Haru PDV
No supe entender como llegamos a esa situación. Hacía a penas unos instantes, Shutou-san nos estaba ayudando a subir a un simple pilar de piedra, y antes de que nos diesemos cuenta, nos encontrábamos justo en la otra parte del mundo.
Todo ocurrió muy deprisa, demasiado para comprenderlo. Cuando me puse a la altura de Hitsugi-chan, mi atención se concentró en su mano, la cual se movía lentamente, con intenciones de tocar algo que no nos pertenecía a nosotros, los humanos.
Algo dentro de mi decía que tenía que impedirlo, y en un desesperado intento de pararla me abracé a ella. De alguna manera no identificada acabamos en el otro lado, mirando atónitas como Shutou-san nos daba señales silenciosas pretendiendo que escapásemos antes de ella misma marcharse de la escena del crimen.
Intentando olvidar todo aquello que desconocíamos de la situación, corrimos en dirección opuesta a las barreras. No había nada en muchos kilómetros a la redonda, a parte de viejos árboles en mal estado, charcos de agua sucia, y ruinas de pequeños edificios o monumentos. Aquella misma mañana, pensar en el mundo exterior, era como pensar en un sueño o una pesadilla. Algo ireal fuera de nuestro alcance, algo que aún existiendo, no era de verdad.
No podía mentir; tenía miedo. Miedo de todo aquello nuevo para nosotras, todo aquello que incluso los más expertos temían, todo aquello que causó nuestra encerrona en unos muros de consistencia eléctrica.
"Ichinose-san"
Me evadí de mis torturas mentales durante unos segundos intentando asimilar lo que estaba pasando. Hitsugi-chan dejó de correr y se paró en seco con la cabeza gacha, estaba en frente de mi, y pude ver como apretaba los puños con rabia, antes de girarse buscando una respuesta.
"¿Por qué nos ha pasado esto?" una pequeña lágrima se deslizó por su mejilla izquierda, al tiempo que intentaba contener en su interior a duras penas toda la rabia y confusión que parecía sentir.
Me dolía en el alma verla así, y todo por un intento, naturalmente fallido, de hacerla feliz. Quería ver esto, quería tener razón. Nunca entendí por qué nos pasó a nosotras.
"No lo sé, Hitsugi-chan. Quizás el destino sea el culpable."
Era incapaz de sacar de mi cabeza todas aquellas cosas que nos habían enseñado desde que nuestros ojos vieron el pequeño y artificial mundo en el que vivíamos por primera vez. Cosas crueles, odiosas, tenebrosas. Cosas que nos convencían cada vez más de alejarnos del exterior. Cosas que a ella no le importaban en absoluto. Mientras yo temía por las noches el echo de que los Seres existiesen a pocos kilómetros de nosotros, y que algún día traspasarían las barreras, ella, imaginaba como serían.
Siempre fue alegre e interesada en estos temas misteriosos, aunque aborrecía todas las mentiras que según ella nos metían en la cabeza cada día. Verla llorar me hacía dudar de su fortaleza interior, aunque no la culpaba, ni mucho menos. Pareció quedarse unos instantes analizando mis palabras antes de esbozar una leve sonrisa.
"Y pensar que yo me estoy tomando esto peor que tú..." soltó una pequeña pero agradecida carcajada. "Está empezando a oscurecer, será mejor que busquemos un lugar dónde refugiarnos."
Según nuestros libros de clase, debido al paso de los años y las catástrofes que habían causado las guerras, el clima del mundo exterior era extremo y variante; en cualquier momento puede haber una glaciación, o por el contrario, una ola de calor. La noche empezaba a caer y aún no hacía frío, pero en cuestión de horas, la cosa podría cambiar repentinamente.
Dirigimos nuestro camino hacia lo que parecía una pequeña y antigua civilización destruida. Si bien es verdad que no había nada que podía resguardarnos en condiciones, al menos contábamos con especies de huecos entre los demolidos edificios que nos podrían servir. Tardamos aproximadamente diez minutos en llegar, lo suficiente para que, como predecimos, el tiempo cambiara.
