por otro lado, no quedaba mucho de aquellos tiempos. Su familia se había ido, sus amigos la habían dejado e incluso su inocencia estaba perdida. Hermione batalló contra las lágrimas que luchaban por liberarse en su interior. Tomó su uniforme y caminó hacia el baño. No quería cambiarse en el dormitorio porque su cuerpo estaba todavía recubierto por moretones. Las otras chicas no debían ver eso, ellas preguntarían sin demora el cómo ella consiguió esas heridas.

"¿Esos cortes? Los obtuve peleando contra los seguidores del Dark Lord. Pero no se preocupen, los maté a todos." Hermione prácticamente bufó, eso probablemente sería un tópico ideal para una charla amena.

Era un cuarto para las seis, cuando Hermione bajó al Gran Comedor acompañada de sus nuevas compañeras de cuarto. Las chicas estaban ocupadas en una estúpida conversación sobre quién tenía un enamoramiento en quién, y sobre cuál color era mejor usar para el delineador de ojos. Hermione pensó que era bastante irritante. Había conocido finalmente la última residente del dormitorio, Rose Smith, una chica rellenita y bajita. Y a pesar de que a Hermione no le agradaba Brown, tenía que aceptar que tenía la razón; Rose Smith era molesta. No dejaba de hablar sobre un chico de Ravenclaw, quien aparentemente tenía una belleza divina otorgada por los mismísimos dioses. La única aparte de ella misma que no contribuía a la inútil conversación era Diana Potter, era la única en el dormitorio que parecía ser medianamente decente aunque un poco grosera. A Hermione le agradaba pero eso podría ser debido a su parentesco con Harry.

Dumbledore la saludó a la entrada del Gran Comedor.

—Señorita DeCerto, ¿Espero que se haya acomodado en su nuevo hogar? —Le sonrió serenamente a ella.

—Sí, profesor, gracias. —Hermione se alegraba de volver a ver al adulto.

—Si pudieras acompañarme. Creo que el profesor Dippet desea presentarte al resto de la escuela. —Dumbledore explicó.

Antes de poder detenerse, Hermione suspiró ruidosamente. Ella podía escuchar a las chicas detrás de ella riéndose.

Dumbledore sonrió —Creí que le agradaría.

Después él la guió a la entrada lateral del Gran Comedor, la cual estaba situada justo al lado de la mesa de profesores. Hermione pudo ver por mientras cómo los todos estudiantes se acomodaban en sus respectivas mesas. En la esquina más lejana estaba la mesa de Gryffindor, parecía ser la más ruidosa. Luego estaban los Hufflepuff, algunos reían amigablemente; a su lado estaban los Ravenclaw, Hermione no estaba sorprendida de ver algunos de ellos leyendo libros. Ella se preguntó, no por primera vez, por qué no había sido sorteada a Ravenclaw. La última mesa pertenecía a la casa de Slytherin. Hermione intentó tener una mejor visión de aquella mesa en particular. Estaba asustada pero al mismo tiempo quería ver al joven Lord Voldemort, pero desde su punto de vista no pudo detectarlo.

—Ahora, antes de comenzar la cena, tengo un anuncio que hacer.

Hermione escucho la resonante voz de Dippet y se empezó a poner nerviosa. A ella realmente no le gustaba ser el centro de atención.

—Desde hoy en adelante tendremos una nueva estudiante. Ella asistirá a sexto año.

Él le indicó a Hermione que se acercara. Mientras ella caminaba hacia Dippet pudo escuchar los susurros que empezaron desde su anuncio. Todos los ojos en el comedor estaban ahora fijos en ella y empezó a sentirse inquieta. Cuando llegó a su lado Dippet puso un brazo alrededor de sus hombros y dijo:

—Denle la bienvenida a la señorita Hermione DeCerto. La señorita DeCerto es de Francia. Pero circunstancias desafortunadas la forzaron a dejar su país. Esa es la razón por la cual terminará sus últimos años de estudio con nosotros aquí en Hogwarts. Ya fue sorteada a Gryffindor, espero que le den una cálida bienvenida y la traten bien.

Dippet volvió a estrechar la mano de Hermione y con el mismo movimiento la empujó hacia la mesa de Gryffindor.

Obviamente Dippet había terminado su presentación de bienvenida, por lo cual Hermione estaba agradecida. Caminó hacia la mesa de Gryffindor donde habían empezado a aplaudirle. Hermione se alegró por el gesto, aunque su incomodidad permaneció. El comedor todavía estaba repleto de miradas y murmullos. Ella deseó tener la capa de invisibilidad de Harry consigo. Vio a Longbottom y a Weasley haciéndole señas entusiastamente. Ella les sonrió y caminó hacia ellos donde se sentó rápidamente en la banca, aliviada. Ese fue el momento en que la comida apareció en las mesas. Esperaba que eso distrajera a toda esa gente de observarla. Honestamente, ¿ella no podía ser tan interesante ahora, cierto?

