La nevada parecía estar dando una tregua. Ya no caía nieve pero el frio persistía y el suelo aún era resbaloso, con el manto blanco que se negaba a desaparecer.

John condujo todo el camino tomando la mano de Tabitha, en un intento por mantener la calma. Era un hábito que había tomado con el tiempo. Un hábito que llevaba a todos a pensar que eran novios, recibiendo un "vete al diablo" en respuesta.

Apenas llegaron se dirigieron a la puerta para tocar.

—Bonita casa— comentó Tabitha.

—Lo es…— masculló él—. Recuerda que soy Ben Fire— le advirtió cuando esperaban ser atendidos.

—Como olvidar al primer chico de mi vida— lo punzó para tratar de que dejara los nervios de lado. Aún no soltaba su mano, como buscando apoyo de ella. Como si no supiera que lo tenía a pesar de todo.

John se giró para verla, con ira en la mirada, pero cuando separó los labios para hacer un comentario mordaz fue interrumpido por la puerta que se abría.

—¡Al fin llegan!— exclamó una alegre Rogue en el umbral de la puerta—. Ya pensábamos que no vendrían— se movía hacia un costado para darle paso a los visitantes.

—La carretera está cubierta de escarcha— explicó Tabitha, mientras ingresaban.

—Hey Ben— Bobby caminaba apresuradamente hacia ellos. Dedicándole un guiño a John cuando lo tomó del brazo—. Ven, la clase está por comenzar— jaló de él hacia el salón de clases.

—¡Suerte!— le gritó Tabitha a sus espaldas.

—Emmm… Drake…— murmuró— ¿Qué le has dicho a los niños?— había tratado de llegar con tiempo para poder prepararse antes de la charla, pero el clima le había jugado en contra.

—Solo que conocía a Ben Fire y conseguí que viniera a hablar con ellos— le explicaba sin darle gran importancia—. También les comenté que habías sido alumno de la escuela— le dijo cuando llegaron junto a la puerta del salón. Sintió a John tensarse junto a él, por lo que se apresuró a decirle—. No les di detalles, no te preocupes… Oye— cambió de tema, tratando de calmar a su amigo. A pesar de haber crecido, seguía siendo un bromista— ¿Te has vuelto dark?— bromeó, señalando la ropa de John, que vestía con jeans y zapatillas negras, con una camisa del mismo color y una chaqueta de cuero, con capucha de algodón a juego. Bobby recordó que en la cafetería usaba el mismo color.

—Es pura coincidencia— rió cuando miró su atuendo, comprendiendo de qué se trataba el comentario.

—Bien, espera aquí, hasta que te presente— le pidió—. Dame la chaqueta— tendió su mano al pirómano, que aceptó agradecido—. Ah, por cierto— se detuvo cuando tomó el pomo de la puerta—, una de las niñas puede saber cuándo mientes, pero no cuando omites cosas, así que no mientas— le informó antes de ingresar al lugar, sin dejar que el de ojos grises protestara. Apretó los dientes al sacar su encendedor del bolsillo para comenzar con su juego de abrirlo y cerrarlo. Ahora no tenía a Tabitha para tomar su mano tranquilizadora.

"Maldito Drake"— pensó.

John dudaba de si esto era una buena idea. Incluso cuando habló por teléfono para arreglar los detalles de su visita con Bobby intentó evitar la charla, pero terminó siendo convencido por él.

—Bien chicos— Bobby aplaudió una vez, llamando la atención de sus alumnos—. Como les prometí— hablaba con esa emoción propia de un maestro joven que se entusiasma por la clase más que sus alumnos—. Traje al escritor más reconocido de nuestra época, espero que hayan traído preguntas ¡Aquí está Ben Fire!— exclamó abriendo la puerta, dándole paso a John, que tomó una gran bocanada de aire antes de dar el paso que lo dejaría dentro del salón.


—Tabitha ven, quiero mostrarte algo— tomó la mano de la rubia para guiarla por las escaleras—. Me encanta tu ropa— la alago. La mujer llevaba unas bailarinas blancas, pantalón bombillo negro, top blanco y un saco pequeño de color negro que arremangaba en las mangas dejando ver franjas blancas y negras, que pertenecían al forro interior.