Llevábamos el uniforme del instituto, compuesto por unas medias negras por encima de la rodilla, una falda de vuelo negra con una franja blanca en la parte de abajo, una camisa blanca de manga larga, un jersey morado sin mangas, y una especie de lazo estrecho alrededor del cuello de la camisa. Definitivamente, no era ni de lejos lo adecuado para el clima de aquella noche. Resultaba extraño sentir frío de verdad, y no aquel clima artificial con el que vivíamos en la cúpula. Nuestra piel dolía, y ardía al mismo tiempo. No parecía tener lógica.
Pero la verdadera sensación rara apareció cuando entramos en los restos de aquella pequeña ciudad.
Nada. Simplemente nada. Un Apocalipsis se había llevado todos los signos de vida, armonía y alegría de la que hablaban nuestros libros de texto. Poner un pie en aquel suelo, sin saber si quiera cuanta gente había muerto exactamente allí, era doloroso incluso para el aire, que seguramente por eso parecía tan pesado, ni si quiera su típico ulular sonaba como en las películas antiguas, ni si quiera las nubes parecían querer apartarse para dejar pasar los rayos de luz lunares, que preferían mantenerse a cierta distancia de algo tan depresivo y tristemente, cierto.
Caminamos la una al lado de la otra, dando pequeños pasos por lo que debía ser la calle principal. Era una recta larga, sin fin, con devastación a los laterales. El camino de la muerte, rodeado del fuego del infierno.
Hitsugi-chan se adentró en una cueva echa de ladrillos y rocas caídas, lo suficientememte grande para pasar un poco agachadas. Nos sentamos en el extremo, mirando hacia la salida. Todo estaba oscuro, la ropa dejaba de hacer efecto sobre nuestros cuerpos, y la luna, no parecía tener intenciones de mostrarse.
"Si esto sigue así, no aguantaremos ni una noche."
Me miró con preocupación, probablemente porque ella también sabía que nada ni nadie iba a ayudarnos.
"Necesitamos mantener el calor," dijo, "hacer un fuego sería una buena idea."
Una vez fui a un campamento de verano. Nos enseñaron cosas básicas para sobrevivir, como filtrar agua para hacerla potable, encontrar comida en el bosque, y hacer hogueras. Nunca pensé que me podría ser útil.
Salimos de nuestro cobijo en busca de algún árbol o leña por los alrededores más cercanos. A causa de la inmensa oscuridad, iba a ser una misión casi imposible.
"Podemos dividirnos, así tendremos más posibilidades y será más rápido."
Ella se fue hacia un lado del camino central, y yo hacia el otro. Me hacía sentir bien que al final recobrase su energía habitual, y las esperanzas que guardaba en su interior. Todavía no estaba todo perdido, pero tampoco había nada ganado. No nos podíamos permitir morir de frío después de haber llegado tan lejos sin que no nos atacase nada.
Eso fue lo peor que jamás pude pensar, en el peor momento.
Los Seres. No estábamos solas.
El pánico se apropió de mi, y dejé de pensra con cordura. Esas criaturas que nos matarían sin pensar, que nos comerían vivas, que no nos darían ni una oportunidad. Estaban con nosotras, y nosotras estábamos a su alcance.
Intenté relajarme y pensar las cosas. Lo más importante, y por qué estaba allí. Necesitábamos leña, así que me puse a correr, en busca de algún árbol, desesperada.
Corrí y corrí, pero no encontré lo que buscaba. Al darme cuenta de lo lejos que estaba de mi compañera, el miedo se volvió mayor, y la leña dejó de importarme. Ahora estaba sola, Hitsugi-chan también. Éramos presas muy, muy fáciles.
"¡Hitsugi-chan, dónde estás!" gritaba deseando oír una respuesta, intentando agudizar mi vista, mi oído y mi sexto sentido, pero no conseguí nada. Y no sólo sentía miedo por mi misma, también lo sentía por ella.
Creía que todo estaba perdido, ahora sí. Ni esperanzas, ni sueños; todo eran mentiras. Ilusiones falsas que nos metían en la cabeza como una programación, intentando darnos ganas de vivir de alguna manera disimulada. Fue entonces cuando comprendí todas aquellas guerras, y todas aquellas muertes. Ellos también lo habían perdido todo, les quedaba la vida pero, ¿qué mas da vivir, si no hay alguna razón para hacerlo?