—Hey, Hermione, un gusto volverte a ver. —Longbottom le mando una sonrisa radiante, él estaba sentado a su derecha.

—¿Qué te parece Hogwarts hasta ahora? —preguntó Weasley.

Su pelo estaba todavía desordenado y lucía bastante similar al indomable pelo de Harry. Hermione se atragantó ante este pensamiento, Richard Weasley lucía como una mezcla entre Ron y Harry, una idea un tanto perturbadora.

—Bueno, no he visto mucho hasta el momento, pero creo que me gusta.

Hermione le sonrió y empezó a llenar su plato. Estaba bastante hambrienta, porque no había tenido tiempo de conseguir algo de almorzar en el Callejón Diagon.

—Si necesitas un guía, estaré más que dispuesto a mostrarte los alrededores. —Longbottom le sonrió.

—Oye, Longbottom —Weasley se quejó—. No puedes ir y acapararte a Hermione para ti solo. Además estoy seguro que ella prefiere los chicos agradables. —Weasley golpeó su pecho con una mano.

—Quizás —Longbottom contestó todavía sonriendo—. Me aseguraré de decirle si veo uno de ellos.

—Sabes, en el próximo partido de Quidditch puede que envíe una Bludger a tu cabeza. —dijo Weasley amenazando a Longbottom con una alita de pollo.

—¿Acaso ustedes no están en el mismo equipo? —Hermione preguntó divertida.

Ambos chicos la miraron con fingida sorpresa.

—No, ¿En serio? ¿Tú sabías eso? —Longbottom se volteó hacia su amigo pelirrojo, todavía manteniendo el tono sorprendido de su voz, aunque el contorno de su boca temblaba levemente hacia arriba.

—Honestamente no tenía ni la más mínima idea. ¿Quizás esa es la razón por la cual casi perdimos la última vez? —Se vía igual de sorprendido que Longbottom.

—No loes prestes mucha atención, ellos son idiotas insufribles.

Hermione miró al chico que acababa de hablar. Él estaba sentado frente a ellos, tenía una apariencia familiar pero Hermione no podía captar que era.

—Lupin, no digas mentiras sobre nosotros. Ella nueva así que no sabe que en realidad tú eres el idiota insoportable. —Longbottom tomo una alita de pollo y se la arrojó al otro chico, quién la tomó sin problemas y la comió despreocupadamente.

— Y también, ellos son medios densos. —El otro chico le aseguró en susurros a Hermione.

—Wow, en verdad deberías considerar ser un jugador de Quidditch, Lupin. Serías un perfecto buscador con esos reflejos, siempre te lo he dicho. —Weasley intentó convencerlo.

—No, definitivamente no —Lupin se rió— soy una mierda en una escoba.

—Por cierto, se es Amarys Lupin —Le informó Longbottom a Hermione— Esta en sexto también. Además es un chico agradable si ignoras su actitud anti-Quidditch.

—Bueno, es endemoniadamente peligroso; te rompiste el brazo en el último juego, por si puedo recuerdo correctamente. —Lupin intervino en la conversación—. En cualquier caso, es un gusto conocerte Hermione.

Hermione le sonrió, él tenía cabello de un color rubio oscuro y un rostro amistoso. Definitivamente allí había un parecido con Remus Lupin, aunque ojalá no en su naturaleza de hombre lobo.

Ellos la presentaron al resto de los alumnos de sexto y otros cuantos de diferente año. Pero eran tantos que no pudo aprender los nombres de todos. Ella se volvió a sentir incómoda al ser otra vez el centro de atención. Ellos fueron bastante inquisitivos sobre el por qué ella había acabado en Hogwarts, y la bombardearon con preguntas, tales como:

—¿Hermione, en qué parte de Francia viviste?

—¿Tuviste que escapar de allí por la guerra?

—¿Qué pasó con tú familia?

O incluso:

—¿Eres hija de muggles o una sangrepura?

—¿Tienes un novio?

La última pregunta vino de un sonriente Marc Longbottom, Hermione intentó contestar sus preguntas sin revelar demasiado. Había decidido cuál era su coartada antes de llegar a Hogwarts. Ella era una chica de una familia sangrepura, Hermione había decidido a regañadientes ocultar su origen como nacida de muggles. Ella sabía que en los tiempos de Grindelwald los nacidos de muggles eran mirados en menos por gran muchos sangrepuras. Y ella no necesitaba la atención extra. Además ella había vivido con su familia en una pequeña aldea en el norte de Francia; ese lugar era exactamente donde Grindelwald estaba más activo por el momento. Y es debido a sus últimos ataques el por qué ella tuvo que escapar del país, así fue cómo ella terminó en Hogwarts.

