Finalmente consiguió el permiso para que su amiga con licencia de conducir, la fuera a buscar y a dejar a casa, pero con la condición de que no aceptara ninguna bebida de desconocidos, mucho menos drogas, y obviamente que 'ni si le ocurriera llegar borracha a casa' porque mamá la esperaría despierta, y cualquier cosa que ella llevara en su organismo, ella lo sabría con sólo mirarla, según le advirtió.

-Siempre consigues lo que quieres, ¿No? - le habló su hermana, sentada en el borde de la cama.

-¿Qué haces en mi cuarto?! - exclamó la chica en respuesta arrugando el ceño, pero no se apartó del espejo de cuerpo entero que servía en la habitación. Estaba muy ocupada acomodando su larga cabellera en un moño alto.

-Qué feos pantalones- entrecerró la mirada, la niña, advirtiendo los leggins estilo cebra que su hermana ocupaba.

-Todo el mundo los usa - se defendió -Noriko, ¿No tienes nada más que hacer? Siempre estás encerrada en tu cuarto y justo ahora me estás incomodando estando aquí.

Kasumi siguió en su tarea de acomodarse el cabello, cuando su hermana volvió a hablar, esta vez con la mirada gacha.

-Te gusta el amigo de mamá, ¿No es así?

-¡¿Cómo?! - se volteó rápidamente y dedicó a su hermana menor una expresión de sorpresa- Eso... ¡Eso no es asunto tuyo! Es guapo, simpático, sabe muchas cosas, digo... ¿Qué si me gusta? - y volteó de nueva cuenta al espejo, entonces se percató de algo. Miró a su hermana por medio del espejo y preguntó- No me digas que a ti también.

Noriko arrugó el ceño y negó con la cabeza.

-Dices tonterías - se defendió poniéndose de pie. Realmente no estaba interesada en el nuevo inquilino, sabía que era un hombre de buenos sentimientos, algo torpe y olvidadizo, digno de inspirar ternura, sin mencionar su indiscutible atractivo, pero no estaba interesada en él de ese modo. Más, su hermana mayor sí que lo estaba y ella, intuitiva por naturaleza, supo captar las miradas y sonrisas que Kasumi le dedicaba, por tanto se sentía con el deber de exponer lo que en cierta medida le preocupaba el respecto - Él parece una buena persona. No hagas tonterías, Kasumi.

Y se encaminó a la salida.

-¿A qué te refieres con tonterías? - preguntó la mayor volteando a mirarla con el ceño fruncido mientras se colocaba un aro.

-Ya sabes, no lo incomodes. Él es maduro, no creo que se interese en una chica de quince años que lloriquea como una de ocho por asistir a una estúpida fiesta llena de bobos - le comunicó muy seria.

Kasumi rió burlesca y con sólo un aro puesto se acercó a su hermana quién estaba de pie junto a la puerta, sin sentirse intimidada por la expresión sarcástica de su hermana.

-¿Incomodarlo? Soy una mujer, algunos muchachos piensan que soy guapa - Noriko blanqueó los ojos cuando su hermana se clasificó a sí misma como una mujer y este gesto no pasó desapercibido para ella - Sólo espero que hayas dicho la verdad Noriko, espero que enserio no te guste. Después de lo que me dijiste tengo más ganas de intentarlo. Aunque... - achicó la mirada - Bueno, aún si tú estuvieras interesada no importaría mucho realmente. Es decir, mírate.

Chequeó el aspecto de Noriko. Su vestimenta era toda oscura, consistía en un pantalón negro y un polerón holgado negro también.

-Mira tu cabello, todo despeinado y escondiendo tu cara... - prosiguió Kasumi- No hay una sola pizca de atractivo en ti. Eres una auténtica marimacho, Noriko. Ningún hombre se fijará en ti, nunca.


Ranma atravesaba el pasillo con ambas manos en los bolsillos y buen humor matutino.