—Gracias… Oye ¿alguien sabe que John y yo estamos aquí?

—No, aún no… saben que Ben Fire viene con compañía. Queremos darle la gran sorpresa a Storm, ella se pondrá muy contenta por la vida que están llevando ahora.

Tabitha asintió con cierta preocupación. Algunos podrían reaccionar de manera hostil ante su presencia.


—Buenos días— saludó John, recargándose en el escritorio que se encontraba detrás de él—. Su maestro me contó que leen mis libros— comentó señalando a Bobby. John trataba de sonreír con amabilidad para ocultar sus nervios—. De hecho no tengo idea de lo que se debe decir…— rió tratando de calmarse—. Nunca di una charla. Por lo que, si me ayudan con preguntas, podemos hacer esto interesante— miró a los niños que lo observaban expectantes, algunos aburridos y otros con sonrisas de admiración en sus jóvenes rostros.

Una niña, que le recordó mucho a Jubilee por su aspecto, levantó su mano para hacer una pregunta. Era de las que parecían entusiasmadas. John la señaló con el dedo.

—Si… tratemos de conocernos un poco, para que esto no sea tan incómodo— les habló a todos—. Dime tu nombre y tu poder, luego tu pregunta— le pidió a la niña—. Y si es posible una demostración, sería genial.

—Soy Sesee y controlo las plantas— se presentó, haciendo que; con un movimiento de muñeca; la rama de un árbol ingresara al salón por la ventana que se encontraba a la izquierda de John, haciéndolo reír un poco—. Mi pregunta es: ¿Cómo sabemos que eres tu Ben Fire?

—Bueno…— dudó un poco, tratando de contener su respuesta en tono de "eres una idiota"—. ¿No tienen a alguien aquí que detecta cuando mientes?— preguntó a todos en general. Una niña de cabello rubio levantó la mano—. ¿Sí?— la apuntó.

—Yo soy June, y… no miente— sentenció.

—¿Confían en su don?— preguntó a todos. Los niños asintieron en general—. Muy bien, entonces te pediré que interrumpas si alguien miente— le pidió a la niña que aceptó, sonrojándose un poco.

—¿Cuál es tu don?— preguntó un niño que llevaba una sudadera gris enorme. John lo miró, sin dejar el juego con su encendedor, esperando a que el niño se presentara, hasta que finalmente el jovencito comprendió—. Mi nombre es Mark y veo a través de las cosas…— el niño arrugó el entrecejo—. Tienes cicatrices— le dijo a Pyro, que se miró a sí mismo de manera instintiva. Esperaba que los niños de la escuela fueran tan educados como cuando él asistía, así no preguntarían por las cicatrices de batalla que llevaba.

—Es un don genial para un joven en pleno desfase hormonal— bromeó John, para luego llevar la llama de su encendedor a la palma de su otra mano—. Solo controlo el fuego… no logro crearlo— explicó con ese mismo tono despectivo que usó siempre al hablar de su don. Sabía que era una limitación, aunque supo superarla.

—Si eres un mutante...— comenzó una niña que cubría cada centímetro de su piel con ropa. John pensó en Rogue automáticamente. La diferencia entre ambas era que esa niña usaba varios colores muy vivos en su vestuario— ¿Porqué no aparecen mutantes en tus libros?

—¿Tu don?— le cuestionó él, antes de responder.

—Sandy— se presentó—. Y mi don es estúpido…— murmuró.

—Ningún don lo es— la interrumpió John—. Eres mutante, debes estar orgullosa— si algo había aprendido en la Hermandad era eso y nunca se arrepentiría de haberlo hecho.

La niña hizo una mueca, sin parecer tomar en serio las palabras del hombre.

—Cuando toco a la gente puedo saber cuándo y cómo morirá— bajó la mirada a sus dedos, que jugaban con un bolígrafo—. Pero no lo controlo… parece que nunca lo haré— explicó triste.

John se acercó a la mesa de la niña, para mirarla de cerca.

