Capítulo 2: Aprendiendo
No es tanta la ayuda de nuestros amigos la que nos ayuda
como la certeza de que nos ayudarán
Epicurus
—¿Dónde estuviste anoche? —le preguntó Hermione a Harry mientras este bajaba las escaleras hacia la Sala Común.
—Buenos días a ti también. —le contestó con una sonrisa.
Hermione se sonrojó levemente.
—Perdón. Pero sabes que me preocupo por ti. No te vi cuando regresé de la reunión de prefectos. Debiste estar fuera hasta tarde. —señaló con la cabeza a Ron, que bajaba detrás de Harry, bostezando.— Y es obvio que tú llegaste tarde. Honestamente, Ron, ¿una cita en la escuela en la noche?
Ron sonrió.
—No te preocupes, de hecho estudiamos algo, entre… emm… otras cosas. Mandy es una Ravenclaw, ¿recuerdas?
Harry tenía una creencia interna de que Ron continuaba saliendo con chicas de Ravenclaw por que ellas le recordaban a Herrmione, pero mantuvo su boca cerrada.
—Oh, bien —dijo la chica, con un impaciente movimiento de mano. — Y por favor, evita hablar sobre lo de "otras cosas" ¿Qué hay de ti? — Señaló a Harry —¿No estuviste haciendo otras cosas, o sí? No olvides que tendremos el examen del profesor Binns en pocos días.
Harry rodó los ojos.
—Sabes que no estoy interesado en nadie por ahora. Y, de hecho, estaba estudiando.
Hermione parpadeó, obviamente no esperaba esa respuesta. Normalmente tenía que pelear con uñas y dientes con los dos chicos para empezar a estudiar tan pronto ella creía era necesario.
—¿En serio?, ¿dónde estabas?
—En la biblioteca.
—¿De verdad? Normalmente la odias.
—Bueno… —Harry vaciló, luego decidió decir simplemente la verdad. No era gran cosa, después de todo— Fui a conseguir más libros para mi investigación de Herbología, y terminé estudiando con Malfoy.
—¿Malfoy? —preguntó Ron, arrugando la nariz. Hermione simplemente se petrificó con la boca abierta.
—No fue gran cosa —se defendió Harry.
—Bueno, ciertamente no es normal —reprochó Hermione habiendo encontrado de nuevo su voz —¿Qué diablos te poseyó para hacer eso?
Harry les explicó cómo estudiaba ahora Draco, y cómo se sentía obligado a combinar sus estudios con hacer la vida un poco más fácil para el Slytherin ciego.
—Ustedes estaban ocupados, yo tenía que estudiar lo mismo que él así que, ¿por qué no?
—¿Por qué no… —resopló Ron incrédulamente. —Te podría dar bastantes razones para decirte porqué no… ¿No recuerdas quién es, Harry?
—Bueno, estaba lo suficientemente tolerable anoche. Aquí estoy exento de magulladuras, ¿no?
—Probablemente sólo porque no podía ver dónde pegarte. —murmuró Ron entre dientes. Hermione simplemente sacudió su cabeza.
—Bueno, no pasó nada. Podemos estudiar juntos esta noche. Tengo todas mi notas organizadas y…
—De hecho —interrumpió Harry. —Yo…ah… dije que volvería a la biblioteca en la noche para poder terminar de revisar los capítulos juntos.
—¿Estás bromeando? —disparó Ron con su ceño fruncido. —¿Vas a volver ahí voluntariamente?, ¿con él? ¿Por qué?
—Porque dije que lo haría —dijo Harry tercamente. —Mira, estás haciendo esto más grande de lo que realmente es. Es…
—Oh, olviden a Malfoy —interrumpió Hermione, rodando los ojos. —Vamos a desayunar. Me muero de hambre y quiero llegar temprano a Pociones. Ya saben cuánto toma cortar el bazo de murciégalo correctamente.
—Ugh, ¿cómo puedes mencionar bazo de murciélago y desayuno en la misma oración? —se quejó Ron, mientras empujaba el retrato. Harry, agradecido por el cambio de tema, sonrió y los tres se bajaron a desayunar.
