"Puedo matarte. ¿Quién sabe si así no salgo de tus pensamientos?"

La frase flotó en el aire y ahí quedó, como si el tiempo se hubiese detenido. Draco podía, si quisiese, cortar el aire con un cuchillo, de tan denso que estaba. La lluvia continuaba cayendo, empapando aún más sus prendas, no obstante, él no conseguía distinguir en cual sentido caía. Se advirtió anestesiado, distante. La culpa era todo a su alrededor.

La visión perturbada de un Harry tan desafiante cerca de él hizo con que quisiese correr en cualquier dirección, ignorando el torbellino de sentimientos que golpeaban, que le debilitaba, que le hacían preferir la muerte a estar ahí, cara a cara con el Gryffindor.

Indagó Harry, fríamente—. Entonces, ¿Cómo será? —Preguntándose si su pose de hombre fuerte era creíble, cuando por dentro sentía desfallecerse lentamente delante de la visión que tenía.

Estaba claro para ambos que serían destinados a permanecer en lados opuestos, por siempre. La arrogancia Slytherin de Draco Malfoy, que le impedía ceder a cualquier cosa que significase sacrificar su bienestar; sorprendido con la generosidad y altruismo de Harry Potter, que lo cualificaba como un genuino Gryffindor. Todo aquello contribuía para que estuviesen en esa situación en la que se encontraban.

Harry avanzó un paso en la dirección de Draco, que inmediatamente reaccionó, encontrándose involuntariamente contra uno de los árboles del Bosque. El Gryffindor sonrió maliciosamente, saboreando el saber que alguien le temía. Aunque, extrañamente no le agradó ese sentimiento; no quería que Malfoy le tuviese miedo. «Cualquier cosa menos miedo», pensó.

—¿No tienes nada más que hacer, Potter?

—Estaba muy bien por el Bosque, Malfoy, hasta que oí grititos, y mira que gran coincidencia, ¡aquí estas! —gruñó Harry, varita en mano apuntada al medio de los ojos de Draco.

—El bosque no es tuyo. ¿Por qué no vas con tus amiguitos? Apuesto que ellos deben precisar mucho más de ti…

—¿Qué estás haciendo aquí, Malfoy? ¡Responde! ¿Por qué volviste? ¿Por qué estás aquí nuevamente?

—Que recuerde, la escuela no es tuya, Potter —Draco aún encontró alguna arrogancia en la voz, pero cuando Harry se aproximó peligrosamente a él, tragó en seco.

—No, no lo es. Tu adorado profesor hizo cuestión de matar al responsable de la escuela —dijo fríamente, dejando una vez más las imágenes de la muerte de Dumbledore pasando a primer plano. Dolía, pero exteriorizar de esa manera parecía tener un efecto menos inquietante que simplemente romper todo.

—No es de tu incumbencia el por qué he vuelto. Tal vez esté queriendo acabar el servicio de Severus —retrucó Draco sin pensar, la varita también apuntada a Harry, listo para rebatir.

La mirada devastada del moreno le hizo bajar la varita inmediatamente, pateándose mentalmente por decir tamaña idiotez. No era secreto, por lo menos para un Slytherin, que él no estaba ahí para matar a nadie. Diablos, él no tuvo el valor de matar a Dumbledore, imagínate regresar a un lugar lleno de Aurores con la excusa de terminar el servicio. A veces él concordaba con su padre, realmente decía necedades antes de pensar bien.

—No matarías ni una mosca, Malfoy. Ahora, respóndeme.

—Simplemente volví, ¿no es eso suficiente? Capaz tenga tendencia suicida, ¿cuál es tu problema? —resolvió ignorar el comentario sobre su falta de valor y arrancar respuestas del Gryffindor.

Harry admitió mentalmente estar gustando de aquel jueguito unilateral de terror psicológico, con Draco huyendo por entre sus dedos, sin revelar lo que había ido a hacer en Hogwarts. En su mente, se preguntó por un momento si el Slytherin había vuelto para explicarle alguna cosa. «No, ese raciocinio es patéticamente nada Malfoy, nada Slytherin, él nunca haría eso», pensó.

Decidió adoptar una táctica diferente y enloquecida, tal vez así arrancaría alguna cosa del Slytherin. Era su última y estúpida idea, tan idiota que podría funcionar.

—Mi problema es que volviste. Volviste y exijo saber por qué —dijo Harry entre dientes, sus ojos verdes chispeaban conforme su cuerpo se adaptaba a la calidez del cuerpo de Draco, semejante proximidad en que se encontraba.

—¿Qué… qué piensas que estás haciendo? —Draco se odió por parecer y sonar patéticamente asustado, pero la manera en la que Harry lo leía tan bien, sencillamente hacía con que el suelo escapara de sus pies.

Era extremadamente erótico estar ahí, bajo la lluvia, preso entre aquel árbol y los ojos de Harry Potter. Debería aborrecer esa sensación de ser analizado, de compartir la misma respiración con el Gryffindor, pero tan desquiciada estaba su mente esos días que la única cosa que venía a su cabeza era el deseo de saber lo que el moreno haría.

—¿Quién dijo que estoy pensando? —Harry se encontró preguntando, hipnotizado por los plateados ojos de Draco, acortando la distancia mínima entre los dos, tocando con la varita la manzana de Adán del rubio, haciéndose agua la boca al verlo moverse con dificultad.

Curiosamente, Draco encontró fuerzas delante de esa inspección para alejarse del árbol, aproximándose a Harry. El Gryffindor desvió los ojos de los de Malfoy para ver su varita casi perforar la piel blanquecina del cuello del Slytherin.