Mis piernas se rinderon, dejaron de luchar. El mundo era tan grande, y mi existencia tan pequeña, que nadie se daría cuenta del hueco que dejaría. No importaba. Caí de rodillas sobre la tierra congelada, y entonces la luna, como compadeciéndose de mi, dejó que uno de sus rayos me iluminase. A mi, y sólo a mi. Intentando decirme que era más importante de lo que pensaba. Entonces sonreí, mirando su hermosa luz sobre las capas de fino hielo que se empezaban a formar. Al menos a este mundo le quedaban cosas así, y fui capaz de admirarlo.
Cerré los ojos, preparada para despedirme de todo lo que ni si quiera conocía, pero algo lo impedió. El resplandor de la luna se hizo mucho más fuerte, y abrí los ojos, mirando al cielo.
No había ninguna luna.
Una figura oscura, de donde procedía aquella luz, estaba justo encima de mi, mirándome. De pronto, una red calló del cielo, aprisionándome con crueldad.
La figura negra descendió del cielo, y se posó en la tierra. Dos figuras más se bajaron de la anterior, y se acercaron a mi, dejándome ver sus rostros a causa del potente foco.
Eran dos chicas. Una parecía amable, tenía una coleta despeinada rojiza, y el flequillo dividido con varias horquillas de colores, vestía con un traje extraño, parecido al de un entrenador, algo parecido a un chándal acorazado. La otra me miraba con repugnancia, tenía el cabello azul oscuro y corto, su flequillo liso caía sobre sus ojos también azules y profundos, vestía con un traje de cuerpo entero, del color de la tierra, con un cinturón lleno de armas y unas botas negras. Me perdí ante aquella situación.
"¿Por qué no te defendiste?" la chica del pelo azul escupió aquellas palabras a mi cara, con rabia.
"Le haremos las pruebas en cuanto lleguemos, Azuma, no te preocupes."
La otra chica parecía intentar calmarla, o convencerla. Estaba totalmente desorientada. Me encontraba a punto de morir, dispuesta a ello, y unas personas aparecen del cielo hablándome de algo que no alcanzo a comprender. El destino ha realizado su siguiente jugada, esta vez, a nuestro favor.
Nuestro. De Hitsugi-chan y mío. Hitsugi-chan.
Las chicas me metieron en lo que al final resultó ser un helicóptero silencioso, con brusquedad. La del pelo azul fue a los mandos, y la otra, me liberó de la red una vez cerradas las compuertas. Me miró con interés, y sacó de su pantalón una caja de pockys. Me dio uno, y se metió otro en la boca.
"¿Qué eres, chica?"
Sus ojos claros resultaban misteriosos, y su tono de voz también. Todo resultaba extraño, y no conseguía entender nada aún. Antes de responder, pensé en Hitsugi-chan. Ella estaba sola ahora, podría morir de frío, o de hambre, o incluso peor. Podría haber un causante de su muerte, con vida propia. Me arrepentí de haber sido tan tonta. y haberme dejado llevar por las circunstancias. La confusión no me dejaba pensar con claridad, todo parecía borroso ante mi ignorante vista. La pregunta que me acababa de hacer tampoco me cuadraba, si no era una persona, ¿qué podría ser?
Me acordé una vez más de mi compañera, siempre deseosa de descubrir la verdad, siempre alegre, siempre segura, siempre convencida de si misma. Siempre pensando como serían aquellos Seres de los que nos hablaban.
"Una humana." respondí, pensando en Hitsugi-chan una última vez, antes de empezar a entender todo aquello a lo que estaba sometida.
¿A dónde se llevan a Haru? ¿Conseguirá Hitsugi sobrevivir sola sin perder la cordura?
Muchas gracias a todos por vuestras amables palabras, de verdad, es emocionante ver que alguien me lee y además de eso, me dice cosas tan encantadoras, ¡sois lo mejor!
Guest: ¿La pareja principal? La verdad es que soy incapaz de no centrarme en la pasión y el amor de la relación de Chitaru y Hitsugi, así que sí, seguramente serán ellas. ¡Gracias a todos por comentar, os veo en el próximo capítulo!