La verdad, había tenido una noche estupenda. Tras cerciorarse de que Kasumi llegó de su fiesta, como había dicho, en compañía de su amiga cerca de las tres de la madrugada, y de junto a su esposa, analizarla visualmente y entablar una breve plática con ella para confirmar que la muchacha se encontraba en sus cinco sentidos; él y Akane volvieron a la habitación a concretar la promesa que quedó suspendida en el aire entre ambos, desde que aquella oportunidad en el tejado.

La había amado como lo había hecho tantas veces antes, y sin embargo, de alguna manera, cada vez era distinto, tal y como si la amara 'por primera vez' cada una de las veces. Y aquello era especial.

Ranma no se cansaba de sus gemidos ahogados, de sus suspiros chocando contra su piel, de saberla excitada gracias a él. No se cansaba de contemplarla apasionada, encendida, ardiendo en emociones innombrables y en deseos incontenibles.

Amaba conocer cada faceta de su esposa. Por un lado, su faceta de madre autoritaria, preocupada, consentidora, amorosa; por el otro, su faceta de esposa, es decir, aquella Akane dispuesta a encararlo, a confiar en él, en hacerle ver qué hace mal y en expresarle sonriente lo que hace bien, la que le da un beso de buenos días por la mañana y siempre esta ahí para contenerlo, para consolarlo, para escucharlo pacientemente, para prestar su ayuda para hallar soluciones, una compañera sin igual. Ella está ahí dando emoción a sus días con sus enfados, con sus arrebatos, con sus ojos de niña todavía intactos desde que la conoció.

Pero por otro lado, está aquella Akane ardida, dispuesta a hacer lo que él le pida en la cama, e incluso a consentir alguna idea sacada de alguna película media subida de tono que, según él, encontró 'por casualidad' en la televisión. Aquella mujer de mejillas enrojecidas, de mirada cubierta por el deseo, de frases sucias susurradas al oído. Despeinada, acalorada, sudorosa. Y entre todo el deseo desenfrenado de la pasión, ama oírle decir que lo quiere, que no lo cambiaría por nadie y le expresa, en enronquecidas palabras, cuan feliz la hace su sola existencia en el mundo.

Y entonces no necesita más. La ama con locura, y eso que han transcurrido varios años desde su boda, él no se cansa de adorarla.

Llegó hasta la cocina y la sonrisa que traía radiante de oreja a oreja, se desvaneció de pronto.

Ahí, ocupando un sitio en SU mesa, se encontraba su nuevo inquilino y SU esposa platicando animadamente, mientras él degustaba su desayuno muy a gusto. Y sentada a Shinnosuke se hallaba Noriko, jugando los granos de arroz y la mirada perdida, completamente ida del tema que tenía tan entretenidos a su madre y al joven. Y en los brazos de su madre, Akira mordisqueaba un pedazo de pan.

"Lo había olvidado"; pensó Ranma apretando los labios, y dio los buenos días en un tono alto para ser escuchado entre tanto parloteo.

-¡Oh, Ranma! Buenos días, estabas tan profundamente dormido que no quise despertarte - le sonrió su esposa lanzándole una de aquellas miradas coquetas que él bien conoce - Enseguida te sirvo. Ven siéntate, no te quedes ahí parado.

Akane dejó a su hijo sentado en el sitio que antes ocupaba ella, y mientras iba rumbo a los tiestos, comentó:

-Shinnosuke me decía que durmió estupendamente, ¿No es genial?

-Sí, fantástico - sonrió forzadamente - ¿Qué tal, Shinnosuke? - dijo encaminándose a su sitio de siempre - ¿De qué hablaban?

-Oh Akane me comentaba algunas cosas - le sonrió el hombre -Por cierto, Ranma gracias por invitarme a quedar en tu casa. Espero no serles una molestia.

-¿Qué dices? Para nada, ¿Verdad, Akane?

-Claro que no, Shinnosuke, puedes quedarte el tiempo que quieras - sonrió Akane sirviendo el arroz.

-Gracias, son en verdad muy amables - sonrió el hombre y se dirigió a nueva cuenta a Ranma - Supe que trabajas impartiendo clases de artes marciales.

