Los personajes y todo lo relacionado con Los Juegos del Hambre pertenecen a Suzanne Collins


POV Katniss

Odio los lunes, me parece un día lento y monótono, un día que no presenta muchas esperanzas. Pero hoy es un lunes distinto con un nuevo gran desafío, empezare a trabajar en la panadería. Camino por las callejuelas embarradas de la Veta hacia la escuela, cada mañana está más fría. La manita de mi hermana se siente helada entrelazada con la mía. A mitad de camino nos encontramos con Gale y su hermano Rory. Rápidamente ellos se ponen a caminar adelante jugando entre ellos, Gale se pone a caminar a mi lado.

- Supe que encontraste trabajo en la panadería – dice Gale aunque no me mira. Hace días que no me mira a los ojos.

- Sí estoy contenta. Hoy comienzo – no puedo evitar sonreír, estoy más que contenta, estoy feliz y entusiasmada.

- Ojala el panadero sea un buen patrón.

- Lo conoces Gale. Es un hombre honorable – me exaspera que dude de él, porque siempre que fuimos a ofrecerle una presa nos dio una cantidad muy generosa de pan a cambio.

- Lo sé. Pero sus hijos tienen fama de mujeriegos – Gale patea fuerte una piedra, pasa su mano nerviosa por su cabello – si pasa algo Katniss, te tratan mal o se pasan de listos, me dices ¿ya? – por fin me mira, me sujeta de los hombros para que deje de caminar.

- Tú no tienes por qué cuidar de mi ¿acaso crees que no se me cuidar solita?

- ¿sin un arco y una flecha en tus manos? Lo dudo – responde con ironía.

- ¡Hey!

- ¡Prométemelo Katniss!

- ¡Está bien! – resoplo frustrada, sé que Gale tiene las mejores intenciones, pero a veces siento que se toma demasiadas molestias. Además yo flacucha y pálida nunca he atraído las atenciones de ningún chico.

La escuela es el segundo edificio más grande del Distrito 12 después del Edificio de Justicia, gris y polvoriento no es uno de los paisajes más lindos. A mí no me gusta mucho ir a la escuela, la educación se centra en la extracción del carbón y sus propiedades, de la historia de nuestro país: Panem y de todas las cosas buenas que el Capitolio hace por nosotros. Por lo general paso el día viendo la ventana y tratando de captar las ideas principales para poder aprobar el año.

Soy una de las primeras en llegar a la sala y de a poco van llegando el resto de mis compañeros. Desde el segundo piso de la escuela puedo ver el bosque y me abstraigo pensando si hoy hubiera tenido una buena caza, quizás sí, el día esta precioso a pesar del frio. La conversación de las cotorras de siempre me saca de mis pensamientos.

- ¿y cómo es Hawthorne en la cama? – pregunta la cotorra en jefe Delly a la hija del carnicero.

- Bueno no estábamos precisamente en una cama – todas estallan en risas – ¡pero me llevo a las estrellas! - más risas.

- ¡oh ojala mi Peeta sea igual de bueno en la cama! - ¡¿Qué?! Grito en mi cabeza.

- ¡¿Qué?! – todas las risas cesan de golpe. Peeta Mellark está en la puerta del salón y ha escuchado a Delly, su rostro carmesí demuestra su vergüenza, pero él tiene una buena popularidad dentro de la escuela así que nadie se burla de él. Ni siquiera a sus espaldas. Soy completamente ajena a la escena hasta que veo como Peeta se dirige a mí.

- ¡Buenos días Katniss! – me saluda con un tono amable.

- Buenos días – respondo tímida, nunca había hablado con el hijo del panadero.

- Mi padre dice que si no alcanzas a pasar a tu casa antes de entrar a trabajar, puedes llegar un poco más tarde.

- Gracias - le sonrió en gratitud y veo como su rostro vuelve a ponerse rojo. Lo que me dice Peeta me parece un gesto gigante de amabilidad por parte del panadero – No te preocupes yo creo que alcanzare.

- Bueno pero ya sabes por si acaso – ambos quedamos en silencio, ya que el tema de conversación se ha acabado, aun así ninguno de los dos dice adiós. Me doy cuenta de que todos en el salón nos escuchan con atención y murmuran a nuestras espaldas. Peeta también se da cuenta y eso lo espabila.

- Nos vemos en la tarde Katniss.

