Hola!

Yatziri al habla, después de esta gran respuesta de parte de ustedes es imposible no hacer algo más, así que he traido la letra C.

No mentiré, me ENCANTÓ escribirla.

Ahora, esto tiene una ADVERTENCIA: Hay contenido lime en este capítulo. Por algo puse que el contenido era T, no solo habrá algunos capítulos oscuros sino que también quiero explorar algo de su sexualidad por lo que la categoría más 16 me funciona bastante bien.

Si no quieres leer algo de lime (y tal vez lemon) tal vez este capitulo no sea para ti, si eres delicada/o a este contenido pues... avisame, o no leas la palabra CALOR.

Sin más por el momento: Disfruten y... dejenme alguún comentario, es muy neta que sin sus puntos de vista dejaría esta historia en el olvido.


Los personajes no me pertenecen y supongo que ese mundo tampoco.


Abecedario

CALENDARIO

Él aún compraba vegetales de más, algunas veces incluso giraba su rostro hacia la mano derecha para sonreirle sutilmente a la mano solitaria que ya no tomaba a nadie de la mano.

Izuku aún decía "me voy" o "regresé" cuando cruzaba la puerta de su casa.

Siempre se decepcionaba un poco cuando no tenía respuesta.

Un día se percató de que el olor del perfume de Ochako se había ido y que era muy solitario no tenerlo.

Ella ya no iba al hospital cuándo se hería.

Él ya no la asistía cuando se lastimaba.

Él la veía en la televisión y se imaginaba que ella debía de estar sintiendo lo mismo, estaba seguro que en esas ocasiones ambos rezaban para que el otro regresara a casa con vida, con salud.

A veces el miraba le calendario, veía pasar los días.

Algunos eran asombrosos, algunos estaban llenos de gloria y él se conformaba con contárselos por llamadas telefónicas, textos, fotos y confesiones.

Otros eran insoportables y la soledad se sernía sobre él abruptamente, ella lo intuía, le llamaba, lo calmaba, le decía que le mandaba un abrazo y aunque no era suficiente él seguía teniendo la mira en el futuro.

Y el tiempo seguía siendo descarado y cruel.

Le recordaba que no eran iguales, que la vida seguía, que se perdían del "tal vez" que habían imaginado.

Y el calendario marcaba días, meses y después 4 años.

A los 4 años empezó a marcar diferente.

El calendario seguía siendo el mismo.

Ellos no.


CALOR

Los días de invierno eran los peores; el frío se colaba por su ropa, por su piel y le hacía temblar sin control en sus momentos de vulnerabilidad pero tenía algunas ventajas.

La primera de ellas era que la vista se volvía esplendida, desde que se habían mudado a América no dejaba de sorprenderle el brillo de la ciudad, de la nieve, del cielo, aún extrañaba las estrellas (ya que en Estados Unidos era imposible percibirlas) pero se alegraba profundamente de tomar la oportunidad de pertenecer a alguna agencia fuera de su país.

América era la cuna de grandes héroes pero la mayoría de ellos había preferido alejarse de la rama del rescate por lo que ella había sido llamada casi de urgencia, siempre se necesitaba de ella y Uravity estaba siempre contenta de ayudar.

Pero los días helados, cuando la noche anterior había caído una nevada eran muy tranquilos. La gente prefería no salir de casa, se quedaban en sus camas y suspendían clases para los niños y ella... ella se quedaba sola.

Había sido muy difícil separarse de todo lo que conocía para estar en ese lugar.

Sintió que algo se movía detrás de ella y sonrió, muy sutilmente, perezosamente.

No quería levantarse aún, estaba disfrutando de las ventajas del día nevado y de la vista blanca que le ofrecía la ventana, aunque no pudiera ver más que las ramas del árbol torcido en una posición anormal porque ella estaba acostada sacando solo la cabeza de entre las ropas de cama.

Deku, a su lado, se sentó sobre la cama dispuesto a empezar el día, abruptamente como siempre; con los ojos aún cerrados y el cabello verde revuelto sin remedio alguno sobre su carita pecosa le pareció el sujeto más atractivo sobre la tierra.

Pero eso no impidió que ella jalara aún más la cobija para hundir su cabeza en la cama, tratando de forma inútil que el helado viento no le atravesara el cuerpo entero.

-Duerme – le gruñó ella por lo bajo. Izuku estiró los brazos sobre su cabeza apoyando esta última en el respaldo de la cama.