Esta historia pareció satisfacer la curiosidad de sus compañeros Gryffindor. Después de eso, Hermione pudo pasar el resto de la cena charlando y riendo con Longbottom, Weasley y Lupin prácticamente sin interrupción. Ellos eran realmente agradables, un poquito locos pero a pesar de eso, agradables. Después de un rato Diana Potter se integró a su conversación; y ellos empezaron a discutir si era más seguro volar en una escoba, o tratar de domar un dragón y volar sobre él en vez de la escoba.

Más tarde, Hermione yacía en su cama rememorando el día, estar de vuelta en el castillo era una sensación extraña. Pero no era lo mismo, decidió, sin Harry y Ron. El castillo lucía igual, pero todo lo demás había cambiado. La gente, la atmósfera, todo era diferente.

"O quizás". Hermione pensó amargada. "Soy yo quien ha cambiado".

Ella giró sobre su lado, era la una de la mañana, pero ella no lograba dormirse.

El resto de los estudiantes parecían ser lo suficientemente agradables. A ella ya le caían bien Weasley y Longbottom, y Lupin parecía ser un poco más reservado que sus dos amigos, pero él también era querible. Las chicas por otro lado, eran una historia totalmente diferente, pensó Hermione. Lo único que parecía preocuparles era cual atuendo usar al día siguiente. Bueno, quizás a Diana se la podría excluir de esa definición. Pero a Hermione no le preocupaba eso, ella siempre parecía llevarse mejor con los chicos. Ella había compartido su dormitorio por seis años en su tiempo, pero nunca se había vuelto muy cercana con sus compañeras. Bueno, ella no estaba aquí para hacer amigos de todas formas. Todos ellos eran tan despreocupados, tan inocentes. Su peor problema eran los Extasis del año siguiente. Hermione se sentía apartada de ellos, ella no se les parecía en nada. Además sabía que no había modo de volver a ser de esa forma. Pero de todas maneras, ella añoraba recuperar aquella inocencia.

"No seas estúpida". Se regañó a sí misma. "Lo que está perdido, perdido está. De nada sirve llorar sobre la leche derramada".

Ella tenía un propósito en este lugar. La única razón por la cual ella regresó, era para buscar información útil que el castillo pudiera albergar, y la Varita de Saúco que Dumbledore tiene o tendrá después de tomarla de Grindelwald. Lo que ella necesita es mantener un perfil bajo; volar debajo del radar, por decirlo de alguna forma.

"No cambiar el pasado, eso podría resultar fatal".

Pensando en la cena, se acordó como ella no había sido capaz de mirar en la dirección de la mesa de Slytherin. Sabía que él, Lord Voldemort, debería estar allí. Ella estaba asustada de conocerlo e incluso de tan solo mirarlo. Todo era tan endemoniadamente complicado. Rodó sobre su otro costado. Necesitaba a Ron ahora mismo, una lágrima gruesa corrió por su mejilla.

"Ahora no Hermione, eso no lo va a traer de vuelta".

Estaba parada en medio de un campo de batalla. Las maldiciones volaban por todos lados. En ocasiones, ella tenía que agachar apresuradamente para poder esquivar un hechizo. Los mortífagos habían atacado la mismísima Orden del Fénix. Voldemort cada vez se volvía más osado, él sabía que sin Dumbledore ellos estaban debilitados. Hermione pudo ver una túnica roja, un auror. Él estaba enfrentándose en ese momento con un mortífago. Se arrojaban hechizos uno al otra a tal velocidad que Hermione se vio imposibilitada de seguir la pelea con sus ojos. Pero ella no estaba allí para observar la pelea, lo que necesitaba era encontrar a Harry. Él estaba en alguna parte entre este caos. Lo único que ella podía hacer era tener esperanzas de que él estuviera bien. Se arrastró lejos del duelo. A medida que avanzaba se encontró con un cuerpo, su sangre al verlo se congeló, era Remus Lupin. Ella cerró sus ojos ante la vista. Pero la imagen de su cuerpo mutilado ya se había grabado a fuego en su mente. La mitad de su cabeza había explotado. La sangre estaba en todos lados. Sus piernas habían sido arrancadas. Hermione no podía respirar a medida que se arrastraba lejos. Dejando atrás el cuerpo mancillado de su antiguo profesor y un pedazo de ella…

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Hermione despertó sobresaltada. Revisó su reloj, eran las 7:30. Todavía temprano. Pero como ya estaba despierta, mejor sería levantarse. Se levantó apresuradamente al baño.

Hermione llegó al Gran comedor un cuarto para las ocho. Todavía estaba un poco cansada y su cabello estaba parado en todas direcciones, formando extraños ángulos. Pero aquí estaba ella, lista para un nuevo día. O por lo menos todo lo preparada que podía estar. La mesa de Gryffindor, como era predecible, estaba vacía salvo por algunos alumnos de primero o segundo año. Hermione se sentó en un sector apartado y comenzó su desayuno. Después de un rato ella se puso intranquila, algo la molestaba pero no sabía que era. Levantó su mirada y escaneó el comedor.