—Hazlo, Potter. Si es tu destino, mátame —la voz de Draco salió como si estuviese respondiendo a un llamado banal; era fría, desprovista de cualquier emoción.

Para el Slytherin, sería mucho más fácil. Convivir con un nuevo sentimiento, uno al que no estaba preparado o siquiera conocía, culminando con las obligaciones familiares que poseía, parecía ser demasiado para soportar. El camino más fácil sería las dos palabras más temidas en el mundo de la magia: Avada Kedavra.

Era lo que deseaba.

Era lo que necesitaba.

Sin amor, sin sentimientos, sin problemas.

«Sin Harry», la vocecita dentro de él se manifestó, sin piedad.

—¿A quién le importa? —se escuchó preguntar, en cuanto cerraba los ojos, como si estuviese sintiendo dolor.

Harry apenas notó esa mudanza de comportamiento. Era muy extraño ver a Draco con actitudes tan limítrofes y humanas. Casi podía desear que él siempre fuese así. En su sádico punto de vista, un Malfoy vulnerable y susceptible sería mucho más fácil de ser domado y, consecuentemente, manipulado. Sacudió la cabeza, lanzando agua a los lados, ante el pensamiento egoísta que pasaba por su cabeza.

—¿Qué dijiste? —preguntó Harry, verdaderamente preocupado.

—No importa. ¿Por qué no me dejas en paz?

—Voy a besarte — se escuchó diciendo, ignorando la pregunta de Draco, los ojos verdes fijados en los labios temblorosos del Slytherin, como si estuviese bajo algún hechizo, fascinado por aquel pedazo de piel, más sonrosado que antes, acentuado por la lluvia y baja temperatura.

—Yo no… —Harry creyó escuchar un murmullo efímero y lejano, pero cuando sus labios se tocaron, solamente el latir errático de dos corazones y el gemido ahogado de Draco dentro de la boca del Gryffindor fueron oídos.

Draco sintió el tiempo detenerse, al igual que las gotas de lluvia, los sonidos hipnóticos del Bosque Prohibido. Todo a su alrededor se detuvo para reverenciarlos, como si tuviesen la noción de que dos enemigos cruzaron la tenue línea que separaba el bien del mal, el claro del oscuro.

Harry Potter de Draco Malfoy.

La sensación de ser besado por un Draco incierto era diferente de cualquier otra que pudiese tener. Cada poro de su cuerpo correspondía a la suavidad aterciopelada de la lengua del Slytherin, incluso reacio, parecía no querer abdicar ese contacto. Sintió los finos dedos del rubio buscar el final de su cuello, uñas arañando su nuca, acercándolo más, impidiéndole respirar, excitándolo como nadie nunca había hecho.

Curiosamente, sin pensar en la idea que tuviese antes, cuando alejó a Ginny, no queriendo que ella lo confortase de una manera más íntima. Con Draco, sin embargo, él parecía necesitar ese contacto, para probar a si mismo que no todo estaba perdido, que existía alguna cosa por la cual valía la pena luchar.

Cuando sintió la pierna de Malfoy rozar, casual y tímidamente por entre las suyas, Harry gimió, sus dientes clavándose firmes en el labio del Slytherin, casi arrancando sangre. Esperaba algún tipo de reacción por parte del rubio, pero él pareció disfrutar de esa rudeza. Las manos pálidas abriendo la capa de invisibilidad, arrojándola al suelo, finalmente, teniendo una visión completa del moreno.

Draco se encontraba en un mundo particular, se resumía tan solo en él y en Harry. Desde que el Gryffindor tocó sus labios, decidió que no quería más saber de otra cosa a no ser la sensación de pura y completa entrega. Debía empujarlo lejos, impedir dejarse caer en aquel infinito desorden. Pero no lo conseguía, no cuando Potter mordía sus labios, gemía dentro de su boca, tiraba de sus cabellos. Quería simplemente entregarse y no pensar en más nada.

Aquella sensación era mejor que la muerte. Tal vez aun pudiese existir una oportunidad para él.

Continuó permitiendo la dulce invasión de Harry cuando sintió las manos del moreno asegurando sus pulsos, impidiendo tocarlo, justamente cuando se aproximaba al bajo vientre del moreno. «Tan orgulloso…», pensó.

Dedos entrelazados, Draco tenía los brazos extendidos a ambos lados de su cuerpo, la espalda ganando arañazos por el contacto con el tronco del árbol tras él, al mismo tiempo en que cualquier posible e inimaginable dolor era absorbido de su mente por los canículas labios de Harry que sorbían y lamian la región descubierta de su cuello, marcando aquel territorio.

—Merlin… —él se vio murmurando, una sensación tornándose demasiado para que él consiguiese formular cualquier otra cosa coherente. La verdad, nada coherente pasaba en su mente. Quería y necesitaba apenas sentir. Ni que fuese aquello.

—¿Estas disfrutando, no? —preguntó Harry, maliciosamente, capturando los labios que le eran ofrecidos con un simple rozar provocativo. Podía jurar que oía a Malfoy gruñir y tuvo ganas de reír.

—No sabes lo que dices o haces —siseó Draco, tal como el símbolo de su casa, aunque evitó mirar a Harry a los ojos.

Entonces el Gryffindor rió, su pecho pegado al de Draco, una de las manos sosteniendo la barbilla puntiaguda del rubio, forzándolo a encarar sus ojos.

—¿No te gusta? —repitió la pregunta, ésta vez pasando la lengua por sus propios labios, probando un poco de las gotas de lluvia que lo mojaban, haciendo que Draco lo envidiase por un momento.