- Nos vemos en la tarde – veo como camina directo a su asiento y empieza a conversar con su compañero de banco.

De los hermanos Mellark solo conozco a Peeta, hemos sido compañeros desde el jardín y aunque nunca hemos hablado con el hasta hoy, sé que la advertencia de Gale no tiene sentido con Peeta, él siempre se ha demostrado amable y respetuoso, reservado y no se deja llevar por los rumores. Además si fuera un mujeriego ya habría estado con más de alguna chica y la verdad es que yo nunca he sabido de ninguna, por eso me asombro la declaración tan pública que hizo Delly. Parece que Peeta también se asombró.

Además un hombre de tan mala calaña como dice Gale, jamás hubiera tenido un gesto tan humano como lo tuvo Peeta con una pobre chica de la Veta. Cuando me lanzo los panes, me estaba muriendo de hambre, el me salvo a mí y a mi familia y nunca he juntado el valor para darle las gracias, ahora su padre me da un segundo gesto de enorme amabilidad al darme el trabajo, es por eso que al panadero y a su hijo los respeto.

- ¡Buenos días Katniss!- Madge la hija del alcalde es la única a quien podría considerar mi amiga, para ser la hija de la máxima autoridad aquí en el Distrito es muy humilde y reservada.

- ¡Buenos días Madge!

- ¡felicitaciones! Supe que tienes trabajo – Madge es hermosa, rubia, piel de porcelana, ojos azules todo adornado con una linda sonrisa genuina – te deseo toda la suerte.

- Gracias – le sonrío de vuelta.

El profesor entra a la sala y por fin todos guardan silencio, yo simplemente me abstraigo de todo y miro por la ventana.

POV Peeta

El profesor ha comenzado la clase, pero no lo escucho. Solo el fuerte latido de mi corazón, trato de normalizar mi respiración y bajar la adrenalina. En la mañana cuando mi padre me dijo el recado para Katniss, sé que lo hizo con la intención de que yo le pudiera hablar. Jamás pensé que Delly estaría gritando a los cuatro vientos semejante calamidad, estaba casi todo el curso, incluida Katniss. Quizás ahora que pensara de mí. Tengo que buscar la manera de aclarar las cosas con Delly, ella ya está agarrando demasiado vuelo.

Ya a la hora de almuerzo me reúno con mis compañeros más cercanos para ocupar un mesón, Delly también se nos une y se las arregla para quedar sentada al lado mío. Todos están ocupados en comer o en sus propias conversaciones así que decido hablar con Delly.

- ¿Cómo se te ocurre comentar semejante cosa delante de todos? – no puedo evitar ponerme rojo al recordar la vergüenza del momento.

- ¡Peeta relájate! Tarde o temprano llegaremos a eso – responde Delly de los más relajada – es normal en una pareja.

- ¡Nosotros no somos parejas! – ella me mira atónita con sus grandes ojos verdes, de seguro no se esperaba esto en sus planes.

- Eso es lo que nuestros padres esperan de nosotros – sentencia Delly después de recuperar la compostura.

- Tú lo dijiste, nuestros padres, no yo – su rostro se va volviendo rojo demostrando su vergüenza y rabia.

- Cuando te atrevas a decirle eso a tu madre te creeré – me sonríe triunfante, porque sabe que fue un golpe bajo. Estoy a punto de responderle que ni ella ni nadie me obligara a casarme con quien no quiero cuando escucho un golpe.

El comedor se queda en silencio y todos nos guiamos al origen del sonido, entonces la veo. Katniss aún tiene estirada la mano con la que abofeteo a Gale Hawthorne y este se soba su mejilla con una mano. Su rostro inexpresivo, se nota que el acto de ella lo ha dejado de una pieza y cuando Katniss se da cuenta de que todos la miran, da media vuelta y sale corriendo del comedor.

- Debe estar celosa porque él la engaño con Jimena – dice Delly a mi lado y las demás chicas estallan en risas, yo solo me quedo mirando como su trenza se mece de un lado al otro mientras corre hasta que se pierde detrás de una puerta.

POV Katniss

Me odio, por no poder soportar el llanto mientras camino con mi patito a mi lado, ella ya me ha preguntado tres veces que me pasa y las tres veces le he respondido "nada". Pero lagrimas traidoras corren por mis mejillas, pero no es tristeza, es rabia. Rabia porque Gale escucha todo lo que dicen sobre nosotros y no desmiente nada, porque todos piensan lo peor de mí y con su silencio les da la razón. Se merecía ese golpe, aunque me doliera dárselo.

