CAPITULO 3- ¿QUIEN SOY?
En la cama de un humilde hospital, se hallaba descasando un joven de rubios cabellos quien estaba cubierto de gruesos vendajes e infinidad de gasas. Lentamente, aquel joven empezaba a abrir sus ojos, en ese instante, una joven enfermera que se hallaba haciendo su rondín, presencio el acontecimiento y corrió a avisarle al médico de guardia –¡doctor, el paciente que estaba en coma despertó!-.
El doctor quien estaba en la habitación contigua, corrió a cerciorarse que realmente la enfermera dijera la verdad. Al llegar, se dio cuenta que realmente no estaba mintiendo –por fin ha despertado joven- hablo el doctor dirigiéndose a su paciente.
El joven rubio termino de abrir sus ojos y examino con la mirada el lugar donde se encontraba -¿do.. donde es..estoy?- pregunto confuso.
El doctor y la enfermera guardaron silencio unos minutos hasta que por fin el doctor empezó a hablar –usted se encuentra en un hospital joven, hace más de un mes lo hallaron flotando en la costa y había hasta este momento permanecido en coma- sentencio.
-¿estaba… en el mar?- repitió dudoso uno de los datos que había sido proporcionado por el doctor -¿Qué hacia ahí?- pregunto a los presentes.
-Doctor, creo que el paciente tiene amnesia- susurro la enfermera intentando ser discreta, sin embargo, fue escuchada por el joven.
-¿tengo amnesia?- dijo llevándose una de sus manos a la cabeza –díganme ¿Quién soy?- interrogo a los presentes dirigiéndoles una mirada temerosa.
Los presentes quedaron nuevamente mudos intentando elaborar una respuesta creíble, de pronto, la enfermera recordó que todas las pertenencias que cargaba el paciente el día que fue internado habían sido guardadas en un cajón de la habitación. Con pasos agiles y movimientos veloces, la señorita empezó a buscar aquellos objetos, hasta que por fin encontró algo que parecía ser una cartera –doctor, tal vez esto nos diga quién es el- menciono.
El doctor tomo el objeto entre sus manos y comenzó a registrarlo, efectivamente, era una cartera la cual tenía dentro un carnet con el nombre y dirección del joven, también tenía unas cuantas libras, una foto de un niño rubio y un número telefónico extranjero –joven, su nombre es Arthur Kirkland según este carnet- menciono el doctor –y al parecer tiene un lindo y encantador hijo, aunque he de confesar que se ve demasiado joven para ser padre- dedujo despotricadamente el doctor –también, halle un numero extranjero, posiblemente de un pariente- dijo –nos intentaremos comunicar con la persona dueña del numero- sentencio entregándole las pertenencias al paciente.
El joven escucho atentamente a cada palabra dicha por el doctor –Arthur Kirkland- se repitió aun confuso mientras pasaba uno de sus dedos por el carnet –mi nombre- sonrió más tranquilo sabiendo que por lo menos ya tenía identidad.
-bien Arthur, tan pronto te mejores te daremos de alta- dijo optimista el doctor y acto seguido dejo la habitación junto con la enfermera.
Los días siguientes después de haber despertado de un largo sueño, aquel joven empezó a explorar y preguntar cada cosa que se atravesara por su camino. Poco a poco fue ganando fuerzas y reputación entre las enfermeras y las pacientes las cuales estaban maravilladas por la presencia de aquel joven.
-es tan apuesto- chillo una enfermera quien desde lejos observaba a Arthur.
-y tan educado- complemento otra enfermera que también observaba al joven
-es una lástima que tiene familia- suspiro resignada la tercer enfermera haciendo que las otras dos abandonaran su ensoñación.
Arthur por su parte, observaba el mar desde la ventana de su habitación –con que vine del mar..- se susurraba –me pregunto qué hacia ahí-, una brisa fría le revolvió los cabellos y una sensación extraña se hizo presente haciéndolo retroceder.
-¿se siente bien?- irrumpió el doctor en aquella escena.
-s.. si- contesto un poco perturbado el joven.
-bueno, se preguntara que hago aquí- empezó nuevamente a hablar el doctor al tiempo que se dirigía hacia el joven –he venido a decirle que intentamos comunicarnos al número de teléfono que hayamos pero al parecer no había quien contestara, también, he venido para decirle que oficialmente esta dado de alta-.
-ya veo… gracias- agradeció con una suave sonrisa –abandonare el hospital lo antes posible- añadió caminando hacia su cama.
El doctor simplemente asintió con la cabeza y con un gesto, se despidió del joven para posteriormente salir a terminar de hacer su rondín.
Habían pasado dos horas desde que Arthur fue dado de alta y este se había dedicado a preparar su salida. Con tristeza, se despidió de cada una de las enfermeras quienes le cuidaron con gran ahincó y estas, aunque tristes de que tan noble y educado joven les dejara, también se despidieron de él deseándole que pronto recuperara su memoria.