En ese momento lo vio a él. Al otro lado del comedor estaba sentado un chico de pelo oscuro. Él vestía los colores verdes y plateados de la casa de Slytherin. Traía una camisa blanca debajo de un impecable chaleco verde oscuro, con la insignia de Hogwarts en su lado derecho y una corbata alrededor de su cuello. Sobre eso vestía la túnica negra de Hogwarts y sin duda, Hermione podía ver una placa dorada.

"Por supuesto que él es un prefecto".

Hermione rodó sus ojos. Ella no tenía que adivinar para saber exactamente quién era él: Tom Marvolo Riddle se comportaba en la mesa de Slytherin como si fuera dueño del lugar. Y en este momento la estaba mirando directamente Hermione pudo sentir como un escalofría recorrió su espalda. ¿Por qué él la estaba mirando así? ¿Acaso él sabía algo? No, eso es imposible, razonó.

Resultaba inquietante tener al futuro Dark Lord mirándola de esa forma. Hermione se sentía orgullosa de sí misma porque sus sentimientos no eran revelados por su rostro, además le sorprendía que su cuerpo no haya estallado en llamas o algo igual de siniestro por la forma en que él la miraba. Después de unos momentos en los que Hermione pensó que o iba a morir o cometer asesinato, Tom Riddle le sonrió a ella.

"Eeew. ¿A qué está jugando?".

Hermione no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. Allí estaba sentado él, el mago más perverso que jamás hubiera pisado la tierra, le estaba enviando una sonrisa encantadora. En verdad Hermione hubiera preferido tenerlo disparando maldiciones en su dirección. Esa sonrisa estaba simplemente mal. Hermione se levantó de la mesa, habiendo perdido su apetito debido a esa muestra de perversión, y dejó el Gran Comedor.

_._._._._

Tom Riddle se levantó temprano, al igual que todos los días dejó las mazmorras de Slytherin perfectamente vestido, como todos los días. Ni una hebra de su cabello oscuro estaba fuera de lugar. A él realmente le gustaba ese aire de perfección que le rodeaba. Porque eso es exactamente lo él que es: perfecto.

Caminó hacia el Gran Comedor con pasos refinados. Cuando llegó fue directamente a su puesto en la mesa de Slytherin. Sí, era su lugar. Ningún otro se atrevía a sentarse en ese puesto, porque todos sabían a quién le pertenece. Habían algunos Slytherins ya sentados a la mesa y todos lo saludaron con veneración. Riddle los ignoró y se sentó. Se preparó una taza de café y tomó un Profeta que estaba a su alcance, sin importarle a quién le perteneciera. Estaba escaneando el periódico aburrido mientras tomaba un sorbo de su café, cuando la vio entrar precipitadamente al comedor, era la chica nueva. Una madrugadora en Gryffindor, eso era una novedad, pensó, Los bordes de su boca formando una sonrisa soberbia. Observó como ella se sentaba en la mesa de Gryffindor.

"¿Qué rayos paso con su cabello?" Se preguntó disgustado. "¿Hay pájaros anidando en su pelo, o qué?"

Y ahora estaba repletando su plato como si no existiera mañana. Quizás planeaba ensuciar su cara como lo hizo el día anterior. En serio, ¿Es que acaso esa chica no tiene dignidad? Sin demora ella empezó a arrojar la comida en su boca. ¿Por qué ella se molesta en usar un tenedor? Riddle dejó en la mesa su tasa de café y la observó detenidamente. No era muy alta y tenía una figura delgada, incluso casi llegaba a estar esquelética. Un milagro con sus hábitos alimenticios. Su cara no tenía nada destacable. Aunque podría ser bastante bonita si ella pusiera algún esfuerzo en su apariencia.

Entonces ella dejó de comer repentinamente y miró a su alrededor. ¿Qué estaba buscando ahora? Su mirada recayó en la mesa de Slytherin y luego cruzó su la mirada con él. Tom estaba ligeramente sorprendido, ¿Ella de alguna forma lo sintió mirándola? Se recostó en su silla elegantemente sin romper el contacto visual. Ella todavía lo estaba mirando con su rostro extrañamente carente de toda expresión. Bueno, por supuesto que le sería imposible dejar de mirarlo, pensó pagado de sí mismo. Él era el chico más atractivo de todo Hogwarts, ninguna chica podía resistirse a él.

