Los personajes de Crepúsculo son propiedad de Steph Meyer ella me los presta para que yo juegue con ellos

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Capítulo beteado por Sarai GN, Beta de EFF

(www facebook com/ groups/ elite. fanfiction)

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Princess of Darkness

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Mi vida era un misterio, no tenía nombres, no tenía padres, no tenía familia. Solo Jane…

Nunca había asistido a una escuela, a cambio de eso recibía clases personalizadas por Aro, un hombre de unos cuarenta años, gordo y calvo que apestaba a queso rancio.

Pasaba los días y las noches encerrada en esta maldita casa. Una casa lúgubre con espesas cortinas negras, sin flores en el jardín ni adornos en épocas navideñas.

Cada vez que le preguntaba a Jane quién era ella en lo patético que yo llamaba vida, ella me decía lo mismo:

—Soy tu tutor.

Sabía perfectamente que Jane no era una buena persona… Bueno, conmigo no era mala, pero tenía extrañas reacciones, sobre todo cuando se acercaba la noche de brujas.

Días antes ella estaba nerviosa, me hacía comer vegetales, tomar tantas vitaminas además de tomar jugos realmente espantosos, según ella para tener más color en mi piel pálida esos días. Comía carne a término medio… medio cruda, y me hacía bañar en esencia de rosas.

De niña siempre me aterró el día de brujas, tan pronto pisaban las cero horas del treinta y uno de octubre sentía que algo se apoderaba de mí, y por más extraño que pareciese, la mañana después se podía ver claramente dos incisiones, las cuales se borraban segundos después que yo abriese los ojos completamente. El día de todos los muertos yo era como un ente sin vida, pasaba casi todo el día en cama en una duermevela intranquila en donde soñaba con un tipo alto de cabellos cobres y ojos profundamente rojos.

—¡Un vampiro! —había dicho Alice cuando le conté—. Un Daemon Salvatore.

—¿Un quién? —le había contestado al escuchar el nombre, que se sentía algo pasado de moda.

—¿Damon? ¿Stephan?, más conocido en el bajo mundo como el vampiro sexy de The Vampire Diaries.

—¿De qué rayos hablas? —pregunté confundida.

—Cierto, se me olvidaba que Hitler no te deja ver televisión ni mucho menos ir al cine —se burló—. Enciende el celular que te regalé para tu cumpleaños, te voy a enviar una foto por pin para que veas esas dos bellezas. Byeeeee —dijo, alargando la e. A los pocos minutos me llegó una imagen del dichoso vampiro… Sin duda era hermoso, pero no tan hermoso como el hombre que irrumpía en mis sueños cada treinta y uno de octubre.

Apagué el aparato y me dejé caer en la cama mirando al techo, el hombre araña vivía en las esquinas de esta casa, estaba quedándome dormida cuando algo hundió mi cama. Salté del susto cuando Carlisle, el gato negro de Alice. Ese gato aparecía y desaparecía como por arte de magia, mi amiga decía que tenía muchas novias regadas en el barrio, así que solo iba a su casa cuando tenía hambre, o a la mía cuando Ali quería algo… como ahora, el gato llegó con un pedazo de papel sujeto a su collar.

Enciende el celular mujer debo contarte algo.

Marie Alice Brandon había llegado a mí sin yo proponérmelo, el ático era el único lugar donde podía sentirme segura mientras estaba en casa, todo era demasiado oscuro debajo, en cambio el ático era mi luz, pero sobre todo era un lugar en donde Jane no ponía un pie. Alice se había mudado a la casa vecina hacía diez años, un día se asomó desde su habitación y me vio en la ventana, hemos sido amigas desde entonces.

Enseñó a su primer gato, Marcus, a traer mensajes, pero era bastante pesado. Misteriosamente un treinta y uno de octubre Marcus apareció muerto.

Así que sin poder comunicarnos, inventamos lo que solo un par de niñas podía hacer… un par de vasos desechables y un hilo. Eso fue hasta que el papá de Alice le compró uno de esos celulares bonitos y costosos, que yo nunca iba a poder tener porque Jane desaprobaba la tecnología diciendo que eso embrutecía. Sabía que nosotros no teníamos problemas económicos, pero la respuesta de Jane había sido un no rotundo cuando se lo pedí.