- ¡Katniss! – Grita Prim, dejando de caminar exasperada por mi comportamiento – ¡¿Qué te pasa?!

- Prim si no me apuro llegare tarde a la panadería – aun así mi patito no mostraba interés en moverse – después te cuento – me rindo.

Ya antes de llegar a la casa dejo de llorar, mi madre igual me pregunto qué me pasaba al ver mi ojos rojos, nuevamente respondí "nada" me cambio ropa y decido ponerme mis únicos jeans y una blusa escocesa de colores azules. Me vuelvo a trenzar el cabello hacia un lado procurando que mi rostro quede completamente despejado. Miro la hora, ya es tiempo de partir.

- Nos vemos a la noche mamá – me despido, pero ella se acerca a mí y se saca una horquilla de su cabello para fijar una mecha traicionera que me caía por la frente – Gracias – le digo tímida.

- Hija sea lo que sea que te preocupa. Animo - ¿desde cuándo mi mamá le dio por ser tan observadora?

- Bueno – y antes de desmoronarme frente a ella salgo corriendo de la casa.

Cruzo la puerta de la tienda aun acelerada por la carrera, hiperventilo y mi corazón golpea fuerte mi pecho. En el mostrador está el panadero, Peeta y la otra chica que contrataron, Lucia. La conozco ya que vive a dos calles de mí en la Veta. Vuelve a sonar la campanilla de la puerta y veo entrar a otro joven, es alto y tiene la edad de Gale, espalda ancha, cabello negro. Tiene un ojo gris y el otro negro. Lo conozco se llama Cristian y lo he visto un par de veces con Gale. Sé que son amigos.

- ¡Katniss! ¡Cristian! Que gustos verlos aquí – nos da la bienvenida el panadero con una gran sonrisa, veo de reojo que Peeta también sonríe.

- Buenas tardes señor Mellark – saludo.

- Buenas tardes patrón – saluda también Cristian.

- Primero que todo les presento a Lucia, ella cubrirá el turno de la mañana en la tienda – Cristian y yo nos acercamos y ambos le tendemos la mano – Lucia. Ellos son Katniss y Cristian – le dice el panadero a ella. Luego se gira hacia Peeta.

- Les presento a mi hijo menor. Peeta – Cristian se acerca a él y le estrecha la mano, acompañado con un "buenas tardes joven Mellark". Me siento extrañamente nerviosa, en mi mente él siempre ha sido el hijo del panadero o Peeta, solo Peeta. Pero ahora es el hijo de mi patrón así que decido copiar el saludo de Cristian.

- Buenas tardes joven Mellark – le tiendo la mano y el me la estrecha. Su mano es consistente y cálida e incluso siento que me la aprieta mientras me mira a los ojos, como para darme ánimo. Aunque quizás es solo una idea mía.

El panadero nos indica que lo sigamos a través de un pasillo, Peeta y Lucia se quedan en la tienda. Entramos en una gran sala donde dos jóvenes preparan masas uno es el chico que anoto mi nombre en las entrevistas, el señor Mellark los presenta como sus hijos. Alex y Daniel. Nos volvimos a saludar con el mismo protocolo empleado con Peeta, pero cuando estrecho la mano de Alex él dice demasiado alto como para ignorarlo.

- Es un placer conocerte guapa – y su mirada de matador de quinta casi me hace reír. Casi.

- Yo no soy tu guapa – y si las miradas mataran el simplemente tendría una flecha en el pecho. Aun así él me sonríe con suficiencia.

- ¡Alex compórtate! – el panadero llama su atención y solo eso bastó para que volviera su atención a la masa. Anotación mental numero 1: Alex es de cuidado. Anotación mental numero 2: cerca del patrón estoy a salvo.

En la sala contigua están los hornos, hace un calor de mil demonios. Hay 6 muebles gigantes de metal donde el panadero le va explicando a Cristian que se meten las bandejas con pan, es capaz de contener 10 bandejas a la vez. En medio de la sala hay un gran mesón y también alrededor hay repisas donde se colocan las bandejas a enfriar después de salir de los hornos.