Él puso una de sus más atractivas sonrisas. Seducir a alguien como ella resultaba casi demasiado fácil. Él debería saberlo a estas alturas, había seducido a tantas de ellas que ya había dejado de ser un reto. Y esta estúpida chica no era ninguna excepción, pensó mientras continuaba sonriéndole. Ahora ella lucía sorprendida, sus cejas levantadas y arqueadas, sus ojos muy abiertos. Él estuvo a punto de resoplar, era tan predecible. Ahora se sonrojaría o empezaría a reír estúpidamente.

Pero ella no hizo tal cosa. Ella le frunció el ceño. Realmente, le, frunció el ceño. ¿Quién se creía esa perra? Ahora ella se paró de la mesa y dejó el comedor apresuradamente. Todavía con esa mirada disgustada en su cara.

¿Qué pasaba con esa chica? ¿Cómo se atrevía ella a mirarlo de esa forma? Él sintió como el enojo crecía en su interior. Después de un rato pensando en la chica nueva, más sintió que vio a alguien sentarse a su lado.

—Riddle. —escuchó una voz plana saludándole.

—Lestrange. —él reconoció al chico con voz fría.

—Nosotros nos hemos estado preguntando cuando será en día en que la siguiente reunión va a tomar lugar. —Lestrange preguntó con cautela.

Riddle en verdad no estaba en el humor para lidiar con éste idiota en estos momentos.

—el próximo sábado. —dijo bruscamente.

—Ah, pero ese es el fin de semana de Hogsmead. —Lestrange se quejó.

Riddle se volteó para mirarlo por primera vez.

—Si tienes cosas mejores que hacer, Lestrange, yo no voy a forzarte a venir. —Su voz ahora estaba mortalmente fría.

Riddle notó complacido como Lestrange se apartó de él con una expresión temerosa.

—No, no, por supuesto que no, y… yo voy a ir. —tartamudeó sin mirar a Riddle a los ojos.

Riddle se incorporó, complacido con la forma en que Lestrange se acobardo frente a él. Pero tenía que ir a clases ahora y no quería llegar tarde por culpa de éste idiota. Él dejó el Gran Comedor y caminó con confianza hacia el salón de la clase de encantamientos.

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Hermione estaba perdida. Ella había estado caminando, todavía disgustada por el comportamiento retorcido de Riddle, hacia su clase de encantamientos. Solo para darse cuenta que en esta época, ese salón obviamente no era el salón de la clase de encantamientos. Sino que hospedaba ahora la clase de Historia de la Magia de los de segundo año. Ella había buscado sin cesar por las cercanías por la clase de encantamientos, pero no había encontrado nada. Bueno, nada aparte de ese armario de escobas, que estaba tan atiborrado con viejas escobas, cubetas y otras cosas que apenas ella abrió la puerta, todo se cayó sobre su cabeza. Y aunque ella fue la primera en levantarse, ahora estaba atrasada para su primera clase. Ahí quedaba su ventaja de conocer el lugar por adelantado. Maldiciendo en voz alta, continuó su camino por un corredor.

—¡Esa no es la forma en la que debe hablar una joven señorita! —Una voz severa la reprendió.

Hermione se dio vuelta y vio una profesora, a la cual nunca había visto antes, acercándosele.

—Cinco puntos de… —la profesora miró su uniforme—. Gryffindor.

Hermione estaba molesta, ella ya estaba atrasada para su clase sin esta estúpida mujer criticándola. Pero de todas formas contestó educadamente:

—Lo siento, profesora. Parece que me he perdido. Verá, soy nueva aquí.

—Bueno, eso no justifica que su lenguaje se rebaje de tal manera. — La mujer contestó.

Hermione estimó que su edad rondaba los cuarenta. Ella era alta, delgada, con cabello negro y nariz respingada. Su rostro se veía un tanto anguloso y poco atractivo.

Resultó que la mujer, Austeria Legifer, era la profesora de Encantamientos y Hechizos para el cuidado del hogari. Hermione nunca había escuchado de esa clase en particular antes, pero obviamente iba a asistir como la profesora le informó.

"¡Como sea!" Pensó exasperada.

Después de regañar a Hermione por otros cinco minutos; "¿Qué pasó con tu cabello?", "¡Tu uniforme está arrugado!" y "¿Es ese tu bolso escolar, o un viejo y hediondo saco?". Ella finalmente le dijo a Hermione cuál era el camino hacia la clase de encantamientos.

"Muchas gracias", pensó Hermione sarcástica. "Ahora estoy extremadamente atrasada".

Hermione se había apresurado en su camino hacia la clase de encantamientos, y ahora estaba parada frente a la puerta. Golpeó nerviosa la puerta, luego abrió y entró a su primerísima clase al estilo de los cuarenta.

―¿Dime, querida? ¿Cómo puedo ayudarte? ―la profesora, una dama de edad avanzada, le preguntó amistosamente.

―Um… siento interrumpir su clase profesora. Soy Hermione DeCerto. Me perdí un poco cuando venía para acá.