—No —el Slytherin mintió descaradamente, su corazón disparado al hacerlo, sintiéndose absurdamente culpable. Se preguntó si Harry habría percibido.

—Tus ojos dicen otra cosa —susurró Harry, la mano que estaba en la barbilla del Slytherin pasando ligeramente en frente a los ojos del rubio, que involuntariamente cerró—. Y esto de aquí concuerda con ellos —la mano libre del Gryffindor descendió por el abdomen del otro, encontrando el miembro ya excitado. Tocó metódicamente, apenas para probar lo que afirmaba.

—Maldito… —Draco se mordió el labio, intentando ignorar un gemido que amenazaba escapar.

—Debo confesar que disfruto más de las reacciones de tu cuerpo que las de tus palabras, querido Draco —Harry forzó el nombre del Slytherin, que lo observó asustado, incómodo con la súbita intimidad. Ellos deberían ser enemigos, tratarse por el nombre era por demás perturbador.

El Slytherin intentó apartarse, pero Harry lo empujó contra el árbol, un brillo depredador en sus ojos.

—Malfoy, las cosas pueden ser placenteras… —masajeó nuevamente el miembro de Draco—. O bien dolorosas —rápidamente apretó uno de los pezones del rubio—. Solo depende de ti.

—Oh, eso porque tú eres el temible y malvado… Gryffindor —Draco le dio una sonrisa irónica.

—No sabes con quien estás hablando —entrecerró los ojos.

—Oh, pero yo sí sé —Draco avanzó para encima del Gryffindor y Harry retrocedió repentinamente con las defensas bajas, preguntándose qué el rubio estaba pensando hacer.

Draco continuaba sonriendo, más confiado ahora, ya que percibía la sorprendente confianza de Harry fallar por un segundo. Era su oportunidad de aprovechar ese momento de debilidad. Debía irse ya.

Pero… hizo exactamente lo opuesto.

—Eres el único Harry Potter —acortó la distancia entre los dos, lanzándose a los labios del moreno, las bocas chocándose con violencia voraz y torpe, dientes colapsando, lenguas enroscándose con una danza prohibida, pero deseada.

Harry no sabía que estaba sucediendo. En ese momento, la única cosa que no pasaba por su cabeza era el motivo por el cual se dejaba tirarse encima de su capa de invisibilidad, el cuerpo de Malfoy siendo rápidamente liberado de las ropas mojadas y encontrando al suyo, ejerciendo un peso desconocido y bienvenido.

—Malfoy… —ni sabía que pretendía decir, pero precisaba llamar la atención del otro, de alguna manera.

—No digas nada, Harry. Ni una palabra —farfulló el rubio, besando al Gryffindor, los ojos perdidos en algún lugar que no era en los verdes del moreno. Eso lo irrito por un segundo, pero también le llevo a cuestionar lo que estaba pasando.

Se quedó en silencio, ignorando una vocecita dentro de su cabeza que le ordenaba a no dejar aquel asunto morir. Pero, una vez más, las ideas se evaporaron cuando miró a Draco, sentado en sus muslos, la fina blusa negra pegada a su cuerpo, los cabellos siempre tan arreglados ahora desaliñados, cayendo por los ojos claros.

Sin saber cómo o por qué, Harry observó sus manos tomar vida propia y abrirse camino por entre los botones de la blusa de Draco, deleitándose con el pálido torso desprovisto de pelos, sin embargo tan bien delineado. Se preguntó como nunca había percibido eso. «Nunca miré a Draco de esa manera. Nunca», pensó, pero sabía que estaba mintiendo descaradamente. A lo largo de ese año, solo reparaba en los movimientos del Slytherin y todo lo que él podría representar.

Alejó esos pensamientos peligrosos de su cabeza mientras acercaba aún más a Draco, haciéndolo recostar encima de él. Se miraron el uno al otro durante largos minutos, Harry sintiendo los erráticos latidos del corazón del Slytherin, encontrando aquello increíblemente adorable. El rubio fue el primero en tomar una actitud, presionando los labios en el cuello del Gryffindor.

Era casi un gesto de amor, los besos que Draco depositaba en esa región, y si tal vez Harry no estuviese tan preocupado en percibir la profundidad de eso, concluiría que el rubio realmente quería que aquello fuese especial.

Pero él, Harry, no podía dejarse llevar por eso. No quería amor, aquel sentimiento era peligroso, maldito, condenado. Todas las personas que amaba lo abandonaban, desaparecían de su vida. Deseo. Deseo era una buena palabra, un buen sentimiento. Podía desear a Malfoy y no sentirse culpable.

Motivado solo por aquella sensación, concluyó que Malfoy era, incluso siendo suave, irritantemente provocador y él consideraba ese gesto un desafío. Sujetó al rubio por los cabellos, teniendo plena consciencia de que debería estar lastimándolo. Los viró rudamente, invirtiendo las posiciones, con una sonrisa burlona en sus labios mojados al ver al Slytherin debajo de él.

—¿Eso es lo que quieres, Potter? —preguntó Draco, los codos apoyados en la capa, una mirada desafiante y la sonrisa en los labios, listo para un comentario típicamente sarcástico.

—No sabes lo que quiero.

—¿Te excita tenerme así, Harry?

—¿No fuiste tú quien dijo de no hablar nada?

—Es verdad —asintió, con una sonrisa, recostándose nuevamente, abriendo los brazos para Harry.

El Gryffindor sonrió, una sensación diferente, comenzando en su estómago, acelerando su corazón, cerrando su garganta y su beso fue la única solución para impedir que su mente pensase mucho en eso.