Alice, astuta como era, le había mentido a su padre diciendo que su bonito celular se había dañado y me lo había enviado en una de las extrañas pero oportunas apariciones de Carlisle hacía cuatro años atrás, yo no tenía dinero pero me las arreglaba para enviarle algo a Alice para cancelar el plan de minutos. Ahora teníamos un cordón casi invisible, pero que usábamos para enviarnos cosas cuando Carlisle no podía servirnos de gato mensajero.

Encendí el celular colocándole volumen, a sabiendas que era víspera del día de brujas y Jane salía a hacer diligencias importantísimas.

El teléfono no demoró mucho en sonar.

¿Cómo estás? Vi a Hitler salir —dijo en cuanto contesté.

—¿Cómo crees que estoy, Alice Brandon? Asustada hasta el tuétano, ¿vas a estar conmigo?

Este… —dudó.

—¿Este? Alice, eres mi única amiga, lo prometiste.

Emmett Cullen me invitó a la fiesta de máscaras de la escuela, solo serán dos horas, Bells. —Bella, ese era el nombre que Alice me había dado, ya que según ella yo era hermosa.

—Alice, de verdad te necesito.

Llevo tres años esperando que ese espécimen masculino me mire. —Mi amiga hizo sonidos lastimeros—. Te juro que a las ocho de la noche estaré contigo.

Acaricié distraídamente las dos incisiones de mi muñeca, no podían verse, pero yo sabía perfectamente dónde estaban, siempre empezaban a picar cuando esta fecha se acercaba.

Vamos, nena, por favor… —rogó mi amiga, y aunque estaba muerta de miedo, no podía negarle que estuviese con ese chico que a ella tanto le gustaba.

—¿Me prometes que estarás conmigo para el cierre de la noche de Hallowen?

Te lo juro como que me llamo Mary Alice Brandon —afirmó, pagada de sí misma—. ¿Sigues teniendo ese sueño?

—Sí —respondí secamente. Estas últimas semanas ese sueño se repetía constantemente. Era el chico de ojos rojos y cabello cobre, que era tan hermoso que dolía, su mano empezaba acariciando mi vientre hasta llegar a la división de mis pechos, interrumpiendo allí sus movimientos durante un momento y luego avanzando hasta que sus dedos tocaban mi cuello, deteniéndose en un punto fijo en donde sabía estaban las incisiones.

«Pronto… dieciocho años, seis mil quinientos setenta y ocho malditos días y por fin ha llegado el momento, se acabará todo… Sabremos si la leyenda será cierta y tú serás mi juguete favorito por el resto de mi eternidad.» Su voz sonaba dos octavas más baja, más sexy y profunda que cualquiera que hubiese escuchado antes, si bien no tenía mucha vida social, estaban los sirvientes y Aro.

Tierra llamando a Bellalandia —gritó Alice.

—Mmm —fue todo lo que respondí.

¿Ya tienes todo lo que necesitamos tener?

—Me hace falta el crucifijo —murmuré—, lo demás lo conseguí entre las cosas de Jane y la cocina.

Ok, repasemos la lista. ¿Cuchillos?

—Sí.

¿Ajo?

—Sí.

¿Espejos?

—No sé para qué diablos quieres espejos, pero sí, también conseguí uno.

Es que vi Sombras Tenebrosas, Johnny Depp se cepilla los dientes, y no se ve su reflejo, solo el cepillo, es chistosísimo. —Soltó la carcajada ella sola, no tenía ni idea quién era ese tal Johnny Depp.

—No creo que Ojos Rojos quiera cepillarse los dientes. —Ojos rojos, así llamaba al hombre de mis sueños.

Lo sé, pero saldremos de dudas sobre si es un vampiro —aseguró Alice—. ¿Cuerdas?

—Sí, conseguí las cuerdas.

Ya tengo mi traje negro y mi pasamontañas.

—Alice, por favor, debes estar aquí a las ocho —rogué muerta de miedo.

Ya te lo prometí, amiga, allí estaré. ¿Tienes la estaca?

—Tengo una. ¿Conseguiste el agua bendita?

La robé de la pila bautismal, ¿será que tiene el mismo efecto? —No sabía si el Dios al que ella le rezaba podría ayudarnos si robábamos su agua.

—Debe tenerlo.

¡Mierda, Hitler! Apaga el celular y nos vemos mañana, cambio y fuera.

—Alice —chillé—, recuerda que no tengo el crucifijo.

Sip, yo llevaré el de mamá. Te quiero Belly Bells —colgó.

—Niña… —La voz de Jane me hizo saltar—. ¡Estoy aquí, baja enseguida!

Suspiré y bajé las escaleras. Tan pronto estuve frente a ella, inspeccionó mis párpados y me dio un par de pastillas.