Mientras Harry comía su tostada, se encontró a sí mismo mirando a través del Gran Salón hacia la mesa de Slytherin. Aquello no era tan inusual, él y Draco habían intercambiado muchas miradas amenazadoras por los últimos seis años. Pero Draco había estado ausente en la escuela las últimas seis semanas del anterior semestre y no había habido nadie a quién mirar. Después, cuando había regresado, casi se había alejado de todo y no lucía muy inclinado a provocar a nadie de la manera en que solía hacerlo, ni siquiera podía mirar a Harry de todas formas. Así, Harry había perdido en gran medida la costumbre de realmente buscar a Draco con la mirada, pasando a notar su presencia en el aula de forma muy subliminal, como un estudiante más.
Sin embargo, después de haber estudiado con el Slytherin la noche anterior, y haber tenido un contacto más civilizado con él desde… posiblemente desde toda su estancia escolar, Harry se encontró a sí mismo mirando al ciego más seguido otra vez, estudiándolo con curiosidad para ver qué otras tácticas utilizaba Draco para compensar su pérdida. Parecía desayunar muy bien, utilizando una rebanada de pan tostado para empujar los huevos a su tenedor. Pero incluso en medio de sus compañeros de cuarto, se sentaba como si estuviera solo: no hablaba con nadie, ni siquiera con Zabini, que se sentaba justo a su lado. Harry ya había observado que Draco parecía alejarse de todos en sus clases compartidas, pero estaba un poco sorprendido de que se hubiera extendido también a las situaciones sociales. Parecía que el Slytherin ya no iniciaba ninguna interacción con amigos ni con enemigos.
La clase de Pociones de aquella mañana sólo confirmó las suposiciones de Harry. Mientras que el resto de los estudiantes hablaba en susurros bajitos con sus compañeros de mesa sobre la poción del día, Harry miró a Draco trabajar en silencio, cortando su bazo de murciélago con un sorprendente grado de eficiencia; sus dedos estaban enrollados alrededor del órgano para evitar cortarse y casi era tan rápido como Hermione. Lo que parecía una pluma a vuela pluma tomaba notas mientras el profesor Snape leía durante el proceso de cocer a fuego lento; Harry sólo esperaba que estuviera haciendo un trabajo más preciso que el que hacía la pluma a vuela pluma de Rita Skeeter.
Fue la única clase que compartió con Slytherin ese día. Durante el almuerzo, Harry estaba muy ocupado riéndose a carcajadas de lo que Seamus y Dean le decían como para prestar atención a nada más, pero, para la cena, con todo el mundo preparándose para las tareas nocturnas, recordó sus propios planes; una vez más, se halló mirando a escondidas a través del Gran Salón a su compañero de estudio. El otro chico se sentó nuevamente al final de la mesa, en silencio y alejado del resto de su Casa.
Cuando vio a Draco levantarse y seguir a su pequeña esfera brillante fuera de las puertas principales, Harry se excusó para ir a buscar sus libros a la torre de Gryffindor, y después se dirigió abajo hacia la biblioteca. Al llegar, el otro chico estaba sentado en la pequeña sala, las velas estaban prendidas, y ya estaba estudiando. Un pedazo de pergamino estaba recitando sus notas del día; sonaba como Aritmética.
Harry dudó en el umbral y se aclaró la garganta.
—Uhm… soy yo otra vez, Harry.
Draco deshizo el encantamiento para leer sus notas.
—Potter, ¿regresaste otra vez, entonces?
—Dije que lo haría, ¿no?
—Sí, pero generalmente eso no significa nada para la mayoría de la gente. ¿Sigues determinado a quedarte ronco con esa brillante historia?
Harry se metió a la sala y sacó la silla restante de la mesa.
—Sí, emm… siempre y cuando no esté interrumpiendo nada.
—No. Estaba por terminar algo de Aritmética, pero puedo hacerlo después. —Empezó a enrollar el pergamino, pero Harry puso una mano para detenerlo.
—Espera un segundo, —Harry estiró su cuello sobre el papel. No tenía ningún sentido para él, pero parecía perfectamente razonable, no como todas las notas imprecisas que la pluma de Rita Skeeter había tomado. —¿Esto fue escrito por una pluma a vuela pluma?
—Sí. —Draco contestó abruptamente, tirando del pergamino y enrollándolo. —Aunque no recuerdo que esto tenga nada que ver con Historia de la Magia, —se agachó y metió sus notas en la mochila a sus pies.