-Sí, y aquí mismo está el dojo, por tanto es bastante cómodo para alguien como yo - rió.

-Para alguien perezoso como tú, ¿Quieres decir? - intervino Akane.

Ranma la miró achicando la mirada y enarcando una ceja. Shinnosuje rió. Después de que Akane le sirvió a Ranma, a Akira y a ella misma, ya sentada en su sitio junto a su hijo menor, preguntó a Noriko si tenía deberes para el día siguiente mientras Shinnosuke y Ranma hablaban sobre otras trivialidades.

-Oh es cierto, mañana es lunes - contestó la niña alzando un grano de arroz y mirándolo fijamente - Creo que no.

Akane arrugó el ceño haciéndole cariño en el cabello al pequeño Akira, quién comía de sus verduras.

-Hija... ¿Pasa algo?

Noriko la miró y negó.

-Tu comida debe estar fría, apenas has comido - hizo notar, ante el silencio de ella insistió- Noriko.

-No tengo hambre, mamá, es todo - suspiró poniéndose de pie- Gracias por la comida - y llevó las sobras.

Akane vio a su hija dejar el arroz y las verduras sobre el mesón, y luego desaparecer por la puerta. Iba a decir algo a su esposo, cuando su hijo menor jaló de su manga.

-No quiero más - le dijo.

-Por cierto, Akane, ¿Y Kasumi? - habló Ranma - ¿Por qué no bajó a desayunar?

Mientras le apuntaba a su hijo las verduras y éste negaba con la cabeza, contestó.

-Debe estar durmiendo, anoche llegó tarde después de todo.

-Pero nosotros nos dormimos más tarde y no... -la mirada fulminante de su esposa lo calló de súbito, dejando la oración incompleta.

-¿Eh? ¿Qué ocurre? - preguntó Shinnosuke, desconcertado, mirando a uno y luego al otro sin comprender la situación.


Tras impartir su clase del día domingo y despedir a los niños que no pasaban de los diez años, Ranma se quedó un rato más en el dojo ejercitando.

Le gustaba entrenar en ese horario, en el atardecer. Liberaba el estrés producido por la tarde, pero ese día en particular, había algo que lo incomodaba.

Y es que su esposa y su amiguito se fueron de paseo por la ciudad, y como el debía dar clases, no pudo acompañarlos.

'Si quieres te compramos algo por ahí. Para que no te sientas tan mal'; se despidió Shinnosuke haciendo el signo paz con los dedos, muy sonriente y él sintió hervir la sangre.

No es que no confiara en su esposa, por el contrario sí que lo hacía. Pero el corazón era una cosa distinta. Shinnosuke era después de todo un tipo atractivo, debía admitirlo, amable y simpático además.

¿Y que pasaba si conseguía la atención de su esposa? ...Y si ella se enamorara de Shinnosuke, ¿Qué sería de él?

La sola idea de que Akane lo abandonara lo enloquecía en secreto, pero ya se desquitaría esa noche.

La puerta del dojo se abría tímidamente y él, asumiendo que se trataba de su esposa, detuvo su entrenamiento con las manos en las caderas y habló altanero:

-¡¿Qué tal, Akane?! ¡por fin llegas, como lo pasaste con tu 'amiguito?! Seguro estabas muy a gusto sin...

-Papá, soy yo Noriko - lo paró su hija del medio, muy seria mirándolo desde el marco de la puerta -Si tanto te preocupa mamá, podrías llamarla, ¿Sabes?

Ranma enrojeció de pronto visualizando en efecto, a su pequeña vestida entera de negro y con un grueso libro entre sus brazos.

-¿Q-Qué?! ¿P-para qué haría algo semejante?! - exclamó defendiéndose como pudo, y se sentó en el suelo cruzado de piernas en posición de flor de loto. Se cruzó de brazos y enarcó una ceja, preguntándose si acaso era muy evidente.

-Esto... ¿Papá? - dijo Noriko tímidamente, acercándose a él -Hay algo de... lo que me gustaría - desvió la mirada- hablar contigo.