La última habitación es la bodega, llena de quintales de harina apiladas en el fondo y en la pared contraria una estantería llena de levadura, azúcar, sal, frutos secos y de más. No puedo evitar quedar boquiabierta, jamás había visto tanta abundancia.

- Esto chicos es el baño, será solo para uso de ustedes así que también pueden dejar sus cosas aquí – nos extiende dos cositas blancas dobladas – son sus mandiles, les pido que lo usen siempre y veo Katniss que te ataste bien el pelo, sigue así. Así que arréglense y nos vemos en 5 minutos. Cristian ve con Alex a la cocina y tu Katniss a la tienda, nos vemos ahí.

En el baño hay un pequeño mueble, Cristian y yo dejamos nuestros abrigos, el mandil me llega casi a los tobillos y tuve que darle doble vuelta a las amarras. Dios estoy demasiado delgada. Ayudo a Cristian con su mandil ya que batalla con las amarras. Cuando estamos listos él me dice.

- Suerte Katniss – Cristian me sonríe ampliamente, no puedo evitar sonrojarme un poco.

- Suerte Cristian – le respondo sonriendo – y trata de no incendiar la cocina – suelta una carcajada.

- Lo tendré en cuenta Katniss.

Nos separamos, Cristian a la cocina y yo vuelvo a la tienda. El señor Mellark esta solo atendiendo la tienda, pero solo hay dos personas. Todo en la habitación es de madera oscura, los mostradores forman una U, algunos tienen vidrio para mostrar los pasteles y panecillos a la venta y contra la pared hay estantes con canastos llenos de pan. Las vitrinas que dan a la calle se muestran dos hermosos pasteles, uno blanco de cuatro pisos, lo más probable que sea una torta de novios y la otra tiene adornos de color rosa y escrito en el mismo color "Feliz cumpleaños" Cuando el patrón termina de atender al último cliente, me comenta.

- Peeta es quien se encarga de los pasteles.

- Son hermosos. A mi hermana les encanta – el patrón sonríe satisfecho, camina hacia el otro lado de la U, yo lo sigo. En el techo hay un letrero colgando que dice "Subsidio del Pan"

- Hoy te encargaras de entregar el pan del subsidio. Me imagino que ya sabes cómo funciona, un vale por un pan. – me muestra un cajón bajo el mostrador – aquí ve guardando los vales, para poder cuadrar a la noche – me muestra a un lado las bolsas de papel – aquí hay bolsas para que eches el pan, aunque hay gente que trae sus propias bolsas – se gira para mostrarme una lavamanos en un rincón – lávate las manos por favor y nunca toques el pan, usa las pinzas que está en la canasta – me dirijo hacia el lavamanos – yo estaré un rato contigo, luego vendrá mi mujer.

Al escuchar la última frase todo mi cuerpo se tensa, tengo que reconocer que le tengo miedo, más que nada miedo a que ella me despida. Me lavo las manos con fuerza tratando de eliminar mis inseguridades, colgando de la pared hay una pequeña toallita para secarme. El patrón se ha colocado al otro lado de la U y sobre él hay un letrero que dice "Venta de Pan" Me consuela saber de qué aun no tendré que manejar dinero, el panadero quiere que valla paso a paso aprendiendo las distintas tareas. Tras de mi puesto hay tres canastas llenas de pan, sustanciosos y calientes. Con pasas y nueces.

El primer cliente de mi lado es una mujer de edad que vive con su hija viuda y su pequeño nieto, por consiguiente trae tres vales. También trae su propia bolsa de género, para que el pan no transpire por el calor. Cojo sus tres vales, los guardo en el cajón. Luego le pido la bolsa de género y con la ayuda de las pinzas de la canasta tomo los tres panes y se los entrego en su bolsa. La señora se despide con un "Gracias niña" y se va. Cuando términos veo que el panadero me observa con una gran sonrisa. Siento como si hubiera pasado la primera prueba y me permito relajar los hombros.