—Es un don maravilloso, Sandy— la alagó, recordando las palabras de Magneto cada vez que él echaba en menos su propio poder—. Serás de gran utilidad para los X-men— la niña lo miró sorprendida—. ¿Conoces a Rogue?— le preguntó. La niña asintió—. Ella es el mejor ejemplo de que podrás controlar tu don un día— le prometió. Luego se giró para volver al escritorio donde se recargó—. En cuanto a tu pregunta— elevó el tono para que todos pudieran oír—. En todos mis libros hay por lo menos un mutante. Pero siempre me gusta ser realista, por eso se esconden. Hay que prestar atención para descubrir quién es el mutante, pero es posible hacerlo— sus palabras hicieron sonreír a varios niños—. Además, en mi ultimo libro se llevarán una sorpresa con el protagonista— dijo al fin, haciendo que cada niño frente a él se emocionara al instante.

Un niño de aspecto desaliñado levantó la mano.

—Soy "Shoot"— se presentó con su nombre mutante, eso le llamó la atención a Pyro—. Puedo disparar con la punta de mis dedos— dijo con una sonrisa soberbia que John, pensó, reconocer como propia de sí mismo a su edad. El niño extendió su dedo índice, haciendo que su mano imitara la forma de un arma, para apuntar a John. Este último dejó encendido su mechero, curvando sus labios en una sonrisa similar a la del niño, sin moverse de su lugar.

—¡Christian! ¡No!— gritó Bobby, quien se encontraba recargado en la pared de brazos cruzados, a la derecha de John.

El niño no escuchó, haciendo que la punta de su dedo comenzara a brillar disparando una bola de energía.

John no se movió cuando explotó el globo terráqueo que se encontraba sobre el escritorio.

—Cuidado niño— Pyro seguía sonriente. No se inmutó, ni miró al destrozado globo—. Alguien puede hacer que mueras carbonizado si piensa que lo herirás— su frase sonó de lo más amenazante, haciendo que el niño tuviera un escalofrío que recorrió su columna vertebral, ante la mirada cruel que le dedicaba el hombre. John sabía que ningún adulto en esa mansión le hablaría así a un niño, pero él no era un maestro—. ¿Cuál es tu pregunta?

—¿Porqué, si eres un mutante orgulloso— preguntaba el niño, tratando de fingir que no se había intimidado— te ocultas de todos?

—No me gusta la fama— respondió sin pensar.

—Mientes— dijo una vocecilla. Era la niña rubia.

—Tienes razón— aceptó riéndose—. La verdad es que hice cosas malas y no quiero que todos sepan que soy yo el que escribe— dijo la verdad de la forma más vaga posible. Luego miró a June, quien no dijo nada.

—¿Qué cosas malas?— inquirió Shoot.

—No me caen tan bien como para contarles— bromeó. June levantó su mano, pero John la interrumpió—. Ok— se rindió—. La verdad es que no quiero que sepan, ya que me complicaría la vida y no quiero— se encogió de hombros—. Por eso mantengo el secreto lo más que puedo.

—¿Y por qué nos lo cuenta a nosotros?— preguntó Mark.

—Porque en esta escuela hay muchos secretos y no creo que uno más haga la diferencia— sonrió—. Además, espero, que aún sean tan buenos confidentes como lo eran en mi época estudiando aquí— guiñó un ojo, haciendo reír a los niños.

La charla continuó, las preguntas iban y venían. John estaba aprendiendo a llevar a los niños y a evitar decir mentiras sin delatar demasiada información personal. Los niños descubrieron así que su amado escritor era un mutante, mejor amigo de su maestro y agradecía a Storm por fomentar su escritura, además de que abandonó la escuela antes de obtener su diploma porque "le parecía lo correcto", les había dicho, además que él no tenía familia, como muchos de ellos y que trabajaba con otro mutante para publicar sus libros.

—Muy bien niños— Bobby se había acercado, sigilosamente, durante la ultima pregunta, para poder captar la atención de sus alumnos—. La clase ya terminó…— un suspiro general de decepción embargó el salón—. Digámosle adiós al señor Fire— les pidió.

—Adiós, señor Fire— dijeron todos al unísono.