―Ah, por supuesto. Señorita DeCerto. Me estaba preguntando dónde estaba. ―La mujer mayor le dio la bienvenida amablemente―. Yo soy la profesora Merrythought. Señorita DeCerto, por favor siéntese. Y no se preocupe por haber llegado tarde, nos pasado a la mayoría de nosotros.

―Gracias, profesora.

Hermione observó atentamente el cuarto, notó que era una clase con Gryffindors y Slytherins. En la última fila pudo ver a Weasley y Longbottom haciéndole señas de saludo. Ella les sonrió. Desafortunadamente junto a ellos no había un lugar para ella. Volvió a revisar el salón en busca de un puesto libre, pero se dio cuenta con horror, que el único logar desocupado en toda la clase era junto a Tom Riddle. Él estaba en sentado en un puesto junto a la ventana y le sonreía de forma arrogante. Viendo que no le quedaba ninguna otra opción, Hermione caminó hacia él. Dejó su bolso en el suelo al lado de la mesa y se sentó en la silla junto a Riddle. Ese día se estaba poniendo mejor y mejor. De su bolso ella tomó su libro de encantamientos, un poco de pergamino y una pluma; intentando ignorar al tenebroso Dark Lord sentado a su lado.

La profesora Merrythought había, mientras tanto, retomado su clase y ahora estaba hablando sobre el encantamiento Procella. Hermione ya sabía todo sobre ese encantamiento. Al usarlo uno podía crear desde una ligera briza a un violento tornado. Aunque no era realmente útil en situaciones de combate; se necesitaba demasiado tiempo para crear algo medianamente peligroso, y demasiada magia para mantenerlo antes de poder atacar al adversario. Pero, Hermione notó, la profesora no estaba hablando de situaciones de combate. Ella recomendaba el encantamiento para los calurosos días de verano.

"Bueno, supongo que eso también puede funcionar". Pensó Hermione dubitativa.

Ella arriesgó una mirada hacia Riddle. Él estaba sentado con gracia en su silla y tomaba notas con su elegante y ordenada letra manuscrita. Parecía estar totalmente absorto por la clase de la profesora.

"Si claro". Hermione rodó sus ojos. "probablemente planea como dominar el mundo. O lo que sea que la gente oscura y malvada como él piensa usualmente".

Su cabello oscuro caía ligeramente sobre sus ojos, Hermione estaba sorprendida de ver que sus ojos eran de un hermoso tono gris. Había esperado ver el familiar rojo rubí. Su cara tenía facciones atractivas. Su nariz era recta y redondeada al final, su mandíbula fuerte. El color de su piel era muy pálido, pero no enfermizo, incluso realzaba su belleza. Y Hermione tuvo que admitirlo, él era absolutamente guapo. Si ella no supiera que él era un homicida psicópata, podría haberlo llamado atractivo.

"¿Probablemente el chico más atractivo que jamás haya visto?" Pensó Hermione disgustada por la dirección que habían tomado sus pensamientos. "Ya, es atractivo. ¿Y qué importancia tiene eso?"

Hermione vio como los bordes de su boca empezaban a formar una sonrisa. Él dejó su pluma en la mesa y la miró con una ceja arqueada elegantemente. Oh, merlín, por su sonrisa engreída, era obvio que él había notado la forma en que ella estudiaba su rostro. Él la miraba directamente a los ojos con una mirada expectante. Sus ojos realmente eran del color más inusual que Hermione jamás hubiera visto. Eran de un tono imposiblemente claro de gris. Incluso brillaban con la luz que provenía de la ventana. Su sonrisa ahora se había vuelto invitadora, ningún rastro de petulancia en ella. Era simplemente una sonrisa honesta.

Pero eso era una mentira, ¿Cierto? En realidad él no estaba ni cerca de la persona amable y encantadora que pretendía ser. Hermione había visto lo cruel que él era realmente. Frío, sin misericordia, calculador, en resumen: Malvado.

Ella apartó su mirada de él, nunca devolviendo su sonrisa. Ella no quería tener nada que ver con él. ¿Qué era lo que había pensado en el Callejón Diagon? ¿Qué podría simplemente evadirlo? Y ahora estaba sentada, en su primer día, justo a su lado. Era aterrador en realidad.

Por el resto de la clase ella no volvió a mirarlo. Cuando la lección terminó, ella guardó sin demora sus cosas en el bolso y estaba a punto de irse cuando escuchó una voz suave y melodiosa llamándola.

―Espera.

Ella se volteó y vio a Riddle siguiéndola. Él era bastante alto, Hermione se dio cuenta. Quizás una cabeza o más alto que ella. ¿Qué quería ahora?

―¿Si?

―Creo que no nos hemos presentado antes. Mi nombre es Tom Riddle.