El señor Mellark también empieza a atender gente que llega a comprar sus productos, todos amigos comerciantes con los que se queda conversando durante unos minutos, si no son Agentes de la Paz que puedan permitírselo. Incluso aparece el Alcalde acompañado con Magde, ella me sonríe y me eleva sus pulgares dándome ánimo. A la hora de la cena la panadería se llena, sobre todo mi lado donde la fila sale de la tienda, me pone nerviosa no ver el final de la fila, pero me obligo a mantener la calma y concentrarme en la atención, no quiero que se pierda ni un vale o equivocarme en contar el pan. Rápidamente mis canastas se van vaciando, pero cada cierto rato aparece Cristian con una nueva canasta llena y llevándose la vacía. Con tanta actividad ni me di cuenta como callo la noche y ya era hora de cerrar. Me relajo al darme cuenta que la señora Mellark no apareció nunca.

- ¿y que te pareció el día Katniss? – me pregunta el panadero acercándose a mi lado del mostrador.

- Muy movido. La tarde se me paso volando – no puedo dejar de sonreír porque todo salió bien.

- Bueno solo falta contar los vales y estarías lista.

Saco los vales del cajón y empiezo a contar, apilándolos de cien cada paquete. El señor Mellark me ayuda, me trae lana para amarrar los vales. Luego él va a la canasta y cuenta los panes que quedaron. Cuando termino de amarrar los últimos vales el me pregunta.

- ¿Cuántos vales al final Katniss?

- 588 patrón.

- Espera déjame llamar a Cristian – desaparece de la tienda, un minuto después aparece con Cristian y Peeta. El último trae un moretón en su ojo izquierdo, hace que casi no pueda abrir su ojo ¡¿Qué le habrá pasado?! – Cristian ¿Cuántas canastas le trajiste a Katniss?

- 6 en total patrón.

- Katniss cada canasta trae cien panes – yo nunca me fije en cuantas canastas me trajeron, tendré que poner ojo en eso también – y te sobraron 12 panes. Eso da 588 panes entregados ¡súper bien Katniss!

- Gracias – suelto una pequeña sonrisita, el rostro de Peeta me tiene impactada.

- Cristian tu igual estuviste súper bien. Se pueden ir chicos.

- Gracias patrón ¡Buenas noches! – le responde Cristian e igual se le nota que está incómodo.

- ¡Buenas noches señor Mellark! – me despido yo también.

Con Cristian corremos al baño para buscar nuestras cosas, me coloco mi chaqueta y ambos dejamos nuestros mandiles ya que mañana los volveremos a usar. Cuando volvemos a la tienda Peeta aún está ahí.

- Katniss quería preguntarte si te acompaño a tu casa – se nota como evita mirarnos, como si eso pudiera ocultar el morado de su ojo – ya es tarde, puede ser peligroso.

- No se preocupes joven Mellark – responde Cristian antes de que yo pueda decir nada – yo vivo dos calles más atrás de Katniss, yo la acompañare.

- Gracias por su preocupación – aclaro de lo más seria, pero tengo la necesidad de agradecer que piense en mi seguridad.

- De nada – veo un poco de sonrojo en sus mejillas – bueno cuídense, que lleguen bien a sus casas.

- Gracias – respondimos Cristian y yo a la vez saliendo de la tienda.

Caminamos por las calles principales, pero noto como el rostro de Cristian se contorsiona cada cierto tiempo y suelta leve gemidos de dolor.

- ¿Qué te pasa?

- Aun soy muy torpe con el horno – me responde mientras me muestra sus manos.

- ¡te quemaste! – veo como ambas manos tienen zonas enrojecidas por las quemaduras y ya le han empezado a salir grandes ampollas blanquecinas – vamos a mi casa rápido. Mi madre te puede ayudar con eso.

- No te tienes que preocupar… – niega el, pero yo lo interrumpo.

- Tú no te tienes que molestar en irme a dejar a mi casa y aun así lo harás. Ven a mi casa es lo mínimo que puedo hacer. Además necesitas tus manos para trabajar.

- Gracias Katniss – veo sus curiosos ojos, uno gris y el otro negro. Y su gran sonrisa ilumina la noche.


¿Qué tal les pareció? Quería contarles que este fic nació en mi cabecita mientras trabajaba. Soy cajera de medio tiempo y ahí apareció en mi mente la pregunta ¿Cómo sería Katniss si nunca hubiera ido a los juegos? ¿Si trabajara? Espero les guste como esta iniciando la historia. ¿Qué le habrá pasado a Peeta? En el prox cap las respuestas.

Dejen sus contarios, marquen favorito que a mí me hace muy feliz todo eso.

Nos leemos el prox viernes con Trata de Blancas

Arroz

Iris