Bueno lamento mucho la tardanza...Aquí un capi doble, en unos segundos pondré en 4! Espero Reviews!

Gracias por leer!


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¿Nunca has sentido como si el corazón se te fuese a salir del pecho?, como si sintieses la necesidad de taparte la boca ya que—Aunque sea imposible—Crees que en algún que otro momento este se va a escapar de la caja torácica y no sabes que te matará antes, estos nervios o el no tener el órgano más importante de todo tu cuerpo.—Qu...é...—Se aclara la garganta—¿Qué quieres?—A ti.
—Yo...Castle...—Coge aire. Vamos Kate—Me gustaría hablar contigo.

Lo sabía. Sabía que en algún momento ocurriría, aún así no estaba preparado para responder a esa pregunta, al menos por ahora, podría poner cualquier escusa, bueno, en eso se basaba su vida, en inventar historias—Y en sufrir por amor—Ni si quiera sabía quién era.
—Castle...—Pidió Kate, haciendo uso de todo su orgullo y valentía.
—Kate.—Kate.—Yo...
—Podemos solo...quedar para comer...—Como amigos.—Aclara, tirándose una jarra de agua por encima a si misma.
—Lo siento—Más agua—He quedado con mi madre y con Alexis.
—¿Cenar?
—También tengo planes...¿Mañana?
La detective asiente, no muy convencida.—Mañana—Le parafrasea aún con la cabeza agachas.

Una puerta se abre, otra se cierra. Beckett se deja caer en el suelo, deslizando la espalda por la puerta de madera blanca. No sabe si reír o llorar. Tampoco ha ido tan mal, ¿No?, aunque aún sigue en vilo, tiene planes. ¡Planes! Y digamos que no le ha informado de ellos como ha hecho con Alexis y su madre.
—Allison—Su nombre—El que ya se ha aprendido— Sale de sus labios en un hilo de voz, en el que se pueden discernir pequeños atisbos de rabia y tristeza.

Vuelve a derrumbarse. ¿Dejará su cerebro de recordarle sus errores algún día?

—Me ha dicho que hablemos—Castle admite, con voz rota, mirando a su madre con impotencia.

Desde siempre ha sido su confidente, hasta incluso su mejor amiga—A parte de una pequeña parte de Beckett, en un pasado ahora algo lejano—. Sabe hasta sus más ocultas desgracias y su más destapados placeres, pero, no hay nadie capaz de comprender su dolor.

—¿Y tú que le has dicho?—Cotillea Martha. Algo tan habitual en ella a lo que ya se ha acostumbrado, de tal manera que si le faltase, otro pequeño hueco de su vida quedaría vacío.
—Pues...Que le voy a decir...—Hace una pausa—Que tenía planes...—La pelirroja suspira, cerrando los ojos por un momento.
—Pero he quedado con ella mañana—El mar azul sale a la escena otra vez. Lo mira sorprendida, tratando que ese deseo de curvar sus labios hacia arriba cese en su interior.
—Y...¿Qué vas a decirle?—Ni siquiera había pensado en ello, se lleva las manos a la cabeza, hace una leve mueca y se encoje de hombros.
—No lo sé madre, no lo sé.

Y se encierra en su despacho, por una vez más en aquel tortuoso año en el que, ha visto el dolor de su hijo en primera fila, la actriz se pregunta. ¿Dónde está el inmaduro de su hijo?

No puede borrar esa estúpida sonrisa de su cara mientras que su novio.—Ahora prometido—La abraza por detrás. Observando su nueva casa como dos adolescentes que empiezan a vivir juntos.
Ella se gira y enreda sus brazo alrededor de su cuello, frente contra frente. No hacen falta palabras para decirse mutuamente lo que sienten, ambos lo desprenden como ambientadores de buena calidad por toda la sala. Todo sitio a donde van.

No es difícil adivinar que están enamorados.

—Es perfecto—Le dice ella, para después devorar sus labios con ansia y enredar sus piernas al rededor de la cintura del escritor. —Te quiero—Vuelve a besarle.

—Y yo a ti.—Le corresponde él mientras la deja encima de la encimera.
—¿Sabes?, Tengo una idea para estrenar nuevo hogar...—Rick arquea una ceja y como toda respuesta ella se muerde el labio haciéndole comprender sus intenciones.