—No tienen tarea, pero lean el libro del señor Fire, con el que estamos trabajando— les indicaba a los niños que se levantaban rápido para salir de ahí—. ¡Y Christian, después hablaré contigo!

—Tienen a un pequeño, futuro, ejercito con talentos excepcionales— comentó John, cuando todos los niños se fueron.

—Sí…— aceptó un poco incómodo— aunque espero que no tengan que enfrentar una batalla. En fin— cambió de tema—, vamos por las chicas, así podemos ir a la oficina de Storm. Se alegrará de verte con todos los cambios que has hecho en tu vida.

John lo siguió por el pasillo cuando se le ocurrió preguntar.

—¿Storm no sabe que estoy aquí?

—No, queríamos sorprenderla.

—Hey Johnny ¿Cómo te fue?— Tabitha y Rogue bajaban por las escaleras cuando vieron a los dos hombres.

—Bastante bien, lo niños me hicieron las cosas fáciles— aceptó el castaño—. ¿Qué hiciste?

—Rogue me llevó al ático para mostrarme unas cajas. Resulta que aún están allí las cosas que dejaste cuando te fuiste. Así que lavamos ropa y desempolvamos cuadernos.

—Genial. Gracias— les dijo a sus amigos. No se esperaba que sus pertenencias estuvieran guardadas aún—. ¡Oh!— John llevó la palma de su mano a la frente, recordando algo—. Olvidé mi chaqueta en el salón.

—Bueno. Puedes ir a buscarla mientras Marie y yo llevamos sus maletas a su cuarto— señaló con el pulgar a las dos maletas que se encontraban en el suelo. Cuando organizaron la visita, habían optado por que Tabitha y John permanecieran en la mansión durante el fin de semana—. Nos vemos aquí en 10 minutos.

—Claro— aceptó Tabitha, caminando con John por el pasillo de vuelta al salón de donde había salido—. Me gusta este lugar— comentaba ella—. Es como que los niños tienen un hogar— le explicaba.

Cuando John estuvo a punto de seguir la conversación, sintió una presencia amenazadora que se acercaba, pero no se defendió. Fue entonces cuando sintió cómo alguien jalaba de su camisa desde atrás, arrojándolo al suelo de espaldas. Encontrándose con unas jarras de adamantium apuntándolo al rostro.

—¿Qué demonios haces aquí, basura traidora?— le preguntó Logan con un tono amenazante.

—Hola, Wolverine. Te ves bien, me alegra— John tenía un tono y sonrisas arrogantes que irritarían a cualquiera, sin siquiera molestarse en tomar una postura defensiva.

—Dame un motivo para no destriparte en este momen…— la amenaza de Logan no pudo terminar de formularse, por una patada en su lateral izquierdo que lo hizo estrellarse con una pared, sin llegar a defenderse, debido a que un pie aprisionó su garganta, dejándolo inmóvil.

—Oye Johnny— Tabitha mantenía la presión en la garganta de Logan, mientras le hablaba al pirómano—. ¿Me puedes explicar porqué no te defendiste de este idiota? Si yo me di cuenta que te atacaría, tu también debiste hacerlo.

—Oh nena, no quiero hacer un escándalo. Estamos de visita— le explicaba relajadamente mientras se ponía de pie, sacudiéndose y quitándole las arrugas a su camisa.

—Suéltame, niña— le ordenó Logan a Tabitha—. No sé quién eres, pero no quiero hacerte daño, solo quiero dejar a Pyro hecho girones en el suelo.

—Soy Boom boom para ti, estúpido— lo insultó molesta.

—Tabitha suéltalo, él vive aquí de todos modos— le pidió con un tono apacible y despreocupado que hacía enfurecer aún más a Logan.

—¿Estás seguro? Puedo romperle el cuello ahora, si quieres— le ofreció haciendo más presión sobre la garganta del mutante.

—No servirá de nada. Él es Wolverine— le explicó.

—¡Oh!— exclamó sonriente, sin soltarlo—. Es un placer. Me sorprende saber que no eres tan genial como dicen. Te dejé inmóvil de solo un golpe— lo provocó, haciéndolo gruñir.

—¡Tabitha! ¡¿Qué haces?!— gritó Rogue, que caminaba junto a Bobby hacia ellos.