Los labios se enroscaron en una danza lúbrica, con brazos acompañando esa coreografía. Draco dejó que Harry lo tomará, sus manos encontrando abrigo en la espalda del Gryffindor, entrando por debajo de las prendas que intentaba arrancar, impacientemente. La sonrisa del moreno fue la respuesta que recibió, seguido por el rápido gesto de tirar la pieza de ropa, finalmente quedando como el Slytherin.

Chispas de electricidad escaparon de los ojos de ambos cuando sus torsos se tocaron brevemente. Draco sonrió, una vez más dejándose besar y tocar, el corazón dividido en aquel mar de sentimientos recién descubiertos.

Las manos de Harry descendieron vertiginosamente por entre los dos, acariciando en el camino uno de los pezones y el abdomen del Slytherin, hasta llegar al borde del pantalón donde se detuvo.

Verdes en los plateados, Harry miraba a Draco como si pidiese permiso para seguir adelante. Los dedos blancos y finos del rubio por encima de los callosos del moreno, tomándolos firmemente, fueron la seguridad que él necesitaba.

Mordió levemente el cuello de Draco, lamiendo en seguida en esa misma región, en cuanto las manos desabotonaban el pantalón del rubio. Se sorprendió al percibir que el Slytherin no usaba ninguna pieza de ropa aparte de esa. Levantó una de las cejas y la sonrisa descarada que Malfoy le dio hizo que su rostro se enrojeciera.

—¿Tienes miedo de no aguantar, Potter?

Harry apenas gruñó, mordiendo el torso de Draco en respuesta, arrancando un gemido alto del rubio. Se sintió victorioso, se giró para mirar los ojos de Malfoy, desafiándolo a hacer algo que ni él sabía bien que era.

Permanecieron en aquel juego sin saber por cuanto tiempo, hasta que Harry, guiado por las manos de Draco, comenzó a descender por su cuerpo; la lengua trazaba un camino sinuoso, no queriendo perder ninguna parte de la alba piel del Slytherin, aprovechando el sabor de él, la textura debajo de su lengua, la tersura masculina tan particular del abdomen del rubio.

El ombligo parecía ser la única región que Harry quería dejar de tocar. No por no sentir el mínimo deseo en provocar y tocar esa pequeña área con la punta de su lengua y oír los gemidos de Draco en respuesta, pero estaba petrificado por un pequeño detalle en aquel lugar. La minúscula joya que Harry podía jurar ser de oro blanco, adornaba el ombligo de Draco, de manera perturbadoramente perfecta, como si estuviese sido hecha para ser atrapado ahí. El pequeño piercing en forma de serpiente, cubierto de diamantes, era un ítem tan absurdamente nada mágico, que Harry analizó con la punta de sus dedos, no percibiendo las placenteras contracciones del abdomen del rubio.

—Qué cosa más Muggle… —dijo Harry, sonriendo maliciosamente para Draco—. Nunca pensé que un orgulloso Malfoy haría eso.

—No sabes hasta donde los Malfoy son capaces de ir para aumentar su placer.

Harry no respondió, apenas continuó observando la joya, reparando en los detalles, en los contrastes excitándose apenas con eso. Los dedos de Draco, entonces buscaban los cabellos del moreno, aproximándolo al piercing, queriendo que el otro le tocase, lambiese, hiciese cualquier cosa que no fuese apenas mirar.

—Calma, Malfoy… apresurar no va a servir de nada…

—¿Calma para qué? ¿Ya no esperaste lo suficiente? —Draco agarró a Harry por los hombros besándolo de manera violenta, no le importaba si sus dientes mordían los labios del Gryffindor y su lengua pareciese tener vida propia, pretendiendo abrigo en cualquier parte de la boca del moreno. Cuando se soltaron, los ojos del otro estaban verdes tan oscuros y nublados que el Slytherin podía jurar que estaban casi negros.

—Muy bien, Draco. Me convenciste.

Draco abrió los ojos incrédulo, sin creer que finalmente Harry iría a dejar el sadismo de lado, y partir a una acción más directa. Por un momento se preguntó si el Gryffindor no estaría con recelo de tocarlo, de no saber qué hacer. Pero, cuando percibió la destreza con la cual el moreno arrancaba sus pantalones, esa apocada teoría cayó por tierra.

Totalmente desvestido, Harry dejó que el rubio lo admirase por algún momento antes de proseguir, él mismo ya haciéndolo. No se cansaba de reparar en los pequeños detalles que tornaban a Draco una criatura más que deliciosa.

El Slytherin, sin embargo, parecía tener otros planes, ansioso por los nervios. Notó ser analizado, así que resolvió terminar pronto con eso. Por más que necesitara un momento diferente donde pudiese ser querido, no tenía mucha práctica. Las palabras de sus compañeros de Casa quemaban su mente, como si estuviese entre brazas: «¿Quién podría amar a un Slytherin? No necesitamos amor, Draco. Sexo es práctico y necesario. Amor es superfluo.»

Ellos tenían razón. Sexo era práctico y rápido. Sin conexiones. Él podría vivir con eso. Vivió casi toda su vida entera de esa manera.

Abrió los pantalones de Harry en un único movimiento, exponiendo al moreno para su apreciación. Sonrió brevemente viendo que, diferente de él pero no menos sorprendente, el Gryffindor usaba una ropa interior de algodón ajustada a sus piernas, modelándolo a la perfección. Draco sintió su boca salivar delante del volumen que ahí se formaba y mordió los labios para prevenir un gemido que se obstinaba en escapar cuando sus dedos se metían en la prenda del otro, lo acarició lentamente.