Esa mujer le vuelve loco, tanto su físico como su forma de pensar, la de ser. Todo en ella le impresiona. Incluso ahora, a pesar de haberla visto desnuda centenares de veces, de haber besado el rincón más oculto de su piel, su intriga por descubrirla sigue intacta, el cosquilleo en su estómago no cesa e el amor hacia ella sigue ahí incondicionalmente.

—Tengo dos preguntas para ti...—El escritor sonrió mientras enredaba algún que otro fideo en los palillos chinos.
—Dispara—Respondió Allie, mirando divertida al escritor.
—Uno-Enumeró—¿Por qué te hiciste poli?

La rubia soltó un leve suspiro y se mordió el labio inferior con fuerza, sabía que en algún que otro momento tendría que contestar esa pregunta.
—¿Y la dos?—Trató de escabullirse.
—Vayamos por partes—Rick percibió el nerviosismo de su compañera y le dedicó una mirada de compasión.
—Ey, si no quieres hablar de ello...Podemos pasar directamente a la dos...—O descartar ambas—Se
apresuró a decir.

Ella negó exageradamente con la cabeza, cogiendo una bocanada de aire antes de empezar a hablar.
—Cuando...—Empezó a hablar sintiendo como se le quebraba la voz—Crecí en Rosewood, y cuando estaba en el instituto empecé a salir con un chico, fue mi primer amor, y sentía que era el amor de mi vida—Allie rió nerviosa, tomándose unos segundos para continuar, ahora venía la peor parte—Pero un día desapareció. Así, sin más. Cinco meses más tarde encontraron su cuerpo, en mitad del bosque. Y cuando encontraron al asesino no hicieron nada, lo dejaron en libertad con cargos porque según ellos no tenían suficientes pruebas para acusarlo—Desde ese día me propuse que nadie se quedaría sin descansar en paz por un par de polis corruptos—Rick limpió las lágrimas que habían empezado a correr por las mejillas de la rubia y acto seguido ella pasó su antebrazo por sus emborronados ojos.

—¿Y la otra pregunta?—Allie le miró por unos segundos, cruzando sus ojos con los del escritor para después desviar su mirada al suelo de parqué, centrando su atención en sus pies descalzos, sintiendo como su visión volvía a entorpecerse.

Y como toda respuesta, el escritor la abrazó apretándola contra su cuerpo mientras negaba con la cabeza—Es tarde descansa—Ya había tenido suficiente por hoy.

Durante ese año el hecho de pasar la mitad de su tiempo junto a ella había hecho que en el interior del escritor despertaran sentimientos, pero no esa clase de sentimientos, ya que ella tan solo tenía 26 y el ya había cumplido unos 43 bien conservados. Quería a Allie, como una amiga en incluso como su hermana pequeña, había estado ahí en sus horas bajas, y si hubiese rechazado la oferta de Gates, seguramente él ahora mismo estaría en algún lugar más remoto del mundo, de fiesta en fiesta, tratando de ahogar sus penas.

Pero aún así la pregunta número dos seguía revoloteando por su cabeza. ¿Por qué había pedido que fuese su compañero?

Una luz cegadora le hizo abrir los párpados rápidamente, pero en un auto reflejo volvió a cerrarlos cuando a penas habían pasado dos segundos de su brusco despertar. Cuando sus párpados se relajaron un poco, miró el entorno en el que se encontraba, algo desconcertado ya que no estaba en su casa y mucho menos en su dormitorio.

Entonces cayó en la cuenta y algo más relajado estiró sus músculos, haciendo que estos emitiesen algún que otro sonido, avisándole de que no era muy bueno eso de dormir en el sofá. Un pequeño papel amarillo sobre una bandeja con un café y un bollo llamó su atención. ¡Allie, claro! Enseguida lo tomó entre sus manos y lo leyó en voz alta:

¡Buenos días dormilón! Estoy segura de que si estás leyendo esto es porque ya te has despertado y habrás podido comprobar que no estoy, me he ido a la comisaría tranquilo, no hay ningún caso, solo montañas de papeleo y como sé que eso no te interesa he decidido no despertarte, ¡Ahí tienes el desayuno! Si hay algo interesante te llamaré.

Firmado ±Allie±

Rick sonrío inconscientemente mientras se bebía el café y terminaba de meterse el último bocado de bollo en la boca.