-Despierta – contestó él, seguramente mirando el bulto de mantas que era su novia.

-Hace frío – contestó ella, tratando de poner el mejor tono de reproche que tenía. – Y mi guardia es hasta entrada la tarde, así que olvídate. No saldré de esta cama a menos que sea por fuerza mayor.

Escuchó a Izuku reír nasamente pero supo que había ganado cuando sintió el peso de su novio a su lado y los brazos de él rodearle la cintura y atraerla (así de espaldas como estaba) a su regazo desnudo, y es que Deku parecía no tener frío nunca, dormía todas las noches sin camisa alguna y con un pantalón de pijama tan holgado que parecía caerle por las caderas cuando se ponía en pie en las mañanas.

Ella suspiró y se acomodó en su lugar, era extraño darse cuenta que hasta hace algunos años pensaba que no se podía tener un lugar en el cuerpo de alguien pero efectivamente era ahí donde estaba ahora y se sentía bien. Se sentía calido.

-Hace frío – le susurró él en su oído.

-Aha

-¿Tienes frío? – Ochako dudó. A pesar de que era una pregunta casual le había parecido algo diferente. Un cosquilleo le hormigueo por el cuerpo y ella sonrió tímidamente pero no contestó.

Él repitió la pregunta, con un tono más bajo, más intimo. Acariciaba las palabras con ayuda de sus labios y segundos después se percató de que esos mismos labios acariciaban el lóbulo donde había sido susurrada la pregunta.

-Sí. Tengo frío.

-Esta nevando afuera.

Izuku asintió. Ella asintió.

-¿Podemos quedarnos en cama?

- Podemos quedarnos en cama.

Poco sabía ella quién había dicho la pregunta o quién había afirmado, en las voces de ambos parecía que habían dicho lo mismo.

Así que no le extrañó para nada que él dejara de murmurar sus intenciones para hacerlas realidad, y es que era un hábito al que ella se había ido acostumbrando con el pasar de las mañanas juntos; él iba diciendo cada cosa que le gustaría hacerle y sus labios ejecutaban la orden y seguían murmurando.

Su cuello era albergue de mil palabras, de miles de intenciones. Izuku la besaba por toda la extensión de su cuello y le murmuraba palabras al mismo tiempo, era como tener miles de besos juntos, era como si él escribiera en su piel.

Por supuesto, era indeleble su rastro.

-Ochako, te amo – murmuraba él.

Y eso era suficiente para hacerla sentir cálida, para hacerla sentir querida.

Era en ese momento en que ella sabía a la perfección que esa sería una mañana excitante, porque él tenía una muy buena propuesta para no pasar frío en ese día nevado.

Porque a veces todo empezaba con murmureos en su cuello, y las manos cálidas delineando sus curvas, manos que empezaban a ir más lejos explorando rincones conocidos que alejaban el frío, que alejaban la ropa y que alejaban la cordura también.

Entonces ella giraría para darle la vuelta a la situación y buscaría su boca para agradecerle, para parar la avalancha de sensaciones y para darse un respiro porque Deku era determinado y si seguía con lo que había empezado entonces ella acabaría antes de empezar.

Lo besaría, solo para que en el ímpetu, Deku dejara las manos en paz un segundo y se dedicara a disfrutar de sus labios.

Lo besaría para recordarle que ella seguía ahí aunque sus compañías estuvieran muy lejos y se vieran dos semanas al año, ella seguí ahí, ahí, ahí.

Y besaría sus ojos que eran más brillantes que las estrellas, los besaría para recordarle que llorar lo hacía fuerte, que ella cargaría sus lágrimas, que las limpiaría y que eventualmente también ella las causaría.

Besaría sus mejillas para adorar las constelaciones de sus pecas y su nariz para darle calor, su barbilla para perfilarla, sus oídos para que hiciera caso a sus palabras y retornaría a sus labios para morderlos y explorar.

Para ese momento él ya había dibujado en su cuerpo desnudo, en su espalda y un poco más abajo, cicatrices encontrando cicatrices, piel descubriendo piel nueva y la había apretado contra sí mismo dando forma a pequeños jadeos que empañaban las ventanas.

Poco después, rápido, lento, con frustraciones, risas y gemidos ellos encontrarían la forma de entregarse, compartirse y conocerse.

Ella sabía que, después de eso, Deku se escondería en su pecho respirando con dificultad, sonriendo.

Ella sabía que aunque quisiera pararse a cocinar algo para ambos eso podía esperar.

Esperaría.