Harry gritó, la mano en el pecho de Draco, el corazón disparando con esos toques. Nadie nunca lo había tocado de esa manera, tan íntimo y provocador. Mirar los ojos del Slytherin era como pedir para perderse en un río prohibido, pero no pudo evitarlo. Lo miró cuando el otro pensó en sacar la mano de adentro de su ropa interior, impidió, disfrutando de los dedos paseando por su miembro, tocando ligeramente sus testículos, arañándolo cariñosamente, excitándolo hasta el punto en que no consiguió hacer más nada, a no ser pedir que el rubio parase.

—¿Ya cansado? —preguntó Draco, llevando la mano a su boca, seductoramente pasando el semen que había desprendido del miembro de Harry por los labios, deleitándose con el gusto salado del Gryffindor.

—Maldito, tú no…

—Sin amenazas, Harry. Te necesito, ahora. De una buena vez.

Harry cerró los ojos, sin creer la firmeza de la voz de Draco. Resolvió no pensar más que podría ser, en lo que podría suceder. Ya había sentido la fuerza que venia del Slytherin y perderse en aquel mar rubio y plata era lo que más estaba ansiando en el momento.

Apartó el pantalón opresor de una sola vez, gustando de ver su erección rozar sin pudor en la de Draco, mientras que sus manos aseguraban el rostro del rubio para que sus labios pudiesen besarlos con más firmeza, más deseo.

El Slytherin rodó los ojos y mordió sus labios, descendiendo sus manos por la espalda de Harry, descubriendo pequeñas cicatrices en esa región, probablemente causadas por las vigorosas partidas de Quidditch que el moreno no se cansaba de disputar ni desistir, siendo irritantemente vencedor en todas. Acarició algunas pequeñas marcas, provocando otras, especialmente las más recientes, con sus uñas, arrancando gemidos del moreno. Decidió que ese era un sonido que podría acostumbrarse a oír.

—Detente, si no quieres que te lastime, Malfoy —gruñó Harry, apretando uno de los pezones del rubio para probar que estaba hablando en serio.

—Oh, ¿volvimos a los apellidos, Potter? —Draco devolvió la pregunta, sonriendo, las manos encontrando intencionalmente las nalgas del moreno, que él apretó en su dirección, acariciando, impidiendo al otro decir cualquier cosa.

Harry decidió que la provocación había llegado al fin. Las manos que aseguraban el rostro de Draco descendieron rápidamente para las piernas del rubio, que fueron levantadas calmadamente, sin quebrar nunca el contacto visual con el Slytherin.

Hipnotizado por las reacciones de Draco, Harry sonrió al ver que tragaba en seco, probablemente anticipando tanto cuanto él lo que estaba por venir.

El Gryffindor nunca supo lo que vendría en los siguientes segundos, solo que había colocado los dedos con torpeza en el interior de la boca de Draco y que éste los chupaba con tanta ansia que él se sintió casi llegando al límite del placer con aquel pequeño gesto. En seguida, tal como había visto en una de las películas "prohibidas" que su primo solía mantener escondidas, tocó la entrada del Slytherin con la punta de uno de los dedos humedecidos.

Sintió las paredes de Draco abriéndose por esa pequeña invasión, y tan pronto penetrada, ellas empujaban hacia afuera pareciendo rechazar aquel gesto. Harry se mordió el labio, imaginando como seria estar allí adentro, no con el segundo dedo que acababa de introducir. Quería, anticipaba perderse ahí dentro, presionar por un lugar prohibido y desconocido, ver el rostro del rubio perder la pose aristocrática y ganar un aire salvaje, de quien quería y precisaba ser poseído.

Movió los dedos aún con cierta dificultad dentro de Draco, su brazo siendo apretado algunas veces por las manos del Slytherin, que se contenía por no gritar, los dientes marcando los labios, casi arrancando sangre de ellos.

Fue imprescindible un gesto menos delicado de Harry, casi rozando la rudeza, para que Draco abriese los ojos y gritase, el sonido ni bien saliendo de sus labios y transformándose en un perezoso aullido, seguido de un violento tirón del brazo del Gryffindor.

—Dentro. Ahora. Sin juegos. O te mato, Potter.

Harry lamió sus labios y sonrió, retirando los dedos sin delicadeza de dentro de Draco, disfrutando de oírlo gritar nuevamente. Tomó su propio miembro en una de las manos, las piernas del Slytherin acomodadas en sus hombros, una de ellas casi cayendo y se preguntó si aquello debería ser hecho de esa manera.

Actuó sin pensar cuando tuvo su miembro lubrificado mágicamente por Draco, que tenía la pésima manía de anticiparse a él. Aunque, el rubio había tenido un buen recordatorio y Harry decidió no pensar mucho en eso y continuar en lo que tanto anhelaba.

Nada que ya tuviese leído, escuchado, conocido o experimentado podría compararse con la sensación de estar dentro de Draco Malfoy. Hasta allí dentro el rubio conseguía ser perfecto, cálido, acogedor. Cosas que él nunca imaginaria poder decir de un Slytherin, pero que no había como no pensar.

Estuvieron segundos en esa posición, una de las piernas de Draco sosegada en la cadera de Harry, el rubio visiblemente sonrojado, la lluvia cayendo entre ellos, mojándolos, dejando todo a su alrededor más vivo, más erótico.