Con paso firme, el joven abandono aquel hospital que fue su hogar por más de un mes, un poco melancólico volteo a observarlo una última vez –hasta luego- susurro y continuo su camino hacia la dirección que estaba marcada en su credencial: Londres.
Después de varias horas de travesía, el joven llego finalmente a la pintoresca ciudad inglesa, aunque para él era la primera vez que la veía, internamente pareciera que no fuese así. Maravillado camino entre las calles, observo las vitrinas de los negocios y finalmente, tomo un transporte que lo dejaría cerca de donde su supuesta casa se encontraba. Horas más tarde de haber tomado aquel transporte, este lo dejo en lo que parecía ser un camino rural demasiado extenso, a lo lejos, más allá de una espesa capa de bosque, se hallaba lo que al parecer era una casa. Llenándose de valor, avanzo por aquel camino y atravesó el bosque para finalmente, encontrarse de cerca con la casa, la cual era demasiado hermosa –creo que era una persona muy adinerada- se dijo pensativo e impresionado por el caserón frente a él.
-bien, vamos- se dijo intentando animarse y así, avanzo hacia la puerta principal, al llegar ahí, se disponía a tocar la puerta cuando noto que esta se hallaba abierta; algo cohibido, se adentro a la gran mansión –con permiso- se disculpo por la irrupción que estaba haciendo y continuo avanzando.
Nostálgicamente avanzo por toda la casa, primero por la sala la cual estaba hermosamente decorada por varias cosas de proporciones históricas, después, avanzo hacia la cocina, la cual encontró demasiado equipada para su gusto, posteriormente, se adentro a una especie de estudio el cual estaba lleno de libros muy viejos, documentos extraños y un garabato que parecía ser un dibujo hecho por según él, su hijo. Después de haber recorrido el primer piso de la enorme mansión, opto por avanzar al segundo –aun me falta conocer mi cuarto- se dijo entusiasmado y así, camino hacia el segundo piso.
Estando en el segundo piso, camino por un extenso pasillo lleno de habitaciones, cada una bellamente decorada de manera elegante y al final del pasillo, se hallaba lo que podría denominarse su habitación e igual a como estaba la puerta principal de la casa, esta se encontraba entreabierta. Cuando Arthur estuvo lo suficientemente cerca de la habitación, empezó a escuchar a alguien sollozar; lentamente abrió mas la puerta y asomo su cabeza para poder finalmente ver de quien eran los sollozos. Lo primero que logro vislumbrar, fue a un joven entrado en sus veinte de cabellos rubios semi largos el cual yacía sentado en el suelo apoyándose de lado por la esquina de la cama y sosteniendo entre sus brazos un portarretrato –angleterre… me haces tanta falta..- balbuceaba entre sollozos aquel joven.
Arthur un poco perturbado por la escena, decidió marcharse de ese lugar. Lenta y cuidadosamente empezó a entrecerrar nuevamente la puerta, sin embargo, esta fue traicionera y un fuerte rechinido se hizo presente llamando la atención del joven que momentos atrás se hallaba penando.
-¡¿Quién está ahí?!- grito el rubio de acento francés -¡muéstrate infeliz!- ordeno al tiempo que se ponía de pie y se disponía a avanzar hacia la puerta de la habitación.
El ingles al sentirse descubierto, no tuvo otra opción que mostrarse ante el que parecía ser el habitante de aquel lugar –perdón- se disculpo –había llamado a la puerta pero nadie me contesto- se excuso educada y nerviosamente.
El francés al ver el rostro del supuesto intruso, empezó a sentir un fuerte escalofrió, la sangre se le helo y su expresión cambio a una de asombro, como si hubiese visto un fantasma –¿Ar…Arthur..?- susurro impactado.
-según este carnet… si…- balbuceo el intruso al tiempo que sacaba una credencial de su bolcillo derecho y la mostraba al francés.
Un silencio incomodo se hizo presente en aquella escena. El francés observaba, admirada y leía atentamente cada línea escrita en dicho carnet –Arthur Kirkland- susurro. El ingles asintió un poco cohibido. Era la primera vez en su nueva vida que veía a aquel sujeto de pintas francesas, sin embargo, un aire de nostalgia emanaba de este, haciéndole sentir confortable. Muy pronto, aquel personaje que segundos atrás se hallaba analizando el carnet, cambio su rostro de incredulidad a uno de sorpresa, ligeras gotas de agua empezaron a brotar de los ojos de este y se abalanzo hacia el –oh angleterre, ¡estás vivo!- exclamaba lleno de gozo haciendo sentir al intruso aun mas extrañado.
El joven intruso que aun permanecía atrapado en los brazos del francés, irrumpió aquel emotivo encuentro -perdón.. ¿pero quién es angleterre?- pregunto haciendo que la feliz cara del mayor se transformara en una de desconcierto hasta finalmente, entrar en shock.