—Pues discúlpame por preguntar —Harry esculcó su propia mochila con irritación. —Es sólo que mi experiencia con esas malditas cosas me indicó que eran terriblemente imprecisas, así que me pregunté cómo podían ser útiles para notas escolares o algo así.
—Oh. Es que tienen diferentes configuraciones de "realidad", ¿sabías? —contestó Draco un poco más amable. —Si no necesitas que sea muy preciso va más rápido con un nivel de verdad más bajo. Pero puedes configurarlo para que sea hacerlo más meticuloso.
—Ella usaría la configuración más baja, —murmuró Harry para sí mismo. Después miró hacia alrededor. —Eh… ¿puedo preguntarte algo?
—Lo acabas de hacer.
Harry deseó que rodar sus ojos tuviera algún efecto en el otro chico.
—¿Porqué te molestas encendiendo las velas? —Por costumbre, hizo un gesto hacia las velas que iluminaban la sala.
—¿Puedes leer en la oscuridad?
—Bueno… no. Pero también estaban encendidas el otro día, cuando estabas solo.
—Sabes, para alguien que se ha quejado en voz alta los últimos años por querer ser normal, puedes ser algo estúpido algunas veces, —replicó Draco, frunciendo de nuevo el ceño. —No importa si no puedo ver… todo debe seguir con normalidad. Y eso incluye las velas.
Harry tenía que admitir que tenía sentido.
—Uhm… gracias por la explicación, —murmuró. Mil otras preguntas vinieron a su mente en ese momento, pero sabía que no podía tentar a su suerte. En vez de eso, sacó su libro de Historia. —¿Empezamos? Creo que nos quedamos en la plaga de Duendes de 1803.
Con las velas encendidas a su alrededor, comenzaron a estudiar.
Draco balanceaba su Fwooper en un brazo, acariciándole su plumaje distraídamente con la otra mano, mientras escuchaba a Pansy y Millicent exclamar acerca sobre el aparente deslumbrante plumaje. La pluma a vuela pluma a su lado hacía ruidos rasgados contra el pergamino mientras registraba su conversación; presumiblemente, entre las instrucciones torpes de Hagrid, la charla de las chicas y su Monstruoso libro sobre Monstruos podría llegar a tener una buena idea sobre la apariencia del pájaro, más de lo que sus propias manos podían decirle.
El pájaro estaba tan callado como él, gracias al encantamiento silenciador —un requerimiento para todo aquel que quisiera evitar la locura con los gorgoritos de los pájaros. Draco estaba agradecido de que ese era un caso donde el objeto del ruido tenía que ser silenciado, en vez de ocultar los oídos con las potentes orejeras. Habían estado haciendo los avances de investigaciones sobre unas mandrágoras adolescentes la semana pasada en Herbología, y había odiado usar las requeridas orejeras; trabajar sin su vista y sin escuchar había sido miserablemente desorientador.
Pero ahora no había nada que interfiriera con su sentido del audio; cuando la clase llegó a su fin se preparaba para regresar al castillo, escuchó, y sintió, pasos aproximándose a él.
—¿Malfoy? Soy yo, Harry, —la voz familiar bajó hasta el nivel de Draco, que estaba de rodillas, metiendo su equipo metódicamente dentro de la mochila.
—Sabes, no tienes que identificarte a cada momento, Potter. Después de todo este tiempo, reconozco tu voz perfectamente bien.
—Oh. Eh... lo siento. Como sea, —hubo una ligera pausa. —No puedo estudiar contigo esta noche. Ron y yo tenemos que entregar un proyecto de Adivinación muy pronto, y realmente debería trabajar con él en eso.
Draco se encogió de hombros.
—Desde que hicimos el examen de Binns esta mañana, supuse que nuestro pequeño momento había acabado de todas formas. Haz lo que quieras, Potter; no necesitas mi permiso.
—Umm, vale. ¿Estarás bien?
—Te lo aseguro, —respondió Draco con un tono impaciente. — Aburrido o no, puedo enfrentar perfectamente con los normales encantamientos de lectura. Ve y vuelve con tus amigos Gryffindor. Yo estoy bien.