—¿Qué son?

—Tómatelas y no preguntes —ordenó con fastidio—. Mañana debo ir a Forks de viaje, la casa estará sola y más te vale no meter a nadie.

—No conozco a nadie —contradije, rodando los ojos.

—No soy estúpida, niña, y por el bien de tu amiguita más te vale que no le dé por conocer esta casa luego de diez años.

—Si te refieres a Alice, estará en la fiesta de su escuela.

—Yo no dije ningún nombre. —¡Triplemente mierda! Jane enarcó una de sus perfectas cejas rubias y murmuró algo bajo su aliento—. Si saben lo que les conviene, más te vale que estés sola en tu maldito ático mañana. Ahora vamos a comer.

Miré mi plato con aprensión, hacía más de doce días que esto era todo lo que comía, rodajas de remolacha e hígado de vaca a medio cocinar, era simplemente asqueroso, y un gran vaso de jugo de un extraño fruto.

Después de comer, volé a mi cuarto quitando de mi boca el sabor desagradable del hígado medio cocido. Carlisle movía su cola sobre mi mesa con una suculenta barra de Snickers.

Dos horas después

Escuché un silbido bajo mi ventana.

Miré a Alice vestida completamente de negro, bajé la cuerda y ella subió hasta mi ventana.

Alice había tomado clases para escalar montañas, y era muy buena en muchas cosas.

—Vi a Hitler salir, ¿a dónde demonios va a esta hora?

—No sé ni me importa, me dio a entender que ella sabe cada vez que te quedas conmigo. ¿Trajiste todo?

Bajó su mochila y sacó una botella de agua, dos cadenas de bolitas, ella dijo que eran rosarios, el crucifijo y un libro negro.

—Mamá siempre dice que entre más ayuda, mejor —explicó cuándo me quedé mirando el libro—. Es una biblia, Bella. —Me la pasó, observé las primeras páginas; una vez Aro intentó darme catecismo y Jane casi lo mata—. ¿Nunca habías visto una? —Negué—. Dicen que allí está todo lo que Dios quiere que hagamos. —Me pasó una cadena de rosario y se colocó ella uno también; luego trituramos el ajo y lo esparcimos en las cuatro puntas de mi cama, y el crucifijo en la pared sobre ésta, colocó la estaca en mi mesa de noche y los cuchillos debajo de mi almohada en forma de cruz.

—¿Crees que todo esto funcionará? —pregunté, viendo como colocaba el espejo en la pared frente a mi cama.

—Bueno, si es un demonio sí, si es un vampiro… los vampiros no existen Bells, así que yo supongo que es un demonio —su voz fue tenebrosa.

—No es gracioso que te burles de mí.

—No me burlo, es solo que tienes una imaginación muy vívida.

—Si no me crees ¿qué haces aquí?

—Te cuido y te apoyo, soy una amiga… ahhhh —bostezó—. Creo que debemos ir a la cama.

—¡Nos quedaremos dormidas!

—Ya es pasada la media noche…

—Oficialmente ya es día de brujas —susurré, pasando mi mano por mis brazos.

—Hagamos algo, yo dormiré primero hasta las dos y luego tú dormirás después.

Así estuvimos toda la noche, pero ni rastros del misterioso demonio, vampiro o lo que sea que se aparece en estas fechas. Tal como Jane lo previó, la casa estuvo sola, dejó para cenar lo mismo de ayer pero lo deseché, por lo que Alice y yo comimos barras de chocolate. El día casi había pasado y hasta ahora nada sucedía.

—¿Cómo me veo? —inquirió Alice, mostrándome su disfraz.

—Preciosa… prométeme que estarás aquí a la hora.

—Lo juro.

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Hacía dos horas que Alice se había ido y aún no llegaba, el cielo se oscureció anunciando una tormenta, ya ni los niños se encontraban pidiendo golosinas en las calles.

Encendí el celular pero no tenía señal.

—Alice, por favor —susurré, aferrándome al rosario que colgaba de mi cuello cuando un viento helado me hizo estremecer… fue entonces cuando lo sentí.

El olor a azufre, el frío en cada parte de mi cuerpo, y esos dos ojos rojos como el rubí mirándome con hambre…

Estaba perdida.

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ohhhh llego el visitante anual...Pobre Bells! lamento haberme demorado chicas pero no estaba en casa y sin compu.

Gracias por leer, nos vemos la otra semana con el ultimo capi de este minific.