Los ojos grises de su padre se detuvieron en la chica, mirándola expectante.

-¿Hmmm? Parece algo serio.

Noriko se sentó en la misma posición que su padre, a unos metros frente a él, y con el rostro gacho y apretando fuertemente el libro contra su pecho, habló:

-Mamá siempre dice que tú de joven eras muy popular entre las chicas... -musitó.

-¿Cómo que de joven? - habló ciertamente ofendido- Aún soy joven. Y sí, lo era. Sin duda muy popular, todas querían ser mis prometidas - acabó la frase esbozando una sonrisa un tanto pedante.

-Mmmm... ¿Y cómo fue que te decidiste por mamá? - lo miró - Es decir, mamá es muy bonita, pero también 'muy normal'. Tampoco es una chef en la cocina y aunque hace artes marciales, no es tan buena como tú. Seguro tenías candidatas mejores que mamá.

Ranma parpadeó un par de veces, preguntándose cuál sería el punto al que quería llegar su hija. Sabía que ella estaba preocupada por algo, lo leía en sus ojos tristes.

-Podríamos decir que sí, habían mujeres más guapas y hábiles que tu mamá, pero...-guardó silencio unos segundos, pensando en cómo proseguir - La personalidad en cada persona es única, e independiente de lo torpe que sea Akane, ella tenía, y ...todavía tiene...una personalidad que me atrajo, que me... - se sonrojó - enamoró como ninguna mujer guapa y hábil fue capaz... - se exaltó sorprendido de sus propias palabras -¡Y-y bueno, a qué se debió esa pregunta t-tan rara, Noriko?! ¿No tienes deberes que hacer o algo por el estilo?! -dijo rojo hasta la raíz del cabello.

Noriko miró al suelo y suspiró pesadamente.

-Mamá tuvo suerte de que un chico guapo y popular como papá se haya fijado en ella.

-¿Eh? - ladeó la cabeza -Noriko, qué... -negó con la cabeza y volvió a enfocar a una deprimida Noriko, comprendiendo de pronto lo que quizás pudiera acongojarla -¡Noriko, tu estás muy joven para interesarte en chicos! ¿Te gusta alguno ya? ¿Es de tu clase? Hija, preocúpate por tus estudios ahora, y-yo sé que es normal y todo el asunto p-pero... este tema me pone muy nervioso, ¿Sabes? - se sinceró Ranma, de pronto muy serio.

Noriko apretó los labios y aguardó unos segundos antes de exponer lo siguiente:

-K-Kasumi me dijo que... no soy una pizca de bonita y que nunca nadie se enamorará de mí

-¿Qué? - susurró Ranma, agrandando sus ojos. Enseguida lo comprendió todo con mayor claridad.

Desvió la mirada y apretó los puños.

Esa Kasumi... No heredó ninguna característica de su tía a la que debía el nombre. Restregó con ambas manos su rostro, ciertamente consternado sin saber muy bien cómo expresar lo que quería decir.

La oratoria nunca ha sido lo suyo, y hubiera deseado que Noriko se acercara a Akane para tratar el asunto. Seguro ella habría sabido qué decir.

-Tiene razón...¿No? - volvió a hablar Noriko ante el silencio de su padre, con una mirada triste -Es por eso que no dices nada.

-¡¿Cómo?! ¡No, no, no es cierto! No es eso - habló Ranma colocando ambas manos delante suyo, defendiéndose.

¡Maldición! Debía actuar ya, debía decir algo pronto.

-Yo... -comenzó Noriko y Ranma dejó de lado su lucha interna para prestarle atención -...en la escuela sólo estoy en la biblioteca ¿Sabes? -musitó - Casi no tengo amigas, pero es porque son una molestia para mí. Me siento más cómoda sola. Y sé que todos piensan que soy rara. Piensan que soy un bicho raro porque soy lista y anti-social. No calzo en ningún grupo, papá. Soy un fenómeno- y enseguida rompió a llorar.