—Oh. Por supuesto. —Harry parecía un poco desconcertado. —Bueno... supongo que nos estaremos viendo. —Draco escuchó el susurro del otro chico al levantarse y después sus pasos se perdieron.
—Seguramente, —murmuró. —O en mi caso: No.
—Runespoor.
Sintió una cálida oleada de aire al momento en que la Sala Común de Slytherin se abrió para él y entró rápidamente, ocultando su cansancio. Ignorando la charla de sus compañeros, muchos de los cuales parecían ya haber regresado para no salir más se fue directamente a su habitación y cerró la puerta. Sólo entonces se permitió ceder ante la fatiga; se arregló para acostarse, desactivó el Indicador y se metió debajo de las cobijas. Pero no se durmió.
Sí, estaba exhausto, pero su mente simplemente no se podía apagar. Repitió el día en su cabeza: su rutina matutina, el examen de Historia de la Magia, Transformaciones, almuerzo, Criaturas Mágicas, DCAO*, cena y estudiar. Todo en un día de estudios normal. Incluso el examen no había estado tan mal: él y Potter se habían preparado muy bien, y tampoco era como si fuese un examen importante o algo así; sólo una revisión de los trabajos de vacaciones. Sin embargo, estaba exhausto. Todo lo que había dado por concedido hace menos de tres meses, ahora le costaba el doble de energía sólo para sobrevivir. Caminar a clases, comer sus alimentos, estudiar. Incluso ir a la cama, por el amor de dios. No importaba qué tan cansado estaba cada noche, siempre tenía que tomarse su tiempo para colgar su ropa en el lugar asignado dentro del armario si quería tener esperanza de encontrarla otra vez más tarde. Su varita tenía que quedar en el punto exacto de su mesita. Todo requería un esfuerzo extra para ordenar.
Sentía que se forzaba a los límites todo el tiempo, sólo para tratar de funcionar. Estaba determinado a hacerlo por su cuenta, y lo haría. Pero estaba tan malditamente cansado. Cansado de que todo fuera un poco más difícil, cuando los demás podían caminar sin pensar, ahorrando sus energías para las tareas reales.
Incluso estudiar lo había dejado agotado aquella noche; a pesar de su irritante curiosidad, Potter había hecho el estudiar un poco más fácil. Lo había tratado sin condescendencia ni lástima, como alguien normal y ahora se había ido. Había terminado con su deber de sentirse bien, y continuar con su propia vida. Mientras tanto, Draco estaba otra vez solo en esa sala, escuchando sus libros, tratando de mantenerse motivado cuando todo lo que quería hacer al final del día era gritar de frustración ante la injusticia de todo.
Sintió el hormigueo de las lágrimas en los bordes de sus inservibles ojos, sintió un nudo construyéndose dolorosamente en su garganta. Pero parpadeó y tomó un profundo respiro y lo mandó fuera. No tenía sentido llorar. No solucionaría nada. No le regresaría la vista, no le ayudaría a triunfar. Tenía que ser fuerte.
Draco se acurrucó de lado y se forzó a despejar su mente de todo pensamiento excepto uno.
Triunfaría por su propia cuenta.
Dos días después, mientras estaba luchando con una particularmente fastidiosa tarea de Transformaciones, escuchó unos pasos aproximándose a su pequeña sala. Se sintió inexplicablemente esperanzado, pero después se maldijo a sí mismo por siquiera haber pensado semejante cosa. Harry había terminado su estudio con él y eso era todo. Y se recordó a sí mismo que no necesitaba a nadie, no quería a nadie. Las personas no eran fiables. Los encantamientos lo eran. Cuando los pasos pasaron al lado de la sala, se dio cuenta de que eran muy ligeros para ser de Harry después de todo. Una chica o bien un estudiante joven haciendo alguna secreta investigación en las repisas del fondo, entonces.
Estúpidos estudiantes.
Se mordió los labios e intentó concentrarse nuevamente en la tarea frente a él. Transformaciones nunca había sido su punto fuerte; pero ahora era más difícil porque tenía que recurrir a sus otros sentidos para decirle qué tan bien había hecho el trabajo. Y no a todo le gustaba ser manoseado después de que lo había transformado. Por ejemplo, aquel día habían transformado una flor en una mariposa, un proceso bastante delicado que requería gran habilidad para dar los últimos retoques, y no había sido una tarea fácil cerciorarse que había quedado bien sin soltarla o herirla accidentalmente. Y aún así, no podía decir si había quedado con el diseño requerido. Afortunadamente, la profesora McGonagall había estado haciendo rondas alrededor de la sala comentando el trabajo de todos, y había podido obtener un punto de vista para saber sus resultados sin la sensación de ser tratado diferente a los demás.
