Mírenlo

Chapter 3: bad teacher.

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la gran creadora Steph Meyer, yo solo juego con ellos en esta pequeña y malograda historia. Prohibida su reproducción o adaptación sin mi consentimiento.

Miré otra vez el mensaje en mi teléfono, lo mire como si fuera el puto satanás confesándome que yo era enserio su hija y que tenía que hacerme caso de bebes demonios.

Porque, a mi forma de ver los bebés eran todos unos putos demonios, con esa forma de gritar tan agudo al llorar y son todos sucios y babosos.

Suspiré y miré mi pantalla una vez más.

Hey, nena. Estoy cerca de la ciudad ¿Nos vemos?

Conocía a ese maldito de Jaime para saber que no me estaba preguntando, él me estaba ordenando vernos. Sí, claro. Como si yo fuera tan estúpida para hacerle caso ahora.

Lo conozco bien. Él es un maldito y enfermo jugador.

Un mujeriego.

Rodé los ojos. Decidí no pensar más en el malo Jaime.

O tal vez sí. Espero que Rose se encuentre en casa. Y realmente espero que ella se comporte como mi mejor amiga hoy. Hace un par de meses que la rubia y yo no estamos encontrando nuestro punto, ya no coincidimos en muchas cosas.

Espero que este verano no sea tan malo para nosotras, la fin y al cabo tendríamos que volver a la universidad.

Siempre admire la fuerza de esa chica, y que es una persona muy leal con sus amigos y alguien muy inteligente pero, últimamente ella se está comportando como la idiota de Jessica.

Creo que incluso tiene problemas con Emmett. El grandote también notó lo mismo que yo, Que Rosalie está muy diferente.

Extraño a mi mejor amiga.

* o * o * o * o * o * o * o *

Estacioné mi vieja camioneta naranja en la entrada y bajé observando la gran mansión Cullen toda blanca, amplia y transparente.

Siempre me encantó esta casa, tenía su personalidad. Era como si esta casa tan moderna quedara completamente bien con los viejos y verdes bosques de Forks.

Subí trotando las escaleras hasta la entrada silbando una canción de The Doors. Toqué el elegante timbre y esperé, mirando mis convers sucias.

Joder, esa casa era completamente blanca y limpia me daba mucha lastima ensuciarla con mis zapatillas.

Fruncí los labios al mismo tiempo que la puerta fue abierta.

Levanté mi cabeza y sonrei.

—Hola, niño lindo — canturree.

Edward se movió sorprendido e incómodo en su sitio, mi sonrisa creció tanto que seguro era igual que el gato de Alicia y el país de la maravillas.

—¿No me vas a invitar a pasaaaaar? — puse mis manos de detrás de mí y me balancee de un lado a otro.

Sí, estoy seguro que parecía una pequeña puta en este momento.

El carraspeó y se movió de un salto.

—Gracias —canturree otra vez y él solo asintió e hizo un sonido ahogado.

Sonrei interiormente.

—¿Rosalie está en casa?

—No. Ella salió con Jessica, pensé que lo sabias. —por supuesto que ella estaba con esa pequeña zorra idiota.

—Debí suponerlo. — dije agriamente.

—Lo siento, pensé que sabias. — dijo nuevamente.

Fruncí el ceño.

—¿Por qué te estas disculpando?

—Es q-que solo pensé que era lo correcto. Te tomaste el tiempo en venir hasta aquí y…

Me reí.

—Edward tu problema es que piensan mucho.

—Tal vez. — el solo dijo.

—Bien esta vez no pienses.

—Está bien.

Sonreí diabólicamente.

—Vamos a tu habitación.

El tragó duro y pesado.

* o * o * o * o * o * o * o *

La habitación de Edward no era para nada lo que esperaba, quiero decir, es un poco nerd, pero… no era nada comparada con la habitación de Ben Cheney.

Cheney tenía poster de chicas asiáticas animadas prácticamente en tetas por toda su habitación desde el suelo hasta el puto techo.

Esa mierda asustaba.

Edward solo tenía un gran poster de Star Wars.

Su habitación era blanca y el suelo era de madera oscura, la cual estaba casi todo cubierto con una alfombra azul oscura.

Su cama era grande y cómoda, las sabanas eran blancas y su edredón era azul también. Y sus muebles eran de roble, tanto sus estantes como su escritorio también.

Era todo bastante básico la verdad.

—Tienes una habitación muy cómoda por aquí. — comenté y tome su mano dirigiéndolo hacia los estantes anti borrados de comics y películas.

—¡No puedo creerlo! ¡Tienes Dazed and Confused! — Chillé emocionada. Porque, demonios, era la mejor película de la historia. Obviamente la mejor en chicos de fin de curso.

Edward rió.

—Está bien, está bien, está bien. — dijo en una suave imitación de Wooderson.

Me reí tan fuerte que casi me caen lágrimas de los ojos. Edward me acercó a él y limpió la comisura de mi ojo.

—Es tan genial.

—Ya lo creo, pero no si me gusta Wooderson o Clint.

—Pero Clint aparece en una sola escena, lo cual es una escena genial. — dije y nos moví hasta su equipo de música poniendo un disco de Nazareth. El niño sabía de música.

—Clint tiene la línea. —Edward acarició mi mano entrelazada con la suya, con la otra que tenía libre.

—Hasta creo que patea el culo de Wooderson con una sola línea que en todas las apariciones de Matt.

—Clint me recuerda a ti. — murmuró casi como una confesión a regañadientes.