—Marie, antes de que juzgues esto, quiero que veas qué es lo que sucedió— se defendió Tabitha sin dejar libre a Wolverine.

—Ok— aceptó la mujer, cruzándose de brazos. La rubia extendió su mano para rozar la mejilla de la otra—. ¡Logan!— lo regañó, luego de hondar en los recuerdos de Tabitha.

—Qué demonios…— balbuceó el hombre, por su dificultad para respirar.

—Tabitha ¿puedes soltarlo?— le pidió—. No les hará daño— le prometió cuando se quitaba los guantes, con cierto aire amenazante.

—No hagas nada de lo que puedas arrepentirte, Lobito— le advirtió antes de soltarlo y dar un paso hacia tras para mantener distancia.

—¡¿Qué hace el cabrón traidor aquí?!— le preguntó a los dos X-men más jóvenes, sin guardar sus garras.

—Son nuestros invitados— le explicó Bobby.

—¡¿Qué?!— gritó fuera de sus casillas, dando un paso amenazador hacia Iceman, quien congeló su puño de manera instintiva.

—Logan— habló Rogue—, John ya no está en batallas ni nada de lo que recuerdas— se apresuró a explicarle—. Él es solo un escritor ahora.

—¿Acaso crees realmente esas patrañas?... ¿Y Ororo? ¿Qué opina ella de que él esté aquí?

—Aún no le dijimos— Marie bajó la mirada al suelo, como si la hubieran atrapado en una travesura.

—Me lo imaginaba— murmuró—. Vamos, así obtengo el permiso que quiero para matar a esta mierda— ordenó, tomando a John del brazo para arrastrarlo a la oficina de Storm.

—Eso quisieras— masculló Boom boom, siguiendo sus pasos.

Logan ingresó, sin tocar, a la oficina que antes pertenecía a Charles Xavier.

—¿Qué está sucediendo?— cuestionó Storm, preocupada por la intromisión en su oficina.

—¡Los estúpidos niños, que tienes por maestros, metieron a la mansión al traidor!— gritó, señalando al joven de cabellos castaños.

—Hola, Storm— saludó amablemente, rebosante de arrogancia.

—Pyro…— susurró sorprendida—. ¿Qué haces aquí?

—Nosotros lo invitamos— respondió Bobby por su amigo—. Storm, necesito que nos sentemos a hablar de esto. Tenemos una buena explicación.

—¿De qué rayos quieres hablar "Cubeta de hielo"?— inquirió Logan—. ¿Recuperaste a tu amiguito y quieres que todos lo aceptemos de vuelta?

—¡Logan!— Storm lo detuvo—. Bobby ¿reamente estás seguro de esto?

—Completamente— afirmó el rubio, con una seguridad que solo mostraba en batalla. Storm asintió

—Por favor siéntense— les indicó señalando sillas frente a su escritorio, donde se sentaron John y Tabitha. Storm tomó su puesto detrás de él. Mientras Logan gruñó, quedando de pie a su derecha, de brazos cruzados—. Bien, escucho ¿Cuál es la historia?

John tomó la mano Tabitha, tratando de buscar un punto de apoyo. Enfrentar sentimientos y viejos errores era mil veces peor que una batalla para él.

No sabía por donde empezar. Así que optó por algo que ablandó a su mejor amigo en su primer reencuentro.

—¿Has oído hablar de Ben Fire?— le preguntó a Storm.

—Por supuesto— aceptó ella—. Un escritor best seller, de un talento excepcional. Inclusive hoy…— se detuvo a si misma al comprender—. ¿Bromeas?— le preguntó.

Tabitha y John sonrieron, ambos tenían la misma sensación que tuvieron el día de la cafetería.

—Soy escritor ahora— sentenció John—. Dejé las batallas y lucha mutante atrás.

—Dime que no creerás esas estupideces— le suplicó Logan a Storm con el odio grabado en la voz.

—Logan, espera— le pidió la Dama del clima—. Los agradecimientos— le dijo a John.

—Lo entendiste rápido. A Bobby se lo tuve que explicar— rió un poco.