Así que ahora estaba sentado, escuchando a sus notas recordándole la importancia de las diferentes las sílabas y entonaciones con las cuales hacer el complicado hechizo, y tratando de olvidar el sonido de los engañosos pasos aún haciendo eco en su mente. De hecho, lo había hecho tan bien que fue una completa sorpresa cuando escuchó la voz. No era frecuente que fallara en sentir cuando alguien se aproximaba.
—¿Malfoy?
Draco se sobresaltó.
—¿Eh?
—Soy, bueno, ya sabes, soy yo. ¿Podría...? ¿Podría venir a estudiar contigo otra vez?
Draco se mostró receloso.
—¿Por qué?, ¿No tuviste suficientes acciones buenas la semana pasada?
—¡No! Es... de hecho es por mí, —escuchó a Harry entrar en la sala y jalar una silla. —¿Sabes nuestro resultado del examen?
—Sí... —Los dos chicos no compartían esa clase, pero las lecciones eran en el mismo día en la mañana.
—Bueno, eso fue lo mejor que he hecho para Binns en siete años. En serio. Incluso Hermione no podía creerlo. Así que me estaba preguntando si... si podíamos seguir estudiando juntos. Voy a seguir necesitando trabajar con Ron sobre Adivinación y en un par de otras cosas varios días a la semana, pero para lo demás, bueno...
—¿Quieres que te ayude a estudiar?
—Algo así. Quiero decir... la manera en que estudiamos juntos, con mi lectura en voz alta y cómo tú te percatas de cosas que yo paso por alto... no sé. Parece que se aprende mejor, —se rió. —Qué mal que no lo descubrí hace siete años. Pude haberlo hecho mejor por mí mismo, especialmente en los TIMOS...
—No recuerdo que lo hicieras tan mal, —dijo Draco. —¿No lo has hecho suficientemente bien hasta ahora compartiendo un cerebro con Granger y Weasley?
—Sí, he estado bien. Pero los ÉXTASIS vienen y sabes lo importante que son. Además, los cursos son más difíciles este año. No quiero ni pensar qué nos pondrá a hacer MacGonagall mañana...
—No, por supuesto, —resopló Draco recordando a la mariposa.
—...y desde que parece que lo hago mejor de esta manera, bueno, estaba pensando si está bien para ti si tal vez, ¿podríamos seguir estudiando juntos? Al menos parte del tiempo, —hubo otra leve risa. —No es como si también pudiera leer en voz alta en mi Sala Común sin molestar a nadie, sabes.
Draco lo pensó. Se sentía un tanto aliviado por la idea de estudiar con Harry de nuevo, pero también consternado por dejar que alguien lo ayudara en algo tan básico. Sin embargo, no era algo beneficioso solamente para él…
—Está bien, —finalmente le dijo al Gryffindor. —Puedes venir aquí a estudiar. Pero comprende que realmente no necesito ayuda, ¿entendido?, —luego, una sonrisa burlona se expandió en su rostro. —Por otra parte, estoy deseoso por escucharte intentando pronunciar algunos nombres de plantas de Herbología. —Ahora que la Mandragóra había sido vista, habían seguido con un grupo de raros helechos Húngaros con una particular pronunciación de nombres.
Harry gimió.
—Sólo estás de acuerdo con esto para así poder reírte de mí, ¿no?, —después su tono se hizo más serio. —Pero gracias. Te lo agradezco.
Draco se encogió de hombros con desdén, después empujó sus notas de Transformaciones hacia donde estaba Harry.
—Ya que estás tan ansioso porque estudiemos juntos, ¿qué te parece si empezamos con esto? Puedes impresionar a McGonagall mañana sobre lo mucho que ya sabes.
Notas de traductora:
* Defensa Contra las Artes Oscuras.
Notas de traductora: Como siempre, un agradecimiento especial a mi querida beta que todo lo sabe XD