Ranma la miró desconcertado y alterado.

"Maldición ¿Por qué a mí? ¿Por qué no acudiste a tu mamá?!' ; atravesó por la mente de Ranma sin saber bien qué hacer. '¿Debo abrazarla? ¿Palparle la cabeza? ¿Decir algo? ¿Pero decir qué? ...'

Todo lo que pensaba se evaporó en cuanto la niña abandonó si posición para lanzarse a los brazos de su padre. SE acomodó en su regazo y apoyó su rostro lloroso contra su pecho.

Ranma la encerró con sus fuertes brazos, apretándola contra él.

-Gracias... -susurró sonriendo triste.

Noriko dobló el cuello, apoyando su oreja derecha contra el pecho de su padre, pudiendo sentir los latidos un poco acelerados de su corazón.

-Por nada. Sé que eres un bobo -respondió entre lágrimas, sonriendo débilmente.

Él besó los cabellos azulados de su hija, la más parecida a Akane, y ésta vez, un poco más confiado en él, lo intentó:

-No le hagas caso a Kasumi. Ella está atravesando por una etapa complicada en la que...bueno... Verás los adolescentes mientras más 'temerosos' sean más hirientes son. Ella en este minuto también está en una posición muy vulnerable, ¿Sabes? Tu hermana está luchando en ser aceptada socialmente y...mmmm, ¿Cómo decirlo? Necesita, de alguna forma, 'hacer sentir mal para sentirse bien', ¿Comprendes? Es muy extraño.

-Sí, leí algo como eso en un libro de psicología - respondió Noriko y apretó los labios.

-¿Sí? Yo lo vi en la televisión. El punto aquí es que... Por ejemplo, verás, cuando tu madre y yo nos conocimos siempre peleábamos. Eramos muy hirientes el uno con el otro, pero era para ...hacernos ver más fuertes de lo que eramos. En realidad, eramos dos adolescentes muy inseguros.

-¿Sí? ¿Cómo peleaban? - se interesó en saber.

-Oh, ella me decía cosas como afeminado, ya sabes por lo de mi maldición, y a ella le decía plana marimacho, que su comida era asquerosa, y cosas por el estilo. Parecen palabras bastante simples, pero... las palabras duelen ¿Verdad? - suspiró - Tu hermana te quiere mucho y no dijo eso para lastimarte, sino para lucir ella más fuerte. Por eso, no te tomes enserio lo que haya dicho - tragó grueso - Noriko, tu eres muy guapa y lista. Eres una niña y quiero que vivas tu etapa como se debe. No te preocupes por chicos ahora, ellos llegarán solos en unos años más, ya lo verás. Y en cuanto a no tener amistades, no le des importancia. Tu eres una niña independiente y eso es valorable.

-Kasumi depende mucho de lo que los demás digan de ella - intervino Noriko.

Ranma torció los labios asintiendo.

La niña se apartó de su padre y lo miró con sus ojos llorosos. Ranma le sonrió dulcemente y secó las lagrimas de sus mejillas.

-¿Entonces no soy un bicho raro?

Ranme arrugó el ceño y negó con la cabeza diciendo:

-Para nada eres un bicho raro. Yo te veo como una niña muy linda.

Noriko sonrió, no le creyó ninguna palabra, pero de algún modo, el cariño y apoyo del hombre más importante en su vida, la hizo sentir como nueva.

Gracias, papá.

Él depositó un tierno beso sobre su frente.

Akane apoyada cerca de la puerta entreabierta del dojo, sonrió para sí y se encaminó muy contenta al interior de la casa. Ranma era un excelente padre, había madurado un montón desde que se casaron, aunque todavía conservara ese aire infantil que ella secretamente tanto adoraba, y debía admitirlo, mejoró considerablemente a la hora de expresarse. Al menos, ahora piensa antes de hablar.

Sin embargo..., sintió toda alegría desvanecerse en el momento en que puso un pie dentro de la casa.

¿Por qué su hija no había confiado en ella?

Continuará...