Él extendió su mano hacia ella a modo de saludo, con su sonrisa encantadora otra vez plasmad en sus labios. Hermione dudó un poco pero no encontró una forma de evitarlo, así que estrechó su mano. Era tibia y agradable.

―Yo soy Hermione DeCerto. ―contestó brevemente.

―Sí, lo sé. El director lo anunció ayer. ¿Qué te ha parecido Hogwarts hasta ahora?

"me gustaría mucho más si tú no estuvieras aquí".

―Oh, es bastante agradable.

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Tom Riddle estaba sentado en su clase de encantamientos. Había tomado su asiento habitual justo debajo de la ventana. Merrythought estaba hablando sobre un hechizo u otro cuando se escuchó cómo tocaban a la puerta. Riddle levantó la mirada de sus apuntes y vio como la alumna nueva ingresaba a la clase. Él revisó su reloj, casi diez minutos tarde. Ella había dejado el Gran Comedor mucho antes que él. ¿Cómo se las arregló para llegar tan tarde? Y su cabello todavía era un completo desastre, incluso estaba más desordenado, si es que eso era físicamente posible.

Ella ahora estaba buscando por un asiento vacío. Bueno, el único disponible estaba justo al lado de él. Cuando ella se dio cuenta, nuevamente esa extraña mirada estaba en su rostro. La misma mirada que había mostrado en el Gran Comedor. Como si ella se sintiera disgustada por él. Realmente no le gustaba esa mirada. En realidad lo volvía bastante furioso, pero él no debía dejar que eso se notara. Así que intentó ignorarla mientras ella caminaba hacia él y se sentaba a su lado con poca gracia.

Merrythought retomó su exposición. Ahora estaba hablando del encantamiento Procella. Él gruñó mentalmente. ¿Es posible que esta lección se volviera aún más aburrida? El encantamiento Procella era simplemente una cosa: inútil. Él tomó apuntes de todas formas, escribiendo todo lo que la profesora decía. Tenía que mantener su fachada después de todo. Y Merrythought estaba encantada con él. Bueno, todos los profesores lo estaban. ¿Cómo podrían ellos resistir su encanto?

Después de unos momentos tomando nota de la superflua explicación de la profesora, notó que la chica nueva no estaba tomando notas. Así que él se arriesgó a mirarla de reojo. Y, por supuesto, ella estaba observándolo, prestándole atención a sus rasgos. Ya era hora que ella se diera cuenta cuan irresistiblemente atractivo era él. Bueno, esa chica parecía ser bastante sosa, ¿No? Ahora que ella estaba tan cerca de él, incluso ella debía notar su atractivo. Sabía que ella iba a volverse loca por él como todas las otras estúpidas chicas. Ellas simplemente no lo podían evitar, pobrecitas.

Él levantó su mirada hacia ella. Su rostro mostraba calculadoramente una sonrisa encantadora. En realidad él no sabía por qué estaba haciendo esto. Esa chica estaba obviamente por debajo de su nivel. Pero ese incidente de la mañana en el Gran Comedor lo había molestado y de cierta forma, había despertado su espíritu en busca de un desafío. Así que iba a hacer que ella se enamorara de él, para luego ignorarla el resto del tiempo.

Ella, que se dio cuenta que él la había pillado observándolo, tenía una apariencia avergonzada. Él realmente tuvo que esforzarse para que su "sonrisa sincera" no se transformara en una sonrisa burlesca.

Pero entonces ella lo volvió a hacer. Estaba sentada allí con una expresión plana, sin sonrojarse o reírse tontamente. Incluso podía ver el desprecio en sus ojos. Entonces ella apartó su mirada. Él estaba desconcertado. Esa chica realmente empezaba a molestarlo. Él retomó sus notas pero ya no era capaz de concentrarse en la lección. Volvió a lanzar una mirada en su dirección pero ella parecía estar ignorándolo. ¿Cómo se atrevía ella a ignorarlo?

El resto de la lección el intentó mantener su enojo bajo control, pero al final de la clase lo único que quería era lanzarle la cruciatus. Como si ella hubiese escuchado sus últimos pensamientos, ahora intentaba alejarse de él lo más rápido posible.

―Espera. ―intentó detenerla.

―¿Si? ―ella preguntó impaciente, como si él estuviera molestándola.

―creo que no nos hemos presentado antes, mi nombre es Tom Riddle. ―su máscara perfecta estaba de vuelta en su lugar, era hora de interpretar a un encantador caballero.

Ella tomó su mano dudosa, Riddle notó molesto.

―Soy Hermione DeCerto. ―Ella contestó brevemente.

―Sí, lo sé. El director lo anunció ayer. ¿Qué te ha parecido Hogwarts hasta ahora?

"Como si realmente me interesara, perra insolente".

―Oh, es bastante agradable. ―contestó distraída mientras miraba directamente a algo detrás de él.