Arquee una ceja juguetonamente y busqué su mirada que estaba perdida en nuestras manos entrelazadas.

—¿En serio? ¿Soy una patea traseros? — dije en un tono de falso enojo, buscando su rostro.

—B-bueno un poco — tartamudeó mirándome nerviosamente.

—Eso está bien, me gusta ser un poco patea traseros.

Edward bajó la cara y sonrió suavemente, un asomo de una sonrisa torcida que prevenía ser completamente arrebatadora.

Gemí y el levantó los ojos sorprendido.

—Realmente no sabes lo atractivo que eres ¿No es cierto, niño? —Edward frunció el ceño y negó con su cabeza mordiéndose el labio. Mírenlo, él es absolutamente guapo ¿Cuáles son las probabilidades de un nerd tan guapo como Edward? El solo tenía dieciséis años y ya no tenía más granos.

Suspiré tirado mi mano hacia su cuello para enredarla en su cabello corto de la nuca y tirarlo hacia mi boca.

Edward gimió en mi boca abierta y su aliento caliente sabía a menta y caramelos de cerezas. El dulce chico me tomó de las caderas para no perder el equilibrio y se agachó un poco para alcanzarme mejor aunque yo estaba de puntillas.

Él era alto, muy alto y eso…me calentaba.

Me pegue más a él y toque su labio inferior con mi lengua. El me dio acceso a la suya y… ¡Cristo! ¿Dónde había aprendido a usar la lengua de esa manera? Quiero decir, si, él era un poco inexperto pero tenía las ganas de aprender y el instinto.

Me pegué a él, pero eso hacía casi imposible besarnos. Comencé a frotarme como una gata en celo contra a él y pasee mi mano por su espalda.

Él estaba cálido, muy cálido.

¡Oh Dios! ¿Mi niño lindo estaba enfermo? Dejé un último beso en su comisura y me separé para mirar sus ojos.

Sus ojos prácticamente estaban nublados por el deseo, sus ojos verdes claros estaba del color del Jade.

—Niño lindo ¿Por qué estás tan cálido? ¿Tienes fiebre? — toqué su frente y el todo el tiempo mantuvo la mirada en mis ojos.

—No — dijo. — Estaba en la cama — él se sonrojó en cuanto dijo cama. Me reí.

—Es ahí donde nos dirigimos ahora, dulce chico. — lo tome de la cinturilla de su pantalón deportivo y lo empujé hasta el borde obligándolo a sentarse. Me monté sobre él a horcajadas y el me miraba como si yo fuera una aparición.

Lo tomé del rostro y él apoyó sus grandes manos con sus largos dedos en mis muslos, apretándolos.

Comencé hacer mi camino hacia su boca cuando él me tomó de las caderas.

—Espera — dijo con la voz casi enojada — ¿Esto no es una estúpida apuesta con Rosalie, verdad? — preguntó herido.

—Por supuesto que no, no sería tan perra. — espeté bastante molesta por no dejarme besarlo.

—Pero... tu no quieres nada conmigo lo sé. Te escuche la otra vez con Rosalie, tu no planeas volver después de la universidad. — lo miré perpleja.

—¿Con que escuchando charlas ajenas, eh? — el sonrojó.

—¿Por qué me estas besando, Isabella?

—¿Es que no te puedo besar?

El me dio una mirada que pretendía ser enojada pero parecía un pequeño leoncito bebé enojado.

Suspiré.

—Porque siempre te veía Edward, me refiero a detrás de tu aspecto nerd y todo eso. En lo único que me podría concentrar era en tu inexperiencia y en lo genial que sería enseñarte muchas cosas.

—¿Cosas como el sexo? — su voz sonó casi estrangulada.

Me reí.

—Si nene, cosas como el sexo — pensé un rato. — yo no puedo ofrecerte amor, niño. Pero puedo ofrecerte una buena experiencia para tus próximas conquistas. ¿Qué te parece? Sería un secreto entre los dos. — toqué su anguloso rostro, saqué sus lentes, pos puse a un lado y mi mano derecha se osciló hacia su cabello corto en la nuca y sentí a Edward ronronear y comenzó a bajar de nuevo las manos hacia mi culo y muslos.

—¿Serias como mi profesora?

—Claro que sí, niño. Siempre es bueno tener a alguien de la universidad para enseñarte.

—Acepto — dijo y apoyó su frente en mi hombro. Me deslicé un poco más abajo dando mi calor entre mis piernas con el suyo.

Tomé su rostro y lo besé apenas.

—Entonces niño lindo, seré tu profesora — dije y comencé a balancear mis caderas encima de él. Edward jadeó y una de sus manos se arrastró por toda mi espalda hasta llegar a mi cuello para sostenerlo y besarme con hambre.

Oh, como disfrutaría ser su maldita profesora.

* o * o * o * o * o * o * o *

¡Hola! Es la primera nota que escribo y quiero agradecer a las chicas que me dejaron sus hermoso reviews, me hacen muy bien al alma. Gracias por sus favs y follows también, estoy tan feliz de la forma en que la recibieron.

Acá dejé otro capítulo de nuestro niño lindo y esta Bella tan mala. Se viene otro personaje en la historia que no es de la saga ¿Y qué pasa con Rosalie? Lentamente voy a comenzar a meter los personajes pero por ahora me concentro en Edward y Bella.

Otra vez agradezco con todo mi corazón sus reviews, favs y follows, no puedo creer que un simple comentario un numerito de más te haga tan feliz.

Un beso enorme a todas.

Miss Shades.