Tocó el miembro de Draco con una de sus manos; las uñas corriendo por la vena protuberante de ahí abajo, deleitándose de ver como el rubio simplemente gemía, pero no encontraba sus ojos, tornando aquella experiencia impersonal, no agradable al Gryffindor. Fue preciso que se moviese para que el otro inmediatamente lo mirase, silenciosamente pidiendo para que él no prosiguiese.

Harry continuó masturbando firmemente a Draco, tocando el piercing aleatoriamente con los dedos siempre que podía, descubriendo que eso parecía excitar al Slytherin. Tal vez fuese ese límite de placer que él había mencionado antes.

El Gryffindor constató cuan ridícula era la situación, darle placer a Draco y no conseguir nada a cambio, cuando vio la cantidad generosa de líquido pre seminal saliendo del Slytherin, anunciando que estaba por acabar. Ligeramente irritado, retiró la mano del miembro del rubio y el sonido que salió de sus labios lo hizo sentirse victorioso, por simplemente haber sorprendido al otro.

—También quiero algo de eso, Draco —murmuró Harry, forzándose para fuera del cuerpo del rubio, sintiendo la presión de la expulsión demasiado para ser soportada.

—Muy bien —dijo Draco, para confirmarle a Harry que realmente estaba hablando en serio. Tomó la cadera del moreno y empujándolo hacia él, movía exactamente en el sentido opuesto del Gryffindor.

Gimieron al mismo tiempo, con la fricción húmeda entre los cuerpos, el vaivén lento y desconocido para ambos simplemente resultaba demasiado interesante para ser modificado o imaginado. Harry se forzaba a ir lento dentro del cuerpo de Draco, intentaba encontrar alguna cosa nueva buscando arrancarle una reacción diferente cuando lo tocaba de esa manera.

Y tuvo su recompensa cuando Draco jaló de sus cabellos, con una mirada predadora dentro de los ojos plateados, el mismo mirar de antes cuando le tocaba con sus dedos, un observar que mezclaba redención y pecado, algo que podría admirar para siempre. Resolvió que quería ver aquello por unos minutos más, entonces se mantuvo moviéndose de esa manera, oyendo los murmullos incoherentes del Slytherin como si fuese melodía para sus oídos.

Draco ya no quería ningún otro tipo de sentimiento, peso, reacción o motivos, solo quería estar allí, bajo Harry Potter, siendo tomado de esa manera, amalgama salvaje y cuidadosa. El moreno parecía saber tocar los puntos que causaban más placer, como si ya hubiesen hecho eso por largos meses o años. Era absurdamente irrisorio como sabía hacerlo gemir como una chica y pedir por más.

—Draco, no puedo soportarlo más… —oyó a Harry musitando en sus oído, mordiendo el lóbulo de su oreja como si quisiese traerlo de vuelta a la realidad.

«Ni yo…», pensó Draco, sujetando al Gryffindor por los hombros, haciendo con que lo mirase.

—Tócame, Harry. Tócame y no te contengas más… —pidió Draco, viendo los orbes verdes quemando nuevamente, sonrió sabiendo que el clímax entre ellos era intenso.

Harry besó a Draco velozmente, la lengua serpenteando por toda la extensión de la boca del Slytherin, yendo a parar a su cuello, que era mordido ligeramente en cuanto una de las manos llegaba al miembro del rubio, ya más que estimulado, pronto para acabar.

Draco se revolvía en contra del Gryffindor, como podía, sin querer perder ninguno de los contactos que estaba teniendo, que fuese de la mano, la lengua o del miembro de Harry dentro de él, principalmente éste último. Su cadera danzando erráticamente en la dirección del moreno, orgulloso de sí por estar arrancando los gritos de placer del otro.

Todo sucedió demasiado rápido. En un momento ellos se movían de manera casi imposible, manos, bocas, miembros, piernas entrelazadas, enredadas y bañadas de lluvia, y en el instante siguiente, todo paró en una explosión delante de los ojos de ambos.

Los fuegos artificiales verdes, plateados y negros, que ambos podían jurar haber oído y visto delante de sus ojos, los cegaron por algunos segundos, suficiente para que intentasen guardar los sentimientos que pedían para transbordar en aquel momento. Aun, ni todo era suficientemente imperfecto, ellos tenían que mejorar siempre.

—Como me gustas... —susurró Draco, las manos aferrando a Harry aún más cerca de sí, los dedos enroscados en los cabellos de la nuca del moreno, era posible sentir el aroma del Gryffindor por todos sus poros, imposible olvidarlo, jamás. No importaba cuanto tiempo pasase.

—¿Qué dijiste? —preguntó Harry, el rostro escondido en la curva del cuello de Draco.

—No me hagas repetir —pidió el rubio, removiéndose inconfortablemente bajo el moreno.

Harry percibió el gesto y también se movió, saliendo de adentro de Draco. Arrepentido por el contacto perdido, encontró entonces en una de las manos del Slytherin algo que lo calentase, aunque brevemente.

Dejando el silencio confortable vestirles como una capa protectora, en cuanto la lluvia caía entre ellos de manera fina, apenas manteniéndolos húmedos, nunca para causar alguna disconformidad. Ambos sentían el peso de lo que había sido compartido entre ellos. Toda y cada línea que existía entre ellos, fuese de odio, discordia, venganza y hasta competición, simplemente desaparecía, dando lugar a lo que sentían en ese momento, a lo que habían acabado de descubrir.

Harry parecía estar aceptándolo de manera dividida. Todas las imágenes de Draco a lo largo de los años de Hogwarts, en ese sexto año en especial, colapsaban con lo que había sucedido esa noche, confundiéndolo. El rubio nunca le había dado pruebas de que podría cambiar, que tenía un corazón, que disfrutaría de estar a su lado. No hasta esa noche, donde el caleidoscopio de sentimientos y acontecimientos fuese girado de manera vertiginosa.