Luego ella le hizo señales a alguien, en esos momentos Weasley y Longbottom llegaron a su lado.

―Hola, Hermione. ―el idiota de Weasley dijo―. Oh, hola Riddle.

Como los odiaba a todos ellos. Pero de todas formas forzó a su rostro a sonreír, después de todo, él era prefecto y amigable con todos.

―Hola, Weasley, Longbottom.

―Hola. ―Longbottom escupió. Riddle sabía que a ese imbécil no le agradaba.

―Bueno, si nos disculpas, Riddle. ―dijo DeCerto―. Hay una clase de Historia a la que tenemos que atender, y no deseo llegar tarde otra vez.

Después de decir eso, los tres se dieron la vuelta y lo dejaron atrás. Cuando dejaron el salón de clases él fue el único en quedar adentro. Su sonrisa se transformó en una tosca expresión de disgusto. Esa chica realmente empezaba a irritar. Lo había dejado parado allí solo, como un idiota. Ella necesitaba ser puesta en su lugar. No pensaba seguir tolerando su irrespetuoso comportamiento.

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Si Hermione hubiese conocido sus oscuros pensamientos habría estado aterrada. Actualmente estaba sentada en la mesa de Gryffindor teniendo un agradable almuerzo. La clase de Historia de la Magia había sido increíblemente aburrida. Lo único interesante que había pasado en la clase fue cuando el profesor entró al salón de clases. Era el profesor Binns, pero no el fantasma que ella conocía de su propio tiempo. No, él estaba bastante vivo y era un humano. Hermione estaba sorprendida de verlo de esa forma, porque estaba acostumbrada a verlo en su estado semitransparente. Tristemente, esa era la única diferencia existente entre este Binns y el Binns fantasma. Su clase había sido insufrible. Incluso era aún más aburrida porque Hermione ya la había escuchado antes. Así que se había alegrado cuando la clase se terminó y pudo ir al Gran Comedor para almorzar. Se volvió a sentar con Longbottom, Weasley y Lupin. Ellos realmente le caían bien. Bueno; ellos la salvaron de Riddle después de la clase de Encantamientos.

―en serio, DeCerto, ¿Cómo puedes repletar tanto tu plato? ―Viola Brown estaba sentada a su lado y miraba con disgusto el plato de Hermione.

―Bueno, tengo hambre. ―Hermione contestó.

―te vas a poner gorda. ―Lucia Reeves la miraba como si ser gorda fuera un destino aún pero que la muerte.

Hermione había estado viviendo en constante movimiento por los últimos dos años. Eso incluía no tener un suministro constante de alimento. Incluso algunas ocasiones debían resistir días sin ni un gramo de comida. Así que ahora poder comer tres veces al día era todo un lujo para ella.

―Hey, dejen a la chica comer si es eso lo que ella quiere. ―Weasley interrumpió.

En ese momento Hermione vio a Riddle entrando al Gran Comedor. Él iba acompañado por un grupo de Slytherins. Caminaba confiadamente hacia la mesa de Slytherin, con los otros chicos siguiéndole con actitud reverencial.

―Oh. Miren, ¡es Riddle! ―Rose Smith dijo con una mirada de adoración en sus ojos.

―Sí, ¿No luce él simplemente sexy? ―Lucía tenía la misma mirada vidriosa de adoración.

―¡Oh, por favor! ―Longbottom dijo indignado―. ¡Ese malvado bastardo!

―¿Malvado? ―Hermione preguntó inocentemente.

―¡Sí! ¡Él es un bastardo arrogante! ―Longbottom frunció el ceño hacia Riddle

―Aw, vamos Marc. Sabes él no es tan malo. ―Weasley miró a su amigo exasperado.

―Dices eso solamente porque él te ayudó con tu ensayo de Herbología. ―Longbottom argumentó.

―¿Es realmente tan malo? ―Hermione deseaba saber qué era lo que ellos pensaban sobre el malvado Dark Lord en entrenamiento.

―¡Sí! ¡Él es un engreído de mierda! ―Longbottom dijo con convicción.

―No lo escuches, DeCerto. ―dijo Rose―. Él está celoso.

Longbottom bufó ante esto.

―Sí, Riddle es realmente agradable. ―lucía intervino―. Es un prefecto y es el mejor en todas las clases. Y, por supuesto, tiene una apariencia divina. Además es extremadamente popular. Incluso existe un club de fans dedicado a Riddle. ¿Quieres unirte, DeCerto?

―Um... ¡No! Creo que paso.

―Finalmente, ¡Una chica con sentido común! ―Longbottom exclamó.

Hermione volvió su mirada hacia Riddle, él estaba ahora sentado en la mesa de Slytherin y hablaba con un chico sentado a su lado.

"No, no hablando". Hermione pensó. "mandándole suena más como él. Longbottom tiene razón, él es un bastardo malvado".