Tras varios minutos de silencio, en los cuales el francés aun seguía en estado de shock, el ingles aprovecho para deshacer el abrazo de este y con paso ligero, se alejo de la trágica figura y se sentó sobre la cama esperando a que pronto, aquel sujeto le aclarara sus dudas.
-si este es mi cuarto, definitivamente tenia buen gusto- susurro maravillado el joven al apreciar la inmensidad de la habitación. Una gran cama reconfortable, un suave edredón, amplias ventanas que permitían el paso a la luz del sol, una mesita de noche hecha de la mejor madera, un ropero entreabierto dejando ver ligeramente varios trajes formales, todo dentro de aquella habitación era de gran lujo. Con curiosidad, empezó a hurgar el ropero –me pregunto cuál era mi profesión- decía el joven ingles quien sacaba los trajes uno tras otro, la mayoría de gran formalidad, otros militares. Cuando al fin termino de revisar el ropero, prosiguió a un pequeño librero, en el cual podía encontrar una serie de libros de diferentes autores tales como Charles Dickens, William Shakespeare, Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, entre otros. Maravillado con aquella formidable colección de autores ingleses, empezó a revolotear entre las páginas de los libros, una aquí otra allá, hasta finalmente aburrirse.
-me pregunto que mas tendré- se decía entusiasmado el joven intruso quien caminaba examinando cada esquina de la habitación, muy pronto, algo llamo su atención, un bordado a medio terminar –seguro mi esposa lo estaba haciendo- rio y continuo revisando hasta que finalmente se aburrió y decidió sacar del shock a aquel extraño. –hey hey- decía moviendo al sujeto de un lado al otro -¿Cuánto tiempo piensas seguir en shock?- preguntaba incrementando la fuerza de las sacudidas hasta que finalmente, aquel joven francés salió de su shock.
-oh mon dieu! ¡Angleterre está vivo!- grito el francés aun sorprendido por darse cuenta del gran descubrimiento. Tomando al ingles de la muñeca, lo jalo hacia la cama donde ambos se sentaron y con mirada penetrante, empezó a observar detenidamente al joven intentando descartar que se tratase de un vil impostor. Sus ojos fueron de arriba a abajo, de derecha a izquierda, de diagonal a horizontal, se acercaba a sus ojos, a sus cejas, palpaba sus mejillas, tocaba su trasero haciendo sacar al ingles un gemido de reproche, hasta finalmente soltar un suspiro y mostrar una gran sonrisa –realmente eres tu angleterre, aunque no comprendo porque no me reconociste-.
-amnesia- respondió el ingles –eso fue lo que me dijo el doctor que me atendió- se encogió los hombros.
El francés parpadeo sorprendido por la simpleza de la respuesta, ahora que lo examinaba detenidamente, aquello tenía sentido porque de haber sido el Inglaterra real, hace muchísimo que lo hubiera insultado, hablado con palabras acidas y golpeado –mon ami, tenemos que ponerte al tanto- dijo llevando su mano hacia el hombro del ingles y con la otra, sacaba su celular para posteriormente marcar a un numero.
-Bon soir amérique, soy France- hablo el francés intentando mantener la calma –necesito que vengas a casa de angleterre- ordeno y acto seguido colgó.
El ingles miro confuso aquella corta conversación telefónica -¿Por qué se llamaban entre ellos con nombres de países?- pensó sin saber que muy pronto lo descubriría.
NOTAS:
Hola hola, ya por fin es lunes y aqui les dejo el capitulo numero 3. Nuevamente agradesco los comentarios que me han dejado, me alegra saber que se continuen interesando en la historia, por cierto, esta vez no dejare datos extra porque realmente no utlice referencias en este cierto, cambiare la fecha de subida a domingo en la noche para que puedan leerlo el lunes o ese mismo dia... es que viendo mi horario escolar, la mitad del semestre que me queda me pasare los lunes en la uni :S y ya no podre subirla ese dia.. asi que, nos leemos hasta el domingo en la noche :D.
Ahora de los comentarios, a mi me dolio matar a iggy pero era necesario y pues referente al comentario de maestro jedi, cuando estaba escribiendo la historia no tome en cuenta eso, de todos modos en este capitulo como que se aclaro el porque.
Para los siguientes capitulos, como que pareciera que llegaria a su fin la historia y de hecho planeaba terminarla como en el capitulo 6, sin embargo, paso todo eso de mi amado hijo y pues cuando lo retome estaba tan deprimida que desee que mis personajes sufrieran con sus enredos xD.... y bueno, referente a mi hijo, no era mi hijo, era un niño que adopte y de hecho acababa de cumplir 10 años la semana que me lo robaron y lo feo fue que lo hicieron en el patio delantero de mi casa cuando estaba cenando TT_TT y yo no me di cuenta.... despues de todo resulte mala mama u.u...*me voy a hacer emo a un rincon*... adiosito