Del otro lado, Draco vivenciaba lo mismo, pero más perturbado. No sabía cómo reaccionar, tampoco que decir, si debería apenas levantarse y salir de ahí actuando como si nada hubiese sucedido, manteniendo apenas en la memoria los recuerdos de los toques de Harry, que lo acompañarían a un largo viaje hacia un futuro desconocido.

—Sé que no ibas a matar a Dumbledore —la voz del Gryffindor arrancó toda y cualquier coraje del Slytherin, impidiéndolo de responder, aumentando aún más el deseo de virar su espalda e irse.

Harry caviló haber ido directamente al asunto, aunque no estaba seguro cómo hacerlo sin simplemente tirar esa bomba. Desde que todo terminó, él estaba con ansias de hacer a Draco percibir que él sabía todo.

Al sentir a Draco aflojar la presión en su mano, tuvo certeza de que el rubio pretendía escapar una vez más, solo que él no iba dejar que sucediera. Draco podía, quién sabe, luchar junto a ellos. Tenía la certeza de que había algo bueno escondido debajo de toda esa magnífica mascara de frialdad tan propia de los Malfoy.

—¿Qué esperas que diga? —preguntó Draco, cuando intentó levantarse y Harry lo atrapó para encima de la capa nuevamente. Quedaron intercambiando miradas sin significados por segundos, hasta que el Gryffindor desvió la mirada, pasando la mano por los cabellos mojados. «Tan típicamente Gryffindor», pensó el Slytherin.

—Nada. No tienes que decir nada, Draco.

—Entonces suelta mi mano, necesito irme.

—¿Irte? —preguntó Harry, en voz alta— ¿Hacia dónde? ¿Con quién? ¿De vuelta con los Mortífagos? —estaba irritado, pero ¿quién no estaría?, viendo alguien abandonar una oportunidad de mejorar, de salvarse.

—¡Eso no te incumbe, Potter! —escupió Draco las palabras, levantándose bruscamente, ignorando el martilleo en su pecho que le mostraba estar actuando de manera equivocada.

—¡Claro que sí! —ese parecía un razonamiento tan obvio que Harry tuvo que contener las ganas que tenia de golpear en la cabeza a Draco, haciéndolo entender la obviedad.

—¡No, no es! ¡No porque estuvieses con tu… con esa cosa tuya dentro mío que sabes todo sobre mi vida! ¡No esperes promesas de amor, Potter! ¡Eso no sucederá! —se vistió lo más rápido que las ropas mojadas le permitían, sin mirar a Harry, confiando que ignorar los ojos verdes del otro sería la mejor solución para todo.

—¡Cambiar de tema no solucionará nada! ¡Mírame, Draco, deja de actuar como un niño de 11 años! —gritó Harry, virando al Slytherin para sí. Se observaron por un largo instante y el moreno percibió la verdad en los ojos del otro. Tenía miedo. El rubio simplemente temía por algo.

—¿Qué quieres?

—Que te quedes. Todos saben que tu…

—¡Nadie sabe nada, Harry! Cumpliré con mis obligaciones —Draco enderezo su chaqueta, tomando la varita del suelo en el mismo instante que Harry se apoderó de su pulso.

—¿Obligaciones? ¿Ser ordenado por un lunático asesino? ¡Ese no eres tú! ¡No podrías matar a nadie! ¡Vas a terminar muriendo!

—¿Qué futuro tengo aquí, Potter? ¿Enloqueciste? Los Aurores probablemente van a querer mi cabeza, así que cuentes para todos que planeé todo. ¡Eso, si ya no lo hiciste!

—Yo nunca… —pero no fue capaz de proseguir. Sabía que Draco tenía razón, él mismo ya había contado para sus amigos que Malfoy había tramado todo, que su obsesión estaba correcta, que el Slytherin no era digno de confiar.

—¿Cómo sabes que no iba a matar a Dumbledore? —preguntó Draco, tenía ese intrigante cuestionamiento en su cabeza desde que Harry le había dicho.

—Yo… —el moreno suspiro—. Dumbledore me petrificó, vi todo.

Draco sintió su garganta cerrarse y solamente cuando resultó imposible respirar, se apoyó en el árbol más próximo, con Harry pisándole los talones. No podía creer que el Gryffindor había sido testigo de todas sus palabras, toda su indecisión e indiferencias. Quería morir, o mejor, quería salir rápido de ahí y no mirar más en el rostro del moreno, que ciertamente no lo perdonaría, y muy probablemente usaría sus propias palabras contra él.

Pero lo que encontró en Harry fue exactamente lo opuesto. Comprensión en sus ojos glaucos, la mano gentil sobre sus hombros, el brazo libre reteniéndolo para un abrazo. Suspiró profundamente, dejándose perder por un momento en aquel contacto tan humanamente desconocido para él.

—No puedo quedarme —dijo, mientras su voz se ahogaba por tener los labios posados sobre el hombro de Harry.

—Claro que puedes. La Orden puede protegerte.

—La Orden no protegió a Dumbledore. Nadie puede hacer nada, Harry, ¿no puedes verlo? —preguntó Draco, alejándose del moreno. Las manos ahora sostenían el rostro, enfrentándolo, intentando hacer con que el Gryffindor acreditara en lo absurdo que ni él mismo conseguía.

—Es verdad. Pero podemos solucionar eso si estamos juntos.