—Por eso Fire no se muestra— Storm iba enlazando razonamientos mientras hablaba.

—Un terrorista buscado no puede tratar de ser famoso— acotó John.

—¿Cómo puedo saber que renunciaste a las batallas realmente?— preguntó.

—No lo sé…— bajó la mirada al suelo—. Solo créeme— le pidió—. Tabitha y yo pertenecíamos a las filas de Magneto y nos cansamos de eso. No es posible ser feliz en medio de las peleas— explicó—. Si estuviera aún en el ambiente de la revolución mutante ya habrías escuchado de mi.

—Pyro es una leyenda. Hay cientos de mutantes que quieren que reconstruya la Hermandad— Tabitha interrumpió—. Pero no lo hizo.

—John estuvo hablando con los niños hoy. Les dio un gran ejemplo de vida, de un mutante fuera de la escuela— acotó Bobby, quien se encontraba a la derecha del escritorio de Storm, de pie junto a Rogue.

—Ben Fire lo hizo— corrigió John.

—¡Al diablo!— blasfemó Wolverine—. ¿Qué buscas aquí "Flamitas"? Si eres tan feliz fuera de todo ¿Qué haces aquí?

—¡Logan!— Rogue interrumpió a John antes de que pudiera hablar—. Nosotros le insistimos para que hablara con los niños. Ellos adoran su trabajo y es un gran ejemplo…

—¡Es ejemplo de cómo traicionar a los suyos!— gritó molesto—. ¡Si por él hubiera sido estaríamos muertos!

—Cuida el tono, estúpido Lobo— Boom boom destilaba desprecio con sus palabras, pero no elevaba la voz.

John apretó la mano de la rubia para detenerla. Cuando ella lo miró negó con un movimiento de cabeza. No iban a luchar. Lo habían prometido hacía mucho. Solo se defenderían de quienes les quisieran hacer daño, pero no iniciarían una pelea.

—¡John cambió!— Bobby gritó a Logan. No solía hacer eso. Pero consideraba que si él; que había sido traicionado por su mejor amigo, llegando a pelear a muerte contra él; podía perdonarlo, Logan no tenía motivos por los cuales guardar tanto rencor.

Pyro se puso de pie de sopetón, con una sonrisa amable. Siendo seguido por Tabitha. Todos quedaron en silencio ante esa acción.

—Fue un placer volver a verte Storm— extendió su mano hacia ella para estrecharla. La Dama del clima correspondió el gesto, confusa—. Seguirás estando en mis agradecimientos. Hiciste mucho por mi— le prometió. Luego se giró a Bobby para hablarle—. Drake ¿te molestaría devolvernos nuestras maletas?

—No, no queremos que se vayan— los detuvo Marie, que fue la primera en comprender lo que sucedía.

—Rogue, no me permitiré ser quien traiga conflicto a esta mansión— argumentó—. Están en paz y nosotros buscamos lo mismo— dijo, mirando a la rubia.

—¡John!— Storm fue la que habló—. No permitiré que se vayan, son nuestros invitados de honor— sonrió orgullosa.

—¡Ororo! ¡¿Acaso bromeas?!— gritó Logan.

—Logan. El Profesor haría esto, tu lo sabes. No puedo hacer menos que lo que haría el hombre que fundó esta escuela— argumentó, dejando mudo al Lobo, que se retiró del lugar con un gruñido y un portazo tras de sí.

—Storm yo…— balbuceó John, mientras Tabitha sonreía alegre por la salida de Wolverine.

—Les pido, por favor, que se queden—lo interrumpió—. Haré que caiga una nevada si se niegan— los amenazó con cierto humor en su voz.

—¿Y Wolverine?

—Yo hablaré con él— prometió—. Así que si eso es todo, les pediré que vayan a arreglar su cuarto. En el almuerzo me gustaría ponerme al día con usted John… y me gustaría escuchar a Ben Fire también— sonrió cálida.

—Por supuesto— aceptó sonriendo, antes de salir.

N/A: ¿Mitana estás por ahí? Si es así: hola. jaja... En fin, los reviews son muy agradecidos, ya que es la única manera de saber que a alguien le gusta esto... ¡Que el universo conspire a su favor!