Draco sonrió irónicamente. Se preguntó, ¿Dónde estaría el feroz e imponente Gryffindor?, que parecía estar tan dispuesto a dar fin a su vida, que siempre le perseguía, que no dudaba en hacer cualquier cosa para probar que él no era digno de confianza.

—¿Juntos? Eso no es una posibilidad —Draco se alejó. Sabía lo que el futuro le reservaba a Harry Potter y no podía permitirse compartir el mínimo que fuese aquello. No se sentía digno, no importaba cuanto el otro le dijese lo contrario.

—Haz de esta tu posibilidad. Troca tus planes, Draco —pidió Harry, apoderándose de la mano del Slytherin, impidiendo que se alejase aún más. Sentía que estaba perdiendo y no le parecía algo bueno para que sucediera.

—No cambiaré mi posición, Harry. Espero que tú tampoco lo hagas.

—¿Qué demonios ha pasado aquí? No puedo creer que hayas venido aquí para que te jodiera —las palabras de Harry salieron con violencia y angustia, tenía exactamente esa intención. Necesitaba lastimar a Draco para que tal vez desistiera de irse.

Draco se acercó a Harry, unieron frente con frente, sin una gota de emoción en los ojos. No había amor, ni miedo, ni al menos rabia. Había apenas dos orbes plateados.

—Lo que paso aquí fue un atajo. El mejor que tomé en toda mi vida.

Harry sintió sus ojos poniéndose húmedos y quería poder colocar la culpa en la lluvia, que caía nuevamente con fuerza, pero de alguna manera disfrutaba poder demostrar sus sentimientos. Estaba cansado de esconderse.

—Entonces continúa en él.

—Realmente te enamoraste —dijo sonriendo mínimamente.

—¿Y tú, no? —preguntó Harry, acompañando la sonrisa.

—¿Cómo podría evitarlo?

—Entonces quédate.

—No hagas eso de nuevo, Harry. Ya decidimos que…

—Tú decidiste y yo no concorde.

—No pedí tu opinión, Potter —murmuró cansado. Solo quería irse, se sentía patéticamente maleable por los pedidos de Harry, por la confesión no velada que hizo, por saber que si el Gryffindor insistiese él sería capaz de tirar todo por la borda y aceptar la mano que le era extendida, diferente de lo que el moreno había hecho años antes.

Se alejó, sin saber cómo actuar. Debería seguir el mismo camino por el que vino cuando huía de Severus, pero sus pies no parecían querer obedecer a sus órdenes, no hasta aproximarse a Harry nuevamente.

El beso legado fue más delicado que los otros, como si quisiesen guardar memorias, eternizando aquel momento. Fotografías o escritos no serían necesarios en cuanto las bocas pudiesen recordar perfectamente de las formas y gustos, una de la otra.

Se soltaron a regañadientes, Harry pareciendo más sacudido que Draco, no buscando los ojos plateados y el Slytherin quedó agradecido por eso. Le dio la espalda, enderezando su túnica, sabiendo que no había nada más que no fuese el moreno perforando su espalda con la mirada, prendiéndolo allí. Era hora de volver atrás y cambiar de idea, pero simplemente no consiguió. Los pasos, uno tras otro, lentos pero decididos. Cada vez se alejaban más, uno del otro.

—¡Draco! — escuchó la voz de Harry llamando por él, y por un segundo lucubró la posibilidad de ignorarlo, no consiguió, sabía que no conseguiría. Volteó rápidamente y la imagen de un Potter desnudo lo sorprendió de manera excitante.

—¿Qué quieres ahora? —preguntó. No confiaba en el tono de su voz, más ronca y llena de deseo.

Deseo de tocar.

Deseo de besar.

Deseo de quedar.

—Escoge bien tu camino. Cuando nos encontremos nuevamente —dijo Harry, admirablemente controlado, con emociones parecidas a las que mostraba en el inicio de su encuentro con el Slytherin.

—¿Por qué haría eso? —Draco sabía por qué, pero necesitaba oírlo directamente de Harry. Podría llamarle sádico, apenas era cauteloso. No le gustaba ser sorprendido.

—Porque, si estás del lado equivocado, no vacilaré en matarte.

Draco sonrió, satisfecho y un poco aliviado por oír exactamente lo que esperaba.

—No esperaba nada distinto, Harry. Cuídate.

Siguió adelante, sabiendo que los ojos de Harry lo acompañaban. Tuvo la ligera impresión de oír al Gryffindor decir algo, tres palabras que le harían feliz escuchar en otra situación, en otra época, pero aun así no se volteó.

Las dejo que se perdiesen en el viento que comenzaba a soplar, él mismo perdiéndose en la intensa bruma que lo llevaría de vuelta al destino que no podía evitar.

Fin

(por Celly M. 26/04/2006)


Nota de Autora: Sí, llegó el fin! Mi primer final sin ser totalmente romántico, lo admito. Esos dos tienen muchas cosas escondidas en el pasado para simplemente cambiar besos, abrazos y ser felices para siempre. Tal vez haga una secuela, tal vez, dije. ¿Qué piensan? Dependiendo de cómo esa 3º parte sea aceptada, ¡me animaré! ¡Agradezco una vez más por venir hasta aquí y dejar sus comentarios, ustedes son lo máximo, personas! ¡1000 besos estallando!

Nota del Traductor: Si llegaron hasta el final, gracias por acompañar esta preciosa y pequeña historia, por leer, comentar, los favs y follows. Espero que hayan pasado mínimamente un grato momento leyendo. Y gracias a mi amado beta D.M. ;) Nos vemos en la próxima traducción. ¡Sonrisas!